Infokrisis.-La segunda parte del Misterio de la Catedral de Barcelona que empieza con este capítulo se titula genéricamente: "Santa Eulalia y los Principios de la Ciencia Hermética" y no es más que una síntesis de estos principios, y una descripción general del proceso hermético realizado en el capítulo específico sobre Santa Eularia. Así como en la primera parte nos hemos centrado en la Catedral extrayendo de ella las enseñanzas herméticas que contiene, en esta segunda parte, partiremos de la tradición hermética para ver reflejados en los muros de la catedral esas mismas enseñanzas.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
EL SIMBOLISMO DEL CAOS Y EL HUEVO COSMICO
Capítulo I
La comprensión del Caos Primordial


Cuando el sincero investigador de las artes herméticas desea penetrar en sus misterios, la primera dificultad estriba en encontrar el modo de situarse en el atrio del templo de la ciencia. Es imposible acceder al trabajo operativo en el Laboratorio sin antes consagrar interminables horas al estudio de los textos clásicos del hermetismo. Solo después de un largo tránsito por la investigación y la meditación, el neófito podrá percibir el punto de partida, a saber, la noción de Caos Primordial.

Tras una memorable transmutación habida el 15 de enero de 1648,  Richthausen fue nombrado "Barón del Caos". Los alquimistas en su laboratorio no pretendían otra cosa que ordenar el Caos, reproduciendo la obra de la Creación, tal como fue descrita en los primeros versículos del Génesis, cuando "la tierra era algo sin forma y vacío; la oscuridad cubría el abismo y sobre las aguas se movía el Espíritu de Dios".

La acción de alzar una Catedral suponía llevar el Orden allí donde antes había solo Caos. Mediante el rito que hemos descrito, el obispo trazaba el Espacio Sagrado que luego el maestro de obras se encargaba de diseñar y que era fundamentalmente distinto al Espacio Profano exterior: mientras en éste seguía reinando el Caos, en el otro, el orden armónico de la construcción trasladaba al fiel que entraba en él, con apertura de corazón y simplicidad de espíritu, a un espacio creado para favorecer su crecimiento interior. El rito "sacralizaba", es decir, convertía en sagrado, y era eficaz en tanto que reproducía un arquetipo (la fundación del Templo de Jerusalén, la fundación de Roma...). Sabiendo lo que es el Caos, el aprendiz inferirá, fácilmente, que Orden precisa y cómo llegar a él.

Según la ley de las analogías, el Caos vive, tanto en el sujeto mineral que el artista toma para sus operaciones, como en su propio interior. Precisamente, la toma de conciencia de tal estado informe y desordenado, es el primer paso para emprender los trabajos.

Fulcanelli, en "Las moradas filosofales", abunda en este supuesto explicando que "los cuatro elementos están encerrados, confusos y desordenados"  y añade que "los antiguos lo compararon al caos de la Creación, donde los elementos y los principios se encontraban confundidos, entremezclados y sin posibilidad de reaccionar unos sobre otros". Este alquimista contemporáneo cita, finalmente, un texto clásico, atribuido a Basilio Valentino, para recordarnos como representó simbólicamente su materia bajo la figura del mundo que contenía en sí los elementos de nuestro globo hermético o microcosmos,  reunidos "sin orden, forma, ritmo, ni medida".

La acepción común de Caos, confusión, desorden, vale también para el hermetismo. La diferencia radica en que éste Caos  que, nos cansaremos de repetir es el "arcano de los arcanos"- está presente en el microcosmos del hermetista al iniciar sus trabajos como lo estuvo en el Cosmos al comienzo de la creación. En su interior se contienen los cuatro elementos (Fuego, Tierra, Agua, Aire), los tres mundos (Divino, Intermedio y Material, el reino del Azufre, el Mercurio y la Sal) y los dos principios (Activo y Pasivo, o si se prefiere, Sol y Luna, Oro y Plata, etc.) que conforman la Unidad. Hortulano anota al respecto: "La piedra surge de una masa confusa que contiene en sí a todos los elementos" y  añade: "...lo mismo que el mundo ha surgido de un caos confuso, la piedra ha surgido también de la misma forma".

La labor hermética, en su primera fase, ha sido llamada también "el arte de la separatoria", pues de separar los distintos elementos que confluyen en este caos, y ordenarlos según una ley de armonía, es de lo que se trata. En esa confusión inicial se encuentra nuestra Materia Prima.

Los maestros albañiles y los canteros que construyeron la Catedral de Barcelona, distinguían tres tipos de piedra: la piedra en bruto, salida de la cantera, que es preciso pulir y transformar en piedra cúbica; en esta clave simbólica, la piedra basta equivale al caos primitivo, mientras que la piedra cúbica simboliza los trabajos de ordenación del caos. Esta, a su vez, contiene en su interior todas las formas que el cantero quiera encontrar en ella con el cincel y el mazo. Si los trabajos llegan a buen término, la resultante será tallada en forma de piedra puntiaguda, en cuyo perfil se une el cuaternario inferior (los cuatro elementos de cada uno de los lados del cuadrilátero) y el triángulo equilátero superior (los tres "mundos", o los tres vehículos de lo humano), cuyo vértice ascendente será acaso la mejor figuración de lo que ya no está condicionado solo por la materia.

Esta tarea de llevar el orden allí donde hasta entonces solo había caos adquiría los rasgos de un ritual sagrado. En las canteras situadas en Montjuich y en las inmediaciones de las obras de la Catedral, si la estatua de cualquier santo o una clave de bóveda se dañaba por un inoportuno y descuidado martillazo, el maestro de obras comprobaba si era posible repararla, y en caso contrario se procedía a enterrarla solemnemente pues se consideraba que a partir de un cierto punto de desbastado y pulido de la piedra, ésta había adquirido algo del alma del operario que la labró; si la obra se echaba a perder, era también una parte del artesano impérito la que moría allí. El Caos que empezaba a dejar de ser Caos, reaparecía entonces de nuevo y era preciso realizar el sacrificio expiatorio implícito en la ceremonia fúnebre.

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