EL OLVIDO DE LA MEMORIA

Publicado: Miércoles, 25 de Noviembre de 2009 18:56 por Ernesto Milá en CULTURA

Infokrisis.- A principios de los años setenta el cultivo de la memoria empezó a ser desterrado de las aulas y, lo que es peor, la pedagogía progresista demostró hacia ella una terrible animadversión.  El cálculo memorístico desapareció del temario de matemáticas, la consabida memorización de la lista de los reyes godos pasó a ser objeto de todo tipo de ironías; se estableció como dogma indiscutible que los niños recién llegados a la escuela debían de aprender jugando, los libros de estudio vieron reducidos sus textos en razón inversa al aumento de ilustraciones coloristas, el saber debía de entrar por los ojos, antes que por el cerebro. ¿El olvido de la memoria puede ser una de las razones de la quiebra del actual modelo educativo?

Durante milenios la cultura se ha sustentado en la memoria, es posible que ahora, al destarrársela dé otra vuelta de tuerca al garrote situado en el cuello del saber.

LA MEMORIA EN EL MUNDO TRADICIONAL

En el mundo tradicional la memoria constituía la piedra angular del conocimiento. Y no solo por que la inexistencia del papel y de la escritura impusieron necesariamente un sistema de aprendizaje fundamentalmente memorístico, sino por que se exaltaban las virtudes del aprendizaje oral -esto es memorístico- como única forma de acceso al verdadero conocimiento. Posteriormente cuando se difundió la utilización de los pergaminos y papiros, la memoria siguió ocupando un lugar central y, aun hoy, en las riveras del Ganges y en los arrabales de Teherán, existen miles de jóvenes que recitan de memoria miles de versículos del "Bagavad Gita" y del "Corán" respectivamente; algunos de estos dominan varios libros sagrados: en otro tiempo esto resultó normal, incluso en Occidente.

En 1967 un joven de Ankara, Mehmed Ali Halici, recitó 6.666 versículos del Corán en 6 horas; se dice que Temístocles conocía de memoria los nombres y los rostros de los 20.000 atenienses. Entre los judíos, los Shasa Pollak, memoristas talmúdicos polacos, podían proporcionar siempre la palabra correcta si se les decía la página, línea y número de palabra del Talmud de Babilonia impreso en la forma tradicional. Toscanini sorprendió a otros músicos cuando estos le anunciaron antes de un concierto que el segundo fagot había estropeado la clave para la nota más baja; tras pararse a pensar un par de segundos dijo que no importaba porque esa nota no se reproducía en todo el concierto de la noche. Con razón Arthur Koestler pudo escribir: "Al crear el cerebro humano, la evolución ha rebasado con creces su record".

Los antiguos consideraban que solamente se conoce un texto y su mensaje cuando se ha aprendido de memoria; no se atribuyó ningún valor a la lectura, y si había que recurrir a ella, lo aprendido así tenía un valor similar a algo de lo que se había oído hablar, en absoluto de algo que se conociera en profundidad. Los sutras budistas y las letanías católicas se recitaban de memoria, de la misma forma que los iniciados en Delfos y Eleusis, reproducían unos rituales secretos que jamás fueron transcritos en soporte físico alguno.

Así pues, el ejercicio constante de las facultades memorísticas, redundó en la constitución de un tipo humano dotado de una estructura mental diversa a la del hombre moderno; a los occidentales que han intentado penetrar en el budismo les resulta prácticamente imposible realizar unas visualizaciones tales como las prescritas en las técnicas de meditación y concentración que requieren necesariamente de una facultad llamada memoria espacial consistente en la creación de imágenes mentales provistas de todo tipo de detalles.

EL SABER EN LA EDAD DE ORO

De la lectura de los textos clásicos que nos describen sucintamente como fue la mítica "edad de oro", se puede deducir que en aquel período la existencia era espiritualidad pura y el conocimiento era accesible y compartido por todos los seres por contacto directo con el principio metafísico superior: el saber no era enseñado sino que existía una identificación esencial entre los sujetos y la fuente misma del saber; por tanto, no existía enseñanza, ni aprendizaje al existir identidad entre el saber y el sujeto.

Es en una primera fase mítica de decadencia, cuando se produce la ruptura entre el principio metafísico y el hombre; la palabra se convierte en el vehículo de tránsito entre los detentadores del saber primordial y las generaciones siguientes. La transmisión oral fue considerada durante años como la única forma orgánica de aprendizaje hasta el punto de que Platón narra como el dios egipcio Thot, inventor de la escritura, fue reprendido por el rey Tamo cuando presentó a éste su hallazgo. Tamo habló así: "Tu, oh Thot, has inventado un arte útil para el recuerdo más que para la memoria. Los hombres ya no deberán esforzarse en tener mente, sino que con gran facilidad podrán recordar cada vez lo que sucede. Y algo mucho peor, a partir de ahora cualquiera podrá aprender sin maestros".

Estas nos sitúan en el nudo del sistema tradicional de aprendizaje compuesto por distintos niveles de conocimiento, perfectamente jerarquizados y a los que se accede solo cuando el nivel inferior está completamente asimilado y ha logrado su fin, esto es, obtener una mejora sensible en la cualidad del alumno; solo en ese punto será ascendido al nivel inmediatamente superior. De ahí también derivaba la necesidad del secreto sobre los contenidos de ciertas enseñanzas, se procuraba, fundamentalmente, que el saber fuera siempre canalizado por los que tenían la autoridad y la sabiduría suficiente para hacerlo, que no circulara libre y cayera en manos de aquellos que podían hacer mal uso de él. Hoy sabemos hasta qué punto este juicio es ponderado: el descontrol en el conocimiento de la energía nuclear, o en las tecnologías de fabricación de drogas o gases químicos ha producido convulsiones que todos recordamos. Hace milenios ya se sabía que la ciencia no era neutral y que su utilización podía ser ambivalente: justa o injusta, según quien la poseyera.

Es evidente que la inexistencia de papel escrito implicaba un fortalecimiento y un uso constante de las cualidades de la memoria; no será sino en una fase siguiente cuando esto se atenuará con la aparición de la escritura. Fundamentalmente la escritura es un recurso mnemotécnico que incluso en la Edad Media -como caligrafía- alcanzó el grado de vehículo de meditación; en efecto, los monjes escribanos lograron preservar el saber antiguo en la soledad y el silencio de los monasterios, copiando los viejos manuscritos, iluminándolas con imágenes devotas, siguiendo técnicas de meditación y concentración.

HACIA LA ESCRITURA: EL JEROGLIFICO

Con todo, hasta el Renacimiento la escritura no dejó de ser considerado como algo pernicioso o de lo que, por lo menos el hombre sabio debía de desconfiar. Roger Bacon escribió en el siglo XIII: "No se confían los secretos de la naturaleza a la piel de las cabras o de los corderos [es decir, asl pergamino, a la escritura], para que puedan ser conocidos por cualquiera; está escrito que disminuye la majestad de las cosas místicas quien las divulga; el vulgo ridiculiza a los que saben y descuida los secretos de la sabiduría y no sabe usar de las cosas altísimas, y si algo de magnífico llega por casualidad a su conciencia, lo pervierte y abusa".

El "doctor Mirabilis", tal como se llamó a Bacon en su tiempo, se hacía eco de las palabras desdeñosas escritas por Platón en el Fedro, anatemizando la escritura: "El alfabeto traerá el olvido en las almas de quienes lo aprendan; cesarán de ejercitar la memoria por que fiándose de lo escrito reclamarán las cosas a la mente no desde el interior de sí mismos, sino de fuera de sí, a través de signos extraños [las letras]: lo que has inventado no es una receta para la memoria sino para distraer la mente".

En un primer momento, la escritura jeroglífica está casi completamente identificada con la mnemotecnia: los signos jeroglíficos no son letras todavía, sino símbolos que expresan ideas por asociación; solamente en una etapa siguiente aparece el alfabeto tal como hoy lo conocemos; lejos de representar ideas, las letras están asociados a sonidos fonéticos.

LA CRISIS DE LA MEMORIA

La pedagogía moderna parece considerar el adiestramiento de la lectura como de rango inferior a otras áreas de aprendizaje. Lo cierto es que los niños hoy aprenden a leer tarde y mal; en los primeros años de escuela se trata de que aprendan a relacionarse y a jugar, hace solo 40 años los niños a los cinco años eran capaces ya de leer y hasta los diez años seguían insistiendo constantemente en la lectura y en la escritura e incluso el tan denostado bachillerato de los años 50 y 60 cultivaba la memoria hasta los 16 años. Eso permitía a los alumnos familiarizarse con los escritos y adquirir la soltura necesaria para estar en condiciones de abordar la lectura de libros de texto; de la facilidad de leer, derivaba el amor por los libros, y por la cultura en general.

En la actualidad todo esto variado sensiblemente; ya no se trata de aprender leyendo, mucho menos de aprender sin el sorporte del papel y del alfabeto, no se trata, en modo alguno de ejercitar la memoria, se trata simplemente de adquirir conocimientos mediante el mínimo esfuerzo: la pedagogía actual tiende a minimizar el papel de la lectura sustituyéndolo por la imagen y las relaciones interactivas, no ya con un profesor de carne y hueso, ni con un libro explicado, leido y vivido, es decir, en donde existe algo de palpitante, sino con unas tecnologías informáticas, frías y deshumanizadas -por muy interactivas que sean- en las que el aprendizaje está estudiado para que pueda realizarse con un esfuerzo mínimo, e incluso en algunos casos, sin esfuerzo alguno. Así por ejemplo, de EE.UU. han llegado sistemas de aprendizaje mediante sofrología e hipnosis, o bien durante el sueño: bastará con que en estado de relajación profunda y de abandono del consciente, un sonido electrónico decodificado alcance a nuestro subconsciente... pero) puede llamarse a esto aprendizaje?

El aprendizaje audiovisual e interactivo no deja de ser arriesgado y sus efectos imprevisibles, precisamente por su facilidad: si se niega que la formación cultural y humana, implica un esfuerzo y un sacrificio, se ignora deliberadamente que contra más completo sea ese esfuerzo más contribuirá a la formación del carácter; si aceptamos que el aprendizaje debe ser lo más simple y sencillo posible, quizás resulte más agradable para el alumno, pero los procesos educativos no pueden considerarse en cortos espacios de tiempo, sino en lapsos relativamente amplios: quien no adquiere una disciplina en el estudio y en el aprendizaje, jamás incorporará a su vida disciplina ni esfuerzo, viviendo siempre en la búsqueda del hedonismo y la vida cómoda.... y sabemos que la vida es dura y que la función de la educación es preparar al ser humano para la vida.

PERO ¿QUE ES LA MEMORIA?

Nuestra tesis es simple: todo lo que estimula y favorece a la memoria es positivo, todo lo que la debilita es negativo y afirma los procesos de aculturización que hoy se pueden intuir entre la juventud. Pero )por qué somos tan radicales? )qué es la memoria y cual es su importancia?

La memoria es la facultad de reproducir en la conciencia experiencias y conocimientos que habían sido incorporados a ella tiempo atrás y que luego se habían convertido en inconscientes. Y en este "recordar" entran imágenes, acontecimientos, visiones, sensaciones y recuerdos pasados.

Lo maravilloso de la memoria es que se rige por lo que se ha llamado "las tres R": registro, retención y recuerdo. Se dice que si no existiera la capacidad de retención -esto es de pasar los datos al subconsciente, borrándolos de la conciencia ordinaria-, si todos los conocimientos adquiridos estuvieran presentes en la memoria, caeríamos en la locura. La capacidad del recuerdo se produce mediante un esfuerzo de la voluntad, en un instante preciso: se recuerda en el momento justo en que se atribuye utilidad a lo recordado, no antes.

En el mundo clásico la raíz de la palabra "memoria" se encuentra en el nombre de Minerva, cuya forma primitiva era Men-ervav y en la palabra latina mens, mente. Platón distinguía entre mneme, memoria potencial y anámnesis, acto de recordar. Según su teoría, el alma poseía ya el conocimiento de todas las cosas, derivadas de la contemplación de las ideas, antes de ser encerrada en un cuerpo mortal, es entonces cuando olvidó las ideas. Conocer es, pues, recordar, y para ello hay que purificar lo más posible el cuerpo: este acto es la anámnesis.

Es inevitable también asociar la palabra "recuerdo" al corazón. En efecto, era allí -en el cor-cordis, el corazón latino- donde residían las facultades intelectivas y cuyo rastro queda en la propia pabra "re-cuer-do", en francés "re-cord". En la misma lengua francesa aun se conserva la expresión "por coeur" para evidenciar esta relación entre el corazón y el recuerdo. En el corazón se situó tradicionalmente la sede del intelecto y de la voluntad.

LA IMPORTANCIA CULTURAL DE LA MEMORIA

Sabiendo lo que es la memoria puede intuirse ya su importancia cultural. Gracias a la capacidad de recordar, asociada a la posibilidad del razonamiento lógico, es posible combinar unos con otros recuerdos y alcanzar conclusiones; contra mayor sean los datos contenidos en la memoria, mayor será la posibilidad de alcanzar razonamientos más sofisticados y acertados. Veamos algunos ejemplos.

La premisa mayor de un silogismo puede ser "Cervantes escribió La Galatea", premisa menor "La Galatea es una novela pastoril", conclusión: "Cervantes es un autor de novelas pastoriles"... no es posible aceptar tal conclusión por que sabemos -si somos capaces de recordarlo- que Cervantes escribió comedias, poemas épicos, novelas, poesías, etc... Otro ejemplo: "Alejandro Magno conquistó Asia", premisa menor: "China está en Asia", luego, conclusión, "Alejandro conquistó China"... obviamente se trata de un error, pero para advertirlo deberemos recordar que en la época de Alejandro, la extensión de Asia se limitaba a la India. Otro ejemplo más: un sujeto se emborracha con whisky y soda los martes; los miércoles se emborracha con ginebra y soda; el análisis lógico indica que el factor común, esto es, el causante de las borracheras sería la soda... a menos, claro está, que hubiéramos almacenado antes el recuerdo en nuestra memoria de que, tanto el whisky como el ron tienen como factor común el alcohol...

En estos tres ejemplos la lógica equivocada nace precisamente de la falta de elementos de juicio contenidos en nuestro conocimiento y memoria. Solo la prontitud de la memoria y el almacenamiento de datos culturales en nuestro cerebro, nos permite saber por qué estos juicios son erróneos. Así pues, es gracias a la memoria que podemos encadenar razonamientos lógicos y contra mayor sean los datos contenidos en los 1.400 grs. de materia gris contenidos en nuestro cráneo, con sus 15.000 millones de neuronas, mayor será nuestra posibilidad de encadenar razonamientos y juicios acertados.

No puede existir actividad cerebral lógica, sino existe almacenamiento de datos en las áreas de memoria. De ahí la importancia de desarrollar esta habilidad de forma sistemática. Si estuviéramos tentados por defender una teoría conspirativa de la historia diríamos que existe una conspiración para borrar la memoria de la mente de los hombres, para limitar su eficacia y alcance, llenarla de datos inútiles y, en definitiva, debilitarla  hasta el límite, porque solo así se puede manipular a los hombres, tratarlos como autómatas y convertirlos en seres masificados y acríticos.

Lo cierto es que nunca como estos tiempos el conocimiento inútil ha ocupado tanto espacio en la mente de unos hombres con tan poca memoria y, por ende, sin apenas capacidad crítica. Hay jóvenes que conocen a la perfección las alineaciones de todos los equipos de primera división o la existencia de los más diversos títulos de videojuegos, pero ignoran cualquier conocimiento de valor sociológico, histórico, político, filosófico o, incluso, humano... y estos conocimientos son importantes por que de ellos deriva una ética, un estilo, una norma de comportamiento.

Al coronel Olcott uno de los fundadores de la Sociedad Teosófica le llamó poderosamente la atención que los doctores brahamánicos hindúes practicaran el "ashtâvadhânam" que significa literalmente el arte de concentrar la mente en ocho cosas a la vez. Olcott había conocido brahamanes que tenían la facultad de fijar su mente en un punto mnemotécnico especial o centro de pensamiento, lo que les permitía realizar cincuenta cosas a un tiempo. Olcott conoció en Bombay a un pandit que demostró ser capaz de realizar cien cálculos a la vez; otros hindúes notables le aseguraron que, como máximo, podían efectuarse 25 actividades simultáneas -lo cual no es poco- cualidad que atribuía a un adiestramiento de la mente unido a "la más escrupulosa pureza mental, poniendo special cuidado en evitar ciertos manjares de los que acostumbraban a tomar los indios".

Ante estas habilidades uno siente que la consabida lista de los reyes godos es apenas una bagatela útil que ayudaba a desarrollar ese músculo que es la memoria y del cual depende en buena medida todo proceso de adquisición de cultura y de razonamiento lógico: eliminad la memoria de las gentes y eliminareis su pasado, eliminad su pasado y abolireis sus raíces y haciendo esto le privareis de su identidad y lo convertireis es un átomo masificado y amorfo. Tal es uno de los procesos avanzados de desintegración que sigue la cultura occidental.

 

RECUADROS FUERA DE TEXTO


SIMONIDES DE CEOS: FUNDADOR DE LA MNEMOTECNIA

La mnemotecnia es la técnica de la memoria, de su desarrollo y fortalecimiento. Se trata de una ciencia antigua que Cicerón atribuyó al poeta griego Simónides de Ceos. Sobre este personaje circulaba una anécdota: Scopas, rico comerciante tesalonicense, contrató a Simónides para que realizara  un panegírico en su honor, pero tras oirlo, Scopas juzgó que su nombre había quedado relegado a segundo plano ante la alabanza que Simónides realizó a los gemelos divinos Castor y Polux; Scopas se negó a pagarle lo estipulado, dándole solo la mitad y diciendo que la otra mitad la reclamara a Castor y Polux. Al poco, Simónides fue avisado de que dos sujetos le requerían en la puerta y corrió a encontrarlos; no halló a nadie, pero mientras los buscaba se derrumbó el edificio donde se celebraba la fiesta y todos los comensales murieron; sus cuerpos quedaron tan mutilados que no podían ser identificados; solo gracias a la memoria de Simónides, quien logró recordar el lugar exacto en el que se sentaba cada comensal, pudieron ser reconocidos. Los dos desconocidos eran Castor Y Polux que acudieron en ayuda de quien antes les habia loado. Fue así como Simónides se propuso establecer las reglas del arte que desarrollaría las capacidades de la memoria y del que pasa por inventor.

LOS ANTIGUOS SISTEMAS MNEMOTECNICOS

El arte de la memoria tuvo gran predicamento en la Edad Media, San Alberto Magno y Santo tomás de Aquino lo tuvieron bien presente, Rabelais aconsejó su utilización en "Gargantúa y Pantagruel" y tuvo su prolongación en la obra de Fray Diego Valdés, "Rhetorica Christiana", publicado en 1579. Monje de la Orden de los Observantes de San Francisco, Fray Diego había nacido en México y estaba implicado en la evangelización del Nuevo Mundo, de hecho su obra contiene una recopilación de los métodos que estima mas adecuados para difundir la palabra de Dios en aquellas latitudes.

La versión que da Cicerón del arte de Simónides de Ceos es recuperada íntegramente por Fray Diego; en efecto, ambos autores consideran la memoria como una de las cinco divisiones de la retórica, siendo las otras invención, disposición, elocución y pronunciación; coinciden igualmente en que memoria es el más importante de los instrumentos al servicio del orador y lo llaman "custos", esto es, guardián de todas las partes de la retórica.

La novedad estriba en que Fray Diego sitúa la memoria en uno de los grabados de su libro en la parte trasera del cerebro; probablemente estableció esta ubicación a partir de los trabajos anteriores de Juan Romberch o de Guillermo Leporeo, ambos sobre los procesos cognoscitivos. Ni Simónides ni Cicerón habían situado la sede de la memoria como tampoco aludieron al tipo de régimen de vida que estimularía el desarrollo de esta cualidad y que para Fray Diego era una vida marcada por la "vacatio, mansuetudo y sobrietas", siendo su principal enemigo la gula y la ingesta excesiva de carnes, los alcoholes espirituosos y las temperaturas extremas en los alimentos.

Especialmente interesante es el capítulo titulado "De modo excolendae memoriae", esto es, "Cómo adiestrar la memoria", en donde Fray Diego extrae consejos de otros autores anteriores, como Pedro de Rávena quien en su libro "Phoenix, sive artificiosa memoria" -publicado en 1491- recomienda la creación de lugares destinados a la práctica de la oratoria de viva voz en los monasterios. Las dimensiones de estas salas no deberían exceder a su juicio las dimensiones dadas por un hombre en pié, situado en el centro, con uno de sus brazos alzado hasta el techo y el otro extendido hasta el muro. Tal sería el "locus" memorístico o "locutorio".

El interés de Fray Diego es que el monje memorice la prédica que va a realizar y que lo haga asociando ideas a imágenes: teniendo presente las imágenes, acudirán expontáneamente a su cerebro las ideas que quiere difundir. Así en su libro reproduce unos grabados que ha tomado prestados de otros tratados anteriores -en especial del de Ludovico Dolce- en los que cada letra está representada por una imagen evocadora: así por ejemplo la letra A está representada por un compás o por una escalera abierta, la E por una sierra, la I por una columna, la O por un globo del mundo, la U por las dos roscas de una prensa y así mismo con las consonantes. Pero existe una lámina misteriosa que remite, sin duda, a los tratados herméticos del renacimiento, en el que Frey Diego sitúa en el interior de unas vasijas con formas de corazón unos dibujos acompañados de unas letras que muy difícilmente pueden ser asociadas a otro tipo de ideas que no sean alquímicos: la V, por ejemplo, está relacionada con una salamandra, la S con el águila, la C con el glifo, la D con las dos columnas y así sucesivamente... resulta, sin duda el misterio más notable de un texto que, inicialmente, parecía iba a ser banal, o bien un refrito de una sabiduría anterior.

LA HISTORIA DE FRANCIA "ALLEVYZADA"

En 1843 los reclutas del 46º Regimiento de Infantería con guarnición en París seguían los extraños cursos de un atrabiliario profesor de historia. Este sujeto, de barba luenga y vestir desordenado, había creado un sistema que definía como "cábala fonética tradicional" y su nombre era Allevy; en la práctica se trataba de un sistema mNemotécnico que, mediante un juego de palabras e imágenes obtenía una pronunciación fonética idéntica a la persona que se quería recordar. Así, por ejemplo Clovis "Le Grand" (Cledoveo el grande) se representaba por el dibujo de un niño fijado a una silla por un gran tornillo; el jeroglífico debe leerse así: Grand Clou-vis, traducido "el gran tornillo", fonéticamente coincidente en lengua francesa con Clovis le grand. Napoleón era representado por  un mantel -Nappe- y un cazo -poêlon. Monsieur Allevy había, como él gustaba de decir "allevyzado" la historia de Francia.

Sin embargo este sistema gráfico-fonético tenía gran arraigo en la cultura popular gala. Hasta hace poco era frecuente que los viajeros se detuvieran en posadas que invariablemente se anunciaban con una banderola dentro de la cual podía verse un león rampante en oro: en francés "au lion d’or" o también "au lit on dorm" -pues ambas frases fonéticamente suenan idénticas- frase cuya traducción tiene mucho que ver con la hostelería: "en la cama se duerme". Otros centros de diversión se representaban mediante el jeroglífico de la O y la K, incisas en un eje de hierro y en donde la K aparecía cortada por un palote: su desciframiento era simple: "au gran ka-barré", es decir, la "gran K con barra", en francés: el "gran cabaret"...
Que sepamos, el método de Allevy no tuvo continuación directa, pero pocos años después el arte de la memoria vivió una nueva aurora gracias al interés depositados por algunos miembros de la Sociedad Teosófica, impresionados por el arraigo que tenía esta ciencia en su admirado Oriente. 

EL OCULTISMO Y LA MNEMOTECNIA

A principios de siglo Ernest Wood publicó un texto capital titulado "Educación de la Memoria" que ha sido objeto de diversas reediciones posteriores. Wood, teósofo notorio, garantizaba un desarrollo pleno de la memoria en 21 semanas. No ignoramos que esta cifra no ha sido elegida al azar: las 21 semanas reproducen los 21 arcanos del Tarot en los que los teósofos depositaban toda su fé. El sistema diseñado por Wood partía de los cuatro preceptos que rigen los actos de la memoria: 1) observar con cuidado y comprender exactamente lo que se ha de recordar; 2) compararlo con algo ya conocido y colocarlo junto a ello en la mente; 3) repetir varias veces su nombre; y 4) olvidarlo por completo cuando la mente se ocupe de otras cosas.

El sistema teosófico se basa en la visualización de imágenes progresivamente más complejas asimiladas a través de cada vez más sentidos: desde la reconstrucción mental de polígonos simples, en sus formas, hasta la reconstrucción de sonidos, colores, texturas y olores. Wood supone que a partir de las siete semanas de ejercicio el sujeto habrá desarrollado correctamente su memoria sensorial y deberá pasar a ejercitar la memoria comparativa; por ejemplo: té - insomnio - sueño - vigor - Hércules - Grecia - Italia - bota de montar - bandolero - caballo - rapidez - águila - etc. Las comparaciones basadas en similitudes, contrastres, afinidades, análisis, particiones, asociación, etc. permiten recordar un sinnúmero de objetos a condición de ser capaces de establecer nexos lógicos comparativos entre todos ellos. En una fase siguiente Wood presenta varios sistemas para recordar series numéricas el más curioso de los cuales consiste en tomar un cuadrado y situar en su interior los números ordenados del 1 al 9; mediante distintas líneas que los unan será posible recordar números de teléfono o cifras seriadas.

© Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

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