Infokrisis.- Existe un pórtico extraño que comunica la catedral con el claustro en cuyos capiteles se encuentra un universo simbólico particularmente rico e irreductible a la teología católica. Se trata de unas columnillas supervivientes de la antigua catedral romática. Su simbolismo es particularmente rico a la luzde la tradición hermética y, seguramente, tras los relieves situados a ambos lados de la Puerta de Sant Iu (San Ivo), los más elocuentes y de mayor contenido simbólico.


El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XVIII
EL PORTICO MISTERICO


Ya hemos aludido a la puerta que comunica el brazo sur del transepto con el claustro. Se ha creído hasta hace poco que esta puerta y sus motivos decorativos, eran restos del pórtico principal de la primitiva Catedral románica; sin embargo, cuando se realizaron las excavaciones en el baptisterio para comprobar la solidez de los fundamentos y garantizar la feliz construcción del cimborrio, se descubrieron los restos del pórtico de la Catedral románica y pudo comprobarse que las medidas no correspondían con las de la puerta situada entre el crucero y el claustro. Hoy se sostiene, sin excesiva convicción, que los relieves fueron labrados por artistas pisanos y traídos a Barcelona en 1327, junto con otras piezas. A nuestros efectos, importa poco si esta puerta y los capiteles de las columnillas proceden de la Catedral románica o bien fueron traídos de Pisa junto a los frisos de la Puerta de San Ivo que, por lo demás, tienen idéntica significación hermética y no son reductibles a la teología y simbólica católica. Por nuestra parte, tenemos la íntima convicción de que durante más de doscientos cincuenta años por esta puerta penetraron los barceloneses en la Catedral construida por Ramón Berenguer "el Viejo" y su amada esposa Almodis. A su derecha, las columnillas del ábaco están coronadas por capiteles corintios floreados que indican la lujuriosa floración de la derecha del Árbol de la Ciencia. A la izquierda de la puerta, por el contrario, el panorama es sensiblemente diferente y nos muestra complejas representaciones simbólicas cuya riqueza explica el porqué la puerta se conservó de una a otra Catedral. 

Estos cinco capiteles indican cuatro momentos distintos y graduales de purificación de la materia prima. En el primero puede verse un águila atacada por dos pavos: la naturaleza ígnea del águila, único animal que puede mirar al sol cara a cara sin cerrar los ojos, contrasta con la realidad del pavo, símbolo de un alma atormentada por el mundo de la dualidad; grosero y pesado, incapaz de remontar el vuelo y sumido en la fealdad más absoluta y en la agresividad inconsecuente, los pavos simbolizan el mundo dual que ahoga el alma, así como los estados menos evolucionados, oscuros y opacos del mundo mineral. Ni un solo animal tiene el Ego tan desarrollado como el pavo, ajeno a su propia fealdad, con sus andares pretenciosos y sus intentos para aparentar ser más de lo que es en realidad, hinchando sus plumas. Ni un solo metal es tan pesado, denso y opaco como el plomo.

El segundo capitel muestra a uno de estos pavos compartiendo secretos con una ondina; símbolo ésta del Mercurio, pasivo, lábil y húmedo, que encuentra su lugar natural bajo las aguas informes y oscuras evocadoras del caos originario. Se trata de dos formas mercuriales -representadas respectivamente por el pavo y la sirena- ligadas a los elementos Tierra y Agua respectivamente, que tienen su equivalente en el ser humano en los huesos y en los humores y secreciones del cuerpo, indudablemente las dos que registran mas y mayores impurezas y escoria mineralizada y que no podían sino trabajar conjuntamente para la perdición de lo humano y la asfixia del Azufre.

El capitel siguiente está ornado con una forma femenina que cobija en su pecho a un hombre desesperado y abatido. Otra mujer, desnuda y seductora, resulta devorada por dos animales de similar naturaleza, sapo y serpiente. El principio activo, masculino y solar, sulfúreo, en definitiva, aparece devorado por el elemento pasivo, lunar, representado por la mujer; en el curso de ese proceso se ha generado el Ego. La notación gráfica de esta etapa es aquella con la que los alquimistas indicaban la Sal, ?, el círculo del caos traspasado por una línea horizontal que indica cese del flujo vital, y una quietud que no es propia de la serenidad olímpica, sino de la muerte y del sueño, resueltos ambos en posición horizontal. El elemento salino o principio pasivo, representado por la mujer en el capitel anterior, es ahora sometido a todo tipo de tensiones. Acechado por un sapo y una serpiente, indica su naturaleza mortal y su sometimiento al mundo de lo dual y contingente. La Sal se ve asaltada por la presión y seducción de aquellos elementos más próximos a su naturaleza, representados aquí por el sapo y la serpiente, alegorías de un espíritu no rectificado, salvaje y ligado al mundo. Pero este espíritu denota ya una cualidad diferente: su color verde, propio de ambos animales, nos dice que hay algo de fuerza y vigor en él; su ataque a las formas femeninas y lunares, habla mucho de la necesidad que tiene el operador de oponerse a la Sal, con la potente arma que supone el mercurio rectificado propio de un espíritu lo suficientemente fuerte como para emerger sobre lo que es puramente arrastrado por la materia. [Foto 33.- SUCESION DE CAPITELES EN EL PORTICO ROMANICO]

Hará falta, pues, la concurrencia del principio superior representado en el capitel siguiente: allí aparece con toda claridad un león devorando al venado. La cualidad ígnea se ha reforzado en relación a la verdosidad anterior; el amarillo solar de las melenas del león nos inducen a pensar que el espíritu ha resultado fortalecido y ahora ya es capaz de oponerse con garantías de éxito a la naturaleza terrestre y vegetativa, extremadamente nerviosa y movediza de nuestro Mercurio, representado por el venado cuyas astas indican relación con el elemento vegetativo y su agilidad, la movilidad que define la naturaleza del metaloide líquido. En la siguiente imagen se ve reforzada y multiplicada esta operación. El león, aparece ahora, alado, devorando a la serpiente. El rey de la tierra, revestido con las alas del águila, rey de las alturas, animales solares por excelencia, termina venciendo a la naturaleza reptante y serpentina que existe en el sujeto. La elevación que indican las alas, hace que a la situación de estagnación y muerte a la que antes hemos aludido, prosiga otra de resurrección y vida nueva, de verticalidad, en definitiva, ?. El águila y el león han domado a la serpiente; el poder de ésta ha quedado neutralizado. El eje de la personalidad se ha desplazado de los dos pavos que eran su primera imagen, a esta última representación. Y es justo en ese momento cuando aparece la figura del basilisco, perífrasis de la piedra filosofal, situado también en nuestro querido pórtico que tanto nos dice con su libro mudo de imágenes.

En efecto, en el capitel dispuesto sobre la jamba de la puerta, puede verse una figura extraña envuelta en densos ropajes, un águila con cabeza humana, dos dragones en oposición y el basilisco. La figura de aspecto indescifrable es la imagen misma de la Ciencia Hermética que se cubre con formas enigmáticas para evitar la penetración del intruso y huye del insensato, una ciencia antigua que se muestra inaccesible al profano. El águila antropomórfica es el símbolo del hermetista una vez alcanzado la maestría; los dos dragones enfrentados evocan la dualidad vencida y derrotada, neutralizada pero no muerta, domeñada, que tan bien ha sido representada en el caduceo de Hermes. En cuanto al basilisco nos dice que el Artista ha coronado sus trabajos de Hércules y su viaje en pos de las Hespérides, hallando la piedra transmutatoria.

Decía la tradición que el Basilisco mataba a quien miraba y el Fisiólogo completa la descripción diciendo que "nace del huevo de un gallo. Cuando el gallo tiene siete años cumplidos, en su vientre crece un huevo. Y Cuando siente este huevo queda maravillado de sí mismo y experimenta la más grande angustia que una bestia puede sentir o sufrir. Cansado, busca un lugar oculto en el estiércol o en una cuadra y rasca con las patas hasta hacer un hoyo para poner en él su huevo. Y cuando el gallo haya hecho su agujero, correrá a él diez veces cada día hasta que se libre de su carga. Y el sapo es de tal naturaleza, que percibe por su olfato el veneno que el gallo lleva en el vientre; lo acecha de modo tal, que el gallo no puede ir a su hoyo sin ser visto. Y en cuanto el gallo se aleja del lugar en que ha de poner su huevo, allí va el sapo para ver si el huevo está puesto. Cuando el huevo está puesto, el sapo lo toma y lo incuba. Y cuando lo ha incubado tanto que está a punto de abrirse, es una bestia que tiene la cabeza, el cuello y el pecho de gallo y el cuerpo por detrás es como el de una serpiente. Y en cuento esta bestia puede, busca un lugar oculto en una vieja sima o en una antigua cisterna y allá permanece sin que nadie pueda verla. Pues es de tal naturaleza, que moriría si el hombre alcanza a verla antes de que ella vea al hombre". Hemos sabido de la existencia de varios basiliscos ornando ermitas en pueblos del Pirineo Catalán; hay uno particularmente hermoso en el tímpano de la Catedral de Jaca y en la de Gerona; se le tiene por guardián de tesoros -como el glifo en otras latitudes- y rey de las serpientes. Todos estos detalles simbólicos indican, no solo su calidad, sino el método de preparación de su nacimiento y los elementos de los que surge. El gallo, con su cresta inmensa y roja, y su hábito de cantar la salida del sol, representa el Azufre metálico y el Alma del individuo, en estado libre y dominante; el huevo que debe poner es el núcleo de toda generación, pero no es sino hasta que el sapo -el principio mercurial y, al mismo tiempo, el espíritu- contribuya también a incubarlo, que verá la luz. La unión del Azufre y del Mercurio, del alma y el espíritu, conforman la naturaleza del nuevo ser que produce la muerte de quien lo mira; por qué quien tiene la capacidad de mirarlo es que lo ha realizado en sí y muere en tanto que "hombre viejo". La alusión a los siete años cumplidos y a las diez visitas del gallo a su huevo, no son sino las distintas soluciones y coagulaciones, necesarias para forzar la unión de los contrarios.

Algunos tratadistas han querido ver en los símbolos narrados en este pórtico, fragmentos de la historia de Job y no es raro que así sea. Job representa la paciencia que debe hacer gala el hermetista para continuar con la misma operación mil veces repetida de disolución y coagulación de su compuesto filosofal. Difícilmente encontraríamos en la Bibia otra imagen más sugestiva para definir las cualidades del hermetista que la de este Job incapaz de inmutarse ante cualquier estímulo que le desviara de su vía. Símbolos ingenuos para una elevada sabiduría.

Incluso hoy se duda del origen de esta puerta y de sus capiteles. Según una teoría, el maestro de obras eliminó la columna central  que sostenía el vano de la puerta de acceso a la antigua catedral románica, redujo la anchura de luz de la puerta, cortó el tímpano como si de una rodaja de queso se tratara y pulió su parte inferior para obtener un nuevo dintel. Por ello el primitivo arco románico perdió su redondez y aparece hoy ligeramente apuntado. Pero, ya sea mediante adaptación del portico de la catedral románica a las dimensiones de la puerta del claustro, o bien cincelado por artistas pisanos en el siglo XIV, éste pórtico, unido a los reieves que embellecen la Puerta de San Ivo, incluyen el mayor número de símbolos y sugerencias  herméticas de la Catedral de Barcelona. Sea cual sea su origen !bienaventurados sean los símbolos labrados en piedra capaces de expresar mediante sus formas aquello que las pobres palabras humanas apenas alcanzarían a entrever!

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

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