En su libro de 1946, el americano Burnham ha escrito algunas observaciones esclarecedoras: "(Inglaterra y los Estados Unidos) han desencadenado sus mayores guerras teniendo por objetivo político impedir la unificación de Europa (...). La mayor parte del poder mundial estaba situado sobre el continente europeo; si este poder hubiera sido unificado, habría dominado toda la tierra comprendidos los Estados Unidos e Inglaterra. Estas dos naciones debían pues mantener el poder europeo dividido, equilibrado, a fin de conservar su propia independencia" (100). La necesidad anglo americana de agredir a Europa, constatada retrospectivamente por el lúcido historiador americano, había sido proclamada, en su tiempo, por los corifeos del sionismo. Lundwig, por ejemplo, había anunciado en junio de 1934: "Hitler no quiere la guerra, pero será obligado, no este año sino pronto... La última palabra, como en 1914, la tiene Inglaterra". Y un órgano del judaismo inglés, el "Jewish Chronicle", declaraba el 3 de marzo de 1939: "No daremos paz al mundo (...) la cabeza de la famosa hidra aparecerá en todos los medios diplomáticos y cerrará el paso a todo intento de distensión internacional (...). Nosotros judíos, no dejaremos el mundo en paz, quialquiera que sea el celo que puedan desplegar los hombres de Estado y los ángeles de la paz para obtenerla".

El judaismo tenía buenas razones para expresarse  con tal arrogancia; en Inglaterra, podía contar con un gobierno tan favorable que había dado a un judío, Hore Belisha  (101) el Ministerio de la Guerra. Pero, sobre todo, contaba con la mayor potencia judía del mundo, los Estados Unidos, a la cabeza de los cuales se encontraba un judío rodeado de judíos. Ya en octubre de 1937, en Chicago, Roosevelt (102) había afirmado que Alemania constituía un peligro para el imperialismo americano; su clan había decidido impedir que un gran Estado europeo se formara en torno a Alemania y, al mismo tiempo, a asegurar los mercados del Pacífico. Todo el mundo sabe como terminó esto. La guerra querida por las democracias inglesa y americana, que consiguieron "capturar" para su causa a la Unión Soviética igualmente, engendró una situación política que pareció hecha a imagen y semejanza del sionismo mundial. Las tropas de ocupación americanas y el plan Marshal, aseguraron al sionismo la dominación política, militar y económica sobre el "mundo libre", mientras que el judaismo de Europa oriental colaboró con la URSS para mantener en estado de subordinación a los pueblos del Este Europeo. Pero, mientras que en Occidente imperialismo americano y poder sionista se entendían perfectamente entre ellos y se identificaban cada vez más, las relaciones entre judíos y regímenes comunistas no fueron tan fáciles en la URSS y en los países satélites.

Notas a pie de página:

(100) Hore Belisha había nacido en Marruecos, en Mogador. Su verdadero nombre era Isaac Horeb Elisha.

(101) J. BURNHAM, The strugle for the World.

(102) Giovanni Preziosi publicó en la "Vita Italiana" del 15 de noviembre de 1937 el pedigree de Roosevelt. Las fuentes citadas por Preziosi eran el "Revealer" (Wichita, 15 de octubre de 1937) y las investigaciones del célebre Institut Carnegie de Washington. Perú fue el mismo Roosevelt quien declaró su origen judío, en un discurso referido por el "New York Times" del 14 de marzo de 1935. El verdadero nombre del presidente era, según estas afirmaciones, Rosenvelt.

(c) Por el texto: el autor [se agradecerán datos]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

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