EMInves: libros políticos

Publicado: Viernes, 10 de Enero de 2014 12:57 por Ernesto Milá en Libros E. Milá
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¿Por qué esta colección de libros sobre temática política que publica EMInves?

- A la vista del desprecio y el alejamiento de la política que alberga la mayor parte de la ciudadanía ¿es prudente abrir una línea de “libros políticos”?

No voy a discutir que en la sociedad existe un hartazgo elevado a la enésima potencia sobre una clase política que tiene las llaves de la caja pero no demuestra el más mínimo interés en resolver ningún tipo de problema. De hecho, en lugar de resolver problemas, tiende a crear otros nuevos. Tengo que reconocer que, de todas las clases políticas, la española es particularmente desagradable y obscena: desagradable por el aire de suficiencia con el que se escuda tras un texto constitucional que la legitima, pero que no es más que el sudario de una España muerta; y obscena porque no existe gesto de la clase política, toma de posición o resolución que no responda a un interés corrupto. Así pues, esa parte no la vamos a discutir. Pero todo esto es la “pequeña política”, la política despreciable realizada por ambiciosos sin escrúpulos, mediocridades silenciosas alineadas en las poltronas parlamentarias, ministros colocados en un cargo para el que no tienen ni la más remota idea del área de gobierno que deben dirigir, comunidades autónomas convertidas en cuevas de Alí Babá, ayuntamientos que solamente funcionan para aumentar su deuda, mediocridad sobre mediocridad, pirámide de pequeñas ambiciones, psicópatas transformados en “estadistas” por medios de prensa que comen de la mano del poder económico y, finalmente, escalas de valores desfasadas que no pasan de ser excusas en las que justificar la “legalidad” de todo ello. Desde la corona hasta el último concejalillo de pueblo. 

 

La “pequeña política” es así, la conocemos todos, la sufrimos todos y la odiamos todos. Ni me interesa, ni interesa y sobre esto recomiendo un alejamiento total, con todo lo que ello implica. La consigna en este sentido es “apolitia” o la “apoliteia” en el sentido clásico, tal como nos la legó Julius Evola cuando recordaba que este concepto griego no significaba desinterés o despreocupación, sino alejamiento. Es menester alejarnos de la “pequeña política” como de la peste. 

- Sin embargo, no hay que olvidar que esa clase política ha sido elegida por votación popular. Al menos, todavía puede votarse…

La “pequeña política” es la que ejerce el “homus insignificantis”, el político que busca acomodarse bajo el fuego fatuo de la Constitución y llevarse su trozo de la tarta. Y poco le importa que la misma tarta se haya convertido en un plasma purulento y vermicular, pestífero y contaminante, que hace imposible que este país recupere la salud y pueda pensar en un futuro durante las próximas décadas. No tengo la menor duda que la España empobrecida, demolida, mendicante, arruinada del mañana, escupirá sobre las tumbas de reyes, jefes de gobierno, diputados, diputadillos y demás atajo de corruptos. Y lo hará cuando sea demasiado tarde. Pero esto, lejos de ser un consuelo, es simplemente el reconocimiento de que, históricamente, nuestro pueblo ya no da más de sí. 

El “homus insignificantis” no está solamente en las esferas de poder; es más, si está allí es porque circula por las calles un tipo humano que se reconoce en él y que le da su voto regularmente, a pesar de que tras cada mascarada electoral, el elector ve mermada su calidad de vida, su nivel de bienestar y ya solamente le queda miedo al futuro. Enmascara ese miedo asumiendo la idea esperanzadora que le vende la clase política: “hoy las cosas van mal, pero mañana mejorarán”. Es la última gran habilidad que aún sabe manejar la clase política. Pero, de la misma forma que no hay mal que cien años dure, tampoco hay clase política, por mucho que esté avalada por el poder mediático, que logre mantenerse en el poder eternamente sin cosechar, al menos, un éxito. Y ese éxito ya lo han agotado: es el de su mera permanencia en el poder. No es de esa “pequeña política” de lo que tratamientos de ocuparnos en las ediciones EMInves.

- ¿Qué hay más allá de esta “pequeña política”?

La Gran Política. El primer tránsito de la “pequeña política” a la Gran Política lo marca sin duda la resolución de los problemas de las comunidades. Para solucionar algo, sanar una enfermedad, resolver una crisis, es preciso realizar un diagnóstico acertado. Sin ese diagnóstico, todo lo que se pueda hacer estará asentado en el vacío y será uno de esos famosos “parches técnicos” que se vienen aplicando coyunturalmente ante situaciones cada vez más degradadas. Sin esa diagnosis previa no hay tal tránsito. No se puede decir simplemente: la globalización es la tendencia mundial, poco importa que afecte más negativa que positivamente a nuestro país, si es la tendencia general, nos dejamos arrastrar por ella, aplicamos parches en función de esa tendencia… y en paz. Paz de cementerios, actitud de peces muertos que flotan siempre a favor de la corriente. Para poder afirmar que estamos guiados por “Estadistas” y no por “gestores mediocres de la cosa pública”, hace falta una lucidez en el diagnóstico, solamente a partir del cual puede remontarse nuestro estado de postración.

- Antes has hablado de miedo. Lo que le queda a nuestro pueblo (y no solamente al español) es a perder lo poco que le queda. ¿Es compatible ese miedo con la aspiración a una Gran Política?

En absoluto, el miedo impide pensar con lucidez. Quien tiene miedo ya es esclavo. Desde el 11-S el “sistema” (entendiendo por “sistema” el conjunto de grupos económico-político-mediáticos que gobiernan en función de unos principios liberales y que están alcanzado su nivel extremo de concentración de capital) se mantiene gracias a terrores suscitados sobre la opinión pública. Algunos de estos terrores son irracionales: Aznar decía que intervenir en Irak suponía contener el terrorismo en España… Otros son completamente racionales: se importa a 8.000.000 de importan y luego se generan 6.000.000 de desempleados… al 27-30% de la población que conserva todavía un puesto de trabajo se le presenta la imagen del parado: “solamente si eres un chico obediente, conservarás lo que tienes, trabaja cinco días a la semana, entretente dos y mantenme para siempre. Esa es la ley. Si te sales de ella caerás al vacío. Y nadie sale de simas con 6.000.000 de parados”. En las cocinas del sistema se mantiene un perfecto equilibrio entre dos factores “miedo” y “esperanza”. El miedo tiene que suscitar reservas a hablar claro, temor a hacerse notar, a alzar una voz discordante. La esperanza, en cambio, es lo que mantiene en pie: “si somos buenos chicos, saldremos de ésta; si hemos sufrido tanto, ahora solamente nos queda aguardar un poco más para que esto pase, así pues, callemos y, entre tanto, disfrutemos en nuestra parcela y con nuestros medios”. Tal es el argumento del “homus insignificantis”, al que no se le puede reprochar gran cosa. La Gran Política está en otro lugar. 

- Superar el miedo (los que lo puedan superar, claro está), ¿qué otro rasgo caracteriza a la Gran Política?

Reconocer la inmensa grandeza de la soledad. Un innombrable escribió que “el fuerte es más fuerte cuando está solo”. El hombre moderno tiene dos posibilidades: reconocer que él es un “homus insignificantis” y que debe aceptar las migajas que se le arrojan y procurar que el triste destino que han diseñado para él se realice sin más percances personales. O bien reaccionar. Hoy más que nunca hace falta ser reaccionarios. Hoy más que nunca, hacen falta gentes capaces de destacarse de las masas y decir ¡basta! La Gran Política no deberá, por tanto, nada a las masas. Estas no son más que pesos muertos. Obstáculos. En absoluto, el futuro se construirá a través de ellas, ni ellas, siempre que se han manifestado en la historia lo han hecho de manera creativa. Todas las revoluciones, siempre, han sido tarea de minorías exiguas pero resueltas. Nunca se han amparado en grandes masas, sino en sectores activos de la población: no nos engañemos, no fueron las masas las que tomaron el Palacio de Invierno o la Bastilla. Rusia en 1917 era inmensa como lo era Francia en 1789. En los grandes hitos revolucionarios participa una ínfima minoría. Esa minoría está formada por dos tipos de gentes: una dirección (que ha superado el miedo) y una base (que ha transformado su miedo en rebelión). Pero siempre, en el escenario de una revolución –hay que releer a Curzio Malaparte y su Técnicas del Golpe de Estado- la inmensa mayoría de la población, ha sido un testigo pasivo y apático, ausente siempre de los grandes movimientos históricos. Se supera la “pequeña política” y se abre el camino a la “Gran Política” cuando existe una minoría cualificada y lúcida. 

- ¿Cualquier minoría puede protagonizar esa “Gran Política?

Una minoría no es una élite y élites hay de muchos tipos. Una élite de artesanos sirve para fabricar buenas cerraduras, zapatos de calidad o muebles inmejorables. También existen “contra-elites”: Al Capone estaba en la élite del crimen. En cuanto a las minorías, generalmente son minorías que han visto frustrada su vocación de ser mayorías convencionales y se han reducido a unos pocos círculos de náufragos. De hecho, hay minorías cuya estupidez llegar a ser incluso sorprendente. La élite es otra cosa. Y la élite necesaria para la “Gran Política” no tiene nada que ver con todo esto. Se reconoce una de estas élites en la historia cuando se percibe un núcleo de gente provisto de un proyecto político. Hace falta describir lo que es la Gran Política respecto a la “pequeña política”: está es supervivencia, utilización de los recursos legales en beneficio propio durante cada ciclo electoral, carné de partido, poltrona y aceptación de las reglas del juego. La Gran Política es lucha, creación, voluntad, destino. Construcción de ese proyecto. Lucha por un proyecto. Voluntad de unir el propio destino personal a esa tarea. Proyección de ese proyecto en el futuro. Esto sin olvidar, por supuesto, que la “prueba del 9” de toda presunta o real élite, es el choque con la práctica. Dicho de otra manera: élite no es todo aquello que se considera como tal, sino quien demuestra serlo.  

- ¿Sobre qué bases puede asentarse ese proyecto del que hablar?

Eugenio D’Ors decía que todo aquello que no es Tradición es plagio. Hoy se ha perdido cualquier tradición digna de tal nombre, solamente existe una posibilidad de recuperarla: seguir la ruta de nuestras raíces. No es, a fin de cuentas, algo tan complicado. Sabemos que somos europeos, somos herederos de la cultura clásica, pertenecemos a unas naciones que se han forjado a través de la historia. Hemos tenido a una serie de enemigos seculares y de amenazas que han contribuido a forjar más aún nuestra identidad. Y, para colmo, los pueblos europeos se han entrecruzado a lo largo de la historia en tantas ocasiones que sus valores desde Cabo San Vicente hasta Narvik y desde Cabo Norte hasta Creta son extremadamente similares. Recuperar esas raíces, tener claro qué forma parte de nuestro patrimonio y qué aportaciones son halógenas y contradictorias con ese pasado es esencial. Es la sempiterna distinción entre “amigo” y “enemigo” lo que hay que cribar de nuevo. Lo esencial, además, es distinguir entre “tradición” y “modernidad”: Tradición es todo aquello que supone un intento de elevación, un reconocimiento de que el mundo de lo humano no se limita al mundo material, sino que existen valores, objetivos, metas que están más allá y que no se justifican solamente por el mero utilitarismo o lo simplemente material. La existencia de una metafísica (es decir, de una concepción del mundo que esté más allá de lo físico) define la Tradición ante lo que es simple modernidad. El alejamiento de lo espiritual conlleva inevitablemente el sumergirse en lo material y lo material, poco a poco de va reduciendo a lo individual y a lo más próximo que, también es lo más frágil y los más fragmentario, como aquellos minerales a los que se puede ir golpeando y que se parten en fragmentos cada vez menores que reproducen la estructura cristalina originaria.

- Sin embargo, la Gran Política no puede ser un proyecto suspendido en el vacío, en una edad sin tiempo. No podemos evitar ser hijos de nuestro tiempo, hijos de la modernidad.

Es inevitable que la Gran Política deba actuar sobre el trasfondo inquietante de la modernidad y que, a la postre, sea una lucha contra la modernidad… por el futuro. Faye tenía razón cuando apelaba al “arqueo-futurismo” para definir las necesidades de una élite en nuestro tiempo. El “arqueo” era precisamente las raíces, la tradición. Respecto al “futurismo” era un concepto muy diferente de modernidad: la modernidad no es nada más que la resultante de las distintas desviaciones que sufrió el humanismo aparecido en el Renacimiento. Evola en Orientaciones pasa revista en apenas 16 páginas a todas las desviaciones ideológicas que han aparecido a partir de principios del siglo XVII y que nos han llevado a donde estamos. Termina proponiendo un movimiento de retorno a los orígenes en el que la palabra “revolución” encuentra de nuevo su sentido etimológico, “re-volvere”, volver a empezar. Dicho de otra manera: es preciso “reaccionar para revolucionar”, ponerse en pie para retornar a los orígenes. La historia ha sido presentada en ocasiones como un movimiento lineal en perpetuo ascenso desde escalones inferiores y atrasados, a situaciones de mejora progresiva,  superiores y avanzadas. En otras ocasiones se ha representado como un círculo sometido a la ley de ascensos y descensos: la historia es la alternancia de unos períodos de decadencia con otros de esplendor, tras cada momento de esplendor sigue otro de decadencia que preludiará un futuro resurgimiento. Marx contra Spengler, en definitiva. Pero se puede añadir algo a todo esto. La historia es, efectivamente, una sucesión de ciclos, pero estos no pasan siempre por los mismos puntos de referencia. La historia no es un círculo. Es una espiral. Se pasa por situaciones similares, en absoluto idénticas. Por ejemplo, hoy existe una situación de desintegración similar a la que se dio en la Roma de la decadencia… pero mucho más intensa y agravada. Los hitos son similares, lo que varían son las intensidades de los problemas. 

- ¿Así pues la historia es mero automatismo?

La historia no es un mero automatismo tal como la concebía Marx. No camina inevitablemente hacia un destino preconcebido. Los ciclos históricos, sugieren tendencias, marcan hitos, pero en absoluto son ineluctables, ni hay una ley mecánica que obligue inevitablemente a cumplirlos. La historia es lo que son los hombres que la construyen o que la soportan. En lo más oscuro de una época pueden existir hombres que preparen el futuro. Que construyan sigilosamente ese futuro y lo transmitan a sus hijos. Nada tan opaco, duro e irrelevante como un pedernal. Sin embargo, basta un pequeño golpe contra él para que emane chispas, para que prenda fuegos, para que incendie bosques, para que consuma mundos. Las élites nacen en los períodos de decadencia para ser los motores y los guías de la recuperación. Sin élite no hay recuperación. Otra cuestión importante es que existen élites en todos los ámbitos: científico, político, social, religioso, intelectual. Una característica del paradigma mecanicista es precisamente la fragmentación de la unidad en “ramas” cada vez más aisladas unas de otras. En la actualidad, la tendencia de las ciencias más avanzadas precisamente  consiste en superar ese mecanicismo newtoniano y a sustituirlo por concepciones holísticas. Lo que indica que en la negrura del siglo XXI se están preparando las bases para nuevas síntesis y para dejar atrás muchos valores que hoy son paradigmáticos. Queda todavía incólume el “humanismo”, pero también éste entrará en colapso antes o después. Estamos hablando de crear un mundo nuevo, y este nacerá del trabajo y la colusión entre distintas élites. Solamente así, la espiral de la historia podrá dar un nuevo giro creador.

- ¿Es por esto por lo que Ediciones EMInves ha creado una colección de libros políticos? ¿Para contribuir a la recuperación de la “Gran Política”?

Quizás si nuestro punto de partida personal hubiera sido la filosofía, hubiéramos estado más predispuestos a abordar la formación de una “élite” desde ese punto de vista. Para bien o para mal, el área desde la que hemos arrancado es la política y la historia, así pues no puede evitarse que nuestra aportación se desarrolle desde ese terreno. Hay que decir que nos consideramos una pieza más que aspira a colaborar en la formación de una élite y que nos limitamos a ofrecer textos y reflexiones que en nuestra opinión pueden contribuir a la creación de esa élite, particularmente adaptados para un tipo de lectores que proceden de determinados horizontes políticos. Nos interesa también la historia del siglo XX como reflexión y análisis. Vamos cubriendo ciclos. Tantos en formato papel como en e-book. 

- ¿Qué ciclo habéis cubierto este año que termina?

Hemos publicado cuatro obras sobre temas históricos como suplementos de la Revista de Historia del Fascismo: la traducción de Baltikum, homenaje a Dominique Venner, su autor, libro dedicado a los cuerpos francos y al origen del nazismo entre 1919 y 1923. Desde muy joven, Venner formó parte de esta élite ideal en curso de formación y su misma muerte sacrificial ante el altar mayor de Notre Dame de París es quizás el testimonio más dramático y auténtico de que no todos aceptamos el triste destino que la modernidad y sus gestores han diseñado para nosotros. A esta obra siguió, José Antonio y los no-conformistas que examinaba la obra del fundador de Falange desde un punto de vista nuevo. Luego hemos traducido la obra de Paul Sérant Romanticismo Fascista, sobre los intelectuales franceses que adoptaron esta opción. Y en el momento de escribir estas líneas está a punto de aparecer Ramiro Ledesma a contraluz que ofrece una visión inédita de este personaje tan ignorado y maltratado por partidarios y detractores. Con estas cuatro obras creemos que hemos tratado una materia interesante que abarca parte del siglo XX. Interesante especialmente porque fue la única vez, y subrayo lo de única, en que la juventud intentó ser dueña de su propio destino. Si eso fue así –y todo induce a pensar que este es el único rasgo que define al fascismo mundial mucho más que cualquier otro (anticomunismo, crítica a la democracia, cesarismo, unión de lo nacional y lo social, construcción del hombre nuevo, etc), creemos que vale la pena revisar de nuevo su historia, sin apriorismos y con la mente amplia, alejados de filias y fobias. 

- ¿Qué otros textos habéis publicado hasta ahora?

Iniciamos hace dos años la publicación de unos libritos de 150 páginas, a los que llamamos “Cuadernos Básicos” que podemos definir como dedicados al estudio de problema de hoy con enfoques nuevos: hemos publicado un libro sobre lo que es Identidad y sus relaciones con el patriotismo en el siglo XXI (Identidad, patriotismo y arraigo) que ya va por su tercera edición, al que siguió un segundo dedicado a las implicaciones del problema de la inmigración (Conversaciones sobre la inmigración) y un estudio sobre el movimiento del 15-M, Estephan Hessel, y todo lo que estuvo en torno al movimiento de los “indignados. Nos interesa cualquier movimiento de protesta o cualquier síntoma que emane de la sociedad actual. Ya he comentado que uno de nuestros objetivos es precisamente seguir la evolución de la modernidad.

- Y en e-book…

En e-book la producción es mucho más simple, así que tenemos publicada una decena de textos aparecidos en los últimos meses. Uno de ellos es el libro ya agotado Militia, una digresión sobre la tradición guerrera, primera parte de un texto que todavía se está en elaboración. Básicamente, la tesis de la obra es que el modelo humano del guerrero y su mentalidad son el tipo humano más adaptado para hacer frente a las desintegraciones de nuestro tiempo. 

Por otro lado nos ha interesado el tema del patriotismo, de ahí que hayamos publicado un e-book titulado Reflexiones sobre España. A diferencia de la Tradición, el patriotismo es algo que está obligado a evolucionar al paso de la historia y el problema del patriotismo español es que quedó estancado entre el 98 y el primer tercio del siglo XX. Lo que tratamos de se sugerir posibles vías para su “aggiornamento”. 

También hemos publicado un Manual de Lucha Política, edición en e-book de un libro ya agotado y que describe los rudimentos de la acción política. También hemos analizado en profundidad algunos episodios políticos recientes: por ejemplo Mayo del 68 (La revolución de mayo no fue como te la contaton) o el zapaterismo (El pensamiento excéntrico) que es el único análisis doctrinal sobre los orígenes del zapaterismo. 

- En vuestro catálogo hay reproducción en e-book de obras que en otro momento se difundieron bastante…

Si, ahí figuran los dos estudios sobre Marruecos y su enfrentamiento con España (Marruecos en enemigo del Sur y Marruecos la amenaza) de los que hace 10 años se vendieron varios miles de ejemplares. Así mismo, los textos sobre ¿Fumas porros gilipollas? (sobre la banalización del cannabis) y ¿Aún votas merluzo? (sobre la degeneración de la democracia).

- ¿Cuáles son, en definitiva, los denominadores comunes de esta línea editorial?

Por una parte la revisión de la historia, por otra parte, análisis de la actualidad, finalmente, temas doctrinales en tres direcciones: patriotismo, identidad, tradición.

- ¿Qué novedades hay anunciadas para 2014?

Un texto sobre geopolítica que es la ampliación y rectificación de un texto publicado por fragmentos en Internet. Otro sobre la lucha por la identidad. El tercero es un texto sobre esoterismo y política para disipar equívocos, prevenir exageraciones sobre determinados aspectos del tema que frecuentemente son incomprendidos o llevados a límites absurdos: masonería, iluminati, nazismo esotérico, etc. En realidad de lo que se trata es de distinguir entre “conspiración”, “conspiracionismo” y “conspiranoia”, tres términos que hoy son frecuentes de encontrar en el vocabulario común pero que resultad difícil distinguir uno de otro.

© Eminves – eminves@gmail..com

 

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