Infokrisis.- Bajo el órgano situado en la puerta de Sant Iu, se encontraba hasta la restauración de finales de los sesenta, la llamada "carassa" que reproducía el rostro de un "moro". Durante la visitadel Embajador de Turquía, esa "carassa" fue retirada. Tenía la mandíbula articulada y por su boca, en algunas fiestas señaladas, salían caramelos para los niños. Esta tradición barcelonesa nos permite aludir a algunas ideas axiales de la ciencia hermética.

 


El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo VII
LA "CARASSA" Y LA CADENA MAGICA


Saliendo de la Catedral por el claustro se cruza una puerta que desdice el carácter gótico del resto del conjunto, pues, en efecto, se trata de una hermosa pieza románica. El arco delata la regularidad de este estilo traído a Cataluña por los canteros lombardos, herederos de los "magister comacini", último reducto iniciático de los secretos artesanales originarios de los míticos reyes romanos. Numa Pompilio instituyó las corporaciones -"colegiae fabrorum"- que desde la capital irradiaron luego a todo el mundo romano. Los canteros debieron llegar a Barcelona hacia el primer siglo de la era cristiana y gracias a ellos pudieron ser alzados los gigantescos muros que rodearon a la urbe y los orgullosos edificios del foro, construidos en los mismos lugares que hoy ocupa el palacio de la Generalitat, una parte de la Plaza de Sant Jaime y el ábside de la Catedral. De toda esta grandeza apenas quedan las pocas columnas del Templo de Augusto y escasos restos en el subsuelo que, en cualquier caso, denotan el alto grado de organización que conoció la ciudad. Pero existe la prueba de una misma tradición artesanal que se transmitió ininterrumpidamente. Cuando a finales de los años 60 se realizaron catas en el terrado de la Catedral a fin de comprender la técnica de construcción de las bóvedas góticas, se comprobó que el espacio comprendido entre la bóveda interior y el terrado exterior estaba relleno en parte por ollas de barro cocido. La intención era aligerar el conjunto, pero esto es lo de menos. Esta misma técnica, no excesivamente frecuente en las construcciones medievales, tiene unos antecedentes bien concretos. La cúpula del Capitolio romano registra idéntico artificio constructivo que por insondables caminos llegó a Barcino y pudo prolongarse hasta mediados del siglo XV.

Con el correr de la historia, se superpusieron pueblos y culturas, aunque siempre el legado romano se conservó, en mayor o menor medida, hasta mediados del siglo XIX; la ocupación musulmana constituyó, a lo largo de todas esas centurias, la alteración más importante en la vida ciudadana. Se trató de una presencia breve, muy superficial, que debió aportar una élite administrativa y una fuerza militar acorde con el perímetro de las murallas que debían defender. De la presencia musulmana en estos setenta años han quedado algunos rastros en la toponimia ciudadana -el nombre de Ramblas, de "ramla", arenal en árabe- unas pocas leyendas urbanas y apenas un solo resto arqueológico. En Barcelona y en toda la península, permaneció indeleble el recuerdo de otra religión, rival del cristianismo, cuyos hombres, los "moros", practicaban extraños ritos cultuales e invocaciones a un dios desconocido. No es raro que, en la península, e incluso en el Sur de Francia y en algunas zonas de Italia, la palabra "moro" o "mauro", se convirtiera en sinónimo de "mago". Así pues, en los lugares en los que se adivina una toponimia derivada de este término (Cuelgamuros = cuelga mauros, Maragatería = mauros captos, Maury = morería) existe una superposición de temas relacionados con artes mágicas, misterio y, naturalmente, alquimia. Tal es el caso de la Catedral de Barcelona en donde queda constancia de dos leyendas, una específicamente hermética y otra ligada al arte de los constructores, que bajo el velo de las alusiones al "moro", describen temas de alto contenido iniciático.  [Foto 19.- EL PORTICO MISTERICO Y EL NUMERO DE ORO]

Dice una tradición que, cuando las tropas de Ludovico Pío entraron en Barcelona, encontraron que en el interior de las murallas se había producido una revuelta y los barceloneses mismos habían asaltado el palacio del último rey moro (probablemente situado en el antiguo fuerte romano de la calle Regomir). Este era particularmente odiado en la villa por haber intentado transformar la Catedral cristiana en mezquita. Los sublevados le cortaron la cabeza y la integraron en el muro colocándola en un lugar próximo al pórtico de San Ivo. Esa misma tradición explica que los días de San Esteban y San Silvestre, el rostro, integrado ya en el conjunto Catedralicio, abre los ojos y mira la grandeza del lugar y se añade que, viendo el esplendor del templo, grita de rabia. Siempre se tuvo esta versión por fantasiosa ya que no aparecía rostro alguno sobre los muros. Habitualmente se identificaba esta cabeza con la que se encontraba bajo el órgano, situado en el coro de San Pedro sobre la puerta de San Ivo. De cartón, con pendientes y un gran turbante, las barbas estaban confeccionadas con cola de caballo; la "carassa" tenía los ojos y la boca articulados que se movían con un hilo. El Día de los Inocentes escupía caramelos por la boca sobre la chiquillería ( ). Por algún motivo que quizás alguna vez tengamos ocasión de aclarar, bajo el órgano de Santa María del Mar se encontraba igualmente otra "carassa", también desaparecida.

¿Tendrían algo que ver estos rostros horribles y amenazadores con el "baphomet" templario que no era sino otro rostro que inspiraba temor a quien lo veía pero que enmascaraba y presidía una ceremonia iniciática, la del "bapho-metheos", literalmente "bautismo por el fuego"? Tenemos la legítima sospecha que así fue efectivamente, demostrarlo nos llevaría a unos desarrollos que no tienen cabida en estas páginas

Evidentemente la leyenda a la que hemos aludido tiene un marcado tinte artesanal. Debió tener su origen en los gremios de constructores, los cuales, antes de aprestarse a la edificación del edificio, querían dominar a los genios de la naturaleza y para ello les ofrecían un sacrificio expiatorio. Testimonio de este sacrificio es todavía hoy la ceremonia de colocación de la primera piedra al iniciarse las obras. El "rey moro", sería la fuerza elemental, dominada, neutralizada y absorbida, pero no eliminada, sino integrada y aprovechada en el conjunto, transformada en clave de bóveda, piedra central, "regia", que sostiene y neutraliza las fuerzas contradictorias que entran en toda construcción. Y estaba claro que, según la óptica medieval, el "rey" debía de ser "moro", es decir, que el arte de la construcción contenía un elemento mágico; no en vano los maestros de obras, con su arte ejecutado con unos pocos y simples instrumentos de medida, era tenido también como mágico por sus contemporáneos. [Foto 20.-LA CARASSA DE LA CATEDRAL, SITUADA BAJO EL ORGANO]

También los alquimistas eran tenidos por magos. Otra tradición nos habla de la puerta románica del claustro; dice que fue construida por "moros presos" que dejaron testimonio de su estado en una cadena que circunda todo el arco de la puerta. Joan Amadés, que nos narra esta tradición, añade que puede verse la cadena con algo de generosidad; más parece una greca, pero en cualquier caso, el sentido del símbolo es meridiano y dice mucho sobre los contenidos herméticos de la Catedral. A decir verdad, lo que la leyenda barcelonesa tiene por cadena es, en realidad, un "zig-zag", adorno utilizado por los canteros francos al que llamaban "batons rompus"; aparecen por vez primera en Normandía hacia el siglo XI y se extienden en toda Francia durante el XII, para desaparecer por completo en torno al año 1200. Es posible que algún maestros de obras o canteros francos participara en la construcción de la Catedral románica de Barcelona, cuyas obras se iniciaron en 1058, es decir, cuando la moda normanda había tenido ya cincuenta años para extenderse por Europa. Lo importante, a nuestros efectos, insistimos, no es la verdad histórica, sino la realidad mítica y ésta dice que el "zig-zag" fue una cadena...

El "moro preso" alude al hombre que está ligado a su naturaleza material y que no puede prescindir de ella. Una vieja leyenda arcaica itálica habla del "Rey de los Bosques de Nemi" que monta guardia bajo un árbol hasta que un "esclavo fugitivo" lo mata y ocupa su lugar. "Esclavo fugitivo" es aquel que logra emanciparse de la tiranía de su naturaleza material e invertir la tendencia de sus relaciones: de estar ligado a este mundo material en perpetuo devenir, pasa a liberarse de su condición y aspira a elevarse y adoptar la calidad regia de custodio del Arbol de la Vida. Pues bien, la cadena en cuestión no es otra que la "Catena Aurea Homerii", que es también el título de un notable tratado de alquimia escrito en 1723 por Anton J. Kirchweger. El sentido del símbolo es múltiple. De un lado indica la existencia de un "colegio iniciático" que se ha ido transmitiendo las enseñanzas de generación en generación, de un eslabón a otro, evoca continuidad y nos hace pensar, si desde el siglo XI-XII hasta la construcción de la fachada actual, a finales del XIX, no existió una cadena de maestros de obras que respetaran los proyectos de sus antecesores y cuyo trabajo estuviera movido por la única intención de completar lo ya hecho e, inexorablemente, construir lo que desde el principio se proyectó: un templo para el espíritu. De otra forma, no puede explicarse satisfactoriamente el que un edificio construido en tiempos muy diversos, tenga una unidad estructural e interpretativa. La cadena ha unido a los maestros de obras que alzaron las Catedrales y a los iniciados de todos los tiempos. Y también ha unido mundos.

La alquimia es el arte de la separatoria, pero también la ciencia mediante la cual se establece la relación entre los principios superiores y los inferiores; la "Tabla Esmeraldina" anuncia en su primer verso que "lo que está arriba es como lo que está abajo", pues bien, de la habilidad y perspicacia del alquimista dependerá que éste sepa asociar y sintonizar el mundo trascendente al contingente y la manera de injertar en éste la energía y la fuerza de aquel, sin la cual ninguna transmutación sería posible. La sabiduría en la realización de esta operación es lo que otorga la Maestría en el Arte y sitúa en una posición superior a los dioses y a los hombres. De aquí procede la leyenda relatada por Homero. Zeus, que aquí prefigura al alquimista, dice a los dioses del Olimpo: "Suspended del cielo una áurea cadena, asíos todos, dioses y diosas, de la misma y no os será posible arrastrar del cielo a la tierra a Zeus (...) Yo ataría un cabo de la cadena en la cumbre del Olimpo y todo quedaría en el aire. !Verdaderamente supero a los dioses y a los hombres!".

Así queda dicho que el dios es incompleto en tanto carece del cuerpo físico para manifestar su poder, mientras que el hombre es igualmente incompleto al faltarle las facultades del dios. Solamente el Adepto está más allá del uno y del otro, tiene cuerpo y también ha avivado su alma situándose en la esfera del Todo. Es un dios con cuerpo humano. Plotino de Alejandría escandalizó a sus contemporáneos divulgando una moral altiva y heroica que coincide perfectamente con estas apreciaciones. Plotino concebía los "dioses" como fuerzas de la naturaleza, la obligación del Hombre no era rendirles culto, sino dominarlas y manipularlas, no arrodillarse ante ellas, sino observarlas primero y asumirlas después. Cualquier impulso o tendencia de lo humano era concebido en estos términos. Desde el miedo hasta la ira, todo podía ser vencido o podía derrotar al hombre. No se decía, "tengo ira", sino "la ira está en mí" y dependía de la fortaleza interior del sujeto que pasara a ser un esclavo de la ira o que estuviera en condiciones de dominar, aislar y encerrar la invasión de este elemento alógeno y exterior a él. Si lo conseguía se situaba más cerca del ideal de Libertad, concebida esta como la capacidad de dominio sobre los instintos, las pulsiones y las tendencias más primarias. El ser Libre es aquel que no está sometido a nadie, y mucho menos a lo que mora dentro de él. El ideal de Libertad, así entendido, es lo que otorga a Zeus su sitial preferente en el Olimpo y lo que da al alquimista la crisopeya, hasta que ésta también puede proclamar, como Zeus, su superioridad en relación a hombres y a dioses.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

Comentarios  Ir a formulario