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Infokrisis.- Esta obra fue escrita hace 20 años y ha permanecido todo ese tiempo en un cajón. De tanto en tanto, hemos estado tentados de retocarla, ampliarla o perfilarla, pero finalmente, jamás hemos abordado esa tarea. La hemos recuperado para desintoxicarnos de los temas políticos que seguramente nos han ocupado demasiado tiempo en las últimas semanas. Releer este texto y reproducirlo es, ante todo un grito: "existe vida más allá de la política". En 1989, empezamos a tomar notas para lo que luego sería este texto. El libro fue firmado por "Aion, el amigo de las Catedrales", nombre con el que fuí admitido en una fraternidad gremial francesa durante mi período de exilio (también el exilio puede ser aprovechado para hacer algo más que militancia política). Este libro está destinado a quienes buscan una puerta de acceso para introducirse en la temática del hermetismo y de la alquimia tradicional. Consideramos que este es el momento oportuno para rescatarlo del olvido, no sea que alguien vaya a pensar que la política nos interesa más de lo que nos interesa realmente [en días sucesivos iremos colocando las ilustraciones en los lugares que corresponden].

 



A los constructores de las
Catedrales

A la fuente de su inmenso Saber
A Sofía para que Haga honor a su nombre: Sabiduría.

 

 

I N T E N C I Ó N

Yo, Aion, "El amigo de las Catedrales", os saludo
y le pido a Dios,
que todos aquellos que lean estas notas
rueguen por mi alma,
sedienta de Luz, Vacío y Armonía.
En este libro,
entendiendo el lenguaje de las piedras de la
Catedral de Barcelona,
encontraréis muletas para dar los primeros pasos en la comprensión del
Noble Arte de la Alquimia.
Que vuestras obras os conviertan en
Apóstoles de la Ciencia Hermética

 
INTRODUCCION


Recordamos perfectamente la primera vez que visitamos la catedral de Barcelona. Fue en la ya lejana infancia, acompañado por nuestros padres; debió ser en cualquier Semana Santa, cuando los fieles solían "visitar monumentos", devota simplificación del rito de la peregrinación. Impulsados por el inagotable e ingenuo motor de su fe, los fieles debían recorrer un mínimo de tres iglesias y rezar en cada una de ellas un Paternoster y tres Avemarías. Los templos, ornados con las primeras flores de la Primavera, no se permitían otro color ni hábito que el morado. Los mismos Santos se mostraban cubiertos con lienzos del color que indica muerte y dolor, pero también púrpura y realeza.

En aquella primera visita -que ha dejado en nuestro recuerdo una indeleble sensación- debió sorprendernos el claustro, y muy en especial los graznidos de las ocas que allí moran. No fue sino años después, cuando huíamos de la rutina de un bachillerato aburrido y que no sabíamos apreciar, que volvimos a aquellos lugares y entonces comprendimos por primera vez que ese espacio constituía un lugar diferente, un lugar que, sin saber ni cómo ni porqué, alimentaba el espíritu. Intuíamos que, en sus medidas y proporciones, en sus ritmos y líneas, símbolos y tradiciones, aquella Catedral era un lugar sagrado y, como tal, depositario de un saber antiguo, prohibido y universal.

Volvimos una y otra vez; en cada visita hicimos gala de una renovada pasión y de una inconmensurable sed de saber. Deseo desesperado por que se nos escapaban las claves; sabíamos la atracción de la Catedral; ignorábamos, sin embargo, por qué nos atraía. Fue así como terminó naciendo, a lo largo de nuestras visitas, una relación casi amorosa con la Seo. Amor nace como una chispa imprevista, aparece "como un ladrón en la noche", nunca nadie sabe por qué extraño arcano surge, ni que opera su extinción; pocos amantes son capaces de establecer la raíz exacta y objetiva de su amor. Saberlo implica identificarse con él, dejar de ser lo que somos, para ser solo Amor.

Entender lo que significan las formas y tradiciones de nuestra Catedral, implica igualmente llevar a nuestro interior ese mismo Orden y Armonía escritos en la piedra, esto es, construir un templo dentro de nosotros mismos: Amar es Construir. El verdadero Amor, lejos de ser una percepción emotiva o sentimental, constituye la experiencia objetiva y lúcida de lo que carece de contradicción y forma parte del orden cósmico.

Y un buen día ocurrió el milagro. Durante nuestro último curso de bachillerato, las matemáticas se nos hacían insoportables; nadie nos había enseñado a apreciar esta ciencia y lo abstracto de sus premisas nos repugnaba. Preferíamos eludir las clases y acudir a la Catedral, pasear por su claustro, buscar las explicaciones y respuestas que, intuíamos, contenía. Íbamos acompañados de un buen amigo. Y fue entonces, acaso por mandato del Destino, cuando conocimos a un anciano; tenía no menos de ochenta años y solamente mirando en la profundidad de sus ojos, podía percibirse que en aquel hombre latía una vida extraordinariamente intensa y consciente de sí misma. Era un hermetista; no lo dijo en aquella ocasión, pero yo lo sé hoy. Nos mostró algunos de los secretos guardados por la Catedral y luego se despidió; nunca más lo volveríamos a ver; ocupó en nuestra vida un instante de eternidad que dejó su impronta profunda hasta el punto de marcar el sendero que recorreríamos gustosos durante años. De eso hace más de tres décadas. Desde aquel día hemos meditado, una y otra vez, sobre muchas de las ideas que aquel hombre extraño nos desveló; hemos completado algunas y desechado otras, pero, a decir verdad, creo que aquel desconocido, más que ningún otro, fue quien mejor hubo entendido en nuestro tiempo el mensaje de la Catedral de Barcelona.

No tengo la menor duda que aquel hombre recibió tan inmenso saber de otro y posiblemente éste, a su vez, se hubiera beneficiado de confidencias de otro anterior y así sucesivamente, quizás hasta remontarnos al maestro de obras, de nombre desconocido, que trazó los planos de nuestra Seo. Nos gusta pensar que estas páginas contribuirán a que una parte de ese saber no se pierda del todo. Mientras exista la Seo existirá la ciencia en ella contenida; pero decir esto no basta, es necesario penetrar en sus misterios, explicar a nuestros contemporáneos que allí donde se alza una Catedral, aparece algo mas que un bello edificio: es un libro abierto el que nos habla con la voz de la Tradición. Entender sus frases supone conocer un saber antiguo y prohibido, codiciado por los necios, ansiado por los sabios, complejo para los ignorantes, sutil para los sencillos de espíritu. Accesible para los constantes y abiertos de espíritu.

Este libro quiere servir de homenaje a un Templo, nuestra Catedral, y a una técnica, el Noble Arte de la Alquimia que es, a la postre, su clave interpretativa. Quiere ser también un homenaje a los hombres que la construyeron y a su inmenso saber. Nuestras pobres palabras aspiran a ser el tambor que despierte espíritus y estimule vocaciones. Tenemos en el centro de la Ciudad un símbolo, el Templo, un faro que puede iluminar aun en medio de la espesa niebla que cubre nuestro pobre mundo moderno. Es un Templo vivo. Yo quiero sintonizar mi vida con él. Es posible que aun me quede tiempo.


Barcelona, Agosto de 1989, al pie de la Catedral de Barcelona

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

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