El actual ordenamiento mundial es inviable por tiene distintas líneas de fractura o límites de sostenibilidad. En la actualidad se están alcanzando todos estos límites comprometiendo el futuro del sistema mundial a corto plazo. Estas líneas de ruptura son:

a. Inviabilidad geopolítica: caída del americanismo

El período de hegemonía norteamericano está terminando. El globo es un planeta demasiado grande y diverso como para que una sola potencia pueda mantenerse por mucho tiempo como única potencia mundial. La dilatación de sus líneas de aprovisionamiento, la pesadez de su maquinaria militar y la multiplicidad de adversarios hace que una sola potencia mundial sea inviable. Con la caída de los EEUU muchos problemas que hasta ahora no han tenido solución se resolverán bruscamente: el problema de Oriente Medio que hasta ahora no ha podido ser resuelto porque el apoyo de los EEUU a la causa israelita daba a esta la ventaja sobre los ejércitos árabes, la renuncia de Europa a ejercer su independencia con el consiguiente distanciamiento de su aliado natural, Rusia, los movimientos anti norteamericanos en Iberoamérica cuya existencia y persistencia en el poder se debe al rechazo que EEUU registra en el subcontinente, la misma existencia de la globalización y del capitalismo salvaje, todo ello se mantiene sobre la existencia de un imperialismo geopolítico a escala universal que, una vez desaparecido, abrirá el camino hacia la resolución espontánea de todos estos conflictos. Las leyes de la geopolítica establecen que un imperio es tal cuando tiene en su centro a una nación "transoceánica" susceptible de ejercer su influencia en dos océanos, pero el análisis histórico desconoce la existencia de una nación que haya gobernado sobre cinco océanos. Esta pretensión no hace más que multiplicar adversarios, enemigos y alianzas interesadas e inestables que desaparecerán a la primera dificultad. Además, la primera ley de la estrategia reconoce la imposibilidad de luchar en dos frente al mismo tiempo. Por todo eso el poder hegemónico de los EEUU va prolongarse por muy poco tiempo y ya hoy está en la cuerda floja.

b. Inviabilidad económica: fin de la economía financiera por exceso de deuda

El capitalismo, aproximándose cada vez más a su límite de acumulación de capital, no genera ninguna alternativa, en la medida a que este límite coincide con el final de su ciclo vital. La actual crisis económica del sistema mundial, cuyo eje es el mundo anglosajón, coincide con la crisis geopolítica. Si el sistema globalizado está íntimamente ligado a las necesidades del capitalismo anglosajón, la crisis geopolítica de los EEUU imposibilitará estabilizar la economía mundial. Por otra parte, ese sistema económico ha demostrado en la actual crisis que es víctima de algo que era previsible desde su arranque: la rapacidad, el afán desmesurado de lucro y de acumulación de capital, el desprecio por la vida humana y las desigualdades abismales entre personas. Para mantener una tasa siempre  creciente de beneficios, primero fue preciso mantener unos altos índices de explotación y depauperación de las clases trabajadoras (segunda mitad del siglo XIX), posteriormente el capitalismo entendió que era preciso transformar a los proletarios en consumidores (fordismo de principios del siglo XX), más tarde, tras los "30 años gloriosos" (1945-75) fue necesario que para mantener esos beneficios los salarios fueran comprimiéndose progresivamente (aumentando el número de proletarios: a mayor demanda de trabajo y con una oferta menor, los niveles salariales disminuían) y para seguir manteniendo los beneficios se abrió la espita del crédito (que daba la sensación a las clases modestas de que tenían "poder adquisitivo", cuando no era más que poder para endeudarse). Este fenómeno se desarrolló también en los Estados que se endeudaron progresivamente y más allá de sus posibilidades de pago. Cuando se ha producido el primer ralentizamiento del mecanismo de producción-consumo-deuda, a partir de la crisis de las subprimes, el sistema ha descarrilado. Hoy agoniza víctima del exceso de deuda.

c. Inviabilidad política: una democracia transformada en plutocracia

En una ordenación normal de la sociedad la política es anterior y superior a la economía y, por tanto, las decisiones políticas deberán tomarse independientemente de los centros de poder económicos. Los teóricos liberales -que tenían a esta doctrina económica por infalible- excluyeron a la "economía" de su teoría sobre la independencia de los tres poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial). La democracia era imposible mientras no se reconociera la existencia de otro poder, el económico, que tendía a situarse siempre por encima de los tres poderes del Estado y a condicionarlos. Ahora es preciso liberar a la política de la economía. A medida que ha ido aumentando la concentración de capital, el poder económico ha ido restando a la democracia su rasgo de "poder del pueblo", transformándose en el caldo de cultivo más adecuado para el juego de los poderes económicos. Las elecciones no son más que un mero espectáculo en los que solamente pueden situarse en la recta final como ganadores, los partidos, no que mejor encarnan los intereses de la población, sino los que mejor encarnan los intereses del capital. La democracia se transforma así el "plutocracia" (poder del dinero). Si esta transformación ocurre "por arriba" (mediante una mediatización del poder político por medio del poder económico y de un servilismo del primero hacia el segundo), "por abajo" la democracia degenera igualmente en la medida en que para participar en ella es preciso hacerlo a través de los partidos políticos mayoritarios (los únicos que tienen posibilidades de acceder al gobierno de las naciones). Con fines de estabilizar el sistema de partidos, las legislaciones les atribuyen una presencia asfixiante en la sociedad (en los consejos audiovisuales, en las cajas de ahorros, etc.) cerrando el paso a los cuerpos sociales intermedios (sociedad civil, con sus asociaciones, sus sindicatos, sus colegios profesionales, el mundo de la enseñanza, de la justicia, de las fuerzas armadas, de la familia, etc.). Los partidos políticos, no solamente rompen el cuerpo electoral en opciones enemigas, sino que, además, se erigen como únicos representantes de la sociedad. En realidad, los partidos políticos hoy no son más que fuerzas dirigidas por ambiciosos que no han encontrado acomodo en la empresa privada y que aspiran a alcanzar altos niveles de rentabilidad personal haciendo sus negocios a la sombra del poder. La democracia se ha transformado en "partidocracia".

Estos dos cánceres, plutocracia y partidocracia, han desnaturalizado completamente a la representación democrática generando tres fenómenos profundos: un aumento de los niveles de abstencionismo e inhibición de la política por parte de sectores cada vez más amplios de población, un divorcio entre la clase política y la población (entre el país "oficial" y el país "real") y una desconfianza cada vez más extendida hacia todo lo que representa "partido". Mientras la situación económica era aceptable, esta protesta quedaba como propiedad de grupos marginales y agoreros, pero a medida que la crisis económica y la depresión subsiguiente, vayan profundizando, la protesta popular va a ir encaminada contra los "gestores de la crisis" incapaces de sacarnos de ella. La crisis económica, generará una crisis social que, en el último estadio, provocará una crisis política, cuestionando las bases del actual sistema de participación: la "plutocracia partidocrática" se hará entonces inviable.

d. Inviabilidad ecológica: "decrecimiento" frente a "desarrollo sostenible"


El capitalismo se basa en la explotación de los recursos naturales y en su conversión en bienes de consumo. La actividad depredadora de la naturaleza ha podido abordarse desde el inicio del capitalismo, sin que la vida en la tierra se haya visto excesivamente alterada; sin embargo, en este terreno se ha generado un proceso acumulativo similar al que se produce en el hígado de un alcohólico, el cual inicialmente no nota los efectos de la acumulación de alcohol en su hígado, pero que se van acumulando hasta destrozarlo. Los 150 años de explotación sistemática y cada vez más acelerada de los recursos naturales, ha ido acumulando detritus, residuos industriales, polución en las capas altas de la naturaleza, deforestación, y, en una palabra: alteración del equilibrio ecológico del planeta. Esto ha generado una marcha hacia el caos ecológico que cada vez se aborda a mayor velocidad.

A partir de la Conferencia de Río, la línea de la globalización mantenida por los EEUU y los grandes consorcios financieros e industriales, llega a un punto de acuerdo con la línea humanitarista y con los alterglobalizadores, lanzando el concepto de "desarrollo sostenible". La peligrosidad de este concepto deriva de que parece aureola de "prudencia" y "comprensión" hacia los problemas del medio ambiente y reconoce implícitamente los riesgos de explotar la naturaleza de manera "insostenible". De hecho, este concepto no suponía nada más que un intento de diversión, inviable desde el punto de vista de la racionalidad: el concepto de "desarrollo sostenible" implica que una voluntad aparentemente "moderada", pero constante: no habrá nada que detenga el desarrollo, éste será "sostenible" pero ilimitado. Este concepto choca pues con la realidad de un planeta de posibilidades y recursos limitados, más allá de los cuales se entra en el caos. El sistema no puede evolucionar de manera "ilimitada" porque, más allá de determinados umbrales se hace inviable: puede haber petróleo o uranio para treinta años, durante los cuales el sistema dispondrá de energía (si bien esta resultará cada vez más cara a medida que se vaya agotando), pero acabado estos recursos, la naturaleza tarda millones de años en renovarlos…

Por lo  tanto, mientras no se reconozca la dramática realidad (la imposibilidad de un "desarrollo sostenible"), seguirá el camino hacia el abismo. La alternativa es el "decrecimiento" esto es, la renuncia voluntaria a los actuales niveles de consumo y depredación de la naturaleza, a cambio de una perspectiva de "viabilidad". Y este estadio jamás podrá alcanzarse dentro del actual sistema político-económico. Para asumirlo será posible asistir a grandes convulsiones económicas, a gigantescos cambios políticos y a un cambio en las correlaciones de fuerzas a escala geopolítica.

e. Inviabilidad social: el capitalismo senil extrema las desigualdades

Mientras el capitalismo ha asegurado el progreso en amplias zonas del planeta, ha sido prácticamente incuestionable, especialmente cuando el fordismo se planteó convertir a los proletarios en consumidores, mejorando su nivel de vida. Pero esto ocasionó unos aumentos extraordinarios en la producción y llevó directamente a la depredación de los recursos naturales. La pirámide social tendió a convertirse en una extraña figura geométrica con una cúspide extremadamente alta y reducida, distancia a cada vez más distancia de una base extraordinariamente amplia (como un triángulo isósceles con los dos lados iguales convexos). Ninguna estructura social es viable cuando existe tanta distancia y tanda desigualdad entre los que poseen todo y deciden todo y los que solamente poseen deuda y no tienen ninguna esperanza más que la de seguir endeudados o embargados.

Este modelo social hipertrófico de las diferencias entre una exigua minoría y una mayoría abrumadora, es el signo de una estructura senil inviable a corto plazo, especialmente en momentos de crisis económica e incapacidad de la clase política para aplicar otra medida que no sea el utilizar los recursos públicos (esto es, los recursos de "los más"), para salir en auxilio de los intereses de "los menos". Pero en el marco de una plutocracia partidocrática no podía esperarse otra cosa: el dinero de la sociedad es desviado por la clase política hacia aquellos, precisamente, que han sido responsables de la crisis, aumentando de esta forma, todavía más, el abismo entre unos y otros.

Esta situación es propia de todo período pre-revolucionario: cuando los que "poseen" realizan demostraciones frívolas y prepotentes de su riqueza, excitando el resentimiento y el odio de quienes no poseen nada. Así ocurrió en el período previo a la revolución francesa y así está ocurriendo en la actualidad. El estallido histórico es generado, por una crisis económica, que se superpone a una ausencia de legitimidad, pero no por rechazo consciente y teórico sobre los elementos que generan la crisis, sino por rechazo visceral hacia el exhibicionismo frívolo de la élite económica.

f. Inviabilidad energética: se acabó el petróleo barato

El sistema capitalista mundial está sometido a ciclos económicos pero su crecimiento deriva del crecimiento energético. Los beneficios del capital, se reinvierten para que se transformen en fuente de nuevas rentas. Si este proceso se detiene, el valor del capital se estanca primero y luego disminuye. Pero este proceso se mantiene porque en los últimos 150 años siempre ha aumentado el flujo de energía a las fábricas. Si este se estanca o disminuye, los beneficios del capital disminuyen inmediatamente. De ahí que para mantener el actual sistema económico mundial sean precisos niveles cada vez mayores de producción de energía.

Hasta 1973 no hubo problema: se empezó utilizando el carbón y la energía hidráulica, más tarde los sistemas energéticos derivados del petróleo o del gas, finalmente la energía nuclear. La primera crisis del petróleo (1973) demostró la fragilidad de este sistema. Más adelante, el establecimiento del "Pico de Hubert" sobre el punto óptimo de extracción de crudo en relación a las necesidades del consumo, fue una segunda señal de alarma. Sabemos que habrá petróleo para no más de 30 años. Probablemente, menos. La energía de fusión nuclear, la única que podría sustituir ventajosamente al petróleo, es todavía una duda científica. Se ignora, simplemente, si podrá algún día ser dominada y aplicada.

Si tenemos en cuenta que el sistema globalizado se creó de espaldas a la teoría sobre el "Pico de Hubert", entenderemos la irresponsabilidad de quienes diseñaron un sistema mundializado en el que grandes buques de carga, aviones de bodegas gigantescas y trenes de alta velocidad, recorrieran el planeta transportando mercancías a cadenas de suministros cada vez más dilatadas y distantes. La globalización, en definitiva, no solamente ha hecho que amentaran las emisiones de CO2 a la naturaleza, sino que, ha generado la deslocalización industrial en un momento en el que se vivía aún la "era del petróleo barato"… pero la globalización solamente es viable con una aportación extraordinaria de carburantes que posibiliten el traslado de mercancías. Y el petróleo se agota. Este problema permite comprender la inviabilidad energética del actual sistema globalizado.

g. Inviabilidad alimentaria: del exceso de transgénicos a la escasez del agua


La vida humana en la tierra se sustenta sobre dos elementos que la hacen viable: alimentos y agua. A partir de 1943 se desarrolló la llamada "revolución verde" basada en la selección genética, los monocultivos y la utilización masiva de fungicidas, pesticidas, herbicidas y fertilizantes. En su segunda fase (a partir de los años 90) se utilizó la ingeniería genética para crear nuevas variedades (los "transgénicos"). Hacia 1965, la "revolución verde" se había extendido a amplias zonas del Tercer Mundo, mejorando la producción de alimentos y resolviendo el abastecimiento de arroz y maíz en Asia. El rendimiento de los campos se multiplicó por cuatro o, incluso, por cinco. Hasta 1995 todo esto no era cuestionado y se convenía en aceptar que había resuelto buena parte del problema del hambre en el planeta.

Sin embargo, en la segunda mitad de los 90 empezó a evidenciarse que el aumento desmesurado de la producción estaba generando problemas inicialmente no complados: las semillas -hasta ese momento obtenidas gratuitamente por los campesinos de sus propias cosechas- se encarecieron extraordinariamente, aparecieron nuevas plagas, se multiplicaron los problemas en el almacenamiento, era preciso adquirir útiles de cultivo costoso para poder optimizar las cosechas (y, por tanto, el campesino debía endeudarse), desaparecieron miles de variedades locales mucho mejor adaptadas y se cambiaron los hábitos alimentarios de las poblaciones. Todo esto llegó a su clímax cuando empezaron a comercializarse las semillas transgénicas que precisaban de fertilizantes específicos y de las que se decía que eran inmunes a las plagas. Casi veinte años después de la aparición de los primeros transgénicos, todo esto se ha demostrado como un verdadero fiasco: su productividad por hectárea es similar a la de las semillas habituales; terminan precisando más fertilizantes e insecticidas; su aspecto exterior parece más agradable a la vista, pero sus cualidades nutricionales están reducidas; en algunas variedades sus ciclos de crecimiento son ligeramente menores, a costa de retener agua y, por tanto, de alterar su sabor tradicional. Por lo demás, a medio plazo se ignora el efecto que pudieran tener sobre la salud en una generación.

A todo esto se añade el problema de los aditivos, la mala utilización de los pesticidas (en muchas ocasiones sin tenerse en cuenta los plazos de seguridad recomendados por los fabricantes), los problemas que han surgido con los embases (algunos de los cuales se ha demostrado que eran responsables de la disminución en el número de espermatozoides de los consumidores). Los mismos cultivadores, sometidos a los efectos más inmediatos de los pesticidas, vermicidas y fungicidas, son quienes experimentan más directamente sus efectos: a pesar de la aparente vida sana que supone trabajar en la naturaleza, los campesinos son quienes muestran mayores tasas de cánceres y de infertilidad. Si en las últimas décadas han aumentado los tumores se debe, en gran medida, a los residuos químicos anidados en los alimentos.

La escasez creciente de agua complica todavía más el problema. El agua se ha convertido en un elemento estratégico de primera magnitud, casi como el petróleo: éste mueve a las máquinas, pero el agua mueve al ser humano y nutre los cultivos que alimentan a las poblaciones. No es raro que buena parte de las crisis mundiales tengan lugar a causa del control del agua (Palestina y el Kurdistán, por ejemplo). El cambio climático hace que todo este problema aumente aún más: el deshielo del agua dulce contenido en los Polos hace que las corrientes marítimas queden alteradas y, por tanto, el clima tienda a modificarse, amén del aumento del nivel de las aguas marinas que puede forzar al abandono de amplios territorios situados al nivel del mar.

La "revolución verde" logró engañar durante más de 50 años a los observadores que la tuvieron como un gran avance y lo mismo puede decirse de los transgénicos. Pero, a la larga, se han demostrado como factores esenciales para el caos alimentarios del planeta y, sin duda, uno de los factores más desequilibrantes del actual sistema mundial. La deslocalización alimentaria de la humanidad y el envío de alimentos de un lugar a otros del planeta, puede ser fatal en caso de estallido de alguna pandemia que obligue al cierre de fronteras y a la interrupción el comercio mundial, especialmente para las zonas del globo que, como Europa, son cada vez más dependientes de los alimentos llegados del exterior. Frente a la deslocalización mundial alimentaria es preciso tender cada vez más a criterios de proximidad alimentaria: cada comunidad debe alimentarse de aquello que es capaz de producir. Así ha sido durante milenios, existiendo una amplia estabilidad. Han bastado, sin embargo, 20 años de globalización, 70 de "revolución verde" y 20 de "transgénicos" para que el sistema alimentario mundial entre en crisis.

h. Inviabilidad social: las convulsiones sociales que vendrán

La globalización ha generado movimientos ingentes de población de sur a norte y de este a oeste. Se ha excedido con mucho la capacidad de asimilación e integración de los países receptores y, así mismo, ha crecido extraordinariamente las más de la misma identidad, deseosas de mantenerla, encastradas en otras comunidades y que ya no precisan la integración en el país receptor por que su comunidad-gueto la hace innecesarias. Se crean así islotes identitarios en el seno de otros países que antes o después reivindicarán derechos propios: es normal, mantener la identidad lleva necesariamente a reivindicar territorialidad y, llegado a este punto, el paso siguiente, es reivindicar soberanía. De ahí que más allá de un 5% de concentración de la inmigración en una zona determinada, genere inmediatamente fenómenos de "gentrificación" (cambio de los habitantes de una zona por otros, recién llegados, con aparición de guetos) y altere los rasgos y los comportamientos de las comunidades.

Para colmo, se están produciendo fenómenos sociales de los que cada vez existen señales más alarmantes: el hecho de que los piratas somalíes puedan operar casi con entera libertad en zonas próximas al Cuerno de África, el hecho de que la UE haya permitido la fundación del Estado mafioso de Kósovo, dirigido por una banda de gánster y delincuentes, el hecho de que las redes mafiosas y los cárteles de la droga, cada vez extiendan más su área de influencia por el país, el que cada vez resulten más evidentes las vinculaciones entre el poder político y el poder mafioso, la desaparición de toda norma ética y moral entre la clase política, unido a una profunda y cada vez más visible "barbarización" de la sociedad (cada vez más violencia y cada vez más gratuita: en las calles, en las escuelas, en el propio hogar, el hecho de que la vida no valga absolutamente nada en algunas zonas del planeta, la inseguridad ciudadana, el aumento casi asindótico de los presos y, por tanto, el aumento en la comisión de delitos y faltas), todo ello aumenta, mientras que, paralelamente, va disminuyendo la influencia de los factores tradicionales que hasta ahora han ido garantizando la estabilidad y la subsistencia de una sociedad organizada: la familia (con aumentos insoportables en el número de divorcios, la elevación de la edad en la que el joven se emancipa y monta su familia, las familias monoparentales), la procreación (la gestación y educación de los hijos, la transmisión de los valores de un pueblo a la generación siguiente), los cuerpos intermedios de la sociedad (distintos niveles orgánicos de la sociedad, corporaciones, gremios).

A todo esto se unen los criterios deletéreos de "mestizaje" y "multiculturalidad" que en realidad implican pérdida del nivel cultural de un pueblo, creación de híbridos culturales de muy escasa calidad en función de los cuales son "educados" (más bien habría que decir, "deformados") los jóvenes y una relajación general de las costumbres. La caída del nivel cultural que se ha operado asindóticamente desde principios del siglo XX y que ha tomado el carácter de una carrera desenfrenada en los últimos 25 años, con la aparición de la "telebasura", pero también con la universalización de productos infraculturales en todos los dominios del ocio, hacen que esta sociedad carezca de fundamentos sólidos y pueda desplomarse en cualquier momento y ante la primera dificultad insuperable.

El cuadro final es de una sociedad que está situada social y culturalmente al borde de la inviabilidad y a punto de dar el paso final hacia el abismo. Hasta ahora, las sociedades han reaccionado ante las crisis que se han entrado a su paso, estimulando a sus mejores elementos para realizar trabajos titánicos de enderezamiento que se anclaban en las tradiciones culturales de los pueblos. Pero la globalización y las concepciones multiculturalistas han arruinado todos los elementos sobre los que podían apoyarse las reacciones hasta el punto de que resulta legítimo preguntarse si en la actualidad existe una masa crítica, una élite cultural, capaz de superar la marcha hacia la decadencia de toda la sociedad.

Hay que contemplar, así mismo, la perspectiva de que la crisis económica, termine acelerando el proceso de desintegración social.  En este sentido, la crisis y la depresión, actuarían a modo de electroshock susceptible de desarticular completamente las prácticas y los criterios sociales erróneos y enfermizos de las últimas décadas, en la esperanza de que después, la sociedad volvería a enlazar orgánicamente y reconstruir una unidad coherente y "normal", lo que equivale a decir que el nacimiento de un nuevo marco social y cultural, como todo nacimiento solamente se podrá realizar tras haber sufrido los dolores del parto.

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