Por qué la extrema-derecha está muerta y enterrada en España

Publicado: Sábado, 18 de Septiembre de 2010 06:07 por Ernesto Milá en ULTRAMEMORIAS

Infokrisis.- Algunos dicen que la extrema-derecha volverá a ser algo en España. Yo les digo que no, que la ultra está muerta y enterrada y que nunca, absolutamente nunca más, volverá a reconstruirse con la fisonomía que tuvo en la transición y mucho menos en períodos históricos anteriores. El que suscribe hace tiempo que dejó de considerarse “ultra”, pero no ha podido evitar seguir manteniendo relaciones y contactos con gentes que así se siguen considerando o cuyos actitudes obligan necesariamente a considerarlos como últimos mohicanos de la ultra carpetovetónica. Voy a dar unas cuantas razones para apoyar mi opinión de que la extrema-derecha está muerta y enterrada. Esta enumeración dista mucho de ser exhaustiva y si no sentimos un particular interés en apurar el tema es por el distanciamiento absoluto que experimentamos hacia ese sector.

La ultraderecha nacional no volverá nunca a ser “algo” ni sobre el plano político, ni sobre el plano militante por las siguientes razones:

1) Los pactos de la transición siguen vivos y siguen bloqueando sistemáticamente cualquier crecimiento de la extrema-derecha franquista. Estos pactos mostraron una eficacia absoluta en contener a la extrema-derecha entre 1976 y 1983, limitando primero su impacto a un único diputado parlamentario y luego consiguiendo su eliminación política completa. Estos pactos siguen en vigor y apuntan permanentemente contra todo lo que representa ecos del antiguo régimen.

2) La extrema-derecha de la transición tenía tres temas característicos: “unidad nacional”, “dureza en materia antiterrorista” y “defensa de su memoria histórica”. La “unidad nacional” está hoy más asegurada que nunca, la “lucha antiterrorista” ha liquidado definitivamente a ETA que si sigue existiendo es por necesidades del zapaterismo crepuscular; en cuanto a la “memoria histórica”, cada vez se habla más de ella, también por instigación del zapaterismo, y cada vez interesa menos al quedar más lejos en el tiempo.

3) La extrema-derecha en la actualidad sigue teniendo esas mismas temáticas: sigue colocando en primer término de su programa el tema de la “unidad nacional” sin advertir que el dominio de este tema está completamente en manos del PP y que puede movilizar más banderas nacionales que toda la ultraderecha junta. Nunca podrá horadar esta posición del PP, ni siquiera aunque este partido pacte con los nacionalistas periféricos como ya ha hecho.

4) En cuanto a la “memoria histórica”, la ultraderecha sigue sin situarla en donde le corresponde que no es, precisamente, el terreno político. Mientras persista en esa actitud, la “memoria histórica” comprometerá y lastrará su imagen política, dándole siempre una imagen de “mirar eternamente al pasado”, en unos momentos de crisis sin precedentes. Otro tanto le ocurre a la izquierda comunista, cada vez más aislada de la realidad y más volcada a homenajear a los brigadistas internacionales, a los últimos maquis y a un pasado cada vez más lejano.

5) La extrema-derecha española no ha advertido todavía que lo esencial de su clientela en Europa no deriva de ganar el voto conservador (bien atado por la derecha liberal), sino de hacerse con el voto que ha quedado huérfano por la crisis de la izquierda. Pero ¿quién entre los ultras se ha preocupado de conocer en qué consiste la crisis de la izquierda?

6) Cuando se mezclan temas de “derechas” (como el reiterativo tema de la “España una”) con temas “sociales” (en eso que se ha dado en llamar “patriotismo social”), el combinado no funciona: no puedes tentar a un electorado situado en la abstención o en la izquierda en crisis, mezclando temas sociales con referencias a la “España una” que remiten directamente al franquismo y que está incorporado, debidamente pulidos, al programa electoral de la derecha liberal.

7) Por eso mismo, los llamamientos de la extrema-derecha a luchar contra problemas reales como la “inmigración”, la “corrupción” o la “crisis económica”, siempre serán ignorados; en efecto: pasan a un plano completamente secundario en su imagen al lado de lo que hemos llamado en otras ocasiones “sobreactuación patriótica” ante la cual, todo lo demás pasa a un plano completamente secundario.

8) A fuerza de no adaptarse a las realidades e insistir en sus obsesiones, la extrema-derecha se ha ido empequeñeciendo cada vez más y fracturando. De una situación así solamente se sale rectificando el tiro y modificando interiormente los criterios organizativos. Eso pudo hacerse entre 1976-1979, pero no luego en donde el aislamiento acumulado en esa época ya hacía imposible seguir con ese cliché.

9) Hoy ese empequeñecimiento ha llegado a su límite que se percibe: en la malísima calidad de la mayoría de direcciones políticas (seudo-direcciones) de ese ambiente, en la evidente incultura política de la inmensa mayoría de su militancia que se obstina en hablar un lenguaje y unos temas que ya no tienen ninguna relación con los debates políticos que se dan en la sociedad e incluso cuando auténticos tarados que difícilmente superarían un examen psiquiátrico están dirigiendo algunos grupos.

10) Ya no queda gente capaz de formar cuadros políticos, ya no quedan estrategas, ni siquiera militantes, lo que queda en toda España es no más de 6-700 militantes (los afiliados pueden llegar a 6-7.000, no más repartidos en una docena de grupos) con un nivel político muy bajo: ni siquiera tienen interés en “formarse”, ni aunque lo tuvieran existirían cuadros capaces de asumir esta tarea educativa.

11) Desde hace más de 45 años, la ultraderecha no ha generado ideas nuevas a pesar de que a partir de los años 60 su inadecuación con la realidad española ha ido creciendo. Esto es particularmente grave en lo que se refiere al concepto de “España” que para la ultraderecha es el valor máximo, pero que, paradójicamente, no ha revisado sus contenidos. Si una nación es, a la vez, “misión” y “destino” haría falta preguntar cuál es hoy la misión y el destino de España y nos sorprendería encontrar algún ultra capaz de contestar a una pregunta que ese ambiente no se ha formulado desde hace décadas.

12) Si la reflexión ideológica ha sido habitualmente desdeñada por la ultra, la reflexión estratégica ha sido todavía más primitiva y ni siquiera el concepto de lo que es “estrategia” ha quedado claro. Desde la “época histórica” (años 30) la ultra no ha conseguido distinguir con claridad lo que era ideología, de lo que era programa, y frecuentemente se confundía todo ello con lo que era estrategia. Nadie en la ultraderecha actual está en condiciones de realizar un análisis integral y definir orgánica y coherentemente: doctrina, programa, estrategia e imagen…

13) Esto ha contribuido a que el nivel de educación política de la militancia sea cero. Habitualmente, los nuevos militantes extraen sus conceptos más del clima de los campos de fútbol que en boletines, revistas, webs y portales políticos. Decididamente el nivel de conocimientos políticos de la militancia sería lo más triste de la ultra nacional de no ser por la falta de calidad de la mayor parte de sus direcciones.

14) La extrema-derecha española, para colmo, ha sido víctima también de la degeneración de la clase política que ha vivido este país en los últimos 30 años, de la pérdida de calidad del debate político en España y de la transformación de una sociedad que se ha hecho de espaldas a la clase política y, en general, abominando de ella y de todo lo que es político.

15) “Antes muerto que sencillo”, tal debería ser el lema de la ultra que se obstina en esgrimir temas sin tirón entre el electorado, especialmente cuando bastaría simplemente observar a opciones similares en otros países de Europa para encontrar una vía de transformación. ¿Para qué hacerlo? Ya no queda gente con capacidad de adaptación y con energía suficiente como para alumbrar proyectos de mínimo calado político. El panorama es desolador y ni siquiera muchos de sus dirigentes lo han advertido en todo su dramatismo.

Y es por todo ello, por lo que la extrema-derecha nunca remontará en nuestro país. ¿Y entonces qué? Es sencillo: si alguno de los últimos mohicanos de la extrema-derecha quiere adquirir un peso político similar al que tienen formaciones identitarias o antiinmigración en Europa, lo primero que debe de hacer es dejar de ser extrema-derecha. Eso, o resignarse a irse extinguiendo poco a poco.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

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