España, un país diferente

Publicado: Jueves, 09 de Abril de 2015 09:49 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Info|krisis.- Lo peor de un viaje fuera de España… es que hay que volver a España. No es que en el extranjero los procesos de disolución y desintegración de los sistemas políticos, sociales y económicos no existan, es que, simplemente, están más atenuados que en España o, al menos, encuentran más resistencias. En todas partes existe crisis económica, corrupción, inmigración masiva y creciente ineficiencia de los sistemas de gestión política. Lo he podido constatar directamente en los últimos años en Canadá, en Francia, en Malta, en Chequia, en Centroamérica, en Portugal y creo que se me olvida algún país. En todos estos horizontes geográficos están presentes estos cuatro problemas, pero en ninguno, y pueden creerme, en ninguno están tan avanzados como en España. Y esto induce a algunas meditaciones.

España, se mire como se mire, es diferente a cualquier otro país, pero no solamente por las distintas circunstancias antropológicas y culturales, históricas y económicas, que obviamente generan que seamos como somos, sino porque, a diferencia de otras sociedades en las que se perciben claros síntomas de reacción y de respuesta a la decadencia, en España, en cambio, no existe absolutamente ningún síntoma que pueda considerarse como una revuelta positiva contra los procesos de disolución ya iniciados. Es más, se diría, que cada día los españoles somos más condescendientes con la clase política, perdemos un poco más de educación y estilo (algo que ya no representa nada para la inmensa mayoría), estamos completamente anestesiados o, simplemente, somos los primeros en proponer nuevos pasos hacia el abismo.

En educación, a alguien se le ha ocurrido que había que eliminar las asignaturas, las evaluaciones y los programas de estudio. Cambiarlo todo por “comunicación entre alumnos con la participación de profesores” y estudiar aquello que el alumno considera que puede servirle en su vida futura. Poco importa que las innovaciones pedagógicas que se han ido aplicando en los últimos cuarenta años, siempre, inevitablemente, hayan profundizado una crisis cada vez más aguda en la educación. Poco importa que todas esas reformas, siempre en la línea del progresismo más suicida,  hayan situado a España en la cola de la educación en Europa. Lo que importa es que hay que dar un nuevo paso al frente: marchar hacia la disolución definitiva de la escuela, de la enseñanza y de la educación, sustituyendo la voluntad y la misión de educar, enseñar e instruir, por un sistema de almacenamiento de los alumnos en horarios lectivos, sin más aspiración que el que hagan lo que les dé la gana en el interior de los centros. Total, a la mayoría de padres, ni les preocupa y en cuanto a los alumnos bastante tienen con el porro, el móvil y la cogorza de fin de semana. ¿Para qué darles más enseñanza y educación si su horizonte mental termina ahí?

A un país que el pasado mes de diciembre tuvo al último disco de Kiko Rivera, 500 Millas, como el más vendido; cuando, desde hace cuatro o cinco meses, Gran Hermano Vip viene acaparando la atención de las audiencias; justo después de que las elecciones andaluzas hayan demostrado que 35 años de corrupción no son suficientes como desbancar al PSOE del poder; cuando los partidos que “suben” (la “nueva banda de los cuatro”, Podemos, Ciudadanos, Sortu, ERC), no ofrecen más confianza que los que “bajan” (la “vieja banda de los cuatro”, PP, PSOE, CiU, PNV); cuando el nivel de debate político que se percibe en la mayoría de tertulias mediáticas, no es muy superior al de las conversaciones de taberna; y cuando la clase política se obstina en mentir, maquillar cifras, bloquear cualquier avance en la lucha contra la corrupción, ralentizar los procesos ya iniciados y eludir la promulgación de medidas eficientes y radicales, mientras la sociedad calla, mira a otra parte o está simplemente preocupada por su supervivencia para el mes que viene… cuando ocurre todo esto y no hay reacciones apreciables, es que ese país –el nuestro– está al borde de la desintegración.

Tres escenarios electorales posibles

Los próximos meses van a ser, sin embargo, decisivos: la acumulación de procesos electorales indicará la velocidad en la que el sistema camina hacia su autodestrucción. Los escenarios son tres:

-          Si las siglas hasta ahora mayoritarias pasan a ser minoritarias y la “vieja banda de los cuatro” es sustituida por la “nueva banda de los cuatro” habrá que convenir que el sistema, tal como fue concebido en 1978, ha llegado a su fin. Lo que no implica que lo que venga sea “mejor” que lo que ha muerto. Así como en 1978 existió “consenso”, en 2015, los cuatro partidos que podrían sustituir a los antiguos, tienen muy pocos puntos comunes. Y otro tanto cabe decir de los medios económicos y mediáticos que en 1978 apoyaron la transición (sino la propulsaron): simplemente, hoy están fragmentados y atomizados. En cuanto a las influencias internacionales que existen en 2015 son radicalmente diferentes de las que se daban en 1978. ¿El resultado? Inestabilidad política, empobrecimiento económico.

-          Si las siglas hasta ahora mayoritarias siguen siéndolo y la “nueva banda de los cuatro” no logra sustituir netamente a la “vieja banda de los cuatro”, seguiremos como estamos, con las mismas siglas y los mismos rostros, con los mismos temas y la misma inercia hacia el abismo, sin prisa pero sin pausa. Con una población cada vez más apática e indiferente hacia su propio destino. Con unos procesos centrífugos que se reproducirán cada cierto tiempo, ante la indiferencia general, y, sobre todo, con un empobrecimiento generalizado de las clases medias, un paro estructural que nunca bajará del 20–25% y un tercio de la población situada en las proximidades del umbral de la pobreza. A pesar de depender la política de las mismas siglas, ningún partido volverá a tener jamás mayoría absoluta. ¿Es resultado? Inestabilidad política, empobrecimiento económico.

-          Si las siglas hasta ahora mayoritarias descienden en intención de voto pero lo hacen tan moderadamente como crece la “nueva banda de los cuatro”, tendremos un “nuevo desorden” gestionado, no ya por cuatro siglas, sino por ocho. Solamente se podrá gobernar mediante pactos y estos, por definición, en un país en el que no existe la cultura del pacto, solamente puede dar como resultado la inestabilidad política. En un momento en el que después de ocho años de fracaso del modelo económico de José María Aznar, nadie ha sido capaz de diseñar un nuevo modelo económico de sustitución y el país tira económicamente por inercia, la inestabilidad política prolongará ad infinitum la crisis económica.

La economía va mal, a pesar de las cifras oficiales

Porque la economía sigue en crisis. En un momento en el que la mayoría de los contratos de trabajo son a tiempo parcial y por ciclos muy cortos (incluso de día en día), con salarios que ni siquiera garantizan la subsistencia, alardear de que se han creado 160.000 puestos de trabajo solamente en el mes de marzo, es realizar un brindis al sol. La “reactivación del empleo” no es tal: lo que se ha reactivado es el empleo basura, allí donde antes existía un contrato de trabajo por  seis meses, ahora, cada día, se firma un nuevo contrato. Donde antes figuraba un empleo nuevo, ahora aparecen ciento ochenta. El “ejército de reserva del capital”, la inmigración, sigue pasando factura: mientras no se recupere la situación de normalidad de nuestro mercado laboral –lo cual solamente ocurrirá con la repatriación de 4.000.000 de inmigrantes a sus países de origen–, los salarios no repuntarán y el gobierno seguirá presionando fiscalmente a las clases medias para que paguen la factura social generada por el peso muerto de esos 4.000.000 de inmigrantes a los que se dejó pasar para “ganar competitividad”, esto es, para disminuir los sueltos…

Ningún partido, ni de la “vieja banda de los cuatro”, ni de la “nueva banda de los cuatro”, tiene el valor de hablar claramente y explicar

1) qué es lo que piensan hacer ante la globalización que afecta muy negativamente a nuestro paisaje industrial y agrícola,

2) cómo renegociar el acuerdo de adhesión con la Unión Europea, origen de la mayoría de nuestros males a partir del acuerdo mal negociado por el felipismo.

3) cómo repatriar a esos 4.000.000 de inmigrantes a sus países de origen, cuya presencia comprime a la baja a los salarios y genera empobrecimiento de las clases medias y de los trabajadores.

4) cómo disminuir drásticamente el gasto público, para lo que solamente hay dos caminos: o liquidar el Estado de las Autonomías o liquidar el Estado del Bienestar.

5) cómo terminar con la corrupción de una vez por todas, sin amnistía general, con mano dura, sino durísima.

6) cómo afrontar el problema de la educación y la enseñanza, cortar los procesos de primitivización de la sociedad, disolución de la cultura, ausencia completa de ideales e incluso de madurez en la sociedad.

Si en Francia, el Front National ha pasado en las última elecciones de 1 a 51 consejeros comunales ha sido precisamente porque en la sociedad francesa se plantean estos problemas y porque el FN tiene respuestas. En España no ocurre nada parecido. La “nueva banda de los cuatro” parece anclada entre la revancha social de Podemos, el constitucionalismo timorato de Ciudadanos y las obsesiones nacionalistas de Sortu y de ERC.

España, vale la pena que nos lo entendamos todos los españoles, está a la cabeza de Europa en los procesos de disolución del Estado, de la sociedad y de la educación, comparte puestos de cabeza con Grecia en inviabilidad económica del régimen. Esta no es una crisis política coyuntural que pasará y será sustituida por un período de “orden”. Estamos en una fase terminal de un país, de un Estado y de una sociedad. Y lo peor es que no hay reacciones significativas en contra. No basta con decir que antes o después la sociedad reaccionará: existen líneas de no retorno más allá de las cuales la desintegración de una sociedad es irreversible. Nosotros, la sociedad española, está llegando a ese límite. O en las próximas elecciones municipales se evidencia un movimiento de “salud pública” en apoyo a las candidaturas identitarias que se traduzca en un efectivo avance electoral, o cuando este llegue puede ser demasiado tarde.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernestomila@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

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