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Infokrisis.- Gracia calienta motores para unas fiestas pasadas por agua que empiezan a la voz de ya. Afortunadamente, no más de una quincena de calles están engalanadas. Si todas, hicieran lo mismo, Gracia sería inhabitable. Me acabo de cruzar en la calle Providencia a uno de los vecinos que hace apenas una hora ha entrevistado TV3. Lo he visto por el monitor de casa con polo rojo, sombrero de paja y una escalera de aluminio bajo el brazo. Cuando me lo he cruzado llevaba el mismo sombrero sobre la sesera y la misma escalera de aluminio bajo el brazo. Es un hombre constante, no me cabe duda. Nuestras miradas se han cruzado y él ha parecido pensar: “seguro que me has visto”. Es primordial salir por la tele como forma de afirmar la propia existencia. Si no sales por la tele, no existes; eso al menos es lo que parecen pensar miles de ciudadanos que al cabo del año logran quedar en ridículo delante de su familia, de sus vecinos, de sus compañeros de trabajo en las decenas de talk shows que infectan las decenas de emisoras de TV. Pero, eso sí, han logrado afirmar su existencia teniendo sus 5 minutos de ridículo mediático.

Cerca del abuelo con escalera de aluminio bajo el brazo está la plaza de Rovira i Trias. La estatua del propio Rovira aparece sentada en un banco de piedra de la plaza, a tamaño natural y como para afirmar su humanidad. A sus pies está enclastrado en el suelo una placa de bronce que reproduce el plano del Ensanche que presentó a concurso a mediados del siglo XIX. Lo malo para Rovira es que también el estudio de los Fontseré, consumados maestros de obra, presentó otro proyecto con el aliciente de estar apoyado por la masonería barcelonesa que ya por entonces hacía del consistorio un coto cerrado. Sin embargo, tampoco el proyecto de los Fontseré fue el elegido. Otro, antes bien,. se antepuso y venció al estar avalado por aquel otro francmasón adscrito al Gran Oriente de España (los Fonteseré pertenecían a la muy provinciana Gran Logia Simbólica Regional de Catalunya) con amistades en el gobierno de Madrid. Y, por lo demás, los Fonseré estaban dotados de mandil y de mallete, pero no tenían el genio y la técnica de quien se impuso finalmente, Ildefonso Cerdá con mandil, mallete, escuadra y compás.

Sobre la estatua de Rovira i Trias la lluvia cae y las palomas defecan regularmente, pero dotado de un perfil bonachón el arquitecto parece agradecido de que alguien se haya acordado de un proyecto urbanístico merecedor del olvido.

Están engalanando también la plaza que lleva su nombre: botellas de plástico recortadas y hojas verdes extraídas de plásticos del mismo color, unidas a tubería de plástico negra, cubren todo el cielo de la plaza imitando ¿un bosque? ¿un paisaje del futuro? Bosques hay varios en las calles de Gracia, todos hechos con residuos, botellas de plástico inservibles, cajas de madera que en otro tiempo trasportaron frutas, latas de reflescos, garrafones de agua mineral, paraguas de desecho comprados en todos a 100 chinos y demás detritus industriales.

También están montando los bares para la fiesta. He llegado a contar en el de la plaza Rovira i Trias 160 barriles de cerveza a estrenar. La fiesta promete. El presidente de la comisión de festejos también ha podido expresarse hoy en TV3: las fiestas de Gracia este año aumentarán sus actividades diurnas. No es que vayan a acortar las nocturnas como hubieran esperado, deseado y exigido los vecinos, es que va aumentar la oferta de actividades diurnas para familias y amantes de la cultura. Dicho de otra manera: la fiesta atronará a los vecinos, como cada año, hasta las 5 ó 6 de la madrugada. Las fiestas de Gracia, como las de Sans, como las de cualquier otra ciudad, barrio, villa o puebo, ya no son fiestas de los vecinos, sino fiestas contra los vecinos.

No se ve por tanto mucha vida en las viviendas de la plaza de Rovira i Trias, como si los de siempre, los vecinos, ante lo que se les viene encima hubieran huido en la semana de fiestas. Algunos están todavía cargando sus neveras portátiles en lo que parece una tocata y fuga hasta la semana que viene. Nada esencialmente distinto a lo que he visto en Levante o en la Mancha. Las fiestas están  ideadas para satisfacer a los comerciantes festeros, a unos cuantos conjuntos de música de segunda o tercera división desahuciados por la SGAE y a los mismos borrachos de siempre que migran de una fiesta a otra buscando su ración de los 160 barriles de cerveza.

No es raro que frecuentemente estallen riñas que aumentan aún más si cabe la algarabía y el “rebombori” nocturnos. No sería la primera vez que se han producido fiambres y apuñalamientos en el curso de las fiestas. Por ahí, los anarquistas y separatas celebran a uno de los suyos cosido a machetazos por un skinete. Real como la vida misma. El ayuntamiento pone la juerga, el respetable las molestias y los exaltaos los muertos. Así todo queda repartido equitativamente. Esperemos que este año, como máximo, los Mossos d’Esquadra reciban las pedradas que les entran en el sueldo base. El porro es el consumo más habitual entre los jóvenes a corta distancia del calimocho y la litrona. Ruido, olores, chapoteo entre meadas, comas etílicos, zurcidos en el costillar y ataques de nervios será lo más habitual en Gracia en la semana que empieza mañana.

Tristes fiestas en donde la previsión atmosférica de lluvias y vientos es lo único que puede salvar a los vecinos de los sobresaltos nocturnos. Triste la estatua de Rovira i Trias que contempla absorto en sus contorno de bronce su plano del frustrado proyecto del Eixample que recuerda a todos los barceloneses que el hado de la fortuna (y los compinches masónico de Fontseré y de Cerdá) evitaron que  el desatino se llevara a la práctica y convirtiera a la ciudad en todavía más caótica de lo que es hoy.

Por algún motivo los esgrafiados del edificio situado en la esquina de calle Rabassa con Providencia se me aparecen como un quiero y no puedo, un delirio de nuevos ricos de finales del XIX en un barrio de obreros y menestrales. La construcción –que alberga en los bajos a una Caixa- está fuera de lugar. Afortunadamente, la carbonilla impide que se aprecien en su fealdad los esgrafiados. La carbonilla es la compañera permanente de los barceloneses en esta postmodernidad.

Es paradójico que el extremo norte del distrito de Gracia se llame “barrio de la Salud”. Aquí venían los tísicos y los niños con tosferina a reposar y respirar un aire que en otro tiempo se consideraba mirífico y saludable. Hoy un tísico vería aquí carcomidos sus pulmones en tiempo record y la tosferina se agravaría hasta la incapacidad permanente. Verán, hoy he tocado las plantas del balcón, las he visto de un verde desvaído que evidenciaba que algo no iba bien. Sus hojas estaban cubiertas de una capa de carbonilla untosa que me ha teñido el pulgar de negro con solo pasarlo por el haz de una hoja. Ha habido que limpiarlas hoja por hoja prolongando su agonía. ¿Quieres plantas en tu balcón ciudadano? Ponlas de plástico, al menos no tendrás que asistir a sus funerales. En el barrio de la Salud, distrito de Gracia, la polución es tan inquietante que el nombre del barrio se transforma en un mal chiste. Como llamar Buenavista a una colina situada ante el vertedero de basuras, o Deodato a un hijoputa.

Todo esto me recuerda al “doble lenguaje” que estableciera George Orwell en su “1984”: “la paz es la guerra”, “la salud es la enfermedad” (y se podría añadir, la salud es el hollín o las fiesta el martirio). A los pies de la estatua de Trias está escrito: “Algo más que un arquitecto” y, en efecto, el plano recuerda que era más bien un pobre diablo al que algún ser querido le engañó caritativamente: “Tu si que sirves para planificar”, cuando en realidad, según la regla del doble lenguaje orwelliano quería decir: “menuda chapuza de Ensanche planificaste, mamón”.

Me voy de la plaza cuando ya uno de los 160 barriles de cerveza arroja al exterior sus primeras espumas. Sant Medir nos guarde que el ayuntamiento de Barcelona, lejos de proteger a sus ciudadanos los expone a molestias y riesgos. Sant Medir nos guíe porque lo que son estos “regidores” nos llevan por la ruta  de la amargura que conduce al precipicio.

Hay una casa ocupada en la Plaza de Rovira i Virgili. Seguramente de ahí ha partido el cartel que he visto colocado en las paredes del barrio anunciando una “fiesta alternativa”: “No queremos ser muertos en vida” nos proponen los tataranietos de Kropotkin y los émulos tardíos de Bakunin y Abad de Santillán. Lamentablemente su fiesta alternativa solamente propone ojos vidriosos inyectados en sangre –así lo reproducen en el cartel- sobre esqueletos descarnados y escuálidos. Su “alternativa” nunca es la alternativa real, sino la radicalización de los errores a los que aspiran a contestar. Los ácratas son así, como la revolución de 1917 que fue la revolución francesa más la cheka y la revolución de mayo de 1968 que fue como la de 1917 más el cubata y los Beatles. Seguimos en el doble lenguaje: “Su alternativa no es la alternativa”; “La verdad es la mentira”, Orwell dixit. La fiesta de Gracia no hace reír a sus vecinos.  

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen.

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