Infokrisis.- La Internacional Comunista (a partir de ahora IC) o Comintern, tuvo dificultades en interpretar lo que suponía el ascenso del movimiento nacionalsocialista incluso hasta más allá de la llegada de Hitler al poder. Uno de los máximos dirigentes de la IC enviado a Alemania, Karl Radeck, deparó algunos calurosos elogios a la figura de Albert Leo Schlageter, uno de los primeros mártires del NSDAP y miembro de los Freikorps, cuando fue detenido y fusilado a raíz de un atentado contra la ocupación francesa del Rhur. Se trató del primer “idilio” entre la IC y el NSDAP al que seguirían las huelgas berlinesas organizadas a exaequo entre el KDP y el NSDAP y, más tarde, el pacto Ribentrop-Molotov en agosto de 1939. En este artículo vamos a intentar exponer el primer episodios y aprovechar para tratar las figuras de sus dos protagonistas: Karl Radeck y Alberto Leo Schlageter. Por su extención, hemos fraccionado este artículo en seis entregas.

I - La Internacional Comunista y la “revolución alemana”

Incluso nosotros mismos, en algún momento, tuvimos tendencia a pensar que el “método marxista” de análisis de la realidad era casi infalible y que en eso residía la superioridad de esta ideología en relación a otras del siglo XIX y XX. En realidad, no solamente no era así, sino que la historia de la IC muestra que todos los análisis que realizaron en los años 20 y 30 fueron erróneos, aun a pesar de contar con información privilegiada procedente de la inteligencia soviética y del aparato de espionaje de los partidos comunistas miembros de la IC. Los errores de bulto fueron especialmente graves en el caso de Alemania y precipitaron una errónea política de la izquierda comunista durante la República de Weimar y, finalmente acarreó la destrucción del KPD tras la subida del NSDAP al poder.

En los cuatro primeros congresos de la IC se vivió un ambiente enfebrecido con la convicción de que en breve estallaría la revolución proletaria en Europa Occidental. Sin embargo, cuando en 1929 estas esperanzas ya quedaban algo lejanas en el tiempo, estalló el crack bursátil del 24 de octubre de 1929 que puso fin al período de relativa estabilidad del capitalismo tras la Primer Guerra Mundial. La IC tardó en analizar lo que había ocurrido con el derrumbe de la bolsa de Nueva York y solamente estuvo en condiciones de hacerlo en el Pleno Ampliado del presidium del Comité Ejecutivo de la IC celebrado en febrero de 1930 (1). En esa ocasión, el entonces secretario general de la IC, Manuilsky, alternó intuiciones geniales con interpretaciones sesgadas e incluso abrakadabrantes impropias de un analista político.

Interpretaciones delirantes de la IC sobre el "fascismo alemán"

Sostenía, esencialmente, la IC que “la crisis capitalista acelera en grado sumo la maduración de la guerra imperiaista entre Gran Bretaña y los EEUU” (sic). La interpretación “economista” de la historia, unida al método dialéctico, llevaba a Manuilsky a estimar que el “imperialismo capitalista” había generado una primera guerra entre los Imperios Centrales y los aliados, de laque habían resultado vencedores estos últimos y apreciaba “contradicciones internas” entre los aliados que habían resultado más favorecidos por el conflicto: Gran Bretaña y los EEUU. Stalin mismo compartía esta apocalíptica creencia de una próxima guerra entre los dos países anglosajones.

En efecto, en su informe ante el XVI Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, el líder ruso afirmó que la contradicción más flagrante entre los países capitalistas era “el antagonismo entre los EEUU e Inglaterra” (2). Y eso lo decía cuando los resultados electorales del NSDAP en Alemania eran ya significativos. Ni Stalin ni ninguno de sus colaboradores percibieron que ambos países estaban unidos por “santas alianzas” entre sus élites dirigentes que se remontaban a mediados del siglo XIX, no percibieron que ya por aquellas fechas existían asociaciones “discretas” con fuertes vínculos a ambos lados del Atlántico que unían a las “dinastías capitalistas” de ambos países. Pero cometieron otro error que fue aun más grave para ellos: no advirtieron que la crisis de 1929 serviría como caldo de cultivo sobre el que emergería el nacionalsocialista y que la combinación entre la venganza francesa de Versalles y la crisis del 29, generaría una formidable respuesta en la sociedad alemana que vio unirse “nacionalismo” y “socialismo”, es decir, políticas patrióticas de reconstrucción y orgullo nacional a ideas de justicia social. Esa era la síntesis que la IC jamás pudo entender presa de su esquematismo ideológico que finalmente llevaría a la tumba al KPD.

La IC no entendió que la protesta de las clases trabajadoras y de la burguesía media y baja, en aquellos países que carecían de tradición democrática (Alemania, Italia, Austria, España, Hungría, Rumanía, Grecia, Polonia) se radicalizaría y llevaría a fórmulas dirigistas y autoritarias, mientras que en los países de tradición democrática, en cambio, se resolvía con la aplicación de principios keynesianos… y finalmente con una guerra estimulada por el eje anglo-sajón que siempre existió contra la única potencia que podía hacerle sombra: el III Reich.

En Alemania el crack del 29 coincidió con la muerte del canciller Gustav Stressemann (3). Poco antes de su muerte, Stresseman había firmado el llamado Plan Young destinado a regular la liquidación de las deudas de guerra de Alemania. En relación al plan firmado anteriormente (el Plan Dawes), Alemania ahorraba casi 700 millones de marcos anuales y era mucho más favorable al permitir cierto desarrollo de la economía alemana, pero el NSDAP lo utilizó como instrumento de agitación: en la interpretación del NSDAP de la época, pagar suponía aceptar la responsabilidad de la guerra.

El NSDAP en la recta final: 1930

Cuando se produce el crack del 29, el NSDAP ya había iniciado su formidable campaña contra el Plan Young movida junto al Partido Nacionalista y a la cadena de prensa de su líder Alfred Hugenberg. Es esta campaña la que permitió al NSDAP contactar con los intereses de los lectores de los medios de Hugenberg que hasta ese momento se orientaban hacia el nacionalismo de derechas. Esta campaña consiguió propulsar a Hitler como líder nacional y la docena de diputados que tenía el NSDAP en 1928 avalados por 800.000 votos, se convirtió en 107 diputados y 6.409.000 votos en las elecciones de septiembre de 1930. Si hasta ese momento el NSDAP era el partido de los excombatientes decepcionados con la vida civil y con Weimar, de los estudiantes que reivindicaban el orgullo de ser alemanes y de pequeñas franjas del proletariado, a partir de ese momento, el NSDAP se convirtió en un partido interclasista.

Es cierto que esta política de colaboración dentro del “frente único nacional” del NSDAP con el Partido Nacionalista costó la escisión de Otto Strasser quien fundó su Unión de los Nacionalsocialistas Revolucionarios, más conocida como “Frente Negro”, pero, en realidad, el NSDAP en esas elecciones se situó en la recta final que dos años y medio después conduciría a Hitler a la cancillería.

Sin embargo, Imprekorr, el órgano de la IC se atrevió a liquidar en pocas líneas el significado de esta primera gran victoria del NSDAP: “Se trata de un partido sin historia [el NSDAP] que ha surgido de pronto en la vida pública alemana, de la misma manera que súbitamente se levanta una isla en el océano debido al efecto de fuerzas volcánicas” (4)… Este texto demuestra por sí misma lo insuficiencia marxista para interpretar el fenómeno nacionalsocialista.

Es evidente que las causas del ascenso del NSDAP en ese período son muy distintas: sólo un mes antes de estallar el crack del 29 Alemania tenía 1.320.000 parados que un año después habían pasado a ser 3.000.000. Estas masas estaban especialmente decepcionadas con la socialdemocracia y con el Centro del canciller Hermann Brüning (5) y, primero por goteo y luego en riada, fueron engrosando el potencial electoral del NSDAP.  Cuando se produce la crisis de 1929, las masas alemanas están decepcionadas por las políticas socialdemócratas. Estas causas “objetivas” eran suficientemente claras como para un comunista las hubiera percibido.

Luego estaban causas “subjetivas” no menos importantes: en la Alemania de Weimar todavía  estaba presente la tradición prusiana que requería un “hombre fuerte” para guiar al país en situaciones de crisis. El patriotismo estaba presente en tanto que Alemania era una nación joven y era mucho más fuerte que el gusto por la democracia.

No fue solamente el NSDAP el que se benefició de la crisis de 1929, también los comunistas mejoraron sus posiciones. El 10’3% de votos que obtuvo el KPD en 1928 se transformaron en un 17% en las elecciones siguientes. El KPD era en ese momento mucho más un “partido de parados” que un “partido proletario”: en efecto, el 78% de sus miembros no tenían trabajo (6), lo que explica que las consignas habituales de este partido –la constante apelación a la “huelga general”- jamás tuvieran eco. Mientras el KPD “robó” votos solamente al SPD en crisis, el NSDAP, en tanto que partido interclasista, estaba dando zarpazos al SPD, al Centrum, a los nacionalistas… y a los mismos comunistas.

¿Errores involuntario o errores calculados?

¿Fueron todos estos errores cometidos por la IC “involuntarios” o pueden explicarse de alguna manera? En realidad hay una explicación que nos sitúa a la IC –que se presentaba como la cúspide del movimiento comunista internacional- más como un instrumento de la política exterior de la Unión Soviética que como una opción ideológica marxista y de izquierdas. Esta interpretación –que consideramos suficientemente demostrada- nos indica a las claras que el comunismo internacional en ese período era ya, solamente, un instrumento en manos del Kremlim… como siguió siéndolo hasta el desplome de la URSS. Es fácil de resumir.

En aquellos años (1929-30), Stalin estaba resolviendo drásticamente sus problemas interiores eliminando cualquier oposición e instaurando una política de acercamiento a Alemania que, en cierto sentido, tenía su inspiración última en el propio Lenin (7). Los deseos de Brüning y especialmente de Stresseman por resolver la cuestión de las indemnizaciones de guerra a Francia (que podía desembocar en una alianza entre Alemania y Francia, hipótesis que asustaba a Stalin y cuyo fantasma eran las buenas relaciones entre Aristide Briand y Stresseman en el marco de una “Europa Federal” aliada del Reino Unido y que era muy bien vista por los dirigentes socialdemócratas) fue la razón por la que durante todo este período y hasta el advenimiento del nacionalsocialismo al poder, los KPD atacara constantemente al SPD tildándolo de “socialtraidores” y “socialfascistas” (8). El propio Stalin presentaba en ese momento a socialdemócratas y fascistas como las dos caras de una misma moneda (8b).

Fue así como cuando surgió la campaña de Hitler contra el Plan Young, la IC, dirigida desde Moscú por “hombres del aparato” soviético, vio una oportunidad para excitar en Alemania los sentimientos antifranceses. La política de Moscú intentaba que Alemania se aproximara a la URSS… y para ello era preciso que se ampliara la brecha con Francia. Tal era el “internacionalismo proletario” que se respiraba en la IC. Resumiendo: la aparición de un fuerte movimiento nacionalsocialista en Berlín favorecía los planes de Moscú en política exterior… a pesar de que perjudicaran al KDP alemán y, no digamos al PCF.

En un interesante libro del dirigente comunista italiano exiliado en París, A. Rossi, se dice textualmente: “Cuando, a partir de 1930, el auge del movimiento nacionalsocialista se hizo evidente y amenazante, Stalin no se inquietó; al contrario, se frota las manos, pues percibe en la crisis interior que crece en Alemania y en la crisis internacional que se va a producir en Europa, posibilidades de maniobras inesperadas hasta ahora” (9) y Heleno Saña cita la conversación entre Salin con el dirigente comunista alemán Neumann contada luego por su esposa también comunista, Elisabeth Buber Neumann: “¿No cree usted, Neumann que si los nacionalsocialista se hacen con el poder en Alemania estarán tan ocupados con el mundo occidental  que nosotros podremos edificar aquí tranquilamente el socialismo?” (10).

Acercar a Alemania al Kremlim, alejándolo del Quai d’Orsay, tal era la política de Stalin en relación a Alemania. No es raro, pues, con estos antecedentes que Litvinov, titular de la Narkomindel (11), felicitara al mariscal Hindenburg por telegrama cuando se logró la retirada de las tropas francesas de ocupación de Renania, remarcando en el mismo la constante actitud soviética por lograr ese objetivo. Francia desde octubre de 1930 había decretado el bloqueo comercial de la URSS…

Tanto el canciller Brüning como el sucesor de Stresseman, Curtius, eran partidarios de mantener buenas relaciones con la URSS. Confiaban en aumentar sus exportaciones a Moscú, hasta el punto de que en febrero de 1931 un grupo de industriales alemanes se desplazó a Rusia y, poco después, se firmaba un acuerdo comercial entre ambos países por un valor de 300 millones de marcos que beneficiaba a la industria alemana en un momento extremadamente difícil para el mercado laboral de ese país. Curtius incluso utilizó esos acuerdos para evitar que la IC influyese en la política interior alemana a través del KPD. Y la URSS, lo hizo: traicionó a los comunistas alemanes para salvar sus acuerdos con el Estado alemán.

En efecto, en el Pleno Ampliado del Presidium del Comité Ejecutivo de la IC (febrero de 1930) se iniciaba lo que se llamó “ofensiva contra las tendencias ultraizquierdistas de la IC” que acarreó la caída en desgracia de Paul Merker, dirigente del comunismo alemán.  Merker era partidario de utilizar la crisis del 29 para desencadenar acciones revolucionarias en Alemania. Pero esta política era incompatible con la política exterior soviética. La URSS en ese momento precisaba maquinaria para poder alcanzar los objetivos fijados en el Plan Quinquenal. Y gran parte de esa maquinaria procedía de empresas dirigidas por capitalistas alemanes. Stalin no estaba dispuesto a tirarse piedras en su propio tejado para satisfacer a los líderes de la “revolución alemana”. Por eso Stalin dijo en su informe ante el XVI Congreso del PCUS: “Nuestra política es una política de paz y de la intensificación de las relaciones comerciales con todos los países” (12).

Así pues, la IC tuvo en primer lugar una errónea percepción de lo que era el NSDAP y la “revolución nacionalsocialista” y en segundo lugar, los intereses de la política exterior de la URSS condicionaron las directrices políticas de la IC en relación a Alemania.

Los intereses de la URSS sobre los de la IC.

La IC y su sucursal alemana el KPD vieron con preocupación el ascenso del NSDAP, especialmente a partir de 1930, pero tenían la sensación de que este partido pronto decepcionaría a quienes lo apoyaban y las masas comunistas y socialdemócratas, esencialmente procedentes del proletariado urbano y de la pequeña burguesía, antes o después volverían a la izquierda. Interpretaban que si estas masas habían cambiado de bando era porque seguían siendo anticapitalistas y, antes o después, comprobarían que el NSDAP no lo era. Cuando se produjo la escisión de Strasser y de la Unión de Nacionalsocialistas Revolucionarios se reafirmaron en esta convicción. Werner Hirsch en un análisis publicado en Imprekorr escribía en un artículo titulado ¿Qué es el Partido Nacionalsocialista?: “Si las masas caen bajo el influjo momentáneo del nacionalsocialismo se debía a que el NSDAP se acerca a ellas bajo el manto de un partido que se hae pasar por anticapitalista, por revolucionario y por socialista” y más adelante añadía: “Los fascistas que acuden al nuevo Parlamento con 107 mandatos tienen que destrozar necesariamente la confianza de sus 6,4 millones de lectores, tienen que frustrar sus esperanzas y mofarse de sus exigencias” (13). El artículo terminaba repitiendo la machacona cantinela de la época: el fascismo es el brazo armado de la burguesía… con su corolario final: cuando las masas trabajadoras lo comprueben, abandonarán al NSDAP y volverán a la izquierda comunista… Nunca, absolutamente nunca, la prensa comunista reconoció que incluso cuadros del KDP y amplias franjas militantes se estaban pasando al NSDAP, y no digamos sectores de la socialdemocracia.

Desde Moscú, la IC presentaba el ascenso del NSDAP como ¡”la primera etapa de una crisis definitiva del capitalismo y de la toma del poder por parte del proletariado!” (14) e incluso Ernst Thälmann, presidente del KPD llegó a escribir en un alarde de ese rígido dogmatismo que finalmente acabó con el marxismo cincuenta años después: “El fascismo es simplemente la antítesis del histórica del auge revolucionario del movimiento proletario” añadiendo al disparate que “una fase superior de la revolución proletaria produce al mismo tiempo una fase superior del desarrollo de la contrarrevolución” (15) y Heleno Saña que cita esta frase añade: “En síntesis Thälman venía a afirmar que el fascismo era una fase lógica e inevitable en el camino hacia la revolución proletaria” (16).

Fue en ese contexto dogmático que mantenía poca relación con la realidad como cobró forma la consigna del comunismo alemán “Golpea a los fascistas donde quiera que se encuentren”, verdadero llamamiento a la guerra civil. La intención del KPD era provocar un clima de violencia que erosionara al gobierno de Weimar. No era una táctica errónea: generar un clima de violencia que decantara a las masas hacia uno u otro lado y liquidar al gobierno de Weimar. La consigna repetida diariamente en Rothe Fahne (17) hasta la primavera de 1931, demuestra por sí misma que el KPD –concretamente los Thälmann y los Neumann- eran los “autores intelectuales” de la violencia política que se abatía en aquellos momentos sobre Alemania, mientras que el NSDAP se limitaba a responder a los ataques y lo hacía cada más duramente en la medida en que sus filas iban creciendo más y más. Con todo, desde el punto de vista técnico, la táctica del KPD era correcta: radicalizar para, a río revuelto, ganar influencia sobre las masas.

Cuando la IC desde Moscú advirtió las implicaciones de esta táctica, la rechazó y no precisamente por humanismo u honestidad. La esposa de Neumann en sus memorias escribe que entre finales de 1930 y principios de 1931, la IC “empezó a criticar la táctica del KPD por sectaria y equivocada y estigmatizó la lucha física contra los nacionalsocialistas como una desviación” (18). Esta línea se comunicó al KPD en el XI Pleno del Comité Ejecutivo de la IC en marzo de 1931 con Neumann y Thälmann presentes. Estos alegaron que si no se hacía frente en la calle al NSDAP el “proletariado alemán podía ser derrotado” a lo que la respuesta oficial de la IC fue delirante: “La disolución del capitalismo puede conducir muy bien a una derrota provisional del proletariado”. Se había llegado al “período de capitulación” ante el NSDAP del que hablara Trotsky desde su exilio (19).

 Lo que jamás entendió Trotsky fue que aunque esta política era suicida para el comunismo alemán, en cambio favorecía el proyecto de Stalin de entenderse con Alemania, gobernara quien gobernara allí. Heleno Saña a quien hemos seguido en su exposición termina: “Si Rusia mantenía las más cordiales relaciones con la Italia fascista, ¿por qué no habría de mantenerlas con una Alemania nacionalsocialista?” (20). Si el pacto germano-soviético de agosto de 1939 causó estupor en los países occidentales, los observadores avisados en cambio lo consideraron una consecuencia lógica de la diplomacia de Stalin en relación a Alemania y la confirmación de que para la IC lo primero no era el “movimiento comunista internacional”, sino la preservación de los intereses de Rusia.

Esta línea política ya estaba implícita en los elogios que prodigó Karl Radeck, dirigente de la IC a la figura trágica de Albert Leo Schlateger durante los aciagos días de la ocupación del Rhur por las tropas francesas.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este textos sin indicar origen.

Notas fuera de texto

(1) La Internacional Comunista 1919-1945, Heleno Saña. Ediciones Zero, Madrid, 1972, vol. 2, pág. 6.

(2) Resoluciones Políticas del Comité Central del PCUS, José Stalin, Moscú, pág. 6.

(3) Gustav Stressemann falleció el 3 de octubre de 1929, 21 días antes del crack. Fue nombrado canciller durante la ocupación del Ruhr y cuando tuvo lugar el golpe de Estado de Munich del NSDAP. En los años sucesivos y hasta su muerte será Ministro de Asuntos Exteriores. Fue el artífice del Tratado de Rapallo firmado entre la Alemania de Weimar y la URSS que incluía cláusulas secretas que establecían la ayuda rusa párale rearme de Alemania. Recibió en 1926 el Premio Nobel de la Paz junto al ministro de exteriores francés Aristide Briand. Ambos eran pacifistas y partidarios de la reconciliación franco-alemana en el marco de una Europa concebida vagamente como federación.

(4) Imprekorr, 26 de septiembre de 1930.

(5) Brüning intentó una política “nacionalista” moderada que se opuso al plan francés de Aristide Briand (tras el que se encontraba el proyecto europeista del Conde Coudenhove-Kalergi). Al estallar la crisis puso en marcha una desastrosa política de aumento de impuestos y recortes del gasto público. Brüning fue uno de los más conspicuos representantes de la impotencia del Rapública de Weimar que apenas logró cerrar acuerdos con los aliados y que fracasó en su intento de prohibir a las organizaciones paramilitares de extrema-derecha y extrema-izquierda. Cuando Hindenburg ocupó la presidencia de la República, desplazó a Brüning por von Papen para impedir que Hitler fuera nombrado Canciller. En 1934 se exilió a EEUU país en el que falleció en 1970 tras haber fracasado de nuevo al intentar jugar un papel político en la Alemania de la postguerra.

(6) Heleno Saña, op. cit., pág. 12.

(7) No puede olvidarse que Lenin regresó a Rusia gracias a Alemania y que fue el gobierno del Kaiser el que le prestó ayuda para que pudiera derribar al zarismo en la esperanza –realizada, por lo demás- de que una guerra civil en Rusia descongestionaría el frente del Este y beneficiaría a Alemania. Esta colaboración –que obviamente cesó después de 1918 cuando se produjo la guerra civil rusa y se produjeron los enfrentamientos entre freikorps y bolcheviques en Curlandia- se volvió a recuperar en el Tratado de Rapallo y, posteriormente con la firma del Pacto Germano-Soviético en 1939.

(8) Heleno Saña reconoce que: “Los ataques renovados en la Comintern y del KPD contra la socialdemocracia alemana no estaban motivados únicamente por razones ideológicas; en gran parte, eran la respuesta de Moscú a la política exterior sistemáticamente antisoviética del SPD”… y al decir “antisoviética” hay que entender, efectivamente, a la opción pro-occidental de la socialdemocracia. Heleno Saña, op. cit., pág. 14.

(8b) La revista del NSDAP Der Nationalsozialist en 1930 apuntaba a este respecto: “El más grotesco y absurdo de todos los insultos… es calificar a los socialdemócratas de fascistas, honor totalmente inmerecido… Denominar fascistas precisamente a la masa de pequeños burgueses de la II Internacional, a la guardia de protección de los judíos, a los enemigos mortales del fascismo iraliano, para eso se necesita verdaderamente realizar una gran pirueta… ¡Tranquilicémonos! Los comunistas y socialdemócrtas, es decir, los marxistas de todos los matices van a enterarse a su debido tiempo de lo que significar el fascismo”

(9) A. Rossi, Les communistes françaises pendant la drole de guerre, París 1951, pág. 284.

(10) H. Saña, op. cit., pág. 14.

(11) Narkomindel, anagrama en ruso de la Comisaría del Pueblo de Asuntos Exteriores que sustituyó al Ministerio de Asuntos Exteriores Gobierno Provisional Ruso tras la revolución de octubre de 1917. Molotov sería el único comisario de la Narkomindel.

(12) José Stalin, op. cit., pág. 25.

(13) Imprekorr, 12 de septiembre de 1930.

(14) citado por H. Saña, op. cit., pág. 17

(15) ibid.

(16) H. Saña, op. cit., pág. 18

(17) Bandera Roja, órgano central del KPD

(18) H. Saña, op. Cit., pág. 18

(19) La Revolución traicionada, Leon Trotsky, hemos consultado la edición de Internet de esta obra colocada http://www.marxismo.org/?q=node/157. Página 9

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