a. El ejemplo histórico de cómo el capitalismo sale de las crisis: 1939-1942

En 1939 los EEUU todavía no habían salido de la Gran Depresión iniciada 10 años antes. Si lograron salir a partir de 1941 fue gracias al estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Hay que recordar que la guerra se inició a causa de un problema fronterizo entre Alemania y Polonia que provocó la desmesurada reacción inglesa, arrastrando a Francia, que se sentía amenazada mucho más por la actividad del Intelligence Service que por presión alemana. Con Francia e Inglaterra en guerra contra Alemania, el papel de los EEUU consistió simplemente en engrasar sus plantas de producción y empezar a vender armamento, tal como luego hicieron con la URSS. Finalmente, tras dos años de presión sobre el Japón para cortar sus suministros petroleros, consiguieron que el Imperio del Sol Naciente lanzara un ataque por sorpresa contra Pearl Harbour consiguiendo la excusa perfecta para que la opinión pública norteamericana admitiera la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial. Dado su situación geográfica, alejada de todos los escenarios bélicos, los EEUU permanecieron libres de las destrucciones de la guerra, consiguieron poner en marcha un gigantesco dispositivo industrial que precisó incluso de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y, no sólo eso, sino que al acabar el conflicto estuvieron en condiciones de financiar la reconstrucción de Europa mediante el Plan Marshall. En 1945, tras Hiroshima y Nagasaki nadie recordaba ya la crisis de 1929. Salir de la crisis de 1929 había costado "simplemente" más de 60.000.000 de muertos.

b. El "terrorismo internacional" como gran farsa para justificar guerras de agresión


De entre todas las ficciones y señuelos creados en los últimos 15 años, sin duda el fantasma del "terrorismo internacional" ha sido el más lacerante  (por que ha costado miles de vidas). El "terrorismo internacional" ha sido la coartada que han utilizado los EEUU para intervenir en cualquier lugar del planeta. Para ello les ha bastado simplemente acusar a tal país concreto de ser el refugio de presuntos terroristas. Sin embargo, nunca ha logrado demostrarse la relación causa-efecto y aún hoy resulta imposible vincular orgánicamente, con datos aceptables para cualquier corte de justicia, los atentados del 11-S, de Londres o del 11-M, con alguna red terrorista internacional. Siempre, antes o después, aparecen las dudas sobre las informaciones difundidas o sobre a quién ha organizado y ejecutado verdaderamente cualquier atentado.

En el subconsciente colectivo de las masas ha calado hondo la idea de que nuestras sociedades están amenazadas por el "terrorismo internacional". No es casual que haya sido el islam a quien se asocie la paternidad ideológica de estas presuntas redes. El islam contiene en sus textos sagrados y en sus actuales difusores, un potencial de violencia que difícilmente encontraríamos en religión alguna. El hecho de que existan acciones de la resistencia palestina o de las insurgencia afganas e iraquí, es presentado como muestras de la existencia de ese terrorismo, cuando en realidad son actos propios de un movimiento de resistencia que se expresa mediante la violencia contra el ocupante. En Irak haría falta explicar muchos atentados firmados por Al-Qaeda y que en realidad no eran sino masacres perpetradas con el único fin de desacreditar y aislar a la insurgencia.

La excusa del "terrorismo internacional" -que no resiste el más mínimo análisis y que todos los que tienen alguna idea remota de "inteligencia" y de cómo operan los servicios especiales, son perfectamente conscientes de que se trata de un fenómeno generado artificialmente- ha servido, no solamente para desplazar los marines a territorios remotos, justificar invasiones, sino también para vencer la resistencia al aislacionismo propia del pueblo norteamericano. Así mismo, se ha utilizado como justificación preventiva para labrar una red de alianzas regionales (como en la Franja del Shäel) que han reforzado el poder de los EEUU en zonas de interés estratégico (el Magreb, África subsahariana, Sudeste asiático, etc.). Lo más sorprendente es que, en la actualidad, cuando a cualquier gobierno le interesa adoptar una medida que lesione los intereses populares, coarte las libertades o simplemente golpee a opositores, no tiene nada más que acogerse a la excusa del terrorismo internacional para que sus medidas, por antidemocráticas que sean, reciban la aceptación de amplios sectores de la población.

Hay que recordar por enésima vez que ninguna investigación, ni ningún servicio de inteligencia, ni tribunal alguno, ha podido establecer que existe una organización mundial terrorista que mueva los hilos, programe las acciones y ordenes las masacres.

c. Los EEUU como instigador, proveedor de armas, pero inhibido en el conflicto

El gran riesgo del momento presente es que la administración Obama asuma el hecho de que los EEUU no están en condiciones de abordar nuevos conflictos exteriores (como la pretendida invasión de Irán propuesta por los neoconservadores para "acabar el trabajo" iniciado en Irak), pero sigan considerando que solamente un conflicto regional puede reavivar la economía internacional y aportar carburante para un proceso de recuperación económica.

Hay que tener en cuenta que, en las actuales circunstancias (con un exceso de deuda y una imposibilidad de alcanzar mayores niveles de endeudamiento por parte de las familias y de los países), solamente una traumatismo internacional estaría en condiciones de poner en marcha de nuevo las fábricas y generar movimiento económico, tanto por parte de la industria armamentística, como por parte de las empresas de automoción y aeronáuticas, como por lo que respecta a los fabricantes de componentes electrónicos. Así mismo, un conflicto generaría la posibilidad de reconstruir posteriormente las zonas devastadas, lo cual sería otro estímulo a la economía internacional. Desde este punto de vista, una guerra programada es mucho más rentable que una catástrofe natural, un maremoto o un terremoto. El mecanismo de la economía no precisa una catástrofe natural sino el poder contribuir a generar una catástrofe humanitaria: un terremoto resuelve solamente el 50% del conflicto, la reconstrucción, pero una guerra hace que los beneficios aumenten con la compra de armamentos y, posteriormente, con la necesaria reconstrucción de las zonas afectadas.

En las actuales circunstancias, los EEUU ya no pueden afrontar una nueva aventura exterior, pero si están todavía en condiciones de instigar un conflicto localizado en alguna parte del planeta. El consumo de armamentos, haría lo suficiente, sin que la administración Obama resultada manchada por el aislacionismo propio de la administración norteamericana y sin que se corriera el riesgo de aumentar el déficit de las cuentas. Por tanto, si en los próximos años, el mecanismo económico no se vuelve a poner en marcha mediante medidas convencionales, es seguro que los estrategas del capital optarán por desencadenar guerras localizadas entre potencias de segundo orden, con lo que lograrán destrucciones superiores a las de la II Guerra Mundial, sin el empleo de armas nucleares (que harían inviable durante unos años, a causa de la contaminación atómica, la reconstrucción de las zonas afectadas)

d. Escenarios posibles para un conflicto generalizado

Los escenarios para conflictos de este tipo no faltan: guerras entre las exrepúblicas soviéticas del Sur por cuestiones de control de las reservas petroleras, una larga, prolongada y destructiva guerra civil en el interior de Irak cuando se retiren los marines en 2010, un conflicto entre la India y Pakistán, conflictos entre países africanos fáciles de instigar a causa del tribalismo de aquellas sociedades, conflictos religiosos en Malasia y Nigeria, guerras localizadas contra cualquier país miembro del "eje del mal", fermentos de guerras civiles en los países andinos aprovechando la degradación progresiva de las condiciones sociales, reactivación más o menos ficticia de la conflictividad en el Caribe y en Centro-América, instigación de un guerra civil en China aprovechando la permeabilidad de la etnia uigur y tibetana a la propaganda norteamericana, y un largo etcétera de posibilidades que se ofrecen a estrategas inmisericordes preocupados por que la economía vuelva a funcionar aunque sea sobre la pira de millones de seres humanos.

Nunca se advertirá lo suficiente de esta posibilidad: la memoria histórica enseña que de las grandes crisis económicas solamente se sale mediante grandes guerras de destrucción masiva. Y esta vez no va a ser diferente. Seguramente, la única diferencia es que anteriores crisis habían cogido a los EEUU en una fase ascendente y aprovecharon la ocasión para multiplicar su influencia y su peso en la escena internacional, al mismo tiempo que, amparados en su aislamiento geográfico, se veían libres de las destrucciones. La situación actual es completamente diferente: los EEUU encuentran dificultades para rellenar las filas de su ejército y deben recurrir cada vez en mayor porcentaje a grupos étnicos que no tienen nada que ver con los WASP. El hecho de que debieran comprometer a la OTAN en las operaciones en un país como Afganistán es significativo de sus necesidades y carencias actuales. De la misma forma que, Roma en sus 1000 años de vida solamente mostró decadencia militar en los últimos 70 años (a causa de la selección al revés propia de toda guerra en donde siempre mueren los mejores), el ciclo norteamericano no ha llegado a la cuarta parte de duración antes de que se haya evidenciado la decadencia militar. De ahí que no haya que esperar tanto una intervención directa de los EEUU en un eventual conflicto generado artificialmente para poner en marcha la maquinaria económica, sino tan sólo a nivel de potencia instigadora y suministradora de equipos y materiales bélicos, sanitarios, alimentarios, logísticos, etc., a cualquiera de las dos partes o a ambas…

e. El "escudo antimisiles" como elemento de coacción para Rusia y Europa

La voluntad de los EEUU de poner en marcha un sistema de detección de misiles que garantice la destrucción de los vectores lanzados contra su territorio nacional, sería loable… de no ser porque no existe potencia interesada ni en condiciones de lanzar un misil nuclear de un extremo a otro del planeta: tanto Corea del Norte como Irán están a años luz de disponer de una tecnología capaz de realizar una acción ofensiva de este tipo. Es evidente que el escudo antinuclear, apunta contra el "enemigo principal": Rusia. De ahí que las dos baterías de misiles anti-misiles y la estación de radar que los completan han sido situadas en las fronteras entre Europa y Rusia, comprometiendo de esa manera a los europeos ante el país que debería ser su aliado natural.

Desde los años 60, los EEUU han mantenido la ambición de controlar el espacio exterior para garantizar su hegemonía mundial. Todas las iniciativas desarrolladas por la NASA desde el Programa Apolo iban encaminadas a este fin. Si la doctrina de la "disuasión nuclear" hacía imposible el estallido de un conflicto bélico, demasiado destructivo, el destino de la lucha por la hegemonía mundial se librería en el espacio exterior, demostrando una de las superpotencias es capaz de destruir en el aire, antes de que lleguen a sus objetivos, los vectores lanzados contra ella y, por tanto, estaría en condiciones de mantener toda su capacidad ofensiva, mientras el adversario resulta completamente neutralizado.

La llamada "guerra de las galaxias" a principios de los años 80, propugnada por Reagan como continuación de la militarización del espacio exterior, no pudo desarrollarse en aquellos momentos por limitaciones de tipo técnico que hoy han ido desapareciendo. Al mismo tiempo, el desplome de la URSS hizo innecesario seguir en esa dirección. Pero en la actualidad, a la vista de las dificultades de EEUU para reclutar tropas, en vistas a su escasa eficacia militar y a las exigencias de la sociedad norteamericana de una guerra "asimétrica" con cero bajas, el programa ha sido de nuevo recuperado en forma de "escudo anti-misiles".

Por otra parte, no puede olvidarse que las dos intenciones complementarias que justifican para EEUU la instalación del escudo anti-misiles en Europa son: de un lado el constituir un obstáculo para las relaciones entre Rusia y la UE, utilizando a dos países "receptivos" a los intereses de los EEUU (Polonia y Chequia) y dar un aliento a su industria armamentista, especialmente a la industria aeroespacial, que no ha podido participar de los beneficios generados por las guerras de Irak y Afganistán para las industrias de equipos terrestres, logística y municionamiento.

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