Infokrisis.- En la segunda parte de esta pequeña obra abordamos la definición de algunos aspectos propios del hermetismo. En realidad, buena parte de la reflexión hermética se realiza en torno a la existencia del "caos" y a la idea de lo que este "caos" representa para el ser humano. Se trata de un concepto que habitualmente los textos herméticos repiten incesantemente, pero del que apenas dan definiciones, ni cuyo concepto acota. Tal es la función que nos planteamos en este capítulo.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo V
CAOS Y ORO FILOSOFICO


En el caos están comprendidos todos los aspectos del cosmos, desordenados y mezclados, entre ellos el oro. Fulcanelli explica: "El oro filosófico, cubierto de  impurezas, rodeado de espesas tinieblas y cubierto de tristeza y duelo, debe ser considerado como la verdadera y única materia prima de la obra, al igual que sucede con el Mercurio, de donde ese oro invisible, miserable y desconocido, ha nacido". A continuación, citando a otros maestros del arte, pasa a recordar los epítetos que lanzan contra la envoltura que rodea al oro filosófico: Valentino le llama estiércol y abomina de él,  otros lo califican de "baba del dragón", "vil y preciosa" al  mismo tiempo. Lo describen como "de color negro y olor cadavérico", "bodrio grasiento y pimentado que recubre su  solución".

En el Caos reside la semilla del oro, tal es la firme convicción que ha animado a los hermetistas de todos los tiempos. Al hablar de la caída de Adán ya hemos referido como el "espíritu de Dios" se fue retirando progresivamente hasta quedar reducido a una chispa en el interior del ser humano, que éste no percibe en condiciones normales y que se ve incapacitado para pasar de la potencia al acto. Tal es el principio activo, inhabilitado por las impurezas que lo bloquean. Este proceso de retracción de la llama divina a su mínima expresión en el microcosmos humano, se repite también en la materia. Algunos minerales, en sus yacimientos, contienen en potencia, la "naturaleza" del oro: es preciso, también, purificarlos. Pero de la misma forma que, no en todo lo que tiene vida animal, late la chispa divina, tampoco en todo mineral está presente la cualidad áurea. Unos minerales, enseñan los alquimistas, están más próximos al oro que otros. Perderíamos el tiempo si intentáramos realizar comparaciones tomando como referencia los números atómicos de los distintos elementos; estos carecen de importancia para la obra hermética y solo han entrado en consideración por investigadores modernos a la búsqueda de una explicación racional y científica para la transmutación metálica; en cambio, las indicaciones de los artífices son relativamente claras y el mismo Fulcanelli las resume "[la estrella de seis  puntas] subraya las propiedades de esta sustancia que el Creador  marcó con su sello".

Pues bien, solamente existe un mineral que, tras ser fundido, se solidifica, sin experimentar el efecto de retracción que es normal para los otros; éste, al enfriarse, rompe su superficie con una figura geométrica perfecta, la estrella de seis puntas. Se trata del bisulfuro de antimonio, también conocido como "régulo [=reyezuelo] de antimonio". Extraído de la mina, el bisulfuro de antimonio, contiene también el "espíritu de vida" anunciada por esta peculiar estrella que aparece en su superficie. Todos los hermetistas que se han referido a ella, lo han hecho comparándola a la estrella de los "Magos de Oriente" que señaló el nacimiento del Niño Dios.

Esa estrella de seis puntas nos mira desde la fachada de la Catedral cuando nos aproximamos a ella por la Plaça Nova. Es el rosetón, en forma de estrella exagonal alveolada. [Foto 54.- EL PLANO DEL MAESTRO CARLI DE ROUAN QUE INCLUIA EL ROSETON EXAGONAL]

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