Sánchez "el enterrador"

Publicado: Lunes, 14 de Julio de 2014 16:33 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Infokrisis.- Ya sabemos quién es el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Le va a tocar una ímproba misión: oficiar como enterrador de las históricas siglas del partido. Poco más va a poder hacer. El sistema político español está sostenido sobre dos columnas, la de centro-izquierda y la de centro-derecha. Las últimas elecciones europeas y el conflicto generado por el nacionalismo en Cataluña han demostrado la erosión de la primera columna, el PSOE, mientras que el estallido de la crisis en el centro-derecha deberá esperar a la celebración de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015. Aquí y ahora, el PSOE es quien se está desmoronando. Valdrá la pena explicar porqué atribuimos a Pedro Sánchez el calificativo de “El Enterrador”, propio de un western que está viviendo el PSOE.

Un partido deshilachado y en disolución

Los medios de comunicación se obstinaron hasta última hora en mantener abiertas las esperanzas de Eduardo Madina y de dar cancha al tercer candidato Pérez Tapia que estaba fuera de juego desde el principio. Finalmente ha sido Pedro Sánchez el que se ha hecho con el control de la Secretaría General por casi la mitad de los votos emitidos (dando por supuesto que las votaciones hayan sido “limpias”, lo cual en el PSOE es mucho suponer). ¿Qué tiene el nuevo secretario general ante la vista? Tiene un partido en crisis, deshilachado y que se irá disolviendo entre las manos.

El ciclo de Pedro Sánchez no ha podido empezar peor para él y para su partido. Cuando todavía sigue vivo el malestar por haber ocultado primero y minimizado luego su participación como directivo de Caja Madrid, firmante de las peores operaciones de la entidad (lo cual es todavía más grave si tenemos en cuenta que en biografía autorizada aparece como profesión “profesor de economía” –bien es cierto que en una universidad privada de poco prestigio–…, por tanto no tenía la excusa que siempre han alegado sindicalistas e “invitados” a los consejos de administración de las entidades bancarias para justificar que hubieran dado luz verde a operaciones ruinosas y aceptado balances trucados). Lo que no ocultó en cambio fue que era “aficionado” al Atlético de Madrid.

Pedro Sánchez ¿del PSOE o del PSOE andaluz?

Cuando se ha conocido las zonas que le han apoyado mayoritariamente se ha podido constatar que lo esencial procedía de la rama andaluza del PSOE. Y esto no es nada bueno por dos motivos. Es difícil saber si las cifras de afiliados que da el PSOE-A son ciertas o están hinchadas, de lo que no cabe la menor duda es de que Susana Díaz nunca le habría apoyado, de no ser un incondicional suyo. De lo que no cabe la menor duda es que los escándalos de aquella autonomía le corresponden, prácticamente en solitario, al tándem PSOE-UGT. Y no son  pocos, hasta el punto de que puede decir que el PSOE-A no tiene solamente el mayor volumen de afiliados al partido, sino también, y con mucho, ocupa el primer puesto en el ranking de la corrupción en nuestro país.

Es triste llegar a la secretaría general sabiendo que los apoyos mayoritarios proceden de la rama socialista más corrupta y clientelar de todo el Estado. Cabría preguntarse incluso si en aquella autonomía los otros dos candidatos, Madina y Tapias, han podido contar con interventores en todas las mesas electorales y si el resultado final no habrá sido “hinchado” a favor de Sánchez por los procedimientos fraudulentos habituales del socialismo andaluz desde los tiempos en los que los hermanos de Alfonso Guerra alcanzaron triste fama.

Pero el segundo elemento no es menos preocupante: se tenía a Madina como “candidato del aparato”, pero la realidad de los hechos ha demostrado lo que algunos considerábamos como hecho demostrado, a saber: que no existe “un aparato”, sino varios y que una cosa es el “aparato federal” del PSOE y otra muy distinta el “aparato andaluz”, el “aparato catalán” (que tiene incluso entidad jurídica diferenciada) y que, los distintos “aparatos” han dejado de actuar por coordinadamente y por consenso, lo que indica por sí mismo cierto nivel de desintegración. Sánchez ha resultado ser, pues, el candidato del “aparato andaluz”.

A partir de ahora quien gobernará en el PSOE no será alguien del “aparato central”  (como ha sido hasta hace poco Rubalcaba), sino un “delegado” del “aparato andaluz”. Dicho de otra manera, gobernará Susana Díaz a través de Pedro Sánchez, lo cual dará armas a la derecha para escarbar en el armario de los cadáveres inmemoriales del socialismo andaluz y apuntar a la línea de flotación de Susana Díaz para erosionar el grumete Sánchez.

Es significativo que ni Susana Díaz ni ningún otro de los miembros de la ejecutiva del PSOE, ni sus rostros más conocidos, ni sus barones más poderosos, hayan entrado en juego en la carrera por la secretaría general. A algunos, simplemente, no les interesa. Otros esperan su oportunidad y prefieren desligarse de la política partidario soñando con vencer en las primarias del partido cuando haya que decidir quién es el candidato a figurar en el cartel electoral de las elecciones generales. Y ahí la pelea puede ser a dentelladas.

La biografía de un ilustre “Capitán Fracaso”

¿Quién es Pedro Sánchez? Podría aludirse a la extraordinaria “levedad” del candidato. Economista, discreto candidato socialista al ayuntamiento de Madrid en 2003 en el puesto 23, vio como salían elegidos los 21 nombres que le precedían, pero al renunciar dos de ellos, tuvo su poltrona municipal y formó parte del equipo de Trinidad Jiménez.

También fracasó en 2008 en su aspiración a ser diputado por Madrid, pero también aquí la renuncia de otro candidato le dio el escaño. Trabajó con Pepinho Blanco y con Miguel Sebastián. Apoyó a la candidatura de Trinidad Jiménez contra Tomás Gómez para las primarias de la dirección de la Federación Socialista Madrileña de cara a presentar candidato autonómico en 2011. Fracasó de nuevo; ganó Gómez.

Y volvió a fracasar en las elecciones generales cuando se presentó por Madrid en el puesto número 11 y salieron los diez anteriores. Es esta ocasión fue la marcha de Cristina Narbona lo que le abrió el puesto. Nunca ha pertenecido ni a la ejecutiva ni al comité federal del PSOE. Poco más puede decirse de él. Típico diputado “mudito”, era un ilustre desconocido, habituado al fracaso electoral seguido de repesca. Nada más. Pues bien, este es el hombre que obtuvo 40.000 “avales” y que ha obtenido un 49% de los votos…

¿Por qué ha sido elegido? Porque es, en primer lugar, una persona obediente, en este caso a Susana Díaz; firma donde hay que firmar, sin plantear dificultades (que se le pregunten a los afectados por las preferentes en Caja Madrid), refrenda todas las decisiones de sus padrinos políticos (lo que le ha valido ser una persona sin iniciativa propia, situado siempre en lugares mediocres de las listas electorales) y puede ser la contrapartida a Pablo Iglesias: como él es profesor universitario, como él tiene en torno a 40 años, aspecto juvenil, agradable, tronchamozas y se cree que puede ser el mejor candidato frente a la amenaza que representa Podemos para el PSOE (que distintas encuestas han situado entre 5 y 9 puntos por delante de Podemos). Eso es todo.

¿Doctrinalmente? Hombre de pocas ideas. Su programa ha sido definido como un intento de llevar al PSOE “a la izquierda”, pero llega tarde, algo más de tres décadas de corrupción y el reciente recuerdo del destrozo zapaterista hacen que el votante de izquierda hace tiempo que haya dejado de creer en el PSOE. De hecho, esta orientación, incluso, puede ser problemática, si tenemos en cuenta que el voto socialista es hoy un voto de “centro-izquierda”. Desde la irrupción del PSOE en la transición, tras 40 años de ausencia, primero fue Felipe González quien, a petición del socialismo alemán (que era quien pagaba la reconstrucción del PSOE), abandonó el marxismo y realizó una política socialdemócrata. Luego vino el zapaterismo que rebajó un poco más el listón: hombre más atraído por las ideas de “reforma social” de la UNESCO y por su humanismo-universalista, los clásicos de la socialdemocracia y las actas del congreso de Bad-Godesberg, eran demasiado para él. Para colmo, la crisis iniciada en 2007 y reconocida por ZP dos años después, sepultó a la socialdemocracia y su aspiración a un “capitalismo de rostro humano”, limitándose a arrojar paletadas de dinero público sobre los agujeros generados por la mala gestión bancaria y a convertir la crisis del sector inmobiliario en crisis de deuda pública. Poco quedaba ya del socialismo en el PSOE que perdió las elecciones de 2011.  

Cuando la mirada del PSOE ya no está en el propio PSOE sino en Podemos

Para colmo, el movimiento de los indignados movilizó a la izquierda y fue el desencadenante del fenómeno Podemos que está teniendo un papel relevante en la recomposición de la izquierda bloqueando el crecimiento de Izquierda Unida, mermando a Equo y royendo al ala izquierda del PSOE. Este proceso es hasta tal punto visible que ha obligado a elegir un secretario general del PSOE pensando no tanto en conquistar el poder en la próxima ronda electoral, sino en frenar a Podemos. El PSOE ya no piensa en términos socialdemócratas, ni siquiera en términos humanistas-universalistas, sino simplemente en términos de supervivencia y así lo han entendido sus barones. Prefieren mantener puestos de poder regionales antes que comprometerse en una carrera que saben perdida. De ahí que hayan dejado al eterno segundón de Sánchez sus quince minutos (o quince meses) de fama mediática hasta el fracaso final.

Con ello se confirma una vez más nuestro análisis de que la crisis del PSOE no es coyuntural, sino estructural y que una “marca caída” jamás vuelve a resucitar por mucho dinero que se invierta. Podemos es la nueva marca de izquierda que progresivamente irá sustituyendo a la marca PSOE caída entre aromas de corrupción, de incapacidad para gobernar, de amiguismos, mala gestión, etc.

¿Cómo cristalizará la crisis terminal del PSOE? Es fácilmente previsible. En las elecciones de 2015, perderán varios cientos de concejalías, es posible, que por esas fechas, Podemos, si no comete errores garrafales, ya se sitúe por delante en las encuestas de intención de voto. Así pues, al PSOE le tocará gobernar en coalición con otras fuerzas de izquierda tanto en ayuntamientos como en comunidades autónomas. No siempre la reacción y los reflejos de sus federaciones serán los mismos, poco a poco el PSOE tenderá a disgregarse en políticas locales y autonómicas contradictorias hasta que, finalmente, sea imposible reconstruir una “alternativa socialista”. Cada “barón” optará por reservar su área de influencia en su autonomía y renunciar a aventuras destinadas al fracaso a nivel nacional. Para colmo, las coaliciones de izquierdas en las que participe el PSOE tenderán a ser inestables, tensionadas siempre por los inevitables intereses de las partes y el miedo a que tal o cual decisión conlleve la pérdida de peso electoral de alguna de las partes con la consiguiente inestabilidad del conjunto.

En algunas autonomías las federaciones del PSOE sufrirán procesos de gropuscularización. En Cataluña, por ejemplo, en donde la incapacidad para decidir el modelo de Estado, ha situado ya al PSOE como una fuerza política de segunda fila y con espacio electoral irrecuperable mientras se mantengan las actuales circunstancias.

Por todo ello, cuando atribuimos a Pedro Sánchez el calificativo de “el enterrador”, no estamos exagerando. Falta saber si es consciente de cuál es su papel en esta fiesta…

 

 

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