Israel: colapso o guerra

Publicado: Viernes, 14 de Octubre de 2011 17:42 por Ernesto Milá en INTERNACIONAL

 

Nunca he creído en la existencia de una conspiración judeo-masónica (entre otras cosas porque judíos y masones no tienen nada que ver hasta el punto de que en los primeros años de la masonería inglesa no se admitían a judíos) y mucho menos en la conspiración judeo-masónica-bolchevique a la que aludiera Franco en su último discurso del 1º de octubre de 1975 en la Plaza de Oriente (masones y bolcheviques fueron enemigos mortales y mientras duró el régimen soviético, la masonería estaba prohibida). Creo más bien en la existencia de una conspiración de la alta finanza (buena parte de cuyas dinastías son de origen judío) y, si se me apura, de una conspiración de cómicos (que desde Hollywood proyectan su imagen sobre todo el globo), pero nada más. No basta, desde luego para calificarme como antisemita.

De todas formas siempre me ha interesado la evolución del Estado de Israel que hoy, en mi opinión, se sitúa en el centro de un posible conflicto localizado, última esperanza de un sector del capitalismo para salir de la crisis. Hace unos años podía pensarse en que algunos “señores del dinero” tendrían la tentación de organizar una guerra que diera buenos beneficios tanto en la destrucción como en la construcción, y que lo harían en la zona de Cachemira; pero tanto Pakistán como India no estuvieron dispuestos a enzarzarse en una espiral autodestructiva ahora que están despegando económicamente. La otra posible ubicación del conflicto era el Beluchistán, al sur de Afganistán, dividida entre Pakistán e Irán, seguramente una de las zonas más calientes del planeta. Pero el movimiento autonomista local que podría ser el detonante, ha sido literalmente masacrado a un lado y otro de la frontera irano-pakistaní y carece de fuerza suficiente para desencadenar una aventura secesionista.

El escenario más probable para un conflicto es hoy Israel y a ello contribuyen varios factores. En primer lugar el desinterés creciente que tiene el judaísmo norteamericano (con un amplio sector no-sionista) por el mantenimiento del Estado de Israel que le cuesta dinero cada año, cuyo mantenimiento es cada vez más caro y nunca ha sido autosuficiente. Por otro lado, se ido produciendo una alteración en el sustrato étnico israelí: los judíos centro-europeos (askhenazis) que hasta ahora eran mayoritarios y dirigen el Estado, están abandonando el país y proveyéndose de documentación europea (Alemania ha reconocido 500.000 dobles nacionalidades y entregado el correspondiente número de pasaportes). En cambio han ido creciendo los judíos iberoamericanos, abisinios y procedentes del Este. También ha ido creciendo la minoría palestina que asciende ahora mismo a un 10%.

Además, desde el punto de vista social, se han producido alteraciones importantes en los últimos años. No es por casualidad que el represente judío en Eurovisión era un transexual: que el primer aviso de que la cohesión interior del Estado Judío ya no era la de 1967 cuando la guerra de los Seis Días, ni la de 1973 durante el Yonkipur. Las operaciones del ejército israelí en Gaza hace tres años fueron ilustrativas de la pérdida de operatividad militar. El número de objetores de conciencia ha ido creciendo y muchos judíos que llegaron a Israel hace 30 años se han desencantado ante la aspereza de la vida en los kibbutz y ha regresado a sus países de origen. El ejército judío de hoy no es el de las grandes victorias frente a los blindados de Nasser o de los raids aéreos sobre los aeródromos árabes que clavaron a su aviación en el suelo.

Pero donde el problema es irresoluble es en el terreno social. Dentro de Israel se está produciendo en estos momentos una fractura social producto, entre otras cosas, de la crisis económica. Los alquileres son astronómicos: en Jerusalén los precios han pasado de 742 a 827 euros en apenas un año. La población judía dedica a la vivienda un promedio de entre el 35 y el 45% de sus ingresos. No es raro que a partir del 14 de julio se produjera la irrupción de los “indignados” locales en el boulevard Rotschild de la capita. Una semana después la acampada alcanzó las 20.000 personas y el 6 de agosto una movilización de 300.000 personas pedía “justicia social”. Los manifestantes protestaban contra la degradación de los servicios públicos, los recortes sociales y la reducción de los salarios…

Desde mediados de los años 80, la doctrina ultraliberal rige en Israel. Los judíos parecían creer en las virtudes místicas del mercado… y esas “virtudes” destruyeron lo que quedaba del “Estado del Bienestar” israelí (en buena medida financiado, mientras duró, con los ingresos procedentes de Alemania como compensación al “Holocausto”). Luego, Israel privatizó todo lo privatizable: la compañía aérea El-Al y la teleónica Bezeq, los ferrocarriles, correos, la mayoría de los puertos y, oh maravilla de maravillas, incluso un sector de la industria armamentista. Todo esto vino como complemento de una reducción de impuestos que favoreció a las clases privilegiadas y otra que redujo el impuesto de sociedades. Aunque la cifra de crecimiento económico sea del 4% anual (en 2010 del 4’7) esto se debe casi en exclusiva a la industria de armamento y de seguridad y vigilancia. El PIB es algo: 29.500 dólares por persona… pero se trata de una ficción: la tasa de pobreza llega a un 20%... las clases medias están cada vez más machacadas y en fase de proletarización y las clases altas cada vez poseen más recursos y poder.

Se tiene tendencia a pensar que los “judíos” son todos iguales. En absoluto. Proceden de horizontes muy distintos y han estado separados durante casi dos milenios en comunidades que evolucionaron de maneras muy diferentes. En la actualidad los judíos askhenazis  de clase media y los sefardíes de las clases populares (hasta hace poco rivales) han llegado a un entendimiento para afrontar las manifestaciones callejeras que se están produciendo desde el verano protagonizadas por los pobres. La mayoría de los pobres que pueblan el Estado de Israel pertenecen a los árabes israelíes, a los judíos ultraortodoxos y a los judíos procedentes de Etiopía y la URSS.

El salario mínimo de Israel es justo la mitad que el francés y suele ser ignorado por el 40% de las empresas que pagan por debajo de esa línea. El 74% de la población cobra menos de 1400 euros/mes. El empleo precario crece. El 10% de los trabajos son a tiempo parcial. Existe desigualdad en el acceso al sistema sanitario y a las prestaciones (el 50% de los mayores de 65 años no tienen absolutamente ningún diente). Las tasas de mortalidad por diabetes son cinco veces superiores entre los pobres que entre los ricos. Y la mortalidad entre los árabes israelíes es el doble que entre los judíos. La vivienda es un problema para los judíos: en los últimos 30 años no se ha construido ninguna vivienda social… Puede entenderse perfectamente la movilización de los indignados judíos.

La sensación que da Israel en estos momentos es que el judaísmo norteamericano no sionista se ha desvinculado de su mantenimiento y prefiere que Israel sea sacrificado para salvar los intereses de la alta finanza mediante el desencadenamiento de un nuevo conflicto con los árabes. Éstos, por su parte, tras la “primavera árabe” de la primera mitad de 2011, se muestran cada vez más beligerantes en relación a Israel. El líder árabe que encabece una nueva cruzada contra Jerusalén se convertirá en la cabeza indiscutible del islam en la primera mitad del siglo XXI. Y algunos aspiran a ocupar esa plaza…

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