Hacia la gran crisis (IV)

Publicado: Lunes, 27 de Junio de 2011 18:06 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES

4. El movimiento de protesta del 15-M

4.1. El movimiento del 15-M restó protagonismo a los partidos mayoritarios. Una de las muestras inequívocas de la desintegración del sistema político español ha sido la aparición del llamado Movimiento del 15-M. Por primera vez en nuestra historia el protagonismo de una campaña electoral no ha recaído sobre los partidos políticos sino sobre el movimiento anti-partidos que desde hacía dos años se estaba gestando en el seno de distintos colectivos, habitualmente ubicados en la izquierda alternativa y antisistema y que, precisamente por eso, jamás había tenido un impacto sobre los grupos sociales directamente amenazados por la crisis económica. Entre el 15-M y el 22-M, nadie se acordó de los partidos mayoritarios salvo para verter sobre ellos todo tipo de ironías. Si la primera parte de la campaña electoral se vio rota por el terremoto de Lorca, la segunda parte estuvo dominada por el movimiento de “los indignados”.

4.2. Frente a la partidocracia y a la plutocracia: democracia real ya. A diferencia de en ocasiones anteriores, el 15-M acertaron a exteriorizar su ira contra la partidocracia, parados, profesionales en situación de precariedad, estudiantes, amas de casa, becarios, etc. Entre el 15-M y el 22-M el protagonismo correspondía al movimiento de protesta. En esa primera fase de desarrollo del movimiento, todas las partes que participaban en este movimiento heteróclito estuvieron de acuerdo en pedir a la opinión pública “Democracia Real Ya” y su primer llamamiento se orientó a que la gente votara o no votara, lo hiciera en blanco o nulo, pero sobre todo que no votara ni al PP, ni al PSOE. El movimiento del 15-M había identificado, pues, las dos columnas sobre las que se mantiene el sistema político español y que taponan cualquier salida hacia una “Democracia Real”. Por primera vez en muchos años había aparecido un movimiento social que superaba a los distintos círculos que lo habían impulsado inicialmente.

4.3. La degradación de un movimiento de protesta. Llegado el 22-M, el movimiento debía de haber tenido el valor de reconocer su éxito y, al mismo tiempo, su debilidad. Carente de estructuras, el movimiento no podía sino caer en una dinámica asamblearia caótica y desordenada que, a partir del 23-M convirtió, lo que hasta ese momento había sido un éxito rotundo, en una larga agonía que se prolongó durante un mes más. De no haber sido por los incidentes que tuvieron lugar al intentar desalojar la Plaza de Cataluña en Barcelona por parte de la Consellería de Interior de la Generalitat, el movimiento hubiera languidecido. Sin embargo, la retirada de los Mossos d’Esquadra, tras varios episodios de brutalidad innecesaria, y la renuncia a desalojar la plaza, hizo recordar a los “indignados” su fuerza y, a partir de ahí y en los siguientes diez días, el movimiento vivió un segundo revival. Sin embargo, en esta segunda fase algunas cosas habían cambiado: regresados a su casa los parados, los estudiantes, las amas de casa, se agregaron distintas tribus urbanas y “movimiento sociales” de muy escaso peso e interés y el movimiento pasó a ser dinamizado solamente por los grupúsculos antisistema que imprimieron al movimiento una dinámica numantina que hacía imposible su supervivencia a corto plazo. Al cabo de 10 días, cuando se disipó el efecto euforizante de los sucesos en la Plaza de Cataluña y cuando los últimos mohicanos seguían empeñados en mantener las acampadas, las “comisiones” en las que intentó estructurarse el movimiento asambleario ya habían redactado conclusiones de muy escaso valor político, aprobando textos cargados de tópicos y demostrado hasta la saciedad que la “spanish revolution” carecía de calado suficiente como para ser un movimiento de cambio real dotado de una clara visión de la situación.

4.4. La liquidación del movimiento de protesta hasta la próxima ocasión. Al iniciarse el mes de junio, los sectores más conscientes que aun permanecían movilizados se enfrentaban al problema de cómo liquidar el movimiento sin dejar atrás el amargo sabor de la derrota. La dinámica asamblearia se había tornado insoportable y cada día (como había ocurrido cuarenta y tres años antes en el mayo de 1968) las filas de los indignados se iban vaciando, percibiéndose cada vez más la presencia de marginados sociales, activistas antisistema, ultraizquierdistas manipuladores y tribus urbanas, en un batiburrillo asambleario decepcionante y paralizador. La excusa encontrada por los organizadores del movimiento consistió en “llevar la lucha a los barrios”, olvidando que el momento álgido del movimiento ya había pasado y que esa misma consigna fue lo que terminó por desmovilizar el apoyo estudiantil durante el mayo del 68 parisino.

4.5. ¿Qué ha sido el movimiento del 15-M? Ha sido, en primer lugar, un movimiento incompleto que ha carecido de una interpretación global del actual momento histórico, un movimiento que no ha entendido las implicaciones de la globalización y que, para colmo, se ha mostrado favorable a “otra globalización”. No ha entendido que lo contrario de la globalización y su único antídoto es la defensa de la identidad de nuestros pueblos. El movimiento del 15-M no ha entendido todavía que por el momento el único bastión contra la globalización son los actuales Estados nacionales y que su defensa es la condición sine qua non para afrontar la lucha contra el capital multinacional, contra la alta finanza y la banca internacional impulsores de la globalización. La falta de patriotismo y la desconsideración de lo que el patriotismo supone como valladar contra la globalización ha sido el principal hándicap del movimiento del 15-M y denota su origen último, surgido de los restos de la izquierda antisistema.

4.6. Los “indignados” y la inmigración, o no saber identificar las tácticas de la globalización. Por otra parte, el movimiento de los “indignados” ha olvidado cualquier referencia al fenómeno de la inmigración, una de las armas que utiliza la globalización para abaratar los costes de producción en los países del Primer Mundo y cuya presencia tira de los salarios a la baja. El movimiento del 15-M ha olvidado que, aunque víctimas de la globalización, la inmigración es la causa del estancamiento salarial en nuestro país, y hoy constituye sin duda el principal lastre de nuestra economía. La baja cualificación laboral de los 6.000.000 de inmigrantes llegados a nuestro país hace que solamente puedan tener acomodo en tres sectores de muy baja productividad: construcción, hostelería y agricultura, estando completamente desfondado el primero (que jamás volverá a los niveles de actividad que tuvo hasta 2006-7), con una limitada capacidad de empleo el segundo y en fase de liquidación (y mecanización de las explotaciones supervivientes) el último. Y si la inmigración no tiene cualificación para trabajar en otros sectores laborales y jamás encontrará acomodo en nuestro agónico mercado laboral en los próximos 10-15 años ¿por qué siguen llegando inmigrantes? ¿por qué siguen percibiendo ayudas y subvenciones sin esperanza de que obtengan recursos propios para valerse por sí mismos? Y lo que es más importante: ¿por qué no se les repatría para aligerar las cargas del Estado y alcanzar la normalidad de nuestro mercado laboral? Esta cuestión era tabú en las asambleas de “indignados” y cuando se tocó la materia fue solamente para acusar de “xenófobos y racistas” a quienes se oponen a este estado de cosas.

4.7. A la espera de un movimiento de protesta global. A la vista de estas carencias, el movimiento del 15-M solamente podía ser un movimiento limitado que precede al gran movimiento de protesta que inevitablemente estallará en los próximos años. La década que se avecina será la década de la protesta en España. Miente quien diga que hemos tocado fondo y que las cosas no pueden ir a peor: lo irán porque la naturaleza del sistema político español nacido en 1978 es dejar pudrir los problemas, evitar coger el toro por los cuernos y vivir de espaldas a las realidades. Mientras que la política real consiste en aportar soluciones sencillas a problemas complejos, el sistema político español está habituado a la retórica y a la verborrea, a la utilización de tópicos y a la formación de comisiones, a la ausencia de centros de imputación a los que se les pueda responsabilizar de los fracasos en la gestión de los conflictos y al escamoteo de los problemas reales creando “diversiones” y magnificando problemas irrelevantes convertidos en centros del “debate nacional”. El zapaterismo ha logrado dominar esta estrategia sacando a la palestra temas como la “memoria histórica”, la “violencia de género”, “la eutanasia”, la “reforma de la ley del aborto”, los “derechos de los homosexuales”, etc, cuando todo un país se estaba cayendo en pedazos, cuando no había un modelo económica que sustituyera al modelo desintegrado con la crisis de junio de 2007. En este sentido, algunos documentos emitidos por las comisiones del movimiento del 15-M van en la misma dirección e insisten en los mismos temas que el zapaterismo, eludiendo –como éste- pronunciarse sobre problemas de primera magnitud.

4.8. Este no ha sido el movimiento de protesta de la mayoría de los que tenían razón para indignarse. Pero si el movimiento del 15-M no ha sido, no ha podido ser, el movimiento de la protesta de los trabajadores y de los damnificados de la globalización, no cabe la menor duda de que en los próximos años surgirá un movimiento de magnitud centuplicada que sitúe el énfasis en los problemas reales, no tenga miedo a lo políticamente incorrecto, ni dude a la hora de enumerar los problemas reales. Del movimiento del 15-M podemos retener lo mejor que ha tenido: el haber identificado a las dos columnas sobre las que se asienta el sistema político español, denunciar que no son más que las dos caras de una misma moneda y pedir a las masas que demuestren su insolidaridad con el régimen no votando a las opciones mayoritarias, absteniéndose o votando en blanco o nulo. De este movimiento podemos retener que la globalización es el enemigo (si bien el movimiento no ha identificado las dos tácticas que en la actualidad está empleando la globalización contra Europa: la deslocalización industrial y la inmigración masiva) y que hoy más que nunca son necesarias políticas sociales para defender a las clases más modestas de la sociedad, así como un necesario reparto de la riqueza que evite la distancia abismal entre quienes lo poseen todo y los que no poseen nada, verdadero proceso de tercermundialización que se está dando en Europa y muy particularmente en España. El movimiento del 15-M ha dado también en el clavo considerando que esta democracia no es tal, que se trata, en realidad de una partidocracia al servicio de un único poder plutocrático, el poder del dinero, al que sirven con fidelidad perruna tanto PP como PSOE… Pues bien, si todos estos son los aspectos más notables del movimiento del 15-M cabe decir que nosotros mismos, España 2000, los venimos defendiendo por activa y por pasiva desde hace años.

(c) Ernesto Milá - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

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