Antiyihadismo y gran coalición

Publicado: Jueves, 05 de Febrero de 2015 17:12 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Info|krisis.- La firma apresurada de un “pacto antiterrorista” entre el PP y el PSOE, con ausencia de cualquier otro grupo parlamentario, tiene una importancia que excede con mucho el objetivo que dicen perseguir ambos partidos: combatir el yihadismo. De hecho, este pacto sirve para cualquier cosa menos para eso. Imaginemos a un par de cazadores furtivos que suscriben un acuerdo para denunciar el peligro de la caza para la desaparición de ciertas especies. Algo parecido es este acuerdo anti-yihadista suscrito por las dos formaciones que son, precisamente, las que han abierto las puertas al Islam en nuestro país.

La sobreactuación del PP y las responsabilidades reales

Como siempre, los representantes del PP han sobreactuado. Como Aznar cuando decía que enviaba tropas a Iraq para “combatir el terrorismo de ETA”, o como cuando Rajoy ve con lente de aumento cualquier leve mejora en las cifras macroeconómicas, percibiendo una recuperación que nunca acaba de llegar para el ciudadano de a pie. Ahora ha sido García-Margallo quien ha afirmado que el “yihadismo es el fenómeno más grave que la humanidad ha enfrentado desde 1945”. Sobreactuación. El islamismo radical es, efectivamente, uno de los fenómenos más graves que afronta Europa (no la “humanidad”), pero no desde 1945, sino desde que los EEUU contrataron a Bin Laden para que les hostigara a los soldados soviéticos en Afganistán o, incluso, desde que Aznar abrió las puertas a la inmigración islámica en España en 1996.

Y hoy no es el único problema que padecemos, ni siquiera el de más difícil solución: bastaría con limitar la inmigración islamista a Europa, endurecer las condiciones requeridas a los islamistas para obtener la nacionalidad española o reducir la presencia islamista en nuestro país, para atenuar el fenómeno. Políticas de “prudencia” por un lado y de “contención” por otro y el problema quedaría resuelto y con nota para cualquier ministro del interior que se preciara. No, desde luego, para Fernández-Díaz, quien inspirado por el Papa, afirma que el islamismo no tiene nada que ver con el yihadismo, ni con la religión.

García-Margallo debería recordar la alianza de los EEUU con el régimen wahabita saudí, el primer donante de fondos para la construcción de mezquitas en nuestro país y, sin duda, la corriente más conflictiva de todo el islamismo mundial, dada de hace más de 70 años. Debería recordar que si hay un “Estado Islámico” cuyas barbarie se extiende desde Siria a Iraq ha sido por la desestabilización que los EEUU han llevado a la zona desde 2003 y su irreprimible tendencia a destruir estados árabes laicos por “democracias de un día” que inmediatamente abren el camino al fundamentalismo islámico: lo ocurrido en Egipto y en Libia, es significativo, como también lo fue el hostigamiento del régimen de Saddam Hussein o actualmente del régimen sirio, último bastión panarabista y laico en la zona. El yihadismo no nace por generación espontánea. Hay políticas como la norteamericana (de la que la UE va a remolque) que desestabilizan las zonas en las que se aplican y generan el caldo de cultivo para la irrupción del radicalismo islámico.

El yihadismo no es un accidente en la historia, es una proyección del islam

El pacto anti-yihadista suscrito por el PP y por el PSOE no servirá para nada en la medida en que no diagnostica bien el fenómeno que pretende combatir. El yihadismo emana directamente del Corán: “serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra. 34. Quedan exceptuados quienes se arrepientan antes de caer en vuestras manos” (Sura 5)… por poner un ejemplo (de los muchos existentes) de que ya en los versículos del Corán está prescrita la guerra santa como obligación para los islamistas (moderados o radicales). Decimos bien, la yihad se prescribe para “moderados y radicales”: “38. ¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: «¡Id a la guerra por la causa de Dios!», permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco...? 39. Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo” (Sura 9).

Así pues, lo primero para diagnosticar un problema es situarlo: el yihadismo es hijo de la religión islámica. Obviamente, en la medida en que el Corán es tomado al pie de la letra por buena parte de sus fieles, permitir que en Europa circulen ediciones del Corán incluyendo la docena larga de versículos en los que se incita al asesinato de infieles, es un suicidio para el Estado que lo permite. Cuando estamos ante el islam, cuando leemos sus textos, cuando hablamos con sus fieles, inmediatamente se percibe que no es una religión como otra cualquiera, sino que en la actualidad es la única que incita a sus miembros a morir y a matar por ella. Así pues, no puede ser tratada en plano de igualdad con el resto de creencias religiosas.

Ni el Papa, ni los gobiernos europeos, ni los redactores del pacto anti-yihadista tienen arrestos suficientes como para reconocer la naturaleza y la envergadura del problema que está planteado. La firma de su acuerdo no es creíble, en especial, porque son ellos, PP con Aznar y PSOE con Rodríguez Zapatero, quienes abrieron de par en par las puertas al islamismo en nuestro país.

Un PSOE desnortado preparando el futuro

El PSOE está ante una encrucijada. Veremos cómo le sale la apuesta andaluza después de que Susana Díaz se encargara de demostrar a sus socios de IU que no es una aliada fiable. Parece increíble que el PSOE esté buscando una Opción B a Pedro Sánchez a menos de seis meses de haberlo puesto al frente del partido. Es evidente que ni Sánchez (ni el resto de candidatos que se enfrentaron a él) daba los “mínimos” que se requerían para ser el “líder de la oposición”. Y, sin embargo debieron elegir entre el desgarbado blandurrio de Eduardo Madina o el indigente político pero con aspecto de tronchamozas, Pedro Sánchez. Y optaron por el segundo que, a las pocas semanas ya había decepcionado incluso a quienes lo apadrinaron.

Fue entonces cuando los “barones” del PSOE activaron el Plan B: Susana Díaz. El plan consistía en celebrar elecciones anticipadas en aquella comunidad, rodearla de un halo triunfal y con la carta de unos excelentes resultados allí, catapultarla a la palestra nacional en las próximas elecciones generales. Para ello, había, literalmente, que arrojar al basurero a los miembros de IU que actuaba en coalición con el PSOE-A. Con ello y con la irrupción de Podemos, el partido de Cayo Lara quedaba literalmente desmadejado y sin posibilidades de ser algo más que un grupo residual, sino extraparlamentario. Por otra parte, queda ver si en los próximos tres meses, los juzgados no terminan implicando a buena parte de los candidatos de la lista socialista andaluza en el escándalo de los EREs o en el más reciente de los cursos de formación (que afectan ¡hasta el 95%! de los cursos de este tipo dados en Andalucía). Sin olvidar que las tasas de paro y de paro juvenil en Andalucía sólo tienen rival con las que se dan en Cataluña.

En cualquier caso, el problema del Plan B es que no está claro con quién fuera a gobernar Susana Díaz en caso de obtener mayoría relativa. No con Podemos, ni desde luego con IU que igual ni siquiera llegue a obtener diputados. En esas condiciones, va a resultad difícil extrapolar el “éxito” andaluz al resto de España. Y cabe preguntarse si en un país que ha oído hablar mucho del caso de los EREs o de los cursos de formación fraudulentos y que sabe que los dos predecesores de Susana Díaz al frente de la Junta de Andalucía están imputados por tales corruptelas, el PSOE andaluz es un ejemplo o un llamamiento a votar a cualquier otra opción.

Es evidente que la derecha está intentando ayudar a Pedro Sánchez y al PSOE en la ofensiva que este partido está soportando por parte de Podemos y que ya lo sitúa en todas las encuestas y desde hace un par de meses, por detrás de la nueva formación. Las campañas de prensa –muy ingenuas, por lo demás- contra los dirigentes de Podemos realizadas por los medios de la derecha, son el capote que precisa el PSOE ante la marejada que se le viene encima. Pero con esto no basta. Para el PP, el riesgo no es que el PSOE lo gobierne Susana Díaz, Pedro Sánchez, Luis Candelas o el diablo en persona. El peligro es que la sigla socialista se desplome por completo. Con la firma del pacto anti-yihadista, el PP apuntala al PSOE, le ofrece la posibilidad de “chupar cámara” cuando se desencadene algún atentado de este tipo, le evita quedar ya hoy como fuerza marginal de la que nadie se preocupa ante la evidencia de su desplome.

Pacto anti-yihadista ¿para qué?

El pacto anti-yihadista podía haberse evitado. En España existe una legislación antiterrorista y un código penal suficientes como para combatir la amenaza yihadista. Hubiera bastado con dos modificaciones legales: una en la ley de libertad religiosa, excluyendo al Islam de la ley a la vista de la brutalidad de las prescripciones coránicas y otra en la ley de inmigración, exigiendo a los inmigrantes procedentes de países islámicos y a los que deseen obtener nacionalidad española, el juramento de rechazar el yihadismo y denunciarlo a las autoridades.

Este pacto no va a servir absolutamente para nada. Ni se diagnostica bien el problema, ni se habilita otra cosa más que medios policiales para combatirlo, pero en absoluto medios políticos. No se reconoce que el yihadismo “español” es el resultado de 20 años de llegada descontrolada y masificada de inmigración. No se establece una relación de causa a efecto, entre el islamismo religioso y el yihadismo terrorista…

Pero la idea del pacto no es que sirva para combatir algo que nuestro arsenal legislativo podría afrontar con creces (con tal de que existiera voluntad política para ello). La idea del pacto es preparar el futuro para los dos grandes partidos. De hecho, este pacto es la primera medida tomada en dirección a la “Gran Coalición” que desde hace años vienen predicando desde Alemania los patrones del PP y del PSOE, las fundaciones Adenauer y Ebert que financiaron durante la transición a ambos partidos (siendo el pago, la aceptación del infamante acuerdo de adhesión de España a la Unión Europea que solamente beneficiaba a la industria alemana).

Si no se llega a las próximas elecciones generales con una visible mejora en la economía, en el empleo y en los salarios (y va a ser muy difícil que así sea), el PP seguirá siendo el partido mayoritario, pero distará mucho de la mayoría absoluta para gobernar. Necesitará un apoyo parlamentario que ya no encontrará en los nacionalismos periféricos (entre otras cosas, porque CiU corre también peligro de quedar empequeñecida). Solamente existe la posibilidad de que el PSOE (o lo que quede de él) preste ese apoyo. Una “Gran Coalición”, pero menos…

Es en este contexto en el que hay que situar el pacto anti-yihadista: su intención no es tanto combatir aquello que no se es capaz de diagnosticar, sino preparar el camino para un pacto que garantice que el régimen creado en 1978 va a seguir existiendo tal y como fue creado. Y, mientras, si hay algún atentado yihadista, tranquilos, Rajoy y el “líder de la oposición”, presidirán juntos los funerales.

© Ernesto Milá – infokrisis – Ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

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