Infokrisis.- Una antigua leyenda de la catedral de Barcelona relativa al sistema que se utilizó para colocar las bóvedas, nos permite realizar una asimilación con el misterio central de la alquimia. La contraposición entre la "tierra negra" y el "oro". Dicha leyenda, por supuesto, es extremadamente imaginativa y carece por completo de verosimilitud, fue creada a efectos didácticos para explicar el principio de la tradición hermétia: la semilla del oro se esconde entre la tierra negra.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo IV
EL ORO Y LA TIERRA NEGRA



Cuando se observa la dificultad con la que se construyen nuestros actuales edificios a pesar de la gran proliferación de medios técnicos y auxiliares utilizados, no terminamos de hacernos una idea sobre el sistema empleado por los canteros medievales y los maestros de obras para trabajar en bóvedas de alturas impresionantes. La nave de Chartres es la más ancha de toda la cristiandad y la de Beauvais la más alta; ésta última se hundió dos veces mientras se construía. Y no es raro que así fuera. La audacia de los maestros de obras parecía no tener límite. El enlosado de Beauvais está separado 48 m. de las claves de bóveda; es, desde luego, la catedral de mayores ambiciones técnicas. Lamentablemente su construcción quedó interrumpida y solamente pudieron concluirse ábside y transepto, pero los dineros terminaron antes de completarse la construcción de la nave central; de haberse culminado el proyecto originario, Beauvais sería la mayor catedral de la cristiandad. Con todo, Beauvais pertenece a un tiempo en el que el gótico había pasado a ser mero virtuosismo y parecía haberse perdido buena parte de la intención originaria con la que nació.

Los estudios técnicos y la lectura de los memoriales de los maestros de obra, así como el famoso cuaderno de apuntes de Villard de Honnecourt, resuelven ampliamente el misterio de cómo unos pobres artesanos albañiles que disponían solo de muy primitivos medios mecánicos, pudieron alzar bóvedas tan impresionantes y colocar sobre ellas, unas maravillosas claves, primorosamente labradas, aun a pesar de resultar casi invisibles la mayor parte de sus detalles a tan descomunal altura. La nave mayor Catedral de Barcelona tiene seis claves. La suma de los seis primeros números nos da la totalidad de los aspectos de lo manifestado que es el número de los Arcanos Mayores del Tarot (1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 = 21) y al mismo tiempo, el número de rosas místicas que rodean el tambor de la clave de bóveda de la cripta de Santa Eulalia. Las seis claves de bóveda representan sucesivamente a 1) Cristo en la cruz rodeado de el Sol y la Luna, San Juan y la Virgen, 2) Santa Eulalia (la clave mayor de la cripta representa igualmente a la Santa coronada por el Niño y la Virgen), 3) la Virgen de la Misericordia, albergando bajo su manto a 10 figuras, 4) la Anunciación de María que nos la muestra junto a un Angel, contemplando un ánfora de la que surgen abundantes vegetales (verosímilmente, el Cuerno de la Abundancia de los alquimistas o el huevo filosofal del que surge toda generación), 5) el Obispo Pedro de Planella acompañado del báculo y el libro cerrado, y 6) el Padre Eterno con los cuatro ángeles del Apocalipsis. Cada una de las seis claves mide algo más de dos metros de diámetro y pesa cerca de cinco toneladas, colocarlas en su emplazamiento supuso una tarea titánica que quedó reflejada en una leyenda catedralicia, imbuida de significados herméticos.

La leyenda nos habla del ingenio del maestro de obras que alzó la nave central. Llegó un momento en que sus artesanos debían de operar a tal altura que les producía vértigo y no había bestia capaz de tirar de las poleas para alzar las piedras desbastadas en su justo lugar. Fue así como nuestro maestro de obras resolvió que, a medida que se construyeran las naves, el interior se iría rellenando de tierra, de tal manera que los artesanos siempre tuvieran que trabajar a ras de suelo, por falso que éste fuera. Sabedor de que, una vez concluidas las obras, el problema iba a consistir en vaciar aquel enorme volumen de tierra, el maestro había distribuido piezas de oro en su interior. Enterado el pueblo de esto, acudió en masa a vaciar la catedral en la esperanza de hacerse con el mayor número posible de estas monedas y, con tal ímpetu trabajaron, que la nave quedó expedita en pocos días. [Foto 14.- CUARTA CLAVE DE BOVEDA DE LA NAVE MAYOR, LA ANUNCIACION DE MARIA. QUINTA CLAVE: EL OBISPO PEDRO PLANELLA] [Foto 15.- SEGUNDA CLAVE DE BOVEDA DE LA NAVE MAYOR, SANTA EULALIA. TERCERA CLAVE: LA VIRGEN DE LA MISERICORDIA][Foto 16.- EL PADRE ETERNO Y LOS ANGELES DEL APOCALIPSIS. SEXTA CLAVE DE BOVEDA].

La leyenda nos dice, en síntesis, que ya en la materia primera de la obra hermética, está, latente, el germen del oro. De hecho el alquimista, como el pueblo de Barcelona en su Catedral, lo único que debe hacer es buscar en "su tierra" la semilla del oro. Pero tan bello símbolo es susceptible de ser redondeado en su interpretación. La tierra a la que alude la leyenda es lo que los viejos alquimistas llamaban tierra de los sabios de la que Artefius decía que era allí donde se encuentra el mineral bruto que contiene en sí mismo el espíritu escondido que es preciso activar a través de las operaciones de laboratorio. Otros alquimistas -el Agrícola, entre ellos- llaman a este elemento nuestra Tierra, que constituye la materia prima de la primera parte de la Obra. Tras sucesivas operaciones se transformará en la tierra de los sabios y más adelante en tierra filosofal, ya en la última etapa de la obra.

La leyenda barcelonesa nos habla de una obra ya concluida y de un templo edificado. Desde los misterios pitagóricos, los místicos de todos los tiempos, suelen utilizar la imagen de la "construcción del templo" para aludir al proceso de realización interior. Ya hemos dicho que la construcción de un templo implica crear un espacio sagrado allí donde antes había caos. El 1º de mayo de 1298, festividad de la Invención de la Santa Cruz, el Obispo Fray Bernardo Peregrí colocó la primera piedra de la Seo barcelonesa, trazando con su báculo el perímetro que debía limitar el nuevo templo. Por este rito, aquella ladera del Monte Táber, revalidó el carácter de lugar sagrado que ya tenía desde que hoyaron sus laderas las legiones de Augusto. La superficie contenida en el interior del perímetro fue igualmente sacralizada. Y a partir de ese momento hubo una diferenciación entre lo que esta dentro del límite y lo que estaba fuera, entre el Orden y el Caos. El Templo fue alzándose y para poder seguir la construcción -en el terreno de la leyenda- se rellenó inmediatamente de tierra, pero ya no era tierra de la misma cualidad que la situada en el Caos, sino la "tierra de los sabios", aquella que posee en sí misma la semilla del oro, representada en nuestra hermosa leyenda por las monedas dispersadas por el maestro de obras. Finalizado el templo, se trata ya de gozar de sus frutos, la materia prima ha dado forma y consistencia interior a la Catedral, entonces se puede prescindir de ella. Y es en ese momento cuando aparece el oro oculto. [Foto 17.- CRISTO EN LA CRUZ ENTRE EL SOL Y LA LUNA, SAN JUAN Y LA VIRGEN. CLAVE DE LA BOVEDA MAYOR DEL PRESBITERIO]

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