ESTIGMATIZADOS: LAS LLAGAS DE LA PASIÓN VENIDAS DE LA FE

Publicado: Domingo, 15 de Noviembre de 2009 18:48 por Ernesto Milá en CULTURA

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Infokrisis.- Los estigmas tienen bastante que ver con la psicología, como mínimo tanto que ver como con la religión. Para los que nos mantenemos fuera de cualquier confesión religiosa, pero intentamos examinar el fenómeno religioso con amplitud de miras el fenómeno de los estigmatizados es algo sorprendente y muy real, incluso muy actual. El caso del padre Pio de Pietrelcina es muy reciente y, desde luego, suficientemente demostrado. Para nosotros, el problema radica en explicar el mecanismo a través del cual un impulso emotivo y sentimental como es la "fe", llevada a su último extremo, puede terminar generando escarificaciones y lesiones perfectamente visibles. El artículo se publicó en la revista Nuevos Horizontes.

ESTIGMATIZADOS: LAS LLAGAS DE LA PASIÓN VENIDAS DE LA FE

Los más devotos partidarios de los milagros reconocen en la historia 355 casos, los católicos más críticos, reducen esa cifra a 50. Pero, en cualquier caso, se trata de hechos aparentemente inexplicables en los que aparecen heridas y manchas que reproducen las llagas de la Pasión en el cuerpo de católicos, tal como fueron descritas en los textos evangélicos. A diferencia de otros fenómenos del misticismo, los estigmas son sólo patrimonio del catolicismo, de ahí que se les haya llamado "la flor de la mística cristiana". No se trata de leyendas, algunos casos están terriblemente próximos a nuestros días.

En la obra de Benedicto XIV sobre la Beatificación y Canonización de los Santos, el tema de la estigmatización merece apenas unas pocas líneas y se admite que "sólo" en algunos casos aislados -se menciona explícitamente a San Francisco de Asís- puede tener un origen sobrenatural. Llama la atención que tratándose de un fenómeno tan espectacular, la Iglesia le conceda tan poca importancia.

SAN FRANCISCO, PRIMER ESTIGMATIZADO

El caso de San Francisco fue el más espectacular y con más repercusiones, por la personalidad misma del Santo de Asís. El Hermano Elías, compañero de Francisco, escribió a los Provinciales de la Orden: "Os anuncio una gran alegría, más aún, un nuevo milagro (...) nuestro Padre y Hermano apareció crucificado, llevando en su cuerpo las cinco llagas que realmente son los estigmas de Cristo, porque sus manos y pies tenían agujeros como hechos por clavos; revelaban las cicatrices y tenían la negra apariencia de clavos, mientras su costado mostraba haber sido alanceado, manando sangre con frecuencia". Existen muchísimos testimonios de la época de carácter semejante y resulta imposible dudar de la autenticidad de dichos relatos.

Pero lo más sorprendente es lo que describe Tomás Celano en su Libro de los Milagros: con todo lujo de detalles nos dice que San Francisco, no sólo mostraba las llagas, sino también unas carnosidades en forma de clavos, redondas en la superficie de la mano y con "puntas salientes, retorcidas y machacadas" en la palma.

EL SORPRENDENTE CASO DEL PADRE PÍO

Setecientos años después, el 16 de enero de 1973 se iniciaba en Roma la causa de beatificación y canonización del Padre Pío de Pietrelcina, por orden de Paulo VI. Se trataba de un religioso capaz de generar fenómenos parapsicológicos notables derivados de sus prácticas místicas.

En varias ocasiones el Padre Pío había profetizado que moriría a los 82 años, como así fue. El 20 de septiembre de 1968 celebró el cincuentenario de sus estigmas; el 22 celebró su última misa en el curso de la cual cayeron las primeras costras de sus estigmas; nunca antes las había tenido. Luego dijo a un monje que le acompañó: "Mañana dirás misa por mí". Existen testimonios que declararon que esa mañana la fotografía del Padre Pío que tenían en sus domicilios brilló con una extraña luminiscencia.

Se reconoce unánimemente que el Padre Pío es el gran santo de los tiempos modernos. A diferencia de otros estigmatizados, jamás dio muestras de trastorno nervioso alguno; mantuvo en todo momento una actitud calmosa, extremadamente humilde, serena y bondadosa y en su historial familiar no hay rastros de desequilibrio alguno. Sus sueños eran normales, reposaba sin excitación ni rasgos propios de los histéricos.

Como se sabe, la histeria es una enfermedad mental caracterizada por la exageración de la sugestionabilidad. Los histéricos son muy impresionables y se ven afectados por estímulos emocionales que específicamente derivan de sus genes. Hay que desechar la idea de que solamente encontraremos desórdenes histéricos en sujetos que son claramente neuróticos, desequilibrados, mentirosos, egoístas y pusilánimes. Incluso pueden aparecer en personas con apariencias de elevada santidad. La psiquiatría conoce este trastorno con el nombre de "pitiaísmo", e implica la emergencia de ciertas neurosis clasificadas como histéricas.

Pues bien, estos rasgos que aparecen en la mayor parte de estigmatizados (la mayoría mujeres) están completamente ausentes en el caso de San Francisco de Asís y del Padre Pío que, por ser reciente, ha podido ser examinado hasta la saciedad. Su vida es la de un verdadero Santo.

LAS CAPACIDADES PARANORMALES DEL PADRE PÍO


Desde muy joven, el futuro Padre Pío, daba muestras de su capacidad para el ascetismo. A los diez años su madre lo sorprendió durmiendo en el suelo con una piedra por almohada. Un año después se ofreció a Dios y a su patrono, San Francisco, que tomó como modelo. También se le manifestaron dotes paranormales desde la infancia, en particular, la capacidad de penetrar en la conciencia de otros y conocer sus secretos más íntimos.

Solía tener visiones de la Virgen y de su Ángel custodio y era incapaz de aprender con profesores que tuvieran una vida personal desordenada y pecadora. Desde muy joven tuvo la capacidad -suficientemente comprobada a lo largo de su vida- de penetrar en las conciencias.

LA MISA: EL ÉXTASIS Y EL COMBATE

Quienes lo conocieron afirman que su mirada durante la misa era dulce y ausente; su andar vacilante debido a las llagas en los pies; sus gestos sobrios y algo bruscos eran los propios de un campesino. Pero su rostro se transfiguraba al llegar al altar; algunos biógrafos han descrito su estado de ánimo en esos momentos diciendo que parecía estar en un "mundo opaco a nuestras miradas" (Sánchez-Ventura).

Su celebración de la misa duraba hora y media, hubo misas de hasta 7 horas. "Junto a él se advierten espíritus invisibles que lo empujan o lo frenan, le obstaculizan o lo secundan", explica Sánchez-Ventura, su biógrafo español. En algunos momentos de la misa parecía como si alguien le impidiera proseguir; precisaba tener cerca suyo a otros sacerdotes que lo auxiliasen. Junto a la expresión de éxtasis de su rostro, sus ademanes mostraban la realidad de un combate contra el Maligno.

LA CONFESIÓN: PENETRACIÓN EN LAS CONCIENCIAS


Tenía la capacidad de transmutar las conciencias de la gente y penetrar en el alma de las personas; para él, era normal conocer todos los detalles de la vida del que acudía a su confesionario. Era frecuente que el Padre Pío, para ganar tiempo, recordara al penitente todos sus pecados, antes que éste abriera la boca; solamente dejaba uno sin decir, esperando a que el penitente lo confesara para comprobar si el arrepentimiento era sincero.

Tenía el don de lenguas y podía confesar a personas de cualquier latitud sin que el idioma fuera problema. Si percibía que la persona no estaba dispuesta para la confesión, simplemente la expulsaba; Sánchez-Ventura cuenta que cuando alguien le reprochaba esta actitud poco caritativa, él le respondía: "Esté tranquila, jamás les despacharía si no hubieran de volver. Para lavar un corazón son necesarias muchas lágrimas". Hay infinidad de testimonios de personas a los que recordó episodios ya olvidados de sus vidas.

Convirtió a espiritistas, ocultistas, marxistas y masones de alto grado que acudían ya sea por curiosidad o verdadero interés. El famoso escritor Pitigrilli fue uno de ellos.

ALARDES PARANORMALES

Quienes han sentido la mano del Padre Pío sobre su cabeza son unánimes al explicar que percibieron como si un "fluido misterioso o una descarga eléctrica" les recorriera. Durante años no hubo forma de fotografiar al Padre Pío, su imagen quedaba velada en las fotos. Sus superiores le dieron la orden de evitar el prodigio.

Apenas comía; se esforzaba por hacerlo siguiendo órdenes superiores, pero su estómago se resistía y devolvía. Cuando intentaron privarlo de la Comunión, estuvo a punto de morir.

Se le atribuyen milagros espectaculares que desafían cualquier explicación racional. Gemma de Giorgi recobró la vista el 18 de junio de 1947. Había nacido ciega... y sin pupilas.

En alguna ocasión, en estado de arrobamiento, sufría -como muchos otros místicos- subidas de la temperatura corporal. Se sabe que Santa Teresa o San Juan de la Cruz y otros muchos, experimentaron este fenómeno, pero en el caso del Padre Pío se pudo medir. En efecto, hacía explotar los termómetros y hubo que colocarle el del baño que marcó 48 grados centígrados, una temperatura incompatible con la vida.

Solía experimentar bilocaciones. Se conocen varias decenas de casos inapelables. Al general Carmona se le apareció cuando iba a suicidarse: "Vamos, general, no cometa tal locura". El general creyó que los centinelas habían desobedecido su orden de cerrar el paso a cualquiera, pero todo el cuerpo de guardia negó que nadie hubiera pasado por allí. Por lo demás, esto sucedía muy lejos de Galgano donde el Padre Pío decía misa en esos momentos.

En infinidad de ocasiones atravesó inexplicablemente la puerta de la Iglesia para ocultarse a los ojos de los peregrinos, apareciendo en el interior sin que nadie pudiera ver por donde había entrado. Existen, así mismo, miles de testimonios que indican que, en determinados momentos, sus llagas exhalaban un perfume intenso y agradable: el olor de santidad.

En su celda se produjeron presencias paranormales diabólicas: figuras siniestras invadían la habitación y destrozaban el mobiliario. A la mañana siguiente, el Padre Pío se despertaba con "heridas en la cara y los ojos hundidos y amoratados".

Sufrió la persecución de algunos medios eclesiásticos, envidiosos de su fama y sin altura suficiente para transitar por el camino de la santidad. Lo sorprendente es que todos los que le persiguieron terminaron mal sus días. El canónigo Miscio, uno de sus adversarios más enconados, murió en la cárcel invocando al diablo, completamente enloquecido.

LA APARICIÓN DE LOS ESTIGMAS

El 20 de septiembre de 1908 tuvo los primeros estigmas que no fueron advertidos hasta tres años después. Hizo lo posible por ocultar el misterio.

Inicialmente las llagas le fueron vendadas. Cuando no sangraban estaban cubiertas de una ligera membrana rosácea. Las curas no lograron cerrar nunca las heridas que tampoco se infectaron jamás ni supuraron. Durante el día se colocaba unos mitones para evitar que sus llagas fueran vistas por los peregrinos. Solamente se liberaba de ellos durante la misa y en la noche.

¿Qué explicación daba el Padre Pío sobre sus estigmas? Los consideraba un sacrificio por los pecadores. Por lo demás, es notable la humildad con la que actuó a lo largo de toda su vida. Se definía como "un sacerdote que reza". Para la teología católica "la clave de sus milagros está en la oración. El Padre Pío es un sacerdote que reza. Y la oración bien hecha -es promesa de Cristo- lo puede todo y no se resiste a nada" tal como escribió Sánchez-Ventura.

LA ACTITUD DEL PAPADO

Salvo Juan XXIII, todos los Papas, a partir de Benedicto XV lo defendieron. Pío XI le concedió impartir la bendición papal en su nombre; Pío XII se carteaba habitualmente con él y pedía su consejo. Paulo VI -cuyo pontificado vaticinó- ordenó que no se le molestara y, tras su muerte, inició el proceso de beatificación y canonización. Juan Pablo II, cuando era un humilde sacerdote llegado del Este, le visitó en 1947 y se confesó con él. También le auguró su futuro pontificado. Sorprendentemente Juan XXIII no toleraba que se hablase del Padre Pío al que consideraba como "un posible Rasputín".

Es sorprendente el hecho de que los estigmas sólo desaparecieron horas antes de su muerte. A su entierro acudieron 100.000 personas, movilizadas por la fuerza de la fe. Hoy, su tumba y el convento de Galgano en el que residió se han convertido en lugar de peregrinación. El Padre Pío es, sin duda, el gran místico del siglo XX.


[recuadros fuera de texto]

SAN PABLO Y EL FUNDAMENTO EVANGÉLICO


San Pablo había escrito (Gálatas, VI, 7) "yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús", pero no aclara a qué tipo de "marcas" aludía; es posible que se tratara de un tatuaje o de algún símbolo religioso. Nadie hizo mucho caso de esta frase hasta que, a partir del siglo XIII, se tendió a la interpretación literal de las escrituras. Y es entonces cuando empiezan a aparecer estigmatizados en la historia de la Iglesia.

En 1222, en la Crónica Majora de Mateo de París se hace referencia a un hombre arrestado que tenía en su cuerpo las cinco llagas de la crucifixión y vivía con un hermafrodita que lucía los mismos signos. Éste y otros casos similares fueron considerados en la época como obra del Maligno y castigados con el emparedamiento en vida. En algunos casos se trataba de visionarios que consentían dejarse crucificar y luego se hacían llamar "Jesús" o "Virgen María", según su sexo. Hasta llegar a San Francisco de Asís, con el que la estigmatización se incorporó a la mística cristiana.

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