Rumanos y... roms

Publicado: Miércoles, 30 de Julio de 2014 09:31 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Infokrisis.-Soy un rumano en Madrid… puntualizando. La protesta de amplios sectores de la sociedd española ante la inmigración masiva no puede confundirse con el ejercicio de la xenofobia y el racismo de más bajo nivel. Todo esto viene a cuento del videoclip lanzado por Ignacio Allende, alias "Torbe", titulado Soy un rumano en Madrid. El vídeo colocado el 19 de julio lleva 250.000 visitas en youTube en el momento de escribir estas líneas. En general, el vídeo no dice nada que no hayamos pensado en alguna ocasión... así que el aterriaje de "Torbe" es perfecto... pero se ha equivocado de aeropuerto. No es el contingente de "rumanos" el que crea malestar y problemas entre la sociedad española, sino el de "roms" (etnia de origen gitano procedente de Rumania)...

De momento, la Federación de Asociaciones Rumanas en Europa –FADERE– presentó denuncia contra Ignacio Allende por su videoclip Soy un rumano en Madrid, en función de su carácter “discriminatorio y xenófobo”. En efecto, en la letra de la canción se alude a “los rumanos” como “ladrones, carteristas y prostitutas”. El propio Allende, imitando el acento rumano, explica en la canción que sus hermanas limpian coches o que sus sobrinos roban móviles. En cuanto al estribillo no es menos significativo: "Soy un rumano en Madrid. Yo te robo la cartera, te sustraigo todo el cobre, no te enfades, solo quiero divertir". ¿Quién es Torbe”? ¿Cómo puede calificarse la temática del videoclip? Tales son las dos cuestiones a dirimir antes de poder pronunciarnos sobre el tema.

Ignacio «Natxo» Allende Fernández (a) Torbe, 

Nacido en Portugalete (residente en Guexo y en Bilbao, dicen), Torbe es uno de esos tipos exuberantes empeñados en llamar constantemente la atención: editor y dibujante de cómics, actor, director y productor porno, escritor, cantante, locutor, showman televisivo… Utilizó en los inicios de su carrera (nació en el 69) el alias de Natxo Torbellino,  apodo que tenía en el grupo musical Miles de Albañiles. De “Torbellino” se quedó con “Torbe”, que le va como anillo al dedo. Se le conoce como “Rey del Porno Freak” y alardea de haber estado con 2000 mujeres (la proximidad a Bilbao, le marca). Era lo que se podía esperarse de un alumno del Opus Dei rebotado con la “obra”.

Nos equivocaríamos si pensáramos que se trata de uno de esos “artistas provocadores” carentes de estilo y sensibilidad y con un historial profesional igual a cero. Como dibujante obtuvo el premio al “mejor fanzine de 1995” por el prestigioso Salón del Cómic de Barcelona. Trabajó en Onda Cero de Bilbao como humorista. Y en cuanto a su vertiente musical ha llegado a la final del Imaginarock de la Cadena 100 en 1998 y ha participado en decenas de conciertos. Fue de los primeros españoles que se lanzaron –en el lejano 1996– por la senda de Internet. Su web putalocura.com tiene hoy 300.000 visitas diarias.

Ha colaborado en distintos programas de TV en cadenas nacionales y en la ETB. Aparece en un cameo en Torrent 2: Misión en Marbella, en Torrente 3: El Protector y en Isi&Disi, alto voltaje. Obviamente, amigo y colaborador de Santiago Segura, se orientó finalmente hacia el cine porno, participando como actor en 20 películas, montando su propia productora «Perroflauta Producciones SL». También en este terreno ha cosechado éxitos notables, estando nominado como mejor actor de reparto en los Premios AVN de Las Vegas, los llamados “Oscars del porno”. Cuando en 2013 decide componer de nuevo canciones estaba lejos de suponer que la diáspora rumana iba a ponerlo en su punto de mira.

Los escándalos le acompañan. En la red hay rastros innumerables de los líos en los que se ha metido por los motivos más inverosímiles (contra el Metro de Bilbao cuyo dominio usurpó), contra el Ayuntamiento de Torrelavega que lo persiguió por llamar feas a las mujeres de esa localidad, por filmar a una menor sin saberlo, por desviar llamadas de un concurso de TV a un número propio… y, finalmente, por su canción Soy un rumano en Madrid…

Los títulos de algunas de sus películas porno son emblemática: Pito de Oro, Torbe y sus Cerdillas, Guarreridas, Pilladas, Pibonazo, Padre Damián, Spanish Glory Hole e igualmente recordadas son sus “versiones libres porno” de Verano Azul (Verano Afull), Torrente (Torrente X. Operación Vinagra, Torrente X 2. Misión en Torrelavega y una adaptación porno de las cintas de Pajares y Esteso (Pajotes y Espeso). Apenas unas semanas antes de Soy un rumano en Madrid lanzó su canción Hay que meterla como sea.

Torbe resultará un personaje desaprensivo para algunos (seguramente para sus antiguos profesores del Opus) o para aquellos otros que piden un poco de cultura clásica y algo más de mesura en la expresión de la propia sexualidad. En Torbe, desde luego, la moderación es una cualidad que no le adorna. Se trata de un tipo dionisíaco en el sentido más desmadrado de la palabra, pero al menos tiene la virtud de no tener duplicidades en cuanto a sus gustos. No irá al Valle de los Caídos a filmar una película porno y al día siguiente plantará un puesto en la puerta vendiendo libros glosando a la Falange.

Sin embargo, en Soy un rumano en Madrid ha cometido un patinazo notable.

Rumania, sagrada tierra de Europa

La antigua Dacia romana, es algo más que el país del que procede algo más de un millón de inmigrantes residentes en España. Y, por supuesto, es mucho más que el país que exporta carteristas, prostitutas y ladrones de cobre. Es el país que ha dado a la cultura y a la historia de Europa algunos de sus mejores momentos.

El mismo nombre del país, indica cierta proximidad con las naciones de origen latino: el término “Rumania” indicaría, inicialmente, aquel conjunto de territorios en los que se hablaba alguna lengua románica, esto es, derivada del latín. Luego, ese nombre pasó a definir a los territorios colonizados por el Imperio Romano en la antigua Dacia. Fue un emperador romano de origen español, el gran Trajano, nacido en las inmediaciones de la actual Sevilla, quien la incorporó al Imperio. Los germanos y los godos ocuparon el país. El imperio bizantino influyó también en la zona, y también los húngaros en el siglo XI. Valaquia y Moldavia pagaron tributos al Imperio Otomano pero siempre se mantuvieron fieles a su fe ortodoxa, aunque existen también fuertes comunidades católicas y protestantes. En cierto sentido, Rumania es una síntesis de Europa.

El número de personalidades que ha dado Rumania en el siglo XX al mundo de la cultura, de las artes y de la política, es extraordinario y exime a aquel país de la sospecha de cualquier sentimiento antieuropeo. Los que sentimos un particular interés por la historia de las religiones sabemos que la mejor aportación a esta temática en el siglo XX fue la de Mircea Eliade; quienes nos sentimos atraídos por los estudios sobre la Tradición y el pasado ancestral, tenemos en el círculo nacido en torno a Eliade y a Michel Vâlsan, a algunos de sus mejores exponentes, junto a los nombres señeros de Evola o Guénon. Quienes amamos el teatro sin duda tendremos a Eugene Ionesco como el autor teatral más revolucionario de la postguerra europea (¿cómo olvidar El rinoceronte o La cantante calva?), sin olvidar a Emil Cioran uno de los mejores filósofos del siglo, a Tristan Tzara, gran impulsor de las vanguardias artísticas, dadaísmo y surrealismo, en el primer tercio del siglo XX, o a los escritores María y Eugen Lovinescu, cuyas carreras se desarrollaron especialmente en Francia, a Ioan Culianu, el gran historiador especialmente del misticismo europeo, en la senda de Eliade, sin olvidar naturalmente, a Corneliu Codranu el fundador de la Guardia de Hierro, raro equilibrio entre el moralismo y la acción política, entre el radicalismo y la espiritualidad.

Rumania no es un país al que se pueda despreciar, ni el rumano es comparable con su compatriota forzoso, el “gitano rumano”.

“Rumano” no es igual a “rom”

El 95% de la población rumana es étnicamente europea. Existe un 6% de población húngara, aparte de una exigua minoría turca que no llega al 0’1% y… una minoría “gitana” cifrada en un 2,5%. Así pues, en un país de 22.000.000 de habitantes hay en torno a 550.000 “gitanos”. Se trata de gitanos con unos usos y costumbres completamente diferentes a los españoles y que, en general, se llevan mal o muy mal con ellos.  Algunas fuentes opinan que el número de gitanos está falseado y que llega hasta 1.500.000 de los que en torno a la mitad residen fuera del país.

Imposible saber el número de gitanos rumanos que se encuentran en estos momentos en España. No deben ser menos de 100 a 125.000. A pesar de que fue en 2002 cuando quedó abolida la exigencia de un visado para ciudadanos rumanos que desearan entrar en España, la llegada de gitanos rumanos de manera ilegal era algo anterior. Su presencia data de los primeros años del milenio en donde era frecuente ver en las calles de Barcelona a gitanas rumanas mendigando acompañadas siempre por un bebé recién nacido… un delito en la legislación española.  También en los trenes de cercanías era frecuente el que subieran gitanos rumanos provistos de acordeón castigando los gustos musicales de los viajeros. Quince años después, todo sigue igual en Cataluña. En los ferrocarriles metropolitanos de Madrid y Barcelona, la actividad de grupos de carteristas gitanos rumanos ha sido continua en los últimos años, amparados en una legislación permisiva y en la apatía del “poder legislativo” para modificar una normativa que favorece a la pequeña delincuencia y genera innumerables molestias a los usuarios.

Lo importante es no confundir –como ha hecho Torbe– entre “rumano” y “gitanos rumanos”. El hecho mismo de que los gitanos rumanos y los gitanos españoles tengan unas relaciones muy dificultosas, nos inducen a referirnos a aquellos como “roms” (así se les conocen en Francia).

Desde 2001, los servicios sociales de Ciutat Vella en Barcelona se sorprendieron cuando entrevistaron a miembros de esta comunidad étnica completamente diferenciada –y esto es importante– del resto de la comunidad rumana. Percibieron que en su escala de valores era imposible hacerles entender que robar, mentir o engañar a cualquier otra persona que no fuera miembro de su comunidad, era también moralmente condenable. Para ellos, se trataba de algo normal. No es raro que el gobierno rumano no haya hecho absolutamente nada para impedir la emigración masiva de estos “roms” que han emprendido en camino de Europa del Oeste.

Su presencia se hizo notar en 2007–2009 en Italia, hasta el punto de dictarse una legislación que los expulsaba del país; buena parte de los “roms” que abandonaron Italia se dirigieron hacia la España de Zapatero, paraíso de la inmigración masiva, y muchos de ellos se asentaron en Sevilla en donde el gobierno autónomo y el ayuntamiento les ofrecieron casa y sueldo a cambio de no mendigar ni robar, en lo que en Francia se llamó el “modelo español de integración”, no sin cierta ironía. Cuando eso ocurría, Sarkozy ya se había visto obligado a tomar medidas de expulsión contra ellos.

En España, “roms” se han caracterizado por: 1) ejercicio de la mendicidad en calles y trenes, 2) carterismo en los metros, 3) pequeños robos en comercios, 4) robos de móviles en lugares públicos y 5) robos sistemáticos de cobre. En su conjunto, la presencia de “roms” en España ha generado desde su llegada innumerables molestias a los ciudadanos, un perjuicio notorio a la industria turística, poniendo en peligro las comunicaciones a causa de sus robos sistemáticos de cable utilizado en conducciones eléctricas, redes de comunicación y red viaria, en lo que podría ser muy bien un “delito contra la seguridad pública”. Sin embargo, solamente pocos “roms” acusados de delitos graves forman parte del 65% de presos de origen extranjero que se encuentran en estos momentos albergados en cárceles españolas.

Como vemos, el “perfil” del “rom” se adapta perfectamente a la letra de la canción de “Torbe”. Su error no ha consistido en componer una canción de este tipo, sino en tomar la parte por el todo, extender a la totalidad de rumanos y a Rumanía, lo que solamente corresponde a los “rom” (que ni siquiera tienen conciencia de “nacionalidad rumana”). Pecado venial, a fin de cuentas, en estos momentos en los que someterse a la corrección política es la vía más directa para el reconocimiento social… Un buen aterrizaje el aeropuerto erróneo.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

 

 

 

 

 

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