Locura y milicia (III de V). Ungern Khan

Publicado: Sábado, 02 de Octubre de 2010 19:02 por Ernesto Milá en MILICIA

Infokrisis.- Aquellos pocos que se aproximan a la figura de Ungern Khan reconocen en él, a primera vista, el paradigma del guerrero enloquecido. Su hazaña es similar a la expedición de los “marañones”: como ellos cruzaron el Amazonas, Ungern Khan y su división asiática de caballería cruzaron Siberia. Ambos, Lope y Ungern fueron despiadados con sus enemigos y más todavía con sus propios hombres. Los dos eran hombres cultos, los dos habían nacido guerreros y ambos tenían delirios místicos que estuvieron presentes en el trasfondo de sus aventuras. Los dos terminarían rodeados de sus últimos leales y muertes bajo el fuego enemigo. Ambos, estaban locos.

Jalones de una vida

Ungern Khan von Stemberg había nacido en Graz, Austria, hijo de una familia de Baltenritter (“barones del Báltico”, de origen alemán. Creció en Reval, Estonia. Estudió en la Academia Militar de San Petersburgo, y de paso por Siberia quedó fascinado por el estilo de vida de los nómadas. Al estallar la I Guerra Mundial es destinado al frente de Galitzia, en Polonia, donde se acreditó como un oficial valiente, a menudo temerario y en torno al cual proliferaban los chismes sobre sus excentricidades. Se decía que el general Wrangel, su superior en el Ejército Ruso, tenía miedo a ascenderlo intuyendo lo que sería capaz de hacer. En su expediente como oficial de operaciones figuraba una palabra que sintetizaba la opinión que tenían sus superiores de él: “imprevisible”.

Al igual que Lope de Aguirre, Ungern era un guerrero cultivado, familiarizado con las literaturas europeas, cuyas lenguas dominaba: Dante, Goethe, Dostoïesky o Bergson constituían algunas de sus lecturas favoritas. Ambos experimentaron un deseo de independencia de los poderes establecidos, fueron incapaces de adscribirse a ningún bando y, finalmente, la desmesurada ambición de sus obras denotaba por sí misma su grado de locura. Tanto Ungern como Lope evidenciaron un extraño impulso místico. La megalomanía y la crueldad, mezcladas con una lucidez extrema, desembocaron en la locura absoluta entre ambos. Ambas vidas son incuestionablemente paralelas.

Es posible que su atracción por Asia procediera del recuerdo de su abuelo, un aventurero que finalmente resultó expulsado de la India por los británicos para retornar a la isla Báltico en donde los von Stemberg tenían su feudo. Poco después se le acusó de “naufragador” pues encendía fuegos que despistaban a los navíos y les hacían embarrancar en la isla donde eran saqueados. Con tales antecedentes familiares no era raro que Ungern Khan se considerara procedente de un “linaje de guerreros donde la sangre de los hunos y la de los germanos se mezclan”.

Las primeras noticias que llegaron a España sobre este personaje se deben a la obra de Ferdinand Ossendowsky, Bestias, Hombres y Dioses, publicado en España antes de la guerra civil. En su obra, Ossendowsky que había sido ministro en el gobierno contra-revolucionario, narra su atribulada fuga de la revolución bolchevique que le lleva por Siberia y Mongolia. Gracias a él conoceremos la tradición del “Rey del Mundo” y la figura de Ungern Khan. Hubo de pasar mucho tiempo, casi cincuenta años, para que el cómic de Guido Crepax diera unas pinceladas breves sobre el personaje en uno de los cómics de su serie Corto Maltés. En 1973, Julius Evola le dedicó un artículo  en el diario Roma, en donde explicaba que había conocido a su hermano: “Nosotros mismos tuvimos ocasión de oír hablar directamente de Stemberg por su hermano, que debía ser víctima de un destino trágico: habiendo escapado a los bolcheviques y regresado a Europa a través de Asia tras toda clase de vicisitudes increíbles, él y su mujer fueron asesinados por un portero preso de la locura cuando Viena fue ocupada en 1945”. Poco antes, la revista Etudes Traditionelles, aportó algunos datos sobre la personalidad de Ungern Khan transmitidos por el que había sido jefe de artillería de su división. Evola comentaba que en Mongolia la figura de Ungern Khan fue adorada en templos budistas como “manifestación del dios de la guerra”, Mahakala.

En tanto que Mahakala, Ungern tomó partido contra los bolcheviques y recorrió Asia combatiéndolos. Se enfrentó a los chinos a los que expulsó de la zona que ocupaban en el Tíbet, marchó hacia Mongolia y ocupó el país contando con el apoyo de la jerarquía lamaísta local. Tras vencer a los rusos blancos, a los ejércitos bolcheviques solamente les quedaba terminar con la “división asiática de caballería” comandada por Ungern Khan. Y a eso se aprestaron en agosto de 1921. Tras su muerte y durante muchos años la figura de Ungern Khan alcanzó especial relieve entre las comunidades budistas de Asia Central siendo considerado como una especie de santo y venerado como tal aún hoy en los templos budistas de Mongolia.

A lo largo de toda su vida solamente tuvo una filosofía en la que creyó profundamente y que él mismo resumió así: La victoria o la derrota son dos putas mentirosas. Solo me interesa la guerra, nunca lo que viene después. Es preciso combatir hasta el final. También yo considero que esta guerra está perdida, pero la desesperación es tan mentirosa como la esperanza. Sólo cuenta una cosa: ser aquello que se es y hacer lo que debe hacer”.

En el infierno de la guerra civil rusa

Evola, en su artículo publicado en el diario Roma, nos confirma que Ungern-Stemberg pertenecía a una vieja familia báltica de origen vikingo y añade que “mandaba en Asia, en el momento en el que estalló la revolución bolchevique, numerosos regimientos de caballería, que poco a poco acabaron convirtiéndose en un verdadero ejército. Ungern decidió combatir con éste la subversión roja hasta las últimas posibilidades”. En realidad, Ungern estuvo contra los bolcheviques pero también contra los “blancos”. Lo que Evola no explica es que, Ungern fue enviado por el Gobierno Provisional ruso, el último democrático antes de la ocupación el poder por los bolcheviques, al extremo oriente ruso acompañado por el general Semiónov, atamán de los cosacos. Una vez allí les sorprendió la revolución de octubre de 1917 y ambos militares optaron por el campo contra-revolucionario. Cuando esto sucedía, la fama de Ungern como personaje excéntrico e irracional ya era suficientemente conocida en el ámbito militar. Allí, en Siberia y Mongolia demostró que estos adjetivos no eran inmerecidos. Pronto empezó a actuar fuera de cualquier disciplina de Wrangel y Kolchack, los jefes militares de la contra-revolución y haciendo gala de un comportamiento cada vez más exaltado, excéntrico y cruel hasta el punto de que cuando conoció al ingeniero Ossendowsky le dio: «Mi nombre está rodeado de tal odio y de tanto terror que nadie consigue distinguir la historia de la leyenda».  

Su ejército englobaba a cosacos de Transbaikalia, mongoles, buriatos, y rusos, y era una muestra de selección natural: le seguían aquellos que estaban lo suficientemente locos o que experimentaban un impulso místico enfebrecido como mínimo tan grande como su jefe.

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