Infokrisis.- Los referendos independentistas confirman que Catalunya seguirá unida al Estado. Los referendos independentistas, paradójicamente, han servido para demostrar el desinterés de la población catalana hacia la secesión del Principat. Hubiera sido difícil hacerlo peor, pero en la Catalunya gerenciada durante siete años por un tripartito, cinco governs y dos Presidents, hubiera sido difícil esperar otra cosa. El problema, de todas formas, es mucho más complejo de cómo se percibe en Madrid.

El 16 de septiembre de 2008, Europa Press reprodujo una información facilitada por el Cercle d’Estudis Sobiranistas (CES) que sostenía que si en ese momento se hubiera celebrado un referéndum de independencia en Catalunya ganaría el “sí” con el apoyo del 55%, mientras que un 45% la rechazaría. El CES así lo afirmó, tras analizar los resultados de “21 encuestas sociológicas y política realizadas desde 1991”, que incluían una pregunta directa sobre la independencia de Cataluña.

El presidente del CES no era otro que el aún vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Alfons López Tena. Tanto Tena como el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Marc Belzunces -que presentó el estudio-- destacaron que una eventual victoria independentista en un hipotético referéndum dependería de los índices participación. Según el CES, la abstención favorecería a los independentistas, que acudirían a votar "en bloque".

Las esperanzas y las realidades

No hay nada peor que confundir los deseos con la realidad. López Tena, prominente miembro de CiU en la comarca de Osona, se convirtió dos años después en el impulsor del referéndum por la independencia de Catalunya. Porque si para algo han servido los referendos independentistas ha sido precisamente para demostrar el desinterés de la población catalana por una perspectiva secesionista. Con más criterio y con sondeos más amplios, la propia Generalitat (compuesta por un partido independentista, ERC, otro en la permanente inopia, ICV, y un tercero específicamente oportunista, PSC) publicó en febrero un sondeo en el que reconocía que apenas un 19% de la población, en el mejor de los casos, se decantaría por una opción secesionista que contemplase una Catalunya vinculada a la Unión Europea.

Pero este sondeo tiene “trampa”. La trampa es precisamente la que ha vuelto a repetirse en el texto de la pregunta en los referendos independentistas. La reproducimos: “¿Está usted de acuerdo en que Catalunya se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”. ¿A que viene ese interés en mezclar a la Unión Europea en todo este asunto? Es simple: a nadie se le escapa que una Catalunya con 6.000.000 de ciudadanos y 1.250.000 inmigrantes, en fase de desertización industrial, es inviable. No tiene fronteras geopolíticas bien definidas, es deficitaria completamente en materia energética, e incluso, admitiendo la imaginativa encuesta del CES de 2008, prácticamente la mitad del electorado estaría en contra de la independencia. Roto el cordón umbilical con el Estado Español solamente quedaba la vía de la Unión Europea para alimentar al Estado Catalán neonato.

¿Es viable esta perspectiva? Difícilmente: la Unión Europea es, por el momento y mientras no se demuestre lo contrario, una “Unión de Estados Nacionales” tal como se sostiene en el Tratado de Lisboa que confirmó este concepto incluido en el proyecto frustrado de Constitución Europea. Y este es precisamente el problema que encuentran los proyectos de “nuevos estados” que pugnan por surgir aquí y allí en el seno de los Estados de la Unión: aceptar la independencia de uno supondría para la UE abrir una espiral de imitadores que liquidaría, en mayor o menor medida a todos los Estados actuales de la Unión, al menos en su actual configuración. A nadie se le escapa que precisamente los Estados más fuertes de la UE, sus “locomotoras”, Francia y Alemania, no están dispuestos a tolerar un proceso similar.

Y este es el problema para los independentistas de toda Europa, y especialmente de España, que la UE supone una “cláusula de integridad” que blinda en la práctica ante los procesos independentistas.

Referendos ingenuos frente a realidades tozudas

Dentro de este contexto, el esfuerzo independentista catalán está siendo superior a sus fuerzas reales. En el fondo, el independentismo está representado por un eje central, ERC, y una miríada de pequeños grupos, minipartidos y asociaciones culturales subsidiadas con los que ERC tiene un permanente intercambio de “flujos”. En ocasiones, cuando ERC asciende en expectativas de voto, tiende a atraer a estos grupúsculos y cuando desciende su intención de voto, tiende a generar más y más disidencias.

Los resultados de ERC han tenido en los últimos 30 años la evolución de unos dientes de sierra. Ahora le toca las horas bajas y, por tanto, los grupúsculos están en su cenit. En cuanto a CiU mantiene un sector independentista en CDC, no en UDC, y especialmente entre la gente joven… Nada hay de nuevo en esto que reitera lo que siempre ha ocurrido en los últimos 30 años. A la vista de que CiU no puede crecer más hacia su derecha (el PP), tiende a hacerlo hacia su izquierda (ERC) y no es raro, por tanto, que con cierta frecuencia Artur Mas (como antes Pujol) realice alguna declaración soberanista que supongo un aliciente para ese electorado. Tampoco aquí hay grandes novedades en esto.

Sin embargo, en el ambiente independentista existe siempre una permanente actitud de exaltación adrenalínica. En 1987, Terra Lliure y los radicales independentistas estaban convencidos de que “toda Catalunya” les apoyaba y se lanzaron a colocar bombas pensando que la independencia estaba a un paso. ¿Por qué lo hicieron? Porque su círculo de amistades, sus lecturas, todo lo que les enlazaba con la sociedad salían de los medios independentistas o, de alguna manera, estaban vinculados a ellos. En definitiva, si hubo Terra Lliure fue por que el independentismo practicaba la danza de los derviches giróvagos: toda su vida y sus relaciones orbitaban en torno al tema independentista. Esto les deformaba la perspectiva y les hurtaba la percepción objetiva de la realidad. Y en eso siguen.

Desde entonces el independentismo no ha mejorado. Fruto de esa “imaginación viciosa” ha sido la cadena de referendos independentistas que ha logrado redimensionar la naturaleza del independentismo catalán.

A pesar de que en algunas comarcas como Osona, el impulso independentista ha contado con el apoyo de los jerarcas locales de CDC, lo cierto es que, fuera de esa comarca, todo el trabajo de organización y convocatoria ha recaído sobre ERC y su constelación de grupúsculos. Si tenemos en cuenta que la estructura de ERC es fuerte solamente en Girona y relativamente fuerte en algunas comarcas de Barcelona, especialmente en el interior, y sus disidentes carecen de estructura más allá de la local, se percibe claramente lo limitado de la convocatoria y de sus resultados.

¿Qué hace falta saber para votar?

Tal es la pregunta que se plantean los organizadores de los referendos en la portada de su folleto explicativo sobre la consulta. Ellos mismos contestan:

“1) Se votará mediante voto secreto depositado en una urna. Las posibles opciones de voto son SI-NO-BLANCO

2) Podrán votar todas las personas empadronadas en el municipio a partir de los 16 años.

3) Para votar se habrá de acreditar la identidad y la residencia en el municipio del elector, exhibiendo en la mesa electoral el original de alguno de los siguientes documentos:

- Para acreditar la identidad los considerados ciudadanos españoles: DNI o Carné de Conducir.

- Para acreditar la identidad de los extranjeros: los comunitarios, el DNI del país de origen; los no comunitarios residentes el NIE; los extranjeros empadronados sin permiso de residencia, el pasaporte del país de origen.

- Para acreditar la residencia: si consta en el documento identificador la dirección en el municipio queda acreditada. Si no consta una dirección o es de otro municipio, el elector tendrá que acreditar su residencia exhibiendo en la mesa electoral el certificado o el volante de empadronamiento, de fecha posterior a la del documento identificador.”

Pues bien, en estas condiciones para votar se percibe la debilidad de la propia convocatoria: de un lado pueden votar los electores de entre 16 y 18 años. Los independentistas tienen tendencia a pensar que “la juventud está con ellos” y, por tanto, contra más jóvenes sean los electores, esperan que más refuercen el soberanismo… olvidando que esos mismos jóvenes, a medida que van creciendo, tienen tendencia a abandonar ese radicalismo adolescente.

Independentismo e inmigración

En segundo lugar sorprende que los inmigrantes (que, a fin de cuentas no son más que residentes temporales, lo que en Alemania se llama “trabajadores invitados”) tengan derecho a decidir el futuro de Catalunya y no solamente los legales sino también los ilegales empadronados. En estos, los organizadores no hacen más que seguir la directriz de ERC que, en la actualidad puede ser considerado como el “partido más plus”: más independentista y más proinmigracionista, flagrante contradicción producto de las ensoñaciones de Carod-Rovira que considera a la cultura catalana más integradora que cualquier otra de Europa, de manera queque cualquier inmigrante, por el mero hecho de tener contacto con ella, queda transfigurado e integrado.

Los miembros de ERC creen, sin sombra de duda, que la integración de los inmigrantes que no se ha podido realizar satisfactoriamente en lugar alguno de Europa, se realizará casi como por milagro, en la Catalunya independiente. A los inmigrantes islámicos esta posibilidad les seduce realmente: una Catalunya independiente es más fácil de islamizar que incluida dentro de un Estado más grande con amplias zonas en las que no existen islamistas.

¿De dónde ha podido salir esa absurda idea? La ideología humanista y nacionalista de ERC ha hecho que en la mayoría de Ayuntamientos en donde tienen presencia ocupen las concejalías de carácter social… en donde se han podido relacionar con miles de inmigrantes relacionados con cientos de asociaciones que acuden en busca de alguna subvención o subsidios. Es evidente que cuando alguien acude a pedir algo tiende a agradar al interlocutor y eso es lo que han visto los concejales de ERC: inmigrantes sumisos que les siguen la corriente para obtener algo a cambio…

De ahí que se haya producido la paradoja de que el partido político más independentista que, en principio se está tentado de pensar que es el que defiende con mayor ahínco la identidad catalana, sea, finalmente, el que apoye más decididamente a la inmigración que tiende a rebajar precisamente por su mera presencia esa misma identidad.

El inicio del conflicto: Arenys de Munt

El origen de esta tendencia a la convocatoria de referendos de escasa o nula solvencia partido en el mes de julio de 2009 del ayuntamiento de Arenys de Munt. Vecino a Arenys de Mar, situado en la costa, Arenys de Munt es un municipio interior poblado por unos 8.500 habitantes, con un 25% de inmigración real, gobernado por una Agrupación independiente de carácter independentista (AM2000), ERC y la CUP (independentismo radical). Votó el 41% de la población. Si Arenys de Munt saltó a la fama no fue tanto por el referéndum como por la presencia de unos 70 falangistas uniformados como en los años 30 que irrumpieron en la población el mismo día de la consulta.

Una vez se examina la sociología de la población se percibe claramente que el principal problema de Arenys de Munt es la inmigración y, naturalmente, la crisis económica, combinado explosivo que estalló en e mes de marzo cuando se produjeron protestas vecinales ante la posibilidad de que se construyera una mezquita. Sin embargo, los independentistas eligieron esa población para “estrenar” su oleada de referendos.

Así como el referéndum que amenazó con convocar el Lehendakari Ibarretxe con carácter institucional, estos referéndums eran iniciativas surgidas de asociaciones y partidos y jamás ha contado con el apoyo de legalidad alguna. La idea con la que se convocaban era la de que –copiamos del texto de la propia convocatoria- “un buen nivel de participación impulsará la convocatoria de un referéndum nacional de independencia con carácter vinculante reconocido por la comunidad internacional”. Si esa era la intención, los escasos resultados y el bajo seguimiento de la campaña, ha constituido un estrepitoso fracaso.

El PSC procuró pasar de puntillas sobre el asunto de los referendos y vio el cielo abierto con la presencia arcaizante de 75 falangistas uniformados en Arenys, situándose en posición de equidistancia entre los “independentistas radicales” y los “falangistas recalcitrantes”. Los partidos catalanes, salvo el PP, sostenían que la consulta, aunque no fuera “legal” era “legítima” en aras a la libertad de expresión; muchos ayuntamientos –incluso con mayoría socialista- pusieron sus instalaciones y recursos a disposición de los convocantes de la consulta sin preguntarse si era legal facilitar a organizaciones privadas los datos del padrón municipal…

Esto, unido a que en algunos municipio se votó durante una semana, a que en otros no existió ningún tipo de control, y los “observadores” internacionales fehacientes brillaron por su ausencia y, sobre todo, que quienes realizaron el recuento de votos, quienes llevaron la administración de los resultados y los únicos que hicieron campaña fueron los independentistas, restaban los restos de “legitimidad” que pudo tener la consulta en su origen y los pobres resultados sellaban el fracaso de la iniciativa y un paso atrás para el independentismo.

Una participación decreciente

Los resultados de los referendos en diciembre en 167 municipios fueron, con mucho, los más favorables a los independentistas con una participación que apenas llegó al 29%. Para colmo, el resultado de los SÍES, un 94%, recordaba demasiado a las “elecciones a la búlgara” por su unanimidad. En realidad, lo que ocurría es que el 94% de los votantes eran todos los independentistas que podía haber en esos municipios. Particularmente masiva fue la consulta en Osona que, impulsada por López Tena, alcanzó el 47% de participación. Era el techo. En otras zonas como Vilanova i la Geltrú apenas votó el 15% de los electores convocados. Ya desde entonces se empezó a ver que la tendencia general era a la indiferencia en las grandes poblaciones y a la participación relativa en las pequeñas, especialmente en “la montanya”.

Otra nueva oleada de referendos convocados en febrero confirmó esta tendencia, llamando particularmente la atención los malos resultados cosechados en especial en el sur de la provincia de Tarragona en donde la participación fue, literalmente, imperceptible. La participación en los 80 municipios en donde se realizó la consulta fue sensiblemente menor a la de los referendos de diciembre. De las 290.027 personas llamadas a consulta acudió solamente el 21,55%, 6’5 puntos menos que en diciembre. En El Vendrell apenas se llegó a una participación del 8%.

Estos referendos están sirviendo para algo evidente: Catalunya es plural y las comarcas de Tarragona tienen una opinión muy diferente a las de la Montanya catalana (Osona, Bergueda, la Garrotxa, etc.). Rupit y Pruit, separados unos pocos kilómetros en Osona alcanzaron el 71% de participación, cifra récord que seguramente debe mucho a la actividad incansable de López Tena.

La siguiente oleada de referendos tuvo lugar el pasado 25 de abril confirmándose todas estas tendencias, especialmente la tendencia a una menor participación que empezaba a rozar el ridículo. En esta ocasión votaron 212 municipios pero la participación se quedó en el 20% pelado. La participación fue desigual, pero los organizadores cometieron el error de destacar que población mostraban un récord de participación: La Vilella Baixa (Tarragona), situada en el Priorat, votaron 99 personas, el 68% del censo; en Nalec (Lérida), en Urgell, lo hicieron 87 personas, el 96% del censo, y en Iborra (Lérida), en la Segarra, acudieron a las urnas el 90% de los empadronados, 112 votantes... Votaciones máximas en poblaciones minúsculas, cuando en Lliçà de Munt, apenas votó el 12% del censo, en Lérida, el 8%; y en Reus, apenas el 15%. Poblaciones grandes participación pequeña…

De seguir esta tendencia en la próxima oleada de referendos los votantes estarían por debajo del 20%. Y todavía falta el referéndum en Barcelona a celebrar en 2011… ¿Se llegará hasta ahí?

El núcleo del problema catalán

A estas alturas hay pocos observadores que sostengan que el independentismo catalán es un “grave peligro”. No lo era siquiera cuando existía una organización terrorista que mataba (en realidad, “moría” en accidentes con manejo de explosivos, mucho más que “mataba”, cuatro terroristas de Terra Lliure saltaron por los aires y causaron una sola víctima y de manera involuntaria), ni tampoco lo ha sido durante los siete años en los que ERC ha estado gobernando.

Los problemas para Catalunya en estos momentos son la situación real de Catalunya (caracterizado por una mixtura de inmigración masiva, corrupción y crisis económico-social), la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut aprobado en 2007 (si bien es cierto que con una abstención del 50% y con un soporte del 30% del cuerpo electoral real) y lo que se ha llamado “desafección catalana”.

El “nacionalismo español” identificado con Aznar dejó mal recuerdo en Catalunya a causa especialmente de su prepotencia en materia internacional y del insensato alineamiento de Aznar con los proyectos belicistas de George W. Bush. A partir de ese momento los índices de abstención en las distintas consultas electorales fueron en aumento. Tras el aznarato, las esperanzas suscitadas en Catalunya por Zapatero se fueron al traste a causa de su actitud oportunista ante el Estatut (actitud que varió desde el “aprobaré lo aprobado por el Parlament de Catalunya” hasta su “aprobaré la sentencia del Tribunal Constitucional” y más tarde a raíz de la crisis económica y de la incapacidad del zapaterismo para reconocer el problema y actuar en consecuencia.

En otras palabras: los “gobiernos de España” han “fallado” en los últimos 10 años a los ojos de la mayor parte de catalanes. Existe una tendencia inevitable en Catalunya a identificar “España” con la “gestión del gobierno de España”. Si éste falla, lo que se debilita es la idea de España. En el momento actual, la “desafección catalana” consiste en eso precisamente: la crisis económica y social en Catalunya es de tal magnitud, los niveles de corrupción disparados, la inmigración tan absolutamente omnipresente que se tiende a atribuir la responsabilidad de todo esto al “gobierno español” o, directamente, a “España”.

Lo peor es que esta opinión no es del todo descabellada. El gobierno español es en buena medida responsable del caos catalán… Pero también en Catalunya existen responsabilidades. Pero el gobierno de la Generalitat está paralizado en la cuestión del “nou Estatut” desde hace siete años, a partir del momento en que llegó al poder Maragall con hambre de pasar a la historia alcanzando una nueva cota autonómica y apoyándose en… independentistas. A la “desafección catalana” en relación a España se une otra no menos visible: también existe en relación a las autoridades específicamente catalanas como mostró el impresionante índice de abstención, voto nulo y voto en blanco en las pasadas elecciones municipales en la ciudad de Barcelona y a los niveles de abstención (cercanos o superiores al 50%) que se prevén en las próximas elecciones autonómicas de noviembre.

El problema de Catalunya es que ya no se cree en las bondades de “España” y de sus gobiernos (que se consideran como algo ajeno y lejano), pero tampoco en el gobierno autonómico (que cada vez se ve como una banda de corruptos incapaces, sensación aumentada por el caso Millet y la Operación Pretoria).

El problema de Catalunya y de España es, a fin de cuentas, el mismo: la inexistencia de una “misión” y de un “destino”, que hoy ya no se concibe ni en común ni separadamente …

Y, desde luego, el independentismo que quería aportar a Catalunya un “destino independiente” ha fracasado completamente en su intento. Catalunya seguirá unida al resto del Estado, por mucho tiempo, pero sin fe y con indiferencia generalizada mientras la política española esté gobernada por serviles de Bush  y herederos o por inútiles incapaces de comprender las dimensiones de la crisis actual.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto

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