a. El mesianismo de los EEUU reavivado por los neo-con

Si los neocon han tenido su momento de éxito es, fundamentalmente, por que sus enfoques enlazaban con la tradición norteamericana forjada golpe a golpe desde la llegada de los tripulantes del Mayflower: puritanismo, esperanza mesiánica en que los EEUU son la "nación elegida por Dios", ideología calvinista que reconoce en los ricos a hombres justos aureolados por Dios con el éxito social y que, por lo mismo, ve en la pobreza el estigma de un castigo divino, observancia de los fragmentos bíblicos como indicativos del camino textual a seguir, agresividad e intolerancia para con los enemigos y sensación de estar cumpliendo un plan diseñado por Dios.

Detrás de la insolencia, prepotencia y arrogancia de los neoconservadores, lo que subyacía era el espíritu de siempre de los EEUU, el que dio vida a la doctrina del "destino manifiesto" y el "América para los americanos… del Norte" (Doctrina Monroe) en función del cual se justificó la ampliación de los EEUU a costa de México y más tarde, la ampliación de su influencia a costa de España, el que antes había dado vida a la Declaración de Independencia y al discurso de Gettyburg de Abraham Lincoln, etc.

La habilidad de los neoconservadores consistió en aprovechar e integrar una serie de movimientos que a principios de los 90 estaban fuera de su disciplina: los fundamentalistas cristianos o cristianos renacidos que aportaron a apoyo de amplias masas populares, simples en sus razonamientos y fanatizadas en sus comportamientos, sin los cuales el pequeño grupo de intelectuales neoconservadores jamás habría logrado salir a la superficie.

b. La inviabilidad económica de los EEUU

Desde mediados de los años 70, el endeudamiento del Estado Norteamericano sigue creciendo a velocidad cada vez más acelerada, especialmente después de que Nixon aboliera el "patrón oro" que respaldaba a la moneda americana para evitar la devaluación del dólar a causa del gasto insoportable que suponía la Guerra del Vietnam. Esa guerra, inútil e innecesaria, destructiva como pocas, no tenia más objetivo que reforzar los beneficios del complejo militar-industrial que tras un breve período de marginación del poder durante los años de Kennedy, lograron volver otra vez al centro del mismo con su sucesor, Lyndon Jhonson. A partir de ese momento, la deuda exterior no dejó de aumentar.

En la actualidad, la deuda pública de los EEUU alcanza entre los 9 y los 10 billones de dólares que si se suman a la deuda pública de las empresas y de las familias alcanza los 50 billones de dólares. A lo que habría que sumar la acumulación de déficits fiscales y comerciales, y un volumen de gastos militares totales que podría llegar a representar en 2009 el 10 % del Producto Bruto Interno norteamericano.

Estas cifras son absolutamente imposibles de cubrir especialmente para un país que en buena medida ha deslocalizado su industria y que, para colmo, se ha quedado con unas infraestructuras obsoletas en la medida en que el Estado Federal no ha dispuesto de medios suficientes para acometer una renovación de las creadas en los años 60-80, tal como se demostró

En estas condiciones es imposible pensar que Obama o cualquier otro presidente cumplirán su palabra de extender la sanidad a todos los norteamericanos, aumentar las coberturas sociales, medidas que inevitablemente dispararían el gasto público.

Para colmo, la llegada masiva de inmigrantes "latinos", en gran medida andinos y mexicanos, ha aumentado las bolsas de pobreza y los guetos, dotados de valores muy diferentes a los que dieron vida a Norteamérica.

Las políticas de integración racial se han saldado con repetidos fracasos y han llevado a una sociedad multiétnica que es, por lo mismo, mucho más multirracista que multirracial, pues no en vano, las comunidades étnicas están encerradas en sí mismas son autosuficientes y se ignoran unas a otras.

La violencia está a la orden del día y las distintas prisiones (públicas y privadas) albergan a casi 3.000.000 de presos, cifras desmesuradas en cualquier país civilizado. Las psicopatías y neurosis, la figura típicamente americana del "serial killer", una cultura completamente naïf y unas tasas de analfabetismo propias del tercer mundo, generan una estructura social extremadamente débil que no soportará privaciones, estrecheces, ni la caída del "sueño americano".

c. Poder militar y hegemonía político-económica

El proceso de caída de los EEUU que seguramente se concretará en la segunda década del milenio, tendrá un aroma parecido al que se produjo en la URSS. Al igual que la URSS, todo el sistema de los EEUU descansaba en unas fuerzas armadas con un fuerte potencial ofensivo en las que se cifraban las esperanzas para alcanzar (o mantener) la hegemonía mundial. Finalmente, el mantenimiento del esfuerzo armamentístico, terminó creando problemas a la totalidad del Estado. Al producirse el desplome se evidenció la obsolescencia de las infraestructuras (no es raro que una de los primeros síntomas de crisis de la URSS fuera el desastre de Chernobil) y de los servicios públicos.

En los EEUU puede repetirse un proceso similar: el esfuerzo armamentístico está agravado al ser sus beneficiarios consorcios privados. Durante casi treinta años, los EEUU han mantenido el listón armamentístico a costa de ir aumentando la deuda pública. Pero esto tiene un límite y es imposible prolongarlo hasta el infinito.

Para los EEUU, el mantenimiento de un poder militar hegemónico es la única garantía -absolutamente la única- de que seguirán afluyendo dineros a las bolsas norteamericanas y que los bonos del Estado se seguirán vendiendo en todo el mundo. Pero eso tiene sus riesgos: el hecho de que  China hubiera adquirido casi 500.000 millones de dólares en bonos de Fanny Mae y Freddy Mac, las dos gestoras hipotecarias de los EEUU, fue el factor que evitó que Bush declarara la quiebra de ambas entidades y asumiera el compromiso de salvarlas de la sima en la que se encontraban. Eso, o de lo contrario, la República Popular China se habría negado a comprar más deuda pública norteamericana.

Solamente la devaluación del dólar lograría atenuar el impacto del déficit del Estado Federal, pero eso supondría que todos los países que mantienen reservas de dólares o los que han comprado bonos públicos, quedarían perjudicados y, por tanto, se correría el riesgo de que no volvieran a comprar más deuda pública.

La hegemonía militar es, aparentemente, el mejor "respaldo" para el dólar, pero, al mismo tiempo es un motor que hace aumentar la deuda pública continuamente y, si se redujeran (como se están reduciendo) las distancias entre el poder militar de los EEUU y de otros Estados, se correría el riesgo de que los bonos del Estado se redimensionaran a su única dimensión de "papel basura".

d. El empantanamiento militar de los EEUU en el mundo


Ya durante la Segunda Guerra del Golfo, la de Kuwait, se puso de manifiesto que las famosas "armas inteligentes" de las que estaban dotados los EEUU distaban mucho de tener la precisión anunciada. Los misiles Patriot solían fallar, el ejército norteamericano se benefició solamente porque los misiles de Saddam Husein eran mucho más primitivos. Al mismo tiempo, la eficacia de la infantería de marina solamente quedaba demostrada después de bombardeos reiterados y masivos a gran distancia o a altas cotas, pero su eficacia era dudosa a la hora de ocupar los territorios destrozados. Otro tanto ocurrió durante los criminales bombardeos contra Yugoslavia. Después de semanas de intensos bombardeos por mar y aire, lo esencial del Ejército Yugoslavo siguió en pie sin sufrir apenas daños. Los bombardeos se cebaron en las infraestructuras (red eléctrica, puentes, carreteras, etc.), pero a pesar de los satélites espía no consiguieron localizar los arsenales ni los almacenes del Ejército Yugoslavo. Para colmo, uno de los "aviones invisibles" resultó derribado por los sencillos sistemas antiaéreos serbios y, cuando el país estaba completamente machacado, la infantería norteamericana rehusó intervenir al considerar que lo esencial del pequeño ejército yugoslavo seguía operativo. Idéntico fiasco se produjo durante la breve intervención militar en Sudán, en donde bandas de guerrilleros pobremente armados lograron arrinconar hasta el reembarco a las unidades marines apoyadas desde el aire.

Las guerras de Afganistán e Irak han servido para aumentar el escepticismo sobre la eficacia del dispositivo militar norteamericano, en jaque desde hace ocho años por bandas informales de pastores y cabreros armados en las montañas y que apenas está en condiciones de salir de sus bases en Bagdad.

Es significativo que el pensamiento militar norteamericano del siglo XXI consista en diseñar "guerras asimétricas" en las que se busca un resultado de "Cero bajas propias y destrucción total del adversario". Para ello se han diseñado sistemas de aviones cuyo piloto dirigirá cómodamente desde la base el avión mediante un joistyck, lejos del campo de operaciones, contemplando la evolución del adversario mediante webcam. Los marines de carne mortal, serán sustituidos por robots igualmente dirigidos desde la base. Pero todo esto evitar reconocer el hecho esencial: el que, a fin de cuentas, la infantería, antes o después, deberá ocupar los territorios conquistados y, por tanto, las tecnologías tienen un valor relativo, si las tropas carecen de combatividad y habilidad táctica para los combates.

Todos estos fracasos militares han terminado por cuestionar la eficacia del dispositivo militar del "imperio" y, por tanto, éste ha debido de recurrir a los "aliados" de la OTAN para exigirles que participen en el "trabajo sucio".

Tras el estupor que produjo el anuncio inicial, las pequeñas bases que han instalado los EEUU en las exrepúblicas soviéticas del Sur, lo cierto es que, en caso de conflicto con Rusia, e incluso con formaciones irregulares guerrilleras, los 50 ó 150 marines que albergan pasarían inmediatamente a ser rehenes.

e. El fin del "ciclo americano"

Crisis económica, endeudamiento sin límite, riesgo de devaluación, falta de éxitos militares definitivos, alteración étnica y coexistencia de valores contrapuestos entre la población, desarrollo desigual de los distintos Estados, fanatismo religioso, sociedad multirracial y multirracista, todo eso no permiten augurar un futuro esplendoroso para el "imperio".

Los EEUU, fundados en 1776 habrán completado el ciclo "imperial" en menos de 250 años. A pesar de que todos los teóricos de la hegemonía norteamericana gustaban de comparar los EEUU con el antiguo Imperio Romano (hasta el punto de que Bush mantuvo 250.000 soldados en el extranjero, porque Roma tenía esa cifra de legionarios dispersos por el Imperio), lo cierto es que el ciclo norteamericano apenas habrá durado una cuarta parte del ciclo de Roma.

Todas las noticias que desde el 1º de mayo de 2003 (fecha oficial del final de la Guerra…) afluyen a los teletipos deben interpretarse como síntomas del final del ciclo norteamericano. Los EEUU no habrán sido una proyección del antiguo Imperio Romano, sino su inversión: no hubo un período largo de pacificación, no se produjo ninguna "Pax Americana", para mantener su poder, los EEUU debieron provocar guerras localizadas, a menudo contra contendiente de cuarta o quinta fila (como lo era Saddam cuyo ejército falsamente fue presentado por el Pentágono como ¡el tercero del mundo!). No existió una civilización digna de ser conocida: los productos culturales exportados por el americanismo eran de tan escasa calidad que no pasaban de ser "modas" puntuales. Ninguna comparación entre el legionario romano y el marine norteamericano. Ninguna dignidad en el centro del poder imperial al que llegaron frecuentemente títeres de los consorcios económico-financieros o del complejo militar-petrolero-industrial. EEUU no fue la proyección de Roma la Grande, sino su antítesis, su reflejo especular, su contracción grotesca.

El americanismo está en crisis: sabemos en que situación comenzará la segunda década del milenio, pero ignoramos en que estado dejará esa década e incluso si en 2020 se aproximará a su desplome final.

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