Otra afirmación que conviene revisar: los inmigrantes serían víctimas de una inexorable represión escandalosa, por parte de la policía como de la justicia o de la administración.  Sin embargo, es lo contrario lo que destaca en todos los dominios.

Las bandas étnicas se benefician de la impunidad judicial y de la indulgencia de los medios. Mientras que los franceses de origen se tienen que someter rigurosamente a las leyes.

La impunidad de la cual se benefician muchos inmigrantes gamberros, bien porque la policía no penetra en las ciudades, bien a causa de la indulgencia de la justicia, no es una invención de los excitados de extrema-derecha, sino que es también anunciada por la prensa bien-pensante. M. Chevènement mismo lo ha reconocido. Después de las increíbles reyertas de Vauvert, en Gard luego de las cuales esta pequeña localidad del Camargue antes pacífica fue saqueada durante dos días duramente por las bandas étnicas, saqueos que se saldaron con seis heridos graves y un muerto, el Ministro de Interior se dirigió a esta ciudad, el 17 de Mayo de 1999 para encontrarse con el alcalde. Este último, un socialista, Guy Roca, con el acuerdo tácito del Ministro del Interior, acarreaba quejas contra el substituto del fiscal del distrito que había recientemente puesto en libertad al agresor de un policía municipal y a uno de los principales provocadores del municipio (un alcalde quejándose contra la oficina del fiscal, ¡el primero!)     
El incivil magrebí había sido condenado a prisión con remisión condicional por agresión -con tentativa de violación de una gendarme. Fue la cabecilla principal de la reyerta (la prensa habla de " incidentes "). Sin embargo, fue soltado cinco horas después sin ser encarcelado.

Inmediatamente después de esta prórroga él se hallaba en el origen de la reyerta que finalizó en la muerte de sus cómplices y correligionarios Oubajja. ¡Siempre queda en libertad! Un policía responsable de la investigación declaró: " Estoy cabreado, sin esta puesta en libertad, habría un muerto menos". El autor del tiro, un comerciante que actuó en legítima defensa, en presencia de una banda de beurs sobreexcitados fue encerrado inmediatamente en Nîmes por homicidio voluntario.

" Amparándose en el anonimato, policías y gendarmes se quejan de muchos informes similares" reconoce Le Monde (19/05/1999). M. Chevènement también reveló una de estas estadísticas de las cuales los medios no hablan jamás: en le Gard, en 1998, el número de personas encarceladas había bajado del 28%, mientras que ¡la delincuencia había progresado un 6%! El ministro no tuvo reparo en declararlo, provocando así una polémica con la ministra de Justicia, la pusilánime Sra Guigou: " Evidentemente estoy a favor de una diversificación de las actuaciones judiciales, pero esto no implica que existan tales negligencias. Esta negligencia hace falta corregirla. La independencia de la magistratura no significa que no tenga que rendir cuentas". Chevènement se muestra lúcido, pero estas bellas palabras de todos modos nunca entrañarán efectos.     

La Sra Guigou, por tanto, representante perfecta de esta alta burguesía sobreprotegida e inmigrófila, y que hizo cerrar los balbuceantes centros de educación forzada reservada a los jóvenes reincidentes (mientras que los laboristas ingleses los abrieron de nuevo), no tuvo reparo en mantener contra J.P. Chevènement la decisión judicial de poner en libertad al principal cabecilla de la incursión de Vauvert, incendiario, saqueador, agresor reincidente, del mismo modo que a la mayor parte de los otros instigadores capturados durante los acontecimientos. Ella declaró que " las decisiones de puesta en libertad han sido pensadas a conciencia". Efectivamente, "pensadas a conciencia", con respecto a las cuestiones étnicas, pero no respecto de consideraciones judiciales o de orden público. Luego añade esta enorme falacia : "Son los mismos los que protestan contra la encarcelación y la falta de encarcelamiento". Al final, la unión de los poderes judiciales aprobó afectuosamente un comunicado. Para la Sra Guigou, sólo merecen ser encarcelados aquellos que se atreven a defenderse. Se trata en efecto del buen sentido de un abuso de poder del Estado de derecho, que no cumple con el contrato social, que paraliza sus políticas y desvía su justicia. Que no se extrañe uno que un día de éstos, bajo estas condiciones, que se creen contrapoderes ciudadanas y milicias populares que harán poco caso de una policía paralizada y de una justicia errática. Y ante todo ¿A quién pertenece el poder? ¿Al gobierno, a la justicia, a la policía, al ejército? No. ¿Y a quien pertenece la legitimidad? ¿A los que llevan uniformes? ¿A aquellos que obedecen en los departamentos ministeriales? No ¿Y quién detenta la legitimidad? ¿El primer ministro, el presidente? No. Nuestros gobernantes deben saberlo. Éste es un enigma que fácilmente se puede convertir en rica en sorpresas. Es suficiente con leer la Constitución.     

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Los diversos hechos son siempre muy explicativos. Recientemente, en un municipio aislado del sur de Francia, un pensionista que vive en una planta baja, fue atacado en su propia casa por un par de jóvenes magrebíes que intentaron forzar la puerta de entrada. Se refugió en el primer piso, cogió su fusil de caza e hizo dos disparos al aire en busca de ayuda y para alertar a los gendarmes. Sus disparos no acabaron con nadie y tampoco hirieron a nadie. Una escena, entre paréntesis, digna de la guerra de Algeria... Llegan los gendarmes, detienen a los agresores y liberan al pensionista. Pero algunos días más tarde, la "justicia" pasa por allí. El pensionista es culpado y encarcelado provisionalmente por haber hecho los disparos al aire. Los agresores magrebís se desentienden de todo. Los gendarmes se asquean, pero mantienen su prohibición de comentar cualquier decisión "judicial". 

Algunos comentarios, luego de estos hechos: en primer lugar contra el espíritu mismo de la ley, la detención provisional no está justificada, cuando los beurs o negros reincidentes son capturados en el momento del delito, mientras que se aplica a los europeos sin ningún antecedente judicial. Los magistrados consideran que no hay "amenaza al orden público" en el hecho de dejar en libertad provisional a los peligrosos y delincuentes más conocidos. Pero encarcelan sin reparos al Prefecto Bonnet, o a todo comerciante, policía o ciudadano en legítima defensa.

En segundo lugar, se percibe en esta indulgencia hacia los delincuentes y los inmigrantes instigadores, una preocupación de constantemente "confiar en ellos" que se basa en el "antirracismo" y en sus complejos, del mismo modo que hacia el respecto de los "derechos del hombre". Pero las víctimas francesas y europeas respecto de los delincuentes afromagrebíes no se benefician de la misma atención por parte de los defensores de los derechos del hombre.

En el fondo, se benefician de los derechos del hombre, pero "descafeinados". Al etnomasoquismo de algunos magistrados, de numerosos medios y de muchos ministros, se añade el abierto racismo de las bandas étnicas.

Fijémonos aquí que los medios se apuran en poner de manifiesto el nombre de los autores de delitos cuando son europeos, pero que se silencia siempre que se trate de un árabe o un negro. Tan pronto como un asesino, un violador, un atacante se demuestre que ha sido un blanco, los medios aprovechan la oportunidad, revelan su nombre, publican su foto y su biografía y ordenan maldicirlo en tres columnas.

Paralelamente, las agresiones o los asesinatos de las cuales son víctimas los afromagrebís son hipermediatizados (crímenes "racistas") pero las numerosas agresiones y crímenes contra los europeos son ocultados.

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Regla 1: Un crimen cometido por un europeo es un auténtico crimen al cual se otorga una consecuente publicidad, un crimen cometido por un afromagrebí es un crimen falso, un patinazo, un error por supuesto debido a circunstancias atenuantes que hay que esforzarse por disculpar.

Regla 2: Una víctima africana o magrebí de un europeo agredido que reacciona es una auténtica víctima de un crimen racista; una víctima europea de un africano o de un magrebí es una víctima del destino o de una provocación por su parte, y en su caso poco mediatizado.

Destaquemos a este respecto el no-va-más del etnomasoquismo: cuando en Marsella y en Rennes, dos jóvenes europeos fueron mortalmente apuñalados por magrebís, sin causa aparente salvo el odio puro y duro, aquellos que denunciaron un crimen racista antieuropeo fueron acusados de  "demagogia y de apología del racismo ". Incluso las familias de las víctimas cayeron en la trampa. Se considera que en esencia un negro o un magrebí no puede metafísicamente ser racista, pecado sólo reservado a los blancos. Debido a la ideología dominante, el denunciar el racismo de los afromagrebís es racismo.

Cuando, durante el mundial de 1998, el gendarme Nivel fue salvajemente agredido por los hooligans alemanes en Lens, la cobertura mediática fue considerable, a escala europea. Los gamberros eran alemanes ¿Comprende? Sus biografías fueron difundidas en la prensa. Cuando, hace algunos años aquí, en la comisaría del XVIII distrito de París, un joven negro fue abatido, en el curso de un interrogatorio por un inspector que se había "acojonado", y se convirtió en un llamamiento mediático, una prueba evidente del racismo de la policía. Pero los policías heridos o muertos por los actos vandálicos de las bandas étnicas, las mujeres policía violadas, las personas ancianas atacadas y masacradas en su propio domicilio, todos estos hechos no fueron contemplados en ninguna de las líneas aburridas de los "sucesos", y menos aún en los telediarios.

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Los hechos siguientes son ineludibles: apenas el 10% de las agresiones, lesiones, muertes y actos de violación con violencia cometidos por los magrebíes y los negros son enunciados por los medios, y aún así fragmentariamente . El nombre y el origen de los agresores son siempre silenciados. La prensa contabiliza los "crímenes racistas", pero no alude a los centenares de policías que, cada año acaban en el cementerio o parapléjicos, luego de las agresiones de las bandas étnicas, incluso cuando no están de servicio.

En 1997, en un tren que partía de Saint-Lazare, una joven mujer policía que viajaba no estando de servicio (pero con su licencia) fue violada, golpeada, descuartizada con un cutter, robada por cuatro norafricanos. Los criminales fueron identificados y arrestados por los compañeros de la víctima. Pero la prensa bien-pensante se hizo eco de los sucedido, con la complicidad de una "justicia" voluntariamente escéptica. ¿No habría sido todo una confabulación? ¿Un trastorno mental? Y es que claro, ella era poli ¿Comprende? Le Monde incluso reveló que uno de los sospechosos -formalmente reconocida por la víctima- era un " joven, muy agradable, haciendo el servicio militar ". En pocas palabras, la polizucha era una histérica. Se había "imaginado" su agresión... La vida destrozada, la psique destruida de esta pobre mujer joven interesada mucho menos en sus compañeros periodistas que en el dolor de la familia de un joven matón magrebí, muerto de un tiroteo que él mismo provocó. Sin olvidar al prefecto, procónsul servil, que vino a visitar a la familia a desconsolar a la "víctima". Ningún prefecto, ningún ministro jamás se dignó a ponerse a la cabeza de esta muchacha martirizada, de quien el cuerpo y el honor habían sido estragadas.

Hoy, la vida de esta joven mujer está rota, sin arreglo, y sus agresores pasan los días pacíficamente, en libertad. Una tal situación abyecta se explica por esta regla: un pueblo que se deja colonizar comienza por dejarse culpabilizar, y luego por dejarse victimizar y justificar a sus propios agresores. 

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Pero esta regla del "dos pesos, dos medidas" también toca otros ámbitos donde se constata el privilegio y la impunidad de los inmigrantes.

Por ejemplo, la idea de homogeneidad étnica se halla criminalizada en el caso de Europa, pero es perfectamente admitida en las otras partes del mundo. El hombre europeo está afectado por el pecado original -por si mismo, por otra parte. Está sometido al imperativo del mestizaje, de la desnatalización; en el momento en que afirma un vigor biológico, es culpable. La idea subyacente es que la raza blanca es peligrosa, debe avergonzarse de sí misma. Otra vez una consecuencia del etnomasoquismo.

Por ejemplo, la natalidad es positiva cuando se trata de los alógenos, sospechosa cuando se trata de los autóctonos europeos. Hace unos años, las campañas Giraudy habían hecho una campaña a favor de la natalidad donde se veían bebés de raza blanca. Esta iniciativa ha sido juzgada de culpable, vista como racista por la prensa bienpensante. ¿Por qué no había bebés de raza negra? ¿Se imaginan una campaña natalicia en Japón ó en Benin con bebés de raza blanca?

Otro factor: parece natural que los países africanos o asiáticos no devengan sociedades multirraciales; pero por otro lado, los países europeos tienen el deber y el destino de devenir de este modo.

Uno queda cautivado ante una familia numerosa africana en Francia ("¡qué lindos son los pequeños negrecitos!"), pero la ideología dominante desvaloriza y pone en ridículo a una mujer europea de descendencia numerosa (Philippe de Villiers había sido ridiculizado en Libération porque tenía muchos hijos). La "ama de casa" europea que cría a sus hijos está considerada como una gallina ponedora estúpida y atrasada que no ha comprendido que el éxito profesional, que la emancipación vis-à-vis de la familia y del marido y ¿Por qué no? la pareja homosexual con otra mujer, son muy superiores al modelo de reproducción del linaje.  

Del mismo modo, el sistema incentiva cada vez más el comunitarismo y se alegra de el "arraigo" de las comunidades inmigrantes, según sus costumbres, sus religiones, etc. Pero se desconfía de la reafirmación de las tradiciones europeas, sobre todo cuando se trata de "desfolklorizarlas" y de reactualizarlas. Las músicas alternativas europeas arraigadas (como por ejemplo las obras del grupo milanés Camerata Mediolanense y otros) son voluntariamente ahogados por la industria del espectáculo (en el caso de que no sean demonizadas como apología fascista), al mismo tiempo que millones son dedicados a la difusión y a la promoción de grupos de rai y de rap de las cuales la calidad artística deja mucho que desear.

No se trata únicamente de interés comercial, pero de una estrategia ideológica que se impone al mundo del show-business, según su consigna: promover y privilegiar todo aquello que sea afromagrebí, incluso si es mediocre y desvalorizar toda identidad europea. Yo trabajé quince años en el corazón de la industria del espectáculo y puedo aportar un par de cientos de ejemplos a todo detractor de estas tesis.

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Abordemos la cuestión de las uniones mixtas. Hace unos años, la película Pierre et Djeinilah (del cual Michel Marmin fue guionista) cuenta la historia de una muchacha árabe musulmana y de un francés de origen que son amantes. Éste último fue asesinado por la familia de la muchacha. Ella cometió el pecado supremo queriéndose casar con un europeo no-musulmán.

Esta clase de cosas es corriente. Un psiquiatra del sur de Francia me contó recientemente el caso siguiente: un muchacho de origen europeo deprimido. ¿Por qué?: sale con una musulmana de origen algeriana. Recibe las amenazas de muerte diarias del entorno y de la familia árabe de la muchacha. Si no detiene este enlace, será masacrado. Presenta una denuncia por amenazas de muerte y de racismo. La oficina del fiscal rechaza la queja como inadmisible. El muchacho acaba por someterse y convirtiéndose al islam, para salvar su vida y para poder continuar su relación con la joven magrebí. Imaginémonos el escenario contrario: un joven magrebí quiere esposarse con una bretona católica. Recibe amenazas de muerte por parte de la familia. Con la obligación de convertirse, si quiere continuar con la relación. Los medios, la justicia, la policía caerían como buitres sobre esta abominación.

Por otra parte, en el caso de los jóvenes, el número de parejas "dominós" donde el hombre es africano o magrebí es aproximadamente diez veces mayor que al revés. Las muchachas blancas -mas allá del deseo de parecer guais y antirracistas- manifiestan una tendencia a la sumisión hacia el dominante (esta tendencia procede de un atavismo etológico humano; en África, es lo contrario: las muchachas buscan esposar a los europeos). Este comportamiento de las muchachas blancas es normal porque todo el sistema y la ideología del ambiente se emplean en desvirilizar al hombre europeo y a virilizar a los otros. El hecho es patente en la publicidad, el cine y la prensa de gran tirada. Regularmente, los grandes semanarios People consagran reportajes en los que las jóvenes actrices salen con negros, y erigen estas uniones mixtas en modélicas. 

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Hace unos años, un tal Michel Lajoye, por puro ideal político, con una tosquedad confusa -y desde luego que después de haber sido manipulado por varios servicios policiales - puso una bomba en un café del Petit-Quevilly frecuentado por magrebíes. La explosión causó estragos en el bar sin víctima alguna. Lajoya es castigado a perpetuidad luego de la detención criminal combinado con una pena incomprensible de 18 años. Es decir, tanto como los terroristas que hicieron estallar aviones y más que Florence Rey, el idealista izquierdista homicida de cuatro personas, y evidentemente que todos los afromagrebís de las prisiones de Francia asesinos y violadores reincidentes o que los pedófilos autores de actos de barbarie. Michel Lajoye recibió la pena más grande ya que, en una sociedad xenófila, incluso un jurado popular considera el crimen supremo el hecho de atentar contra extranjeros, incluso cuando éstos últimos no lamenten las víctimas en sus propias filas. Dos pesos, dos medidas.  

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Mientras que varias decenas de millares de extranjeros, de los cuales muchos tienen un antecedente policial, son naturalizados cada año, la Ministra de Justicia, Élisabeth Guigou anunció en septiembre de 1999 su rechazo de aceptar de pleno derecho la nacionalidad francesa a los legionarios extranjeros que vertieron su sangre por Francia ("Franceses de sangre").

Mientras que la revisión de la nacionalidad se ha demostrado más lento que antes para los inmigrantes ordinarios o los clandestinos regularizados, no es cuestión de hacer la menor condecoración, la menor concesión por los legionarios heridos en combate. Deben aceptar el derecho común: luego de tres años de servicio activo, pueden, mediante un certificado de buena conducta, obtener por decreto la nacionalidad francesa se la demandan, pero sin ninguna garantía de implementarla.  

Como había puesto de manifiesto el general Coullon, presidente de la FSALE (amigos de los antiguos legionarios): " las heridas de combate no son consideradas como la sanción carnal y dolorosa de un acto de patriotismo, pero como un simple accidente o trabajo".

Es mucho más difícil para un legionario herido por Francia obtener la nacionalidad francesa que un clandestino que deja encinta a una mujer que da a luz sobre el territorio nacional, y que se convierte en padre de un niño francés. Esta práctica del ministerio de Justicia desvaloriza de hecho todas las nociones de nacionalidad francesa y de patria francesa, que aparecen cada vez más como conceptos vacíos de sentido. 

Pero las circunstancias con también sórdidas: en 1993, François Léotard, entonces Ministro de Defensa, realiza una visita a los inválidos y al cabo Mariusz Novakowski. Éste último, herido gravemente en Sarajevo, venía de ser amputado de la pierna izquierda. El ministro le pregunta que cómo le gustaría que se expresase concretamente el reconocimiento de la nación. Respuesta de Novakowski : " Sr Ministro, no os pido nada, no os pido condecoraciones, no os pido dinero; la única cosa que me gustaría es ser Francés ". Seis años más tarde, Élisabeth Guigou decide: la amputación del pequeño cabo polaco no le otorga ningún derecho automático de ser francés.  

Un criminal extranjero, que sale de prisión y que es expulsado según la ley, atrae la conmiseración de los medios. Puede contar con asociaciones para reclamar la nacionalidad francesa. Pero el patriotismo ingenuo de Novakowski, probado ofreciendo su carne y sangre es despreciado. Luchar por Francia no otorga ningún derecho a reconocimiento en esta sociedad de valores erráticos.

La izquierda, que alaba con mucha repercusión mediática la noción de ciudadanía,  la vacía de hecho totalmente de significado.

La noción de "patria", también está completamente desvalorizada. Es necesario ver la consecuencia del viejo antimilitarismo de izquierda. Pero la izquierda no comprende que sus protegidos, los inmigrantes del tercer mundo, están animados por la pasión nacionalista, pero un nacionalismo que no tiene nada de francés ni de europeo... Como en la Esparta degenerada, los hilotes ebrios son preferidos a los guerreros de mérito.

El anterior primer ministro Pierre Messmer, presidente de honor de la FSALE, escribió respecto de estas circunstancias: " La oposición desdeña esta demanda legítima que manifiesta en todo momento el Ministro de Justicia y su gestión es incomprensible. Sus argumentos jurídicos son de una debilidad aplastante. Porque no quiero ni puedo suponerlos racistas y xenófobos, me pregunto si su subconsciente no está todavía atormentada por la ranciedad vergonzosa del antimilitarismo, porque, para ellos, la sangre vertida en el servicio de Francia no otorga el derecho de convertirse en Francés".

La verdad sigue siendo muy simple en términos de psicoanálisis político en el imaginario de la izquierda, un legionario europeo herido en combate es una figura despreciable; un clandestino del tercer mundo, un criminal expulsado, un traficante herido por la policía en una reyerta son figuras estimables, mártires, víctimas. Castiguemos a los primeros, recompensemos a los segundos. Nietzsche estaba en lo cierto mientras alababa el Umwertung es decir, la inversión y transvaloración de los valores. Había previsto que la civilización europea comenzaba a andar sobre sus manos.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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