Europa Action y Venner

Publicado: Miércoles, 22 de Mayo de 2013 03:07 por Ernesto Milá en R.H.F.
20130522030743-3.png

Infokrisis.- Reproduzco a continuación, como recuerdo a Dominique Venner, el artículo aparecido en la Revista de Historia del Fascismo, dedicado a Europe Action, la revista más innovadora que publicó el neofascismo francés en los años 60 y que supuso una voluntad de proseguir la lucha por los ideales previos al período de lucha armada en favor de la "Argelia Francesa". 

Europe Action, una revista que dejó huella

En 1963, el nacionalismo francés acababa de salir de la resistencia armada con la OAS y había dejado atrás el intento de Jeune Nation, primera manifestación del neofascismo en Francia. Las experiencias acumuladas en los 5 años anteriores habían servido para que un reducido grupo de cuadros pusiera en marcha una iniciativa inédita hasta entonces: la publicación de una revista, Europe–Action, en torno a la cual formar a un equipo de agitadores. Era una reedición de la trayectoria de Lenin con La Chispa, de Mussolini con Il Popolo d’Italia o de Hitler con Bolkïscher Beobachter: el equipo revolucionario sale de la redacción de una revista. Es, seguramente, una de las experiencias más creativas e innovadoras que haya generado el neofascismo francés.

En Europe–Action –revista que apareció entre enero de 1963 y febrero de 1967 con un total de 48 números publicados y una tirada media de 10.000 ejemplares–, participaron todos los militantes que en las décadas posteriores dieron origen movimientos extremadamente renovadores: desde el Groupe de Recherches et Études pour la Civilisation Européenne (con Alain de Benoist alias “Fabrice Laroche”, Pierre Vial, Jean Mabire, Georges Pinault alias “Goulven Pennoad”, Jean Claude Valla), hasta los que dieron luego origen a Occident y Ordre Nouveau (François Duprat), unidos a escritores de prestigio (Henry Coston, Ploncard d’Assac, Maurice Sicard alias “Saint–Paulien”, Marc Augier alias “Saint Loup”, Lucien Rebatet), a antiguos miembros de la OAS (como su tesorero Maurice Ginbembre) y, por supuesto, los supervivientes de Jeune Nation y los militantes de la Fédération des Étudiants Nationalistes (como Dominique Venner), así como jóvenes militantes que luego harían brillantes carreras como periodistas (“François d’Orcival”, de verdadero nombre Amaury de Chaunac–Lanzac, y el propio Venner).

Aun siendo una revista que destilaba juventud y dinamismo en cada página, siempre alcanzó un buen nivel redaccional y, en cualquier caso, supuso una ruptura con todo lo hecho con anterioridad. Ruptura, no renuncia. En efecto, después de Europe–Action existió una ruptura nítida entre la “vieja derecha” y la “nueva derecha” que se fue ampliando a lo largo de los años 60. Por otra parte, el nivel teórico de la revista era bueno y se vio apoyado por un documento básico: las reflexiones de Dominique Venner realizadas durante su encarcelamiento y publicadas más adelante como cuaderno con el título Por una crítica positiva.

A diferencia de anteriores experiencias nacionalistas que siempre manifestaban un catolicismo militante, Europa–Action rompió con esta tendencia, se declaro celtista y en sus ediciones no se percibió ninguna simpatía hacia la Iglesia Católica francesa. Así mismo, existió un cordón umbilical con el grupo belga de Jean Thiriart (ver artículo sobre Jean Thiriart y la revista La Nation Européenne en la RHF–II) y se planteó un tema nuevo: la necesidad de una cooperación entre los nacionalistas de todo el continente. De ahí que el mismo nombre de la revista fuera significativo: Europe–Action. Nunca antes en Francia se habían planteado las cosas a nivel europeo.

Por todo esto, la revista mensual Europe–Action merece un lugar en las páginas de la RHF. Así mismo en breve, dentro publicaremos la traducción (por primera vez en lengua castellana) del documento Por una crítica positiva, junto a otros documentos emanados por el neofascismo de los años 60.

Una aventura editorial y doctrinal

Venner había permanecido diecisiete meses en la cárcel acusado de haber contribuido a la organización de la OAS. Durante este período había reflexionado sobre lo que implicaba la pérdida de Argelia, la imposibilidad de realizar una lucha armada contra el Estado en condiciones de vencer a la “guerra sucia” desencadenada por el Estado –los “barbouzes”–, pero también había reflexionado sobre las carencias del período anterior en el que había ocupado un puesto de responsabilidad en la organización Jeune Nation (véase RHF–V). Cuando Venner sale de prisión muchas cosas habían cambiado en Europa y buena parte de los argumentos utilizados por Jeune Nation en los años 50 (que, por lo demás, no eran sino una readaptación de los viejos ideales nacionalistas teorizados por Charles Maurras a principios de siglo) ya no respondían a una situación nueva y cambiante.

Por un lado aparecían los primeros síntomas de la revuelta juvenil, de otro, la descolonización era un fenómeno imparable, además la convocatoria del concilio Vaticano II hacía estaba generando profundos cambios de orientación en el interior de la Iglesia y Europa había dejado atrás el período de la reconstrucción posterior a la II Guerra Mundial: podía hablarse por primera vez de una “sociedad del consumo”. Venner percibió todos estos cambios, los unió a la autocrítica de las experiencias anteriormente vividas por el nacionalismo y realizó una propuesta coherente y global para adoptar una nueva orientación. Pertenece a Venner, pero también a sus colaboradores más íntimos, el mérito de haber impreso un “nuevo curso” al neofascismo francés que repercutiría en toda Europa y que influiría particularmente en Francia en los siguientes 20 años.

El documento Por una crítica positiva publicado en julio de 1962 cuando Venner estaba todavía en la cárcel (salió dos meses después) tenía cierto grado de provocación contra el nacionalismo clásico y maurrasiano. Se ha repetido hasta la saciedad que Venner había intentado emular a Lenin en su famosa obra ¿Qué hacer? Fue Duprat el primero en reparar en la analogía de la obra que después todos han repetido. La obra de Lenin, publicada en 1902 insiste en la necesidad de una preparación teórica y de una concepción organizativa del partido revolucionario. De la misma forma que la obra de Lenin contribuyó a la división del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, Venner insiste en la primera parte de la obra en la diferencia entre “nacionales” y “nacionalistas”. Esta diferencia es hoy más difícil de entender pero en la Francia de principios de los años 60 era mucho más nítida: los “nacionales” serían los moderados más próximos del nacionalismo chauvinista que del nacionalismo revolucionario al que Venner se adhería, serían aquellos que despreciaban el militantismo, la acción en la calle y se limitaban a aplaudir a las fuerzas de seguridad y al ejército, confiando en ellos. Más que equipos de militantes abnegados, los “nacionales” tendían a ser personalidades (“notables” en francés) que utilizaban un “prestigio” obtenido anteriormente como reclamo político. Sin militantes detrás, los “nacionales” optaban por proponer “frentes electores”, coaliciones, de las que Venner dice: “cero + cero, da siempre cero”. Eran también quienes antes se habían retirado de la batalla argelina y quienes profesaban una admiración reverencial hacia determinados militares. Se mostraban incapaces de percibir los nuevos fenómenos que iban apareciendo con el paso de los tiempos: los mejores mantenían las mismas concepciones que antes de la experiencia de la OAS, los peores se remontaban al maurrasianismo y al Caso Dreyfus a principios del siglo XX o a finales del XIX.

Venner propone una ruptura nítida con los “nacionales”. En su visión organizativa Venner se muestra a favor de un movimiento revolucionario de vanguardia, formado por una “minoría selecta” en torno a una ideología central fuertemente asumida y vivida por sus miembros. El “notable” de los “nacionales” es sustituido por el “equipo de militantes puros y duros”. Ese equipo debe ser coherente: su vida debe ser un espejo de su doctrina (“unir la teoría y la práctica” como había dicho Lenin) y debe de ponerse al frente de las justas luchas populares allí en donde esté presente (“unir la vanguardia a las masas”, en la concepción leninista) enseñando a las masas que sus problemas no se resolverán con luchas parciales sino con una revuelta generalizada contra el sistema (“unir lo particular con lo global” tal como preconizó Lenin). El equipo revolucionario debería estar dispuesto a todos los sacrificios, presente en todas las clases y tener en cada grupo social “correas de transmisión”.

Venner había analizado las causas del desastre de la OAS y de la pérdida de Argelia y extraído algunas conclusiones. Responsabiliza a los “nacionales” y a su servilismo hacia las Fuerzas Armadas. Sabe que un golpe de Estado y una acción revolucionaria no son sólo “problemas militares”, sino “político–militares” que precisan el concurso, no solamente de las armas y de los escalafones militares, sino sobre todo de una lúcida dirección política. Y difícilmente coincide la lucidez política con la jefatura militar.

Al mismo tiempo, Venner rechaza el activismo por el activismo. La militancia solamente es concebible y aceptable cuando existe un plan general de conquista del Estado y sólo es asumible dentro de una organización política revolucionaria implacable y dotada de la inquebrantable voluntad de derribar un orden político para construir otro. Para Venner, el activismo sin el respaldo de un proyecto político es una forma de neurosis militante de la que hay que huir.

Finalmente, no se trata de huir de planteamientos intelectuales (el anti–intelectualismo era –y es– muy habitual en la extrema–derecha) sino de basar las actitudes personales en una sólida construcción intelectual que no deje ningún aspecto al azar sino que tenga –como en aquel momento tenía el marxismo– una respuesta ante cualquier problema. Duprat escribe sobre Europe–Action: “Se interesa con extrema atención sobre los problemas del mundo moderno. Su crítica a la sociedad mercantil es tan viva como la del marxismo. Europa–Action se preocupa tanto por la calidad de la vida, como por la elaboración de una ética colectiva. Su empirismo le conduce, como en otro tiempo a Renan o a Maurras, a un agnosticismo político que será muy criticado en la derecha”.

En efecto, donde las innovaciones impuestas en Por una crítica positiva son más interesantes es desde el punto de vista doctrinal. El nacionalismo maurrasiano queda ampliamente superado y se alcanza un nivel de teorización muy superior al de cualquier otra formulación del neofascismo de posguerra que tendrá su continuación en la formación del Groupe de Recherches et Études pour la Civilisation Européenne (GRECE) a partir de 1968. No en vano en Europa–Action se encuentran algunos de los que posteriormente fundarán con Alain de Benoist la “nouvelle droite”.  Aunque Venner no insistirá mucho en este aspecto, pero a medida que vayan apareciendo los números de la revista se irá imponiendo la idea del “realismo biológico” como antídoto y contrapartida al “materialismo dialéctico” marxista. Esta nueva doctrina se apoyo en la genética clásica y en la genética molecular (de Mendel a Monod) y posteriormente en la doctrina del arraigo (elaborada a partir de la etología y de los trabajos de Konrad Lorenz). En este aspecto también Europa–Action se muestra partidario de cierto darwinismo social.

En todo lo relativo a Europa, Venner ha aceptado las tesis que en esos mismos momentos está enunciando Jean Thiriart para aportar un basamento ideológico a su organización Jeune Europe. Es evidente que existe un transvase de ideas entre Thiriart y Venner y que ambos, tras haber realizado un análisis de las carencias de la extrema–derecha, se han inspirado en las mismas fuentes (la doctrina leninista de la organización) para enunciar una alternativa. Venner, en su folleto escrito en prisión, se muestra decidido partidario de la idea Europea superando el pequeño nacionalismo. Sin embargo, desde el punto de vista orgánico, Europa–Action no mantendrá vínculos orgánicos con la organización belga de Thiriart. Más tarde, cuando éste rectifique algunos aspectos enunciados en su obra Europe: un empire de 400 millions d’hommes (traducido en España como ¡Arriba Europa! y publicado por editorial Mateu, aspirará a lanzar una revista concurrente con Europa–Action, La Nation Europénne (véase artículo en el número III de la RHF). Como veremos, a mediados de los años 60, las conversaciones entre el grupo belga de Thiriart y el francés de Venner no surtirán ningún efecto, a pesar de las innegables afinidades entre ambas tendencias, a pesar de que ambos justifiquen en la historia su proyecto de unificación europea.

Incluso, en el hecho mismo de considerar que la defensa de Europa no se circunscribe en territorio europeo, ambas corrientes estarán de acuerdo: mientras Thiriart había escrito que Europa se defiende en Argel, Venner y Jean Mabire afirman lo mismo: Europa se defiende tanto en Rodhesia como en Canadá, en Bucarest y en Sydney. A la redacción de Europe Action se deberán los primeros textos del neofascismo sobre la inmigración –esto es “contra” la inmigración–. Es evidente que Venner no había incluido en Por una crisis política, referencias que luego asumirá la revista: a favor de la diferenciación racial en los EEUU, oposición al mestizaje y contra la inmigración procedente de África.

A la hora de examinar las firmas con que terminan los artículos que realizan estas fugas se percibe una presencia mayoritaria de miembros que posteriormente darán vida al GRECE: Benoist, Mabire, Vial, Valla… De hecho, cuando la “nueva derecha” vaya construyendo sus características, una de ellas y muy importante, será el europeísmo frente al pequeño nacionalismo chauvinista. Desde Maurrás hasta De Gaulle, pasando por La Cagoule (ver este mismo número de la RHF), la “vieja derecha” era antigermana y antieuropeista,  por lo tanto, en reacción, la “nueva derecha” verá en la cultura alemana (Nietzsche, Spengler, Ghelen, Jünger, etc, etc) una tierra de promisión y en la idea europea una antítesis al nacionalismo, jacobino o tradicional.

Uno de los aspectos más problemáticos de la revista es sin duda su visión del “racismo”, reformulado bajo distintas coberturas: etnicismo, racialismo, diferencialismo, etc, ideas que hasta entonces no habían estado presentes en Jeune Nation y en el sector mayoritario del nacionalismo, ni siquiera en experiencias similares habidas en otros países (Thiriart). En el número de marzo de 1964 de Europe–Action, los negros eran presentados como antropófagos y en el de octubre de ese año bajo la caricatura de un árabe se podía leer: “Se busca a Mohamed Ben Zobi, nacido en Argelia, residente en Francia. Se trata de un hombre peligrosos susceptible de ¡matar, violar, robar, saquear, etc! Para encontrarlo no hay que ir muy lejos: en torno vuestro hay 700.000 como el”…).

Particularmente interesante es el juicio que para Europe–Action merece el nacionalsocialismo alemán. Éste es tratado como algo diferente, casi como si se tratase de un precedente que no había alcanzado el rango “científico”. En el número 5 de la revista (mayo 1963) se incluyen algunos vocablos que deberán constituir el “diccionario del militante”, al tratar el término “nacional–socialista” se dice: “Al lado de intuiciones geniales, sus errores han entrañado su perdición: hipertrofia de la noción de jefe; racismo romántico (no científico) destinado únicamente a reforzar un nacionalismo estrecho, revanchista y agresivo; política europea reaccionaria que no solamente acarrea su derrota, sino la hostilidad generalizada de los pueblos europeos. Estos errores se deben en gran parte a una ausencia de fundamentos doctrinales establecidos”.

El nacionalismo de Europe–Action –a diferencia del nacionalismo maurrasiano defendido por Jeune Nation y por Pierre Sidos– no estaba fundado sobre un territorio o un Estado precisos sino sobre los “pueblos europeos y blancos”: para ellos, la nación tendía a confundirse con la raza. En el citado Diccionario del Militante el término racismo es definido así: “Doctrina que expresa en términos políticos la filosofía y las necesidades vitales de los pueblos blancos. Doctrina de energía, doctrina de Europa, doctrina de lo real, doctrina del porvenir”. Por todo ello, los artículos relativos a la situación de los blancos en Rodhesia o Sudáfrica, son habituales en la revista y el propio escritor Marc Augier formará un Comité Francia–Rodhesia declarando a la revista: “Personalmente estoy por reclutar una legión de combatientes defensores de la raza blanca que lucharía junto a nuestros hermanos de Pretoria”. Benoist–Laroche, tras un viaje a EEUU, escribirá en el número de octubre de 1965 un artículo favorable a la segregación racial. En otros artículos se considera el mestizaje como un “suicidio genérico” (número de junio de 1964, pág. 19). Existía cierta alarma ya por lo que suponía la inmigración masiva desde el punto de vista étnico: “¿Piensan que la palabra “Francia” podría definir legítimamente a la vez a la Francia de hoy y un hexágono sobre el cual camparían veinte millones de magrebíes y veinte millones de negro–africanos” (número de junio de 1964, pág. 17–18).

Así mismo, Venner en su documento no menciona ni en una sola ocasión la religión, el cristianismo o la fe. Estas ausencias son todavía más notables en la medida en que aparecen en un documento publicado por un grupo neofascista francés, ambiente que hasta ese momento se había alineado tradicionalmente con el catolicismo (incluso aun cuando Maurras era agnóstico y Action Française hubiera sido excomulgados). Duprat reconoce que las críticas al catolicismo serán mal acogidas por otros sectores de la extrema–derecha francesa. También aquí se percibe la presencia de una constante que será luego recuperada por la “nouvelle droite”. Si la “vieja derecha” era católica y confesional, la “nueva derecha” será agnóstica, neopagana y anticristiana, aspectos estos ausentes del documento de Venner, pero presentes –y muy presentes– en los artículos aparecidos en Europe–Action. Ni siquiera las innovaciones teológicas habidas durante el Vaticano II serán bien recibidas y especialmente quienes recibirán críticas demoledoras serán los teólogos progresistas. Contrapondrán la antropología mística de Teilhard de Chardin al realismo biológico de Rostand y al análisis historicista del cristianismo realizado por Louis Rougier.

La temática anticristiana se une en la revista a una reformulación del antisemitismo tradicional. Es algo que Venner tampoco había previsto en su folleto, pero que subyace de manera muy evidente en los artículos de la revista. En aquellos años apareció la obra de Paul Rassinier, La mentira de Ulises, uno de los primeros libros negacionistas, que mereció elogios por parte de Europa–Action. Así mismo, Maurice Bardéche, autor pre–negacionista (como podría ser calificada su obra Nuremberg o la tierra prometida), publicó también algunos textos en la revista con toda la carga simbólica que implicaba abrir las puertas al cuñado de Robert Brasillach, fusilado durante la depuración. También en esto la actitud de Europe–Action es paralela a la de Jean Thiriart y La Nation Européenne: en ambos casos, en efecto, el viejo antisemitismo enunciado por Paul de Lagarde (ver artículo sobre Israel capital Tananarive en RHF–VI) que veía en los judíos a un cuerpo ajeno a la nación, es superado y reconvertido en anti–sionismo por una parte y en “religión reduccionista” por otra. El catolicismo es atacado como una traslación del reduccionismo monoteísta surgido de “el Libro” (el Antiguo Testamento) y se tiende a situar al cristianismo como una secuela del judaísmo, una especie de disidencia que desvió a Europa de la cultura clásica y se insertó como un “cuerpo ajeno” a la concepción europea de la vida y del mundo.

Pero en estos aspectos, las nuevas orientaciones de Europe–Action aparecen más allá del manifiesto que polariza inicialmente la actividad del grupo: el documento de Venner. A 45 años de su redacción se percibe con claridad que Por una crítica positiva está fuertemente influido por la experiencia de la OAS. En 1963, algunos militantes consideraban que era posible continuar la actividad de esta organización y sino derribar, si al menos erosionar al gaullismo mediante el terrorismo y, en cualquier caso, ajustar cuentas con él. Venner se opone a la consecución de esta batalla perdida. Reconoce que todos los movimientos revolucionarios del siglo XX tuvieron momentos de fracaso: el nacionalsocialismo en 1923, el bolchevismo en 1905, el maoísmo en 1927 y en 1931; en cada uno de estos desastres aprovecharon para rectificar la línea que habían impreso hasta ese momento y encontrar nuevas estrategias. Esto era lo que proponía Venner.

La lectura actual del documento corre el riesgo de inducir a errores. Cuando Venner habla de “Occidente” en 1963, la noción era diferente a la actual: en aquel momento, “Occidente” se identificaba con “Europa”, hoy en cambio el mismo vocablo alude al bloque euronorteamericano. No cabe la menor duda de que Venner aspira a imprimir un giro anti–imperialista al proyecto: considera que el final de la II Guerra Mundial implicó la “derrota de Europa” y la ocupación del continente por parte de los EEUU en el Oeste y de la URSS en el Este. Llama –como Thiriart en Bélgica– a una “lucha de liberación nacional”, no en el Tercer Mundo como era habitual en aquellos años, sino en el centro de la civilización.

El documento no enuncia un programa político, pero si las orientaciones básicas para construirlo. Una de ellas es el antiimperialismo y la idea de “liberación”, pero a esto se añade también una crítica al liberalismo y al marxismo. Se concluye en este terreno con un ataque feroz al consumismo y a la democracia definida como el “nuevo opio de los pueblos”. También se alude a los “valores” y se propone un modelo de comportamiento definido como “humanismo viril” (la “ética del honor” frente a la moral materialista propia del liberalismo y del marxismo). Se propone un modelo de Estado y de economía orgánico; al primero se le define como “un orden viviente”; se insiste en que una de las tareas más importantes del Estado es la educación de las nuevas generaciones y la transmisión de los valores definidos con anterioridad, y en este terreno se afirma que la función del Estado es crear, formar y preservar una “élite”. Venner termina diciendo que el “poder de los propietarios del dinero será sustituido por el poder de los creyentes y de los combatientes”. En las fórmulas económicas se alude a la “empresa comunitaria”  en una parte del discurso que parece enlazar con las concepciones nacionalsindicalistas que en ese mismo momento se estaban reelaborando en España y se asume la cogestión como forma de arrancar la empresa al poder financiero. La idea de “economía orgánica” (Thiriart hablaba de “economía comunitaria”) se plantea la destrucción del poder financiera, es pues, una economía anticapitalista que reconoce el valor de la propiedad privada y que previene ante el control tecnocrático de los procesos de producción.

Tales son los principios y las orientaciones doctrinales con las que Venner aspiraba a basar el trabajo de Europe–Action y aportar fundamentos científicos y filosóficos a la lucha política, tal como había intentado Lenin sesenta años antes. Ni siquiera militantes que procedían de la izquierda marxista y que en la postguerra pasaron a las filas del neofascismo francés (René Binet, por ejemplo, ex militante trotskista) se habían planteado extraer consecuencias de la lectura de un clásico de la ciencia política revolucionaria como era el ¿Qué hacer? de Lenin.

La FEN y Europe Action

Cuando se restablece la normalidad tras el interregno argelino y tras la lucha armada de la OAS, el panorama de la extrema–derecha neofascista francesa es desolador. Jeune Nation ha desaparecido. Del populismo poujadista no queda prácticamente nada. Las formaciones “nacionales” que apoyaron incondicionalmente el golpe de Estado de Argel, están disueltas, reducidas a la mínima expresión o bien son –como eran antes– Estados Mayores de “notables” (“cero más cero…”). Para colmo aun quedan unos cuantos cientos de activistas encarcelados, varios miles de “pieds noires” en el exilio (habitualmente en el Levante español) y se ha perdido Argelia en donde se encontraban las secciones más activas y numerosas del movimiento. Pero no todo ha sido negativo: por un lado, los “pieds noires” que han podido establecerse en Francia, lo han hecho en las regiones mediterráneas del Sur que, a partir de ese momento (e incluso en la actualidad) serán las más proclives al nacionalismo. Por otra parte, el shock de la derrota ha limpiado las filas militantes y ha hecho que se destacase una minoría excepcionalmente activa y que percibía la necesidad de actuar sobre bases nuevas, coincidiendo con las opiniones de Venner.

Para los supervivientes de Jeune Nation era evidente que en la nueva coyuntura ya no habría ni un nuevo Diem–Bien–Phu, ni se perdería ninguna otra colonia con la gravedad de lo que había ocurrido en Argelia. La resolución del conflicto argelino había hecho que la V República se asentara sobre bases extraordinariamente sólidas. El estilo activista de Jeune Nation que siempre se negó a participar en procesos electorales, ya no tenía mucho sentido: había que prepararse para una acción a largo plazo en el que la lucha sería sobre todo democrática hasta el instante en el que se percibiera la posibilidad de desbordar a las estructuras del Estado. Ese era el primer problema, porque los últimos mohicanos de la OAS aspiraban a que el trabajo militante que se realizara a partir de ese momento se encaminara a construir un Ejército Nacional Secreto a partir de Jeune Nation y de la OAS Metropolitana. Esta discusión estaba presente incluso en el interior de la Federation des Étudiants Nationalistes, la única organización que había sobrevivido al marasmo de los años precedentes. Tal como se dice en la obra Les Rats Maudits (sobre la extrema–derecha universitaria francesa): “El vagón FEN se suma a la locomotora Europe–Action”. Por que, verdaderamente se trató de una locomotora.

En agosto de 1962 –un mes antes de que Venner saliera de prisión– tuvo lugar el I Campamento Escuela de la FEN en donde se discutieron las propuestas del opúsculo Por una crítica positiva, publicado un mes antes, en julio. En ese Campamento se decidió la aparición de una revista de combate. Inicialmente el nombre propuesto era “Rossel” en homenaje al coronel Louis Rossel ejecutado el 29 de noviembre de 1871 en Satory, uno de los principales dirigentes de la Comuna de París y el único oficial del ejercito que se unió a ella. Finalmente, se impondrá un nombre más “accesible” y que exponga con más claridad los ideales del grupo: Europe–Action. En enero de 1963 saldrá el primer número con una tirada de 10.000 ejemplares. Jacques de Larocque–Latour, alias “Coral”, figuraba como director de la publicación y con su seudónimo firmaba las caricaturas que habitualmente se publicaba en cada número.

Por su parte, la revista de la FEN que había logrado sobrevivir a las desgracias de “los años de plomo”, Les Cahiers Universitaires (de carácter trimestral y que aparecían desde finales de 1961) se convirtieron en una especie de órgano teórico del grupo mientras que Europa–Action era el órgano de difusión. Además de Les Cahiers Universitaires (que aparecieron de marzo de 1961 a mayo de 1966) y de La Voix de l’Occident (de 1961 a 1963), la FEN dispuso de decenas de boletines: France université, Flamme (Basses et Hautes Pyrénées), L’Alcazar (Burdeos), Fer de Lance (Toulouse), Combat nationaliste (Toulouse), Brest–nationaliste, Rennes–nationaliste, Nantes–nationaliste, Lyon–nationaliste, FEN–université (Marseille–Aix), Dijon–université, Le pied–noir étudiant, Positions nationalistes (IEP de Paris), Sorbonne–nationaliste, Médecine–Dentaire–Pharmacie–nationaliste, Paris médecine, Paris–droit nationaliste, Perspectives des grandes écoles, Sang nationaliste (estudiantes de liceos de Lyon), Révolution nationaliste (estudiantes de liceos de Aix–en–Provence), Cités–Forum, Définition 80, etc.

Es en Les Cahiers Universitaires, donde Benoist–Laroche publica sus primeros artículos sobre filosofía. El director de la publicación era Georges Schmelz y el secretario de redacción el propio Benoist. Posteriormente aparecería una hoja semanal redactada por Alain de Benoist (con el seudónimo de “Fabrice Laroche”), Europe–Action hebdomedaire, cyclostilada, habitualmente de ocho páginas. En 1966 esa hoja se transformará en L’Observateur Européen (que sobrevivirá a la desaparición de la revista y prolongará su existencia hasta 1968 enlazando prácticamente con la aparición del primer número de Nouvele Ecole en junio de ese mismo año), dirigida por Jean–Claude Valla y con “Fabrice Laroche” como redactor jefe.

Mientras apareció la revista, una colección paralela de libros –la Collection Action– fue llegando a las librerías. El primero de ellos, escrito por François d’Orcival y “Fabrice Laroche”, Leur courage est son patrie (El valor es su patria) glosaba distintos episodios de la resistencia armada por la Argelia Francesa. Así mismo se publicaron textos que glosaban temas militares de la II Guerra Mundial, otros sobre cuerpos de élite e incluso sobre la División Azul y la Guerra Civil Española.

Toda esta portentosa actividad editorial pudo desarrollarse gracias a la existencia de algunas fuentes financieras. Por una parte, algunos simpatizantes aportaron fondos propios para el lanzamiento de la revista y de las Éditions Saint–Just (empresa responsable de la revista y de las demás publicaciones), pero también gracias a las donaciones de Henri Prieur [Maurice Gingembre], uno de los tesoreros de la OAS. La Collection Action pronto se mostrará rentable. Publicará y traducirá Combat pour Berlin de Joseph Goebels, en donde el jefe de la propaganda del III Reich explica cómo logró ganar la capital alemana para el nacionalsocialismo. Finalmente, la Librairie de L’Amitié abrirá sus puertas centralizando en sus dependencias la parte de edición, venta y distribución de las publicaciones de Éditions Sant–Just.

Si Por una crítica positiva será el manifiesto del grupo, poco después aparecerá ¿Qué es el nacionalismo? Redactado por Benoist–Laroche al frente de un equipo de trabajo doctrinal que hará honor a su título. Esto dos documentos más el Manifiesto de la generación de los 60 (publicado con anterioridad y que era la carta fundacional de la FEN) serán los tres documentos que inspirarán la actividad del neofascismo francés en los años 60, entre el final de la aventura de la OAS y la revolución de mayo de 1968.

Sin embargo, no todos participaron en esta empresa con entusiasmo. Desde el principio, Pierre Sidos, que había sido el alma inspiradora y el fundador de Jeune Nation (encarcelado en julio de 1962 y que permanecerá en la cárcel hasta febrero del año siguiente), no comparte la necesidad de una renovación teórica, estratégica y doctrinal. Sidos permanece afecto al nacionalismo francés de siempre y tolera difícilmente lo que considera como las primeras desviaciones neopaganas de parte del equipo dirigente. Tampoco se siente europeísta y en realidad ocupará siempre un espacio intermedio entre el maurrasianismo y las nuevas formulaciones a que han dado lugar los tres documentos de base de Europe–Action y de la FEN. La crisis se irá agudizando a partir del inicio del curso 1963–64 cuando se produzca la ruptura y se funde el Mouvement Occident.

Sidos había ido realizado un trabajo de desgaste sobre la cúpula dirigente de Europe–Action. En realidad, algunos de los intelectuales que están elaborando documentos y revistas, apenas aparecen en las actividades militantes y esto entraña críticas por parte de las bases, críticas que Sidos se encarga de amplificar. Además, muchos se preguntan –y los cuerpos de Seguridad del Estado los primeros– por la procedencia de los fondos con los que se ha puesto en marcha el proyecto. Realmente no hay ningún misterio, ni nada inconfesable, pero siempre es posible estimular las sospechas, algo que no dudan en realizar los disidentes. Sin embargo, dado que algunos responsables cobraban por su trabajo, Sidos consigue implantar el rumor de que se trata de “mercenarios pagados por el capitalismo” (tal como explica Duprat que perteneció a Europe–Action).

Otros dos problemas se unen y facilitan el aumento de la conflictividad interior. De un lado, la FEN (que en realidad es el sostén militante de Europe–Action) es un grupo universitario, por tanto, sus miembros están sometidos a un tránsito continuo: los estudiantes de los últimos cursos universitarios quedan en pocos años fuera de las aulas y –como luego le ocurrirá al GUD– aunque no se produzcan escisiones ni crisis, existe cierta inestabilidad cuando los elementos más activos abandonan los estudios. Además, si bien la FEN es fuerte en el sur de Francia y en Burdeos y ha logrado implantarse en el Mediodía francés e incluso en las provincias vascas, en París tiene una menor presencia universitaria (precisamente por el problema al que acabamos de aludir). Los dirigentes de la FEN han logrado poner en pie el grupo Militant (nombre del boletín que utilizarán como enlace) difundidos entre estudiantes de bachillerato y en los liceos previos a la entrada en la universidad. A finales de 1963 se producirá el “error fatal” (es Duprat quien lo califica) de lanzar una campaña antimilitarista bajo la consigna: “Ni un soldado para el Régimen”. Esta campaña se producía poco después de los fusilamientos de Degueldre y de Bastien–Thiry, militares de carrera que colaboraron con la OAS y reflejaba los ajustes de cuentas pendientes del equipo dirigente de la FEN–Europe–Action con el gaullismo. La revista consideraba que era el ejército gaullista el que había “vendido” la Argelia Francesa. Tras las consiguientes colocaciones de carteles y distribución de panfletos, la FEN convocó una manifestación en el Barrio Latino. La campaña hizo cristalizar todo el malestar interior, las rencillas entre los dirigentes de la antigua Jeune Nation que habían quedado al margen de la línea editorial de Europe–Action e incluso la necesidad de ir más lejos en el proceso de renovación que sostenían los partidarios de Jean Thiriart que practicaban entrismo en la FEN. Poco después de la manifestación antimilitarista se produce la expulsión de François Duprat y de Jacquard, el último de los cuales es el representante de Thiriart en Francia (luego, en 1966, fundará la Fédération Général des Étudiants Européens que fracasará y finalmente entrará también en disidencia con Thiriart y contactará con los disidentes belgas de éste y después de indecibles peripecias, rupturas, reconciliaciones y rectificaciones de rumbo habituales en dinámicas escisionistas, terminará alumbrando la tendencia “socialista europea” con las revistas Argend, Floreal y Socialisme Européen que convergerán, pasado mayo de 1968, en la revista Pour une Jeune Europe, que a pesar del nombre ya nada tiene que ver con Jean Thiriart).

Esta primera crisis demuestra que Europe–Action controla la FEN y que no está dispuesta a ceder ni a compartir ese control. Las expulsiones dejan un regusto amargo en la sección parisina de la FEN, compuesta en ese momento, esencialmente, por militantes muy jóvenes, que se escinden poco después y pasarán a constituir en abril de 1964 el Mouvement Occident (véase artículo sobre el tema en RHF–IV) tras haber confluido con el Cercle de Défense de la Culture Française de Sidos. La debilidad en la que queda sumido el grupo –y su reducción en París a la mínima expresión– hace que Venner cometa algunos errores de conducción política.

Si bien, el documento fundacional había insistido en la distinción entre “nacionales” y “nacionalistas”, en la práctica, para ampliar su radio de acción, Venner se ve obligado a “abrirse” hacia los “notables” a los que tanto había criticado convocando un mitin conjunto con Pierre Poujade, antiguos militares de la OAS y pequeños grupos nacionalistas que habían decidido colaborar con la revista. Sin embargo, esta iniciativa no estimula una aproximación de todos estos sectores a las tesis de Venner y aunque la revista logra vender cada vez varios miles de ejemplares (eleva su tirada entre 15 y 20.000 ejemplares) y los libros de las Éditions Saint Just y especialmente la Collection Action se venden en tiradas que hoy serían impensables, no parece que el principio de “unir la teoría a la práctica” esté dando resultados.

No puede extrañar que la FEN (y, por tanto Europa–Action) participen en la campaña para la elección presidencial en 1965 apoyando al candidato Jean Louis Tixier–Vignancourt, el abogado del general Raoul Salan en el proceso en el que se depuraron sus responsabilidades por el golpe de Argel. Tixier era, a la postre, un “nacional” y un “notable”…

Tixier y la aventura del REL

Cuando Tixier anunció su candidatura, en febrero de 1964, François d’Orcival publicó un artículo en Europe–Action, en forma de carta abierta dirigida a Tixier, cuyo título era suficientemente elocuente: “¿Quién os ha designado candidato?”. Sin embargo, a pesar de no haber empezado bien las relaciones entre Tixier–Vignancourt y el equipo de Europe–Action, pronto Venner consiguió reconstruir la relación con el candidato de la “oposición nacional”. Venner especialmente aspiraba a utilizar las elecciones presidenciales de 1965 como instrumento para relanzar políticamente a este sector político.

La opción-Tixier no era la única existente, varias candidaturas más o menos ligadas a la “oposición nacional” pugnaban desde 1963 por presentarse a las elecciones presidenciales: de un lado, el coronel Trinquier intentaba aprovechar a los grupos activistas nacionalistas como fuerza de choque para impulsar su candidatura. El prestigio de Trinquier ante la “oposición nacional”, especialmente ante los “nacionales” derivaba de su cargo como adjunto del general Massu, comandante de la 10ª División de Paracaidistas durante la “batalla de Argel”. Sobre sus espaldas recayeron las operaciones más arriesgadas de la guerra contra el FLN argelino. Posteriormente dirigió las operaciones contra el líder independentista de izquierdas, Patricio Lumumba en Katanga y más tarde creó la Union Nationale des Parachutistes, organización en la que la extrema–derecha siempre ha estado muy representada. De cara a las elecciones presidenciales de 1965, Trinquier había constituido una Association d’Études pour la Réforme des Structures de l’État que pronto transformó en Parti du Peuple.

Otra candidatura que intentaba atraer a la “oposición nacional” (y especialmente a lo que parecía ser su motor, Europe–Action) era la del general Pierre Boyer de la Tour, antiguo comandante en jefe de las tropas francesas en Indochina y que trabajaba también con la asociación de veteranos paracaidistas. La última opción que aspiraba a hacerse un hueco como candidato presidencial era Pierre Poujade, antiguo líder de los pequeños comerciantes cuya hora había pasado con los años 50 pero que no se resignaba a estar ausente del escenario de la Vª República. Por aquellas fechas, Poujade todavía no había desarrollado su sexto sentido para apoyar siempre al candidato vencedor sin importar si era de izquierdas, de centro o de derechas (apoyó a De Gaulle, a Pompidou, a Giscard d’Estaing, a Mitterand y a Chirac; solamente se equivocó en 2002 cuando apoyó a Jean–Pierre Chevènement justo en las elecciones en que pasó a la segunda vuelta de manera espectacular el que había sido el diputado poujadista más joven, Jean Marie Le Pen en 1954). Le Pen, precisamente en aquellas elecciones de 1965, propuso la creación de un Parti National que unificase a los distintos grupúsculos existentes en ese momento, año y medio antes, había puesto en marcha un Comité d’Initiative pour une Candidature Nationale para encontrar un candidato alternativo a Tixier. Pero al no conseguirlo terminó apoyándolo y otro tanto hicieron los disidentes de Europe–Action, el recientemente constituido Mouvement Occident. El primer mitin de Tixier en la Mutualité de Paris agrupó a 4.000 personas y al concluir una manifestación encuadrada por Occident generó graves enfrentamientos con la policía. Sin embargo, la propuesta unitaria de Le Pen, aunque abierta a todos los grupos, no iba dirigida tanto a la FEN y a Europe–Action como a Occident y a Sidos con quien se sentía mucho más identificado y con quien intentaría lanzar el Parti National.

Pero tras un mitin de lanzamiento de esta nueva sigla que apenas agrupó a 400 personas, Le Pen enfrió sus relaciones con Sidos. Éste, por su parte creó un Comité Jeunes Tixier, que experimentó un gran desarrollo. Mientras, Le Pen aprovechó para mejorar sus relaciones con Europe–Action, algo que Sidos no le perdonó retirando a los militantes de Occident de los Comités Jeunes Tixier. No todos se fueron y pronto el vacío dejado fue rellenado por los militantes de Europe–Action que, entre tanto, se habían organizado en grupos de Volontaires d’Europe–Action.

No fue una campaña tranquila. Desde el primer momento, a la vista de la disparidad de fuerzas que apoyaban a Tixier, aparecieron fricciones que, habitualmente tuvieron como protagonistas a los militantes de Europe–Action. En el interior de los Comités Tixier apareció una tendencia “nacional-liberal” que aspiraba a conquistar el voto centrista. El propio Tixier creyó que obtendría más votos si se distanciaba de los nacionalistas y adoptaba posiciones centristas, multiplicando sus elogios a la Resistencia francesa y a su primer jefe Jean Moulin. Pero en el momento en que apareció con fuerza la candidatura centrista de Jean Lecaunet, la estrategia de Tixier estaba condenada al fracaso.

En aquella campaña llamó extraordinariamente la atención la gira realizada por Tixier en las playas del sur de Francia. Cada día durante un mes se convocaron en las playas francesas durante el mes de agosto de 1965 mítines cuya asistencia en la última fase de la campaña superó con frecuencia los 3000 asistentes, según los organizadores de la campaña asistieron en total 125.000 personas, aunque cifras de Europe–Action las reducen a la más realista de 45.000 asistentes. Este aspecto de la campaña llamó poderosamente la atención de los medios. Paris Match y otros medios de prensa dedicaron amplios reportajes a la iniciativa que hasta entonces no tenía precedentes. La mayoría de público procedía de los pieds–noires y, a medida que los medios aludieron a estas reuniones (especialmente a partir de la tercera semana) afluyó una masa de curiosos poco concienciados políticamente que hicieron que el impacto real de esta iniciativa fuera mucho más reducido que el que se imaginaban sus impulsores. En estos mítines Tixier repetía hasta la saciedad y de manera imprudente que en la primera vuelta quedaría en segundo lugar con un 18–22% de los votos y obtendría la mayoría en la segunda vuelta. Cuando la campaña terminó y Tixier apenas obtuvo el 5% de los votos, una derrota inapelable que atribuyó a la actividad de Le Pen (que había sido su jefe de campaña…) y a los “extremistas de derecha” y, puestos a cometer un nuevo error, llamó a sus electores a votar por el candidato de la izquierda.

En enero de 1966, purgó a Le Pen y dio forma orgánica a sus comités (prácticamente vacíos a causa de una derrota tan flagrante) creando la Alliance Républicaine pour les Libertés et le Progrés, formación de centro–derecha que jamás alcanzará excesiva implantación y que terminará apoyando en 1979 la candidatura del Parti des Forces Nouvelles en las primeras elecciones europeas. Tixier ocupará la primera plaza de la candidatura obteniendo unos resultados ridículos e incluso inferiores al Front National de Jean Marie Le Pen en esos mismos comicios.

Inmediatamente se percibió el desastre de los Comités Tixier, los militantes de Europe–Action intentaron hacerse con el control del ala más radical de la organización lanzando el Mouvement Nationaliste du Progrès (MNP) el 24 de enero de 1966 justo cuando se cumplían seis años de la jornada insurreccional de Argel que inició el período del radicalismo armado con la OAS y las intentonas golpistas. Un llamamiento firmado por un centenar de responsables y dirigentes de los Comités Tixier anunció la creación del nuevo partido que recogía sin excepción los temas que durante los tres años anteriores habían sido los propios de Europe–Action. Fondos no faltaban: eran las aportaciones acumuladas durante años por los beneficios de las Editions Saint–Just y por contribuciones particulares. Para Venner se trataba de aprovechar el tirón que había tenido la FEN durante la campaña electoral de Tixier y reforzar los vínculos con la Fédération des Étudiants Réfugiés (FER) convertida en la organización única de los estudiantes repatriados de Argelia. La FER era fuerte en el Sur de Francia con cerca de 4.000 adheridos, mientras el resto de la FEN apenas tenía 500. Partiendo del renacimiento de la FEN durante la campaña electoral, era posible asegurar la columna vertebral del MNP.

Cuando tiene lugar la formación del MNP aparece por primera vez en Francia un nuevo tema de agitación y propaganda: la lucha contra la inmigración masiva. La consigna de “Alto a la invasión argelina en Francia” ya había sido tocada ocasionalmente en la revista Europe–Action con cierta habilidad y también el semanario Minute (que en los años posteriores a la guerra de Argelia alcanzará su mayor tirada, siendo el semanario sensacionalista más popular en el vecino país) insistirá en el mismo tema. Esto implica que el fenómeno de la inmigración ya era acusado en la Francia de 1965. Pero, aun así, el equipo militante de la FEN en París era excepcionalmente débil y el activismo frenético de Occident no les dejaba espacio para operar. Venner intentó una reaproximación a Occident justo cuando Sidos abandonó esta organización, luego volvió a intentarlo proponiendo la fusión de las dos ramas estudiantiles bajo el nombre de Occident. Se ofreció también incluir a varios miembros de la dirección de este grupo en el buró político del MNP, junto a los delegados de la FEN y los Volontiers d’Europe–Action, pero las conversaciones se interrumpieron antes del Congreso Constituyente del MNP (1 de mayo de 1966). Si bien el congreso mostró la seriedad y solidez del movimiento, pocos meses después, en noviembre desaparecía la revista Europe–Action a causa de problemas financieros y cerraban las Éditions Saint–Just. La trayectoria de la revista termina aquí, sin embargo, en los meses siguientes, como a los cadáveres a los que les sigue creciendo el pelo y las uñas, el equipo dirigente del grupo participó por primera vez en el nacionalismo francés de postguerra y en solitario en una campaña electoral.

A pesar del fracaso de la candidatura de Tixier, a pesar de la escisión que había debilitado a la FEN en París y a pesar de la aparición de Occidente, para el equipo dirigente que formaba en torno a Venner, sin embargo, el balance de Europe–Action era positivo: finalmente existía una línea política y un equipo de cuadros lo suficientemente amplio como para poder presentarse a las elecciones legislativas de 1967 con garantías de no pasar desapercibido. A pesar de los avisos en contra que alertaban sobre las pocas posibilidades de obtener resultados electorales apreciables, el MNP organizó una cobertura electoral, el Rassemblement Européen de la Liberté en marzo de 1967. El objetivo era presentar 75 candidatos para poder tener acceso a los medios de comunicación públicos (“no pretendemos obtener un diputado sino hacernos conocer e imponer nuestra existencia” había escrito Venner en el semanario Rivarol). Pero hacía falta presentar 10.000 francos por candidato (el franco se cotizaba entonces a 14 pesetas) y, finalmente, solamente pudieron presentar 27.

La campaña consiguió llamar la atención gracias a iniciativas espectaculares o que fueron observadas con curiosidad por los medios de comunicación. En la circunscripción de Metz, el REL presentó como candidato a Valentín González, alias El Campesino, el famoso general republicano español, miembro inicialmente del Partido Comunista de España y que luego desertó de la URSS. En Sète presentaron al candidato más joven de Francia. Otras listas mostraban fidelidad hacia la causa de la Argelia Francesa (figuraban varios exponentes de aquellos años de luchas), pero se introdujeron temas nuevos y se insistió en materia social. El programa compuesto por quince puntos evidencia una ruptura hacia todo lo conocido hasta ese momento en el nacionalismo francés. Se pedía la supresión de la ayuda a los países subdesarrollados, el aumento de las pensiones a los jubilados, la defensión de la emigración argelina, la unidad europea que respetase las tradiciones nacionales y adoptase una estructura federal, la lucha contra la omnipotencia de la banca ocupaba un lugar esencial exigiéndose la supresión de los intereses usureros, etc. Este aspecto bifronte de temas tanto “tradicionales” como “modernos” había sido puesta ya de manifiesto en el congreso de lanzamiento del MNP cuando se depositó una corona en el Muro de los Federados de la Comuna de París y, al mismo tiempo, los trabajadores nacionalistas de la Renault depositaron otra corona ante la tumba del Bastien–Thiry el héroe de la resistencia al abandono de Argelia: tradición y revolución, tal era la idea que se pretendía vender.

Los resultados fueron modestos, pero era, a fin de cuentas lo que se esperaba así que no sorprendieron a nadie: se obtuvo una media del 2’58% (Le Pen, desde entonces hasta 1983, apenas logró nunca superar la barrera del 1%) con unos “picos” del 4,40%, mejorando incluso los resultados de Tixier dos años antes. Sin embargo, planeaba la sensación de fracaso al haber podido presentar solamente a un número limitado de candidatos y no haber tenido acceso a los medios de comunicación. Además, algunos candidatos no tenían la más mínima experiencia electoral y una cosa era escribir artículos sobre ética, celtismo, realismo biológico y valores en Europe–Action y otra muy diferente empatizar con el electorado. Duprat anota: “La desaparición de Europe–Action había dejado un vacío que nada había sido capaz de llenar”. Buena parte de los dirigentes estaban cansados de los últimos 10 años de trabajo político y empezaban a dejar atrás su juventud: Venner manifestó su intención de retirarse mientras que D’Orcival pensaba transformar el MNP–REL en un “club político”. Para colmo, desde el exterior, tanto Occident como Sidos, multiplicaban sus ataques generando una suplementaria sensación de aislamiento y desánimo (Sidos y también Ploncard d’Assac, difundían la idea de que los dirigentes de Europe–Action eran “anticristianos, apátridas, materialistas y heréticos”, mientras que Occident les achacaba el prurito de “intelectualismo” y “pasividad”).

Así pues, 1967 será el año del final de la iniciativa que había partido con la publicación de Por una crítica positiva: una parte de los militantes mantendrán su independencia en los años siguientes formando el grupo Militant (cuyo boletín del mismo título aparecería hasta principios de los años 80), mientras que los restos de la FEN parisina se integrarán en Occident en el inicio del curso 1967–68… un curso decisivo para Francia y para la contestación. El curso del “mayo francés” en el que le corresponderá a Occidente el papel de detonante (ver artículo sobre el tema en la RHF–V). La aventura creativa habrá terminado.

¿La constatación de un fracaso?

Con el final de la experiencia de Europe–Action y de la FEN termina el segundo intento de constituir en Francia un gran partido “de la oposición nacional”. Infinitamente más interesante que el primer intento –Jeune Nation (véase artículo sobre el tema en la RHF–VI)– esta nueva experiencia contó con más medios, con un equipo mayor de cuadros y con mayores ambiciones doctrinales.  Por primera vez se atrevió a plantear el combate en términos electorales y basar su acción en un estudio preestablecido tanto a nivel doctrinal como estratégico. De hecho, la experiencia de Europe–Action fue enriquecedora en todos los sentidos y se prolongó durante bastante tiempo. De ahí surgió el GRECE y a imitación suya veinte años después surgiría en España la revista Disidencias intentando también un esfuerzo de clarificación en la misma dirección, los grupos italianos Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale e incluso el Fronte della Giuventú de los años 70 fueron en cierta medida tributarios de esta revista que eligió como símbolo el casco espartano que luego recuperaría la revista hermane Nation Europa en Alemania. La mayoría de dirigentes de Europe–Action tuvieron una parte importante en los desarrollos posteriores de iniciativas político–culturales y, desde el punto de vista personal, se convirtieron en personalidades reconocidas en el mundo del periodismo y de la cultura: Benoist, D’Orcival, Venner, Vial, Valla, etc.

En el curso de las iniciativas posteriores simplemente se limitaron a perfeccionar y pulir los puntos de vista que habían sostenido en su juventud. De aquella época y de las columnas de Europe–Action surgió el “etno–diferencialismo” que sostiene todavía hoy el grupo que figura en torno a Alain de Benoist (ciertamente, esta fórmula estaba enunciada con tosquedad en los años 60). El intento que se había realizado en la revista de integrar a gentes que hasta ese momento nada tenían que ver con el nacionalismo, fue utilizado hasta la saciedad en la primera época del GRECE e incluso en iniciativas políticas posteriores como el Parti des Forces Nouvelles.

Ciertamente muy pocos de los puntos puestos de relieve por Venner en el acta de nacimiento de Europa–Action (Por una crítica positiva) pudieron ser puestos en práctica. Puede decirse que Venner identificó perfectamente las causas que habían motivado la esterilidad de Jeune Nation y la derrota de los partidarios de la Argelia Francesa, pero no estuvo en condiciones de sobreponerse a las inercias que habían adquirido los nacionalistas. Las regresiones, especialmente en el período de los Comités Tixier Vignancourt y en el REL fueron evidentes: se recurrió a los “notables” y a los “nacionales” estigmatizados por el propio Venner. El nivel intelectual del equipo dirigente fue muy alto, acaso demasiado para una lucha política. Las críticas que les depararon sus adversarios, a pesar de estar realizadas con evidente mala fe, respondían en buena medida a la realidad: había demasiado intelectualismo en Europa–Action, y ciertamente la dirección estaba formada por neopaganos, agnósticos y materialistas que no encajaban demasiado bien en el panorama del nacionalismo francés.

Oficialmente, la FEN se disuelve en 1967. Cerrada una etapa, empieza otra. La primera reunión del GRECE tuvo lugar el 4 y el 5 de mayo de 1968, cuando estallaban los primeros incidentes en el Barrio Latino y la asociación fue legalizada en Alpes–Marítimos el 17 de enero de 1968. El primer número de Nouvelle École aparecería en febrero–marzo de 1968, cyclostilado con una tirada de 500 ejemplares.

Europe–Action fue una etapa necesaria en la que un grupo de jóvenes señaló la naturaleza de los problemas del ambiente nacionalista, elaboró el basamento intelectual para alumbrar una nueva estructura política, pero cuando ésta se completó (hacia principios de los años 80), ya habían dejado atrás la fuerza de la juventud y con el mismo ahínco con que habían elaborado una doctrina coherente, encontraron justificaciones para no arrojarse de nuevo al ruedo político. La llegada de Le Pen y sus éxitos hicieron que algunos de aquellos jóvenes de los años 60, que luego habían participado en el GRECE, vieran reverdecer su voluntad de combate y se alistaran bajo las banderas del Front National. Cuando se produjo la escisión en 1998, la mayoría de ellos, se fueron con Bruno Mégret: la política no era para ellos. La política era –es– demasiado sucia, demasiado maquiavélica, demasiado desaprensiva para alguien que ha ido a la lucha política preconizando valores éticos. En los años siguientes, la mayoría de ellos, o volvieron al redil lepenista o abandonaron completamente la lucha política o dieron vida a iniciativas identitarias. Habían pasado cuatro décadas desde que en los mejores años de su vida alumbraron una revista única en calidad redaccional y que hasta ese momento no había tenido precedentes en el neofascismo.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto-mila.rodri@gmail.com

 

Comentarios  Ir a formulario