Los estudiantes de secundaria y los profesores se movilizan contra la violencia en los centros escolares, a golpe de manifestaciones y de demandas. Muy bien. Se manifiestan contra algo abstracto, la "violencia", pero ¿Por qué no concretamente contra los autores de la violencia? Porque sería contra los afro-magrebís y sería racista ¿Rompe los esquemas, no? Hace falta ante todo identificar las verdaderas causas de la explosión de la criminalidad escolar y de la degradación de los estudios. Suframos en silencio, y a pesar de ello, manifestémonos. La FIDL (Fédération indépendante et démocratique lycéenne) ha encontrado un buen eslogan: " La violencia está de moda. La moda se equivoca. " Encontrar uno más débil sería bastante difícil.

El encuentro nacional "La escuela contra la violencia" organizada por la FIDL en la Universidad de París V, en mayo de 1999, contando con la presencia de Claude Allegre, ministro de Educación nacional fue un ejemplo más de mucho ruido y pocas nueces. Los médicos de Moliere que intentaron curar la disentería a golpe de enemas y de sangrados no lo habrían hecho mejor. Los participantes en los debates eludieron el problema de la cohabitación pacífica, como aquel del rechazo de toda estrategia coercitiva y autoritaria por parte de la Educación nacional. Las palabras en las intervenciones, con mucha jerga, lenguaje bastante almidonado: " estemos pendiente de los jóvenes, despertémosles, persuadámosles". Siempre el angelismo idiota del Emilio de Rousseau basada sobre la nefasta doctrina de la "educación persuasiva". 

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Dominique Voynet, ministra de Medio Ambiente, fue atacada en el ayuntamiento de Dôle. Durante la emisión de TF1, (en directo por la tarde), declara que no se había quejado por sus agresores, y que " podría perfectamente reconocerlos en la calle ", y esto porque ellos " pertenecen a una franja de la población demasiado visible". Ella luego añade este increíble matiz " no quiero ser tachada de racismo".

Los agresores de la señora Voynet eran africanos y magrebíes. Este suceso es importante. Significa que un ministro que ejerce, un representante del Estado admite públicamente que:

1) Los autores de los actos violentos, si son afro-magrebís, son perdonables y no condenables.   

2) que los afromagrebís, son víctimas del racismo (lo cual es falso), beneficiándose de una suerte de derecho de reacción y de agresión.

3) que es racista quejarse contra un agresor que no es de raza blanca.

A través de la intermediación de la Sra Voynet, las más altas instancias del Estado enviaron el mensaje siguiente que no cayó en saco roto: los actos violentos de los afro-magrebís son legítimos. En su estupidez, la ministra lo confesó explícitamente. Con agradecimiento.  

En otra grabación, una campaña publicitaria de televisión propuesta en octubre de 1999 de organización de las "jornadas contra la violencia", con eslóganes preciosos; un logo ridículo (una flor con el tallo roto), apelaciones a los buenos sentimientos, respecto del tema: la violencia es mala, no es amable. Los autores de los actos violentos han debido partirse de risa ante esta estrategia de debiluchos implorantes... Disuadir a un gamberro de cometer actos en base a sermones morales, nada lo puede excitar aún más. No se lucha contra la violencia sino contra una contra-violencia aún más grande, es decir, por la fuerza. Todo esto hace pensar en la excelente película satírica Mars Attacks en la que los americanos tratan de persuadir a los agresores marcianos mientras les lanzan una paloma de la paz, creyendo que así los van a conmover. Los Marcianos reaccionan con láseres. Y la paloma retorna a pies de los manifestantes en la forma de un pollo asado. 

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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