ANILLO: EL SEÑOR DE LOS SIMBOLOS

Publicado: Miércoles, 06 de Enero de 2010 16:48 por Ernesto Milá en CULTURA


Infokrisis.- [artículo publicado en el número 2 de Nuevos Horizontes]. No es por casualidad que J.R.R. Tolkien al escribir a mediados del siglo XX el relato mitológico más fantástico le diera el nombre de "El Señor de los Anillos". El anillo ha fascinado desde la más remota antigüedad; en otro tiempo se le atribuyó un poder mágico, en la actualidad es apenas un signo suntuario, pero cuando alguien quiere expresar un sentimiento profundo, lo hace regalando un anillo. Por eso, parafraseando a Tolkien se puede decir que el anillo es el "señor de los símbolos".

Desde tiempo inmemorial los judíos al contraer matrimonio se intercambian anillos. Es la entrega del anillo y no las bendiciones del rabino, lo que transforma a los novios en marido y esposa. El anillo es comparado con la Tora: así como en anillo es infinito, también el lazo de la Tora entre Dios e Israel es infinito; no en vano en el Antiguo Testamento está escrito: "Y te desposaré conmigo por siempre" (Oseas 2:21). Análogamente, cuando el novio entrega el anillo a la novia, simboliza que, como el lazo entre Dios e Israel es eterno, también lo es el vínculo de amor entre marido y esposa.

EL CIRCULO: ARQUETIPO DEL ANILLO


El primer símbolo que llamó la atención de los seres humanos debió ser el Sol. Intuían que la vida dependía de él y consideraron que el círculo que lo representaba era la forma más perfecta. Dieron a sus monumentos forma circular (los cromlechs) y colocaron el símbolo allí por donde pasaron. Este símbolo fue patrimonio de los pueblos que descendieron del Norte empujados por el frío y a los que la experiencia del Sol marcó profundamente.

A partir de aquí el círculo fue considerado como símbolo del dios dador de la vida. A medida que aumentaba la capacidad tecnológica de los pueblos del Norte, cuando los forjadores -considerados magos y brujos en contacto con un calor diferente al del Sol, con el calor de los abismos subterráneos-  fueron capaces de dar volumen a los dibujos en la piedra y encontraron metales nobles cuyo brillo fuera reflejo del sol -el Oro-,  forjaron armas y escudos, pero también anillos para los reyes y para los guerreros. Y tanto en su interior como en su exterior, estos anillos llevaban inscripciones sagradas y fórmulas de protección.

EL ANILLO QUE PROTEJE

En esos milenios oscuros las tribus descendientes del Norte vieron en el círculo, no solo la imagen del dios, sino, en tanto que tal, una protección. De la misma forma que el Sol hacía posible la vida, y su alejamiento en los inviernos coincidía con la muerte de la naturaleza, también había que atribuirle un carácter protector hacia los humanos. De ahí que el círculo y los anillos fueran utilizados como talismanes de protección y los recintos circulares considerados como lugares seguros contra cualquier ataque, incluso demoníaco.

Aun hoy, los pentáculos utilizados en Magia Ceremonial y los círculos de protección trazados en el suelo en el curso de ceremonias satánicas o de invocaciones al Maligno, crea un espacio "sagrado" -a diferencia del territorio situado fuera del círculo, que sigue siendo espacio "profano"- que defiende y protege. Lo que está dentro del círculo es inaccesible para las potencial del Mal, en tanto que espacio "ordenado", mientras que en el espacio exterior al círculo, sigue dominando el "caos" y, por eso mismo, es el territorio adecuado para el accionar de las potencias oscuras.

Fue así como el anillo llegó a los dedos, cargado de un sentido mágico y sagrado.

EL ANILLO QUE UNE

Fueron los romanos los primeros en utilizar unos sencillos aros de hierro para dar constancia de un compromiso matrimonial. La antigua tradición romana consistía en entregar un anillo, como símbolo del ciclo de la vida y de la eternidad (el círculo no tiene principio ni fin), que constituía una pública promesa de que el contrato matrimonial entre un hombre y una mujer debía ser respetado. El anillo era el símbolo de la eternidad del matrimonio.

Aunque los romanos conocían bien el oro, no fue sino hasta el siglo II cuando el hierro fue abandonado como metal propio de los anillos nupciales. Los primeros romanos, los constructores de la República y del Imperio, se pasearon victoriosos por todo Occidente llevando austeros anillos de hierro. Para el romano la austeridad era una virtud. No es raro que el tránsito de los anillos de hierro a los de oro, se produjera en el inicio de la decadencia romana.

El cristianismo consintió esta tradición y permitió que en el siglo XV se incorporaran diamantes considerados en la época como símbolo de la fidelidad conyugal. El diamante (cuyo nombre deriva del término griego "adamas", invencible) podía unirse al Oro por que resistía el arañazo de los metales más duros y soportaba la acción del fuego sin alterarse. Se creía que la estructura del diamante reflejaba el simbolismo de las pirámides egipcias e incluso se tenía por cierto que bajo la pirámide visible existía una parte inferior con las mismas proporciones y forma. El anillo de matrimonio de los Sforza, intercambiado en 1475 es muestra de la talla en forma de pirámide.

Las palabras sagradas y los signos de protección cambiaron por las llamadas "posíes", poemas breves inscritos en el interior de los anillos y mensajes secretos que los amantes se daban unos a otros. Frecuentemente, se acompañaba estos mensajes con el grabado de una rosa. Aun hoy esta tradición prosigue más viva que cualquier otra e incluso en las ceremonias civiles, se pide a los futuros cónyuges que intercambien sus anillos.

EL ANILLO MALDITO

El Oro y el Diamante siempre han ido asociados a la imagen del dios, pero también a la desgracia. Frecuentemente, los mitos y las sagas antiguas hablan de tesoros que aportaron desgracias a sus poseedores. El "Oro del Rin" acarrea muerte y desgracia a todos los que lo han disfrutado. No es raro que los herejes franciscanos, los "espirituales", del siglo XIII, condenaran el uso de joyas y anillos confeccionados con metales nobles; decían que el Oro excita la codicia de los humanos y que es vehículo del Maligno. El propio Tolkien en su obra "El Señor de los Anillos", se hace eco de esta maldición. Apoderarse de un anillo es conquistar un poder, adquirir una cualidad -frecuentemente los anillos míticos están asociados a la conquista de facultades paranormales-  pero de ordinario, el mal uso de estas facultades adquiridas convierte el tesoro del anillo en una fuente de desgracia.

Lo cierto es que, nunca como en aquella época, los anillos y los círculos pasaron a ser utilizados en las artes mágicas y en la nigromancia. La bruja al volar hacia el aquelarre en la noche maldita del Sabbath, traza un círculo mágico en el suelo y se unta el sexo, las axilas y las plantas de las manos y los pies con una mixtura mágica hecha a base de beleño, belladona y estramonio, amalgamados con manteca, que le hará volar hacia el lugar del rito blasfemo. Fausto, el discípulo de Cornelio Agrippa, si sitúa dentro del círculo que su maestro le ha indicado para protegerse cada vez que invoca al Diablo. Los musulmanes cuentan que Salomón disponía de un anillo al que debía su sabiduría. Cuentan que Salomón marcó a los demonios con el sello de su anillo y los convirtió en esclavos. Pero Salomón perdió el anillo en el Jordán y de ahí procedió su desgracia.

Los antiguos romanos ya habían advertido un carácter maléfico en algunos anillos. Unían, pero también ataban y cualquier ligamen era considerado como una obturación que contenía a los poderes sobrenaturales del individuo y le impedían que se manifestase en el exterior. Por eso mismo los sacerdotes flaminios no tenían derecho "a llevar anillo, sino roto y desprovisto de piedra"

EL ANILLO DEL PODER

Precisamente es el papado una de las últimas instituciones que conceden a los anillos un poder sobrenatural. Ciertamente, a principios de siglo, Sigmund Freud entregaba un anillo de plata a los miembros del Círculo Psicoanalítico de Viena como distintivo de que habían sido aceptados en el "círculo interno" de la sociedad; pero se trataba de iniciativas profanas. De hecho, también las SS hitlerianas tenían anillos con el distintivo de la calavera que mostraba su fidelidad al Führer y su compromiso de dar y recibir la muerte. Pero es en la Iglesia donde se conservan todavía vivas las tradiciones mágicas del anillo.

Para la Iglesia el anillo confiere un "poder". Es el famoso "anillo del Pescador", sello pontifical que ostenta el escudo de cada Papa y que es destruido al morir. Mediante el anillo papal se transmite la idea de una alianza entre los humanos y Dios, alianza de la que el Papa es mediador o, si se quiere, "pontífice", es decir, el que "hace de puente". El anillo es recomendado a los cristianos desde los primeros tiempos de la Iglesia. Clemente de Alejandría aconsejaba que todos los miembros de la nueva comunidad llevaran un anillo con el símbolo de los Peces. La tradición ha proseguido hasta nuestro días. El Papa encierra en el anillo el poder de gobernar a la cristiandad; forjado por los hombres su anillo ha sido cargado con el poder de Dios.

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¿Seremos capaces de ver el anillo con otros ojos cuando nos lo coloquemos o nos lo regalen? ¿será un anillo de unión, un anillo de fidelidad? ¿o un anillo que puede acarrearnos desgracia y poder? En ocasiones, elementos tan habituales como un anillo o un círculo pueden convertirse en fuentes de una inmensa sabiduría. El simbolismo del anillo y del círculo es posiblemente uno de los símbolos más ricos. Es quizás el único simbolismo originario que goza de buena salud en nuestros días...

[RECUADROS]   

LOS ANILLOS DE TOLKIEN

J.R.R. Tolkien (1892-1973) , profesor de mitologías nórdicas, aprovechó sus extraordinarios conocimientos en este terreno para reconstruir toda una saga mitológica completa en sus dos obras más importantes: "El Señor de los Anillos" y "El Silmarillon". Al igual que la antigua saga nórdica sobre el "oro del Rin", Tolkien basó su obra en un tesoro formado por 22 anillos benéficos y maléficos disputados por las fuerzas del bien y del mal. Así se inicia esta historia que muestra como el anillo sigue ocupando un lugar en el corazón de los seres humanos:

Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
En la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos.
Un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
En la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras...


JÚPITER: NUEVOS ANILLOS EN EL FIRMAMENTO

Júpiter ocupa un lugar particular en el sistema solar: por su tamaño es el mayor y por su situación es un planeta intermedio al que los antiguos atribuyeron grandes virtudes benéficas. Hasta hace poco se ignoraba la existencia de anillos en torno a Júpiter y se pensaba que tenían una constitución similar a los anillo de Saturno. Solo desde el pasado mes de septiembre se tiene la seguridad de que están formados por partículas originadas en el choque de meteoritos contra los cuatro satélites más cercanos al planeta.

Los anillos de Júpiter son menos visibles que los de Saturno. La sonda espacial Galileo, enviada a los confines del Sistema Solar ha confirmado la existencia de tres anillos, todos ellos encajados entre sí. Los datos recogidos por la sonda muestran que están compuestos por partículas microscópicas de polvo producto de la colisión de asteroides contra los cuatro satélites más cercanos al planeta, en especial Amaltea y Thebe en el anillo más exterior y de Adrastea y Metis en el más interior.

Júpiter fue fotografiado por las sondas Voyager 1 y 2, pero solamente la Galileo ha dado datos sobre la composición química del mayor planeta del sistema solar. Júpiter tiene una masa 318 veces superior a la Tierra y su diámetro es 11 veces superior. Se sabe que en su superficie soplan vientos de 530 km/h.

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