La tribalización y la racialización de la sociedad francesa está en marcha. En nombre del antirracismo, evidentemente. La ideología igualitaria se parece a la serpiente que se muerde la cola: se comienzan a divisar hoy las consecuencias de las medidas de la "discriminación positiva". y de los cuotas profesionales a favor de los diversos grupos raciales, sobre todo los africanos y los magrebís. Esto equivale a simplemente negar el principio del individualismo igualitario; pero también para renegar, como vimos más arriba, uno de los fundamentos mismos del antirracismo, aquel según el cual las razas no existirían y que no habría diferencias individuales. Por otra parte, las mentalidades comerciales y publicitarias no se equivocan: por un pragmatismo asociado a la rentabilidad practican ahora el márketing étnico. El antirracismo es en realidad el caldo de cultivo del racismo. El 23 de Septiembre de 1999, el colectivo Égalités, dirigido por Calixte Beyala, llama " a la comunidad negra de Francia a boicotear TF1, sus anunciantes y los productos comercializados por el grupo Bouygues". La operación se denominaba Negro en la pantalla. Calixta Beyala, durante una reunión pública y de una conferencia de prensa bajo el ritmo de los tam-tams africanos, organizado por el colectivo y 200 asociaciones africanas y antillesas, explicó el objetivo de este chantaje : " TF1 es la primera cadena francesa y debe servir de ejemplo. En la calle, en los estadios, en la escuela, la población es multirracial; hace falta que esto se sepa también en la pequeña pantalla".

Ya en julio de 1999, el mismo colectivo había presentado una queja contra personas desconocidas a la fiscalía de París por " discriminación " y " atentar a la libertad individual" bajo pretexto de que ¡no había tantos dirigentes ni presentadores negros en la televisión! En nombre de la libertad y de la igualdad se exige, paradoja suprema, realizar la contratación forzada y el favoritismo profesional hacia los afromagrebís. ¿Y cuando entonces cuotas para los chinos, los judíos, los hindúes, los musulmanes, los católicos, etc? ¿Y por qué se limita a la televisión? ¿Por qué no en los consejos administrativos y en las empresas?

El mérito deja de ser individual y deviene racial. Y todo ello porque se supone que la TF1 y otras emisoras practican una discriminación racista rechazando contratar a los negros. Un diputado PS también se había sorprendido que no hubiera negros en la ENA y en las escuelas importantes. No está claro donde está la discriminación ya que estos concursos son anónimos y las copias son corregidas sin la presencia de los que optan a los puestos. Si no hay presentadores negros o técnicos negros la causa no tiene nada que ver con la discriminación racial. Y todo el mundo lo sabe.  

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El colectivo Égalités razona de un modo totalmente racista. Hace falta en primer lugar tener en cuenta su propia proposición de que hay siete millones de negros en Francia y que, en consecuencia, " esta comunidad posee el derecho como las otras comunidades de poder identificarse, y de hacerse reconocible a través de los medios " teniendo en cuenta " los derechos que paga por medio de los impuestos de tipo audiovisual". Este colectivo comunitarista y racista ¡ya ha obtenido del CSA una modificación del pliego de cargos de France1 y France2 en favor de cuotas para los negros y de sus cuotas preferenciales!

Se ve de este modo, lo cual era previsible, que las autoridades republicanas no creen del todo en su beatificada noción de integración y de asimilación. Están bastante obligados a abandonar concretamente su utopía y de reconocer la prevalencia del hecho étnico, de avalar la racialización de la sociedad. Pero como ya demostré por otra parte, esta carta de presentación comunitarista no funcionará. Estamos encarando un doble callejón sin salida. El callejón sin salida comunitarista y el callejón sin salida integracionista.

Una sociedad en la cual la organización social comienza a descender hacia el comunitarismo racial, de lógica de cuotas, de privilegios, de preferencias y de discriminaciones recubiertas de justicia y supuesta igualdad, no es viable a largo plazo. Esto es de hecho el apartheid que defienden sin admitirlo o sin saberlo el colectivo Égalités. No defiende de ningún modo la idea de igualdad, pero se impone simplemente como un lobby étnico.

Incluso la idea, muy querida por parte de la izquierda ingenua, del mestizaje, aquí ya se ve socavada. Y es que más que defender la fusión, la mezcla, de modelos del melting-pot, promueve una organización política y social fundada en base a proporciones raciales. 

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No se pone uno en guardia frente al uso que se hace del lenguaje cotidiano, pero refleja muy bien el estado de las mentalidades. Los neologismos (pseudo) hacia Beur y Rebeu, traducción de "Árabes", como aquel de Keubla ("negro"), como aquellos que designan a los franceses de origen, tienen todos ellos connotaciones que hacen referencia espontáneamente a condicionamientos étnicos y raciales, del mismo modo que los insultos ("putain de ta race") o las etiquetas que ningún sociólogo se atreve a interpretar. Es cierto que la más importante característica de la sociología francesa, es el ir-y-venir entre la biblioteca, el soporte mediático de la televisión y las cervecerías de Saint Germain.

En los barrios jamaicanos y antillanos de Londres, florece un eslogan muy frecuentemente: " Whites out ! " ("Blancos fuera!"). En París, en el metro, como también en todos los lugares de aseo públicos, los insultos racistas -en todos los sentidos- constituyen un 50% de las inscripciones más gamberras.  Todo lo demás son tonterías de contenido sexual. A mediados de diciembre de 1999, la fachada de uno de los centros de un partido político habían sido decorados de un vengativo: " Los Arabes enculan a Francia ".

Los ejemplos son innumerables. La "persuasión a través de la educación" no puede hacer nada. El único enemigo eficaz del racismo -esta pasión que hace perder mucho tiempo a la humanidad- no es le antirracismo institucional, sino el rechaza de toda civilización multirracial. Quod erat demonstrandum.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l’Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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