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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El Misterio de la Catedral de Barcelona. El lavamiento de pies.

Infokrisis.- Hoy puede visitarse, entrando por el Museo de Historia de la Ciudad, los sótanos de la antigua Catedral románica e incluso los restos del baptisterio pre-románico, sin duda el primer monumento cristiano de la ciudad de Barcelona. Todo esto nos permite reflexionar sobre un episodio evangélico al que habitualmente no se le presta excesiva atención: el lavamiento de pies y su significado hermético.


El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capitulo VIII
EL LAVAMIENTO DE PIES:
La pila bautismal y el vitral de San Juan

 

En la basílica paleocristiana, el baptisterio estaba situado en una sala contigua pero separada del recinto sagrado. Se entraba en el baptisterio para purificarse. En tiempos muy remotos, las Iglesias florecieron en lugares donde manaban fuentes sagradas. Es posible que la abundancia de agua bajo las laderas del Táber fuera uno de los elementos que aconsejó el emplazamiento de la Basílica en aquel lugar. Posteriormente, la fuente sagrada se transformó en la pila de agua bendita que todavía puede verse en nuestras iglesias. Ese agua con la que nos persignamos está reputada de purificarnos y regenerar nuestro espíritu. Solo cuando hemos hecho el signo de la cruz con el agua bendita estamos en condiciones de penetrar en el Templo; por eso las pilas se sitúan cerca de las entradas del recinto. Pero estamos lejos de apurar el simbolismo de las aguas y de su poder regenerador.

En una de las salas del claustro, antiguamente llamada de "cabrevación", que fuera  refectorio de los pobres mantenidos por la Pía Almoina, la bóveda está cerrada por una clave en la que puede verse a Jesús lavando los pies de sus discípulos. Lejos de ser un tema exclusivamente devoto, evoca contenidos herméticos de singular interés.

Llama la atención las múltiples ocasiones en que el pie es mencionado en los textos evangélicos. La estatua de Nabucodonosor tiene los pies de barro y es por ello inestable. Jacob, en el momento de su nacimiento, agarra el talón de su hermano Esaú, y él, a su vez, resultará derrotado por el ángel que le producirá una cojera tras la noche de combate. Esto sin contar con que en otras mitologías se repite el tema con la misma y misteriosa insistencia. Aquiles resulta herido y muerto en el talón, Buda, al nacer, mide el universo dando siete pasos hacia cada dirección del espacio, mientras a Visnhú le bastan solo tres, uno por cada mundo. Edipo tiene el pie hinchado; Berta, la madre de Carlomagno -cuya efigie gigantesca es paseada por las calles de Barcelona cada Corpus Christi- es llamada la "de los grandes pies"; Hefaisto es cojo. Cristo resulta herido en los pies y en dos ocasiones el tema del lavamiento de pies aparece en el Nuevo Testamento. En el Génesis, Dios condena a la serpiente a ser odiada perpetuamente por la mujer, "esta te aplastará la cabeza y tu le acecharás el calcañar". Esta última referencia establece muy claramente una relación entre la cabeza y los pies; ambos son, en efecto, las partes extremas del cuerpo humano. Cabeza y pie, como Dios y el Mico, el rey y su juglar, están relacionados dialécticamente, uno es la inversión del otro, el reflejo especular del contrario. Los obispos cubren su cabeza con mitras voluntariamente diseñadas con forma de cabeza de pez, siendo que el signo astrológico de Piscis gobierna los pies y, análogamente, en la India se rinde culto al gurú como aquel que "tiene los pies en el loto de mil pétalos", pero ese loto corresponde al Sahasrara chakra, el loto de la cabeza, séptimo y último. Y, finalmente, la doceava clave del tarot, corresponde a El Colgado; en ella aparece una figura humana invertida, la cabeza ocupa el lugar del pie.

Quizás sea el momento de recordar una vieja tradición de nuestra Seo que se remonta a los aciagos días en que la ciudad fue sitiada y vencida por el ejército borbónico. Hasta entonces era de ley que aquellos condenados a la horca, se salvaran de la ejecución en dos situaciones excepcionales: si en el momento de ser sacados del presidio y llevados al patíbulo se cruzaban en su camino una procesión presidida por la Sagrada Forma, bastaba con que el sacerdote colocara ésta sobre la cabeza del reo para que "acogiéndose a lo sagrado", salvase la vida. Pocos días después de la ocupación de Barcelona en 1714, un pelotón de ejecución se cruzó con una procesión, pero de nada valió que el sacerdote realizara el rito de remisión del reo -un militar-, éste fue ejecutado. A raíz del incidente, la impopularidad de Felipe V aumentó vertiginosamente en la villa. La Sagrada Forma se colocaba sobre la cabeza, en el lugar más alejado de los pies y por tanto en el más alejado de la tierra.

También se salvaban de la muerte aquellos reos cuya cuerda se rompía en el momento de ser pendidos. La cuerda rota, que estaba reputada de ser sagrada al haber sido vehículo de una acción milagrosa, era depositada en una argolla colocada en la capilla del claustro situada en la confluencia de las calles del Obispo y de la Piedad. En cualquier caso, los reos salvaban la vida, pero no recuperaban la libertad; hasta su muerte deberían vivir en el interior de la Seo y colaborar en los trabajos de mantenimiento. Solían ser encerrados en una pequeña habitación situada en el claustro encima del portal de San Severo al que se sube por una estrecha escalera situada tras la hoja izquierda de la puerta; en esa estancia existía una cocina y dos habitaciones. Abajo se encontraba la bóveda cuya clave muestra a Cristo lavando los pies de sus discípulos.

En hebreo <<>>, requel (cabeza), contiene <<>>, "manantial", "fuente", "olla". Por esta herida en el pié, Eva "está atraída hacia el desierto de la dualidad". El Génesis sigue con estas palabras del Padre a Eva: "buscarás con ardor a tu marido, y este te dominará". El marido es Adán, derivado del término hebreo "adamah", barro, en definitiva, el mundo corporal. La esclavitud de Eva -y por extensión de todo el género humano- terminará en el momento en que logre aplastar la cabeza de la serpiente, la gran tentadora.

Los pies nos ponen en contacto con la tierra, de ahí deriva su importancia simbólica. Los condenados por ahorcamiento eran colgados del cuello, no tanto para lograr su estrangulación, como por evitar que en el momento de la muerte, su espíritu pasara a los genios de la tierra y regresara al mundo. En nuestras viejas Catedrales los fieles paseaban descalzos por la nave central; en Chartres danzaban tras el obispo siguiendo los contorneos marcados por las líneas del laberinto esculpido en sus losas. Era una forma de lograr que ascendieran a través de los pies, las fuerzas telúricas, consideradas positivas, que emanaban del suelo sagrado de las Catedrales; en Francia se conocía como "wouivre" y en Barcelona, era el "riu de sota" al cual ya hemos aludido. Todo induce a pensar que así como en Chartres la cabeza de la "wouivre", el punto en donde las fuerzas telúricas alcanzaban su máxima intensidad, era justo en el centro del laberinto, en Barcelona, la insistencia de las Catedrales románica y gótica en tener la cripta de Santa Eulalia en el mismo emplazamiento, indica que es allí donde se registró la máxima intensidad de la corriente salvífica. Sobre la vertical del féretro de Santa Eualia se encuentra sucesivamente su clave de bóveda, el altar mayor, la clave de la bóveda mayor y, sobre ésta, en el terrado, la Santa Cruz que da nombre a la catedral. Pero existe el misterio del baptisterio paleo cristiano. [Foto 22.- EL BAPTISTERIO DE LA CATEDRAL, ANTE LA PILA EL BAUTISMO EN EL JORDAN Y EN EL VITRAL -FUERA DE LA FOTO- EL LAVAMIENTO DE PIES]

En la vida de Cristo, el lavamiento de pies se produce en dos situaciones perfectamente diferenciadas y con un simbolismo diverso .  El primer episodio compete a María de Magdala, la pecadora, en el episodio más poético y evocador del Evangelio de Lucas. En la capilla de Santa María Magdalena, situada en la nave izquierda, próxima al crucero, puede verse una efigie de la santa con un recipiente de perfume en su regazo y un ánfora a sus pies. "Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual sabiendo que estaba Jesús a la mesa en casa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento se puso detrás de El, junto a sus pies, llorando y comenzó a bañar con lágrimas sus pies y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el ungüento". María de Magdala es la humanidad misma que busca "metanoia", conversión, ningún amante de carne la ha podido consolar de su sensación de privación de lo divino, como prostituta se ha ofrecido a todos, pero no ha encontrado a su Esposo, el Cristo. María de Magdala se arroja a los pies del Maestro, arrepentida e intentando obrar una inversión de sus energías. De ahí que seque y enjugue los pies del Salvador con sus propios cabellos. Una vez más, la relación cabeza-pies se pone de manifiesto. Esta misma enseñanza está presente en la Catedral de Barcelona. En el baptisterio actual -situado a menos de tres metros del paleocristiano que puede visitarse siguiendo corredores subterráneos que parten del Palacio Real- situado a la izquierda del pórtico principal, está representada la escena del bautismo de Cristo en el Jordán en un retablo y, sobre él, en el vitral, la aparición de Jesús a María Magdalena. Gracias a ellos se opera la metanoia.

Pero ¿qué es exactamente la "metanoia"? Erróneamente se la ha querido traducir como "conversión" y ciertamente tiene algo de esto, si bien está muy lejos del concepto moralista y culpabilizador que generalmente se le da. La "metanoia", la verdadera conversión, implica un cambio radical de conciencia. Y esto supone un llamamiento a la práctica espiritual: la "metanoia" no es una actitud moral, ni una decisión de la conciencia, es la desembocadura de una práctica interior y también de un proceso de laboratorio, a través del cual se obtiene una percepción diferente del Mundo, del Yo y de la Naturaleza y se alcanza la Verdad Hermética. "Cuando Pilato pregunta a Jesús "¿Qué es la Verdad?" la respuesta es un largo silencio". La verdad no puede expresarse con palabras; o se experimenta por sí mismo o jamás se puede conocer; y si se experimenta, ¿cómo unas pobres palabras humanas pueden definir la experiencia de lo Divino?. Esto y no otra cosa es la "metanoia".

El segundo lavamiento de pies tiene un sentido diferente. Se produce en la ceremonia de la Ultima Cena. Ahora es el angélico Juan quien escribe: "...se levantó de la mesa, se quitó los vestidos, y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en la jofaina y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugárselos con la toalla". Quitarse los vestidos tiene el sentido de despojarse del "hombre viejo"; ceñirse la toalla y echar agua en la jofaina implica activar el Santuario del Vientre y llenarlo de flujo crístico; finalmente, el acto de lavar a los discípulos, supone la multiplicación de la fuerza en cuestión que, del santuario del vientre, se propaga a través de la médula espinal. De ahí que el episodio bíblico termine con la rectificación de Simón Pedro, quien después de haberse negado al lavamiento exclama "Señor, entonces no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Estas palabras aluden a las cinco heridas de Cristo -clavos en pies y manos, corona de espinas- que son vivificadas por la sexta, la herida del costado. Es entonces cuando se produce la muerte y la subsiguiente resurrección del compuesto filosofal; cuando Cristo resucita lo hace con un nuevo cuerpo; el "vestido de piel de camello" que ostentara el Bautista en el Jordán, es sustituido por el "Vestido de Gloria", luminoso y resplandeciente, imagen misma de la Naturaleza Renovada y vivificada; así se ha cumplido la palabra bíblica del Bautista cuando exclamó "Es preciso que él -Cristo- crezca y yo mengüe", pues, en efecto, el "hombre viejo" se ha extinguido y en su lugar ha cobrado forma un "hombre nuevo". Es entonces cuando aparece en la superficie del compuesto metálico tantas veces fundido y otras tantas coagulado, la "stella matutina". En ese momento, súbitamente, el adepto entiende, como si él mismo hubiera sido el actor, por qué Cristo o San Raimundo de Peñafort caminaron sobre las Aguas. 

Un viejo refrán barcelonés, hoy olvidado y que hemos rescatado de una recopilación ochocentista de dichos populares, recomienda sabiamente: "A la Seu, si no pots posar la cama, posa-hi el peu". Pero no es una tarea fácil  -"Costa més que de pintar la Seu", dice otro refrán- sino larga y extenuante -"Eixó dura mes que les obres de la Seu"-, el Adepto debe entregarlo todo de sí mismo y quedar desprovisto de cualquier aditamento superfluo y de toda excrecencia del Ego -"La Seu no necessita adorns", sentencia el refranero Catedralicio- es entonces cuando conquistará el Paraíso de la Unidad y podrá decir a sus iguales que él ha coronado la construcción del Templo Interior, sabrá entonces que "Anar a Seu és anar al cel"...   

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

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