Hacia la Gran Crisis (VI)

Publicado: Lunes, 27 de Junio de 2011 18:16 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES

6. Lo que nos espera en los próximos años

6.1. Una contundente derrota del PSOE. En el análisis con el que hemos trabajado, después de las elecciones, decíamos: “la envergadura de la derrota electoral del PSOE y la dureza de los meses que se aproximan, son de tal magnitud que, obligan a la socialdemocracia a reconocer que sido apeado del poder antes incluso de que se hayan celebrado las elecciones generales”. Añadíamos también que era altamente improbable que Zapatero repitiera como candidato en las próximas elecciones generales. Desde el punto de vista de los intereses del PSOE, si quería salvar los muebles, era preciso que convocara elecciones anticipadas lo antes posible (esto es, a finales del verano o inicios del otoño) a la vista de que le iba a resultar imposible soportar las presiones de la UE y del FMI (en el momento de escribir estas líneas una delegación del FMI está visitando España, cuando el Santander ya ha tenido dificultades en colocar los “bonos territoriales”, síntoma inequívoco de que nos aproximamos a la intervención). Manteníamos en la misma noche del 22-M que, contra más tiempo pase, el PSOE se verá más presionado por los organismos internacionales para aplicar reformas: si las aplica caerá en picado en intención de voto, si no las aplica se recrudecerán los ataques de los mercados contra nuestra economía y la intervención sería inevitable tras el verano o incluso durante el mismo verano. Dábamos también el mejor motivo para que el PSOE adelantara las elecciones: el empleo estacional que se prolonga entre junio y octubre podría ser utilizado por el PSOE como muestra de “reactivación de la economía” y de plasmación de los “brotes verdes”. Sin embargo, a partir de octubre aparece el “paro estacional” que se prolonga justamente hasta el mes de marzo-abril… justo cuando deberían de convocarse las elecciones. Tras el fracaso electoral del 22-M y tras la desbandada de las baronías autonómicas que se está sucediendo en ese partido, lo cierto es que ya nadie, con Rubalcaba o sin Rubalcaba, absolutamente nadie en el PSOE se hace ilusiones de imponerse en las próximas elecciones generales. Y lo que es peor: a medida que se retrase la convocatoria electoral se hará incluso difícil que el PSOE logre incluso “salvar los muebles”.

6.2. El precio de que la socialdemocracia se pliegue a las exigencias del neoliberalismo. Si en el último comité federal del PSOE se hizo público que Zapatero no volvería a presentarse como cabeza de lista y la candidatura de la Chacón fue descartada a dedo, nada se habló del adelanto electoral a la vista de que quedaba todavía negociar la formación de ayuntamientos y gobiernos autonómicos allí en donde el PSOE había quedado en minoría y todavía le interesaba dar una imagen de fortaleza y seguridad manteniéndose en que se agotaría el plazo legal para convocar nuevas elecciones generales. Pero, justo después de que los ayuntamientos se hayan constituido, desde los propios medios socialistas (Público, El País), esto es, desde el entorno de Rubalcaba y, justo cuando se inicia la visita de una delegación del FMI, se está difundiendo la noticia de un adelanto electoral. Rubalcaba (ZP ya no pinta nada ni en el gobierno, ni en el PSOE y es agua pasada aun cuando los gérmenes patógenos que ha difundido en España y en su propio partido tardarán años e incluso décadas en disiparse) se enfrenta pues a la disyuntiva de: aplicar reformas impuestas por el FMI y la UE ahora, retrasando las elecciones y hundiéndose electoralmente como le ha ocurrido a Socrates Alvares en Portugal o bien aguantar sin ceder a las presiones de los mercados y aprovechando las cifras del “empleo estacional”, convocar elecciones en la posición más favorable posible, esperando que el desprestigio y la erosión que seguirá a la aplicación de las medidas económicas impuestas, recaiga sobre el PP.

6.3. Los agravios del PP. El PP será como poco en los próximos cuatro meses y como mucho dentro de nueve meses, el árbitro de la situación. Para Rajoy habrán terminado los ocho años de travesía del desierto, la humillación de tener una elecciones ganadas y perderlas a causa de los atentados del 11-M, la humillación de que incluso medios de comunicación de centro-derecha (El Mundo y Libertad Digital) le organizaran conspiraciones dentro de su propio partido, las dudas sobre su liderazgo, las peleas de verduleras entre barones regionales y su incapacidad para derrotar al peor presidente de la democracia.

6.4. ¿Qué cambiará con el PP en el poder? Falta saber qué es lo que cambiará con el PP en el poder. Y no parece que vaya a cambiar gran cosa porque las estructuras de poder autonómico, municipal y estatal van a seguir siendo las mismas, porque el PP es la otra columna sobre la que se mantiene el sistema de equilibrios nacido en 1978 y porque el PP no tiene, ni ha demostrado la más mínima manifestación ni interés en que cambie algo. La democracia seguirá siendo “formal”, no “real”, las finanzas de los partidos políticos seguirán bendecidas por la opacidad de una ley de partidos siempre ausente; la corrupción seguirá enseñoreándose de la vida política nacional, autonómica y municipal. El recurso al referéndum seguirá hurtándose a nuestro pueblo. El PP no osará certificar el fracaso del Estado de las Autonomías ahora precisamente cuando buena parte de las autonomías están en su poder y Andalucía caerá pronto en sus manos como fruta madura después de 30 años. La política de inmigración no se verá alterada porque fue Aznar quien abrió las puertas a la inmigración para asentar su modelo económico y el factor más sencillo para que el PIB repunte consiste, ni más ni menos, que en reabrir la puerta a la inmigración pues, no en vano, todo inmigrante nuevo es un consumidos adulto más que generará un mínimo aumento del volumen de intercambios económicos y por tanto presionará el PIB al alza. Y, por lo demás, ¿qué ha hecho el PP en las comunidades en donde gobierna? Exactamente lo mismo que el PSOE tanto en materia de inmigración como en materia de ingeniería social: sus alcaldes han oficiado matrimonios gays e incluso sus propios concejales se han casado por esta ceremonia ridícula e innecesaria en la que es imposible saber quién es el marido y quien la esposa. Tampoco el PP ha demostrado ningún interés en modificar la ley del divorcio-exprés que ha instalado la inestabilidad en las parejas y ha hecho que la primera discusión sea la última, ni, por supuesto, va a modificar las leyes de igualdad, ni la ley sobre la violencia doméstica que parte de la ocultación del hecho esencial: a saber, que dos tercios de los episodios de violencia doméstica los protagonizan inmigrantes y que dos tercios de los fallecimientos podrían ser evitados, repatrían al inmigrante ante la primera denuncia de su esposa. Y todo esto, porque, a fin de cuentas, el PP no es sino la otra cara de la moneda de la que el anverso es el PSOE, formando ambos el “núcleo duro” del sistema político español: de un sistema que ha fracasado, que cada vez resulta mas evidente que ha generado corruptelas, incompetencia en todos los niveles de gobierno, centrifugación del Estado, quiebra de la educación y de la sanidad, amiguismo y, en definitiva, plutocracia y partidocracia. ¿Democracia? ¿Dónde? No desde luego en el régimen surgido en 1978 cuya constitución hoy está avejentada y apenas serviría para envolver un bocata de sardinas. ¿Esta situación de quiebra nacional a todos los niveles la va a solucionar un PP que ni siquiera reconoce la gravedad de la situación y el fracaso del régimen?

6.5. Tres premisas (inexistentes) para enderezar la economía. Para que la situación económica se enderezara haría falta que se dieran una serie de premisas: en primer lugar que existiera un “modelo económico” capaz de señalar las direcciones en las que se va a orientar la política económica del gobierno, que nos dijera con claridad hacía dónde íbamos a concentrar esfuerzos, qué sectores iban a recibir apoyo de las instituciones, y que fuera capaz en una palabra de estimular el esfuerzo nacional y dar a nuestra comunidad un objetivo. Es evidente que el PP carece de ese modelo. En segundo lugar sería necesario que, habiendo sido enunciado ese modelo, se reabriera la espita del crédito para financiar la impulsión de ese nuevo modelo. Pero dejando aparte que ese nuevo modelo no existe, es triste constatar que todos los recursos crediticios (o al menos su inmensa mayoría) se dedican a pagar la deuda y así sucederá durante años. En tercer lugar, para aplicar el proyecto de un nuevo modelo político, incluso para diseñarlo, haría falta un período superior a los cuatro años que median entre una y otra elección y no podría salir en la fase actual de desintegración de nuestra economía, sino del consenso entre las dos grandes fuerzas políticas, dando por supuesto que ese consenso implicaría la conformidad de la mayoría de la población española. Pero eso equivaldría a decir que los dos grandes partidos tienen (y merecen) el resto de los españoles, que ambas formaciones de centro-derecha y centro-izquierda han realizado una tarea encomiable que ha redundado en beneficio de nuestro pueblo y que sus élites dirigentes cuentan con el respaldo de la población: y ninguno de estos elementos está presente en España. PP y PSOE son denostados en la calle como partidos corruptos, como grupos de espabilados que no hacen nada bueno para la población, sino que su tarea de gestión consiste en el saqueo de las arcas públicas. No existe nada más desprestigiado en este momento en España que la clase política y los dos partidos mayoritarios que inducen a la mitad del electorado a volver la espalda a las urnas activamente (mediante el voto en blanco o nulo) o pasivamente (mediante la abstención). Y, por lo demás, ambos partidos se han prodigado durante tantas décadas un odio eterno que sus cuadros están inhabilitados para cooperar en algo como no sea en seguir saqueando, cada cual por su parte, los fondos del Estado. Por todo ello, va a resultar imposible, durante mucho tiempo establecer un nuevo modelo de desarrollo y aun suponiendo que el PP lograra improvisarlo todavía haría falta un mínimo de 4-5 años para que se pudieran percibir sus primeros efectos.

6.6. Un país a la espera de una brutal batería de medidas de ajuste. A la hora de describir cómo van a ser los próximos años, se percibe que la alta finanza internacional va a imponer al gobierno español (al de Zapatero ahora o al de Rajoy en otoño y en la primavera de 2012) una batería brutal de medidas de reajuste económico que liquidarán el prestigio político de quien deba aplicarlas y le obligue a enfrentarse a amplias movilizaciones en la calle. Sea como fuere, la situación en 2012 va a ser extremadamente dura y el hecho de que Rajoy ocupe –como máximo entonces- el poder no implica que la alta finanza, el FMI y la UE le vaya a dar un mayor apoyo, sino que le va a exigir que en los cuatro años que hay por delante, se pague, sobre todo y por encima de todo, la deuda.

6.7. El milagro de los panes y los peces en versión Rajoy. Contrariamente a lo proclamado por Rajoy, le va a resultar imposible “recortar impuestos sin disminuir prestaciones sociales”. ¡Es justamente todo lo contrario lo que le va a exigir la UE, el FMI y la alta finanza! ¡Y Rajoy mañana, como Zapatero hoy, van a cumplir con fidelidad perruna los mandatos de la alta finanza! Primero aumentar la presión fiscal, luego recortar todo tipo de desgravaciones fiscales, disminuir el número de funcionarios, disminuir los salarios y, por supuesto, por encima de todo, recortar y suprimir prestaciones sociales…

6.8. La última oportunidad para el régimen, la última esperanza para el electorado conservador. Es natural que tras el páramo zapaterista de casi ocho años, el electorado se entregue en los próximos comicios generales en brazos de Rajoy como última esperanza. De hecho, Rajoy es la última oportunidad que tiene el régimen surgido en 1978 de sobrevivir. No hay esperanza para el régimen después del mandato de Rajoy… Hemos visto que al líder del PP le va a ser imposible enunciar un nuevo modelo económico y aun en el caso de que lograra hacerlo, va a tener que afrontar los efectos de un estallido social (inevitable para quien aplique las medidas dictadas por el poder económico, los mercados, el FMI, etc.) ante el cual el movimiento del 15-M va a ser un juego de niños y casi una broma. Por otra parte, después de cuatro años de crisis, cada vez más grave, cuando ni siquiera se va la luz del otro lado del túnel, nuestro pueblo ha llegado al límite de su paciencia y de su capacidad de aguante. La gran habilidad del zapaterismo ha consistido en suscitar “esperanza” en la sociedad española, es decir, el pensar que las cosas iban a mejorar en breve, así que era preciso aguantar un poco más. De esta manera, defraudando día a día a la esperanza, ha transcurrido la segunda legislatura zapaterista. En 2007 se decía que 2.000.000 de parados eran un problema laboral, 3.000.000 un problema social y 4.000.000 una revolución… Pues bien, hemos llegado a 5.000.000 y solamente se ha producido una leve y superficial protesta social entre el 15-M y el 22-M. Nada más. Pero esto no implica que no se haya ido acumulando en el seno de las clases trabajadoras, en las clases medias cada vez más presionadas y en riesgo de proletarización, en el seno de los jóvenes y de los jubilados, en el seno de los autónomos, de los intelectuales y de los parados, un fenomenal potencial explosivo que en el momento en que estalle correrá el riesgo de convulsionar al régimen.

6.9. El tiempo de las “reformas necesarias y posibles” ha quedado atrás. Aun en los tiempos en los que soplaban vientos favorables en la economía, se alzaban voces clamando por una profunda reforma constitucional. Era el momento de acometer la “reforma necesaria”, pero dado que para realizarla era preciso alcanzar un amplio consenso, no solamente entre las dos columnas principales sobre las que se mantiene el régimen (PP-PSOE), sino también de las dos columnas secundarias de carácter regionalista (CiU y PNV), lo cual ha sido manifiestamente imposible e incluso indeseable a la vista de que estos cuatro partidos no solamente no tienen las soluciones, ni la voluntad de alcanzar consensos que promuevan reformas, sino que son parte -¡y de qué manera!- del problema. Hubo un momento en el que la “reforma necesaria” era posible, pero como el sistema se creía fuerte se dedicaba solamente a distribuir la abundancia especialmente entre sus amigos y funcionarios. La “reforma necesaria” quedaba completamente descartada.

6.10. Quien cierra el camino a una “reforma necesaria” abre el paso a una “reforma revolucionaria”. Como en todos los procesos revolucionario que se han producido en la historia en los últimos 300 años, al período de la “reforma necesaria” que podría hacerse pero que no se hizo, sucede el tiempo de la “reforma inevitable” por vía de la presión revolucionaria. Y en España, digámoslo ya, hace falta un cambio de régimen a la vista de que la constitución de 1978 está gastada, la clase política que la sustenta aparece como deteriorada y la corrupción se ha apoderado de todas las estructuras del Estado. Desde el reconocimiento del fracaso del Estado de las Autonomías, hasta la necesaria ley de financiación de partidos que nadie quiere afrontar, pasando por la instauración de un marco representativo realmente democrático en lugar del simulacro de democracia o de democracia de mala calidad que es nuestra partitocracia. Treinta y tres años han bastado para que el régimen constitucional nacido en 1978 diera de sí todo lo que podía dar. El PP no estará en condiciones de afrontar la “reforma necesaria” (entre otras cosas porque el tiempo en el que era posible ha pasado) porque ni siquiera la plantea como necesaria y prefiere considerar que este régimen en el que él ocupa un lugar preponderan es el mejor posible y, en segundo lugar, por que en España no existen condiciones suficientes como para llegar a consensos para modificar la constitución. Y hoy lo que exige la situación es precisamente hacer tabla rasa con el régimen fracasado y empezar a pensar en términos de lo que vendrá después.

6.11. Tras el previsible fracaso del PP, el diluvio… El fracaso del PP en la gestión de su próximo ciclo de poder va a ser va a ser especialmente duro en materia económica, ahí en donde el PP ha identificado el máximo rechazo al zapaterismo y allí en donde el electorado valoraría especialmente su gestión. Quien logre disminuir el paro de 5.000.000 de parados a 3.000.000 logrará mantenerse en el poder, como mínimo ocho años. Pero eso no va a estar al alcance del PP. Todo lo contrario. El plazo crítico para el futuro del régimen va a ser entre 2012 y 2014, el tiempo en el que se producirá el “ajuste duro” impuesto por los mercados, la alta finanza y las instituciones económicas internacionales y en el cual no se percibirán los efectos benéficos augurados. Si en el momento actual subsiste la sensación de que “hemos tocado fondo” y de que resulta imposible caer todavía más bajo, hemos de pensar lo que supondrán años de recortes sociales, aumentos de impuestos y de precios, disminuciones de salarios, despido de funcionarios y continuación de la parálisis del crédito. Eso es lo que el PP tiene por delante y poco importa para la sociedad si las medidas de “ajuste duro” las firma Zapatero en lo que le queda de mandato o Rajoy en las primeras semanas: el hecho es que alguno de los dos dará vía libre a unas medidas que acogotarán a la sociedad española, especialmente a los sectores más modestos, justo cuando llevamos cuatro años de sacrificios y privaciones.

6.12. Los años críticos: 2012-2014. En 2012 y 2014 el recuerdo del zapaterismo estará muy próximo y el PSOE todavía no se habrá recuperado de las convulsiones que están siguiendo a la debacle del 22-M. Ni habrán encontrado un líder de sustitución (¿dónde podría estar? ¿Será Solana quién asumirá las riendas? ¿Será posible que la última esperanza del socialismo sea el verdugo de Yugoslavia y el telefonista de Clinton quien le transmitía las órdenes de bombardeo de poblaciones indefensas? ¿Será Rubalcaba, sin duda el más inteligente de los actuales dirigentes socialistas, pero también el rostro de la derrota en las próximas elecciones generales? ¿será un Tomás Gómez, verdadera fotocopia reducida de lo peor del zapaterismo, el hombre que convirtió Parla cuando era alcalde en la ciudad mora de la Comunidad de Madrid? ¿Será la Chacón cuya superficialidad de criterios y banalidad no pueden ocultar legiones de asesores de imagen y mucho más cuando el PSC al que pertenece es una caldera a punto del estallido? ¿Será la Pajín demostrando que las secuelas del zapaterismo son todavía peores que el modelo original? ¿Qué hay más allá de Rubalcaba en el PSOE? Absolutamente nada, el vacío. Tras la caída del felipismo se produjo en el PSOE una selección al revés: se fueron o quedaron anulados los mejores elementos, los que tenían más personalidad y más sentido de lo político y quedaron solamente pobres ambiciosos sin escrúpulos, arribistas que componen la totalidad del partido en muchas comunidades autónomas, los incapaces que jamás hubieran sido nada más que botones en la empresa privada, los abogadillos de pocos –o ningún- pleito como Zapatero que precisaban de la política para ganarse el sustento… Para colmo, la caída del zapaterismo empobrecerá todavía más el discurso de la socialdemocracia que, no lo olvidemos, se ha secado completamente. Nunca, y lo decimos bien alto, nunca el PSOE se recuperará del marasmo zapateriano y de la crisis de la socialdemocracia europea.

6.14. La crisis de la segunda columna sobre la que se mantiene el edificio constitucional. ¿Y qué ocurrirá con el PP cuando el único activo que siguen alardeando es precisamente la eficacia de gestión del aznarismo cuyo modelo económico nos precipitó en los mas profundo de la crisis e hizo que la crisis económica mundial fuera mucho más grave en España, qué ocurrirá cuando la realidad desmienta esa percepción? ¿Qué ocurrirá cuando la ciudadanía haya votado masivamente al PP a la espera de que Rajoy nos sacara de la crisis y la crisis siga planeando sobre el país? Pues lo que va a ocurrir es muy fácil de prever: la segunda columna sobre la que se sostiene el sistema político español, el centro-derecha, va a entrar en fase de inestabilidad y, por tanto, el sistema mismo entrará en una fase terminal a la vista de que tampoco el centro-izquierda se habrá conseguido estabilizar desde el 22-M. Y un sistema en el que las dos columnas que lo sostienen se tambalean es un sistema que está condenado. El bipartidismo imperfecto corre el riesgo de entrar en una fase terminal hacia el 2014. Y serán pocos, acaso solamente sus beneficiarios, quien lo lloren. Estamos próximos al fin del régimen instaurado en 1978.

6.15. Una constitución irreformable. Hay que prever que ese momento de crisis ocurrirá y que la situación de inestabilidad se prolongará durante unos años. La arquitectura de nuestro particular sistema político favorece la imposibilidad de la constitución para reformarse y reconfigurarse a sí misma. Y este es el drama que vamos a vivir en los próximos años: una constitución que ha fracaso no se puede reformar porque ha sido diseñada para eternizarse a pesar de que las fuerzas políticas y mediáticas que le dieron vida en 1978 ya no tiene la preeminencia en 2011. Una contradicción de este tipo no puede sino generar situaciones de tensión, disturbios, e incluso posibilidades de revueltas.

6.16. El desolador programa del PP. Ante esta perspectiva, el programa del PP es desolador: no solamente en materia económica no aporta soluciones claras (y las pocas que aporta son de naturaleza neoliberal, esto es, favorables para los detentadores del capital y lesivas para las clases más modestas de la sociedad), sino que ni siquiera tiene el valor de plantear el problema de la inmigración en términos realistas (fugándose en proponer tópicos como “inmigración ordenada” y “contrato de integración” que tenían razón de ser hace 15 años, cuando empezó el fenómeno, pero no hay cuando hace tiempo que está desbocado), calla por completo sobre la necesaria reforma constitucional y especialmente la reforma del sistema electoral, no dice nada sobre la necesaria ley de partidos, ni sobre las medidas necesarias para cortar radical (y se nos apura, brutalmente) la corrupción, no aporta medidas concretas para desmantelar el Estado de las Autonomías, ni mucho menos para enderezar el sistema educativo quebrado, etc, etc, etc. Y no es capaz de aportar ninguna solución en estos terrenos, porque el PP no es la solución sino una parte del problema.

6.17. Más allá del régimen. Así pues, estamos obligados, a la vista de los datos objetivos, a pensar que en los próximos años el régimen entrará en una situación de inestabilidad y que el plazo comprendido entre 2012 y 2014 será decisivo para el futuro en el que las fuerzas identitarias, partidarias de la regeneración del Estado y de un nuevo proceso constituyente, tendrán mucho que decir.

(c) Ernest Milá - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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