Inmigración (IV) 2004-2011

Publicado: Lunes, 15 de Agosto de 2011 16:13 por Ernesto Milá en INMIGRACION

Infokrisis.- Y entonces llegó Zapatero... La inmigración como doctrina, como dogma y como práctica suicida.   Resumiendo puede decirse que el franquismo preparó las bases de un modelo económico, en parte erróneo, que al estar en buena medida basado en hostelería y construcción haría necesario el que más adelante entrarán masivamente inmigrantes. El felipismo, al negociar mal nuestra incorporación a Europa generó la destrucción de amplios sectores de la economía nacional que quedó reducido a turismo y construcción. Para colmo, a partir del felipismo Ceuta y Melilla serían cada vez menos españolas y más marroquís. Los eventos del 92 contribuyeron a que las primeras legiones de trabajadores marroquíes aparecieran en España. Aznar, por su parte, basaría su modelo económico en el desarrollo de esos dos sectores, especialmente de la construcción, para lo que hacía falta una entrada masiva de inmigración. Puede decirse que con Aznar la inmigración empieza a llegar masivamente y que bajo su gobierno llegaron 3.000.000 de inmigrantes, ante lo cual el presidente optó por mirar a otro lado.

Y así estaban las cosas el 14 de marzo de 2004 cuando un tipo gris que parecía estar eternamente planeando entre el “buenismo” y la sonrisa bobalicona alcanzó sorpresivamente el poder gracias al impacto de los atentados del 11-M. La mayoría creíamos entonces que era imposible que existiera un personaje como Zapatero y estábamos persuadidos de que sus gestos y actitudes se debían a los consejos de algún asesor de imagen, pero que a la hora de gobernar lo haría exactamente como cualquier otro político. Nos equivocamos. Zapatero era así. No puede extrañar que bajo su mandato entraran otros 4.000.000 de inmigrantes. Al concluir en medio de la crisis económica, social y nacional más importante de la historia de España (al mismo nivel que la invasión napoleónica, la pérdida de Cuba y Filipinas o la mismísima Guerra Civil), 1.000.000 de personas han desaparecido de las listas de inmigración y reaparecido como “nacionales”. Zapatero ha sido algo más que una catástrofe en la historia de España: ha sido el intento deliberado de convertir España en una nación mestiza, la tarea irresponsable y absurda de introducir a martillazos el multiculturalismo y la renuncia consciente a nuestra identidad. Esta es su obra…

a. Un desconocido obsesionado con la inmigración

En junio de 2000 cuando Zapatero juzgó que había llegado su hora; hasta ese momento había sido un diputado (durante unos años el más joven, con 26 años) pero las crónicas no registran ningún aspecto relevante en su actuación parlamentaria; era un diputado gris, un “yes man” habituado a votar según las indicaciones de su jefe de grupo parlamentario. Tras las elecciones de 2000, Joaquín Almunia había dimitido y quedaba abierta la carrera para su sucesión al frente del PSOE. Zapatero creó una corriente interior, Nueva Vía de la que declaró que estaba en la misma onda que el “socialismo europeo” de la época: el socialismo que gobernaba en Inglaterra con Tony Blair y su Third Way que parecía haber dejado atrás al laborismo clásico, el que gobernaba en Alemania con Gerhard Schöder y su Neue Mitte (Nuevo Centro) que desbarataba el equilibrio interior del SPD desde el congreso de Bad Godesberg y, finalmente, el socialismo francés de Lionel Jospin, un hombre llegado del trotskysmo y que, acaso por eso, era incapaz de concebir una izquierda fuera de la izquierda clásica. Fue, precisamente, Jospin quien primero se distanció de Zapatero. Al parecer, Zapatero debió de contemplar en alguna ocasión convertirse en el futuro referente del socialismo europeo, pues no en vano intentó “limar” –como siempre- las asperezas entre Jospin y Schröder[1].

Nueva Vía se quería más centrista y liberal que la opción encabezada por José Bono y las otras dos candidatas (Matilde Fernández y Rosa Díez) que no eran más que distintas formulaciones de socialismo clásico, con cierta propensión al antinacionalismo. En aquel momento, todos los analistas estaban convencidos de que Zapatero –el desconocido diputado leonés- no aspiraba a otra cosa más que a recuperar el “espacio de centro” que, perdido por Almunia en las elecciones de 2000 con su llamamiento a un “frente de izquierdas”, era la único que podía hacer que el PSOE retornara al poder. Es decir, ni siquiera los analistas más favorables a Zapatero le concedían el beneficio de una “ideología soft”, simplemente se le trató, hasta el momento en que ocupó la secretaría general, de mero oportunismo. Cuando venció, lógicamente, había que entenderse con él, así que pasó a ser intocable, especialmente para PRISA y hasta un año antes de su ocaso definitivo en 2011.

Cuando Zapatero anunció su intención de presentarse candidato a la secretaría general enunció sus principios. Es el único documento de su puño y letra que permite intuir algunas de las categorías de pensamiento en las que se mueve Zapatero[2]. Lo hizo en el curso de una reunión de la dirección leonesa del partido a la que dio a conocer su programa compuesto por siete puntos. Llama la atención lo “flojo” del conjunto sobre el que parecía increíble que nadie pudiera encamarse sobre José Bono. En el momento en que, como era evidente, nos aproximábamos a una crisis energética sin precedentes, cuando en toda Europa la inmigración ya era considerada como problema cuando, el terrorismo internacional y nacional estaban en el candelero, cuando se discutía sobre el fin de la historia, la sociedad de los tres tercios y las nuevas orientaciones geopolíticas… he aquí los siete puntos que concibió José Luis Rodríguez Zapatero para aspirar a la Secretaría General del PSOE[3]:

  1. Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes.
  2. Dar prioridad a la educación y crear empleo estable.
  3. Dar a los padres más tiempo para pasar con sus hijos y cuidar a los ancianos.
  4. Promover la cultura.
  5. Convertir a España en un país admirado por ayudar a los más necesitados.
  6. Ayudar a éstos con iniciativas de calidad.
  7. Fomentar la democracia, adecentar la política y promover los valores por encima de los intereses coyunturales.

El hecho de que la inmigración ocupe el primer lugar es, cuando menos, sorprendente, especialmente para una provincia como León (en la que se presenta el programa) que en aquel momento apenas disponía de 150 inmigrantes…[4] Es raro que, para un político procedente de la áspera meseta, que todavía hoy dispone de una tasa de inmigración muy inferior al resto del Estado, la cuestión de la inmigración ocupase el primer lugar con un llamamiento implícito al “papeles para todos”. Citamos nuevamente la frase: “Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes”.

Zapatero en junio del 2000 estaba extremadamente sensibilizado por el problema de la inmigración, cuando ya la inmigración era percibida como problema por una parte creciente de la población que iba aumentando a la misma velocidad que aumentaba la presencia de inmigrantes. Pero Zapatero juzgaba que no había inmigrantes suficientes. Vale la pena releer una vez más el punto inicial de su candidatura donde propone “Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes”. El resto de los puntos del programa es de tal mediocridad, falta de originalidad y ausencia por completa de interés, que no vale la pena siquiera comentarlos y genera la irreprimible tristeza propia de aquello que es insustancial. Así mismo, causa una perplejidad increíble el pensar que los compromisarios del PSOE terminaron votando al autor del engendro: Zapatero.

Sin embargo, el programa del PSOE en 2004 (en donde las propuestas en materia de inmigración están incluidas en las páginas 125 y 126) en ningún punto se alude a “Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes” y ni siquiera plantea la posibilidad de realizar una regularización masiva como se hizo un año después de que Zapatero llegara a La Moncloa. Está claro que el punto 1 de la candidatura de ZP a la Secretaría General del PSOE nos lleva directamente a la regularización masiva de 2005 –sin pasar por el Programa Electoral que se dio a la consideración de la sociedad y que ésta votó en 2004, si bien bajo la presión de un extraño atentado que causó 93 víctimas- e incluso, tardíamente, a la negativa del gobierno en julio de 2008 a suscribir la cláusula del Pacto Europeo de la Inmigración propuesta por Francia que prohibía nuevas regularizaciones masivas en todo el ámbito de la Unión Europea. Diego López Garrido justificó esa negativa (y ese enfrentamiento con Francia) así: “cuando la economía española remonte hará falta mano de obra… no podemos atarnos las manos”[5], increíble muestra del optimismo antropológico habitual, tanto en el presidente del gobierno como en sus ministros más mediocres.

En 2004 había llegado a la presidencia del gobierno el hombre providencial que tenía en mente de manera deliberada una sociedad multicultural, multiétnica, avance de lo que creía que iba a ser el futuro en todo el globo (China ¿sociedad multiétnica? Rodhesia ¿sociedad multirracial?...). Contrariamente a los ataques de la derecha contra Zapatero, su proyecto de ingeniería social no era una forma de fatuo “oportunismo” destinado solamente a captar votos y a engañar a la población, sino que entre los oscuros corredores de su cerebro latía una “ideología” (en el peor sentido de la palabra, es decir, como esquema rígido y antihistórico, utópico e inviable que se intenta encajar a martillazos con la realidad) muy precisa cuyas líneas básicas eran: humanismo extremo y afectado, universalismo frente a cualquier forma de patriotismo (con el acompañamiento de conceptos como “mestizaje”, “multiculturalidad”, “sociedad pluriétnica”, “fusión cultural”, los nacionalismos son fuente de tensiones internacionales, guerras y conflictos y lo único que puede evitarlos es la “fusión” de pueblos, de culturas, de razas, en beneficio de algo indiferenciado: la “humanidad” surgida de la mezcla étnica y cultural), afán moralista y progresista (valores finalistas sin acompañamiento de valores instrumentales, consideración de que la historia se encamina siempre hacia niveles superiores de desarrollo), recurso a la “tolerancia” para solucionar cualquier conflicto y renuncia al ejercicio de la autoridad.

El nuevo PSOE de Zapatero no tenía nada que ver con las siglas históricas y muy poco que ver con lo que había sido el felipismo. No ha sido por azar que durante 10 años, las siglas del PSOE se hayan eclipsado por la sigla ZP. El 20 y 21 de julio de 2001 tuvo lugar Conferencia del PSOE que supuso una verdadera refundación del partido. El tema de la inmigración estuvo presente en aquella ocasión: “Ante el fenómeno migratorio. Queremos sociedades más humanas, que no sean insensibles al dolor y las muertes que causan la intolerancia, las guerras o la miseria en el mundo, que sean capaces de integrar al diferente desde la igualdad y partidarios del mestizaje. Creemos que la mejor inversión es la destinada no a levantar barreras sino a encauzar y ordenar los flujos migratorios potenciando una política comunitaria de inmigración, la destinada a favorecer la integración real de los inmigrantes, la destinada a facilitar su agrupación familiar, la destinada a imponer la observancia de la legalidad en la prestación de su trabajo, la destinada a hacerles titulares de derechos y libertades políticas, civiles o sociales, la destinada a incorporar en la educación la existencia y contenidos de otras culturas, el respeto al diferente y la igualdad de todos los seres humanos. Porque, contra falsos equívocos, el extranjero no quita puestos de trabajo sino que cubre actividades que los españoles ya no queremos desempeñar y pueden ser una vía de contribución en la solución del problema demográfico que tenemos”.

b. Las fuentes de la “doctrina Zapatero”

Zapatero quería ser recordado como el “reformador progresista que abrió España al siglo XXI”, tal fue su imperativo categórico. La cuestión a plantear ahora es: ¿Cuáles son las fuentes del “pensamiento zapaterista”? ¿De dónde procede? En la Ponencia Marco del XXXVII Congreso del PSOE se daba alguna pista. En las 57 páginas del documento se entiende con claridad que todos los problemas actuales de la humanidad deben resolverse desde una perspectiva “trasnacional”. En el punto 475, por ejemplo, se dice: Muchos retos requieren de una perspectiva transnacional porque han de ser abordados desde la adopción de medidas que trascienden a nuestras fronteras”, están aludiendo a “fenómenos como el cambio climático, los movimientos migratorios, la economía internacional derivada de la globalización o la bioética” y esto solamente puede hacerse dentro de la perspectiva diseñada por la ONU, según explica la ponencia. En el punto 477 se lee: “tenemos la obligación de aumentar la “exportación” de pensamiento político ante la gran demanda existente en el entorno internacional de políticas que están siendo aplicadas en nuestro país por un gobierno socialista y que están siendo ejemplo fuera de nuestras fronteras”. Ese “pensamiento político a exportar” es la doctrina Zapatero, una forma de “pensamiento excéntrico” (es decir “raro y extravagante”).

Zapatero realizó una mutación radical en el PSOE en el curso de su XXXV Congreso (año 2000). El partido de Pablo Iglesias se desplazó desde la tradición de la izquierda y del socialismo español hasta una mixtura extraña y extravagante, frecuentemente caricaturesca, grotesca en muchos aspectos, de contenido universalista surgida de allende fronteras del socialismo. Las propuestas que se encuentran en el texto de la Ponencia Marco, cosmopolitismo, globalización, fenómenos migratorios, pobreza en el mundo, feminismo, apoyo al mundo gay, etc, son lugares comunes que encontramos repetidos hasta la saciedad en los documentos de la UNESCO y de NNUU. Esta asimilación de la ideología humanista y universalista a la ideología de un partido socialista, no lo ha hecho dirigente alguna del socialismo mundial. Y, por si hubiera alguna duda, el punto 141: “Nosotros, los socialistas, trabajamos por esos objetivos en el seno de Naciones Unidas. Creemos en su capacidad de acción, en la de todas y cada una de sus agencias y programas para avanzar en ese objetivo y apoyaremos decididamente que refuercen su papel” y se añade en el punto 200: “Ahora, ante emergencias concretas proponemos que no solo actúen los países, sino también las organizaciones internacionales, en especial Naciones Unidas, cuya acción seguiremos apoyando financieramente”. Triste destino el de estos “socialistas” ganados para una estrategia que no es la suya y que unen su destino a unas organizaciones internacionales que hoy como nunca tienen su prestigio a mínimos. Las obsesiones de “ingeniería social” y en particular la obsesión zapaterista por la inmigración proceden de la ONU y muy especialmente de la UNESCO. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar estos organismos internacionales tienen políticas propias generadas por su casta funcionarial que en los últimos 25 años intenta aportar un basamento ideológico y una justificación moral a la globalización.

La Ponencia Marco del PSOE reconoce: “los socialistas debemos aspirar a un nuevo modelo económico  caracterizado por una globalización más justa de la actual”. La Ponencia Marco explica que la globalización es el producto del “cambio tecnológico anterior” y añaden, “[este cambio] resume en la expansión sin precedentes de las tecnologías de la información y la comunicación a todas las esferas de la producción, el consumo, los intercambios comerciales y financieros, e incluso a los estilos de vida de las personas. Y como consecuencia de la globalización y de la conexión y competencia entre más empresas e individuos, el cambio tecnológico está, a su vez, acelerándose”. Pero no es exactamente así como se ha producido el fenómeno. La globalización no es más que un fenómeno derivado de la acumulación de capital (y se engaña quien piense otra cosa) que se ha ido produciendo a medida que el capitalismo avanzaba. Tras haber pasado por su etapa artesanal, luego por su etapa industrial, más tarde por su etapa multinacional, la etapa siguiente, no podía ser más que la globalización, es decir la optimización a escala mundial de la producción y de los beneficios, junto a la creación de un mercado global y el impulso a la economía especulativa sobre la productiva… y para que este sistema viera la luz, indudablemente la informática y las nuevas tecnologías han ayudado, pero en absoluto han sido esenciales, ni motores del cambio que, repetimos, encuentra su principal impulso en la naturaleza expansiva del capitalismo.

Cuando la ONU y la UNESCO aluden al cambio climático y a la ecología, el PSOE, en todo esto, no tiene doctrina propia, sino que asume la aprobada por Naciones Unidas en sus distintos foros y conferencias. En la Ponencia Marco esta temática ocupa de las páginas 16 a la 28 y puede resumirse así: “desarrollo sostenible”… tal es la palabra que se instauró en el imaginario colectivo a partir de la Conferencia de Río, organizada por la ONU, en 1992. Lamentablemente, desde entonces ya ha llovido mucho. Hoy sabemos que no hay desarrollo sostenible: el desarrollo de 6.000 millones de personas nunca no puede ser “sostenible” para la biosfera. Difícilmente el planeta podría embarcarse en un desarrollo ilimitado cuando sus recursos son limitados. Las doce páginas que contenía la Ponencia Marco sobre esta temática no eran más que una traducción, traslación y resumen de las distintas orientaciones de la ONU sobre la materia.

El segundo error es la percepción que el zapaterismo tiene de la inmigración, no en vano el primer lobby pro-inmigracionista mundial es la ONU y el principal impulsor de la mística del mestizaje y la multiculturalidad, la UNESCO. La postura del zapaterismo en inmigración es una constante -como hemos visto- desde que salió del anonimato en el 2000 y presentó su programa ante la ejecutiva del PSOE de León: “papeles para todos”… cualquier cosa que no fuera esto debía de considerarse “xenofobia y racismo”. Desde entonces su posición no ha variado. Dice el punto 33 de la Ponencia Marco: “España es un país cada vez más abierto, con una sociedad más cosmopolita y con una aspiración de progreso que inspira permanentemente al PSOE”. A continuación, individualiza tres “megatendencias del cambio”. La tercera es la “del cambio social y demográfico, caracterizado por sociedades más individualizadas, más informadas, más igualitarias (en términos de género), más cosmopolitas y más diversas, que requieren nuevas políticas”. No había ningún punto, más adelante, que aclarase a que “cambios” se refería, especialmente, cuando la mayoría de la población tiene la sensación de que ya se ha llegado demasiado lejos en materia de inmigración y que el fenómeno, especialmente en tiempos de crisis, debe reducirse urgentemente: falta trabajo incluso para españoles y las cajas del Estado están vacías.

Pero lo sorprendente es que no hay ni una sola línea en todo el documento que aluda a la necesidad de frenar el fenómeno migratorio, algo que la sociedad española percibe cada vez más como una necesidad urgente.¿Vamos a olvidar que un estudio de NNUU en 2000 afirmaba con una seriedad pasmosa que Europa necesitaba 90.000.000 de inmigrantes? Si la ONU y UNESCO estimulan este fenómeno es por buenas razones inherentes a su “pensamiento mágico”: “gobierno mundial”, “revolución mundial”, “raza mundial”, “religión mundial”… Esta “raza mundial”, se identificaría con el mestizaje que tanto promueven desde esos ambientes. El resultado de todo esto es un barrido de identidades, consideradas como bastiones reaccionarios contra el cambio y el tiempo nuevo. Para ello hay que estimular la inmigración. Sólo la inmigración facilitará la creación de una “raza cósmica”[6] y allanará el camino hacia el mestizaje.

Pero lo importante son las consecuencias que la Ponencia deduce de este proinmigracionismo. Dice el punto 233: “Para dar respuesta a este nuevo enfoque, debemos apostar por más gobernanza a nivel global. Ya nada se puede resolver exclusivamente desde el Estado-Nación. A los desafíos de la globalización económica, ya considerables en su magnitud y complejidad de trato, se han añadido una serie de desafíos que configuran una globalización política, si cabe aún más compleja”. Así pues, la inmigración generará mestizaje y la abundancia de inmigración (no lo olvidemos, promovida desde el ámbito de la ONU y en absoluto un movimiento espontáneo de gente huyendo de la pobreza) hará preciso “una gobernanza a nivel global”, puesto que el marco del Estado-Nación queda desbordado… y eso nos lleva de nuevo a la ONU como escenario más adecuado. Por demasiados caminos –y todos excéntricos– la Ponencia revalorizaba el papel de la ONU hasta límites inauditos.

Ciertamente, la Ponencia no alude en lugar alguno al “humanismo universalista” sino que utiliza el adjetivo “progresista” para evitar definiciones compometedoras. Dice la Ponencia: “El pensamiento progresista se centra en liderar los cambios. De lo que se trata es de gobernar la nueva sociedad, con nuevas políticas y nuevas instituciones, para explotar las oportunidades que ofrece y minimizar los problemas que genera. El Partido Socialista lleva muchos años instalado en este enfoque  de la política, siempre a la vanguardia, intentando transformar la sociedad en beneficio de la ciudadanía y, sobre todo, de los que menos tienen. El PSOE del Siglo XXI ha de seguir esta senda. Ha de ser esa fuerza política transformadora que lidere los profundos cambios que nos han tocado vivir. Somos progresistas, modernos, innovadores. No nos asusta la evolución de la sociedad. La vemos como una oportunidad, no como un problema. Pero esa evolución se ha de liderar desde los poderes públicos para que el progreso económico y social que supone llegue a todos por igual, para que en esta nueva sociedad que estamos construyendo haya más igualdad, más democracia, más confianza en la ciudadanía, más gobernanza global y mejor convivencia”… y nuevamente, toda la divagación bobalicona sobre el “progresismo” culmina con la idea de “gobernanza global”.

El concepto de “gobernanza global” es relativamente reciente. Fue teorizado por James Rosenau, miembro de uno de los círculos mundialistas, la Asociación de Estudios Internacionales y la revista Foreing Policy. La idea de Rosenau es que la “gobernanza global” consiste en regular las relaciones entre los grupos sociales internacionales mientras no exista una autoridad mundial única. La palabra fue utilizada públicamente por primera vez en el Foro Barcelona 2004 en el “diálogo” Del consenso de Washington a una nueva gobernanza global, en el que participó Jeffrey D. Sachs, asesor especial del Secretario General de Naciones Unidas sobre los Objetivos del Milenio, así como el Premio Nobel de 2001, Joseph E, Stiglitz.

En el marco doctrinal el zapaterismo utiliza la idea de “gobernanza global” con la intención de transferir espacios de soberanía propios del Estado-Nación (cuya época la ponencia dice que ha acabado) a las instancias internacionales. Justo lo que la ONU pretende llevar a la práctica.

A partir de todo esto no puede extrañar que la Ponencia insista en los lugares comunes a la ideología de NNUU: la causa de todos los males del mundo, absolutamente de todos, reside en la “pobreza”. España, en tanto que nación “rica” (¿?) está obligada a solidarizarse con “la pobreza” y ayudar a estos países a que mejoren su situación. Todo esto supone ignorar que el atraso del tercer mundo no se debe solamente a la pobreza y que ésta existe también en el primer mundo. De hecho, las acumulaciones de dinero más insultantes se producen con frecuencias en los países más atrasados del mundo. Existen causas antropológicas, culturales e históricas que explican el atraso de amplias zonas del tercer mundo. Es inevitable interpretar el papel de la religión islámica como una de las causas, sin duda más importantes, de las que deriva al atraso de todo el mundo árabe, incluido de los países más ricos en material primas. Sin embargo, el PSOE de Zapatero hace de la “pobreza” el eje central de su discurso en política exterior.

Es sorprendente, por ejemplo, cuando la Ponencia se las ingenia para buscar excusas para enviar más fondos al Tercer Mundo. Se dice, por ejemplo, en el punto 106: “Europa podría liderar el movimiento para extender los derechos de los trabajadores en el mundo. También podría liderar las nuevas políticas de cooperación al desarrollo, a través de iniciativas originales como la reinversión en origen como compensación por la descapitalización que se produce en los países más pobres cuando sus élites intelectuales y profesionales emigran para trabajar en los países desarrollados”. Lamentablemente, resulta difícil explicar qué “élites intelectuales” nos llegan de Mali, Níger, Camerún o Marruecos... Ocurre justamente lo contrario: élites culturales y científicas europeas se establecen en EEUU, Japón, incluso en China, para poder llevar a cabo proyectos científicos por no haber fondos suficientes en España… En la medida en que todo el diagnóstico sobre la “pobreza” es erróneo –aun inspirado por UNESCO y la ONU-, es inevitable que las soluciones propuestas por el zapaterismo hayan sido a menudo grotescas y siempre perjudiciales para afrontar los problemas que quería solucionar.

Inútil extendernos en todas las consideraciones que el documento hace sobre la “igualdad” en materia sexual. La temática es suficientemente conocida por su superficialidad y banalidad. Como ya hemos visto, todos los ataques contra la homofobia y el sexismo tienen su origen en material elaborado por la ONU y UNESCO desde mediados de los noventa, materiales que no contemplan, por cierto, la situación específicamente española, sino la “global”. No hay nada en la Ponencia Marco que sea, en este terreno, ni propio, ni original.

Los compromisos con la realidad hacen que, como hemos visto, en lo relativo a la globalización no se tengan arrestos suficientes como para clamar por el final de un sistema mundial injusto, sino que se aluda a “otra globalización” o a la “humanización de la globalización”, o finalmente a la “globalización positiva” (punto 66). En el fondo esto es coherente con el espíritu del humanismo universalista. A fin de cuentas la globalización, es injusta… pero es una forma de universalismo que contribuye a barrer las identidades nacionales, desfigurarlas, crear un sistema jurídico internacional, arrinconar al Estado-Nación, etc. Es decir, la globalización es un “más” en relación al Estado-Nación, pero un “menos” en relación al “universalismo” que, a fin de cuentas es lo que esta doctrina de Zapatero y su matriz, la ONU, tienen en mente. Además, esta posición tiene la ventaja de facilitar la coexistencia con el núcleo del capitalismo mundial, el verdadero y único poder, ante el cual solamente se exhiben algunos tímidos deseos de reforma sintetizados en la aséptica expresión “globalización positiva”, para acto seguido, condenar enérgicamente el “proteccionismo inviable”, el gran enemigo de la globalización. Toda la tendencia del documento se sintetiza en el punto 95 en el que se alude a las “dos lógicas”: “por un lado la “lógica de la apertura” relacionada con la integración, (…) asociadas al concepto de ciudadanos cosmopolitas; y por otro lado, la “lógica del cierre”, la selección y la exclusión sobre la que se basan los sistemas nacionales de bienestar y solidaridad tradicionales”. El enemigo son, pues, los Estados-Nación y los sistemas identitarios. Paradójicamente, todo esto está proclamado por un partido que gobierno en un Estado-Nación, no puede extrañar, por tanto, que buena parte de su esfuerzo durante los años del zapaterismo estuviera dirigido a desmantelarlo y centrifugarlo.

Esto es el Zapaterismo. Su gran logro consistió en haber absorbido la doctrina propaganda por la ONU y la UNESCO y haberla transferido íntegra y, sin prácticamente retoques, al PSOE. En la óptica de Zapatero, la ONU es intocable e indiscutible y, a pesar de que nadie la ha elegido como tal es la representante de “la humanidad”.

La gran apuesta de José Luis Rodríguez Zapatero consistió en dar una salida a la crisis de senectud y el vacío que se abre ante la izquierda europea, enmascarándolo con el recurso a los principios humanistas y universalistas de la ONU y la UNESCO, dándole un nombre “progresismo”, tendencia que ya había aparecido en los años 90 en algunos sectores de Izquierda Unida. Si durante la primera legislatura de Zapatero ya fue evidente que este pensamiento era vacío, limitado y caótico en su aplicación, la aparición de la crisis económica hacia el final de ese ciclo (concretamente en julio de 2007) hizo que todavía fuera más evidente la incapacidad del presidente del gobierno para gestionar el país. Cuando convocó elecciones anticipadas en 2011 era evidente que se había quedado completamente solo incluso dentro de su partido. Quien quiso redimir a la socialdemocracia mundial de su inadecuación ideológica, que desde el inicio de su segunda legislatura, se evidenció su parálisis y falta de reacción ante los problemas reales de la sociedad.

c. Consecuencias de la utopía zapateriana: la regularización masiva (I) Así empezó…

Este pensamiento enfermizo y situado fuera de la realidad cotidiana de una España que crecía a golpes de ladrillo y con la presencia de millones de turistas de medio y bajo poder adquisitivo, debía de engendrar un monstruo: la “regularización masiva” que se prolongó administrativamente entre febrero y mayo de 2005. Es cierto que Zapatero cuando se encontró en la Moncloa había heredado 800.000 inmigrantes ilegales llegados en los últimos dos años del período Aznar, pero la solución no era una regularización masiva, sino justamente lo contrario: una repatriación masiva que cortara el “efecto llamada” cuando ya empezaban a presentirse negros nubarrones en el sector de la construcción y resultaba evidente que la especulación inmobiliaria había llegado demasiado lejos y la burbuja se aproximaba a su estallido. Un lugar de eso, la regularización masiva, multiplicó el “efecto llamada”.

La “regularización masiva” estuvo mal planteada desde el principio y fue uno de los signos de que el nuevo gobierno estaba formado por “amateurs” con poca capacidad de gestión y un exceso de irresponsabilidad. No era sólo el presidente del gobierno el que estaba anclado en las nubes del dogmatismo en materia de inmigración, sino que el quehacer de su círculo más íntimo de colaboradores iba por los mismos derroteros. Rafael Caldera, aconsejado por Consuelo Rumi, fueron los responsables de la catástrofe en la que se convirtió aquel episodio. En agosto de 2004, cien días después de que Zapatero hubiera tomado posesión de su cargo, Consuelo Rumi anunció sorpresivamente que se iba a producir una regularización masiva. Tras muchos titubeos y rectificaciones, se anunció finalmente que el proceso tendría lugar entre febrero y mayo de 2005. El plazo entre el anuncio de la regularización y el inicio de la misma había sido tan extenso que generó un amplio efecto llamada incluso de inmigrantes ilegales radicados en Francia y Portugal que hizo que pasaron de la condición de ilegales a la de legales fueran reemplazados por la misma cantidad de nuevos ilegales generados durante el tiempo entre que se anunció el proceso y concluyó.

Los requisitos iniciales que se pedía eran: haber llegado a España antes de junio de 2004 y contar con un contrato de trabajo firmado de seis meses como mínimo. Inicialmente lo que preveía era castigar a los patronos que hubieran contratado a ilegales obligándoles al pago de las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. Naturalmente, la patronal no estaba dispuesta a pagar la factura, así que se negaron a aceptar estos términos… con lo que la factura de cuotas atrasadas de la Seguridad Social la pagaría todo el pueblo español. UGT y CCOO asintieron. Fue así como el Gobierno y los agentes sociales alcanzaron el 10 de noviembre un acuerdo en torno al reglamento de desarrollo de la Ley de Extranjería que recogía una disposición transitoria para abrir un proceso de legalización de inmigrantes en situación irregular que contasen con un contrato de trabajo. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, estimó tras la firma del acuerdo que el proceso podría realizarse durante los meses de febrero, marzo y abril de 2005.

Lo que Caldera no estuvo en condiciones de decir es cuántos inmigrantes resultarían legalizados en esta operación. De hecho, sus “previsiones” oscilaron entre los 400.000 iniciales y los 800.000 previstos poco antes de iniciarse la regularización. Sin embargo, solamente en 2003, la UE estimó que habían entrado en España como mínimo 600.000, la mayoría ilegales. A estos se unirá el número de ilegales que entraron en los tres años anteriores de los cuáles solo un 30% habían resultado regularizados o entraron con papeles en regla. Inicialmente Caldera insistió en que la regularización sólo afectaría a extranjeros que ya se encontrasen trabajando en un intento de cortar las críticas susceptibles de argumentar que contra más trabajadores se legalizaran los salarios tenderían más a bajar. El contrato de trabajo que se requería como condición sine qua non para regularizarse debía estar firmado por empleador y trabajador de una duración de seis meses, aunque se recogía un tratamiento específico para trabajadores del sector de agricultura, hostelería y construcción, así como para el servicio doméstico.

Casi nadie estaba de acuerdo en que regularización se realizara en los términos en los que se hizo: los empleadores (la mayoría autónomos o pequeñas empresas) porque perdían la posibilidad de contratar a trabajadores ilegales y, por tanto, el precio de la mano de obra se les encarecía, los inmigrantes porque para acceder a una autorización de residencia y trabajo debían darse de alta del contrato en la Seguridad Social, lo que otorgaría una autorización de residencia durante un año a cambio de una merma en sus ingresos. Pero nadie había preguntado a la sociedad y ni siquiera el PSOE lo había hecho a sus electores a la vista de que en el programa electoral de 2004 no figuraba en lugar alguno alusiones a una regularización de ilegales. A la vista de que la patronal no había consentido pagar cuotas atrasadas, el reglamento que reguló el proceso no exigía demostración alguna de relación laboral previa entre empleador y empresario ni tampoco obligaba a éste último de pagar las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. En definitiva, y como norma general, terminó exigiéndose al extranjero en situación de ilegalidad que estuviera empadronado en España seis meses antes de la entrada en vigor del Reglamento y que presentase un contrato de trabajo, firmado por empleador y empleado, para otros seis meses.

En la práctica, parece claro que un inmigrante, por el mero hecho de haber llegado antes de junio de 2004 (¿cómo demostrar la fecha de entrada cuándo muchos inmigrantes la ocultaban y declaraban haber extraviado sus pasaportes, mientras que basaban sus pretensiones en documentos privados fácilmente manipulables?) y por el mero hecho de poder presentar un contrato de seis meses (¿y cómo evitar que el “empleador” argumente al día siguiente de la regularización del inmigrante que se ha visto obligado a despedirlo?) ya está regularizado por siempre jamás… Sólo al terminar el proceso se supo que el nivel de fraude había sido muy alto pero nadie se tomó la molestia de indagar el porcentaje.

Luego, la banca y las cajas de ahorro hicieron lo demás para situarse ante el abismo: a partir de esta regularización y viendo que la concesión de hipotecas a ciudadanos españoles había tocado techo, empezaron a percibir la inmigración como un nuevo “target” del mercado inmobiliario. Las cajas de ahorro, especialmente la CAM y la Caixa Catalunya, empezaron a ofrecer a inmigrantes recién regularizados hipotecas sobre el 120% del valor de tasación de inmuebles de ínfima calidad, pagaderas a 30 años con el único “aval” de contratos de 6 meses y permiso de trabajo. Los pisos vendidos en aquella época, por lo demás, estaban sobretasados entre un 30 y un 40% del valor de su valor real. La catástrofe que seguiría en el momento en el que estallara la burbuja inmobiliaria supuso una dramática vuelta al orden y el fin de las Cajas de Ahorro que más clientela inmigrante habían captado.

El gobierno había demostrado debilidad a pesar de que se obstinara en presentarla como “talante”. En lugar de repatriar sin contemplaciones al millón largo de inmigrantes que había entrado ilegalmente en España, empezando por los que hubieran cometido delitos en territorio nacional, el gobierno socialista, dogmático y timorato como pocos, lo que hizo fue ceder ¡porque el proyecto de sociedad multicultural y mestiza de Zapatero precisaba inmigración masiva sin considerar si la podíamos mantener, ni si tendrían acomodo en nuestro escuálido mercado de trabajo!

Esta tendencia a lo que entonces se llamó “la renuncia preventiva” fue una característica del gobierno Zapatero desde sus primeras semanas. La opinión pública española quizás no lo advirtiera pero quienes sí lo habían advertido fueron los dirigentes de las mafias paquistaníes de la inmigración. En los días posteriores a los atentados del 11-M disminuyó momentáneamente el flujo de inmigrantes; pero, poco después, la inmigración y los traficantes de carne humana, advirtieron los resquicios que dejaba abiertos la debilidad de ZP. Estas mafias -que en la región catalana siguen en importancia y actividad a las marroquíes- reaccionaron inmediatamente ocupando la Catedral de Barcelona en la peor infamia que recuerda la historia del lugar desde la violación del recinto por las tropas napoleónicas en busca de los patriotas barceloneses que no se resignaron a dejarse avasallar por “el francés”. Casi doscientos años después, las tumbas de los menestrales barceloneses sirvieron de urinarios, los bancos de la Cripta de Santa Eulalia y de la nave central, fueron apilados y colocados como barricadas dentro del Templo y, finalmente, la Sala Capitular en donde se encuentra el Cristo de Lepanto, se utilizó como basurero… El gobierno ZP y el “honorable” Maragall, en lugar de reaccionar con expulsiones inmediatas y encarcelamiento de los allanadores –porque, a la postre, era un allanamiento y algo más que un allanamiento si tenemos en cuenta el carácter sagrado del lugar para unos y artístico para todos– prometió que “revisaría la política de inmigración”. Esta fue la señal que convenció a las mafias de la inmigración de la debilidad que estaba injertada en el AND del presidente del gobierno, algo que ya habían intuido durante la campaña electoral.

A partir de ese momento, el “efecto llamada” se convierte en una constante. Cuando tiene lugar la ocupación de la Catedral de Barcelona, ya se estaba rondando la cifra de 4.000.000 de inmigrantes.
A estos 4.000.000 había que añadir los que se hicieron eco del “efecto llamada” desencadenado a partir de las declaraciones de Consuelo Rumi en agosto de 2004, cuando estableció las normas generales de lo que luego sería la reforma de la Ley de Extranjería que abrió la vía para la regularización masiva de febrero-mayo. Sobre este período no hay cifras oficiales. El Ministerio del Interior, insistió a lo largo de todo el año 2005 que había disminuido el flujo de inmigrantes ilegales. Pero, de hecho, son los únicos que se atrevían a afirmarlo apoyados en trampas estadísticas y discriminación entre legales e ilegales, comunitarios y no comunitarios. Sindicatos policiales, gobiernos autonómicos y municipales, servicios sociales, servicios sanitarios, sin excepción eran mucho más pesimistas: en 2005, 2006 y 2007 se ha disparado la inmigración masiva. De hecho, la regularización masiva no fue considerada ni por la inmigración, ni por las mafias, como una muestra de “generosidad” (tal como Zapatero pretendía), sino de “debilidad”. Y al débil se le obliga siempre a que realice más concesiones. La regularización convirtió la marejada en un alud incontenible, un “efecto llamada” redoblado, cuyos efectos duran todavía hoy.

d. El principal error del gobierno Zapatero

Zapatero no se daba cuenta al abrirse la regularización masiva el 7 de febrero de 2005 (ni probablemente lo haya comprendido en su ocaso político) que el ladrillo y la hostelería habían tocado techo y se aproximaban a su caída. El modelo económico generado durante el “aznarato” había dado de sí todo lo que podía haber dado: no era razonable seguir construyendo al ritmo que se estaba haciendo engordando visiblemente una burbuja especulativa que antes o después –era evidente- terminaría estallando. En lugar de poner el freno y buscar sectores económicos que reemplazaran a la construcción, en los años 2005, 2006 y 2007, en España se construyeron más viviendas que Francia, Alemania y el Reino Unido juntos. Los precios (y las tasaciones) estaban hinchados entre un 20 y un 50%. Las cuotas de la hipoteca superaban el 40% de los ingresos de las familias jóvenes. Era evidente que aquella locura colectiva había tocado fondo.

Zapatero no lo advirtió, como antes Aznar tampoco advirtió que había creado el monstruo que terminaría devorando a nuestro país. Ambos se preocupaban solamente de las “cifras macroeconómicas” y estas eran extremadamente buenas. Había movimiento de dinero, el PIB, por tanto, subía, así pues ¿qué podía importar el resto? Zapatero se permitió bromear declarando que habíamos superado a Italia en PIB y que en breve superaríamos a Francia. Luego aludió a que nuestra economía estaba en la Champions y cuando, finalmente, las circunstancias ya empezaban a ser claramente adversas (noviembre de 2008) pataleó hasta poder acudir con sigla plegable a la reunión del G-20, foro de las mayores economías del mundo.

Salvo en puestos cualificados, en el resto y, particularmente en los niveles salariales más bajos, los trabajadores españoles (que representaban a los sectores sociales más débiles y vulnerables) empezaron a ser progresivamente desplazados por los contingentes procedentes de la inmigración. Este fenómeno era particularmente visible desde finales de los años 90 y cuando se llegó a la regularización masiva estaba claro para muchos de nosotros que se estaba excediendo con mucho las posibilidades de absorción del mercado de trabajo español, porque a poco que la construcción perdiera impulso, se iban a generar cientos de miles de nuevos parados en un país cuyo mercado laboral nunca tuvo una tasa de paro menor al 8%. Por tanto resultaban grotescas declaraciones como las que realizó el responsable de Inmigración de CCOO, Julio Ruíz, al leer el texto de la regularización masiva. Ruiz manifestó su "satisfacción por un texto que pretende la llegada de trabajadores extranjeros a España respondiendo a las necesidades del mercado laboral", porque si respondía a algún interés no era desde luego el de los trabajadores españoles entre los cuales el nivel de paro iba a subir brutalmente a partir de los primeros efectos de la crisis mundial de julio de 2007 cuya existencia no se reconoció en España hasta justo un año después. Porque si había alguien perjudicado por la regularización masiva fueron los trabajadores autóctonos en sus franjas salariales más bajas.

Zapatero no advirtió que el crecimiento económico español era ficticio y carecía de bases sólidas. El turismo podía cambiar en cualquier momento de gustos y los países del Este se presentaban como una alternativa sólida. La construcción no podía ir mucho más allá de donde había llegado en 2004, so pena de que la burbuja aumentase más allá de lo tolerable previo al consiguiente estallido. No se podía contratar mano de obra no cualificada y de forma creciente para trabajos agrícolas y al mismo tiempo permitir que cada vez la Unión Europea admitiera más frutas y hortalizas procedentes del Magreb.

Los años que medían entre 2005 y 2008 son los años en los que los factores que contribuirán a desencadenar la crisis más grande de nuestra historia van aumentando de volumen e intensidad. Alguién dijo a principios de 2009 que Zapatero ignoraba en realidad porqué crecía la economía y luego, al iniciarse la crisis, ignoraba porqué caía el ritmo de actividad económica. Un Estado tan complejo como el español no puede permitirse tener a su frente a un abogadillo de pocos pleitos, a un diputado mudo durante legislaturas que finalmente había resultado ser un dogmático iluminado ansioso de pasar a la historia por haber generado una mutación social en España. Hacían falta técnicos, expertos y profesionales cualificados con capacidad para ver más allá del día a día y advertir de las consecuencias de los rumbos que se estaban tomando… y con el valor suficiente para decir bien alto al presidente que estábamos más cerca del abismo. Pero ni Jordi Sevilla, ni Solbes, prácticamente los únicos técnicos cualificados que entendían algo de economía, estaban dispuestos a enfrentarse al “optimismo antropológico” de Zapatero. Así que callaron (Solbes continúa callado todavía cuando en 2007 vendió el 40% de las reservas de oro del Banco de España justo cuando el precio estaba más barato… al día siguiente de la venta, el precio empezó a aumentar y en eso sigue en el momento de escribir estas líneas).

Zapatero se fue deslizando solo y sin ayuda de nadie por la pendiente de lo irreversible: primer se agotó el superávit del Estado, luego se inició una loca carrera de emisión de deuda pública hasta que, finalmente, surgieron dudas sobre nuestra capacidad para poder pagarla. Era la antesala de la ruina. En 2005 se podía haber evitado, seis años después ya es prácticamente imposible. Sobre 6.000.000 de inmigrantes más o menos (excluyendo al 1.000.000 naturalizado español) apenas cotizan a la seguridad social 1.500.000 y en los mejores momentos han cotizado en torno a 2.000.000. Un país que en el mejor momento tenía un 8’2% de paro ¿verdaderamente precisaba inmigración masiva? Quien lo pensó –Aznar y Zapatero- deberían ahora responder a la pregunta clave: ¿qué hacemos con 6.000.000 de inmigrantes (más 1.000.000 de naturalizados) en un mercado laboral moribundo con un 20,2% de parados en el verano de 2011 y con unas perspectivas de recuperación del empleo que los más optimistas remiten a 2015 y los más pesimistas a 2021?

e. Regularización masiva en marcha (II) “Empadronamiento por omisión”

Mientras se prolongó la regularización el gobierno se vio obligado a rectificar las condiciones rebajando siempre las exigencias para intentar que todos los inmigrantes ilegales pudieran acogerse a la iniciativa.

Caldera entendió lo que quería decir el viejo adagio latino “tempus fugit”, cuando a un mes de la fecha prevista para el cierre de la regularización masiva, los expedientes presentados eran la mitad de los previstos. Fue en ese último sobresalto final cuando el gobierno empezó a dulcificar las exigencias necesarias para lograr la regularización hasta situarse próximo al “papeles para todos”. ¿Cómo cabe definir un proceso en el curso del cual cambian las condiciones requeridas en varias ocasiones? Nadie dudará que un proceso de ese tipo, es un proceso injusto en el que los primeros en presentar documentación deben hacer encaje de bolillos para cumplir lo exigido, pero los últimos se benefician de una tolerancia creciente. Hacia principios de abril de 2005, a un mes del cierre de la ventanilla, de los 800.000 inmigrantes esperados, solamente habían acudido a presentar documentación la mitad. A Caldera se le echaba el tiempo encima. A un mes del final del plazo de regularización, ya no había tiempo material para modificar el Reglamento de Extranjería y éste preveía que el único documento válido debía seguir siendo el certificado de empadronamiento. Había que estimular al resto a que se dieran prisa. Fue entonces cuando Caldera creó la grotesca figura del “empadronamiento por omisión”.

El gobierno aceptó que los inmigrantes no se hubieran inscrito antes del 8 de agosto de 2004 en el padrón municipal –tal como se exigía inicialmente- si un documento público prueba que residían antes en España. Era la excusa para salvar las bajas cifras de la regularización de inmigrantes. En la práctica, esto equivalía a que cualquier inmigrante que no estuviera inscrito en el padrón antes del 8 de agosto de 2004, pudiera aspirar a la legalización, si contaba con un pre-contrato de trabajo. A esto le llamaron “empadronamiento por omisión”. Los inmigrantes no empadronados debían acudir a los ayuntamientos, dotados de “documentos públicos fehacientes” que demostraran que habían llegado a España antes del plazo marcado. Los ayuntamientos debieron hacer constar en el certificado de empadronamiento la fecha de permanencia en España del extranjero. Así pues era cierto lo que nosotros decíamos desde 2002 sobre lo peligroso de tomar el padrón municipal como el indicativo infalible de los inmigrantes que se encontraban en España. Finalmente el gobierno reconocía lo que muchos le habíamos advertido antes: que muchos son los ilegales y no tantos los empadronados. Así pues, a la hora de la verdad, la inscripción en el padrón servía para poco o para nada. El problema que se planteaba a partir de entonces era que la fecha que figuraba en el certificado expedido por el padrón municipal era la fecha en la que se producía la inscripción… pero nunca la fecha en la que el inscrito llegó a España.

Los ayuntamientos consultados por los rotativos mostraron su perplejidad por la decisión del Ejecutivo. “El Mundo” se entrevistó con el director gerente de Estadística del Ayuntamiento de Madrid, Felipe Baselga el cual explicó serenamente: «Pretenden que una Administración no competente certifique un hecho para el cual no tiene capacidad. Uno se da de alta en un registro en el momento en que presenta la instancia». Por su parte, el teniente de alcalde de Valencia, Vicente Igual, explicó que la iniciativa es imposible de ejecutar. «¿Cómo voy a realizar empadronamientos con carácter retroactivo? Eso no existe. Tendrán que sacar una nueva normativa y entonces, los servicios jurídicos decidirán», declaró.

Puestos a vulnerar leyes y razonamientos lógicos, el gobierno socialista se mostró insuperable. La Ley de Bases de Régimen Local especifica de forma clara la separación entre las funciones de los ayuntamientos y las del Ministerio del Interior. A éste último le compete el control de la permanencia en España de ciudadanos extranjeros. En absoluto a los Ayuntamientos, ni existía resquicio legal para atribuirles semejante responsabilidad.

La exótica figura del “empadronamiento por omisión” implicaba que a los funcionarios del padrón municipal, les tocaba decidir si los documentos aportados por los ilegales para inscribirse con carácter retroactivo eran verdaderos o falsos. Y, además, ¿qué documentos eran admisibles y cuáles no? La presidenta del Instituto Nacional de Estadística, Carmen Alcaide, realizó intensas gestiones para determinar si se admitían  documentos como la tarjeta sanitaria o el justificante de la escolarización de los hijos para emitir el certificado… pero, en teoría, estos dos documentos solamente podían expedirse a partir de la inscripción en el padrón municipal. Así que, o bien se hacía una “vista gorda” masiva, o bien el “empadronamiento por omisión” quedaba como una enésima rareza inútil a todos los efectos. 

A todos los efectos, el “empadronamiento por omisión” contenía un nuevo elemento sainetesco de confusión, más propio de la España de Rinconete y Cortadillo que de un Estado moderno. No se publicaron datos sobre cuántos inmigrantes se habían acogido a esta figura, pero lo cierto es que las cifras absolutas son suficientemente elocuentes. Pero restando de la cifra total de expedientes presentados al concluir el proceso, los expedientes presentados un mes antes, se obtiene una cifra que, en buena lógica, puede pensarse que corresponde con relativa exactitud al número de inmigrantes que se acogieron a esta figura. Los que tenían la seguridad de que podían presentar todos los papeles, ya lo habían hecho en las primeras semanas de apertura del proceso. Y distaban mucho de ser los previstos.

f. Un país alarmado por la inmigración, un gobierno generando el “efecto llamada”

En la siguiente encuesta del CIS, realizada tras el cierre de las ventanillas de admisión, en agosto de 2005, más de la mitad de los españoles creían ya que había “demasiados inmigrantes”, confirmándose como el segundo principal problema después del paro. Para un 40% de los ciudadanos se trataba del primer problema. La encuesta demostró que un 85% opinaba que lo más adecuado era permitir la entrada sólo a los inmigrantes con contrato de trabajo y que el 33% de los 2.500 entrevistados juzgaban que los inmigrantes eran "bastantes, pero no demasiados", sin embargo para el 59,6% eran "demasiados". Sólo un 3,5% opinaba como el gobierno, que eran “pocos”.

Había otra respuesta interesante en aquella encuesta: a la pregunta de si un extranjero debía ser expulsado del país si cometía un delito grave, el 80% de la población contestó afirmativamente frente a la mitad de los encuestados que se inclinaba por esta medida ante la comisión de cualquier tipo de delito, grave o no. Tampoco se le había pasado al 47% de la población que los sueldos bajaban a causa de la llegada de inmigrantes otro 68% opina que su presencia "perjudica más las perspectivas económicas de los españoles pobres que la de los ricos".

La encuesta no era producto del desconocimiento sino de las relaciones que el 65,5% reconocían haber tenido con inmigrantes (un 64,4% en el ámbito laboral, el 47,7% en el vecindario y el 55,3% como amigos. Pues bien, a pesar de esas cifras que expresaban el sentir de la opinión pública, los inmigrantes siguieron afluyendo sin contratos laborales previos y los delincuentes nacidos en el extranjero no fueron expulsados ni tras haber cometido delitos graves, ni después de cientos de delitos leves… El gobierno seguía negándose a salir de sus posiciones utópicas y dogmáticas en el tema de la inmigración y se trataba de un tema tabú que no se podía cuestionar en el interior del PSOE so pena de que quien lo hiciera fuera arrojado inmediatamente al ostracismo.

A dos años de haberse perpetrado –por que es la palabra que mejor le cuadra-, la regularización masiva de febrero-mayo de 2005 se percibía como una de las mayores “metidas de pata” que haya podido cometer José Luis Rodríguez Zapatero no solamente dentro de España sino en los fotos internacionales, especialmente procedentes de la UE. En una Europa sin fronteras, lo que entra por un extremo puede alcanzar cualquier país. La ligereza de uno acarrea problemas para todos. Los líderes europeos censuraron la ligereza de Zapatero y Caldera. A dos años de aquella regularización, estábamos en condiciones de percibirla como la recta final del gigantesco caos migratorio que sólo se redujo en parte con el estallido de la gran crisis económica. En el verano de 2007 había más inmigrantes ilegales de los que había en 2005. Y nos aproximábamos aceleradamente a los seis millones de inmigrantes. Mucho más de lo que podíamos asimilar y muchísimo más de lo que necesitaba nuestra economía y de lo que podía soportar nuestra sociedad. No es raro que la regularización insensata costara el cargo a Jesús Caldera que fue desterrado del gobierno Zapatero y, a la vista de los buenos servicios prestados hasta entonces, se le diera la responsabilidad de dirigir la “fundación de fundaciones” del PSOE que, para más ironía dio en llamarse “Fundación Ideas”…

Lo más sorprendente de la regularización masiva era que se había colocado el listón tan bajo que, en la práctica, equivalía a un “papeles para casi todos”, tal como el programa de Zapatero para la secretaría general del partido establecía en el año 2000: un programa que los españoles nunca votaron.

g. Doctrina Zapatero: “integrarse sin perder la raíz”

La regularización masiva “había puesto el contador a cero”, tal como dijo Caldera a finales de octubre de 2005. De tanto en tanto, y dado que el gobierno en aquellos primeros meses de gobierno, empezaba a ganarse fama de debilidad, Caldera procuraba simular energía y decisión. Decía, por ejemplo: “Quiero que quede claro que quien haya entrado en España después del mes de junio de este año no va a poder acogerse a esta medida”… evidente, porque se acogía a otra no menos irresponsable: la “regularización por arraigo”. En cuanto a las inspecciones en las empresas y las sanciones a quienes hubieran contratado a ilegales fueron poco menos que nulas.

En el primer año del gobierno Zapatero, Jesús Caldera era, sin duda, el ministro que aparecía con más frecuencia en los informativos. Cualquier declaración que hiciera sobre la próxima regularización masiva   generaba más y más dudas sobre el futuro. En febrero de 2005, se le oyó reflexionar sobre la integración de los recién llegados: “Los inmigrantes deben integrarse sin perder su raíz”. Loable voluntad que, sin embargo chocaba con el fracaso de todas las políticas de inmigración en toda Europa. ¿Hay algún motivo que permita pensar que en España se va a poder operar la ansiada integración? En realidad no; es más, la diferencia de España en relación a otros países de Europa es que el gobierno Zapatero había demostrado debilidad, improvisación y desconocimiento del tema. El 10 de noviembre de 2004, por ejemplo, el gobierno resolvió que el Islam se enseñaría en las escuelas públicas a quien lo solicitara... mientras que la religión católica era excluida. La diferencia esencial entre ambas religiones es que la católica es la tradicional en España, mientras que nuestro país se forjó, precisamente en la lucha contra el Islam.

Estimular la enseñanza del Islam es la fórmula ZP para que los inmigrantes se integran “sin perder su raíz”, es decir, alimentando su raíz. Una raíz que, en el caso de los islamistas tiene algunos elementos anticonstitucionales: los islamistas -todos- admiten la poligamia (cuatro esposas en todos los casos), la poligamia está penada en nuestro Código Civil. Los islamistas -todos- admiten la teocracia como forma de gobierno. Nuestra constitución es laica. Los islamistas –objetivamente- subordinan la mujer a la tutela y tiene el estatuto de una la propiedad del varón. La constitución considera a la mujer igual al varón. Los islamistas predican la guerra santa… Estos sin contar con que determinadas tradiciones islámicas regionales practican actos tan absolutamente despreciables, crueles, miserables y depravados, como la ablación del clítoris. ¿Es esto de lo que Caldera cuando alude a “integrarse sin perder su raíz”?

Caldera decía estas palabras cuando participaba en Groningen (norte de Holanda) en la primera Conferencia Ministerial de Inmigración, organizada por la presidencia holandesa de turno de la UE. A poco de concluir esta conferencia, justo en Holanda, y Theo van Gogh era asesinado por un comando terrorista islámico-marroquí y el pueblo holandés se echaba a la calle protestando contra la intolerancia islámica. No era el mejor augurio para ir y predicar la integración de los que no desean integrarse.

Caldera defendió en aquella memorable ocasión que puede combinarse la integración del inmigrante en el país de acogida con el hecho de que no quede aislado de sus raíces. Lamentablemente no explicó cómo hacerlo, ni dónde se ha realizado una integración de este tipo. Ejemplos de buenos resultados de integración no existen en lugar alguno. A menos que se considera un buen resultado la situación que vive Francia actualmente en la que los inmigrantes magrebíes se han enseñoreado de 1200 “zonas urbanas sensibles” de Francia, Esta calificación era un intento de dulcificar lo que la década anterior se llamaron zonas de “non droit”, donde ya no rigen los derechos y obligaciones de la Francia republicana. A Caldera, para rematar su “histórica” alocución solamente le faltó el pequeño detalle de señalar un solo ejemplo, uno y no más, en donde se haya operado esa balsámica y mirífica integración.

En aquel momento, Holanda era el país sobre el que recaía el semestre de presidencia comunitaria. Una de los principios básicos enunciados por la presidencia holandesa era que los inmigrantes tienen que implicarse en los principios básicos que guían la UE, como el respeto de los Derechos Humanos, la democracia y la tolerancia. Lamentablemente todos estos bonitos deseos se formulaban sin antes haber tenido la precaución de consultar lo que pensaban los inmigrantes. A estas alturas nadie podía dudar de que el Islam, en general, incluso el más tolerante, solamente es sólo compatible la futura constitución europea y con las constituciones nacionales de los Estados europeos, a costa de traicionarse a sí mismo: en efecto, el Islam rechaza el laicismo, piedra clave de la ordenación jurídica europea, rechaza la igualdad hombre-mujer, rechaza la monogamia y así sucesivamente. Tarik Ramadan, agitador islamista francófono de cierto renombre por su habilidad a la hora de buscar coartadas exculpatorias para la comunidad islámica, lo explicaba públicamente ante la TV  “Los islamistas no tienen ninguna objeción a la legislación europea…”; solo ante sus alumnos islamistas, en privado, añadía la coletilla inevitable: “…mientras esta legislación no se oponga al Islam”… que es como decir, no tengo inconveniente en la tributación fiscal, salvo que me toque a mí pagar impuestos. Maestro en el arte del doble lenguaje, Tarik Ramadán y su escuela, solamente conservan su crédito ante tontos rematados que se niegan a reconocer la diferencia radical entre el Islam y la cultura europea. La debilidad, la desidia y la falta de energía, cuando se une a la estupidez es doblemente deletérea. Resulta inevitable pensar en Zapataro, Caldera, Rumi y demás “estrategas” del gobierno.

h. La “regularización por arraigo” (III) o los beneficios de la ilegalidad

Ahora quedaba responder a otra de las preguntas claves: ¿Qué ocurrirá con los no regularizados? Caldera, como Rumi o el propio Zapatero, nunca hablaron de repatriaciones: lo que implica reconocer, en buena lógica que, pocos meses después se produciría otra acumulación de ilegales y la consiguiente nueva regularización. Para evitarlo, la “reforma Caldera” introdujo una nueva figura: la regularización por arraigo que partía de la base de que al cabo de tres años de que un ilegal hubiera conseguido entrar en España defraudando a la Ley de Extranjería, era recompensado con la regularización, a diferencia de un inmigrante escrupuloso con la legalidad vigente en España que hubiera pedido en el consulado español de su país el permiso de trabajo y residencia aportando todas las condiciones exigidas por la ley y del cual que jamás tenía la seguridad de cuándo le iba a responder la administración española. La regularización por arraigo era simplemente una regularización masiva continua y que jamás se detendría. Una puerta abierta para todos los ilegales, un efecto llamada permanente y sin fin que haría que siempre, a lo largo de los años del zapaterismo posteriores a la regularización masiva existiera un bolsa de entre 800.000 y 1.000.000 de ilegales: tantos se regularizaban “por arraigo”, tanto otros más entraban por las fronteras.

La gravedad de esta situación llegó a ser tal que en el último reglamento de extranjería fue necesario, con un mercado laboral que había superado el 20% de paro, reducir el tiempo de estancia en situación de ilegalidad de tres años a dos para recibir el permiso de residencia. ¿Cómo actuó el zapaterismo en materia de inmigración a lo largo de sus siete años y medio de estar en el poder? Justamente, siempre, en dirección contraria a cómo debería de haber actuado, parecía que tal fuera la norma del gobierno desde la regularización masiva de 2005 hasta la publicación del Reglamento de Extranjería en 2011.

i. Las vicisitudes de una regularización de opereta

En las primeras tres semanas de regularización masiva se habían presentado 48.000 solicitudes, cifra que según el inefable Caldera, estaban “por encima de las previsiones del gobierno”. ¿Por encima de las previsiones? Aun pensando que este ritmo se mantendrá en los próximos dos meses, se está muy lejos de los 900.000 ilegales previstos en septiembre del 2004, o de los 800.000 previstos en enero del 2005, o de los 600.000 previstos en agosto del 2004. Realmente ¿podemos hablar de previsión “con fundamento” (que diría Arguiñano)?

Lo peor vino cuando un becario enviado por una diario madrileño, preguntó ingenuamente al ministro cuál era el perfil de las “empresas” que estaban ofreciendo contratos a ilegales que les permitieran regularizarse. Caldera tragó salida, puso la más convincente de sus miradas y respondió como pudo: la mayoría de los regularizados pertenecen al servicio doméstico, es decir, no hay patrono, se trata de inmigrantes que deberán cotizar como autónomos. Los obreros agrícolas, de la construcción y de hostelería, apenas habían pasado por ventanilla. Pero, además, hay que tener en cuenta que entre el sector del servicio doméstico el fraude es mayor que en cualquier otro: en estos momentos se están ofreciendo 1000 euros e incluso 2000, para conseguir que españoles presenten la documentación fraudulenta, alegando que necesitan “mayordomo”, “babysister”, “jardinero”, “asistenta” o acompañante para abuelota… una parte no desdeñable de estas documentaciones (que Caldera ha evaluado en un 5% y que nosotros elevamos al 20%, basados en el testimonio de un familiar muy directo que fue contratado para recibir documentación) eran fraudulentas y tendrán como único efecto, regularizar a inmigrantes que ni cotizarán jamás a la SS, pero sí se beneficiarán de permiso de trabajo (de un trabajo que jamás encontrarán) y de residencia.

En esa misma rueda de prensa celebrada a mediados de febrero de 2005, Caldera estuvo particularmente sembrado cuando reconoció que el proceso de regularización estaba siendo “un éxito”… a pesar de que en Ceuta y Melilla, en donde hay más inmigrantes ilegales por metro cuadrado que en ningún otro lugar de Europa… no se hubiera presentado ninguna documentación.

¿Qué estaba pasando? Algo muy sencillo: los empresarios no habían entrado al trapo de la legalización, entre otras cosas por que las empresas más sólidas que contaban con inmigrantes entre su personal, se trataba de inmigrantes ya legalizados. Quienes contrataban a inmigrantes ilegales eran pequeñas explotaciones agrícolas y pequeñas empresas del sector de hostelería y construcción. Y estos prefieren despedir a sus trabajadores inmigrantes, recurrir a los de siempre para cubrir las plazas y no buscarse problemas. No es raro que en la primera semana 10.000 inmigrantes presentaran los papeles, pero los sindicatos calcularan que 12.000 habían sido despedidos esa misma semana por sus empresas… Otro problema añadido era la fenomenal confusión que existía sobre la regularización y lo que implicaba para los patronos. En el mismo momento en el que Caldera lanzaba su perorata, estaban corriendo los más diversos rumores, nunca desmentidos por el gobierno, que eludía cualquier pedagogía y, aun a pesar de que entre el anuncio de las medidas (agosto del 2004) y su aplicación (febrero del 2005) había mediado casi medio año, el gobierno en ningún momento se creyó obligado a realizar explicaciones de ningún tipo.

Todo ello había llevado a un fenomenal enredo del que el gobierno empezaba solo a ser consciente en este momento, con la regularización ya en marcha:

- en la segunda semana del proceso de regularización parecía difícil que lograran legalizar su situación más allá de 350.000 ilegales. Si la regularización superó esta cifra se debió a que en el curso de la misma se fueron suavizando las condiciones.

- de estos 350.000, probablemente el 20% se tratará de regularizaciones fraudulentas, obtenidas mediante la entrega de documentación amañada.

- sin embargo, los inmigrantes seguían entrando a una media de 3000 al día por todas las fronteras, ninguna de las cuales estaba siendo reforzada en la práctica, pues, no en vano, el gobierno negaba una y otra vez que la regularización hubiera activado el efecto llamada.

- esto llevaba a un aumento de la bolsa de ilegales de…. 300.000 más, mientras durase la regularización. 600.000 si empezamos a contar desde el mes de septiembre de 2004 cuando se desencadenó el fenómeno.

- en diciembre de 2005 se habrá cumplido la mayor migración realizada en la historia: desde el 14 de marzo de 2004 hasta esa fecha habrán entrado en España un millón de ilegales aproximadamente.

El 7 de mayo, cuando concluyó el proceso regularizador, lo único que quedaba por digerir era el gigantesco fracaso cosechado y esperar los sucesivos tirones de orejas de nuestros socios europeos: el efecto llamaba había logrado lo que parecía imposible, que desde el anuncio de la regularización hasta su cierre, habían entrado en España más ilegales de los que habían resultado regularizados en el curso del proceso.

j. El mito de la “integración”

Caldera, acompañó sus ruedas de prensa sobre la regularización masiva con declaraciones que le resultaban más agradables de realidad. Decía en aquellos días: “Los inmigrantes deben integrarse sin perder su raíz”. ¿Se había logrado esto en algún país de Europa? En absoluto. ¿Había algún motivo que permita pensar que en España se iba a poder lograr este anhelo? Sí, la debilidad del gobierno ZP. La “integración” constituía el leit motiv del gobierno que repetía sin cesar. Se trataba de llegar a ese punto que había definido Caldera “integrarse sin perder raíces” lo que traducido quería decir llegar a la cuadratura del círculo.

En el otoño de 2004, Zapatero realizó un guiño significativo de cara a la inmigración islámica: no se enseñará en las aulas religión católica –la tradicional de nuestro país- pero si, en cambio, se enseñará islam a quienes lo soliciten en lo que podría ser definido como un laicismo asimétrico. Esa es la única forma en la que los inmigrantes islámicos se “integraran sin perder su raíz”: bastaba con alimentar su raíz… Una raíz que, en el caso de los islamistas es anticonstitucional al admitir la poligamia (cuatro esposas en todos los casos), penada en nuestro Código Civil. O admitiendo la teocracia que aceptan todas las corrientes del Islam, algo de difícil encaje con nuestra constitución laica. Por no hablar de la situación de subordinación de la mujer islámica en relación al marido, tutelada por el varón y propiedad de éste… en un país cuya constitución considera a la mujer igual al varón. Y, sin olvidar,  naturalmente el que los islamistas predican la guerra santa y buena parte del Islam africano aprueba y recomienda la más odiosa práctica pre-islámica, la ablación del clítoris. ¿Es esto a lo que aludía Caldera como “integrarse sin perder su raíz”?

Caldera decía estas palabras cuando participaba en Groningen (norte de Holanda) en la primera Conferencia Ministerial de Inmigración, organizada por la presidencia holandesa de turno de la UE. A poco de concluir esta conferencia, justo en Holanda, el periodista Theo van Gogh era asesinado por un comando terrorista islámico-marroquí y el pueblo holandés se echaba a la calle protestando contra la intolerancia islámica. Caldera defendió en aquella infausta ocasión que podía combinarse la integración del inmigrante en su país de acogida con el hecho de que no quedase aislado de sus raíces. En su angelical percepción del fenómeno de la inmigración veía el mundo compuesto por seres iguales y homogéneos como iguales y homogéneas eran todas las culturas, y por tanto serían compatibles. Las experiencias que en aquellos momentos tenían lugar en distintos países europeos indicaban que la “integración” había fracasado en todas partes en donde se había intentado, empezando por los países más tolerantes y liberales, Holanda, por ejemplo. Exactamente un año después, en noviembre de 2005 tendría lugar la intifada en los suburbios franceses y aun habría que esperar seis años más para que el Reino Unido se incendiara en agosto de 2011. ¿Dónde se ha operado esa balsámica y mirífica “integración”? Zapatero y Caldera confundían los tópicos que hasta esos momentos habían manejado sobre la inmigración como si se tratase de realidades sociológicas cuando no eran más que ficciones destiladas desde los laboratorios de la UNESCO.

Una de los principios básicos enunciados durante el turno de presidencia holandesa de la UE fue que los inmigrantes tienen que implicarse en los principios básicos que guían la UE, como el respeto de los Derechos Humanos, la democracia y la tolerancia. Pero, a estas alturas nadie puede dudar de que el Islam, en general, incluso el más tolerante, es sólo compatible con la futura constitución europea y con las constituciones nacionales de los Estados europeos, a costa de traicionarse a sí mismo: en efecto, el Islam rechaza el laicismo, piedra clave de la ordenación jurídica europea, rechaza la igualdad hombre-mujer, rechaza la monogamia y así sucesivamente. Tarik Ramadan, líder islamista francófono lo explicaba ante la TV “Los islamistas no tienen ninguna objeción a la legislación europea” y, solo ante sus alumnos islamistas añadía: “mientras esta legislación no se oponga al Islam”… que es como decir, no tengo inconveniente en la tributación fiscal, salvo que me toque a mí pagar. Maestro en el arte del doble lenguaje, Tarik Ramadán y los que son como él, solamente mantienen hoy credibilidad ante “buenistas” rematados del jaez de los Caldera y ZP.

k. Regularización masiva (IV). El “día después”.

Cuando terminó el proceso de regularización se habían presentado 700.000 solicitudes de las cuales la mayoría fueron aprobadas sin un análisis en profundidad (no había funcionarios en número suficiente para ello). Caldera, exultante, explicó que a partir de ese momento solamente quedaban 100.000 ilegales en España. Se equivocaba o simplemente mentía. Caldera había cogido como cifra de referencia el número de ilegales que se suponía existían en España en el verano de 2004… pero en aquellos momentos, según los sindicatos policiales, estaban entrando en España 2.000 al día, lo que daba una cifra de 700.000 nuevos inmigrantes ilegales en un año. En otras palabras: lo comido por lo servido, se habían regularizado, justo los inmigrantes que habían entrado desde el 14 de marzo de 2004.

En enero de 2004, en Catalunya existían 700.000 inmigrantes de los cuales 350.000 eran ilegales. Tras la regularización se conocieron las cifras que afectaban a Catalunya donde se habían regularizado 140.000 ilegales, esto es, menos de la mitad. A esto había que añadir los que llegaron a Catalunya en 17 meses: como mínimo 150.000. Aunque todos los niveles administrativos evitaran dar cifras concretas e indubitables, lo cierto es que en la calle se percibía un aumento desmesurado de la inmigración en aquella autonomía. El fracaso de la regularización masiva fue absoluto ¡solamente se había regularizado a un tercio de la inmigración ilegal realmente existente en aquel momento! El resto, simplemente ni siquiera había presentado la documentación exigida en la medida en que era consciente de que no cumplía las condiciones requeridas en la regularización.

Pero había una cifra extraordinariamente preocupante que podía deducirse del desfase entre las cifras de Trabajo e Interior y las cifras de altas en la Seguridad Social. El 50% de los regularizados tenían que ver con el servicio doméstico, un 0% con las grandes empresas, un 20% con los trabajos en el campo y un 30% con la pequeña empresa. En teoría, al menos 350.000 regularizados deberían haberse dado de alta inmediatamente en la SS, en el régimen de autónomos… pero se dieron 40.000. Faltaba 660.000 cotizantes ¿dónde estaban? Esa era la gigantesca bolsa de fraude…

Antes de la regularización la tarifa pagada por un contrato de trabajo falso ascendía a 1.000 euros, al iniciarse el proceso ascendió a 2.000 y al finalizar ya había alcanzado los 3.000. El inmigrante pagaba y ofrecía pagar la seguridad social durante 3 meses… Sorprendentemente, nos hemos enterado de que buena parte de las regularizaciones corresponden a puestos de trabajo de “mayordomos”… catalogación profesional tras la que se esconde casi un 100% de fraude que corresponde a varones, fundamentalmente magrebíes. Bastaría comprobar los ingresos de los “contratantes” para advertir que la inmensa mayoría no tenían ingresos que permitieran pensar en que están en condiciones de contratar a un “mayordomo”…

Cuando llegamos al mes de diciembre de 2005, la cifra de ilegales superaba ampliamente el 1.000.00 de personas. El proceso no había servido para nada. En cuanto a los 700.000 regularizados, dejando aparte el fraude indeterminado pero que se pensaba era alto, los que efectivamente estaban trabajando lo hacían habitualmente con contratos temporales, a tiempo parcial y por el salario mínimo interprofesional. Tal como preveía la ley, dos años después de su regularización, los inmigrantes podían pedir “reagrupación familiar” lo que hizo aumentar extraordinariamente la cifra de inmigrantes a partir de 2006, inmediatamente antes de que estallara la gran crisis económica. Aun sin crisis, la reagrupación familiar implicaba un esfuerzo para los servicios de asistencia social, escolarización y orden público. En otras palabras, ya por entonces y aun antes de que hubiera estallado la crisis los costes de la inmigración eran muy superiores a los ingresos que reportan. O dicho de otra manera: las pensiones de los abuelos no quedan aseguradas por la inmigración, sino que, precisamente, ¡peligraban a causa de la inmigración! La inmigración solía cotizar por las franjas salariales más bajas (habitualmente, una parte del salario se pagaba en negro). Dando por supuesto que el sueldo medio debía oscilar en torno a los 1.000-1.200 euros/mes, de los que una media de 250 volvían a su país en forma de remesas, el inmigrante generaba un IVA no superior a los 100 euros/mes cifra muy inferior a los costes medios de sanidad y de educación de sus hijos.

Ni siquiera se había acabado el “trabajo negro” del que el gobierno Zapatero solamente volvió a preocuparse cuando el déficit público empezó a ser insoportable y el Estado precisaba de más ingresos. Tampoco en esta segunda ocasión se logró sacar a la superficie la inmensa bolsa de trabajo no declarado y de defraudación fiscal. A pesar de que Caldera declarase que la regularización había sacado la mayor bolsa de trabajo negro de la historia de España, una vez más se equivocaba o quería engañar. La mayor parte de talleres clandestinos eran (y siguen siendo) propiedad de inmigrantes, jefes mafiosos, para los que trabajan en régimen de esclavitud gentes de su misma nacionalidad que han contraído deuda con los primeros. El inmigrante interesaba a las pequeñas empresas propiedad de autóctonos a causa del ahorro que suponía en costes de SS, cuando esa ventaja se hubo acabado, el inmigrante fue despedido o simplemente se le rebajó el sueldo ¡salvo en los talleres clandestinos propiedad de capos mafiosos chinos, magrebíes o pakistaníes en donde siguió trabajando a causa de los lazos mafiosos o clientelares que unían a trabajador inmigrante con el patrón inmigrante!

l. De la “reforma Caldera” a la “reforma Corbacho”

Que la actual Ley de Inmigración precisaba una reforma en profundidad era algo que estaba fuera de toda duda. Debió llegar el nuevo ministro de Trabajo e Inmigración para que se operase esta reforma en forma de proyecto de nuevo reglamento. Las biografías oficiales de Celestino Corbacho no explican cuál era su titulación y sus méritos para ser nombrado ministro de “trabajo”. Se sabe dónde nació, se sabe donde vivió pero no se dice en lugar alguna cuál era su titulación académica y probablemente no se trataba de una ausencia interesada, sino que, simplemente, no existía. A fin de cuentas no era el único ministro del zapaterismo que carecía de titulación relacionada con el ministerio al que había sido llamado a ocupar; los había peores: Trinidad Jiménez ministra de exteriores después de suspender dos veces el acceso a la Escuela Diplomática y antes ministra de sanidad, por supuesto, sin los más mínimos conocimientos médicos como su sucesora Leyre Pajín; sin hablar, por supuesto, del amigo íntimo de Zapatero, José Blanco llevado a uno de los ministerios claves de un país, Fomento, avalado por un modesto título de COU. En el caso de Corbacho, al menos, tenía un 50% de méritos bien ganados para alcanzar el puesto de titular de un ministerio cuya segunda actividad era… “inmigración”.

En efecto, entre 1994 y 2008, Corbacho había sido alcalde de Hospitalet de Llobregat una ciudad con un cuarto de millón de habitantes de los que 65.000 son inmigrantes (más del 25%). A pesar de las tensiones vecinales que soportó la ciudad en 2002-2003, Corbacho logró que la situación no se descontrolase (a pesar de que en varias ocasiones estuvo cerca del estallido). El 31 de mayo de 2005, tres chavales resultaron apuñalados en Hospitalet por bandas étnicas latinas. Dos años antes en varios parques de la ciudad se habían producido violentos incidentes e incluso manifestaciones vecinales a causa de la actuación de bandas étnicas en varios espacios públicos de la ciudad. Corbacho había actuado en todos estos casos con relativa habilidad, especialmente quitando hierro, ocultando la situación real de los barrios a los medios de comunicación y haciendo de bombero en unas ocasiones y en otras asumiendo el papel de avestruz. Justo esta actitud de cabeza visible de una ciudad multiétnica hizo que Zapatero le llamara para bregar sobre todo en materia de “inmigración” y mucho menos en materia de “trabajo”, los dos frentes del ministerio.

Corbacho era un tipo aparentemente dialogante que, por lo demás, siempre daba la cara y no delegada el dar malas noticias en sus subordinados. Tuvo mala suerte: durante su mandato las tasas de paro se dispararon y suerte tuvo si no se produjeron estallidos étnicos. En este frente –inmigración- su actuación hubiera pasado completamente desapercibida –lo que no es mal asunto para un ministro- de no ser porque recibió el encargo de redactar un reglamento de inmigración que, en realidad, constituía la enésima reforma de la ley de extranjería. La redacción de este reglamento tenía como finalidad mantener en lo posible el “efecto llamada” en tiempos de crisis. Y, por supuesto, está suponiendo una nueva catástrofe en materia de inmigración.

Durante el 2008, 461.889 inmigrantes, según los datos de Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, se desplazaron a vivir a territorio español. Esto ocurría en plena crisis. Antes, cuando la crisis se perfilaba, en 2007, habían entrado 701.023 inmigrantes. El año anterior, 2006, fueron 587.000. Y así sucesivamente: desde 1997 hasta 2008, ha entrado inmigración a una media de 500-700.000 por año.

Por mucha ingeniería social, concesiones aceleradas de nacionalidad española, enmascaramiento y maquillaje de las cifras reales de inmigración, aludiendo en ocasiones a “inmigrantes legales”, en otras a “inmigrantes empadronados”, pero siempre eludiendo la suma de “inmigrantes legales + inmigrantes ilegales empadronados + inmigrantes ilegales no empadronados”, lo que daría la cifra total que hasta 2004 el PP evitaba dar y que el PSOE se negó también siempre, lo cierto es que, en estos momentos, deben residen en España 7.000.000 de inmigrantes, de los que 1.000.000 ya ha obtenido la nacionalidad española.

La “osadía” del Reglamento español se enfrentaba directamente con la Directiva Comunitaria que prolongaba el plazo de detención preventiva de ilegales durante año y medio, la reforma Corbacho solamente la amplía de 40 a 60 días… En junio de 2008, durante las discusiones para una política comunitaria común, cuando la crisis hacía un año que se había enseñoreado de los mercados internacionales y empezaba a sacudir al mercado de trabajo español con dureza, Diego López Garrido, Secretario de Estado para la Unión Europea, bloqueó la intención franco-alemana de prohibir en el ámbito de la Unión Europea las “regularizaciones masivas”, afirmando con una seriedad pasmosa que España necesitaría mano de obra cuando pasara la crisis y que no podían atarse las manos… lo que implicaba decir que, el gobierno no había extraído consecuencias del fracaso brutal de la regularización de 2005, aquella que tenía como objetivo acabar con todos los ilegales y con el “trabajo negro” y no tendría el más mínimo inconveniente en repetir aquel desastre. Esta incapacidad para prever la realidad futura, esa permanente confusión entre una percepción fantasiosa e irreal del futuro y la triste y miserable realidad que tenemos ante la vista, ha sido una constante del zapaterismo, casi criminal y, desde luego, suicida.

Todos los analistas reconocen que en períodos de crisis las zonas más deprimidas tienden a generar flujos de inmigración más intensos que en períodos de bonanza económica. Y, poco importa que el país receptor de estos flujos se encuentre también en crisis: el inmigrante no es un economista, le basta con saber que aquí en Europa hay seguridad y asistencia social, servicios gratuitos y una salario mínimo de inserción que traducido a su moneda local es, simplemente, espectacular: y todo ello por estar. Así pues, se trata solamente de alcanzar lo que, desde el Tercer Mundo, se percibe como la sociedad de la opulencia. Luego, una vez aquí, ya se verá… Tal es la mentalidad con la que está llegando la inmigración y eso explica porqué incluso en tiempos de crisis sigue llegando a inmigración a Europa. No es, desde luego, como se decía en tiempos de “vacas gordas” porque en los países pobres están pendientes de nuestro desarrollo económico y vienen a donde perciben que hay trabajo; por esta misma lógica, la inmigración debería conocer que la crisis económica es particularmente dura en España y en EEUU, los países que en la actualidad tienen una mayor tasa de recepción de inmigrantes y, por tanto, si llegaran con intención de trabajar se orientarían hacia otros países. El problema es que, en realidad, viene para disfrutar de nuestro sistema asistencial. Hace treinta años, en el curso de una entrevista, un joven tunecino preso por tráfico de cocaína en París nos comentaba: “Se vive mejor en La Santé –la prisión de París- que en mi país en la calle”. Se hubiera podido decir más alto pero no más claro”.

El anteproyecto del reglamento fue adelantado –como no podía ser de otra manera- por El País. Como todo lo que ha ocurrido bajo el zapaterismo se trata de un conjunto de medidas inconexas elaboradas de cara a la galería más para respondes a las exigencias reales de un país abrumado por la crisis. La reagrupación familiar sufría algunas limitaciones… lo que, en principio sería normal, queda desdibujado por el articulado: la reforma equipara las parejas de hecho al cónyuge a efectos de reagrupación, lo que, en la práctica implica que cada inmigrante legal podrá traer a otro acogiéndose a la reagrupación y sea o no su cónyuge.  Para colmo, el cónyuge y los hijos mayores de 16 años llegarán ya con permiso de trabajo automático… justo en esta época en la que el primer problema del país es que, precisamente, falta trabajo. ¿Sería posible redactar una ley más de espaldas a la realidad? Sí, vean sino el resto de puntos “reformados” de la Ley de Extranjería.

Han hecho falta diez años para que el gobierno español advirtiera que entre un 5 y un 20% de los matrimonios celebrados en España en los que una de las dos partes es inmigrante son fraudulentos y no tienen otra finalidad más que regularizar la situación de un ilegal. Le ha hecho falta al zapaterismo cinco años de ejercicio para actuar contra las contrataciones de ilegales. Hay que esperar a la aplicación de esta ley para que todo esto se resuelva con multas de 100.000 euros para penar las contrataciones de ilegales y los matrimonios simulados… que irán a parar a empresas o sujetos declarados insolventes de partida. 

Dado que el 80% de los inmigrantes entrar ilegalmente, hay que… reconocerles los derechos, en lugar de repatriarlos; tal es el espíritu del reglamento. Por primera vez en la historia de España la vulneración de una ley implica el reconocimiento de un derecho. Como si ser detenido en un control de carreteras con dos copas de más, hiciera acreedor al conductor de ser obsequiado con una degustación de Cava o de Rioja… Los derechos propuestos en la futura reforma serán: derecho de asistencia jurídica, derecho de entrada de las ONGs a los centros de internamiento, derecho de educación a los menores de 18 años, derechos de asociación, sindicación, huelga, reunión y manifestación… ¿Es este el camino para resolver el problema más grave de nuestra sociedad? Si las situaciones de ilegalidad y las vulneraciones de la ley tuvieran como contrapartida la concesión de derechos ¿en que se basaría el respeto a la ley?

Las costuras de nuestra sociedad no van a soportar la doble tenaza formada por una situación económica cada vez más angustiosa y, sin esperanzas de que pueda invertirse la tendencia a medio plazo, y una presencia cada vez más masiva de inmigrantes que contribuyen a agravar la crisis: el peso muerto de la estancia de 2/3 partes de los inmigrantes residentes en España, lo estamos pagando todos los ciudadanos.

En situación de bonanza económica, se podía perder el tiempo discutiendo sobre mitos que nunca han funcionado en Europa: “integración”, “multiculturalidad”, “mestizaje”, “sociedad pluriétnica”… conceptos que allí donde se han aplicado, en modelos de democracia, han fracasado rotundamente. Pero los períodos de bonanza económica tienen eso: que es el tiempo de los diletantes y se puede discutir interminablemente sobre el sexo de los ángeles. Ese tiempo ha concluido: la brutalidad de la crisis ha desplazado el tiempo del bizantinismo y de los experimentos multiculturales “avanzados”. Estamos en un período de apretarse el cinturón y reducir el gasto público. Nuestra sociedad no va a poder soportar por mucho tiempo el peso de más de 4.000.000 de inmigrantes que no constante como afiliados a la seguridad social, es decir, que no trabajan, ni cotizan, pero si consumen beneficios y ayudas sociales ¡4.000.000!

Para colmo, Toxo, el nuevo secretario general de CCOO estrenó cargo con una sorprendente declaración en la que lamentaba que el gobierno “acotara las reagrupaciones familiares de los extranjeros”, añadió que “no se puede tolerar la injusticia que el Gobierno ha cometido”… La “injusticia” consistía en abrir un poco más las puertas a la inmigración, facilitar y estimular la entrada de mas inmigrantes en España, cuando la crisis económica y nuestras tasas de paro la habían ralentizado en relación a 2007 y 2008. Los puntos esenciales del reglamento que suponían una reforma de la Ley de Extranjería eran:

-    Hoy, los padres y abuelos pueden reagruparse con sus familiares residentes en España. La reforma prevé que esta posibilidad quede restringida a los que llevan 5 años en España y tengan autorización permanente.

-    La reagrupación solamente será aplicable en caso de familiares en línea ascendente (hijos), pero no padres ni abuelos. En contrapartida se concederá a los reagrupados la carta de trabajo. Los mayores de 65 años podrán ser reagrupados con sus familiares.

-    El tiempo de internamiento de ilegales se aumenta de 40 a 60 días… pero dista mucho de los 18 meses que prevé la directiva europea recientemente aprobada.

-    Se reconocen los derechos constitucionales a los inmigrantes ilegales que incluso llega a poder asociarse, reunirse y sindicarse, además, por supuesto, de gozar de todos los beneficios sociales como ya gozan hoy.

-    El gobierno “fomentará” –pero no “obligará”–  el aprendizaje del castellano y de las lenguas autonómicas, punto que hay que interpretar asumiendo que el gobierno destinará ingentes cantidades de fondos a esta materia (que irán a parar a los “amigos” del gobierno) y que la medida no servirá absolutamente para nada.

En el curso de la elaboración del reglamento y a la vista de que se había generado una nueva bolsa de inmigrantes ilegales que oscilaba en 2010 entre 800.000 y 1.000.000, es decir, que existía un desfase creciente entre los ilegales que iban llegando y la “regularización por arraigo” que al cabo de tres años de residir vulnerando la Ley de Extranjería los transformaba automáticamente en legales, fue preciso introducir en el articulado un nuevo elemento: la reducción de tres a dos años de ilegalidad para recibir el permiso de residencia y, especialmente, de trabajo… mucho celo en que la inmigración reciba este documento en un momento en el que el mercado laboral está literalmente pulverizado.

El Real Decreto 557/2011 aprobó el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, tras su reforma por Ley Orgánica 2/2009. El zapaterismo no se resignaba a desaparecer por el basurero de la historia sin dar un penúltimo paso para generar una sociedad multiétnica y multicultural, fiel a su proyecto dogmático inspirado en el humanismo-universalismo expandido por la ONU y la UNESCO.

m. Bandas latinas.-  El año 1997, los titulares de la prensa española, de tanto en tanto, registraban las noticias sobre la eclosión de las bandas latinas en Nueva York, pero estaban muy lejos de imaginar que la recién llegada inmigración ecuatoriana se iba a convertir en el foco difusor en nuestro país del mismo fenómeno. Repasando aquellas noticias algunos advertimos por primera vez nombres y siglas que apenas seis años después se iban a popularizar en nuestro país: los Latin Kings, La Familia, los Bloods, los Salvatruchas, etc.

En 2002 se empezó a detectar la presencia de “bandas latinas” (en realidad bandas étnicas compuestas por jóvenes inmigrantes originarios de países andinos y caribeños) en España. Hasta ese momento, la violencia juvenil que había llegado con la inmigración ilegal, masiva y descontrolada, era una violencia aislada que procedía de grupos de delincuentes sin vínculos orgánicos. Ni el fenómeno se había previsto, ni se tomaron medidas ni nadie tenía la más mínima intención de reconocer la gravedad a la detección de los primeros núcleos organizados. Hay que recordar que en julio de 2002, Aznar no solamente negaba que hubiera aumentado la inseguridad ciudadana, sino que atribuía esa sensación muy extendida en la sociedad, a una percepción errónea de la inmigración. Ciertamente, al iniciarse el otoño de ese año, Aznar había rectificado y establecido medidas para contener el aumento de la delincuencia que ese verano se hizo demasiado evidente como para poder negarlo, pero ni desde la presidencia, ni siquiera desde el ministerio del interior, se había aludido hasta entonces a las “bandas latinas”. De hecho, no se aludió a ellas en medios oficiales hasta un año después, cuando a principios de 2004, ya estaban extendidas por toda la geografía nacional y, desde luego, en todos los puntos en donde existían comunidades iberoamericanas fuertemente asentadas.

Antes de 2003, las autoridades policiales y, particularmente, los grupos antiatracos, ya percibían el cambio que se estaba operando en la delincuencia organizada. Uno de sus mandos precisó: “Proliferan las bandas de origen suramericano, especialmente chilenos -como la desarticulada en el marco de Operación Sahara, desarrollada en el mes de junio, en la que fueron detenidos cuatro individuos acusados de seis atracos- y colombianos -como la que cayó el pasado mes de julio en la calle de Rafael Finat del distrito de Latina- que vienen con documentación cubana para evitar ser extraditados”. Así mismo, los responsables policiales estaban sorprendidos por la premeditación y frialdad con la que suelen actuar las bandas suramericanas: tras seleccionar y estudiar el objetivo, distribuyen las funciones de los integrantes del grupo. Pero, de entre todos los grupos de delincuentes, los colombianos llamaban poderosamente la atención.

Hasta mayo de 2003, la opinión pública tenía la sensación de que, de toda la delincuencia iberoamericana que actuaba en España, la colombiana era la única peligrosa. En 2001 había aumentado ya alarmante e inexplicablemente el número de homicidios en Madrid. Hasta el mes de junio de ese año se había registrado, solamente en la región de Madrid, 33 homicidios, frente a 26 en el mismo período del año 2000 0 18 en 1999. El problema había ido aumentando un 25% cada año. Casi siempre, los titulares que daban cuenta de estos sucesos hablaban de “ajustes de cuentas”. Leyendo la letra pequeña de los artículos se podía saber que estos “ajustes de cuentas”, habitualmente entre ciudadanos de origen colombiano se debía, casi exclusivamente, al tráfico de cocaína. Desde finales de la década de los 90, la Guardia Civil había puesto contra las cuerdas a los narcotraficantes gallegos, cuyas estructuras habían saltado por los aires. En ese mismo tiempo, los carteles colombianos empezaron a desconfiar de los gallegos, especialmente por razones económicas: sus beneficios eran exorbitados, así que los colombianos decidieron asumir la totalidad del negocio, ellos mismos traerían la cocaína a España y ellos mismos se encargarían de su distribución. Así lo hicieron y así empezaron a ajustar cuentas con aquellos peones que, por unos u otros motivos, defraudaron a los carteles colombianos. Por lo demás, hay que decir que el grueso de la comunidad colombiana no era particularmente conflictiva, habían venido a trabajar honradamente a España y eso era lo que estaban haciendo. Una ínfima minoría, había criminalizado a toda una comunidad… eran los riesgos de no practicar una política selectiva de inmigración, tanto a la salida de Colombia como a la entrada en España.

Así pues, en mayo de 2003, la delincuencia “hispana” se identificaba con los narcos colombianas que operaban en nuestro país. Pero las bandas latinas, en ese momento ya se estaban organizando y extendiendo especialmente por la Comunidad de Madrid. Históricamente, el primer incidente en el que salen a relucir “bandas latinas” tiene lugar el 27 de febrero de 2002, en el instituto de la calle Maqueda en Aluche en donde dos grupos de estudiantes se enfrentaron en una riña multitudinaria. A un lado ecuatorianos y colombianos, al otro madrileños. Los incidentes habían comenzado días antes cuando los ecuatorianos y colombianos amenazaron a un estudiante madrileño, lo agredieron luego al salir de clase. La víctima presentó denuncia en comisaría.

Como es habitual, las autoridades, en este caso la Consejería de Educación, negaron la importancia a los incidentes alegando que los episodios de violencia no son habituales en este instituto… Pero los padres de los alumnos españoles opinaban otra cosa: las peleas entre estas dos bandas venían de lejos. Vecinos del barrio añadieron incluso que la mayoría de ecuatorianos y colombianos que participaron en los incidentes no eran estudiantes del centro. Llovía sobre mojado, en cualquier caso, por que existían seis denuncias policiales contra estos grupos. Y uno de los estudiantes que no participó en la pelea describió la pelea como una riña « entre suramericanos y españoles, pero nada fuera de lo normal». En 2002 “nada fuera de lo normal”. Por su parte, la policía también desmintió a la consejería de educación, afirmando mediante un portavoz que en numerosas ocasiones debieron intervenir en el centro para evitar peleas entre chicos: «Son riñas entre estudiantes de distinta nacionalidad que afortunadamente no llegan a ser graves y que suelen sucederse, casi siempre, a la salida del instituto», añaden. «En muchas de las intervenciones nos avisan los propios profesores que han oído como los chicos se citaban para pegarse», agregó. Así pues, en 2002, las autoridades autonómicas madrileñas practicaban la habitual política del avestruz: negar la evidencia creyendo que hacerlo así evitaría que el conflicto saliera a la superficie.

Hacia mediados del 2006, un sector de los Latin Kings parecía dar síntomas de “debilidad”. Muchos de ellos habían resultado detenidos, buena parte de sus círculos estaban desarticulados y, precisamente porque habían crecido extraordinariamente, dentro de estos grupos no todos veían las cosas de la misma manera, ni estaban dispuestos a sacrificar lo mismo. Por otra parte, algunas esferas autonómicas, especialmente en Catalunya, sostenían la necesidad de hacer algo parecido a lo que se había hecho en EEUU en los tiempos de Giuliani: romper a las bandas latinas, ofreciendo a los sectores más “sensibles” la legalización a cambio de la inmunidad por los delitos cometidos hasta entonces. Esto supondría una merma en sus efectivos. Por otra parte, una de las condiciones –no confesadas, por supuesto- para entrar en la legalidad era informar a la seguridad del Estado de quienes estaban cometiendo los crímenes que a partir de ese momento se produjeran.

Esta estrategia se puso en marcha en Catalunya impulsada por el ayuntamiento de Barcelona a principios de marzo de 2005. El gobierno municipal de la Ciudad Condal permitió la reunión “semiclandestina” de 200 delegados de los Latin King de toda España para valorar las posibilidades de legalización, y por tanto, de alejamiento de cualquier actividad delictiva. El impulso venía del ayuntamiento de Barcelona que exigía para reconocerlos legalmente cuatro puntos: insertarse en la sociedad española, abandonar la violencia, dejar la clandestinidad y reconciliarse con las bandas rivales, especialmente los ñetas, con los que existía un proceso paralelo de regularización.

Aquello provocó solamente algunas retiradas de dirigentes del grupo en busca de subvención, pero la mayoría no les siguió e incluso recientemente, en el momento de escribir estas líneas se han recrudecido las actividades delictivas del grupo.

En marzo de 2006, según fuentes policiales, solamente estaban en activo cuatro “capítulos” de los Latin Kings en Madrid que agrupaban a unos cincuenta activistas.  Desde el mes de septiembre de 2004 la policía había identificado solamente en Madrid a 400 miembros de la banda, muchos de los cuales ya estaban en prisión o procesados. El informe era altamente optimista porque indicaría que las bandas estaban prácticamente desarticuladas. Se añadía que los máximos dirigentes de la banda en España habían sido detenidos. Y así era, en efecto: Eric Javier Velastegui Jara, el jefe máximo de la banda, estaba a punto de ser juzgado por la Audiencia Provincial de Madrid, tras ser acusado de un delito de robo, otro de detención ilegal y otro más por agresión sexual por hechos ocurridos en mayo del 2003, justo cuando las bandas latinas salieron a la superficie. Pero el informe policial callaba algunas cosas.

Los cuatro capítulos de la banda implantados en la región (dos capítulos en Carabanchel -Capítulos Viracocha y Azteca-, otro en Galapagar -el Capítulo Chicago-, y otro en Villalba -el Capítulo Wolverine-, además del capítulo femenino –Amazonas- sin ubicación geográfica concreta) seguían gozando de buena salud y, tras la crisis de crecimiento inicial que se produjo entre 2003 y 2004, a pesar de las detenciones y de algunos abandonos, especialmente de miembros que todavía no estaban regularizados, seguían manteniéndose frescos como rosas (y como sus espinos).

Además, se estaba produciendo un fenómeno todavía más peliagudo. Dado el aumento sin precedentes de la inmigración andina en España (y que no tiene comparación con el seguido en ninguna parte del mundo, ni siquiera en EEUU, en donde han llegado contingentes sólo ligeramente superiores para una población seis veces mayor…), las bandas latinas habían crecido extraordinariamente, incluso antes de que sus líderes pudieran estructurarlas de tal forma que no perdieran el control sobre ellas. Además, al haberse generado una presión policial efectiva, habían aparecido, un poco por todas partes, individuos con la “estética” propia de las bandas latinas pero que, sin embargo, no estaban adscritos a la dependencia de ninguna. Simplemente, actuaban por su cuenta, sin ningún tipo de control.

Esto era lo que permitía al ayuntamiento de Alcorcón afirmar con una seriedad pasmosa en enero de 2007 que “no existían bandas latinas en la ciudad”… efectivamente, ni existían Latin Kings, ni Ñetas, ni Salvatruchas, etc, sino que existían delincuentes desorganizados, provistos de la misma estética y, lo que era peor, que se limitaban a copiar las prácticas de estos grupos. Por que lo cierto era que en Alcorcón no existirían bandas latinas organizadas, tal como decía el ayuntamiento local, pero no era menos cierto que cientos de latinos cobraban peajes para utilizar parques públicos e imponían su ley en las canchas de baloncesto. No es que existieran solamente tres bandas organizadas, sino que además de ellas existían decenas de grupos locales y, lo que era peor, una tendencia a actuar localmente como lo estaban haciendo las bandas organizadas en otras zonas.

El movimiento de las bandas latinas se había atomizado y solamente en 2010 volvió a estar reconstruido sobre bases nuevas. Al carecer los grupos organizados de fuerza suficiente para arrastrar e incorporar a los grupos locales, éstos, simplemente, actuaban independientemente sin recibir instrucciones ni atenerse a ninguna disciplina. Así mismo, habían desechado los rituales, la mística y la dinámica interna de las bandas organizadas, pare quedarse solamente con el estilo exterior (la vestimenta) y las formas delictivas (robos, coacciones, pago de “peajes”, etc.).

En este contexto, la legalización de las bandas latinas era un recurso táctico, como lo era la presión policial, pero no iba a ser la solución a los problemas. Los incidentes de Alcorcón en enero de 2007, lo demostraron ampliamente. Por otra parte ¿es moral la “legalización” de grupos de delincuentes, justo para que dejen de serlo? No está claro. En el fondo, la legalización no consistía en otra cosa que en “comprar” a los dirigentes más proclives a ser “comprados”, ofrecerles el señuelo de subvenciones y prebendas para desmovilizarlos. Esto tenía una parte buena (amputar del movimiento a algunos sectores, los más oportunistas, sin duda), pero tenía una parte negativa: la “compra” era demasiado evidente… así que para desmovilizarlos a todos, había que “comprarlos” a todos. Y, a la vista de que el número de andinos residentes en España iba creciendo constantemente, utilizar esta estrategia resultaba imposible a corto plazo. Además, había que reconocer que un Latin King legalizado es como una hiena que ha renunciado a sus colmillos. Lo esencial de las bandas latinas es el proceso mediante el cual se integra a sus miembros: para entrar en la banda es preciso realizar algún acto delictivo que demuestre la lealtad y el compromiso del neófito a la banda. Así pues, por definición y por iniciación, todo Latin King es un delincuente por el mero hecho de serlo.

Esto no impidió que el 31 de julio de 2006, el tripartito catalán, a través de su departamento de justicia inscribía a la “Organización Cultural de Reyes y Reinas latinos de Cataluña” con el número 32929/1. Las instituciones catalanas consideraron el acto de la inscripción como el primer paso para lograr la integración y asimilación de los adolescentes latinos. La asociación se había constituido con fecha 7 de mayo con “objetivos sociales”: el fomento de las relaciones interculturales, la promoción de la educación en valores de defensa de los derechos humanos y de los derechos de los ciudadanos, y el favorecimiento de la participación de los jóvenes de cualquier nacionalidad en actividades de formación profesional y cultural, social y deportiva. Era la coronación a los esfuerzos iniciado en noviembre de 2004 por el Ayuntamiento de Barcelona. La nota periodística que daba cuenta de la legalización añadía la clave del asunto: “Una vez comiencen a desarrollar sus actividades sociales, la asociación podría beneficiarse de subvenciones públicas si reúne los requisitos para ello”. La legalización fue saludada con cierta euforia por las autoridades (aunque no estaba muy claro si la euforia se debía al hecho en sí o a que ese mismo día empezaban las vacaciones estivales). Harina de otro costal fue la reacción de los Mossos d'Esquadra que se limitaron a reaccionar con «prudencia» advirtiendo que pese a este paso por la legalización de las bandas latinas, seguirá existiendo un grupo dentro del cuerpo de la Policía autonómica que estudie el comportamiento y haga el seguimiento de este colectivo.

Realizada la experiencia en Catalunya quedaba ahora extrapolarla al resto de España. Y aquí aparecía otro problema, porque en realidad la inmigración latina en Catalunya era minoritaria en relación a otros grupos desde que en los años noventa, el gobierno de Jordi Pujol decidió priorizar la inmigración magrebí a la latina por motivos lingüísticos (los latinos hablaban castellano y no se esforzarían en aprender al catalán, mientras que los magrebíes si podían asumir ese esfuerzo para comunicarse con los catalanes…). La clave de la cuestión no se encontraba en Barcelona, sino en Madrid en donde en marzo de 2006 ya se habían identificado a más de 1.200 jóvenes vinculados a estos grupos. Además, en Madrid, la presión policial se había demostrado extraordinariamente eficaz

Además de los cuatro capítulo de los Latin Kings (con 150-170 activistas cada uno), en Madrid operaban dos grupos de Ñetas, además de los Dominican Don't Play, los Forty Two y los Trinitarios. Hasta ese momento, los más golpeados por la policía habían sido los Latin Kings,cuyo máximo dirigente en la Comunidad de Madrid, King Wolverine (Rey Lobezno), había sido detenido disminuyendo la actividad delictiva de la banda. A pesar de que daba la sensación de que estaba disminuyendo la actividad de los Latin Kings, lo cierto es que, globalmente, seguían produciéndose extorsiones a la población y amenazas a quienes querían abandonar la banda. Lo más llamativo era que desde enero de 2006 no se habían vuelto a producir choques entre distints bandas latinas, tan habituales hasta entonces. Esto era considerado como un síntoma de vuelta a la normalidad, cuando apenas indicaba otra cosa que una distribución de zonas de influencia pactada. Cuando se preguntaba en Madrid a los responsables policiales encargados del seguimiento de las bandas latinas, qué les parecía la legalización de los Latin Kings en Catalunya, ninguno quería valorarlas desde el punto de vista policial, alegando que se trataba de cuestiones “políticas”.

El 29 de mayo de 2007, la Generalitat del segundo tripartito, siguiendo con su política de legalización, dio la luz verde a la asociación de Ñetas con el número 34144/1 con el nombre de “Asociación Sociocultural, Deportiva y Musical de Ñetas”. Tiene gracia que también aquí, los medios, comentando la noticia y reproduciendo las declaraciones de la autoridades de la Generalitat, volvieran a destacar especialmente, lo que ya habían destacado al legalizarse los Latin Kings: “Una vez comiencen a desarrollar sus actividades sociales, la asociación podría beneficiarse de subvenciones públicas si reúne los requisitos necesarios”...

¿Cuál es el problema? En realidad, ninguno, siempre es bueno que, aunque sea por una vía subsidiada, el menor inmigrante se integre en la sociedad de acogida. Ahora bien ¿bastará un simple subsidio a una asociación cultural y a sus dirigentes para integrar a toda una comunidad? El ayuntamiento de Barcelona tomó como referencia la política de Rudolf Giuliani en Nueva York para vencer a las bandas latinas: la zanahoria por un lado (legalizar a los legalizables) y el palo por otra (presionar policialmente al resto). La primera táctica ha sido adoptada entusiasticamente por las autoridades políticas (y percibida con recelo por autoridades policiales) según el “modelo americano”… pero no era a América hacia donde había que haber mirado, sino a la vieja Europa, especialmente a Francia en donde esta política ya se había aplicado sobre lo que allí se llama las “bandas étnicas”, fracasando estrepitosamente. La “intifada” de noviembre de 2005 en Francia selló el fracaso absoluto de esta política. Cuando se subvenciona la integración, lo que se está haciendo es generar una red de intereses que aspira a vivir de la teta del Estado. Si hay que subsidiar la integración, es que ya no es integración, sino “compra”. Los inmigantes españoles en Francia y en Alemania no recibieron ni un franco ni un marco para integrarse en una sociedad en la que, por lo demás, cuando llegaron a esos países, ya estaban próximos. No hay mejor integración que la que se genera espontáneamente. Por eso somos altamente pesimistas ante las posibilidades de integración de quienes no aspiran a integrarse más que para disfrutar de subsidios.

El 23 de febrero de 2011 una sentencia condenaba a tres años y medio a Jara Velastegui (que se sumaban a otras condenas anteriores), José Fabricio Icaza Lazo, alias 'El Príncipe, y a dos años a la número tres de la banda, María Torres Olivers, La madrina o Queen Maverick, por un delito de asociación ilícita. Jara Velastegui, ecuatoriano, había llegado a España en 1999 para reunirse con su madre. Tras unos meses en España, regresó a su país, donde se reunió con King Jean, jefe de los Latin Kings en Ecuador, quien le autorizó a organizar la banda en España, cosa que hizo el 14 de febrero de 2000 en Galapagar. Velastegui está en la cárcel desde mayo de 2003 por varios delitos, el más grave una violación, y desde allí seguía dirigiendo la banda, llamada Sagrada Tribu América Spain (STAS, sección de los Latin King en el municipio de Collado-Villaba). La sentencia explicaba que los Latin constituyen una organización "directamente orientada" hacia la "violencia interna" sobre sus miembros para mantenerlos sometidos, y la "violencia externa" contra bandas enemigas, especialmente Los Ñetas. En 2007, la Policía y la Guardia Civil estimaban que los Latin Kings contaban con 615 integrantes en España.

El 14 de junio de 2011, nueve pandilleros de la banda, fueron detenidos en Barcelona, acusados de apuñalar, golpear y dejar seriamente herido a un joven de 20 años que quería abandonar la banda. El grupo, de entre 15 y 32 años, atacó a su víctima el pasado 23 de abril, cuando todos asistían a una fiesta en un domicilio. Y eso que en Barcelona cinco años antes habían “negociado” su transformación de una asociación cultural…

Nacidos durante el gobierno de Aznar, la historia de los Lating Kings como la de otras bandas andinas y caribeñas demuestra que solamente las políticas de fuerza pueden contenerlas. Ahora, en 2011 ya puede hablarse de los fracasos cosechados en la política de “integración” que se intentó llevar desde Cataluña. La actividad de todas las bandas latinas, después del período fundaciones, se ralentizó directamente cuando sus núcleos originarios fueron desarticulados (2005, año en el que cometieron, como mínimo, cinco asesinatos). En los tres años siguientes, las bandas se atomizaron y, siempre relacionados con la delincuencia, tardaron en reorganizarse. Cuando lo hicieron (hacia 2008) las fuerzas de seguridad del Estado ya estaban desbordadas por los distintos frentes abiertos por la delincuencia llegada de fuera. En el momento actual da la sensación de que la batalla se ha perdido.

n. El País de las Tres Culturas

A partir de 1992, empezó a popularizarse el slogan de “España, país de las tres culturas”, y por ellas se entendían no la cristiana, la greco-latina y la indoeuropea, sino la cristiana –lo cual es correcto- la islámica –lo cual ya es mucho más discutible- y la judía. Se presentaba, no a España, sino a Al-Andalus, es decir, a la idea que los islamistas se hacen de nuestro país, como un lugar de tolerancia, convivencia e idilio intercultural. Es posible que el slogan surgiera de malos lectores de Américo Castro y de peores políticos a la búsqueda de una idea “progresista” que vender a falta de algo mejor. El caso es que, aquellas aguas trajeron estos lodos y del mito de la “España, país de las tres culturas”, surgió la nefanda y pervertida idea del “diálogo de civilizaciones” (como si las civilizaciones dialogaran y no fueran los civilizados a quienes cupiera tal honor y habilidad).

Jamás hubo un “país con tres culturas”; mejor dicho, hubo varios, la cuestión es que, lejos de convivir armoniosamente, cada cultura maldijo a las demás. Y, si se nos apura, algunas culturas despreciaron más a otras. No se puede decir que la cultura islámica haya sido particularmente tolerante, ni fértil –salvo honrosas excepciones- en los ocho siglos de presencia en nuestro solar. Y, en cuanto a la judía, si es cierto que demasiado frecuentemente, a partir del siglo XIII, fue más yunque que martillo, pero cabría añadir que en las estrofas del Talmud no se encuentran precisamente llamamientos a la tolerancia, sino justamente al desprecio más absoluto del “goim”, esto es, del no judío.

Nuestro país ha sufrido un proceso de falsificación histórica que se inicia en el último tramo de los años setenta, cuando cualquier localista podía retorcer la historia en beneficio propio, sin que nadie opusiera el más mínimo reparo, so pena de ser tildado de franquista y ridiculizado como “fundamentalista visigodo”. La falsificación flagrante que el nacionalismo periférico hizo de nuestra historia, abrió las puertas a cualquier otra falsificación ulterior, desde el lanzamiento del mito de las “tres culturas”, hasta el movimiento por la recuperación de la “memoría histórica”, es decir, de una memoria hemipléjica. Porque aquí, pecados, lo que se dice pecados, los cometieron las dos partes y no es el caso ahora, elucidar cual de las dos fue más culpable.

Un eminente arabista e hispanista, R.I.Burns, escribe en su obra Los mudéjares de Valencia: “a pesar de la asimilación recíproca y pacífica convivencia de cristianos y musulmanes, una aversión profunda dividía a ambos pueblos. Este sentimiento fue, no solo más allá de las actitudes convencionales o expresiones de desprecio mutuo, sino incluso más allá de la hostilidad que se podía esperar que provocarían las diferencias religiosas: refleja un antagonismo básico de culturas en una posición clásica de conflicto. Tal antagonismo tomó, finalmente, forma violenta en las revueltas y asaltos a las aljamas mudéjares que afectaron a todo el Reino de Valencia hacia el 1275 (…) Para comprender este fenómeno no resultan muy útiles los conceptos modernos de tolerancia/intolerancia o de raza o patriotismo nacionalista frente a la amenaza de revuelta”.

El bachillerato del franquismo nos lo ocultó, quizás por aquello de “nuestra tradicional amistad con los árabes”, pero el caso fue que en el 729, dieciocho años después de que Tarik y Muza cruzaran el estrecho y se desplomara el Reino Visigodo de Toledo, tuvo lugar un episodio repugnante que no contribuye en mucho a afianzar la idea de la convivencia entre dos de lastres culturas de la España medieval. Ese año, en una sola noche, fue exterminada toda la nobleza hispano-visigoda de Toledo, a traición y por la espalda. Amrus bin Yusuf, gobernador de Talavera, recibió la orden de liquidar a la nobleza toledana sobre la que recaía la sospecha de que antes o después terminaría sublevándose. El episodio es relatado con minuciosidad por Evariste Leví-Provençal. Con esa duplicidad de intenciones que ha “topificado” al islamismo, bin Yusuf llegó a Toledo aparentando buenas y loables intenciones. Reunió a los nobles y les propuso que residieran en el interior de un castillo que él mismo construiría en el noroeste de la ciudad. Cuando concluyó la construcción, Abderramán pasa cerca de Toledo y bin Yusuf y los notables salen a su encuentro y le invitan a visitar la ciudad. Abderramán acepta y Yusuf invita a la nobleza toledana al convite. Uno a uno, a medida que van penetrando en el recinto, son llevados por el estrecho pasadizo que bordea el foso de donde se ha extraído la tierra para construir las murallas. Ahí, uno a uno, son degollados. Displicentemente, los esbirros de Yusuf los dejan caer al foso muertos o agonizantes en lo que se convertirá en una fosa común. Los islamistas de Hispania acababan de inventar la “limpieza étnica”.

Pues bien, desde la “noche de las fosas” hasta la guerra de las Alpujarras en el siglo XVI, pasando por la represión de Hixen II contra los cristianos o las reiteradas técnicas de “limpieza étnica” de los “djuns” (milicias armadas de la aristocracia árabe) en el tiempo de Abdelramán III (siglo X), puestos en la balanza los pros y los contras del mito del “país de las tres culturas”, parecen dar la razón a los “negacionistas” por mucho que les pese a los Antonio Gala del Manuscrito Carmesí (Al-Andalus, el paraíso perdido) o a los Ropp y Calamar autores en comandita de La España árabe, legado de un paraíso.

Todas estas obras son altamente tributarias del libro de Américo Castro “La Realidad Histórica de España”. Por que Américo Castro se equivoca cuando dice: “las tres religiones, ya españolas, conviven pacífica y humanamente”. O bien: “es imposible separar lo español y lo sefardí” o “Tan españoles son los unos como los otros todavía en aquella época”, citas extraídas de La Realidad Histórica de España. Para comprender por que Américo alude a “los españoles” en el siglo XIV hay que leer otra de sus obras, Sobre el nombre y el quien de los españoles, no carente de aspectos interesantes, pero erróneo en este aspecto que nos ocupa ahora. De todas formas, no es solamente Américo Castro quien se equivoca sino también Toynbee el cual niega connotaciones racistas al Islam. Y las tiene. Vaya que si las tiene.

A quien diga que siempre subsistieron importantes comunidades mozárabes en Toledo, Mérida, Córdoba o Sevilla, también es rigurosamente cierto que en el siglo XII, los cristianos de Málaga y Granada fueron deportados en masa a Marruecos y expoliados de todos sus bienes. Y sin olvidar que entre el 850 y el 859, los cristianos cordobeses sufrieron una dura persecución (con la decapitación de San Eulogio). En toda Al-Andalus los cristianos fueron objeto continuado de condena moral. Dice el sevillano Ibn ‘Abdun: “Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y somitas”. Y acto seguido pide que se circuncide a los nacidos cristianos. En la Granada nazarí se martirizaron a franciscanos durante en 1397 durante el reinado de Enrique III, que habían ido a predicar la fe cristiana en aquella zona.

Es habitual entre los notables musulmanes alterar sus genealogías para mostrarse como descendientes del Profeta o bien, simplemente, para promocionarse socialmente. Esto sin olvidar las dificultades puestas los las autoridades islámicas a las uniones entre islamistas y no islamistas. De hecho se recuerda a la secta “ajnasí”, como una rareza, precisamente porque autorizaba tales matrimonios. Hay jurisconsultos islámicos que llegan a negar el derecho a permanecer en territorios no musulmanes, dado el riesgo que corren de contraer matrimonios mixtos. La práctica coránica establece el concepto de kafa’a, según el cual el matrimonio aconsejable es aquel en el que existe igualdad social entre ambos cónyuges. Y precisamente por eso, una cónyuge musulmana, jamás puede ser “igual” a un esposo que no lo sea. Ahora bien… un varón musulmán si puede casarse con una mujer que no lo sea, dado que, como recuerda Fanjul, “por ser su condición masculina garantía de una superioridad que no permitirá, por ejemplo, que los hijos adopten otra fe distinta de la islámica”. Al racismo se une el machismo.

Pero el racismo islámico se observa especialmente en relación a las etnias negras africanas. Ciertamente, el esclavismo de los siglos XVIII y XIX, no figura entre los capítulos más luminosos de la historia de Europa, pero, puestos a revisar la historia, habría que añadir que estos esclavos eran capturados por traficantes árabes que habían conquistado territorios en África Central. El hecho de que los negros sean considerados como situados en el escalón más bajo de la escala social y, por tanto, la unión de una musulmana con un negro repugne a la conciencia islámica, se evidencia en el episodio de Las Mil y Una Noches, en la que un “negro bueno” es recompensado al final de su vida ¡volviéndose blanco en el momento de la muerte!, o la historia de los reyes Sahzaman y su hermano Sahriyar en la que sus esposas fornican con negros.

Ciertamente hay alguna obra clásica musulmana en la que se defiende a los negros. Por ejemplo en Elogio de los negros frente a los blancos de al-Yahiz, cuyo título, precisamente, evidencia ciertas connotaciones racistas. Es, de todas formas, una excepción. Lo más habitual es considerar a los negros en los términos que hace al-Maydani en sus Proverbios Árabes, uno de los cuales dice: “Como el negro, cuando tiene hambre, roba, y si se sacia, fornica”. Y no encontraríamos la menor dificultad en multiplicar las citas en el mismo sentido intolerablemente racista. Así pues, con el Islam cabalga un racismo innegable y tozudo. Podemos pensar que ese racismo también cristalizó en los ocho siglos de presencia islámica en la Península Ibérica.

Hacia el 1500 apenas existían 25.000 moriscos en Castilla , casi todos concentrados en Trujillo, Plasencia de las Armas, Alcántara y Uclés, mientras que en Andalucía solamente quedaban 2.000 en Sevilla y Córdoba, aparte de los de las Alpujarras y Granada que en esa época apenas quedaban 40.508. Es decir, que en la España liberada de reinos musulmanes, apenas quedaban no más de 65.000 moriscos. Poco, realmente. Y no se sentían “españoles” contrariamente a lo que Américo Castro opina. Ni se sentían, ni lo eran, ni querían serlo, ni se comportaban como tales. Uno de ellos –el morisco Juan González- escribía en 1597: “la lei de los cristianos se podía decir de perros […] que era puto el que estaba en esta lei de Cristo […] Y que quisiera que lo llevara el diablo a su tierra [Argel] que havía de fazer quemar a todos los cristianos que allí uviese”. La política generosa de integración impulsada por los Reyes Católicos no cosechó el más mínimo resultado.

Y en cuanto a los judíos, no puede decirse que fueran muy numerosos en relación a la población residente en otros países europeos. Se cree que en el siglo XI no vivían en la Península más de 50.000 judíos y algunas fuentes hebreas dan cifras menores. Ahora bien, esta minoría era fuertemente racista y tampoco aquí encontramos nada que pueda evocar la “España de las tres culturas”. Quien no era de raza judía, de pura raza judía, no pertenecía al “pueblo elegido”. La sangre, tanto como la religión, eran extremadamente importantes en la visión hebrea de la vida. Serafín Fanjul, siempre atento a los pequeños detalles, recuerda que “en la literatura hispano-hebrea menudean las muestras de hostilidad hacia cristianos y judíos”. Cita también dicterios hispano-hebreos repletos de improperios hacia los musulmanes, que, en el fondo, no son sino la muestra de la mentalidad de la época, cualquier cosa menos “multicultural”.

En la época medieval, el fenómeno religioso era capital. Así pues, no hay que extrañarse de la hostilidad recíproca entre las distintas comunidades presentes en la Península Ibérica. Los cristianos reprochaban a los judíos el haber sido “el pueblo deicida”. Y a los musulmanes les reprochaban haber obstaculizado por todos los medios el culto cristiano en la zona dominada por ellos. Aunque las iglesias cristianas subsistieron en parte, tampoco se abrieron iglesias nuevas e incluso no faltaron casos en los que la autoridad islámica impidió que se procediera a restauraciones en las ya existentes. Durante ochocientos años, las campanas no pudieron sonar en la Península dominada por los musulmanes. Además, los musulmanes seguían una religión cuyo libro sagrado no era precisamente un dechado de tolerancia: “¡Creyentes! No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos”, se dice en el Corán 5:56. Y, para colmo, los musulmanes, como los judíos y los cristianos, se consideraban seguidores de la “única religión verdadera”, así que cualquier entendimiento era imposible por que, residiendo uno en la verdad, los otros dos, necesariamente, estaban instalados en la mentira. En cuanto a la animadversión de los cristianos hacia los judíos tenía un fundamento teológico. Los Padres de la Iglesia ya habían determinado que su condición deicida les había condenado a la sumisión eterna. En la España cristiana se les consideraba “propiedad del rey” y así queda determinado en el Fuero de Teruel (1176) “los judíos son siervos del rey y pertenecen al tesoro real”.

Es cierto que algunos condottieros cristianos se pusieron al servicio de los musulmanes, pero su gesto mercenario no mejoró su imagen ante los musulmanes. “Las memorias –escribe Fanjul- de ‘Abd Allah de Granada reflejan el descontento y odio suscitado contra quienes admiten ofertas de servicio bélico de los catalanes”. El tratado de Ibn ‘Abdum, escrito en el siglo XII, equipara a judíos y cristianos con leprosos, prescribiendo su aislamiento para evitar contagios y algunas prohibiciones derivadas: “Ningún judío debe sacrificar una res para un musulmán” o “no deben venderse ropas de leproso, de judío, de cristiano, ni tampoco de libertino”, o esta otra: “No deberá consentirse que ningún alcabalero, judío ni cristiano, lleve atuendo de persona honorable, ni de alfaquí, ni de hombre de bien” y, finalmente, esta: “Un musulmán no debe dar masaje a un judío ni a un cristiano, así como tampoco tirar sus basuras ni limpiar sus letrinas, porque el judío y el cristiano son más indicados para estas faenas, que son para gentes viles”. Ni aun cuando los musulmanes fueron derrotados y pasaron a ocupar un lugar subalterno en los reinos cristianos de la Península, varió este tabú: los judíos eran considerados inferiores y así debían seguir siéndolo por toda la eternidad. En las Capitulaciones de anta Fe entre Boabdil y los Reyes Católicos, se incluye una cláusula a este respecto: “Que no permitirán sus altezas que los judíos tengan facultad ni mando sobre los moros, ni sean recaudadores de ninguna renta”. Para es que, a finales del siglo XVIII, los musulmanes seguían sosteniendo que ni judíos ni cristianos podían entrar en la ciudad de Fez sino descalzos, como signo de humillación y en todo el norte de África estaba extendida la costumbre que ni judíos ni cristianos podían entrar en las ciudades en montura alguna para evitar que sus cabezas estuvieran sobre las de los musulmanes.

Resulta curioso que nuestros “progres” insistan en uno de los argumentos más peregrinos sobre su nebulosa idea del “país de las tres culturas”, pues no en vano, aluden con frecuencia al “Estado Español” para evitar referirse a España y a los españoles, mientras pugnan por imponer a los moriscos y mudéjares la nacionalidad española.

A decir verdad, da la sensación de que los Reyes Católicos conocían poco la mentalidad de los moriscos y se dejaron llevar en este tema, más por la generosidad que por la realidad. Ignoraban, por ejemplo, que la lengua árabe es considerada por los musulmanes como una lengua sagrada –no en vano, en ella se redactó el Corán y era la lengua del Profeta- así que pretender que utilizaran el castellano era pedirles que renunciaran, no solamente a una seña de identidad, sino también y mucho más, a un puntal de su fe.

Cuando se inicia la sublevación de las alpujarras, los rebeldes –gandules y monfíes- se tocan la cabeza con turbantes turcos y solamente toman las armas cuando han recibido garantías de apoyo turco. No eran unos insensatos desesperados por una opresión cultural y étnica de la que si alguien es inocente son los Reyes Católicos, sino los insurgentes que llaman en su auxilio a una potencia enemiga de Castilla y Aragón. No es que no se quisiera asimilar a los moriscos, es que estos se identificaban con el mundo islámico, y no solamente de manera religiosa o cultural, sino empuñando las armas contra los reinos cristianos o abriendo la puerta a sus enemigos. Ni eran ni se sentían “españoles” porque en todo momento, desde la Toma de Granada hasta la expulsión, los moriscos ni reivindicaron su “españolidad”, ni estaban dispuestos a salir de sus “guetos” que, a fin de cuentas, eran los garantes de su propia identidad. Cierto es que, aparte de la política integracionista de los Reyes Católicos, la mayor parte de la España cristiana no reconocía a los moriscos como de nuestra nacionalidad. Es rigurosamente cierto que los ocho siglos de Reconquista hicieron que el hecho religioso y el nacional estuvieran íntimamente unidos como en ningún otro lugar de Europa.

A partir del siglo XI –como demuestra Maravall en su obra El Concepto de España en la Edad Media-, los distintos reinos peninsulares se reconocían “españoles” y asumen la Reconquista como objetivo común. Pero ninguna taifa o califato musulmán asumía tal pertenencia. Ciertamente, también hasta el último musulmán peninsular se sentía partícipe de una comunidad supranacional y metapolítica, pero no era desde luego, España, sino el “dar Islam”, las tierras ganadas para el Islam que se extendían desde Oriente Medio hasta Al-Andalus. Al-Andalus jamás alcanzó unificación étnica, cultural y religiosa hasta los últimos siglos cuando se había reducido al Reino de Granada. Hasta entonces había predominado el elemento árabe, pero conviviendo con distintas minorías que, poco a poco, fueron exterminadas, deportadas, expulsadas, esclavizadas o fugadas. Particularmente fuertes fueron los encontronazos entre bereberes y árabes. La incapacidad musulmana para superar el estadio tribal y constituir naciones en el sentido moderno de la palabra, estuvo siempre presente y rompió el Califato de Damasco por las mismas razones que luego se rompería el de Córdoba y alumbrarías las inefables taifas.

En cuanto a la práctica de la “taqqiya” (ocultación de los verdaderos sentimientos, una práctica, que algunas autoridades islámicas autorizan; existieron “cripto-judíos”, como existieron “cripto-musulmanes”). Se habían hecho bautizar, pero mantenían sus prácticas religiosas originarias en secreto y boicoteaban como podían la práctica cristiana. Se sabe que muchos “cripto-musulmanes” evitaban ser enterrados en cementerios cristianos, o bien se sometían a un ritual de “limpieza” que borraba los beneficios aportados por el Bautismo. Se conocen casos en los que moriscos, presas de ataques de cólera. Entre la Toma de Granada y la expulsión definitiva de los moriscos se sucedieron casos de profanación de iglesias y de objetos litúrgicos, hubo ensañamientos con imágenes de Cristo y la Virgen y Cardaillac cita el desánimo y la desazón con la que estos “cripto-moriscos”, tomaron la noticia de la victoria de Lepanto. El deseo de revancha aparecido con la Toma de Granada se reavivó de nuevo.

En 1495, finalizó la exención de impuestos a la comunidad morisca de Granada y, en ese momento, muchos optaron por emigran o por las conversiones más o menos interesadas. A pesar de la gran estatura religiosa, moral y política de fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada, y del énfasis puesto por él en que fueran predicadores capaces de expresarse en árabe quienes asumieran la evangelización de su diócesis, lo cierto es que cuando los Reyes Católicos regresaron a Granada en 1499, encontraron la ciudad completamente islamizada, aunque dirigida por el pequeño núcleo cristiano. En cualquier momento podía producirse un riesgo de subversión y, efectivamente, en el 1500 el Albaicín se subleva. Talavera actuó de mediador entre las partes y, aun a pesar de que se habían producido algunos asesinatos de cristianos, extendió la oferta de perdón a los sublevados, a cambio de bautismo. La Reina Isabel debió jurar que no consentiría conversiones forzadas, pero la sublevación se extendió por las Alpujarras. Allí destacó la guerrilla de los “gandules”, jóvenes moriscos sublevados. El Rey Fernando se desplazó a Granada y ofreció de nuevo el perdón. Hubo lucha y, finalmente, conversiones como alternativa de supervivencia, que por convicción. En 1501 la sublevación se había extinguido y se ofreció a los rebeldes medios para que emigraran, porque ya en esa época las autoridades empezaban a valorar que, ante la imposibilidad de integración de las comunidades moriscas y ante lo poco convincente de sus bautismos, solo quedaba la alternativa de la expulsión.

A diferencia de algunos judíos conversos que adoptaron la nueva fe con un vigor desconocido incluso para los cristianos viejos –la famosa “fe del converso”- no ocurrió lo mismo entre los musulmanes. Muchos fueron los conversos que destacaron luego como defensores de la fe cristiana, sin dobleces e incluso con un punto de fanatismo, desde Torquemada a Santa Teresa. Hubo en el caso de los judíos un intento de integración aunque el fenómeno de los “cripto-judíos” se prolongara hasta bien entrado el siglo XVII. Los moriscos, en cambio, nunca quisieron ser considerados españoles. Su identidad era otra. Sus esfuerzos de integración fueron nulos. Su resquemor aumentó a medida que fue aumentando el tiempo transcurrido desde la toma de Granada. Se aliaron con los turcos, abrieron las puertas a los piratas argelinos y bereberes, se sublevaron finalmente, después de un período de continuas insurrecciones y conflictos. La expulsión se mostró pronto, como la única medida posible para atajar los problemas futuros que podían derivarse. Gracias a la expulsión subsiguiente a la guerra de las Alpujarras, la España que heredamos no tiene nada que ver con Bosnia o Kosovo. Los problemas de integración no son nuevos, son connaturales a las comunidades musulmanas.

Isaac Baer en su Historia de los judíos en la España cristiana escribe: “Las distintos comunidades eran entidades políticas separadas”. Así pues, cabría más bien hablar de la “España de las tres culturas… aisladas” que omitir la última palabra con el riesgo de pensar en una convivencia pacífica que no fue tal. Si existió convivencia fue por que cada comunidad vivía en un aislamiento total y hacía innecesaria tratar con miembros de las otras dos. Zapatero, pues, alimentó durante sus años de gobierno un mito. Mejor dicho, alimentan una mentira. El mito es una dramatización con fines educativos. La mentira es una forma de falsear los modelos. Así lo se ha hecho insistentemente a partir de los eventos del 92 y así se repitió una y otra vez en la España de ZP.

ñ. La Alianza de Civilizaciones

Una mentira mil veces repetida logra solamente engañar a los incautos y encabronar a los que se mantienen en guardia. Las mentiras y los errores fatuos sobre multiculturalismo, mestizaje, triplete cultural y demás, llevaron directamente al que fue el gran intento de Zapatero de alcanzar un renombre mundial: la Alianza de Civilizaciones.

El 14 de julio  2005, la agencia de comunicación de la ONU emitía la siguiente noticia: “El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, anunció hoy la “Alianza de Civilizaciones”, una iniciativa cuyo objetivo es promover el compromiso de la comunidad internacional de cerrar la brecha que divide a las sociedades islámicas y a las occidentales. El proyecto es una respuesta a la necesidad de involucrar a las sociedades –tanto a nivel institucional como civil- en el esfuerzo de tender puentes que permitan superar los prejuicios, las percepciones erróneas y la polarización que podrían amenazar la paz mundial. La Alianza tiene el propósito de evitar los problemas surgidos de concepciones hostiles que fomenten la violencia. Asimismo, intentará impulsar la cooperación para salvar estas divisiones. Los eventos de los últimos años han dejado clara la falta de entendimiento mutuo entre el mundo islámico y el occidental, y este clima ha sido explotado y exacerbado por los extremistas de todas las sociedades. La Alianza de Civilizaciones surge como una coalición contra dichas fuerzas y tiene por bandera el respeto mutuo por las creencias religiosas y las tradiciones en un mundo de interdependencia creciente en todos los terrenos, desde la salud hasta la seguridad”. Sólo en el penúltimo párrafo se mencionaba al eximio presidente del gobierno español: “La iniciativa –ideada originalmente por el presiente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero- es auspiciada por los gobierno de España y Turquía, que se han comprometido a aportar las contribuciones iniciales para establecer un fondo que financie los trabajos la Alianza”.

Lo que hasta ese momento había sido una iniciativa personal de Zapatero, a partir del 14 de julio de 2005, fue asumida por la ONU, a la vista de que respiraba el mismo aroma. Era natural que así ocurriera dado que el proyecto se había ideado sobre la base de la ideología de la ONU basada en expandir el entendimiento y la concordia internacionales para facilitar la marcha hacia el universalismo que viene proponiendo desde 1945.

Algo menos de un año antes, el 21 de septiembre de 2004, Zapatero había acudido ante la Asamblea General de NNUU. Su discurso iba a encontrar mucho más eco en el edificio neoyorquino que en su país en donde la Alianza de Civilizaciones ha sido objeto de frecuentes ironías y no ha despertado absolutamente ningún entusiasmo. El de aquella ocasión no fue un gran discurso, sin embargo dejó huella. Empezó recordando los atentados del 11-S que no era una forma de congraciarse con el público americano aun cuando no fuera precisamente el mejor aval para proponer el diálogo de civilizaciones. Realizó luego paralelismos con los atentados del 11-M y siguió con una frase hueca: “Resistiremos al terrorismo. Nuestra historia es nuestro aval. Seguiremos nuestro combate contra el terrorismo. Pero lo haremos siempre desde la legalidad nacional e internacional. Lo haremos desde el respeto a los Derechos Humanos y a las Naciones Unidas, y sólo así”. Se puso a continuación dramático (“El terrorismo es la locura y la muerte, y lamentablemente siempre habrá fanáticos dispuestos a asesinar para imponer su locura por la fuerza. Dispuestos a extender la semilla del mal”), pero señaló que había esperanza por mesiánico que fuera (“la simiente del mal se malogra cuando cae en la roca de la justicia, del bienestar, de la libertad, de la esperanza”). Para él, el terrorismo “puede arraigar cuando cae en la tierra de la injusticia, de la pobreza, de la humillación, de la desesperación”… Así pues, la culpa de que haya gente con instintos asesinos era de la pobreza… Sin embargo, los asesinos oficiales –ya que ZP acepta y promueve las versiones oficiales- del 11-S y del 11-M no eran pobres (Mohamed Atta era técnico urbanista, Jamal Zougan un pequeño empresario y quienes se sentaron con él en el banquillo eran pequeños delincuentes y traficantes de droga que no precisamente vivían en la pobreza sino instalados en el trapicheo que da más confortabilidad económicas que el trabajo humilde). Pobres son los cabreros afganos, pobres los sin techo de EEUU y los parados de nuestro país… que no tienen nada que ver con el terrorismo.

Pero Zapatero, siempre en la senda de la doctrina de la ONU y de la UNESCO, la pobreza lo explicaba todo. Desde su fundación, Naciones Unidas publica anualmente el Índice de Desarrollo Humano, como una forma de ordenar comparativamente los países por su pobreza, la instrucción, la educación, la esperanza de vida, y otros factores como el gasto militar. Además, entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio aparece la preocupación por la pobreza en el Objetivo 1: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre”, mediante dos estrategias: “Reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a 1 dólar por día y reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre”. El Objetivo 8 tiene que ver con esta temática: “Fomentar una asociación mundial para el desarrollo” capaz de “lograr una buena gestión de los asuntos públicos y la reducción de la pobreza, en cada país y en el plano internacional”.

Así mismo, en 1965 NNUU puso en marcha el Programa para el Desarrollo con la intención de erradicar la pobreza. En la misma dirección trabajan la UNESCO, la OMS y la FAO, agencias asociadas a la ONU. Y, realmente, ésta es, sin duda, una de las misiones más encomiables de estos organismos internacionales… pero de ahí a reducir todos los problemas a la pobreza va un trecho que Zapatero no dudó en cubrir utilizando el improbable puente del terrorismo.

Pasó luego Zapatero a recordar la guerra de Iraq. Eran los tiempos en los que estaba demasiado cerca su victoria electoral gracias a las bombas del 11-M (“La abrumadora mayoría del pueblo español se manifestó en contra de una guerra. No nos convencieron las razones que esgrimían quienes la promovieron”). Y proclamó que “la guerra era mucho más fácil de ganar que la paz. La paz es la tarea. Una tarea que exige más valentía, más determinación y más heroísmo que la guerra”. Zapatero, en esto, seguía ateniéndose a la Carta de San Francisco, matriz de la ONU. Zapatero añadió que “La seguridad y la paz solo se extenderán con la fuerza de las Naciones Unidas, la fuerza de la legalidad internacional, la fuerza de los derechos humanos, la fuerza de la democracia, de los hombres sometidos a las leyes, de la igualdad, de la igualdad de las mujeres y los hombres, de la igualdad en las oportunidades se nazca donde se nazca. La fuerza frente a quienes manipulan o quieren imponer cualquier religión o creencia. La fuerza de la educación y la cultura. La cultura es siempre paz”

Cuando el discurso ya estaba a la mitad y parecía ser una de esas intervenciones protocolarias en las que el “artista invitado” parecía sólo “trabajar” con denuedo para merecer los aplausos que recibiría al final, de repente cogió por sorpresa a todos proponiendo: “Por eso, como representante de un país creado y enriquecido por culturas diversas, quiero proponer ante esta asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán. Cayó un muro. Debemos evitar ahora que el odio y la incomprensión levanten otro. España somete al Secretario General, cuya labor al frente de la Organización apoya con firmeza, la posibilidad de constituir un Grupo de Alto Nivel para llevar a cabo esta iniciativa”.

Sólo unas horas antes de su intervención en NNUU, Zapatero había concedido una entrevista al Times un conocido semanario norteamericano. “Soy feminista” había dicho… y así lo registró el Times; luego había explicado, sin pestañear, ¡que las desigualdades sexuales eran causa del terrorismo y que para erradicarlo bastaba con promover la igualdad sexual! Afortunadamente para él, había abandonado territorio norteamericano cuando se publicaron todas estas declaraciones que contribuyeron a que Zapatero adquiriera una pésima imagen internacional, no solamente ante la presidencia de los EEUU, sino ante los círculos intelectuales y de poder.

Era difícil que la Alianza de Civilizaciones fuera considerada con cierto interés en los EEUU a la vista de las malhadadas declaraciones publicadas por Times. Para colmo, justo en los mismos momentos en los que Zapatero hablaba en la tribuna de la ONU, un rehén norteamericano había sido degollado en Iraq. Resulta difícil pedir el diálogo entre el mundo occidental y el árabe.

Si la idea de la Alianza de Civilizaciones pudo ser aceptada e incorporada como programa de NNUU fue solamente porque la iniciativa había extraído de ella su inspiración. Todo lo que Zapatero dijo ante NNUU era justamente lo que NNUU había difundido como doctrina propia desde 1945. La única aportación propia era la más torpe y mendaz, y se reducía a esa absurda vinculación entre la pobreza y el terrorismo.

En este sentido la Alianza de Civilizaciones no es más que una fibra más del tejido cuidadosamente trenzado por los funcionarios de plantilla de NNUU a lo largo de las seis últimas décadas y la prueba más plausible de que ahí es donde hay que encontrar las fuentes originarias de la utopía zapaterista. Cuando el proyecto enunciado por Zapatero fue recuperado por la casta funcionarial de la ONU, la Alianza de Civilizaciones se convirtió en una de las muchas redes generadas en los últimos 66 años para hacer avanzar el proyecto universalista implícito en su Carta fundacional. En este proyecto España estaba a un lado, Turquía al otro.

Incluso el mismo nombre de la red era engañoso: no se trataba de promover una “alianza de civilizaciones”, sino tan sólo de tender la mano al Islam. El por qué lo hacía un presidente de gobierno español estaba claro: a fin de cuentas España, según el humanismo universalista era el “país de las tres culturas” y, por tanto, la más apropiada para que tender la mano al Islam fuera creíble. Además, el ejemplo –ficticio, como hemos visto- de una Hispania medieval en la que judíos, moros y cristianos vivieran en paz era un estímulo para resolver, al mismo tiempo, el conflicto palestino. Y la presencia de Turquía se imponía por razones de muy diferente magnitud y origen: Turquía estaba intentando aproximarse a la Unión Europea y cualquier cosa que lograra aproximarlo un poco más contaba con la adhesión entusiástica de Ergodan. Por otra parte, Turquía aspiraba a liderar a los países árabes moderados gracias al peso específico que le concede el estar “trabajando” el llamado “espacio turcófono” que abarca todos los territorios que en algún momento de la historia fueron dominados por los otomanos, en especial las antiguas repúblicas del sur de la URSS. Así pues, Turquía aspiraba a erigirse en mediador entre Europa y el Mundo Árabe y, por tanto, la Alianza de Civilizaciones podía ser un vehículo para una estrategia así.

En noviembre de 2006, Zapatero se desplazó a Ankara para escenificar el lanzamiento internacional de la Alianza de Civilizaciones. Allí estuvo exultante. Por fin había encontrado en Erdogan a un mandatario de cierta importancia que le descolgara el teléfono y que no le tirase de las orejas ante de los medios. Allí explicó en qué consistía el “diálogo de civilizaciones”, amparándose en un nebuloso documento elaborado por un “comité de sabios” hecho público entonces. Y sorprendió porque nunca tanto sabio fue capaz de enumerar tanta banalidad como afirmar la presunción de que “la educación contribuirá a resolver los problemas de las civilizaciones” (una educación coránica estricta, lo único que hace es estimular el deseo de guerra santa; No olvidemos que “taliban” es, literalmente, “estudiante”, ¿de qué?, de fe islámica) o la afirmación de que “buscamos la paz” (¿y quién no?). En el curso de la rueda de prensa que siguió al encuentro con Erdogan, un periodista le preguntó a ZP qué opinaba sobre la integración de la mujer en el Islam. Evidentemente el periodista ironizaba, dada la situación de discriminación y desigualdad flagrante que ocupa la mujer en todo el ámbito islámico. Era el momento de demostrar que la existencia de la Alianza de Civilizaciones podía servir para remediar problemas reales. Sin embargo, Zapatero se salió por la tangente, por la más odiosa tangente que el periodista que formuló la pregunta, podía imaginar: “Europa no puede dar lecciones”. Pues bien, si. Europa, en este y en muchos otros terrenos, puede dar lecciones. El problema es que ZP ha sido ganado por la mentalidad humanista universalista que se niega a ver que Europa es un oasis de libertad y de integración de la mujer. La ideología dominante de NNUU es una forma de humanismo tercermundista que, por eso mismo, tiende siempre a culpabilizar a Europa de los males que afligen al mundo a causa de la colonización: Europa es culpable y debe pagar.

En 2010 cuando la deuda alcanzaba unos niveles más que preocupantes se supo que el año anterior el gobierno había destinado 2.200.000 de euros para la Alianza de Civilizaciones con los que se pagó la sala del edificio de la ONU en Nueva York diseñada por Josep Barceló. Otros 100.000 euros fueron a parar al Centro de Información y Documentación Internacional de Barcelona (CIDOB) para unas jornadas sobre la Alianza de Civilizaciones (76.000 euros), y el resto para la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE) para celebrar el Seminario Internacional Alianza de Civilizaciones. Esto por lo que respectaba a Exteriores, otros ministerios también aportaron su subvención. El de Cultura, por ejemplo, desvió 40.000 euros para la Fundación UIMP/Campo de Gibraltar “para el diálogo de las culturas mediterráneas árabe-cristiana-judía en el marco de la alianza de civilizaciones desde la Biblioteca de Alejandría a la actualidad”. La Organización Carta Mediterránea tuvo la suerte de recibir otros 30.000 euros para Arte español por los derechos humanos y la Alianza de Civilizaciones, mientras que Cultura llegó incluso a dar 10.000 euros para el Club UNESCO Albacete para una cátedra sobre la Alianza de Civilizaciones. En otras convocatorias para la concesión de ayudas por parte de Cultura, el ministerio especificaba: “se priorizarán aquéllos proyectos que fomenten el diálogo intercultural en el marco de la Alianza de Civilizaciones”.

Desde el inicio, este proyecto generó las más vivas ironías por parte de la opinión pública y nadie, ni siquiera los más “progres” lograron tomárselo en serio. Si bien en la primera legislatura el zapaterismo lo presentó como a su “hijo más querido”, al llegar la campaña electoral de 2008 desapareció completamente de los mítines y de la publicidad: se había constatado que no interesaba a nadie. En el documento electoral 100 Motivos (resumen del programa) ni siquiera aparecía citado una sola ocasión a pesar de que en el ilegible Programa Electoral (286 páginas) se citaba a la Alianza de Civilizaciones en nueve ocasiones.

Salvo en lo referido a subsidios y subvenciones, a lo largo de la segunda legislatura de Zapatero, la Alianza de Civilizaciones ha estado completamente ausente de los medios de comunicación españoles. Los tres Foros de la Alianza se celebraron en 2008, 2009 (en Estambul) y 2010 (en Brasil) con un interés decreciente. Se supieron las cuantiosas subvenciones que recibió el proyecto, no por sus impulsores, sino por la prensa de derechas que había percibido la hostilidad con la que la opinión pública recibía todo lo relativo al proyecto. Y no eran pocos... pero todos se dilapidaron en la nada.

El énfasis dado por el zapaterismo a la Alianza de Civilizaciones derivaba directamente de su interés por transformar España en una sociedad mestiza y multicultural. La Alianza de Civilizaciones, para la derecha era una muestra de la fatuidad de Zapatero: pero era mucho más. La Alianza debería aportar el basamento doctrinal para tan ambicioso como irresponsable proyecto de transformación etno-cultural de un país. En el ocaso del zapaterismo (incluso desde su ecuador) era evidente que el proyecto era incomprendido por buena parte de la sociedad y que la otra parte se desinteresaba completamente.

o. El fracaso del retorno voluntario

Hubo que esperar dos años desde el inicio de la gran crisis económica hasta que algunos agoreros advirtieron al gobierno socialista de que no iba a poder pagar los subsidios y las prestaciones sociales a los inmigrantes que estaban siendo los grandes afectados por el paro que entonces ya se había disparado. Además, en un alarde de irresponsabilidad inmigrantes que habían sido regularizados en 2005 y que apenas habían cotizado unos meses a la seguridad social, gentes que estaban a la búsqueda de un trabajo eventual que les permitiera pagar el teléfono móvil y la factura de Internet, la parte alícuota del alquiler y enviar 200 euros a su país de origen, se obstinaban en acogerse a la reagrupación familiar para traer aquí a mujer e hijos. Fue así como el gobierno lanzó otro proyecto que culminó con el más absoluto de los fracasos: el Plan de Retorno Voluntario. En realidad, el plan estaba tan mal concebido que parecía como si apenas fuera otra cosa que una estructura para acallar a los que decían que había que empezar a pensar el librarse de inmigrantes improductivos, pero que jamás existió la intención de librarse de ellos realmente.

El 16 de noviembre de 2008 se aprobó el plan para el retorno voluntario de los trabajadores extranjeros a sus países de origen, entre los que figuran diez países latinoamericanos con los que España tiene firmados convenios de seguridad social. El plan había sido anunciado por Zapatero el mes de abril e inicialmente estaba previsto que se acogieran 100.000 inmigrantes, luego la cifra se rebajó a 87.000… Tres años después el fracaso era palpable. En sus dos años de existencia, el Plan apenas ha repatriado a 23.500 inmigrantes.

Por aquello de que si algo es simple –y en el fondo el “retorno” si es “voluntario” implica solamente el facilitar un transporte a su país de origen al inmigrante- el gobierno socialista ha tendido siempre a complicarlo, se dieron tres supuestos: o bien el inmigrante puede capitalizar la prestación de desempleo y llevársela a su país (40% en mano y el 60% al estar en su país) además del billete, opción a la que a mediados de 2011 se habían acogido 17.168 personas; o bien el llamado “retorno social” para los que no tenían recursos y se les paga el billete de avión y 400 euros; o finamente el “retorno productivo” que consiste en que se facilita al inmigrante la creación de una empresa en su país estimulándolo con 5.000 euros. En el fondo todo era muy simple: el billete, la liquidación del seguro de paro y un dinero para gastos de bolsillo del viaje. Pero, ya se sabe que para el zapaterismo, la regla de oro es “antes muerto que sencillo”. De hecho, la modalidad a la que se han acogido la mayoría de inmigrantes es la primera y se hubiera simplificado si en el check-point de Barajas de les diera el 100% del dinero que les correspondía. La tercera modalidad, por ejemplo y como era de prever, no se ha podido poner en marcha en 2011 porque la dotación presupuestaria se acabó hacia mediados del 2010 con lo que apenas 99 personas había retornado por este sistema en 2010… No se explicaba, por supuesto, que seguimiento se realizaría en el país de origen; imaginemos a un inmigrante de Mapiri (Bolivia) situado a 2.000 km de La Paz y de la oficina diplomática española más próxima, ¿cómo controlar en qué gasta un inmigrante los 5.000 euros concedidos a “su proeycto”…? Y, por cierto ¿para qué irse de España si aquí se puede cobrar 425 euros durante meses y meses, bastante más en comparación que los 400 euros y el billete que se daba en la segunda opción. Dicho de otra manera: si se han acogido al plan en su primera modalidad 17.168 personas se trataba en su inmensa mayoría de inmigrantes que ya habían decidido retornar a su país y que lo hicieron simplemente al quedarse en paro o al pactar con el empleador el despido… y que pague el Estado. Lo lógico y lo previsible hubiera sido que el mayor contingente de retornados se acogieran al “retorno social”, legales o ilegales, pero sin embargo, estos constituyen una minoría… gracias a los subsidios que buena parte de la inmigración recibe simplemente por estar en paro y para desincentivarles de su deseo de retornar.

Y si antes hemos dicho que ni siquiera estaba interesado en que los inmigrantes retornaran voluntariamente, en el coloquio que tuvo lugar en la Casa de América en 2011 y en el que participaron Estrella Rodríguez Pardo, directora general de integración de los inmigrantes del
Ministerio de Trabajo e Inmigración, Carlos Jiménez, director de Instituto Universitario de Investigación sobre Migraciones, Etnicidad y Desarrollo Social de la UAM, y Carolina Céspedes boliviana representante de la Asociación de Cooperación Bolivia-España. El diálogo que siguió fue más interesante. Clara, una inmigrante ecuatoriana, quería volver a su país, llamó al teléfono de información del plan, pero allí le remitieron al INEM donde tampoco lograron acararle cómo hacerlo. Por otra parte, el retorno voluntaria con “traslado de derechos sociales” al país de origen solamente es viable cuando existe un acuerdo firmado con ese gobierno, algo que solamente se ha hecho con algunos países iberoamericanos.

A la vista de cómo está la situación económica en España –de la que diariamente informan todos los medios de comunicación- el “gancho” que se ofrecía a la inmigración de que tendrían derecho “prioritario” para retornar a España dentro de tres años, no suponía el estímulo suficiente para la repatriación voluntaria. En la práctica, el inmigrante sabe que cada tres años puede ir y venir a través de una agencia de viajes llamada “Estado Español”. Tampoco parecía muy estimulante el hecho de que descendiera de tres a dos años el tiempo de estancia para obtener el permiso de residencia en su segunda llegada a España… algo que el Reglamento de Extranjería aprobado en 2011 ya contemplaba.

A los tres años de su puesta en marcha, el Plan de Retorno Voluntario ha fracasado completamente: los retornos son incomparablemente inferiores a las nuevas llegadas. En 2009, en plena crisis, por ejemplo, el gobierno afirmó que a lo largo de todo el año apenas iban a llegar 200.000 inmigrantes, añadiendo que la mayoría entrarían a España de manera legal. En 2007 habían entrado 600.000 (que, finalmente fueron 716.257 para el Eurostad y 958.000 para un estudio del INE); en 2008, según el gobierno descendió a 400.000 (que luego han resultado ser 443.930), de tal manera que los 200.000 esperados para este año certificaban una obvia desaceleración. Todo era una gigantesca mentira construida para evitar que la alarma se extendiera en la sociedad: no solamente estábamos cada día más hundidos por la crisis sino que cada día entraban por nuestras fronteras miles de inmigrantes que se encargarían por su mera presencia de hacer más espesa la losa que había caído sobre nuestro mercado laboral.

El sábado 14 de noviembre, cuando, seguramente por un fallo de coordinación entre oficinas paraestatales, al Instituto Nacional de Estadística se le escapó el dato capital para entender la situación actual de la inmigración en España. Copiamos la noticia de El Confidencial: “según las estimaciones del INE, durante los primeros nueves meses del año nada menos que 371.226 inmigrantes se han inscrito en los distintos padrones municipales. La horquilla se ha movido entre los 45.072 inmigrantes que se inscribieron en el mes de marzo y los 35.148 registrados en agosto, lo que da idea de la intensidad del fenómeno migratorio. Esto significa que cada mes se inscriben (como media) 41.247 inmigrantes en los registros oficiales, lo que ha sorprendido a los estudiosos en cuestiones de inmigración, que esperaban un reflujo más importante en la entrada de inmigrantes en un contexto económico tan negativo como el actual: la mayor recesión en medio siglo”. Una media de 41.247 al mes implica que en 2009 entrarán 494.964. Medio millón de personas que es ¡la misma cifra de inmigrantes que ha entrado como promedio en los últimos 14 años, los grandes años del “crecimiento económico”!

Algunos, ciertamente, retornan. Nuevamente copiamos de la agencia AP y pegamos: “Cerca de 9.000 personas, casi todas ellas de origen latinoamericano, solicitaron acogerse al plan de retorno voluntario para inmigrantes desempleados, que contempla el abono acumulado y anticipado de la prestación por desempleo”. Según los números facilitados por el gobierno, las 8.724 solicitudes cursadas fueron en un 44% de ciudadanos ecuatorianos y en un 18% de colombianos. La cuantía media de las prestaciones por desempleo recibidas por los extranjeros ascendió a 9.148 euros (13.588 dólares) por persona. Se ha tratado de un nuevo traspiés del gobierno que esperaba que retornara algo más del doble… como si el retorno de 20.000 inmigrantes hubiera supuesto algo en relación a los más de 7.000.000 que han ido llegando desde 1996...

Obviamente retornan otros sin acogerse al “Plan de Retorno Voluntario”… Este año han faltado 316.873 en los padrones municipales, pero ¿han retornado? Sólo algunos: en gran medida se trata de los que ya disponen de doble nacionalidad y por tanto pueden entrar y salir con pasaporte español. Si el mercado de trabajo está mal aquí se van a su país de origen y si luego oyen que en España remonta, vienen de nuevo. Son, en cierto sentido, unos privilegiados. Pero no todos. Cada año hay desfases en el padrón en relación al anterior, sin que se hayan producido modificaciones reales, debido a que los inmigrantes están obligados a inscribirse en el padrón municipal y luego a renovar su inscripción cada año… sin embargo, a partir del primer año, cuando obtienen la tarjeta sanitaria y la inscripción en la escuela de sus hijos o en la asistencia social, pueden prescindir completamente de renovar su inscripción, algo que hacen, especialmente los extranjeros residentes en España procedentes de la Unión Europea.

Lo más terrible es que da la sensación de que el propio gobierno ignora las cifras. Los datos de las inscripciones en el padrón municipal se conocen varios meses después de haberse producido las altas. Por otra parte, es rigurosamente cierto que se trata de una cifra que se presta a equívocos: existen muchos inmigrantes que no renuevan su padrón y otros que han entrado ilegalmente que no juzgan necesario inscribirse.

El pasado 20 de noviembre de 2009, varios medios de comunicación publicaron la noticia de que a población española llegará a principios de 2010 a los 46 millones de habitantes, cinco más que en 2002, aumento debido únicamente a la inmigración. Para restar dramatismo a la noticia (si antes de 2002 estaban presentes 2.500.000 de inmigrantes, una simple suma demostraría sin mucha dificultad que estamos por encima de los 7.000.000 de inmigrantes) se añadía que la llegada de inmigrantes se había “frenado”, moderándose el crecimiento del 1’20% en 2008 al 0’4 en 2019… Se reconocía eso sí que entre 2002 y 2008 el crecimiento demográfico de nuestro país se ha debido hasta un 92% a la inmigración.

Llama la atención que estas cifras del INE reconocieran que en 2007 llegaron casi un millón de inmigrantes (958.000) y se felicitaran de que en 2009 solamente lo hicieran 400.000 (si bien, una semana antes, el propio INE había dado como media la entrada de 40.000 inmigrantes mes en España en 2009, lo que hace un total de 480.000). De todas formas el INE no podía dejar de reconocer el impacto extraordinario de la inmigración sobre la natalidad de nuestro país. La edad media en el que las mujeres empezaban a tener hijos era de 31 años, añadiéndose “gracias a la inmigración”.

Es sorprendente que estas monstruosas cifras de llegada de inmigrantes no sean presentadas como dramáticas señales de alerta: el casi medio millón de inmigrantes que llegará en plena crisis económica a España, si bien supone un descenso en relación a 2007 (año récord de la inmigración), corresponde a la media de inmigrantes que ha llegado a España en los últimos 14 años: 450.000 inmigrantes cada año ¿dónde está la buena noticia? ¿No es una tragedia admitir a medio millón de inmigrantes que será imposible acomodar en el mercado de trabajo y deberán vivir de la delincuencia o de la caridad pública?

El Plan de Retorno no gusta a los inmigrantes que lo han criticado de manera especialmente hostil: “España nos utilizó y ahora nos margina” dijo un ecuatoriano de la inefable asociación Rumiñahui, olvidando que llegó voluntariamente, sin que nadie le llamara y vulnerando la legislación vigente y que, ahora, se va subvencionado. Raúl Jiménez, portavoz de la asociación ecuatoriana Rumiñahui, veía el plan como "una invitación para que los inmigrantes se marchen". No lo es, de hecho tal como está concebido es todo lo contrario: el inmigrante percibe en nuestro país muchos más beneficios sociales que las ventajas que otorga el retorno, especialmente si no está muy interesado en trabajar y se conforma con sobrevivir. Este juicio pertenece a los “políticamente incorrectos”, es más, algunos lo considerarían “altamente incorrectos”, fronterizos entre la libertad de expresión y la xenofobia y el racismo puros y simples.

Las cifras aportadas por el Ministerio de Trabajo e Inmigración destacan que regresaron sobre todo bolivianos (477), argentinos (377), ecuatorianos (225), brasileños (281), etc. Pocos, realmente para países que como veremos tienen varios cientos de miles de connacionales en nuestro territorio. Estas cifras son todavía más inexplicables desde el momento en que se sabe que la crisis ha golpeado mucho menor a los países de Iberoamérica que, en conjunto ha tenido un aumento del PIB del 6% durante 2010, en el mismo tiempo en que el PIB español se contraía un 0’1%. Y mucho más inexplicable si tenemos en cuenta que en Argentina y Brasil el crecimiento fue del 9,5% y del 7,5%, cifras similares se dieron en Paraguay, Uruguay y Perú. La pregunta del millón es: si hay más crecimiento económico en los países de origen y, por tanto, más posibilidades de trabajo ¿por qué el grueso de la inmigración se obstina en permanecer en un país permanentemente situado al borde la quiebra desde hace dos años? Y lo mismo vale para los rumanos que siguen llegando (especialmente los miembros de la etnia Rom, los gitanos rumanos) aun a pesar de que en 2011 la economía de aquel país crecerá entre un 3 y un 5%...

Cuando nos aproximamos al final del zapaterismo hay que ver en el Plan de Retorno Voluntario otra “delicia” de un régimen dogmático especialmente en materia de multiculturalidad y mestizaje que en su segunda legislatura dejó de hacer las apologías infantiles que realizó a lo largo de la primera parte de su gobierno (2004-1008) todo para justificar una regularización masiva cuyas consecuencias tardarán décadas en extinguirse. Y en el fondo era fácil abordar el tema: bastaba simplemente con eliminar el término “Voluntario” a un necesario “Plan de Retorno” que cada día es más urgente y al que cada día la inmigración le presta menos caso.

 

Cuando el zapaterismo haya sido alejado definitivamente del poder dejando atrás, no solamente un PSOE absolutamente desorientados, sino a una sociedad española completamente maltrecha, cuando no sea mas que un recuerdo habrá dejado atrás tres herencias de la que tardaremos décadas en recuperarnos: un embrollo autonómico especialmente grave en Cataluña (con la reforma innecesario del Estatuto de Autonomía), en el País Vasco (en donde el área pro-etarra arrinconada y vencida va camino de convertirse en fuerza hegemónica), una crisis económica (irremediable a medio plazo por cuatro años de reacciones tardías, un agujero en las cuentas y un vacío completo en el modelo económico que obligará a los jóvenes mejor preparados a buscar otros horizontes para salir adelante) y, finalmente, una inmigración masiva que no sólo no demuestra el más mínimo interés en volver a la tierra que les vio nacer ni siquiera cuando las posibilidades de trabajo son mayores. El “modelo Aznar”, no solamente había estallado con una brutalidad que ni siquiera los más pesimistas eran capaces de imaginar, sino que a partir de ese momento -2007- ocupaba el poder un gobierno instalado en el dogmatismo más absoluto y, por tanto, incapaz para afrontar una crisis de esa magnitud que, para colmo, albergó la quimérica idea de convertir a la sociedad española en una sociedad mestiza y multicultural. Las insensateces se pagan y nuestro pueblo ha pagado –con creces- la aventura de haber votado en dos ocasiones al zapaterismo. Suele decirse que cada país tiene el gobierno que merece…



[1] El País, 11 de junio de 2001

[2] Véase la biografía de Zapatero contenida en la web de la Fundación Centro de Investigación de Relaciones Internacionales y Desarrollo (CIDOB) http://www.cidob.org/es/documentacion/biografias_lideres_politicos/europa/espana/jose_luis_rodriguez_zapatero

[3] Campillo, Óscar (2004), Zapatero. Presidente a la Primera., Madrid: Esfera de los Libros.

[4] Es fácilmente accesible a través de Internet el informe titulado Decadencia Demográfica e Inmigración en Castilla y León, presentado en las X Jornadas de Economía Crítica celebradas en Barcelona, 23 a 25 de marzo de 2006, por José Mª Martínez Sánchez (Universidad de Burgos). http://www.ucm.es/info/ec/jec10/ponencias/818martinezsanchez.pdf. en este informe se evidencia lo irrelevante de la inmigración en León.

[5] Revista IdentidaD – nº 10, 15 de julio de 2008, páginas 3-9.

[6] La raza cósmica, tal era el título del ensayo de José Vasconcelos publicado en 1925. Vasconcelos sostenía que América debería ver el nacimiento una "quinta raza" del continente americano que surgiría de la mezcla de todas las razas que vivían sobre el continente americana (blanca, negra, amarilla, cobriza), dando lugar a la “quinta raza” mestiza e indiferencia que no tendría identidad ni distinción y que poblaría “Universópolis”. La idea de Vasconcelos era trascender a las ideas de raza y nacionalidad en nombre de un futuro único para la humanidad.

© Ernesto Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.comhttp://info–krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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