La prensa de gran tirada repite todos los años los mismos temas: el dolor de espalda, el salario de las plantillas, las nuevas recetas para adelgazar, etc. Después de algún tiempo, se percibe otro tema recurrente : " los inmigrantes exitosos". Partiendo de casos individuales, se trata de demostrar al público que la idea según la cual los Africanos o los Magrebís de origen no prosperan económicamente, de que no aportan valor añadido a la economía nacional, de que no alcanzan un nivel profesional de creaciones de riqueza significativa, de que cuestan más a la economía nacional de lo que aportan, no es más que una falsedad evidente, un vil prejuicio popular, un contrasentido económico. Se trata de persuadirnos de que 1) que la inserción es un éxito; 2) que los inmigrantes en cuestión son un factor de riqueza, de prosperidad y de imaginación para la comunidad nacional, en la gran competencia de libre intercambio mundial a la cual se ha convertido la izquierda. En pocas palabras, que los inmigrantes -sobre todo africanos y magrebís participan plenamente en la economía nacional (y europea).

Los medios intentan por tanto hallar -laboriosamente- los ejemplos individuales de inserción económica exitosa, y luego, con un optimismo forzado y conmovedor, generalizarlos y declararlos posibles para todo el mundo.

Por tanto, los casos elegidos recurren a la indigencia- a pesar del ardor militante de los periodistas. Le Nouvel Observateur (29/04-5/05/1999) consagra un largo reportaje al caso de Belhadj Djahafi, repartidor de pliegues y paquetes enrollados en París, en una pequeña empresa creada por Samir Zemmouchi, el inventor del Tour de Francia en patines sobre ruedas. Por otro lado, uno queda impresionado ante los jóvenes descendientes de la inmigración que tienen éxito al convertirse en vendedores de coches, de ordenadores, siendo maquetistas, Dj´s de Rap en discotecas, aficionados al fútbol, gerentes de discotecas, hosteleros, etc.

Dicho de otro modo: que tengan éxito en las pequeñas profesiones, pues muy bien. ¿Pero donde se hallan en la investigación científica, en la industria punta, en la medicina, la aeronáutica, la informática? Se desconoce ¿Se debe esto al racismo o a la exclusión? Veamos...  

En realidad, haría falta preguntarse -pero que ninguna estadística se atreverá a plantear- cuál es la proporción respectiva de jóvenes afromagrebís que tienen éxito en la economía sumergida y criminal y aquellos que tienen éxito en la economía legal. 

Por otro lado, en su propio país de origen ¡se percibe el mismo fenómeno! En el Magreb y en la África negra, los raros sectores de la economía basada en tecnología avanzada son llevadas a cabo por plantillas europeas, americanas o asiáticas. Los autóctonos ejercen raramente de "profesionales punteros". Esto es una evidencia incontestable, que nadie se atreve a destacar ni aún menos explicar. 

La razón desde mi punto de vista es bastante simple. Las culturas árabes o africanas han sido expulsados contra sus deseos de la civilización tecno-industrial. Sólo una minoría de tales individuos llegan a ejercer allí algún rol dirigente, de élite o creativa. En los Estados Unidos, según el sociólogo chino-americano Lin Tan Lee: " la burguesía negra es de proporción restringida en su comunidad en relación a aquella de los otros grupos étnicos y los negros que ejercen profesiones de elevado valor añadido y de elevada tecnología es más factible por relación con otros grupos étnicos, sobre todo los asiáticos, y esto a pesar de las numerosas medidas de discriminación positiva en las universidades. No se puede tratar entonces de discriminación racial " (Communities and Work Achevement in the USA, in Journal of Social Sciences, Chicago, agosto 1996).

El autor del artículo hace la misma observación a propósito de Brésil. Enfatiza igualmente que en los USA, la mayoría de los negros que ostentan posiciones profesionales de élite (salvo en la industria del espectáculo y del ocio) son de hecho mulatos. La misma cosa se percibe siempre en África del Sur, a pesar de la "discriminación positiva" forzosa del gobierno negro, que se ha comprobado -y que nadie se atreve a decir- un fracaso completo.

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Totalmente contradictorio consigo mismo, el sistema tiene un discurso doble: "¡Veis, los inmigrantes tienen éxito, se insertan bien!". Y luego, al mismo tiempo, reconocen el fracaso de esta inserción y de este "éxito", salvo en casos minoritarios, y constatan que los inmigrantes no ocupan más que poco, en la economía, los puestos punteros de gran valor añadido y se decantan profesionalmente hacia los sectores de la economía criminal, o de la economía sumergida, la ideología dominante alaba las medidas profesionales de discriminación positiva. 

Y de hecho, a pesar de las matriculaciones forzosas, los subsidios y las preferencias profesionales numerosas de las cuales se benefician, los inmigrantes consiguen malamente ascender a los puestos de la jerarquía profesional o acceder a las profesiones especializadas. La explicación-cliché del racismo y de la discriminación no se sostiene. ¿Y es que cómo explicar entonces que los asiáticos mismos tienen éxito y contribuyen al valor añadido de la economía avanzada? La explicación social no se sostiene, y es que ¿Por qué, durante todo el siglo XIX y XX, de numeroso auge de las clases pobres, los franceses, italianos, españoles portugueses, han podido acceder al éxito profesional o a los puestos más especializados? Respecto de los millones de afro-magrebís que cuentan hoy en Francia, apenas cien mil pueden acceder a las situaciones de "prescripción socio-económica". La inmensa mayoría se divide entre situaciones de requerible asistencia social, subsidios por paro y en la economía sumergida.

Aún así, en las empresas se percibe evidentemente una progresión de personal descendientes de la inmigración. Su único dominio laboral no es técnico ni dirigente, es comercial y concierne a las personas de origen magrebí, que se adaptan bien a las técnicas de sondeo, marketing y venta inmediata. Pero todo esto evidencia una integración muy parcial.

Sin ser satisfactorio para Calixta Beyala, ardiente militante por la integración económica y mediática de los alógenos, posible gracias a su imposición de cuotas (reivindicación de su Collectif Égalités) el racismo no es la causa. La lógica capitalista ordena contratar a los mejores para que ganen más. El origen étnico no tiene importancia alguna.

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Hace falta comprender por otra parte que, contrariamente a los inconsistentes análisis neogauchistas, la revuelta social de los jóvenes inmigrantes no tienen nada que ver con las revueltas proletarias de antaño. Los proletarios europeos, en sus luchas sociales, tomaron parte contra la explotación de clase y el individualismo burgués. Los jóvenes inmigrantes no se rebelan contra el sistema económico. Al contrario, ellos quieren beneficiarse de él sin esfuerzo. Su combate es étnico pero no social ni revolucionario. Su parasitismo es opuesto a la anterior conciencia de clase del proletario europeo.

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Existe otra causa sociológica de esta situación: una gran proporción de los jóvenes inmigrantes rechazan simplemente la integración económica y los cauces "legales" de la ascensión social. Se sienten en ruptura y pretenden beneficiarse, por vías inmediatas y paralelas, de atajos, de corto-circuitos en todas las ventajas de la sociedad de consumo. La circulación de las élites sólo es posible en una sociedad étnicamente homogénea. Contrariamente a los sueños de los políticos y de los pensadores de izquierda, no tienen ninguna intención de presentar solicitudes al ENA (Escuela Nacional de Administración) o del HEC (Alta escuela de estudios empresariales), y ningún deseo de ajustarse a las largas formaciones profesionales. Su estrategia es la de imponerse "contra" y no "por", cualesquiera que sean sus capacidades intelectuales. Buscan un éxito exógeno y no endógeno. Esta ruptura cultural no es sostenible.   

La integración socioeconómica armoniosa de masas de magrebís y de africanos a la sociedad europea es imposible. Para persistir en querer realizarlo forzosamente, a pesar de todos los ejemplos históricos y geográficos, se hará evidente sólo por medio del odio, de las frustraciones y del desastre social. Errare humanum est ac perserverare diabolicum. ("El error es humano, pero perseverar en él es diabólico").

Los hechos son duros de asumir, pero son los hechos. La aportación objetiva de las "comunidades" magrebíes y africanas al valor añadido de la economía y de las actividades sociales es mucho más débil que su coste objetivo. ¿Cuál es la solución? No existe en el estado presente del sistema. En matemáticas, se sabe que existe ecuaciones sin solución. Hace falta cambiar de ecuación y pensar nuestro futuro como aquel de un conjunto fractal.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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