a. De 1945 al Mercado Común y a la UE

Tres guerras franco-alemanas en menos de 70 años era demasiado para ambos países, así que un lustro después de acabada la II Guerra Mundial, los gobiernos francés y alemán dieron los primeros pasos para construir lo que luego sería (en 1951) el Mercado Común Europeo. Atendiendo a los razonamientos que había expuesto antes de la guerra el conde Coudenhove-Kalergi, la unificación europea se abordó desde un punto de vista económico y, más concretamente, alimentario. La iniciativa, lanzada por Roberto Schuman y recogida entusiásticamente por Konrad Adenauer. En los años siguientes se firmaron distintos acuerdos que reforzaban la creación de "las comunidades europeas": el acuerdo CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero), la Comunidad Europea de Defensa, la Unión Europea Occidental, Euratom, etc.

Después de siglos de enfrentamientos, lo único que en la postguerra podía servir como punto de encuentro a naciones que, cada una de las cuales, tenían agravios comparativos con otras, era la necesidad de subsistencia económica. Los primeros acuerdos del MCE tuvieron que ver especialmente con sectores económicos estratégicos (siderurgia y agrario). Se pretendía sobre todo lograr estabilidad en los precios y abastecimiento en los mercados.

Los primeros 20 años fueron de escasas realizaciones, tan solo en 1965 se crearon los órganos directivos: la Comisión Europea y el Consejo de Europa. En 1986 se firmó el Acta Única Europea y, a partir de entonces la construcción europea cobró un nuevo impulso hasta la firma del Tratado de Maastrich (1992) y la formación de la UE. La voluntad inherente a Maastrich era transitar de la "unión económica" a la "unión política". La ambición era constituir una "federación" capaz de jugar un papel internacional decisivo que superara la debilidad política de los países europeos y la elevara al nivel de su potencia económica.

La Unión Europea es, por el momento, un proyecto frustrado.

b. Los errores en la construcción de Europa

Los errores en la "construcción de Europa" se remontan al mismo inicio del proceso cuando se trató solamente de una "unión económica". Aceptando la primacía del factor económica, se logró que, desde el primer momento, no existiera entusiasmo ni aceptación popular. Los primeros ataques que recibió la idea europea consistieron en apostrofarla como "Europa de los Tenderos". El problema no era ese, sino que, en realidad, se trataba de una "Europa de los Tecnócratas" que gobernaban de espaldas a la población. Desde entonces, casi siempre que se han realizado consultas populares sobre Europa, o bien la participación ha sido escasa (media de participación electoral en toda Europa por debajo del 50%), o bien lo votado era diametralmente opuesto a las directrices de la cúspide de la UE (rechazo franco-holandés al proyecto de Constitución Europea).

Tras unos primeros veinte años en los que prácticamente el MCE no creció, bruscamente, hacia mediados de los años 80, se inició una enloquecida carrera de ampliaciones que aumentó con la instauración de la democracia en el Ester Europeo. Se ganó en extensión, pero se perdió en coherencia. Si bien hasta 1986, todos los países que formaban parte del MCE eran muy homogéneos en cuanto a su estructura y a su nivel de desarrollo y si bien las incorporaciones de los países mediterráneos llegados a la democracia después de experiencias autoritarias, pronto alcanzaron niveles similares de desarrollo gracias a los fondos estructurales (y con la contrapartida de haber tenido que liquidar sectores enteros de su industria en lo que se llamó "la reconversión" de la segunda mitad de los 80), lo cierto es que los nuevos países del Este estaban todavía separados por una brecha brutal y, desde el momento en que entraran en la UE se iban a convertir en una verdadera aspiradora de fondos estructurales.

Para colmo, la UE, a partir de Maastrich adoptó medidas apresuradas y poco meditadas. La creación del "Espacio Schengen" era una arriesgada aventura, especialmente si antes no se regulaban los aspectos más conflictivos y se garantizaba la protección de las fronteras exteriores de la UE. Al no haberse hecho así, un narcotraficante turco que haya introducido un cargamento de heroína a través del llamado "corredor turco" de los Balcanes (formado por los núcleos islámicos de esta zona), puede hacerlo llegar sin ninguna dificultad a Finisterre al no existir controles fronterizos.

Por otra parte, la UE tiene una actitud esquizofrénica en relación a los EEUU: una especie de relación amor-odio. En EEUU las cosas están mucho más claras: UE sí, pero sometida al "imperio", a modo de "potencia regional" y tapón frente a Rusia. El euro constituyó una amenaza para la economía norteamericana al aparecer un moneda de cambio internacional capaz de rivalizar con el, hasta entonces, indiscutible dólar. De hecho, la señal para la invasión de Irak fue la decisión de Saddam Husein de exigir el pago de euros por el petróleo iraquí vendido. En este contexto de imposiciones norteamericanas a la UE por medio de sus peones interpuestos, figura la ideo de que Turquía pertenece a Europa. Los EEUU se han manifestado como los grandes valedores de la incorporación de Turquía a la UE pues, no en vano, saben que desparramar a 90 millones de islamistas turcos por Europa supondría un desquiciamiento social para el Viejo Continente. No es raro que fueran los principales aliados de EEUU en Europa quienes siempre han propuesto esa integración: Aznar y Blair.

Si el proyecto de constitución europea fracasó en Francia y en Holanda fue precisamente porque la campaña orquestada en su contra se centró en la "cuestión turca" que, además, impedía la definición de las fronteras de Europa y del carácter de la Unión. No es raro que, después de una primera fase de indecisión y armonización de mercados interior (1951-1965), tras una segunda fase de balbuceos y ampliaciones temerosas (1965-1986), siguiera una fase de transformar el MCE en una federación política (1986-1996), a la que siguiera una ampliación en cadena, excesivamente acelerada y poco meditada, seguida de una parálisis institucional (1996-2009).

c. Las negatividades en la construcción de Europa


Como ya se ha dicho, lo más negativo en todo este proceso es:

- el "buenismo" y la ambigüedad que impide asumir y defender los rasgos de la identidad europea a fin de evitar "ofender" a otros continentes. Esto ha terminado en la incapacidad de los tecnócratas de la UE para crear "mitos movilizadores" y, por tanto, han sellado, el que la  construcción europea se realice de espaldas a las masas.

- la ausencia de una voluntad de defensa que sigue subordinando la estructura política de la UE a la estructura militar de la OTAN y ésta, a su vez, a las paredes del Pentágono. Dado que la UE no ha "crecido" en la convicción de la existencia de "enemigos exteriores" (especialmente a partir de 1989), ha evitado pronunciarse sobre sus necesidades e defensa.

- los teóricos de la UE no han sabido deslindar el concepto de "Europa" (geográfico, geopolítico, cultural e incluso étnico: todos los europeos tienen un sustrato común indo-europeo) del concepto de "Occidente" (completamente artificial, propagado durante la Guerra Fría y que contempla como "lo mismo" a Europa y a los EEUU).

- los vaivenes políticos y los diferentes humores de los que han hecho gala las distintas cancillerías europeas se ha traducido en diferentes ritmos asumidos en la construcción de Europa, así mismo, la presencia de políticos más o menos mediatizados por los EEUU ha hecho que, frecuentemente, el destino de Europa siga en manos extra-europeas.

Esto ha llevado al punto  actual: Europa sigue siendo en gigante económico y un enano político. Europa sigue careciendo hoy de la idea de "misión" y "destino" que solamente pueden alumbrar el nacimiento de una federación dotada de voluntad política. Europa sigue siendo un "apéndice" de Occidente. Europa sigue sin asumir su defensa. Sigue mirando al Este como al enemigo y sigue condicionada por los criterios geopolíticos anglosajones del siglo XIX formulados para beneficiar precisamente al mundo anglosajón. Después de décadas de lenta y laboriosa construcción europeo, ahora Europa vive uno de sus peores momentos: políticamente paralizada y económicamente en crisis.

d. Europa desenganchada de Occidente


Europa es Europa, no es Occidente. Occidente es un concepto propagado durante la Guerra Fría dentro de la teoría de los "tres mundos" (Primer mundo: el desarrollado habitualmente identificado con los países de la OTAN; Segundo Mundo: países comunistas organizados en el Pacto de Varsovia y Estados aliados asiáticos; y, Tercer Mundo o países no alineados con ninguno de los dos bloques anteriores, en vías de desarrollo o subdesarrollados). La idea de Occidente es rechazable desde todos los puntos de vista:

-    No es una idea geopolítica: no se apoya sobre entidades geopolíticas realmente existentes sino que incluye a países muy diversos y alejados entre sí que no tenían nada que ver salvo… su alianza con los EEUU y su papel anticomunista (Australia, Nueva Zelanda, Turquía e, incluso, Sudáfrica.

-    No es una idea histórica: Occidente es un concepto sin precedentes en la historia, ha existido el mundo clásico, Hélade y el Imperio Romano, la catolicidad medieval bajo la forma de Sacro Imperio, el imperio español, el francés, el inglés, pero nunca "occidente".

-    No es un concepto cultural: a pesar de que se haya querido presentar a Occidente como la antítesis de "Oriente", entendiendo por tal el comunismo y manifestaciones culturales que se consideraban como "contrarias a Occidente": el budismo, el  confucianismo, el islam, etc.

Occidente es algo mucho más banal e irrelevante: es un concepto abstracto destinado a unir el destino de Europa al del americanismo, sin ningún tipo de sostén. En función de ese concepto se ha justificado la sumisión de Europa a los intereses económicos, estratégicos y políticos de los EEUU. Se trata, en definitiva, de un concepto que no tiene posibilidades de acomodarse en un mundo post-globalizado.

Europa tiene la obligación de definirse:

- O con "occidente", poniéndose en el furgón de cola del americanismo,

- O independiente y libre mirando realizando el eje geopolítico Madrid-París-Berlín-Moscú.

Cada opción tiene sus implicaciones inexorables: la primera supone el reconocimiento y la certificación ad infinitum de la decadencia de Europa y de su renuncia a ejercer un papel activo en la escena internacional. La visión "ideal" que los EEUU tienen de Europa es: un continente multiétnico (y, por tanto inestable), balcanizado como hasta ahora en decenas de naciones y nacionalidades (y, en tanto que balcanizado, débil), y por tanto fácilmente adaptable a las exigencias de su política.

Pero, como hemos visto, la crisis del americanismo no va a retrasarse mucho: el endeudamiento del Estado federal, de las administraciones locales, de las empresas y de las familias es tal, que EEUU no tiene posibilidades de salir de esta crisis indemne. En el momento en que se desplome el poder "imperial" de los EEUU ya no estarán en condiciones de ejercer su influencia en la escala internacional. Ese será el momento para reconstruir Europa y reformular las relaciones con Moscú.

En un futuro nuevo orden internacional multipolar, Europa debe ser una de las piezas claves para la estabilidad de Eurasia: nuestro primer objetivo geopolítico.

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