ESOTERISMO E INICIACION EN EL MUNDO DEL TRABAJO: "COMPAGNONS"

Publicado: Jueves, 29 de Octubre de 2009 23:33 por Ernesto Milá en ESOTERISMO

Infokrisis.- Escrito hace 25 años este artículo, por lo que creemos, es el primero que se publicó en España dedicado al fen´meno francés del "compagnonage" (el movimiento de las hermandades artesanales). Se trataba de un artículo muy generalista que, posteriormente ampliamos en uno dedicado al Tour de France realizado por los jóvenes artesanos franceses que habían superado el grado de Aprendiz. El artículo fue publicado en la revista Saber MAS, suplemento de El Mundo de Catalunya del que fui redactor-jefe.

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En la pequeña ciudad francesa de Figeac existe una encomienda templaria restaurada con todo rigor en los últimos tres años. Las tareas han corrido a cargo de las distintas corporaciones de artesanos: los "compañeros", en francés "compagnons". Gracias a ellos ha sido posible restaurar este edificio y otros muchos más de resonancias medievales. Pero también gracias a ellos Francia ha alzado monumentos como la Torre Eiffel.

¿QUE ES EL "COMPAÑERISMO"?

Existieron hermandades obreras  se las supone al menos  en el Egipto faraónico y a ellas se atribuye la construcción de las pirámides. En la historia de Roma se menciona a uno de sus primeros reyes míticos, Numa, como fundador de las corporaciones artesanales. Dice la leyenda que si hay que buscar en Roma el antecedente directo de las gremios, es de Egipto de donde proceden sus ritos.

La Biblia otorga al trabajo el valor de un castigo. Pues bien, el compañerismo enseña la forma de convertir tal castigo en vehículo de salvación. Luc Benoist, conservador de los museos de Francia, define el fin del "compañerismo" como el "logro del perfeccionamiento profesional, moral y espiritual de sus integrantes"; esto en lo que se refiere a la vida personal   interior y social   del "compañero".

Pero este movimiento tiene también una dimensión colectiva: la defensa corporativa de sus miembros, la solidaridad entre ellos y la ayuda mutua, eran sus objetivos. Nada de lo que hoy "venden" los sindicatos modernos nos lo ofreció ya el movimiento "compañeril". Pero, a diferencia del sindicalismo, el "compañerismo" consideraba esta defensa corporativa como accesoria. Le importaba mucho más el artesano tomado como ser en sí. Y no es raro que le impusiera una disciplina extrema y le exigiera unos sacrificios que hoy pueden parecer incluso crueles: los "compañeros" aceptaran todo esto como etapas de su aprendizage y lo asumieran de buen grado.

No hay nada en las producciones que han llegado hasta nuestros días que no denote la gran alegría y hermandad que presidía las reuniones de los "compañeros".

DONDE ENCUADRAR EL COMPAÑERISMO

A pesar de sus intentos  realizados con cierto éxito  de adaptarse al mundo moderno, el "compañerismo" pertenece a otra época: está presente en el siglo XX, pero no es del siglo XX, ni siquiera de la sociedad nacida de las convulsiones sucesivas que han supuesto para Europa el Renacimiento y la Revolución Francesa de 1789.

Hay que encuadrar el movimiento de los "compañeros" dentro de las "sociedades tradicionales" y en su estructura trifuncional que contemplaba la existencia de castas dotadas cada una de funciones determinadas: función guerrera, función sacerdotal y función artesanal.

Hasta la Edad Media la función guerrera estaba cubierta por la nobleza en armas, una nobleza sedentaria o "andante", pero siempre dividida interiormente en tres grados de aprendizage de siete años cada uno: paje, escudero y caballero. La función sacerdotal estuvo encomendada a los hijos de la Iglesia, encuadrados en las distintas órdenes monásticas.

Finalmente la función artesanal, la producción de bienes de uso, quedaba encomendada a la tercera casta, la cual instituyó las "corporaciones" correspondientes a cada oficio que eran, ante todo, organismos de enseñanza profesional, autodefensa y ayuda mutua.

Tres eran los grados por los que debían pasar rigurosamente los futuros artesanos: aprendiz, compañero y maestro. Estos tres grados de lo que se ha dado en llamar "masonería operativa" subsisten aún en las logias "azules" de la masonería regular.

LA LEYENDA DE LOS ORIGENES

Varias son las leyendas sobre el origen de las corporaciones. En realidad todas ellas son reflejo del mismo mito fundador aun con ciertas variaciones. Todas hacen referencia a Salomón.

Salomón quiso realizar la promesa de su padre, el Rey David, a saber, la construcción de un templo para mayor gloria de Yavhé.

Al no existir constructores de pericia en Israel, Salomón debió recurrir al rey de Tiro quien le envió a su maestro de obras favorito, Hiran o Adonhiram. Hiran formó a los carpinteros, canteros y demás profesiones que en siete años alzaron el primer templo de Salomón. Hasta aquí el relato bíblico.

A partir de ahora es la leyenda de los "compañeros" la que habla: Hirán otorgó a cada especialidad artesanal una palabra de paso que descubriera  rango y especialidad. Dichas palabras solamente eran concedidas a los artesanos perfectos.

Tres compañeros que al juicio de Hirán no habían alcanzado la perfección en su arte, no pudieron alcanzar el grado de maestros y, furiosos, decidieron arrancar por la fuerza a Hirán las palabras de paso: uno de ellos, Holem, se situó en la puerta sur del Templo y golpeó a Hirán con un mazo; otro, Streckin, lo golpeó con una regla en el pórtico de occidente. Finalmente, el tercero, Hoterfut, le golpeó con el nivel oculto en la puerta de oriente.

Los despojos de Hirán fueron enterrados por separado: por una parte su cuerpo, en otra sus hábitos y más lejos la vara emblema de su mando. Una rama de acacia nació de cada fosa y permitió recuperar el cadáver y sus atributos de oficio.

La leyenda es también recuperada por la masonería moderna con ligeros cambios en los nombres de sus protagonistas. Al mismo tiempo otra leyenda medieval  la de los tres hijos de Aymon  muestra una versión de contenidos simbólicos similares. Véase sino.


Un cantar del siglo XIII nos dice que un noble caballero, el más pequeño de los hijos de Aymon, regresa de las cruzadas vistiendo el hábito de pelegrino; se enrola como cantero y participa en la construcción de la catedral de Colonia. No quiere dinero por su trabajo y algunos de sus compañeros, celosos de su entrega a la profesión, lo asesinan... Algunos esoteristas quieren ver en el nombre de Aymon una reminiscencia de Amon, el dios egipcio.

¿QUE SON LOS "DEBERES"?

A partir del "mito fundador" casi todo diverge. En un período histórico indeterminado  quizás hacia mediados del siglo XIII  se producen fracturas dentro del movimiento corporativo. Por razones quizás puramente contingentes los distintos gremios entran en conflicto entre sí y se producen desgarrones en su interior.

Estas escisiones tienen como consecuencia la aparición de ritos y asociaciones diferentes que se agrupan bajo el nombre de "Deberes".

Un "Deber"   Luc Benoist nos lo define así  es el conjunto de reglas que rijen cada rito, la historia legendaria de su fundador, la secuencia de los símbolos que constituyeron la iniciación, las costumbres. El Deber es a la vez una historia, un ritual y una regla de acción.

Tres son los "deberes" tradicionales: los Hijos del Padre Soubise, los Hijos del Maestre Jacques y los Hijos de Salomón. Posteriormente, escisiones de estas y refundaciones de las mismas han dado lugar a la Unión de los Compañeros, la Federación de Compañeros de los Oficios de la Construcción y la Asociación Obrera de los Compañeros del Deber.

Los Hijos del Padre Soubise parece que estuvieron en su origen bajo la protección de los benedictinos y con ellos construyeron los mejores monumentos románicos de la cristiandad.

En cuanto a los Hijos del Maestre Jacques quizás sea la rama dotada de un mayor acompañamiento de leyendas. Su fundador es el "maestre Jacques" que habría construido una de las dos columnas del Templo de Salomón, aquella que se llamó Jakin (y que hoy está todavía presente con este nombre en cada una de las logias masónicas). Louis Charpentier opina que fue esta hermandad la que jalonó con sus construcciones el camino de Santiano (=Jacques) y que construyó las catedrales de Chartres, Reims y Amiens.

Finalmente los Hijos de Salomón, sería la Hermandad próxima a los caballeros templarios y a la orden cisterciense; en otras palabras, la creadora del estilo gótico.

Si bien es en Francia en donde los "deberes" arraigan con más fuerza y mal que bien sobreviven a las convulsiones históricas de los siglos, también en Alemania, Inglaterra y España hincan sus raices. En el área anglosajona se tienen trazas de los "stonemasons" y ciertas leyendas germánicas hablan de Arminius, vencedor de los romanos en la batalla del Bosque de Teotoburgo como institutor de las logias artesanales en Alemania. En cuanto a España los datos históricos son fragmentarios y escasamente representativos, pero existen signos de las hermandades en muchas construcciones del camino de Santiago; tal es la prueba más palpable de la presencia de los "compañeros" en nuestro país.

Por lo demás no es extraño que existan pocos datos históricos sobre los "compañeros". Los archivos de sus logias  "cayenas"  se queman al final de cada año...

EL PRIMER "TOUR DE FRANCE"

Quizás una de las instituciones más sorprendentes del "compagnonage" fue el "tour de France" que consistía en un recorrido a través de las principales ciudades de Francia con una duración de entre dos y cinco años, siendo realizado por los "compañeros" al tiempo que ejercitaban su oficio. Se trataba de una peregrinación en el curso de la cual el "compañero" era contratado por algún "maestro" de la ciudad que visitaba y durante un cierto tiempo, hasta pasar a la siguiente.

Este sistema tenía mucho de pedagógico: de un lado el "Compañero" aprendía los distintos trucos del oficio propios de cada región, pero además, "conocía mundo".

Estos "compañeros peregrinos" habían superado ya la fase del aprendizage, es decir, estaban en condiciones de ejercer su oficio. La ruta que la hermandad les trazaba estaba jalonada en cada ciudad por enclaves de la asociación que les recibían, alojaban, cubrían sus primeras necesidades y, finalmente, los enrolaban en un taller de algún "maestro" de la hermandad. El cuidado de los recién llegados corría a cargo de una figura muy popular entre los "compañeros": "La Madre".

Debía tratarse de una mujer casada, de buenas costumbres, cuya familia perteneciera desde generaciones a la hermandad; conocedora de los ritos de la asociación, ostentaba en la muñeca izquierda un brazalete distintivo de su rango y función. Aun hoy esta tradición no se ha perdido y el brazalete hecho de hierro forjado del que cuelgan doce medallas de oro con los emblemas de los doce oficios, se transmite de "Madre" a "Madre".

Estas "Madres" tratan a los "compañeros" como a sus propios hijos, les enseñan educación y buenas costumbres, si al partir dejan alguna deuda, procuran pagarla, si tienen alguna necesidad verá de cubrirla. La "Madre" es, sin duda, la institución más querida entre los "compañeros".

Con la garantía de encontrar una "Madre" en cada parada del "Tour" y con la seguridad de unos primeros pasos bien aprendidos en su oficio, el "Compañero" partirá de Lyon  capital de las Hermandades  y recorrerá cinco paradas obligatorias  Lyon, Marsella, Burdeos, Nantes y Orleans  y visitará sucesivamente Nimes, Marsella, Toulouse, Agen, Burdeos, Rochefort, Nantes, Angers, Tours, Orleans, Paris, Auxerre y Dijon.

No es extraño que en parte de este recorrido se puedan encontrar algunas de las más famosas catedrales románicas y góticas: desde la iglesia de los Jacobinos de Toulouse, hasta Notre Dame de París.

Si en los polvorientos caminos de Francia se encontraban dos "compañeros" iniciaban un diálogo ritual en el que el nombre propio contaba poco; primero se identificaban como "campañeros", luego establecían cual era su "Deber" y finalmente compartían el "pan": no en vano "compañeros" son aquellos que comen juntos el mismo pan.

DE LAS HERMANDADES OPERATIVAS A LA MASONERIA ESPECULATIVA

Algunas hermandades empezaron hacia el siglo XIV a admitir en sus filas a gentes que no practicaban el oficio. Se trataba de nobles o burgueses de reconocido prestigio que eran invitados a la hermandad a modo de "comité de patronato". En ocasiones donaban ciertas cantidades de dinero y en otras participaban en las deliberaciones y en los ágapes.

Poco a poco, parece ser, que el número de gentes que no practicaban el oficio fue creciendo. Y esto sucedió justo cuando las hermandades empezaron a entrar en crisis. No es raro que éstas, poco a poco, fueran perdiendo su carácter "operativo"  es decir, de trabajo manual  e incluso que se extinguieran como tales, pero subsistieron los "secretos de oficio", el "lenguaje de la profesión" y los ritos de iniciación.

Aun cuando la franc masonería sostiene que su antigüedad se remonta a un período muy anterior, nuestra opinión personal es que deriva de las corporaciones directamente y se va gestando en silencio a lo largo de los siglos XV a XVII. Este período es conocido por los masones como período de transición entre la etapa anterior  Edad Media, construcción de las grandes catedrales  que sería el "período operativo" y el posterior  a partir de 1717  que sería el "especulativo".

EL "COMPAÑERISMO HOY"

La historia de las hermandades de "compañeros" ha sido siempre azarosa: sabedor de sus vinculaciones con la orden de los templarios y ansioso de recortar los fueros que le impedían ser monarca absoluto, Felipe el Hermoso, rey de Francia, prohibió las asociaciones de "compañeros".

Pero a ella y a la disolución del Temple, respondieron los compañeros dejando durante siglos, inacabados los campanarios de las catedrales góticas que estaban en curso de construcción: así puede verse hoy todavía como las torres de Notre Dame de París están no están rematadas por las puntiagudas agujas góticas de otras latitudes.

Más tarde la revolución francesa prohibió los gremios. Rehabilitados luego, pasaron por la crisis de la industrialización en el siglo pasado. ¿Qué papel podía tener el "Compañerismo" en una producción dominada por las cadenas de montage y el taylorismo?

De una parte es gracias al "compañerismo" (a sus secretos de oficio, a su combinación del trabajo manual con la meditación, a la necesidad de una autodisciplina) como un obrero manual puede superar psicológicamente la dicotomía denunciada por Marx entre "trabajo manual y trabajo intelectual". El "compañerismo" evita los riesgos de la especialización, pero hace de cada uno de sus hombres un "especialista", o si se prefiere, un obrero de alta cualificación.

Cuando en el siglo pasado Emmanuel Viollet le Duc (foto 3) fue comisionado para restaurar los edificios del gótico francés más o menos destruidos por el tiempo y por la barbarie revolucionaria de 1789, tuvo que recurrir a las diferentes hermandades de compañeros para que le ayudaran en su tarea y buena muestra de su pericia en el oficio son hoy la ciudadela fortificada de Carcasona, y las Notre Dame de París y de Chartres, por citar tres ejemplos entre cientos. Eiffel tuvo que recurrir a la pericia de los "compañeros" para una obra tan audaz como su torre de hierro que corona París.

Pero, por otra parte, lo cierto es que las hermandades han incorporado a su instrucción nuevas tecnologías y con los instrumentales más modernos prosiguen la formación de nuevas promociones de artesanos. En realidad lo que están haciendo es algo inigualable: recuperar un estilo de trabajo, un modelo humano para una época determinada como la nuestra.

Honor, pues a los "compañeros" que han sabido transmitir sus tradiciones de una a otra generación. Honor a estos hombres que saben encontrar una vía para la realización del ser por medio de su trabajo y que cantan con orgullo su condición con esta vieja tonada:

"Viva los compañeros
que hacen el Tour de France
pues si el rey supiera
la vida que llevamos
abandonaría su palacio
y se haría compañero.


[RECUADRO FUERA DE TEXTO]

EL LENGUAJE DEL BASTON

Para un compañero llevar el bastón del peregrino durante su vuelta a Francia era un arte. Existían 16 maneras diferentes de empuñar el bastón y cada una de ellas con un significado preciso. Se trataba del "lenguaje de los gestos" que ha estado vigente hasta hace muy poco (recuérdese que todavía a principios de siglo existían para las mujeres distintas formas de manejar el abanico y cada una entrañaba un mensaje concreto).

Arrastrar el bastón tras de sí significaba, por ejemplo, desprecio hacia la persona que se cruzaba con el "compañero".
Por el contrario, empuñar el bastón y alzarlo hasta la altura de la frente, era signo de amistad y de entrega.

Si al hablar el compañero mantenía el bastón tras de sí ello significaba confianza con su interlocutor.

Mostrarle la empuñadura era símbolo de paz.

Si deseaba provocar a alguién durante el día solo tenía que adelantar exajeradamente el bastón, casi como si fuera un arma presta a ser empuñada (de hecho así era).

Esta misma actitud, durante la noche, era signo de prudencia y tenía como objeto intimidar al presunto agresor.

Se sabe que los "compañeros" eran diestros en el manejo de las armas  de hecho las milicias gremiales tuvieron mucha importancia en la Europa medieval . Son célebres las disputas entre las distintas asociaciones gremiales pertenecientes a "Deberes" diferentes por la disputa de una ciudad.

En estos casos la cuestión se dirimía mediante la elección de campeones cada uno de los cuales debía realizar una "obra maestra" de su especialidad. Aquel que vencía daba a su hermandad el "control" de la ciudad en litigio. Pero muy frecuentemente estas competiciones se convertían en peleas a garrotazos. En ellas era fundamental saber manejar el bastón del peregrino e incluso las alpargatas se solían utilizar  cogidas por sus cuerdas  a modo de boleadoras o "nunchakus".

Todo esto pertenece también a la realidad de las hermandades, tanto como la increible perfección de una catedral.


Bibliografía:


"Le Compagnonnage et les metiers", Luc Benoist, Que sais je?, P.U.F., París 1977.
"El enigma de la catedral de Chartres", Louis Charpentier, Plaza&Janes, Barcelona 1976.
"El mensaje de los constructores de Catedrales", Christian Jacq y Francis Brunier, Plaza&Janes, Barcelona 1981.
"El secreto masónico", Robert Ambelain, Martínez Roca, Barcelona 1989. 


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