Infokrisis.-  Cuando el mundo permanecía aún atónito ante lo que estaba viendo en directo, un desconocido que llamó a una estación de televisión en Abu Dhabi asegurando que el responsable de los atentados era el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP). Los ataques serían una represalia por el apoyo que brinda Estados Unidos a Israel.

IV. ¿CÓMO SE CONSTRUYÓ UN FALSO CULPABLE?

Desde 1969, el FPLP había protagonizado distintos episodios de violencia. En el verano de ese año sus activistas secuestraron a cuatro aviones de pasajeros de distintas nacionalidades, haciéndolos estallar en Egipto. El episodio desestabilizó la situación política jordana, desembocando en el "Septiembre Negro" de 1970. Debieron de pasar mas de veinte años para que esta organización marxista-leninista palestina volviera a la primera página de los diarios. En 1991, el FPLP se responsabiliza del ataque perpetrado contra las posiciones que el Ejército israelí controlaba en la "zona de seguridad" al sur del Líbano en el que murieron cuatro soldados. A partir de ahí y en los siguientes años, la organización fue reivindicando distintos atentados contra los intereses judíos. Algunas de estas operaciones fueron realizadas conjuntamente con el Partido Comunista Libanés.

El 30 de julio de 1998, intentaron torpedear el proceso de paz asesinando a 13 israelíes e hiriendo a otros 172 en un mercado de Jerusalén, mediante un terrorista suicida. Se dijo en esa ocasión que el FPDL, en esa época, empezó a ser mediatizado por los servicios secretos iraníes tal como reveló en junio de 1998 el semanario jordano Shihan. Lo cierto es que, poco a poco, esta pequeña organización fue ganando fama de protagonizar atentados “inoportunos”, el más importante de los cuales fue sin duda el asesinato del ministro israelí de Turismo, Rejabam Zehevi en el hotel Hayatt de Jerusalén.

Con estos antecedentes la reivindicación realizada desde Abu Dhabi podía ser verosímil. Sin embargo, a las pocas horas, Taysser Khaler, dirigente del FDLP en los territorios palestinos declaró: "Quiero destacar que la información difundida en Abu Dhabi por una persona anónima es totalmente incorrecta". No sin cierto cinismo, añadió: "El FDLP rechaza el secuestro de aviones y está en contra de poner en riesgo la vida de civiles que no están relacionados con la lucha de esta región". Por su parte, Salah Zidán, un destacado dirigente del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) desmintió también cualquier implicación en los atentados de Nueva York.

Zidán, miembro del Comité Ejecutivo del FDLP, dijo a EFE que dicho frente "no tiene nada que ver, ni de cerca ni de lejos, con los atentados". Manifestó también, en respuesta a una pregunta, que "la llamada telefónica en la que alguien atribuyó al FDLP la autoría de los atentados no es cierta, sino completamente falsa, y el objetivo es causar daño a la causa palestina".

En realidad, la reivindicación no había resultado creíble para los analistas occidentales. Del FDLP se conocía lo suficiente como para saber que no tenía recursos ni estructura suficientes para ejecutar un plan de tanta envergadura. EFE, comentando la noticia, añadía: “De hecho, el FDLP es considerado un grupo secundario dentro del conflicto árabe-judío”. Sin embargo esta falsa reivindicación no era completamente ingenua. Había sido difundida bajo el impacto del atentado, cuando los televisores de todo el mundo estaban retransmitiendo en directo, una y otra vez, las imágenes de los impactos directos de los aviones contra el WTC y el Pentágono. Aun siendo falsa, estaba claro que subliminalmente se orientaba la responsabilidad del crimen hacia Oriente Medio. Se generaba en el público una sensación “de proximidad”. Era como si se dijera taxativamente: “no sabemos de dónde han venido los atentados, pero estén ustedes seguros de que tienen que ver con los enemigos de Israel”. En las horas siguientes, esa idea fue cobrando forma con leves rectificaciones.

Llama la atención –y frecuentemente se olvida- que uno de los primeros mensajes de condena del atentado lo realizó el régimen talibán. La noticia saltó a los teletipos hacia las 17:00 horas, apenas 120 minutos después de que el primer avión se estrellara contra la Torre Sur. EFE, “rebotó” la noticia a las 17:24 con el título: “Talibán niegan implicación Osoma Bin Laden”. La noticia estaba fechada en Islamabad y decía textualmente: “El gobierno afgano de la milicia integrista islámica talibán negó que el multimillonario saudí Osama bin Laden, refugiado en Afganistán, tenga nada que ver con los atentados en EEUU ante los que expresó su condena y el deseo de que sean detenidos los culpables. Osama sólo es una persona, él no tiene las facilidades para llevar a cabo tales actividades", afirmó Abdul Salam Zaeef, embajador de los talibán en el país vecino de Pakistán, uno de los tres estados del mundo que reconoce el régimen de los talibán”. Salam Zaeef calificó de "actos terroristas" los ataques y expresó su confianza en que los autores de los mismos fueran apresados pronto y llevados ante la justicia. "Queremos decir a los americanos que Afganistán siente su dolor", declaró el diplomático en conferencia de prensa celebrada en la capital paquistaní”.

Al día siguiente, cuando ya se había difundido la presunta culpabilidad de Bin Laden, el régimen talibán dijo que estaría dispuesto a examinar las pruebas sobre la supuesta responsabilidad del millonario saudí con vistas a su extradición. Abdul Salam Zaef explicó que su Gobierno podría estudiar las evidencias de las investigaciones llevadas a cabo por EEUU y responder a una solicitud de extradición de Washington. En aquellos momentos el régimen de los talibán, que controlaba el 90 por ciento del territorio afgano y el embajador en Islamabad estaba muy lejos de suponer que, apenas 100 días después, tan solo iban a sobrevivir de todo aquello, unos pocos cientos de talibanes huidos a las montañas, miles de presos en las cárceles y un país en ruinas.

A las 17:31 del 11 de septiembre, a solo 180 minutos de haberse producido los atentados, desde Londres, irrumpió una extraña declaración de un periodista árabe Abdel-Bari Atwan, redactor jefe del semanario “Al Quds”, reputado de estar próximo a Bin Laden. Atwan recordó que el saudí “había adelantado hace apenas tres semanas que se iban a producir pronto grandes atentados contra intereses en Estados Unidos”. Y afirmaba “con toda seguridad que Bin Laden está, tras de los devastadores ataques de hoy contra las torres gemelas en Nueva York, el Pentágono en Washington y otros lugares públicos del país”. Lo ocurrido "ha sido seguramente obra de fundamentalistas islámicos... Estos atentados han sido bien organizados... Pueden ser resultados del trabajo conjunto de varios grupos fundamentalistas islámicos", declaró. Luego resultó que Abdel-Bari Atwan jamás había tenido vínculos privilegiados con Bin Laden.

A las 19:10 del 11 de septiembre, el presidente de EEUU, George W. Bush, ordenaba “una investigación en profundidad del más brutal ataque terrorista sufrido nunca por este país y del que, por ahora, los cuerpos de seguridad del estado no disponen de pista alguna sobre sus responsables”. Se anunciaba que los servicios de inteligencia estadounidenses tampoco detectaron con anterioridad que se estaba gestando un ataque masivo contra algunos de los puntos neurálgicos de Estados Unidos. Sobre el FBI (Oficina Federal de Investigaciones) recayó la coordinación de la investigación sobre del ataque. A esa hora se reconocía que no había pistas de ningún tipo, pero, sin embargo “las miradas se dirigen hacia Oriente Medio y Osama Bin Laden”. Se recordaba su participación en atentados como los de Kenia y Tanzania. Colin Powell, que se encontraba de visita en Bogotá se vio obligado a suspender el viaje y trasladarse rápidamente a Washington. Aun en el aeropuerto de Bogotá declaró: "Pueden estar seguros de que Estados Unidos llevará ante la justicia a los responsables de esta tragedia". Pero, en realidad, Powell daba la sensación de estar algo desconectado de la línea principal de argumentación de la Administración Bush: por que, pronto no se trataba ya de “llevar ante la justicia”, sino simplemente de “castigar”

En el curso de la declaración de Bush, las agencias de prensa hacían recibido orientaciones de hacia donde se enfocaban las pesquisas: “Los investigadores dirigen sus pesquisas a determinar qué grupos terroristas en el mundo podrían tener la capacidad para organizar un ataque de estas dimensiones y según los expertos, una de las respuestas a ese interrogante lleva el nombre de Bin Laden”. Cuatro horas después de los atentados, estaba hasta tal punto clara la tendencia de la Administración Bush a culpar al mundo árabe del crimen que el presidente de la Asociación Arabeamericana de EEUU, James Zogby, pidió a sus conciudadanos "no realizar juicios acelerados y no apuntar a la comunidad árabe de EEUU, que como todos los otros ciudadanos de este país sufren por esos actos despreciables".

En un parte de EFE fechado a las 20:54, es decir ocho horas depuse del atentado, se presentaba a Bin Laden como “uno de los posibles sospechosos de estar detrás de los atentados de hoy en Estados Unidos, aunque hasta el momento no los ha reivindicado ni existe prueba alguna que le vincule a los hechos”. La noticia iba acompañada de algunos calificativos utilizados habitualmente en EE.UU. para referirse al saudí: "Millonario del terror", "banquero del terrorismo islámico" o "enemigo número uno de Estados Unidos" y se acompañaba con una rápida biografía del personaje.

Dos horas después, las informaciones empezaban a ser más concretas. Exactamente a las 23:22 se difundía unas declaraciones del senador republicano por Utah, Orrin Hatch, para quien las autoridades de Estados Unidos disponen de información sobre los atentados terroristas de Washington y Nueva York que conducen hacia Osama Bin Laden. "Aunque hemos recibido informaciones fragmentadas, hay indicios de que Osama Bin Laden está detrás de estos atentados", dijo Hatch, que es miembro de los Comités de Asuntos de Inteligencia y Judiciales del Senado de EEUU. A esa misma hora, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, inicialmente declinó informar sobre el proceso investigador y en una conferencia de prensa en el Pentágono aseguró que no hablaría "sobre asuntos relacionados con cuestiones de inteligencia". Preguntado sobre la posible implicación del integrista Bin Laden en los atentados, el jefe del Pentágono dijo que "no era el momento de hablar de esa situación". En el curso de esa rueda de prensa Rumsfeld habló por primera vez de Afganistán y desdiciéndose de lo que acababa de decir, abordó el tema Bin Laden: “no podemos aceptar esta situación sin una respuesta fuerte y adecuada... Bin Laden es la fuerza que motiva a estos actos, tiene el dinero y la capacidad de movilizar" a los enemigos de EEUU”. El congresista Hatch aprovechó para hablar de fondos: “reconoció que este golpe tendrá un impacto en los gastos de defensa y también que en este país no se han dedicado suficientes fondos a los servicios de espionaje”. Por su parte, el ex secretario de Defensa William Cohen, se refirió también a que "las huellas conducen a Bin Laden o a grupos que él apoya", pero subrayó que EEUU "necesita más evidencias de las que tiene por ahora y obviamente necesita más tiempo, pero no hay duda de que hay que actuar de forma rápida".

Cuando el sol ya había desaparecido en Europa e iniciaba su declive en Nueva York, quienes habían tenido ánimo suficiente como para seguir hasta esa hora las informaciones, ya se habían hecho una imagen muy clara de quien era el presunto inductor de los atentados: un saudí de nombre Bin Laden. En las horas siguientes, de una forma meteórica que contrastaba con su ineficacia anterior, los servicios de seguridad e inteligencia americanos, lograron identificar a los 19 sospechosos de secuestrar y estrellar los aviones. Aun dando por supuesto que esos 19 presuntos terroristas hubieran sido los responsables del crimen, todavía quedaba por demostrar que tenían algún tipo de vinculación con Bin Laden o Al Qaeda. Por que, a pesar de la magnitud del crimen y aceptando la versión oficial, no hay que olvidar que estos atentados habrían sido cometidos por un grupo terrorista que debía ser combatido como tal: con pruebas, órdenes internacionales de captura, detenciones, juicios y condenas: tal es el sistema que sigue cualquier Estado de derecho. Pero el problema es que, casi medio año después de los atentados, la culpabilidad de Bin Laden no ha sido demostrada con pruebas objetivas capaces de ser aceptadas por un tribunal. Todo eso se ha sustituido por un formidable e irreversible despliegue militar.

Creemos haber demostrado que ya desde el principio, a las dos horas de producirse el crimen, el culpable ya había sido designado. ¿Existían otras posibilidades? Muchas: atentado organizado por los servicios secretos iraquíes, atentado organizado por Corea del Norte, atentado organizado por los círculos extremistas norteamericanos (recuérdese la masacre de Oklahoma), atentado realizado por cualquier organización palestina -la andadura del FDLP ¿no se inició acaso con el secuestro de cuatro aviones en 1968?- manipulado por unos o por otros Estados árabes... pero no, desde el principio se insistió en la culpabilidad de Bin Laden. Ahora toca preguntarse por qué.

En 1994 los talibán llegan a Kabul con una aureola de “hombres santos” y logran establecer el orden en todo el país. Tan solo un pequeño reducto en el norte escapará a su dominio. Al año siguiente empiezan los atentados que han sido relacionados con Al Qaeda. Hay que recordar que, ninguno de estos atentados ha sido reivindicado por la organización, lo cual ha servido para decir que Al Qaeda no reivindica nunca atentados. La cuestión no es si los reivindica, ni siquiera si los induce, sino si realmente los terroristas que los cometen tienen algún tipo de vinculación con la organización y con su jefe, Bin Laden.

Y en este terreno hay que reconocer que nos movemos en un terreno excepcionalmente extraño y vidrioso. Da la sensación de que hay algo que no encaja. Habitualmente los grupos terroristas, por sofisticados que sean, cuenta con una dirección y una militancia más o menos organizada en células. Esta militancia es seguida y perseguida por las fuerzas de seguridad de los Estados en los que operan. Antes o después se producen detenciones y juicios. Con los atentados atribuidos a Al Qaeda no ocurre nada similar. Y esto que puede ser considerado como ineficacia policial, tiene como contrapartida una extraordinaria efectividad a la hora de encarcelar y detener a comandos... que todavía no han cometido ningún atentado. Este tipo de operaciones abundaron tanto antes como después de los sucesos del 11 de septiembre. Evidentemente, se trataba de operaciones protagonizadas en última instancia por las policías nacionales, que siempre, providencialmente, recibían informaciones de Washington.

Todas las relaciones de atentados de Al Qaeda elaboradas por las agencias informativas y los medios de comunicación, se inician el 26 de febrero de 1993 con el atentado con bomba contra el World Trade Center en el que murieron 6 personas y resultaron heridas más de 1000. Pero hay que decir unas cuantas cosas sobre esta operación de la que hablaremos ampliamente más adelante.

En realidad, desde entonces, cualquier atentado que hayan sufrido los norteamericanos en el extranjero ha sido atribuido, inevitablemente, a Al Qaeda. Lo cual parece excesivo. Igualmente excesiva es la ineficacia de los servicios de información más importantes del mundo para localizar en esos ocho años a Bin Laden, detenerlo o ejecutarlo. Siempre existirá la sospecha de si el perfil terrorista de Bin Laden ha sido fabricado por los propios servicios secretos que han construido una leyenda a la cual se le puede atribuir cualquier actuación por criminal y asesina que sea.

El “monstruo” Bin Laden empieza a ser construido a principios de 1994. La primera acusación pública procedió del ministro Yemen del Interior, Yahia al Mutauakel, quien acusó a “Usama ben Laden” (como se escribía en la época) de “financiar a grupos integristas que perpetraron atentados en Yemen y en otros países”. Dos meses después, en marzo, el mismo ministro volvía a la carga acusando “a los miembros de la organización terrorista “¡Yihad!”, que regresaron de Afganistán, de ser responsables de los atentados terroristas en Yemen”. A partir de este episodio, el nombre de “Osana ben Laden” y, finalmente, de “Osama Bin Laden” pasará a ser habitual en la crónica negra.

1994

-          Octubre.- Ataque contra soldados estadounidenses en Mogadiscio, Somalia, al ser derribados tres helicópteros en el que murieron 18 soldados norteamericanos.

-          Diciembre.- Plan frustrado para asesinar a Juan Pablo II en su visita a Filipinas simultáneo a atentados contra las embajadas de Israel y Estados Unidos en Manila.

1995

-          13 noviembre.- Un coche bomba hace explosión en la sede de la misión de entrenamiento de la Guardia Nacional saudí por expertos de EEUU, en Riad y causa la muerte a seis personas, cuatro de ellas estadounidenses, y sesenta resultan heridas.

1996

-          25 junio.- Un coche-bomba estalla en un edificio militar estadounidense en Dharan (Arabia Saudí), causando la muerte a 19 militares norteamericanos.
1998

-          7 agosto.- Dos atentados casi simultáneos perpetrados en las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania , con 301 personas (incluidos 12 estadounidenses) y 5.000 heridos.

1999

-          Diciembre.- La policía jordana arresta a miembros de una célula de Al Qaeda que planificaba un ataque contra turistas en el este del país.

-          14 diciembre.- Complot frustrado para colocar una bomba en durante las celebraciones del fin de milenio en la localidad estadounidense de Seattle.

2000

-          12 octubre.- El ataque contra el destructor estadounidense Cole en el puerto de Adén. Mueren 17 marineros, y otros 36 resultaron heridos. 2001

-          17 junio.- Tres presuntos terroristas vinculados a Al Qaida son detenidos cuando preparaban la voladura de la embajada estadounidense en Nueva Delhi.

Cinco atentados ejecutados y cuatro frustrados. Ninguno reivindicado. Es como mínimo una historia extraña y si se nos apura un balance muy pobre para diez años de actividad terrorista. ¿Qué hacen las células de Al Qaeda entre atentado y atentado? ¿cuántos terroristas hacen falta para llevar a cabo media docena de acciones? ¿cuántos campos de entrenamiento? ¿cuántas de las famosas “células dormidas”? ¿por qué jamás se reivindican los atentados o si se reivindican es con nombres desconocidos? ¿qué sentido tiene realizar un atentado antiamericano cada dos años, cuando se puede hacer uno a la semana cualquier parte del mundo? ¿técnicamente si se dispone de comandos suicidas es fácil golpear en el interior de los EE.UU. con frecuencia inusitada? Decididamente, Bin Laden es un extraño terrorista (más adelante veremos como piensa) y su organización mucho más extraña todavía. Dado que carece de registros, ficheros, documentos y número de carné para sus militantes, resulta extremadamente fácil poderle atribuir cualquier hecho. No estamos diciendo que Bin Laden sea un “hombre de paz”, un “alma cándida”, es seguro que sus manos pueden estar manchadas de sangre y que desea para EE.UU. la peor de las suertes. De hecho, él mismo ha reconocido que todos los días pide a Alá que “castigue a América”, así que cuando ocurre algún atentado para Bin Laden es “por voluntad de Alá”. Sería difícil encontrar un aspirante a la culpabilidad más perfecto que él.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

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