Infokrisis.- En dos años más, con un déficit acumulado del 20% el Estado va directa e irremisiblemente a la quiebra. Las soluciones para evitar esta situación límite son pocas y todas traumáticas: aumento de la presión fiscal, descenso de los salarios, aumento de la edad de cotización y políticas de austeridad. El gobierno Zapatero no tendrá valor para aplicar estas medidas que entrañarían presumiblemente, no sólo la ruina electoral del propio Zapatero, sino que correría el riesgo de arrastrar a la sigla PSOE.

LA “ALTERNATIVA” DEL PP

En cuanto a la oposición, posiblemente sus soluciones hubieran valido en los primeros momentos de la crisis o cuando ésta se presentía en el horizonte (hacia 2007), no ahora. Las propuestas del PP para la salida a la crisis no son menos problemáticas: bajar impuestos, reformar el mercado laboral y favorecer la creación de puestos de trabajo, cantinelas habituales de Rajoy y de su partido. El programa es tan incompleto que estremece que este partido puede ganar las elecciones de 2012 o de cuando se convoquen, pues resulta inevitable pensar que la situación se irá deteriorando y el anticipo de la consulta será ineluctable.

¿Bajar impuestos para aumentar el movimiento económico? Es una solución clásica pero que en este momento ni siquiera es aplicable en España por una sencilla razón: no tenemos margen de maniobra. No podremos soportar que la recaudación del Estado caiga en picado y ceda la presión fiscal para que a partir de ese momento se creen empresas capaces de absorber los cinco millones de parados reales y generar una reactivación económica que en apenas tres años logre disminuir el déficit del 14% al 3%... Para que eso fuera posible sería preciso que se dieran muchas circunstancias añadidas: que la banca, por ejemplo, reabriera la espita del crédito y financiara la creación de miles de nuevas empresas.

La banca y las cajas de ahorro en estos momentos todavía no han reconocido el 50% de su agujero negro y del que generarán en los próximos dos años a medida que vayan venciendo las líneas de crédito concedidas a los constructores y al sector inmobiliario. Cuando eso ocurra el Estado Español, ya anegado por el déficit público, no podrá conceder a la banca otra ayuda de 30.000 millones, tal como ocurrió hace justamente un año cuando alegaba que lo hacía para “reabrir la espita del crédito”… Ni tiene dinero, ni el electorado toleraría un nuevo empujoncito a la banca que ni siquiera contribuiría a abrir el crédito. Así pues, difícilmente, en los próximos dos-cuatro años, la banca española va a estar en condiciones de otra cosa más que de salvarse a sí misma.

Por otra parte, no es menos cierto que las empresas sólidas no se crean al azar. Para ello hace falta una mínima planificación. Ni la construcción ni el turismo reverdecerán nunca más con los niveles que tuvieron hasta 2007. Y si tenemos en cuenta que esos eran los pilares de la economía española hasta ese momento, ¿cuáles serán a partir de ahora? Dicho de otra manera: ¿cuál será el nuevo modelo económico?

EL MITO DEL “NUEVO MODELO ECONÓMICO”

El modelo económico anterior se basaba en el desarrollo hipertrófico del sector de turismo y del de la construcción, unido a salarios bajos (obtenidos mediante los contratos-basura y en precario, el sistema de becarías para jóvenes y, finalmente, la importación de millones de inmigrantes que inevitablemente tiraban a la baja del valor trabajo disminuyendo salarios) compensados con un crédito accesible para todos en todos los sectores (hipotecario, vehículos, viajes, consumo habitual, tarjetas de crédito, etc.). Este modelo carpetovetónico se insertaba dentro de una economía mundial globalizada.

Mientras duró la esperanza en que la globalización generaría un crecimiento económico mundial, los distintos gobiernos españoles del PSOE y del PP, alegaron que España que ya no podría competir en cantidad y precio de sus manufacturas, triunfaría en calidad y valor añadido. De ahí toda la retórica del I+D+i…

Pero toda esa retórica no se ha sabido aplicar en la práctica (acaso porque las concepciones globalizadoras solamente funcionan sobre el papel y son meros engaños a la esperanza), tal como ha demostrado el triste “proyecto de ley de economía sostenible” urdido por el zapaterismo antes del verano y al que le falla lo esencial: el sector de las energías renovables no pueden crear las mismas tasas de empleo que el turismo y la construcción. Y, por lo demás, cuándo toda España esté cubierta de molinetas y placas solares ¿qué otro sector va a absorber los excedentes de mano de obra?

Pero hay algo peor que todo esto. La certidumbre de que la creación de un nuevo modelo económico precisa cinco años desde que se aprueba hasta que rinde sus primeros resultados. No hay margen. El tiempo perdido por el gobierno Zapatero (tres años) y los errores en la conducción de la economía española en los últimos 50 años (primero con la transformación de España en zona de servicios turísticos con Fraga, luego con los errores en la negociación con la Comunidad Europea que entrañó la liquidación de sectores enteros –naviero y minero especialmente- más tarde con la obsesión renovada por el crecimiento del PIB de la manera más rápida y espectacular ya con Aznar que facilitó el desembarco de los primeros 2.500.000 de inmigrantes, y cuyo crecimiento se vio favorecido por los fondos estructurales de la UE y, finalmente, la estupidez y la ceguera del zapaterismo, que permitió la entrada de otros 4.000.000 de inmigrantes y siguió disfrutando en sus primeros tres años de las mieles del crecimiento de la construcción y el turismo), todo ello unido hace que sea preciso alumbrar un nuevo modelo económico, casi de cero… para el cual hace falta una financiación que hoy ya no existe ni para la empresa privada ni para el Estado.

Estamos ante una pescadilla que se muerde la cola y que tiene todas las trazas de convertirse en una espiral centrípeta que cada vez paralice más la economía, entrando en conflicto con la espiral centrífuga del aumento de la deuda. Estos dos movimientos de singular intensidad y de dirección opuesta pueden entrañar desgarrones interiores no sólo en el sistema económico, sino en la estructura social del país y, finalmente, en la estructura política.

RIESGOS POLÍTICO-SOCIALES

Los sindicatos mayoritarios y subsidiados, ante la agresión a los trabajadores que supone la elevación de los plazos de cotización de los 65 a los 67 años, están respondiendo con una tibieza antológica. El problema es que en los últimos ocho años, los sindicatos han pasado de ser estructuras de defensa de los intereses de los trabajadores a ser simplemente estructuras de empleo para los liberados sindicales y poco más. Por tibia que sea la protesta realizada por los sindicatos nadie puede apostar como terminará una protesta que se sabe como empieza pero no cómo puede desenvolverse. Los sindicatos hoy son estructuras burocráticas, nada más. Sus cuadros sindicales, meros funcionarios pagados por el Estado. Su capacidad de movilización empieza y termina en los funcionarios que componen su burocracia. Ni tienen capacidad ya para realizar movilizaciones, ni siquiera para controlar las pequeñas movilizaciones a las que están obligados a convocar para salvar la cara ante las medidas que se avecinan y que agredirán precisamente al sector menos culpable por el desencadenamiento de la crisis: los asalariados.

Si unimos a esto, la certidumbre de que si el PSOE lo está haciendo rematadamente mal se une a la presunción de que el PP no lo hará mucho mejor a tenor de las pocas ideas que está difundiendo como alternativa. Por otra parte, si Zapatero llega al final de la legislatura la situación española estará próxima en bancarrota o con la economía intervenida por la UE. Seguirá siendo necesario un nuevo modelo económico… que no podrá evidenciar sus frutos sino hasta la legislatura siguiente, con lo que los primeros años de gobierno del PP será, simplemente, dramáticos, entrañando su descrédito más absoluto.

La pregunta es si la sociedad española y el sistema político español podrán soportar la crisis más aguda que ha sufrido el país desde la guerra civil. La respuesta es no. Por el momento, la incapacidad y la rapacidad de la clase política han entrañado su desprestigio más absoluto. Los banqueros compiten con los políticos y con los violadores la peor imagen pública ante la sociedad.

A la vista de la situación actual y de cómo puede evolucionar en los próximos cinco años, parece relativamente claro que van a caer muchas estructuras que han gozado de total impunidad en los últimos 35 años: los partidos mayoritarios corren el riesgo de convertirse en meros residuos. La caída en picado, por ejemplo, de la calidad política de la clase dirigente del PSOE es significativa: a Felipe, hábil demagogo que se rodea de técnicos y expertos, lo sustituye Almunia, técnico poco dotado para lograr la empatía con el electorado, al que sustituye un individuo plagado de tópicos y complejos políticamente correctos que aplica el Principio de Peter –“un inútil se rodea de gente más inútil que él para que no le hagan sombra”- y convierte España en un páramo económico, eso sí, con igualdad de sexos, paridad, aborto libre, leyes asimétricas contra la violencia doméstica y memoria histórica hemipléjica… Cuando este iluminado de escasas luces empieza a estar “quemado”, aparece un nombre como presunto sustituto, la Chacón, pero ésta pierde pronto su atractivo: ya no está embarazada y su gestión al frente de Defensa es un fiasco espectacular en apenas un semestre. Quemada la Chacón el sustituto in pectore es Pepinho Blanco, el tonto de la clase, que jamás logró superar el primero de derecho, ni es técnico, ni empatiza con el electorado, ni siquiera tiene una formación cultural básica. ¿Qué seguirá después? ¿Un estudiante de EGB? ¿Un tragasables? ¿Una prostituta que tuvo un hijo con un tragasables y a la que le crían un hijo en Bobadilla? ¿Un transexual explosivo y de rabo kilométrico?

DEL DESCRÉDITO DE LA CLASE POLÍTICA A LA EROSIÓN DE LOS PARTIDOS

Tuvo razón Rajoy en decir en el debate sobre la situación económica del pasado 16 de febrero que la culpa de lo que estaba pasando no era sólo de Zapatero, sino de los diputados que le apoyan. El problema que no aprecia Rajoy es que al PP le ha pasado otro tanto: sus diputados fueron absolutos muditos cuando Aznar se lanzó en su enloquecida carrera en apoyo de Bush durante en los prolegómenos de la guerra de Irak. Lo que Rajoy no advierte es que hoy la clase política en su totalidad está sometida a un desprestigio absoluto a causa del odio secular que mantienen PP y PSOE y que hace imposible un acuerdo para intentar salir de la crisis. Mañana ese desprestigio habrá avanzado un poco más y no serán los políticos, sino sus formaciones los que serán denostados por la opinión pública.

Y el sistema político español generado en 1978 se basa en la alternancia de una opción de centro-derecha y otra de centro-izquierda en el poder. Si PP y PSOE entran en crisis, es todo el sistema político español el que corre el riesgo de derrumbarse. Algunos no vamos a lamentarlo, sino que consideramos que el sistema nacido en 1978 precisa una reparación urgente y si sus gestores no son capaces de abordarla, bien merece ser sustituido por otro. Esta seria la única consecuencia positiva de la actual crisis económico-social: abrir la puerta para la renovación política del país.

© Ernesto Milá  - infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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