El Misterio de la Catedral de Barcelona. Símbolos del Caos

Publicado: Lunes, 29 de Junio de 2009 11:46 por Ernesto Milá en ESOTERISMO

Infokrisis.- El caos está representado herméticamente por un círculo vacío y el "caos ordenado" por un círculo con un punto central. Todo esto permite considerar a las claves de bóveda de las catedrales como símbolos del equilibrio y del orden y, por tanto, a partir de esta idea, realizamos una primera excursión que se ampliará en los capítulos siguientes sobre el Caos y su simbolismo. Al mismo tiempo se aprovecha, como es la costumbre en esta pequeña obra, para aportar algunos datos curiosos sobre la historia objetiva de la Catedral.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo III
SIMBOLOS DEL CAOS



Lo activo (bóveda y nervaduras) y lo pasivo (contrafuertes, arbotantes y pináculos) no serían nada sin las claves de bóveda. La clave de bóveda equilibra ambos aspectos del Cosmos presentes en la Catedral. Para poder observar la magnificencia de las seis situadas en la nave central de la Seo barcelonesa, es preciso acceder al triforio y adquirir una nueva perspectiva de la Catedral inalcanzable para el fiel que ora desde las losas. Los seis colosos miden dos metros de diámetro y pesan cinco toneladas; policromadas y exquisitamente labradas, su forma circular indica, no Caos, sino Totalidad y perfección. Los motivos representados indican que, dentro del círculo, el Caos se ha transformado en Orden. Las claves de bóveda superan e integran la ruptura del Orden originario que implica la dualidad. En el arte gótico, la Totalidad (el círculo de las claves) contiene a las partes (el mundo de la dualidad) representadas mediante las escenas sagradas policromadas; en el arte románico, se sigue un orden inverso. El Pantocrator, situado en el centro y, por tanto, evocador de Totalidad, está rodeado de la "almendra" trazada el base a una figura geométrica, la "vésica piscis" que surje de la descomposición del círculo en dos partes (la dualidad) que se interseccionan. Siendo el símbolo diferente, su metafísica es idéntica.

El Caos primordial suele representarse en los viejos tratados de Alquimia con la imagen de un círculo vacío. Este círculo, a la vez principio y fin, activo y pasivo, contenedor de todas las cosas y del poder de la generación, se simboliza también por el Ouróboros, la serpiente que se muerde la cola, recurso de origen gnóstico. Junto a estas representaciones se suele añadir la leyenda "Todo en uno" (?? ?o ???). La superioridad del hermetismo en relación a la física se refleja en la anticipación con que hombres que no disponían de mas instrumento de observación que su intuición y su calmada capacidad de observación, enunciaron la teoría de la unidad del universo y del común origen de todas sus partes. Sellaron este conocimiento otorgando al objeto de su observación el nombre de "Universo", vocablo derivado de Uno. El "uno" era la totalidad, y la totalidad se concebía como sagrado y se contemplaba como tal; no en vano, en inglés "wholly" (totalidad) deriva de "holly" (sagrado).

Pero el caos primitivo también ha recibido otros apelativos, todos ellos igualmente ciertos y precisos, pues no en vano, lo que es el "Todo" puede ser llamado de casi todas las formas. Unos lo han llamado "nuestro Saturno": Saturno, dios maléfico por excelencia, astrológicamente está asociado al planeta del mismo nombre y al plomo. Su opacidad hace que se le atribuya el color negro y ello abre la posibilidad a decenas de asociaciones: el  caos es la "gallina negra", también el "Dragón negro", las "rosas  negras", las tinieblas y la noche, poéticamente se ha aludido a él llamándole "sombra cimeria"; pero quizás sea más simple adjetivarlo solo con la palabra "muerte"...

Los maestros de obras medievales reflejaron este conocimiento sagrado del universo en las Catedrales erigidas por obra de su ciencia y por la fe del pueblo. La gran serpiente del Todo se convirtió en el círculo de los gigantescos rosetones que ornaban las fachadas y muchos de ellos contuvieron en su interior el sello de Salomón, signatura complesiva de los cuatro elementos ordenados en el interior del caos. No esperéis ver un gran rosetón en la Catedral de Barcelona; los de Santa María del Mar y de San Cugat del Vallés, nos ofrecen lo que está ausente en la Seo. El rosetón alveolado del pórtico principal es un falso rosetón con forma de estrella hexagonal. Y, a pesar de haber sido diseñado por el "Maestro Carlí" en el siglo XV, no fue construido hasta finales del siglo pasado. Hasta ese momento, nuestra Catedral tenía por fachada un desagradable muro encalado y en el terrado solo existía el tambor del cimborrio, que se detenia en el actual arranque de los ventanales, cubierto por un entramado de madera y tejas. A mediados del XIX, Manuel Girona, rico hacendado e industrial, encargó al arquitecto Oriol Mestres el proyecto de terminación de la Catedral. [Foto 48.- LA CATEDRAL, A PRINCIPIOS DE SIGLO, ANTES DE CONSTRUIRSE LA FACHADA]

Tres años trabajó Mestres en una pequeña oficina situada cerca del triforio. Al cabo de ese tiempo, el arquitecto entregó al prócer dos libros de 1 m. x 0'75 m. encuadernados de manera monumental -no en vano Girona había advertido que no se reparara en gastos- que contenían, cada uno de ellos, 42 hojas con los nuevos planos del conjunto. Todo estaba previsto para empezar las obras cuando estalló la revolución de 1868 y hubo que esperar dos años más, para que se organizara una "Caja de Obras de la Santa Iglesia Catedral" con objeto de recaudar fondos para completar su construcción. En 1883, la gestión de la asociación se había saldado con el más estrepitoso fracaso, hasta el punto de que fue, una vez más, Manuel Girona quien, a sus 66 años, asumió la financiación completa de las obras de la fachada. El 4 de julio de 1887, más de 20 años después de que se manifestara la voluntad decidida de dar a la Catedral una culminación digna, pudieron comenzar las obras con el derribo del muro provisional que databa del siglo XVI. Apenas tres años después, lo esencial de la obra se inauguró el día de Santa Eulalia; los trabajos habían durado dos años y ocho meses "sin haber ocurrido ninguna desgracia", tal como consta en la memoria de las obras. Se aprovecharon unos planos realizados en 1408 por el "maestro Carlí de Ruán", pero no pudo evitarse que el falso rosetón no alcanzara el nivel de perfección que tienen hoy los de San Cugat del Vallés, la Iglesia del Pino o la misma Santa María del Mar. [Foto 49.- EN EL ARRANQUE DE LAS ARCHIVOLTAS, A DERECHA E IZQUIERDA, UN DRAGON Y UN REPTIL DE DOS COLAS ENTRELAZADAS]

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