Cataluña sin el PSC

Publicado: Jueves, 26 de Junio de 2014 21:33 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- El PSOE se está descomponiendo cada día un poco más. Como siempre, las ratas terminarán huyendo en cuanto perciban que el barco no les garantizará la poltrona. De hecho, las ratas siempre están allí donde está la poltrona. El caso del PSC es paradigmático: después de pérdidas por goteo de dirigentes a favor de ERC e incluso de CiU, el partido se prepara para el estallido final. En el próximo congreso extraordinario la crisis se dramatizará ante una Cataluña convulsa que tiene cada vez más cerca su “otoño más caliente” (del 11-S al 9-N). Cataluña todavía no se ha hecho a la idea de cómo será su mapa político sin el PSC. Vale la pena remontarse a la génesis de esta crisis y preguntarse cómo será el mapa político catalán tras el próximo velatorio al PSC. 

El Partido Socialista de Cataluña se equivoca cuando cree que la explicación a la pérdida de más del 50% de votos que ha sufrido en las pasadas elecciones europeas se debe a la actitud anti-referéndum que Pere Navarro pactó con el PSOE. De hecho, lo que ocurre es justo lo contrario, fue el nacionalismo socialista presente en el PSC desde mediados de los años 90, lo que ha ido preparando el declive definitivo de esta sigla.

Las causas remotas de la crisis del PSC

El PSC, con Maragall y su equipo al frente es el gran culpable de la actual crisis soberanista. Durante años, Maragall predicó –acaso por su mezcla de gin-tonics con un cerebro dañado por el alzhéimer- el “federalismo asimétrico” como alternativa al Estado de las Autonomías. Tal federalismo era “asimétrico” en la medida en que Cataluña debía ser “más” autónoma que cualquier otra comunidad autónoma (salvo, Euzkadi). Con eso creía contrarrestar la influencia del nacionalismo entre el electorado. Se equivocaba, claro.

Fue esta posición y la progresiva “catalanización” del PSC lo que fue alejándole, poco a poco, de sus electores tradicionales (las clases trabajadoras castellano-parlantes mayoritarias en Cataluña) como antes le había ocurrido al PSUC y a su prolongación Iniciativa per Catalunya. Eso mismo explica también el que el PP, a pesar de su carácter de partido de centro-derecha liberal, pudiera acomodarse en el cinturón industrial de Barcelona: a un sector del electorado le daba más miedo el catalanismo del que hacía gala CiU-ERC que el liberalismo estatalista del PP. A partir de los años 90, bolsas de electores castellano-parlantes variaron 180º su voto en beneficio del PP.

Esa actitud fue la que impidió que el PSC no pudiera gobernar en Cataluña hasta el 2003, después de casi un cuarto de siglo de gobierno monocolor de CiU. Cuando más “nacionalismo” insertaba el PSC en su programa, más votos perdía. Finalmente, cuando Maragall cometió el error histórico de gobernar con ERC, el PSC apretó el botón de su autodestrucción. Porque ERC no era partidaria del “federalismo asimétrico”, sino de la independencia pura y simple. El estado de salud de Maragall y sus altos niveles de confusión mental propios de su enfermedad, hicieron el resto: Carod Rovira imprimió siempre el ritmo del tripartito, bloqueó durante siete años la política catalana con el debate sobre el Nou Estatut, su aprobación, el tira y afloja con Madrid y la sentencia adversa del Tribunal Constitucional… y abrió el camino a la actual situación.

Radiografía del PSC

El PSC es una especie de monstruo del doctor Frankenstein que, desde su origen tiene distintas familias: socialdemócratas nacionalistas (procedentes del antiguo PSC-Reagrupament), socialistas federalistas (integrantes originariamente del PSC-Congrés), socialistas marxistas y estatalistas (procedentes de la antigua Federación Catalana del PSOE), y oportunistas de todos los pelajes (habitualmente llegados del PSUC y de la extrema-izquierda trotskistas, maoísta y libertaria) que adoptan una u otra postura según conveniencias personales.

Es cierto que el sector “nacionalista” (acrecentado por un pequeño grupo de nombres salidos de las 200 familias que han gobernado Cataluña en los dos últimos siglos, con la familia Maragall en primer lugar) es minoritario y que apenas representa un 20% del partido y es cierto también que este “nacionalismo” es muy diferente al de CiU, pero en la práctica y en las actuales circunstancias de aquella autonomía, aceptar el “derecho a decidir” es, simplemente, apoyar objetivamente las tesis nacionalistas.

Si Pere Navarro ha dimitido ha sido porque el “sector crítico nacionalista” ha difundido la fácil explicación de que el fracaso del 25-M se debe a la negativa de la dirección a defender al “derecho a decidir” (esto es, el referéndum del 9-N). Miquel Iceta, el único candidato presentado hasta ahora para cubrir el cargo de Secretario General, muy conocido en el mundo  gay que sintonizó perfectamente con el zapaterismo y que ocupó altos cargos durante el tripartito. Insistirá en el “derecho a decidir” y, el electorado del PSC, lejos de responder positivamente, seguirá menguando: hoy, en realidad, el gran problema de este partido es que carece de un sustrato social amplio que le proporcione fuerza social suficiente como para tener peso político. Ese sustrato solamente podía estar compuesto por las clases trabajadoras… mayoritariamente castellano-parlantes. Adiós PSC, adiós.

El futuro mapa político catalán

¿Y ahora qué? ¿Cómo será el mapa electoral catalán en el período post-PSC? Es muy simple: el PSC, seguramente terminará escindiéndose o, en cualquier caso, quedándose con una influencia residual. La existencia de un PSC catalanista y nacionalista, centrifugador a la postre, es otra amenaza que perjudica la estabilidad del PSOE en el resto del Estado. Si el PSOE no afrontara también en estos momentos una crisis de sucesión derivada también de los resultados del 25-M, ya habría forzado la escisión de los “estatalistas”. Nacionalista o socialdemócrata, el PSC a partir de ahora se va a convertir en cada vez más marginal. Una parte de sus votos, indudablemente, irán a parar a Ciutadans, otra menor a UPyD (cuya implantación en Cataluña es muy débil), pocos votos se integrarán en ICV que no es más que ecosocialismo nacionalista y menos aún para Podemos.

La posibilidad de que votantes del PSC se conviertan en adictos al PP es mínima. La crisis de este partido evidenciada con los resultados del 25-M impide tales tránsitos. De hecho, ya en 2003, el PP había perdido buena parte del terreno ganado en la década anterior entre las clases trabajadoras al producirse la innoble actitud de Aznar en la cuestión de la guerra de Iraq y de la superchería de las “armas de destrucción masiva”.  Hoy los problemas de las clases trabajadoras catalanas son muy diferentes y se reducen a pérdida de derechos sociales e inseguridad laboral impuestos por la globalización, de una lado, y de otro, el vivir en zonas fronterizas con la inmigración masiva de carácter islámico presente en Cataluña y competir por puestos de trabajo y ayudas sociales.

El papel de PxC en la futura política catalana

Es evidente quién puede ser el gran beneficiario del hundimiento electoral del PSC, PxC, a condición de asumir que una postura “españolista” que no quiso asumir la anterior dirección, y que junto con una nítida actitud antiglobalización y anti-inmigración debería de abrirle las puertas al parlamento autonómico (a condición de conseguir en el plazo más breve posible dar un nuevo rostro a su formación en sustitución de Anglada). PxC tiene un electorado natural en las clases trabajadoras catalanas y lo obtendrá abandonando la veleidad “catalanista” que ya le ha impedido entrar en el Parlament de Catalunya en dos ocasiones. Hay futuro para PxC en el próximo mapa político catalán.

El mapa político catalán ya no se configurará en función de derechas e izquierdas, sino de nacionalismo y antinacionalismo. A un lado estará una CiU descompuesta y disminuida con la pérdida de buena parte de UDC. ERC será durante un período el partido mayoritario en algunas zonas del Norte de Cataluña y casi ausente en el cinturón industrial de Barcelona y extremadamente débiles en el Sur de Cataluña a medida que se aproxima la frontera con la Comunidad Valenciana. Es difícil que las CUP logren mantener sus posiciones y todo induce a pensar que permanecerán como un grupo residual independentista, borrokas catalanes, balarrasas del independentismo. Lo que sobreviva del PSC dirigido por Iceta se situará en esta área acompañado del “voto cerril” que siempre ha votado a esta sigla y no está dispuesto a renunciar a ella pase lo que pase. En el otro lado, se encontrará el PP, UDC, UPyD y Ciutadans y aquel partido que recupere los votos perdidos por el PSC. Grupos como Podemos o ICV se manifestarán a favor del “derecho a decidir” pero en contra del independentismo; esa ambigüedad cristalizará en su incapacidad para crecer.

La actitud del PSC en estos últimos años consistente en adoptar una posición equidistante entre independentismo y españolismo se ha mostrado suicida. No hay término medio posible cuando el debate se da en los términos en los que se está dando en Cataluña: cara o cruz, independentismo o estatalismo, la moneda nunca cae de canto…

Todo esto generará una fractura vertical en la sociedad catalana: independentismo nacionalista frente a españolismo antiindependentista, sin olvidar a 1.250.000 inmigrantes subsidiados imposibles de acoplar en el mercado laboral catalán, cortejados por la izquierda independentista para que apoyen la secesión. Sería imposible encontrar un esquema mejor sobre el que relanzar a PxC con posibilidades de que se convirtiera a la vuelta de pocos años en una de las fuerzas imprescindibles de la política catalana, mucho más si tenemos en cuenta que tanto el PP como Ciutadans o UPyD se mueven en el reino de las ambigüedades y su moderación a nivel de propuestas, especialmente en materia de inmigración y globalización, deja un amplio espacio para el relanzamiento de PxC.

La crisis del PSC, como la de CiU, no son más que los episodios más de la crisis política generalizada que se está produciendo en todo el Estado (no en vano, Cataluña es España…). El principal rasgo de esta crisis es el fin del bipartidismo y la salida a la superficie de otras fuerzas políticas hasta ahora comprimidas, a nivel estatal por el PP y el PSOE y a escala catalana por CiU y el PSC. Pues bien, esa era ha concluido…

 

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