¿Votar para perder? No gracias

Publicado: Sábado, 10 de Mayo de 2014 13:50 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Carta abierta a la extrema-derecha española.- Hubo un tiempo en el que los españoles iban a votar ilusionados pensando que con su voto podrían cambiar algo. En realidad, este país ha votado siempre, incluso durante el franquismo. En aquel tiempo podías participar en las elecciones parar consejeros del Movimiento, unido a las elecciones para el “tercio familiar” en las Cortes o incluso en los ayuntamientos existía un tercio de concejales electos. Y además hubo media docena de referéndums para aprobar “leyes fundamentales”. Es relativamente cierto que la oposición no podía hacer campaña. Y digo relativamente porque CCOO solía participar en las elecciones sindicales y porque en las municipales también se colaban candidatos de oposición. Pero sí, no nos engañemos, no era fácil para los opositores hacer campaña, ni participar en los procesos electorales. Entre otras cosas porque no lo aceptaban y querían destruir el régimen.

Tras la euforia electoral, el desencanto, tras el desencanto la desafección

Luego todo cambió. Llegó la democracia y seguimos votando con otro talante: nos dijeron que las cosas podrían cambiar gracias a nuestro voto. Pudimos incluso votar en las elecciones autonómicas.

Pero un año después de que los socialistas vencieran en las elecciones de octubre de 1983, apareció en la sociedad española lo que se llamó “el desencanto”. La sensación de que todo aquello servía para poco. Algunos opinábamos desde hacía tiempo que no servía nada y nos acordábamos de aquella frase de Solzhenitsin que decía: “En la URSS no se puede decir nada; en Occidente se puede decir todo, pero no sirve para nada”.


Así pues teníamos una libertad de voto que servía para poco (a fin de cuentas, los medios influían mucho más que los argumentos y los programas, en los resultados electorales y los medios tenían sus intereses particulares que, frecuentemente, no eran ni los tuyos ni los míos, sino los de los grupos económicos que los amparaban y de los que la clase política comía –y come- de la mano), teníamos libertad de expresión justo cuando nos dimos cuenta de que la mayoría de gente tenía poco o nada que decir, y teníamos libertad de manifestación que la mayoría no utilizaba jamás.

El “desencanto” consistía en reconocer que un puto voto era como un grano de arena perdido en una playa y que solamente tenía interés para alguien si era recogido por la pala de un buldócer. El régimen se había configurado para que existieran cuatro buldócer: la “banda de los cuatro” (el centro-izquierda, el centro-derecha y el centro nacionalista catalán y vasco). Y el tuyo era un simple grano de arena que, por sí mismo, certificaba que no eres nada, nadie para el parlamentarismo, un ente insignificante cuyos problemas, ilusiones y aspiraciones no interesaban a las cúpulas de la “banda de los cuatro”. Ellos se reservaban el derecho de mentirte en las elecciones, de suscitar los problemas que debían interesarte, de darte las soluciones que jamás aplicarían y de presentarte un logo, unos colores, una sonrisa y una foto a la que debías votar. Luego, a trincar. Y durante 35 años les has ido votando.

Porque, tras el “desencanto”, vino “la desafección” que ya era algo más que la sensación de que las cosas iban mal y no cambiarían ni para ti ni para mí. Era un paso al frente: ni podían cambiar ni a la “banda de los cuatro” les interesaba que cambiaran, por tanto, la política era su problema, no el nuestro.

Si tú no sacas ningún beneficio ¿por qué darles tu voto?

¿Ellos se lo comen y se lo guisan? Pues que sean ellos los que vayan al super a comprar, carguen las bolsas, acomoden los productos en su nevera y demás. “Lo suyo”, no era “lo nuestro”. Desafección. Si el desencanto se expresaba votando a opciones minoritarias o creyendo que estas podrían sustituir un día a la “banda de los cuatro”, la desafección era la inhibición completa de cualquier opción, seguida de la crítica a todas ellas y se expresa especialmente a través del VOTO EN BLANCO y del VOTO NULO.

Hoy desencanto, desafección y apatía cabalgan juntos. Yo no tengo la menor duda de que estaré en el bando de los ganadores el próximo 25-M: el bando que rechazará votar a cualquier candidatura y adoptará una postura ACTIVA (votando en blanco), de PROTESTA (votando nulo) o PASIVA (absteniéndose). El rasgo común a todas estas posturas es el rechazo a un sistema que no nos ha traído lo que prometió, sino a lo largo de cuya existencia, han ido empeorando las condiciones de vita, las condiciones de trabajo. Es cierto que ahora tenemos libertad de expresión, manifestación, organización y huelga, y además, mire usted por donde, también tenemos carné de paro, inseguridad para el futuro, pensiones de miseria, contratos basura y la posibilidad cada vez más cierta de ser exiliados interiores en nuestro propio país y exiliados económicos buscándonos la vida en horizontes más benignos.


En la noche del 25M los comentaristas de prensa, los tertulianos y los analistas profesionales nos dirán que el “bipartidismo imperfecto” ha sufrido un duro golpe. La “banda de los cuatro”, en su conjunto, perderá votos. Y me alegraré. Me alegraré también de que suban otras opciones hasta ahora minoritarias. Será una victoria pírrica: porque lo que se abrirá a partir de ahora será un período de inestabilidad política e italianización de la política española. Nada bueno para el país, os lo aseguro. Pero lo que hay ahora tampoco es el mejor de los mundos, así que… malo por malo, siempre he preferido las aventuras y los saltos al vacío.

¿Y la extrema-derecha?

El artículo podría haber terminado antes de este parágrafo, pero si me creo obligado a escribir lo que sigue es porque de alguna manera yo he sido durante mucho tiempo parte de este ambiente de “extrema-derecha”.

En los últimos días, distintos medios de prensa nacionales y extranjeros han solicitado mi colaboración para que les explicara el por qué la extrema-derecha, que en Europa va viento en popa en sus dos formas, “euroescépticos radicales” y “euroescépticos moderados”, en España no se come ni una rosca. Es una larga historia de impotencias, errores, confusiones, traiciones e incapacidades cuya génesis no vale la pena reproducir.

En primer lugar hay que resaltar que se presentan cinco candidaturas cinco de este ambiente, ninguna de las cuales tiene la más mínima posibilidad de ser seguida por una bolsa importante de votos. Las que menos, obtendrán unos 6.000 votos, las que más, puede que lleguen a 12-15.000. En total, 30-40.000 votos. Ni sumados darían la quinta parte de un diputado.


Pero lo triste no es que no obtengan diputados, sino el hecho mismo de su presencia: juegan para perder. Y lo saben. Alguno de ellos cree (y lo cree desde hace 20 años) que un golpe de suerte, una fama repentina, un cambio brusco en las preferencias del electorado, la aparición en un programa televisivo, o un éxito extranjero, podría catapultarle a la fama y hacer que gane la “carrera de caracoles”. Esto les permitiría alcanzar una posición dominante en el “merado ultra”. Otros creen que “mejoran” sus posiciones (7.000 votos hace 10 años, 9.000 hace 5, ahora, sin duda, 11.000… todo un progreso). Los hay que se creen obligados a presentarse porque si ellos no se presentan, el rival directo, otro partido de la misma cuerda, saldrá beneficiado y eso si que no se puede permitir… Los hay que se presentan por inercia. Otros por el mero placer de jugar y perder. Algunos porque creen que inyectando unos cuantos cientos de miles de euros, podrán hacer valer su programa y revalidarse en su condición de peor relación “inversión-resultados”. Hay incluso algunos casos en los que resulta incluso misterioso saber porque se presentan. Dicen que “por idealismo”. Pero a poco que se leen sus webs y se perciben sus “ideas” sobre Europa y sobre lo que se juega en estas elecciones, se percibe claramente que si carecen de algo es, precisamente, de ideas claras.

Todos ellos quieren revalidar los éxitos de Amanecer Dorado, del Front National, e incluso se jactan de tener relaciones con el BNP inglés o con el Jobbik húngaro, y así sucesivamente. Alardean de contactos internacionales como el niño hace con su colección de canicas. En realidad, en Europa se tiene a la extrema-derecha española como un atajo de inútiles, expresión textual utilizada por algunos líderes de ese ambiente en Europa a la vista de que ante unas elecciones europeas han sido capaces de presentarse cinco candidaturas todas ellas sin la más mínima posibilidad de obtener resultados.

Pequeña historia de una insensatez

La cosa empezó en 1983 cuando el abogado de Tejero le convenció para que presentara su candidatura a las elecciones generales. Aquello rompió la Unión Nacional (FN+FE-JONS+PNS) y donde en 1979 había una candidatura, cuatro años después hubo cuatro. Aquello se convirtió en tradición. A diferencia de que quienes indujeron a Tejero a presentarse eran perfectamente conscientes de porqué lo hacían (para demostrar que tras el golpismo solamente había unos pocos miles de votos y desactivarlo para siempre), en la actualidad esas cinco candidaturas ni siquiera son consciente de que presentándose cada una por su cuenta, lo que están dando es una sensación DE DEBILIDAD increíble, porque el día 25-M, cuando se recuenten los votos se verá… que sumados todos los de la extrema-derecha apenas dan para la quinta parte de un diputado.

Bruno Gollnisch, que fuera presidente del Grupo Parlamentario Europeo Identidad, Tradición, Soberanía, nos decía hace 15 años: “¿Tanto cuesta sentar a los grupos en torno a una mesa, elaborar cinco puntos y presentar una candidatura unitaria?”. Y algunos sonreíamos: “Es que tú no conoces a los grupos…”. No los conocía; algunos sí los conocemos y sabemos que resulta imposible perder el tiempo sentando en torno a una mesa a dirigentes con poco seguimiento detrás o simplemente sin seguimiento, con ideas propias, cada uno con sus propias obsesiones y su ansia patológica de independencia y de ser jefecillos rodeados de menguada grey, casi todos ellos sin capacidad de mando, dotes oratorias, ni siquiera sin la comprensión necesaria para entender lo que está pasando en España y en el mundo y redactar esos famosos cinco puntos unitarios.

Votar a todos estos pequeños grupos es darles alas para que persistan en su actitud providencialista, alimentar sus deseos de permanecer aun sin tener “principio de razón suficiente” para justificar su independencia y misma existencia. Votarles es echar leña al fuego de la impotencia y de la división, recrearles en la bondad de sus “propuestas” (mirad lo que proponen y compararlo con un verdadero Programa Político… advertiréis las diferencias hasta enrojecer de vergüenza, especialmente si comparáis los documentos con los que se presentan “nuestros camaradas” con los que han elaborado partidos “hermanos” en otros países. Votarles es darles palmaditas en la espalda que utilizarán para demostrar que ellos son más que los otros, que “van avanzando”… y así hasta el fin de los tiempos, pasito a pasito hasta más allá de la derrota total.


Y el sistema se ríe de estas opciones. Les dice como a Tejero en 1983: “Presentaros, para que así todos vean vuestra debilidad. Presentaros para que así comprueben que sois capaces de no experimentar la más mínima vergüenza y el más mínimo bochorno en participar por enésima vez en unas elecciones… para perder por goleada y competir, no con la “banda de los cuatro”, sino entre vosotros mismos, pobres caracoles.

Presentaros para seguir así eternamente y para que vuestro “jefes” se confirmen si sacan 12.000 votos en que ellos “son los elegidos”, y si obtienen 6.000 en que “nos han hecho trampa y por tanto hay que seguir”.

Presentaros sin programas políticos ni sombra de tales, con lemas malamente traducidos de grupos extranjeros como si el traductor Google diera la garantía de que lo que ha triunfado en un país triunfará también aquí.

Presentaros tantas veces como queráis, no os faltarán concejales que os avalen, porque saben que no tenéis la más mínima posibilidad de que sectores del electorado os tomen en serio.

Presentaros para seguir cultivando el gueto.

Presentaros para dilapidar los pocos fondos que tenéis.

Presentaros para ilusionar primero, agotar después y decepcionar finalmente a otra generación de militantes.

Presentaros para evidenciar a toda la sociedad que carecéis de líderes y que vuestros jefes son en algunos casos freakys de la peor especie y en otras, meros iluminados y en el mejor de los casos –y no hay muchos- gentes bienintencionadas a las que les falta comprender los mecanismos de la política.

Presentaros para seguir siendo lo que sois: una suma de “error técnico” (cualquier sigla por el hecho de presentarse y sin hacer campaña obtiene simplemente por errores en los recuentos entre 2.000 y 6.000 votos) y de individualidades aisladas.

Presentaros y seguiros presentando una y otra vez, eternamente, en las mismas condiciones y con las mismas esperanzas, presentaros para perder… porque la mentalidad que tenéis desde 1983 es de sempiternos perdedores”.

Todo esto, claro está, sin olvidar, que existen otras dos opciones que no se presentan a las elecciones y que, precisamente, porque disponen de concejales propios son las que menos dificultades deberían haber tenido para conseguir avales (o quizás sea que si no se presentan es por una dosis de realismo o igual es que tienen concejales precisamente por que han hecho más gala de realismo).

Tres opciones a considerar

Si el 25-M hace un buen día disfrutadlo con vuestra familia, vuestros amigos o simplemente disfrutadlo tomando unas tapas o leyendo un libro. Disfrutadlo haciendo el amor. Disfrutadlo pensando, viendo una película, haciendo ejercicio o disfrutarlo practicando habilidades sociales diversas. ¿Ir a votar en un día tan hermoso? ¿Vas a ganar algo? ¿Nada! Pues entonces, no pierdas el tiempo. ABSTENTE. La abstención no quiere decir, necesariamente, apatía e ignorancia: simplemente indica que TIENES ALGO MEJOR QUE HACER. Vivir la vida. ¡Qué vida más triste la del que en un domingo de primavera no encuentra nada mejor que perder una hora votando sin poder extraer ninguna satisfacción!

Si el 25-M quieres aprovechar la ocasión que te brindan las instituciones europeas para hacer oír tu voz, pero hace tiempo que te molesta todo el circo electoral y el que nada se solucione en ningún nivel (ni autonómico, ni municipal, ni estatal, ni europeo), DESAHÓGATE y que al menos los que están en la mesa electoral sepan (y te envidien) porque tú eres un tipo capaz de expresar lo que piensa VOTANDO NULO: para ello basta con una frase rotunda (la creatividad es cosa tuya y la elección del desplante también), un dibujo, algo dirigido a los que abrirán los sobres; o también introducir un documento significativo: una fotocopia del carné de paro, el extracto bancario con el importe de vuestra pensión, una hoja de papel de wáter… Estoy seguro que sabréis ser de lo más estilosos…

Si el 25-M quieres dar una sensación de responsabilidad como diciendo “las cosas no van bien y doy un toque de atención a los grandes partidos y a las pequeñas formaciones; hay que hacer mejor las cosas porque, entre grandes, pequeños, minúsculos y calderilla, vamos a la ruina”, en ese caso lo que tienes que hacer es VOTAR EN BLANCO.

Tienes tres opciones: la del disfrute personal, la de la protesta airada y la de la protesta mesurada. ¿Qué más quieres? Pon imaginación: sé dueño de tu voto. Seguro que lo que has hecho ese día es mucho más creativo, espontáneo, juvenil y revolucionario que votar a la “banda de los cuatro”, “a los que aspiran a hacerse un hueco a codazos dentro del régimen” o a la “calderilla multifraccionada e impotente” (a los que dicho sea de paso, también hay que dar una lección).

Julius Evola, en Cabalgar el Tigre nos ofrecía una actitud ante el mundo de la política: LA APOLITIA. Apolitia no indica desinterés o ignorancia de las cosas de la política; no es ni apatía ni abulia, ni inconsciencia. Es simplemente ALEJAMIENTO Y DISTANCIA DE LA POLÍTICA QUE HACEN LOS POLÍTICOS. Yo, en este sentido, me declaro apolítico.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

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