Infokrisis.- A finales del siglo XIX, Charles Maurras inició una teorización personal a partir del Caso Dreyfus que, integrando elementos procedentes de distintos orígenes debería renovar el horizonte del nacionalismo francés y darle un tono muy distinto al que había tenido hasta ese momento hasta el punto de dar coherencia a las ideas de la derecha monárquica no solamente en Francia sino en otros países europeos en donde su obra fue leída.

Las ideas de Maurras pueden sintetizarse en estos puntos:

  1. Reconversión del positivismo, amputándolo de ideas masónicas, seudomísticas y progresistas y aplicándolo a la política francesa. Se trataba de una forma de racionalismo extremo (González Cuevas recuerda que Maurras siempre alardeó de haber llegado a sus conclusiones por métodos “estrictamente inductivos y empíricos”). Necesidad de subordinar la crítica a la observación mediante el recurso a la sociología, la biología, la historia.
  2. Síntesis y renovación del pensamiento conservador francés de finales del XVIII y principios del XIX con Josep de Maistre (franc-masón y místico católico en la línea de Böheme, Saint Martin y Swedemborg), Louis de Bonald (primero adherido a la revolución de 1789 y luego convertido al tradicionalismo ultralegitimista), Fustel de Coulanges (historiador conservador cuya “Ciudad Antigua” reaviva el interés por el mundo greco-latino en Francia), etc.
  3. A partir de estos dos elementos (positivismo y pensamiento conservador) elabora su método: el “empirismo organizador”. Esta forma de empirismo aspira, no solamente a intentar describir el pasado sino a utilizarlo como trampolín para el futuro. Aspira también, a partir de estos elementos, a sentar una sólida base para la acción política. El “empirismo organizador” le lleva inmediatamente a establecer que toda sociedad para ser viable y poderse prolongar en el tiempo precisa de un “principio de orden”.
  4. La sociedad debe regirse por “principios naturales” (esto es, independenties de la voluntad humana). Cada sociedad debe descubrir sus propias leyes a las que deben someterse todos sus elementos. En tanto que “agregado natural”, la sociedad se rige por los principios de “orden, autoridad y jerarquía” y la función de todo gobierno es asegurar la continuidad de esa sociedad.
  5. La instauración de la civilización hace que los grupos sociales evoluciones desde la familia hasta la nación. La nación se sitúa como estadio supremo de civilización, especialmente desde la Paz de Westfalia. Es superior a los individuos que la componen y a las clases y castas en las que está dividida.
  6. El gran enemigo de la nación es el individualismo presente en las “tres R” que Maurras constantemente anatomizaba (Reforma, Revolución, Romanticismo). Para Maurras, la reforma protestante supone el primer despunte del individualismo. Los románticos introducían el sentimentalismo junto al individualismo distorsionando su visión del pasado. Finalmente, la revolución de 1789 fue un atentado contra la tradición francesa que Maurras consideraba “católica y monárquica”. La Republica, además, había dado alas a los “cuatro estados confederados: protestantes, judíos, masones y extranjeros", que llevaron a la derrota de Francia ante Prusia en 1870.
  7. De estos fenómenos la revolución  de 1870 era, sin duda, el más perverso: una nación es fuerte cuando las partes que la componen lo son también. La República, debilitando a las regiones, instaurando un jacobinismo absorbente, disolviendo los gremios, arrancando Francia de su tradición, hizo que la nación cayera por la pendiente de la decadencia.  La República, inevitablemente, tendía a la burocratización como producto del jacobinismo centralizador.
  8. Tras la demagogia de los “derechos del hombre y del ciudadano”, tras las proclamas sobre la “libertad, la igualdad y la fraternidad”, lo que ofrecía la revolución era la división de la nación y del cuerpo electoral en partidos políticos, y el sometimiento del conjunto del cuerpo social a las oligarquías económicas.
  9. En su “empirismo organizador”, Maurras advertía que el catolicismo era el cemento de Francia a pesar de que él careciera de fe. Considera que el cristianismo primitivo era anárquico y disolvente y considera afortunado el que la romanizad lo corrigiera y lo reconvirtiera en “catolicismo”. El catolicismo en Francia había sido un factor de orden social y así debía seguir siéndolo en el futuro.
  10. La doctrina política de Maurras, elaborada a partir de los anteriores principios, le llevaba a enunciar un “nacionalismo integral” en el que, al frente de la Nación, se encontraba el monarca “tradicional, legítimo y representativo” (los mismos términos que utilizó el franquismo para reinstaurar la monarquía con la Ley Orgánica del Estado de 1967) junto a los valores católicos y clásicos. Los sistemas con base electiva llevan a la Nación a las “3 D”: "división, desorganización, discontinuidad" en el ejercicio del poder.
  11. La monarquía, pues, no debía ser parlamentaria y ni siquiera debían existir los partidos políticos. El monarca asumiría y ejercería la totalidad del poder, sin embargo existiría una “cámara corporativa” de representación de la Nación en la que estarían presentes representantes de los distintos “cuerpos intermedios” de la sociedad (nuevamente se ve aquí la influencia que tuvo el maurrasianismo en la elaboración de la Ley Orgánica del Estado de 1967 que instauró la llamada “democracia orgánica” que creó un “parlamento” formado por “tres tercios”: el familiar, el sindical y el corporativo). La monarquía debía ser pues garante de las autonomías regionales y corporativas (lo que en España se llamó “foralismo”). La influencia de la Iglesia, una vez restaurada, serviría de cemento moral a la sociedad.

Tal era el esquema del pensamiento maurrasiano que nació en los últimos años del siglo XIX (con el asunto Dreyfus) y consiguió ser la doctrina más seguida por los jóvenes y los estudiantes hasta finales del primer cuarto del siglo XX, cuando la organización política constituida por Maurras, Action Française, empezó a sufrir las primeras disidencias de grupos juveniles que empezaban a fijarse en el modelo fascista italiano.

Al aparecer en escena Benito Mussolini, Maurras vio en él a un socialista emancipado del economicismo, de la partidocracia y de la lucha de clases. Se dejó fascinar por la cohabitación entre el Duce y la monarquía de los Saboya, solamente en una segunda fase empezó a entrever que el estatismo mussoliniano relegaba a la monarquía muy a segundo plano.

En cierto sentido tenían razón aquellos jóvenes militantes de Action Française que acusaban a Maurras de haberse “quedado anticuado” hacia finales de los “felices 20”. Maurras y su “nacionalismo integral” supusieron la cristalización del pensamiento de derechas que hasta su irrupción en la escena política no había conseguido formar un cuerpo doctrinal sólido y estable. Con Maurras lo que el “nacionalismo integral” realiza es generar un parentesis que ocupa desde la revolución de 1789 hasta el caso Dreyfus, período en el que tan solo aparecen “destellos” de una teoría política de derechas, pero nadie tiene la altura intellectual para realizar una síntesis actualidad: De Maistre es casi pre-revolucionario, Bonald se limita a realizar una defensa cerrada del antiguo regimen sin aspirar a forjar una doctrina coherente y actualizada; y en cuanto a Fuster de Coulanges, literalmente estaba embebido por sus estudios históricos.

Todos estos intentos se reconocían en “la derecha” en la medida en que ese era el lugar en el que se habían sentado los diputados monárquicos en la Asamblea Nacional. La síntesis realizada por Maurras es casi titánica y explica perfectamente el porque su construcción intellectual atrajo a dos generaciones de jóvenes franceses de excelente nivel cultural y porqué todavía hoy Action Française sigue existiendo. Explica también el motivo por el que algunos brillantes ensayistas españoles del primer tercio del siglo XX, repararon en su figura, leyeron sus obras y encontraron fuentes de inspiración. Esto explica también porqué incluso en un período tardío (1967) la construcción política que se quiso crear en España para perpetuar el franquismo llevaba en buena medida el sello maurrasiano.

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