a. Los años de hegemonía mundial de los EEUU: años de prosperidad para EEUU

La hegemonía mundial no es una ambición que tenga que ver con ninguna misión imperial, ni siquiera con la sensación de realizar un "destino histórico", sino simplemente una necesidad para la supervivencia de los EEUU. Dotado del capitalismo más dinámico y salvaje que pueda existir, su lógica interna exige un espacio cada vez más amplio para poder proyectar su economía, hasta que finalmente, en el límite, alcanza a todo el mundo (globalización). Y en este terreno no cabe una "segunda plaza": o se vence a todos los actores en liza y se impone el propio sistema a todo el mundo o se desaparece. La habilidad del neoconsevadurismo norteamericano consiste en haber sabido recubrir el liberalismo salvaje que constituye su médula, con apelaciones a la "América de siempre" (la del "destino manifiesto" y de la "doctrina Monroe", la de la "nueva frontera" y la de la "nación elegida por Dios") estableciendo un nexo místico entre el "pueblo elegido" del Antiguo Testamento y el "pueblo elegido" de la modernidad. Esta fuerte carga emotiva es lo que ha logrado que una parte del electorado aceptara unos planteamientos ultraliberales que machacaban a las clases medias y a los trabajadores.

Por otra parte, los extraordinarios niveles de endeudamiento del país, de las distintas administraciones y de las familias, hubiera sido inconcebible en otro país que no estuviera acompañado de un gigantesco poder militar y coercitivo. Entre 1989 y 2007, los EEUU se encontraban en la cúspide de su hegemonía: a pesar de que la producción industrial había caído en picado, a pesar de que la economía productiva se estaba deslocalizando aceleradamente y se había generado una financiarización de la misma, el dinero seguía afluyendo a las bolsas de los EEUU a un ritmo de 1.000 millones de dólares al día, procedente de los petrodólares, de algunos países de la UE, de Japón y, cada vez de manera más fluida, de la República Popular China.

Existen varias razones para justificar la existencia de este flujo de dinero continuado a las bolsas norteamericanas que empezó a finales de los 70 y se prolonga hasta hoy: de un lado, el poder militar y hegemónico garantizada que los  bonos de deuda pública norteamericana eran pagaderos y respaldados por el aparato burocrático-militar del país; eran, pues, bonos seguros. De otro lado, era la compra por los servicios de protección y seguridad (caso de los petrodólares que afluían a las bolsas USA para garantizar la persistencia del paraguas protector sobre las dinastías petroleras del golfo pérsico). En otros casos -como en Europa o Japón- el flujo de euros o de yens a las bolsas americanas tendía a reforzar la vinculación con EEUU. Finalmente, para la República Popular China, la inversión en bolsas norteamericanas suponía demostrar voluntad de coexistencia pacífica a la vista de que el país todavía no está en condiciones de competir por la hegemonía mundial. Dicho de otra manera: la prosperidad norteamerican
a se ha debido al flujo de dinero que ha llegado a sus bolsas, procedente de todo el mundo. En es se ha basado en los últimos 30 años la prosperidad de los EEUU.

b. La imposibilidad de prolongar el mundo unipolar


No es que la crisis económica esté vinculada a la imposibilidad de prolongar un ordenamiento unipolar del globo: es que la crisis económica ha acelerado el derrumbe del poder hegemónico de los EEUU y, por tanto ha hecho inevitable el tránsito hacia la multipolaridad. De todas formas se habría alcanzado la multipolaridad antes o después: mientras que los EEUU encuentran dificultades crecientes para alcanzar sus objetivos estratégicos, el resto de actores geopolíticos (salvo Europa…) siguen acumulando poder y, a pesar de que, Rusia y, especialmente, China, tienen problemas internos no tienen ni remotamente la intensidad de los que tiene planteados EEUU en los próximos años, el primero de todos, una moneda enferma que, en cualquier momento, puede caer y que, de hecho, caerá a medida que más países decidan realizar sus intercambios comerciales en euros o bien, como es la propuesta chino-soviética, en una moneda especial destinada a este fin.

La experiencia del ventenio de dominio exclusivo norteamericano ha demostrado tres cosas: que el mundo es demasiado grande como para poder ser dominado por una sola nación, que el mundo es demasiado diverso para ser penetrado por una sola cultura y que el mundo es demasiado complejo para poder ser gestionado por unos pocos.

El primer rastro de imposibilidad de prolongar la hegemonía mundial se pudo intuir con el fracaso del desembarco norteamericano en Mogadiscio, Somalia (en misión de paz de la ONU), debiendo reembarcar a las pocas semanas ante la virulencia inesperada de los combates con  las bandas locales. Menso de 10 años después esta sensación de impotencia militar se confirmó cuando el grueso del ejército norteamericano no estuvo en condiciones de vencer sobre el terreno a la insurgencia irakí y afgana. Poder militar decisivo, sí, pero para bombardeos estratégicos y lanzamiento de mísiles a cientos de kilómetros de distancia, no para ocupar y combatir sobre el terreno.

A esta incapacidad militar se fueron sumando anualmente las cifras de déficit público, las crisis que se sucedieron cada vez con más brevedad (tras caer las punto.com y los valores tecnológicos, se pensaba que se habían conjurado los riesgo de crisis bursátil por diez años, pero solamente ocho años después estallaba la crisis financiera internacional a partir de los EEUU).

Si hasta finales de los años 70, la inmensa mayoría de inmigración que había llegado a los EEUU era de origen europeo, a partir de ese momento aumentó desmesuradamente la llegada de "latinos" hasta el punto de constituir mayoría en algunas zonas del sur de los EEUU. Estos inmigrantes eran completamente diferentes (en raza, en valores, en religión, en ideales y en idioma) a los que habían llegado antes en toda la historia de los EEUU. A diferencia de los negros que perdieron todas sus señas de identidad cultural, los "latinos" las siguieron manteniendo. El aumento espectacular de su número hizo que no precisaran integrarse en la sociedad norteamericana: están en Norteamérica, pero no son Norteamérica. El país quedó formado a principios del milenio por media docena de comunidades étnicas separadas todas ellas por altos muros: barrios blancos, guetos negros, barrios hispanos, barrios coreanos, barrios vientamitas, barrios hindúes. Sociedad multiétnica, sí, pero también sociedad multirracista en la que cada comunidad se reconoce solamente en ella misma y en donde los recién llegados no tienen la sensación de pertenecer al país, sino de ser algo ajeno y distinto a él.

Y todo este cuadro se da en un sistema con bajas coberturas sociales y sanitarias, con un sistema penal excepcionalmente duro, con bolsas de pobreza y analfabetismo que tienen mucho más que ver con los países en vías de desarrollo que con el Primer Mundo y, con una permisividad extrema a la hora de comprar y portar armas. El combinado de rivalidades interétnicas latentes, de estado del bienestar poco desarrollado, crisis económica, resulta explosivo: ningún país con problemas internos sociales importantes puede aspirar a seguir siendo por mucho tiempo potencia hegemónica.

c. Cuatro patas de un Orden Mundial Multilateral

Lo más probable es que la implosión de los EEUU tenga lugar de manera violenta a raíz de una sucesión de revueltas étnicas que las fuerzas federales se vean impotentes para afrontar. Dichas revueltas pueden ser causadas por la carestía, por el empeoramiento de las condiciones de vida o, simplemente, como efectos de la crisis económica transformada ya en crisis étnico-social. En 2005, el gobierno federal logró reconducir la crisis causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans gracias a que se trató de un caso único localizado geográficamente, pero se evidenció a obsolescencia de las infraestructuras y las dificultades de los socorros y de las fuerzas de orden para desplegarse en apoyo de los damnificados. Esto indica que los EEUU no están en condiciones de reaccionar ni ante catástrofes naturales, ni siquiera localizadas, ni ante disturbios sociales si estos abarcan un cierto número de ciudades. En caso de crisis, según algunos analistas, es posible incluso, no solamente que los EEUU pierdan la posibilidad de ejercer cualquier tipo de proyección sobre el exterior, sino incluso que queden desgajados formándose distintos conjuntos: por una parte el sur de los EEUU con mayoría negra y latina, por otra parte, el centro de los EEUU, la América profunda, más afecta a los valores tradicionales y WASP, de otra parte, la costa Oeste y particularmente California que podría seguir siendo una potencia industrial sin ayuda del resto de la Unión. Desarticulados los abastecimientos y el aparato del Estado Federal la vida en ciudades como Nueva York se haría prácticamente imposible. Siempre que se produce una crisis de esta magnitud, el factor más espectacular es el estallido del país y la segregación de sus distintas partes (algo que ya ocurrió cuando la URSS entró en crisis o cuando el Imperio Austro-Húngaro fue disuelto en 1919).

Aunque este escenario dantesco -pero posible- no se realizara en todo su dramatismo y los EEUU consiguieran mantener intacta su estructura federal, no parece posible que lograran mantener en el futuro un rastro de poder hegemónico. Como máximo se preocuparían de controlar la zona del Caribe y poco más, incluso una crisis de liderazgo, por leve que fuera, serviría para avivar llamas de emancipación en zonas de Iberoamérica que hasta ahora han sido caldo de cultivo ideal para caudillos populistas. Lo único que justificaría la presencia de EEUU en la escena internacional serían los residuos de su poder armamentístico que todavía permanecería como elemento de coacción y eso, probablemente, les permitiría jugar un papel debilitado pero real en el hemisferio norte de América.

Las dos potencias hegemónicas de Eurasia seguirían siendo Rusia y China, seguida a distancia de la India, tras la resolución de su contencioso con Pakistán. En cuanto a Europa, la crisis de liderazgo y de proyecto que padece, así como el hecho de que durante 70 años se haya habituado a subcontratar su seguridad y protección, la mediocridad de su clase política en la que no están presentes estadistas dignos de tal nombre desde hace dos generaciones y en la que cualquier político no tiene más horizontes ni aspiración que lograr su reelección, parece poco probable que pueda jugar un papel decisivo en un mundo multipolar. Por lo demás, los problemas se acumulan en Europa que vivirá en la segunda década del milenio una sucesión ininterrumpida de conflictos étnico-sociales, diferenciados de los de los EEUU: en Europa, al estar protagonizados presumiblemente los incidentes por franjas de la inmigración islámica, revestirán los rasgos de "guerra de religión" que se superpondrá a la "guerra étnica" y a su contenido de revuelta social. La proximidad de Europa a los países del Magreb y la existencia en los Balcanes de Estados de confesión islámica, puede generar una corriente de simpatía y apoyo hacia el islamismo en estas zonas que verán en el debilitamiento de Europa una ocasión histórica para alcanzar ventajas. El problema de Europa es su dejadez a la hora de asumir su defensa, y su ingenuidad al creer que la "pax americana" en el continente duraría eternamente. De todas formas, la historia de Europa es la historia de crisis en lo más profundo de las cuales ha emergido el genio europeo que venció a los persas en Salamina e Himera, que los contuvo en las Termópilas, que liberó Palestina durante las cruzadas, que venció en Lepanto y que rechazó al islam cuando ya se encontraba a las puertas de Viena. El genio de Europa emerge en las situaciones difíciles y se reblandece en la paz. En cualquier caso, una sucesión de revueltas étnico-sociales contribuiría a desbordar a los Estados y a los partidos que durante años han hecho posible que camináramos de manera irresponsable hacia esa situación. De ahí que, en caso de sucederse una crisis de este tipo, se trate de una crisis liberadora: del parto doloroso de una nueva situación, que movilizará fuerzas vivas y sanas del continente. Allí donde los Estados no podrán hacer frente a las situaciones, minorías conscientes y decididas tomarán la iniciativa y al acabar el conflicto caliente tendrán en su mano una reordenación del mapa político europeo que, desde luego, nunca volverá a ser como antes del conflicto.

A partir de esa crisis liberadora y de la erradicación del cáncer que supone la clase política para los países europeos, será previsible que el viejo continente asuma de nuevo su papel de faro de la civilización y se configure como uno de los puntales de un nuevo orden multipolar, junto a la Rusia reconstituida y formando eje con ella y en coexistencia pacífica con China. Junto a estos tres puntales, en el continente americano son posibles dos escenarios: o bien una potencia local emerge (el eje Brasil-Chile) y ordena en torno suyo los territorios al sur de Rio Grande, o bien la ideología bolivariana abandona el populismo fácil y grosero en el que está anclada hoy y evoluciona hasta promover una federación similar a la Unión Europea. La gravedad de la crisis y la intensidad del desplome al que se pueden ver abocados los EEUU, seguramente les restará toda capacidad para actuar fuera de sus fronteras. Una eventual reconstrucción parcial del poder norteamericano solamente podrá hacerse en la costa Oeste a partir del potencial tecnológico e industrial de California y, con esa base, es posible que surja un nuevo poder regional. Pero esa nueva estructura parece difícil que pueda prolongar su influencia más allá del territorio de los actuales EEUU.

d. Principios de un mundo multipolar


1) La multipolaridad es una necesidad para el mundo: el futuro será multipolar o no será. La conveniencia de la multipolaridad se basa en que un cuerpo es mucho más estable si se sostiene sobre cuatro patas que si se sostiene solamente sobre una.

2) Los puntales del mundo multipolar solamente pueden ser naciones con amplios niveles tecnológicos, número de población suficiente, extensión territorial y con recursos naturales.

3) Los déficits de algunos de estos elementos deben inducir a las distintas potencias regionales a colaborar entre sí y la política internacional, a partir de ese momento, no puede ser sino un sistema equilibrado de pesos y contrapesos en el que ninguna potencia sea capaz de imponerse por sí misma a las demás y, por tanto, acepte una convivencia pacífica, con las demás.

4) Los puntales de un mundo multipolar solamente pueden ser Estados contra más homogéneos y coherentes, mejor. Solamente, homogeneidad y coherencia, permiten forjarse proyectos de futuro y tener la posibilidad de llevarlos a cabo.

5) Si se aspira a la estabilidad durante generaciones, los puntales de un Nuevo Orden Internacional deben ser agrupaciones de civilización, cada una de ellas suficientemente independiente y diferenciada de las demás, con una dinámica interna propia y renunciando voluntariamente a intervenir en los asuntos de terceros.

6) Dos zonas geopolíticas tienen un futuro particularmente incierto: África y el mundo islámico. Demasiado tribal la primera y demasiado extensa y desigual la segunda, parece difícil que puedan jugar un gran papel en el futuro: las diferencias entre sunnitas y chiístas, restan a Irán la posibilidad de ser el leadership del mundo árabe. Por su parte, la atomización africana la convierte en la gran aglomeración de Estados frustrados de toda la humanidad. El carácter tribal de las sociedades africanas imposibilita el que algún país alcance "masa crítica" y peso político-económico para reivindicar el papel de "potencia regional".

7) Las armas y la defensa son garantías de libertad e independencia. Quien renuncia a su propia defensa y a ser pacifico pero armado, alienta las tentaciones intervencionistas del Estado vecino. Un mundo multipolar es un mundo en guardia y en vela permanente, un mundo unipolar es un mundo subordinado a una sola superpotencia. Antes vigilante y en guardia que desarmado y dominado.

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