Infokrisis.- Hace solo un año Europa vivía la novedad del “decrecimiento”. En todos los ambientes intelectuales y no solamente en el ecologismo, se debatía sobre el “decrecimiento”. En agosto la moda llegó a España y los dos portavoces del progresismo a este lado de los Pirineos (El viejo Topo y Le Monde Diplomatique) dedicaron amplios artículos a esta corriente del ecologismo radical. Cuando el debate todavía en fase de introducción en España, ha sido rebasado por el llamado “movimiento de transición”.

Pero ¿qué diablos es el decrecimiento?

En los años 70, el ecologismo empezaba a estar sólidamente asentado en el mundo anglosajón y en el área germánica; entonces aparecieron las primeras tesis del decrecimiento que sostenían la inviabilidad de un crecimiento continuo de la producción económica y de la población. La frase habitualmente repetida entre los “decrecentistas” es que cuando un río se desborda todos esperan que las aguas decrezcan para volver a la normalidad. El río desbordado es hoy la economía mundial y lo que se propone aminorar su velocidad hasta lograr que las cifras alcancen una sostenibilidad ecológica que garantice la viabilidad del planeta.

La primera piedra del decrecimiento fue aportada por Nicholas Georgescu-Roegen que aplicó el principio de la entropía a la viabilidad del planeta: como cualquier sistema cerrado de energía, la Tierra, al consumir recursos, los va agotando progresivamente. Los recursos consumidos no se reponen… luego el ritmo de entropía del planeta es inviable. Por otra parte, los estudios de Hubert demuestran que existe un momento en el que las reservas de petróleo empiezan a disminuir, sin posibilidades de recuperarse. Ese instante se conoce como “el pico de Hubert”. A partir de entonces las necesidades de consumo de petróleo irán subiendo pero las reservas disminuirán hasta su agotamiento.

Existen distintas apreciaciones sobre si el “pico de Hubert” se ha alcanzado ya o se alcanzará en el 2040. Pero el gas se agotará en 70 años, el uranio tardará de 80 a 150, el carbón 150 y otros minerales estratégicos como el cobre o el iridio podrían rarificarse y agotarse mucho antes. Paralelamente, a medida que las necesidades energéticas aumentan, no solamente se agotan los recursos a mayor velocidad sino que aumenta el efecto invernadero y la irreversibilidad del cambio climático, se pierde biodiversidad y se producen alteraciones en la salud con la emergencia de nuevas enfermedades.

Si hasta ahora, Occidente consumía el 85% de los recursos energéticos mundiales cuando sólo representaba el 20% de la población, ahora amplias zonas del Tercer Mundo están en vías de desarrollo y aspiran a alcanzar nuestro estadio: el planeta no soportará que el modo de vida occidental se extienda a todo el mundo. No hay posibilidades de un desarrollo “sostenible”, noción que implica un crecimiento moderado… pero ilimitado, por tanto imposible: no importa si los recursos se agotan en un tiempo X o en un tiempo 2X, el hecho es que se agotan. No existe, pues, “desarrollo sostenible” a medio plazo, la misma expresión es contradictorio: todo desarrollo ilimitado es, por definición, insostenible.

La sostenibilidad del planeta solamente puede realizarse disminuyendo el consumo energético… y este sigue aumentando en términos absolutos desde el final de la II Guerra Mundial. Este aumento supera con mucho la eficiencia energética y la implantación de energías “limpias”: no queda más camino que el decrecimiento.

Los tres principios del decrecimiento

Los tres principios sobre los que se basaba la ideología del decrecimiento son: 1) un planeta de recursos limitados no puede crecer de manera ilimitada (el crecimiento agota los recursos del planeta), 2) existe una necesidad de establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza (consumir solamente aquellos recursos que puedan reponerse) y 3) debemos aprender a vivir mejor con menos (disminuir la producción y el consumo).

La disminución de la producción y del consumo deberá realizarse progresivamente hasta que desaparezca el riesgo de cambio climático y se mantenga la estabilidad de los ecosistemas. Los valores económicos ya no serán “beneficio”, “rentabilidad”, “producción”, “derroche energético”, “afán de lucro”, “consumismo”, sino “simplicidad”, “eficiencia energética”, “durabilidad”, “cooperación”. Esto implicará necesariamente reconsiderar los conceptos de “poder adquisitivo” y “nivel de vida”.

En la práctica, las tesis del decrecimiento desembocan en la reformulación de nuevos conceptos económicos: PIB, “nivel de vida”, “poder adquisitivo”, “libertad de mercado”, ya no serán útiles en una sociedad que asuma el decrecimiento como norma. Decrecimiento implica nueva economía y nueva organización social,

¿Tiene futuro el ecologismo?

Desde hace 35 años, tras varios desastres ecológicos en el Atlántico, irrumpió el movimiento ecologista que, desde entonces, ha intentado concienciar y resolver los problemas del medio ambiente y de la naturaleza. En la actualidad y en su antigua concepción, el ecologismo puede considerarse un movimiento frustrado: allí donde los ecologistas han irrumpido en las instituciones se han limitado a realizar políticas que no tenían nada que ver con la ecología, configurándose como sustitutos de la “vieja izquierda” y refugio para comunistas vergonzantes (los “movimientos sandía”: verdes por fuera, rojos por dentro). Por el contrario, donde no han logrado un hueco institucional (en España, por ejemplo), la inestabilidad y la multiplicidad del movimiento ha sido la constante: frecuentemente, los “líderes” ecologistas tras unos años en activo, en nombre del “realismo”, han pasado a ser contratados como “asesores de medio ambiente” por ayuntamientos controlados por el PSOE o por el PP, demostrando que no había en ellos nada de profundo.

El frente común realizado por algunos grupos ecologistas con los profesionales del antifascismo, con los políticos profesionales y con los llamados “movimientos sociales” (feministas, homosexuales, abortistas, pacifistas, ocupas…), les ha condenado a la esterilidad y les ha desviado del leit-motiv que habían adoptado como razón de ser: la solución de los problemas del medio ambiente.

En general, los ecologistas llevan una vida bastante similar a los no ecologistas: no predican con el ejemplo. Y cuando asumen comportamientos ecologistas (reciclado de basura, especialmente), apenas tranquilizan su conciencia, pero no renuncian a consumos habituales que provocan el deterioro de los ecosistemas: especialmente el consumo energético. Habitualmente, el único comportamiento ecologista de un partido de esa tendencia es imprimir su propaganda en papel reciclable… para fabricar el cual hacen falta ingentes cantidades de detergentes que terminan envenenando todavía más ríos o aguas freáticas.

De la incapacidad para resolver los problemas del medio ambiente, de las componendas que han adquirido (el propio Zapatero se considera ecologista y no duda en “perpetrar” un “ley de economía sostenible” cuya primera medida será la generalización de una “tasa ecológica”… nuevo impuesto que no solucionará nada, salvo paliar el cuantioso déficit generado por una administración derrochadora) deriva la incapacidad del modelo de partido ecologista tradicional. De ahí las tesis del decrecimiento y lo que está más allá de él, el “movimiento de transición”.

¿Hay algo más allá del decrecimiento?

El decrecimiento es una teoría: muchos creen en el decrecimiento, pero carecen de energía y decisión suficiente como para ponerlo en práctica. Para otros se trata de una simple moda intelectual que se asume como la minifalda en los 60 o la música disco en los 80, pero sin implicar ningún compromiso profundo. De ahí que algunos “decrecentistas” no quieran limitarse a enunciar teorías y participar en brillantes debates intelectuales: ya no hay tiempo. Quienes van más allá de las tesis del decrecimiento se sitúan en el llamado “movimiento de transición”.

Por lo general todo el “movimiento de transición” es decrecentista, pero no todos los decrecentistas están identificados como el “movimiento de transición”. Y ambos están incluidos dentro de lo que podemos considerar como “ecologismo radical” (radical –como esta revista- no en el uso de la violencia o de métodos agresivos o extremistas, sino radical en los principios y objetivos).

Éste movimiento surgió inicialmente de la “permacultura”, es decir, del diseño de hábitats humanos sostenibles, esto es, lo más similares a la naturaleza y que no supongan una ruptura ni una agresión contra el ecosistema. Esto implica, adoptar otro punto de vista y una nueva ética en el comportamiento social.

¿Qué es el transicionismo?

Hacia 2006, Rob Hopkins diseñó con los estudiantes del Centro de Formación Profesional de Kinsale un "Plan de Acción para el descenso del Consumo de Energía". El plan trataba distintos ámbitos (producción de energía, salud, educación, economía y agricultura. Uno de los participantes en el proyecto, Louise Rooney, creó el concepto de “comunidades de transición”. Su proyecto fue aceptado por el Ayuntamiento de Kinsale que empezó a trabajar para lograr la independencia energética. Hopkins, por su parte, logró que su pueblo natal, Totnes, adoptara la misma idea y poco a poco, más pueblos de tamaño pequeño se fueron sumando, hasta formar hoy cientos en el Reino Unido y algunos en Alemania y EEUU. El énfasis, por supuesto, se ponía en las medidas de ahorro energético y en la producción de energías limpias.

Uno de los aspectos más interesantes del “movimiento de transición” es su dimensión alimentaria: contrariamente a las directrices de la globalización (alimentos baratos traídos de los lugares más alejados del planeta y cuyo transporte, por tanto, acarrea un alto coste energético y de contaminación), lo que se propone son alimentos que puedan transportarse a pie prácticamente desde su lugar de producción (granjas próximas a los pueblos o campos de cultivo circundantes). Se insiste en el reciclado de muebles y objetos antiguos en lugar de deshacerse de ellos y se pone especial énfasis en evitar adquirir productos que con “obsolescencia calculada” (ordenadores que solamente durarán dos o tres años tras los cuales alguna pieza se estropeará deliberadamente, equipos de DVD o electrodomésticos que tras una temporada de funcionamiento son imposibles de reparar, etc).

El movimiento tiene algo de comunitario: propone que algunos objetos (aperos de cultivo, vehículos de transporte) no sean de uso individual, sino que sea la comunidad quien los adquiera y los disfrute cada miembro de la misma cuando lo precise. También insiste en que los campos de cultivo abandonados sean convertidos en tierras comunales y cultivados por los vecinos para lograr autonomía alimentaria… y mayor calidad en los alimentos. En algunos pueblos de Gales se ha llegado a adoptar una moneda local, canjeable en tiendas y avalada por el Ayuntamiento.

El nombre de “movimiento de transición” quiere indicar la aparición de un movimiento social que facilite el cambio de una era de economía desbocada, derroche energético y de irracionalidad globalizada, en un período en el que se adopten las tesis del decrecimiento y se eluda la dependencia del petróleo. Entre el punto de partido y el punto de llega existe una “transición” que da nombre al movimiento de los que no quieren solamente hablar sino también hacer algo concreto y efectivo.

La marcha de la economía en los últimos años parece dar la razón tanto a decrecentistas como a transicionistas: no es sólo el pico de Hubert y el agotamiento del petróleo, es también la crisis financiera mundial, la inviabilidad de una globalización que aumenta los desequilibros dentro de cada nación, mientras alardea de cultivar los intercambios económicos entre naciones. Como titulaba Alain de Benoist su último libro traducido al castellano: “Mañana, el decrecimiento”… a lo que podría añadirse “pasado el transicionismo”…

Los 9 principios

1. Visualización.-  Sólo podemos acercarnos a algo si podemos imaginar cómo será cuando lleguemos allá. Debemos crear una visión clara y atrayente del resultado al que queremos llegar.

2. Inclusión.- El agotamiento del petróleo y el cambio climático no se pueden afrontar si permanecemos dentro de nuestras zonas, si la gente “verde” sólo habla con otra gente “verde”, la  gente de negocios sólo habla con otra gente de negocios, etc. Hace falta un grado de diálogo e inclusión.

3. Concienciación.- Vivimos tiempos confusos. Estamos expuestos  constantemente a mensajes mezclados y desconcertantes. Los medios  de noticias nos presentan con titulares contradictorios. Hace falta no perder de vista que el petróleo se agota y el desarrollo sostenible es inviable

4. Robustez.- La reconstrucción de robustez consiste en asumir firmemente la necesidad de convertirnos rápidamente en una sociedad de  cero emisiones de dióxido de carbono.

5. Conceptos Psicológicos.- Los conceptos psicológicos ocupan un lugar importante en la Transición: creación de  una visión positiva, creando espacios seguros donde la  gente puede hablar, digerir y sentir cómo le afectan estos asuntos, y afirmando los pasos y acciones que la gente ha tomado.

6. Soluciones creíbles y apropiadas.- No basta con denunciar el apocalipsis, hay que aportar soluciones a los problemas planteados por el pico del petróleo y el cambio climático que permitan  a la gente explorar soluciones a una escala creíble.

7. Transición Dentro y Fuera.- Los problemas actuales son el resultado de un error en nuestras tecnologías y del resultado directo de nuestra visión del mundo y sistema de creencias. Los procesos inconscientes sabotean el cambio. Es preciso superar la negación y aceptar la necesidad del cambio.

8. Facilitar el Compartir y el Enredarse.- Las Initiativas de Transición se dedican a compartir éxitos, fracasos, para construir  más ampliamente un cuerpo colectivo de experiencia.  

9. Subsidiaridad: decisiones tomadas al nivel apropiado.- No se pretende centralizar o controlar la toma de decisiones, si no trabajar con todos para que sea practicado al nivel más práctico y poderoso.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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