La explicación oficial a la excesiva criminalidad de los inmigrantes es el pauperismo y la exclusión de las que serían víctimas. Durante el verano de 1998, una banda de siete niñas, de edades comprendidas entre los 11 y los 17 años, todas "Beurettes",  aterrorizaron el centro de Toulon: despojaron y golpearon a sus víctimas, en general mujeres aisladas, saqueando el pequeño comercio indefenso y chantajeando a jóvenes Touloneses de origen europeo. Un paso más, entre paréntesis, respecto de la delincuencia de esta población, que no incide sólo hasta ahora en los niños, sino que llega ahora a los adolescentes apenas en la pubertad, tras salir de la edad infantil. Solamente una de estas gamberras, Lalla, de 17 años, será castigada firmemente con cárcel (cuatro meses, por unas cincuenta agresiones y robos con agravante). Le Journal du Dimanche (1/08/ 1999) se vuelca hacia su suerte. ¿Había ella constituido esta banda delincuente por escapar a la miseria, o luego de los conflictos desagradables de una infancia desgraciada? Durante ésa época, para disculpar a Lalla, la prensa había contado que su padre la había abandonado. " Es falso, mi padre está en el hospital" confesó ella. Le Journal du Dimanche reconoce : " Cuando ella piensa en ello, sabe que no carecía de nada aún. Su madre le había pagado todo lo que le hacía falta". ¿Entonces por qué la beurette robaba, agredía y extorsionaba? Su respuesta: " Lo que se busca es joder a las otras niñas, aquellas que son diferentes de nosotras, las pijas, éste es nuestro delirio. " Y de hecho, las niñas saquearon el centro comercial Mayol, en el distrito "chic" de Mourillons. Su verdadera motivación no es el robo para sobrevivir, por necesidad económica, pero el resentimiento y el odio socio-racial se podría decir hacia las muchachas y mujeres francesas de clase media, a las cuales atacan en proporción de siete contra uno.

Por otro lado, el robo y la delincuencia violenta parecen bastante normales en la familia de Lalla, que, todavía, vive desahogadamente : " En la familia, la hermana mayor posee la reputación de una ladrona profesional y nadie está avergonzado de ello. Su madre cuenta que ella también, pasó por lo mismo. "Antes de tener a mis hijos, estaba en la calle. Yo robaba y mis hijos también. Pero la situación me enloquecía. La sociedad nos roba todos los días, así que no hay razón para sentirse incomodado" ".

Esta respuesta es típica del parasitismo, de la irresponsabilidad y del autovictimismo cínico de esta población. La sociedad francesa que les colma de ayudas, de subvenciones, de subsidios, de ingresos mínimos de inserción, sin ningún reconocimiento por su parte... ¿Les "roba"? ¿Entonces por qué no retornan a su paraíso en el Magreb, justo a sus "hermanos" que no les roban? 

Conforme a la ideología dominante, la enviada especial del Journal du Dimanche Elsa Vigoureux, concluye su reportaje sobre la pobre Lalla con las habituales conmiseraciones e indulgencias respecto de la delincuencia magrebí: después de cuatro meses de prisión, su desgraciada vida está descompuesta. Ella no se merecía esto. Tiene un antecedente judicial y los empleadores rechazan contratarla. " Ella quería hacerse enfermera, pero hay que hacerla comprender que ya no vale la pena...  ". Una ex-jefa pandillera enfermera... No, no. No está Ud. soñando. Retomemos las palabras de Lalla, la víctima: " He robado, como todo el mundo. Pero esto no merece cuatro meses de prisión". No, esto merece un programa de "reinserción" con, por ejemplo, vacaciones pagadas y un "empleo-juvenil" con los ayudantes de policía, por ejemplo. Esto es práctica corriente por los delincuentes afro-magrebíes que se dicen arrepentidos, con la esperanza de que no reincidirán. Y es que la delincuencia merece recompensa. 

Captemos el lapsus en las palabras de Lall, que confiesa haber robado " como todo el mundo". ¿Es esto por consiguiente un comportamiento normal, una segunda naturaleza arraigada en esta categoría de la población designada con este extraño "todo el mundo"?

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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