Infokrisis.- En el otoño de 1980, en el domicilio parisino de un conocido evoliano francés, recibimos una copia en papel carbón de una traducción al francés que había realizado de un texto italiano. Las peripecias de aquellos años no nos permitieron abordar la traducción de este texto sino hasta 1985 durante un período de descanso.  El inicio de la era de la informática y los sucesivos cambios de formato hicieron que este texto quedara finalmente almacenado en un disco magneto-óptico que no hemos podido leer hasta hace pocos días al haber instalado en nuestro nuevo equipo informático los drivers de este sistema ya en desuso. Lamentablemente, perdimos el original y no podemos garantizar ni la personalidad del autor ni el título original, si bien estamos persuadidos que el escrito se debe a la pluma de un conocido intelectual tradicionalista italiano y que el libro fue editado en el curso de los años 70 en aquel país. Por supuesto, si el autor, o alguno de nuestros lectores puede aportarnos alguna referencia sobre este texto, inmediatamente lo colocaríamos en el blog.

Si hemos decidido publicarlo es precisamente porque consideramos que este texto tiene un especial interés al abordar un problema que generalmente queda olvidado en todos los autores que han pretendido indagar sobre los matices de las "grandes cuestiones judías", la metafísica del problema que es precisamente el tema que aborda este capítulo I. En lo personal no compartimos algunos de los puntos de vista vertidos por el autor en sucesivos capítulos, pero consideramos que en su conjunto el texto ofrece una visión global del problema y evita reducirse a los altos muros de los textos llamados "conspiranoicos". En la medida en que el autor nos es desconocido, no hemos podido pedirle autorización 

(c) Por el texto original en italiano: el autor [desconocido]

(c) Por la traducción al castellano: Ernest Milà

Prohibida la reproducción de este texto sin autorización.

 

 

I
Metafísica de la cuestión judía


No es posible, a nuestro entender, afrontar seriamente la llamada "cuestión judía", cuando no se ha establecido, previamente, la causa verdadera, metahistórica, que le ha dado origen. De hecho, contrariamente a las aserciones apodícticas de un antisemitismo de coartada y grosero que atribuye la "subversión" a la acción oculta del judaismo, estimamos que es la primera de estas dos realidades  es decir, la subversión, entendida no como proceso histórico (1), sino como espíritu de mentira, como falsificación "satánica" de la Tradición, en suma como Antitradición (2)  el que ha engendrado al segundo, el judaismo destructor.

Una manifestación más inmediata de la subversión ha sido este espíritu antitradicional que, ejerciendo su acción en el terreno de la visión del mundo, de la mentalidad, de la ética, ha fabricado el mundo moderno. Tal obra de desviación ha sobrevenido, evidentemente, a través de fases sucesivas y ha sido producido mediante diversos instrumentos: entre estos instrumentos que figura el judaismo. En el caso de este último, se trata, como ha escrito un autor de origen judío (3) más que de una "tendencia del espíritu, de una constitución psíquica, la cual representa para todo hombre una posibilidad, y que solo en el judaismo histórico ha tenido su realización más grandiosa" (4). Es preciso pues considerar la judaidad como una especie de "idea platónica" (5) que, en tanto que tal, ha precedido a la historia misma del pueblo judío y ha determinado solo algunas fases de su vida.

Pero ¿qué fases? La tradición hebraica se refiere, por sus orígenes, a la gran tradición primordial: de tal filiación, extrae, indudablemente, su legitimidad. En el relato bíblico, de hecho, el primer patriarca hebreo  es decir Abraham  es bendecido por Melquisedec, reconociendo su dependencia. Melquisedec, es la imagen del sacerdote rey que conserva los atributos fundamentales del "Rey del Mundo", "sin padre, ni madre, ni antepasados; y de quien se ignora el principio y el fin" (6). Esto significa que la naturaleza del Melquisedec es "no humana", siendo  al igual que Manú en la tradición hindú, o el "hijo de Ra" en la tradición egipcia, etc...  el arquetipo mismo del hombre, el "Hombre Universal". Abraham recibe pues la investidura espiritual de este "Señor Universal" y la transmite a sus descendientes.

Un símbolo alusivo al Principio y a la función "central" de la verdadera realeza se encuentra, de nuevo, en el mito de Jacob. En la visión que Jacob tiene en Beth El  el lugar donde la tradición hebraica sitúa el "Centro del Mundo"  una escala une el cielo y la tierra (7); estamos ante un símbolo equivalente al del puente, símbolo de la mediación pontifical tradicionalmente referida a la realeza divina. Despertándose del sueño, Jacob consagra la piedra sobre la que ha acostado su cabeza durante la noche: la piedra  una prefiguración del Tabernáculo, en tanto que sede de la Shejinah, es decir de la presencia divina  nos lleva nuevamente hacia la idea de un "centro", entendido como manifestación terrestre del Polo metafísico. Y es también Jacob quien, tras haber luchado durante toda la noche contra un ángel con forma humana, alcanza ser bendecido. Se trata, evidentemente, de una realización de tipo "heroico"; el nombre mismo de "Israel", que Jacob recibe del ángel al término de su lucha, significa "aquel que lucha con Dios" (8). Elementos de este tipo  elementos que revisten incontestablemente "caracteres de pureza y grandeza" (9)  vuelven a aparecer en el personaje de Moisés.

Moisés, que en el mito bíblico asume los rasgos iniciáticos de un "Salvado de las Aguas", es hijo de una princesa egipcia y sacerdote de Osiris, según fuentes egipcias. Por su parte, la Biblia, reconociendo que Moisés fue educado en Egipto, establece una filiación oculta de la religión mosaica a través de la iniciación egipcia ...

Como Sargón, Ciro o Rómulo, Moisés toma los rasgos iniciáticos de un "salvado de las Aguas" en el mito bíblico. Su nombre parece ser "una abreviación de algunas formas más completas de la misma palabra, tal como por ejemplo "Amon mose", es decir, Amon niño, o "Ptah mose", es decir, Ptah niño, nombres que, a su vez, eran abreviaciones de formas más completas: "Amon (ha dado) un niño" o Ptah (ha dado) un niño" (10) ; esto confirma la hipótesis, formulada por algunos, según la cual Moisés no habría sido un judío, sino un egipcio. Según la suposición de Freud, el egipcio Moisés habría vivido bajo la dieciocho dinastía, cuando Amenofis IV intentaba imponer un monoteismo riguroso y cambió él mismo su nombre por el de Ikhnaton, recuperando el nombre de un muy antiguo dios solar de Heliópolis, Aton, nombre que habría dado lugar luego al hebreo Adonai. "Supongamos  escribe Freud  que Moisés haya pertenecido a una noble familia, que haya ocupado una alta situación, que quizás haya sido miembro de la familia real (...). Ciertamente consciente de sus grandes posibilidades, era ambicioso y enérgico, quizás soñaba con convertirse  un día en jefe de su pueblo y dueño de un Imperio. Familiar del Faraón, se mostraba adepto convencido de la nueva fe cuyas ideas dominantes había comprendido y de las que se hubo apropiado. Cuando se produjo la reacción a la muerte del soberano, vió hundirse todas sus esperanzas y deseos. A menos que no abjurase de sus amadas creencias, Egipto no tenía nada que ofrecerse; había perdido su patria. En su angustia, encuentra un curioso expediente. El soñador Ikhnaton había alienado el espíritu de su pueblo y había dejado dividir su imperio. Dotado de una naturaleza enérgica, Moisés concibió el plan de fundar un nuevo imperio al cual daría la religión desdeñada por Egipto (...) Quizás fuera gobernador de esta provincia fronteriza (la tierra de Gessen) donde algunas tribus semíticas se habían establecido, sin duda desde la época de Hyksos. Es a partir de estas tribus que quiso establecer su nuevo pueblo" (11). Independientemente de las ingeniosas suposiciones de Freud, existen diversos testimonios respecto de la pertenencia de Moisés al pueblo egipcio: fuentes egipcias dicen de él que era hijo de una princesa y sacerdote de Osiris, Flavio Josefo nos habla de él (Antigüedades Judías, II, 238 y siguientes) como de un general egipcio que condujo victoriosamente una campaña militar en Etiopía. En la historia bíblica misma, se afirma que Moisés fue educado en Egipto,  de donde puede verse reflejado el reconocimiento de la filiación oculta de la religión mosaica a través de la iniciación egipcia, filiación que un Judío contemporáneo admite en los siguientes términos: "La magia egipcia y babilonia puede ser reconocida aun en las historias de las serpientes transformadas en cayados, de una zarza que ardía pero que no se consumía y de plagas producidas mediante encantamientos" (12). La revelación islámica, finalmente, subordina Moisés a la enigmática figura de Khidr, equivalente de la figura bíblica de Melquisedec: esto, nuevamente, indica que la legitimidad de la tradición judía originaria se sitúa en la dependencia de su legislador de un principio que transciende el judaismo y se une a la Tradición Primordial.

Encontramos una recuperación del espiritu "heroico" en el episodio conocido relativo al sucesor de Moisés  Josué  el cual es, al igual que Mithra, un dominador del Sol.

La época siguiente, que es la de los Legisladores, está caracterizada por la presencia de un Jefe  el Legislador, precisamente  suscitado directamente por Dios. A la vez vidente, guía y salvador, el Legislador dispone en ocasiones, además del poder militar y civil, igualmente de la autoridad religiosa. La monarquía, instituida a pesar de la oposición del último Legislador  Samuel, quien creía percibir en la dignidad real una disminución del derecho divino , culmina en la figura de un Rey sacerdote como Salomon, una figura en la cual encontramos de nuevo las características del Señor de Paz y de Justicia (13). De hecho, el nombre hebreo e Salomon  Shlhomo  significa "el Pacífico", ya que deriva de Salem ("Paz"), denominación simbólica de la residencia de Melkisedec; es así que la edificación del Templo debe ser referida a la función "central" revestida por este Rey. Al cual, no sin razón, fue reconducida en la Edad Media, la tradición del Grial; de hecho, ya el mito de la Reina de Saba hace alusión, en su sentido esotérico, a una lucha victoriosa emprendida por la "Luz del Norte", representada por Salomón, contra las fuerzas inferiores de la Naturaleza (14).

Hasta aquí hemos hablado de los aspectos aparentemente más positivos presentes en el antiguo judaismo. Queda sin embargo ver hasta que unto pueden ser llamados judaicos: en otros términos, se trata de elementos que revelan la existencia de una tradición homogénea o, por el contrario, ¿se trata de "cuerpos extranjeros" procedentes del exterior el judaismo e insertados en el cuerpo de éste?

Se ha hablado ya de los orígenes de Moisés. Se podría decir otro tanto de José, que habría sido un sacerdote egipcio de nombre Iuia, mientras que Salomon parece haber sido un asirio llamado Salmanazar, espiritualmente relacionado con Egipto a través de su iniciación en los misterios de Hathor.

Es igualmente conocido, además, que en la formación del pueblo hebreo intervinieron razas de orígenes muy diversos: amorreos  y cananeos, edomitas y madianitas, quenitas y arameos, amonitas y moabitas, hititas y gebusitas, luego fenicios, filisteos, samaritanos, galileos, amalacitas y otros pueblos más. De hecho, semejantes elementos religiosos y míticos de la antigua civilización hebraica extrajeron su origen de otras iniciaciones. Así, la noción de "pueblo elegido", depurada de la actitud faccional y de las exageraciones judaicas, había sido propia a otros pueblos, como los amalacitas y los iranios; así el tema del Mesías, que durante un cierto tiempo conservó rasgos heroicos, manifestación del Dios de los Ejércitos, no fue otra cosa que una adaptación del motivo iranio del Shaosian, el futuro "Señor Universal" así muchos otros elementos espiritualmente positivos derivan casi ciertamente del mundo religioso de los amorritas, una población de origen probablemente ártico atlántico.

Los orígenes egipcios y asiáticos de algunas figuras de pro de la antigua historia judía, el carácter compuesto del substrato étnico del que Israel extrajo su forma, no menos que las "improntas" venidas de otras culturas, confirman como los hebreos no constituyeron una realidad racialmente homogénea.

Sin embargo, desde el punto de vista de la "raza del espíritu" ocurrió algo muy diferente. En el compuesto judaico puede ser encontradas huellas de diferentes tipos espirituales: del tipo demetríaco lunar al tipo telúrico, del tipo dionisíaco al tipo afrodítico. Es el espíritu lugar, de hecho, que debe ser atribuida la tendencia judaica a instaurar, con la realidad divina, una relación esencialmente sacerdotal, al igual que es típicamente lugar, el carácter dualista de la religiosidad judaica. Y es siempre a cuenta de la componente demetríaco lunar que debe ser inscrita la importancia asumida, en el judaismo, por as ciencias sacerdotales de procedencia caldea (15). Al elemento telúrico debe ser imputada, por el contrario, la propensión, a menudo manifiesta entre los judíos, por un materialismo craso y corpulento, el cual se muestra a través de numerosas ocasiones en la imaginación mitológica de este pueblo. Dionisíaca es la necesidad de "redención" de la carne, dionisíaca la vacilación producida por el éxtasis, dionisíaco el misticismo confuso que servirá de base al profetismo, dionisíaca esta idea de "morir y renacer" que se realizará en la desviación cristiana. Bajo el signo del afroditismo, en fin, se tiene esta predisposición a la sensualidad que contribuye ciertamente a exasperar la antítesis entre "espíritu" y "materia", característica del judaismo y de su subproducto cristiano.

Si la falta al pueblo hebreo la comunidad de orientaciones espirituales y de orígenes étnicos, ¿a que se debe la inigualable unidad del judaismo o, mejor, como se ha formado el tipo bien definido del judío? Esto es lo que responde un judío, James Darmesteter: "El judío ha sido formado, por no decir fabricado, por sus libros y sus ritos. Al igual que Adam ha salido e las manos de Jehová, así el judío ha salido de las manos de sus rabinos" (16).  Esto significa que el tipo judío, comprendido como raza del alma más que del cuerpo, ha sido modelado por la acción formadora de una élite sacerdotal: "una "ley", casi bajo la forma de una violencia, ha buscado mantener unidos a elementos bastante heterogéneos y les ha dado una cierta forma, cosa que, mientras Israel se mantuvo sobre el plano de una civilización de tipo sacerdotal, pareció casi conseguir" (17).

Pero la antigua civilización hebraica no evitó la crisis general que, entre los siglos VIII y VI, se abatió sobre Oriente y Occidente, provocando por todas partes una caida de nivel y la emergencia de elementos inferiores. Este momento universal de crisis coincide, en el caso hebreo, con un período de desgracias civiles y militares: la disolución política hebraica, de hecho, acaece durante una fracción de tiempo que va del 721  año de la desaparición del Reino Septentrional  al 586  fecha de la destrucción del Reino de Juda, el otro Estado surgido del hundimiento de la monarquía salomónica. Es en tal situación cuando se manifiesta el fenómeno del profetismo.

El tipo del profeta (nabi) desde hacía tiempo había ido sustituyéndose al tipo superior, casi olímpico, del vidente (roeh) (18); sin embargo, los profetas eran considerados como posesos por las castas sacerdotales más antiguas: "personajes que, ya sea en virtud de una disposición natural, sea por medios artificiales... alcanzaban tal estado de exaltación que se sentían de alguna manera transformados en otros seres, dominados y transportados por un poder superior a su propia voluntad"  (19). Con el profetismo se desencadena pues una espiritualidad compuesta e informe, un pathos confuso y mistificante, un sentimentalismo pandémico y plebeyo con implicaciones morales y sociales. Todo esto termina por erosionar la autoridad de lo que había de hierático y ritual en la antigua religión, de forma que el Templo y los sacrificios dejaron de ser considerados indispensables, mientras que el rito se veía rebajado al nivel de una simple práctica. Fue así como explotó la intolerancia de las capas inferior del judaismo en relación a todo lo que podía tener, en esta tradición, el mismo espíritu antisentimental, activo, determinado, indicado por nosotros como característica del ritual viril ario primordial y también romano (20). Incluso el ideal guerrero del Mesías sufrió, con el profetismo, una degradación: para los profetas, el Mesías es visto como el símbolo de los deberes de Israel en tanto que Servidor de Dios, antes que como individuo de estirpe regia con antipatías nacionales y ambiciones políticas" (21), por utilizar las palabras decadentes de un judío contemporáneo. En términos más explícitos, el Mesías es concebido, en las divagaciones apocalípticas de los nebiim (los "posesos") como una víctima expiatoria, un consolador de los afligidos, un salvador de los parias; y es así como se pudo reconocer al Mesías en la figura ignominiosa de un demagogo ajusticiado.

A partir de ahora, el síncope de la gran civilización hebraica hubo llegado. El profetismo, y sobre todo su culminación cristiana, habían minado la tradición, sacudido la ortodoxia, debilitado la Ley. La fuerza unificadora que había dado una forma al judaismo dominando y reteniendo a los elementos más caóticos, empezaba a faltar y las diversas componentes se disociaron quedando libre el fermento de descomposición. Desprendido de toda forma, desligado de la tradición y de la Ley, la materia prima heterogénea con la cual había sido modelado el judío se convirtió en una sustancia infecciosa, de donde procedieron fermentos cosmopolitas y desagregadores, mientras que él, el judío, se convirtió den un paria étnico, un bacilo de desintegración racial y nacional. De la componente "desértica" (22) procedió en el judaismo moderno este instinto nomádico que le lleva a inocular en las diferentes culturas el virus del internacionalismo, mientras que la  componente levantina (23) de su carácter le lleva a contaminar y degradar todo valor superior.

Además en el judío de la Diáspora encontramos, en un nivel degradado y secularizado, algunos motivos de la antigua Ley, entre otros la pretensión de ser el "pueblo elegido". Este tema, que en el judaismo antiguo había sido contenido, bien o mal, en el marco orgánico de una tradición, sufrió con la degeneración de la tradición en un tradicionalismo residual, un proceso de materialización, dando lugar a un racismo intransigente y a un resentimiento desmesurado hacia los no judíos. La destrucción del Estado hebreo y, posteriormente, el triunfo de la secta cristiana, contribuyeron incontestablemente a exasperar el antiguo motivo de la elección de Israel y a conferirle un peso anormal: el fin político de los judíos, su dispersión, su condena en tanto que pueblo deicida terminaron por desencadenarse, como una idea de compensación y una especie de revancha, la teoría de Israel como pueblo destinado al mando universal (24).

La voluntad de dominio mundano, producida y justificada por la laicización del tema bíblico de la elección de Israel como "pueblo de Dios", se ligó a un deseo desenfrenado de riqueza material y a una tendencia pronunciada por el comercio; y esto, en parte, tiene relación, sin duda, con la materialización de otro tema tradicional: el del "Reino". El nomadismo desértico del judío hizo que la riqueza  instrumento para la conquista de un "reino" profano y terrestre  fuera concebida como riqueza móvil, sin patria. Esto puede ofrecer una indicación importante para comprender el papel jugado por los judíos de la Diáspora en el desarrollo del capitalismo (25) papel que las obras de Werner Sombart han ilustrado admirablemente (26). Como Sombart, Karl Marx  el judío Mordecai  vió también con claridad la conexión entre el judaismo profano y la ética mercantil. Escribió: "El Dios de los judíos secularizándose se ha convertido en el dios mundial. El cambio, tal es el verdadero Dios del judío. Su Dios no es más que un tráfico ilusorio" (27). Y añade: "La quimérica nacionalidad del judío es la nacionalidad del comerciante, del hombre de plata" (28). "El jesuitismo judío, el mismo jesuitismo práctico del que Bauer demuestra su existencia en el Talmud, es la relación del mundo del egoísmo con las leyes que dominan este mundo y que este mundo pone su habilidad principal en volver diestramente" (29). "¿Cuál es el fondo profano del judaismo? La necesidad práctica, la utilidad personal. ¿Cuál es el culto profano del judío? El tráfico. ¿Cuál es su Dios profano? El dinero" (30); etc... Esta ética mercantil asumida por el judío de la Diáspora alcanzó su cúspide más elevada en la práctica de la usura. A nivel doctrinal, incluso este fenómeno extrae su legitimidad de la enseñanza talmúdica (31).  El Talmud, de hecho, mientras que prohíbe a los judíos prestar con interés a otros judíos, recomienda practicarla en relación al goi: "Está prohibido prestar a los no judíos sin usura" (Sanhedrin, f. 76, c.2). Y cuando incluso algunos comentadores del Talmud estimaron que la usura debía ser justificada por un estado de necesidad (32), en general extraer interés del dinero prestado al goim fue considerado como un "mandamiento" (33). Entre las razones de tal mandamiento, la última no fue el miedo que un préstamo gratuito hiciera nacer relaciones de amistad entre el judío y el no judío.

El judío estaba pues bastante bien predispuesto a convertirse en usurero; pero fueron los cristianos quienes crearon las condiciones que volvieron posible la manifestación de tal predisposición. La teoría cristiana, de hecho, es conocida, según la cual el usurero judío entre en el plano providencial; asumiendo el monopolio de la usura, el judío  ya maldito y condenado  tiene a los cristianos alejados de esta actividad culpable y en consecuencia, colabora, aunque involuntariamente, a la salvación de sus almas.

Etica mercantil, mamonismo, usura, tales son algunos rasgos de la historia judía a través de los cuales se manifiesta la judaidad, la "idea platónica" de la que hablábamos al principio. Al igual que un alma da vida a un cuerpo, así mismo la judaidad anima al cuerpo sin forma del judaismo desposeído convirtiéndola en un instrumento de acción antitradicional. La judaidad fue ciertamente presentada en el judaismo de forma "qauintaesenciada"; pero hay que precisar que  precisamente porque se trata de una "tendencia del espíritu", de una posibilidad oculta para todo hombre y para todo pueblo' la judaidad no ha sido una particularidad solo de los judíos, al igual que es preciso recordar que todos los judíos, tras la secularización del judaismo, no fueron víctimas de la judaidad.

Que la judaidad no haya sido monopolio exclusivo de los judíos, era ya precisado por el joven Marx: "El judío se ha emancipado... en la medida en que, gracias a él, por el dinero se ha convertido en una potencia mundial, y el espíritu práctico de los judíos (se ha transformado) en espíritu práctico de los pueblos cristianos. Los judíos se han emancipado en la medida misma en que los cristianos se han vuelto judíos" (34). El judío fue pues el más típico, más poderoso, mas virulento vehículo de la judaidad; de forma que esta categoría designa, ya en el tiempo de Marx, pero antes también, a un tipo humano que comprende judíos y judaizados. Pero, frente a la masa de los judíos honoris causa ¿qué significado y que incidencia pueden derivar de los hebreos, de los judíos originis causa? Como máximo el significado restringido que se puede atribuir a estos últimos de poseer, ellos mismos, el "prestigio" de los corruptores, o, si se prefiere, de los precursores.

Pero esto no ocurre solo en la mercantilización de la existencia, no solo en la visión burguesa, práctica, materialista del mundo que se manifiesta mediante la judaidad; está también expresada a través de un tipo particular de inteligencia, una inteligencia analítica y destructora, tendida hacia la desintegración espiritual y ética, el hundimiento de los valores tradicionales y de todo lo que se refiere al aspecto superior de la persona humana. La acción de la inteligencia judaica procede paralelamente al ejercicio de la Schadenfreude, la característica del alma levantina que consiste en el "placer de envilecer, manchar, sensualizar, abrir las puertas a la parte "subterránea" del alma humana, para que se desencadena y se satisfaga" (35). Tal es la vía seguida por la inteligencia judaica para revelarse como factor de fermento subversivo tendente a corroer todo lo que, para el no judío, revestía el valor de "ideal". En la cultura, en el arte, en la ciencia, en la literatura, esta inteligencia ha actuado en la dirección indicada inspirando un sentimiento de desorientación espiritual y favoreciendo el abandono de la persona humana a la influencia de fuerzas más bajas (36).

Como la ética mercantil, este tipo específico de inteligencia igualmente es un aspecto de esta tendencia del espíritu que, por el nombre de sus principales agentes humanos, hemos llamado judaidad. Pero, al igual que la ética mercantil no es una particularidad exclusiva de los judíos, así mismo la inteligencia judaica no es un atributo exclusivo de los judíos. El judío Schlam reconoce esta realidad cuando juzga como "típicamente judía" la inteligencia de algunos escritores europeos como Malraux, Sartre, Camus, Celine, Aldous Huxley, Robert Musil, Bertol Brecht, Gottfried Benn (37). Una vez más, en consecuencia, es necesario subrayar como la "cuestión judía" debe ser planteada no sobre el plano de los individuos, sino sobre el de los principios; es solo partiendo de estos últimos como será posible, de hecho, llegar a la definición de realidades de orden subordinado. En otros términos: el punto de partida a establecer no es la esencia del judío histórico, sino la esencia  suprahistórica de la judaidad, la cual, tal como hemos visto, se refleja, de forma mayor y más evidente, en el judío, pero ha alcanzado  sirviéndose amenudo, pero no siempre, del vehículo judaico como medio de infección  al hombre europeo y, da la casi total europeización del mundo, al hombre no judío en general. Para confirmar estas tesis podrán servir algunas breves reflexiones sobre un fenómeno que está en estrecha relación con el tipo de inteligencia que hemos llamado, analógicamente, judaica. Estamos aludiendo al fenómeno del racionalismo. Este, según algunos, constituiría la plasmación típica de una religión donde la relación entre hombre y Dios estaba concebida sobre la base del cálculo y en términos de ganancia y pérdida. El germen racionalista inherente a la religión hebraica se habría desarrollado en un proceso anticualitativo, mecanicista, despersonalizante que culmina en el iluminismo y el racionalismo moderno. Típicamente judaico sería pues la pretensión iluminista y racionalista de calcularlo todo y ajustarlo a la razón humana, hasta construir, siempre sobre la base de este cálculo racional, esquemas de civilización indistintamente válidos para todo pueblo, en todo tiempo y lugar. Un corolario del racionalismo, evidentemente, es la destrucción de las diversas tradiciones, razas, religiones, que deberían ser sustituidas por una única "religión natural" que la ideología enciclopedista y la masonería profana han proclamado.

Indudablemente, este objetivo y esta mentalidad tienen características  y es lo menos que puede decirse  análogas a las del cosmopolitismo judaico. Pero ¿hasta qué punto es legítimo afirmar que el racionalismo y el cálculo son una característica de los judíos exclusivamente? Aquel que quiera estimar que estos fenómenos son exclusivamente judaicos, escribe Evola, "estaríamos obligado a pensar que las primeras convulsiones antitradicionales, críticas, anti religiosas y "cientifistas" de la antigua civilización griega han sido favorecidas o entabladas por judíos; que Sócrates fue judío y judíos no solo los nominalistas medievales, sino también un Déscartes, un Galileo, un Bacon, y así sucesivamente. De hecho, si quisiéramos caracterizan analógicamente como "semítica" o "judaica" la actitud que coloca la medida y el cálculo orientado hacia el dominio de la materia como ideal, en lugar de la contemplación y de la consideración de todo lo que, en las cosas, en cualitativo e irreductible a números y leyes matemáticas inanimadas, deberíamos llamar "semita" a todo el materialismo cientifista y todo el método experimental, que han dado al mundo moderno la técnica y la industria misma? Aunque la pasión por el número sin vida y por la razón abstracta sea característica de los semitas, y aunque el judío, por todas partes y siempre, haya sido pintado como aquel que cuenta y calcula, parece sin embargo claro que, en este terreno, no se puede hablar de un espíritu judaico desintegrador a través del racionalismo y el cálculo, hasta un mundo hecho de máquinas, cosas y dinero, más que de personas, tradiciones, patrias, más que usando este término "judaico" en un sentido analógico, e incluso sin una referencia obligatoria a la raza... En el proceso concreto del desarrollo de la civilización moderna, el judío puede ser considerado como una fuerza operando de concierto con otras para la construcción de la decadencia "civilizada", racionalista, cientifista y mecanicista moderna, pero no como la única causa clarividente" (38).

Una vez más, pues, en el examen de las fuerzas que han fabricado el mundo moderno, la perspectiva debe superar los límites del judaismo. Debe superarlos por así decirlo, "verticalmente", reconociendo en la judaidad la causa más inmediata del judaismo; debe superarlos "horizontalmente", descubriendo las fuerzas que han actuado en la misma dirección que el judaismo y considerando, a un nivel más elevado, las tendencias que han operado en un sentido paralelo al de la judaidad. Se trata, en suma, de identificar un conjunto de influencias y factores que, aunque hayan contribuido a producir el mundo moderno, no pueden absolutamente ser cargados en la cuenta de los judíos. Otro punto a clarificar este el ya mencionado, a saber, que todos los judíos no son víctimas de la judaidad.

La desviación secular sufrida por el judaismo no pudo, de hecho, implicar a los maestros del a Kabbala, depositarios de una doctrina esotérica que, aun pareciendo, desde cierto punto de vista, propiamente religiosa, es sin embargo de naturaleza metafísica y constituye "la rama judaica de la sabiduría deifiante; la misma sabiduría que está en la base de todas las vías ortodoxas conducentes al conocimiento puro e integral" (39). Como toda tradición, pues, la Kabbala tiene orígenes no humanos y procede de la Tradición primordial misma, uniendo el pasado y el porvenir  la sapiencia de Adam a la del Mesías  por medio de una "cadena tradicional" (shalsheleth hakabbalah) que parece haber permanecido intacta hasta nuestros días.

NOTAS A PIE DE PAGINA

     (1) El proceso histórico se plantea solo como condición de manifestación de la subversión.

     (2) El misterio del origen de la Antitradición coincide con el misterio de la decadencia, el cual, precisamente por que se trata de un misterio, es incomprensible. Sus límites, por el contrario, nos parecen bastante claros y neo creemos equivocarnos definiéndolos de la siguiente forma: si el mundo originario de la Tradición excluyó de su seno toda contradicción y todo dualismo, ¿de dónde surgió la Antitradición?, o si se prefiere ¿como se inicia la decadencia en el mundo de la Tradición? Dado que no hay causas más que las que son exteriores, la decadencia puede ser concebida según la fórmula propuesta por Evola, como el fruto de una "decisión metafísica" (Gerarchia y democrazia, ed. di Ar, Padua, 1970, pág. 19)? El misterio, sin embargo, permanece.

     (3) O. WEININGER, Sesso e carattere, Roma 1956; pág. 417.

     (4) Op. cit.; pág. 415.

     (5) Op. cit.; pág. 417.

     (6) Epístola a los Hebreos, 7,3.

     (7) El símbolo de la escalera fue llevado a Occidente por el mithraismo, pero su origen parece caldeo. De hecho, Abraham era originario de Ur de los caldeos.

     (8) Evola fue impulsado a ver en esto "una aparición casi luciferina" (Rivolta contro il mondo moderno), Roma, 1972.

     (9) J. EVOLA, Tre aspetti del problema ebraico, Roma, 1936, pág. 21.

     (10) J.M. BREASTED, The Dawn of Conscience, London, 1934, pág. 350.

     (11) S. FREUD, Der Mann Moses und die monotheistische Religion; trad. española, Escritos sobre la cuestión judía, Alianza Editorial, 1969. Pág.  9 y 38 39.

     (12) "La magia egipcia y babilonia puede aun ser reconocida en el relato de las serpientes transformadas en callados, la zarza que ardía pero no se consumía y las plagas producidas por encantamiento" (A. EBAN, Storia del popolo ebraico, Roma, 1936; pág. 21). Así pues un judío contemporáneo admite la filiación que hemos expuesto.

     (13) El simbolismo del hombre Universal está implícito en el sello de Salomón, donde el triángulo superior y el triángulo inferior representan, respectivamente, la naturaleza divina y la naturaleza humana.

     (14) Cfr. G. VENTURA, Considerazioni storico tradizionali sul mito della Regina di Saba, supl. al n 4 de "Vie della Tradizione".

     (15) "Un residuo de esta componente del espíritu semita, secularizado e intelectualizado actuará entre los judíos mismos de épocas recientes: de un Maimónides y de un Spinoza hasta los matemáticos judíos modernos (por ejemplo Einstein, y en Italia Levi Civita y Enriques), encontramos una pasión característica por el pensamiento abstracto y por la ley natural dada bajo la forma de números sin vida. Y esto, en el fondo, puede ser considerado como la mejor parte de la antigua herencia semiótica" (J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit., pág. 19). Cfr. además, sobre el mismo problema, el ensayo de J. EVOLA, Die Juden und die Mathematik, Berlín, 1940.

     (16) Cit. en: J. EVOLA, Il mito del sangue, Milán, 1942m, pág. 219.

     (17) J. EVOLA, Sintesi di dottina della razza, Milán 1941, pág. 173.

     (18) De tal sustitución se habla en I Samuel, IX, 9: "Aquel que hoy se llama nabi, en una época se llamaba rôeh".

     (19) J. REVILLE, Le prophetisme hébreux, París, 1906, pág. 5.

     (20) J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit., pág. 21.

     (21) I. EPSTEIN, Il giudaismo, Milán 1967; pág 54.

     (22) "La "raza desértica" u "orientaloide" es, en la tipología propuesta por L.F. Clauss, la raza del "hombre de la revelación". Esta raza coincide con el estilo de vida del nómada, donde reina lo imprevisible, la instantaneidad, lo que se manifiesta en una revelación súbita apropiándose del ser entero y que es aceptada para todo el ser... El símbolo del viento, que sopla donde quiere y no sabe donde va ni por donde erra, resume el sentido último de su vida" (J. EVOLA, Il mito del sangue, op. cit., pág. 150). [NdA]
    En su obra maestra El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, René Guenon ha consagrado un capítulo fundamental al sedentarismo y al nomadismo. A propósito de algunas corrientes del judaismo moderno, ha hablado de "nomadismo desviado". Expresión particularmente justa si se piensa en el fenómeno contemporáneo del "hippismo" y de los viajes a Katmandú o al Tíbet, que son otras tantas parodias casi satánicas de la peregrinación tradicional, y cuando se sabe que este fenómeno nació en California, tierra donde pululan las sectas de la contra iniciación, y ha sido suscitado por toda una pléyade de escritores y poetas decadentes, casi todos ellos judíos, empezando por Allen Ginsberg, el más conocido.

     (23) La raza levantina, siempre según la tipología de Clauss, es la de la "redención". El tipo humano que se expresa en ella está caracterizado por una incurable escisión interna: "de una parte, cultiva ideas espirituales, normas religiosas, de otra sitúa la carne como lo no sagrado, el enemigo del espíritu y la fuente del pecado. La carne debe ser superada, tal es el sentido de su vida. Pero la carne resiste y mantiene en ella su propia fuerza amenazadora, tanto más potente cuando es combatida por el espíritu. De aquí deriva una oscilación continua, una tortuosidad interior que tiene dos desembocaduras: una es la salida ascética, el sacerdote o el santo como tipo "rescatado" de la carne tras una penosa mortificación de ésta; la otra es la propia al tipo que, precisamente porque el aguijón de la redención lo ha asaeteado vanamente durante toda su vida, se precipita desesperadamente en la materia, se abandona a un deseo ilimitado hacia la materia y hacia el poder material. Estos se sienten esclavos de la carne y, por ello, no quieren sino esclavos en torno suyo. Dominan por el odio y transforman toda su vida en una venganza contra toda criatura que ven vivir con sinceridad y espontaneidad. Todos los valores propios a su tipo de invierten entonces prácticamente en sus opuestos: en lugar de mortificación se tiene una desconsagración, en lugar del tipo rescatado de la carne, se tiene un culto a la carne, en lugar de espiritualización de la carne se tiene materialización del espíritu. Mientras que le primera solución  la solución ascética  da lugar al ideal cristiano, la segunda caracteriza el espíritu y el tipo judaicos" (J. EVOLA, Il mito del sangue, cit.; pág. 150 1).

     (24) A fin de ilustrar brevemente el desarrollo tomado por el tema del "pueblo elegido" tras la Diáspora, referiremos algunos cortos fragmentos talmúdicos: "y es el Talmed quien ha formado las doctrinas religiosas y morales del judaismo actual" (I. EPSTEIN, Op. cit.; pág. 113).
    "El no judío es homicida, ser inmundo, presa de la bestialidad y otras horribles infamias, tal que solo verlo contamina" (Trat. Beba Metsia, fol. 114, Amsterdam 1645).
    "Que los apóstatas pierdan toda esperanza, que los nazareos y los minim (es decir, los cristianos, NdT) perezcan súbitamente, que sean arrasados del libro de la vida y no se cuenten entre los justos" (Shemoné Esré)
    "El judío que mata a un goi efrece a Dios un sacrificio agradable" (Sepher Or Israel, 177b).
    "Considerad a los goim como bestias y animales feroces y tratadlos como tales. Colocad vuestra inteligencia y vuestro celo en destruirlos" (Tomo 3, libro 2, cap. 4, art.5).
    "En fin, proclamad algo lícito hacer uso del fraude, de la mentira y del perjurio, desde el momento en que se trate de hacer condenar en justicia a un no judío" (Baba Kama, 113b). "A ninguna solemnidad deberá impedir al judío degollar a un goi" (Pesachim, 49b).
    Otras citas del mismo tipo son referidas en el ensayo de J. EVOLA, L'authenticité des Protocoles prouvée par la tradition juive.

     (25) El economista David Ricardo, el apóstol del capitalismo, conocido por sus estudios monetarios  y bancarios, era judío. Esto puede ser visto como un hecho emblemático, en relación al papel del que se habla.
    Sombart ha sido acusado de basarse sobre un postulado antropológico consistente en atribuir a los judíos propiedades raciales naturales. Es interesante notar que la tesis de Sombart ha sido confirmada precisamente por un judío, Bentwich, el cual admite explícitamente que se debe reconocer, en el caso de los judíos, una "inclinación natural al comercio, que da progresivamente un carácter particular al desarrollo económico del pueblo judío" (N. BENTWICH, Gli Ebrei nel nostro tempo, Florencia, 1963).

     (26) K. MARX, La question juive, París 1968, pág. 52.-53

     (27) Ibidem.

     (28) Op. cit., pág. 49. También: en la Sagrada Familia Marx habla de un "mundo moderno que es judío hasta lo más profundo de su corazón" (trad. it. Roma 1967), mientras que en las Tesis sobre Feuerbach la praxis burguesa es definida como "schmutzig jüdish", es decir, "sórdidamente judía" (trad. it. Roma 1950). En El Capital se lee: "el capitalismo sabe que todas las mercancías (...) son dinero; son judíos interiormente circuncisos" (trad. it. Roma 1964, vol. I, cap. 4) y así sucesivamente.

     (29) A decir verdad, el mandamiento relativo a la usura se encontraba ya en el Deuteronomio: "Al extranjero le prestarás con interés, pero a tu hermano no prestarás con interés, a fin de que Yavhé tu Dios, te bendiga en toda empresa de tu mano, sobre la tierra donde vas a entrar para poseerla" (XXIII, 21).

     (30) Los mismos comentaristas establecen sin embargo que los doctrores de la Ley pueden practicar la usura en toda ocasión (Baba Metsia, 73a; cfr. también Choul'han Aroukh, Yoreh Deah, 159). Hasta tal punto que el rabino de Barcelona, Solomón Ben Adreth (1235 1310), observa irónicamente que los judíos de su generación se consideraban todos doctores de la Ley (cfr. J. ROSENTHAL, Ribbith min ha nokhri, en Ialpiyyoth, V, 1952, pág. 488). El estado de necesidad al cual se hace alusión, por otra parte, no era concebido ciertamente como un límite a la rapacidad judaica respecto a los gentiles; se trataba por el contrario de impedir que los judíos, "una vez adquirido el hábito, puedan pasar de la usura en general a la usura entre hermanos" (L. POLIAKOV, I bancheri ebrei a la Santa Sede dal XIII al XVII secolo, Roma, 1974, pág. 28).

     (31) Entre los principales defensores de este punto de vista, figura el mismo Maimónides.

     (32) Op. cit.; pág. 50 (subrayado por nosotros). Muchos judíos han intentado explicar el "antisemitismo" de Marx. A nuestro entender el límite de lo grotesco lo marca el psicoanalista Arnoldi Künzli que, en su obra Karl Marx, eine Psychographie (Zürich 1966), interpreta tal actitud a la luz de uná masoquista y típica jüdischer Selbsthass ("odio judío a sí mismo"). Una explicación análoga ha sido formulada por Poliakov: "En la alquimia de la pasión antisemita, la imaginación (...) o la realidad (ser judío de nacimiento y no querer serlo, como en el caso de Marx) pueden llevar a precipitados parecideos. Pero, en el segundo caso, la reacción quizás aun más explosiva, porque la realidad viene en ayuda de la imaginación. He aquí entonces estímulos y tensiones suplementarias: sobre todo a los conversos, interesa demostrar a los otros que no son judíos (...). La simulación es vana; los golpes son encajados por quien los da, víctima y verdugo cohabitan bajo una misma piel" (L. POLIAKOV, Storia dell'antisemitismo, Florencia, 1975, vol. III, pág. 488 489).

     (33) J. EVOLA, Il mito del sangue, cit.; pág. 233. Es interesante recordar que esta característica no se ejerce solo en el terreno intelectual, sino también en la acción concreta, si hemos de juzgar lo que refiere el nº 61 de France Palestine: "Interrogado por Ivan Levai en Radio Europe I el 5 de julio pasado, el embajador de Israel Mordechai Gazit, respondió a propósito de la operación de comando que su gobierno había desencadenado en Kampala, que se trataba no solo de liberar a los secuestrados (...) sino igualmente que su gobierno había actuado por "schadenfreude". El diplomático israelita no pudo encontrar más que en alemán el término exacto para precisar su pensamiento: "schadenfreude" significa "placer de hacer mal" o "deseo de molestar". Podemos imaginar el deleite de los sionistas y de sus amigos después del raid de Entebbe" (NdT).

     (34) He aquí la apología de la inteligencia judía, tal como está hecha por un judío: "¿Qué es pues la inteligencia judía y cómo es? Es aguda, penetrante, vulnerable, vivaz, analítica, inquieta, reveladora, irónica. Busca siempre lanzar una ojeada "tras las cosas", sin jamás contestarse con un sistema metafísico de circuito cerrado. El concepto de "placer paradisíaco" la hace no sentirse descontento; no sabe que hacer con la convicción de que éste sea el mejor de los mundos. Germina y florece preferentemente en la zona estrecha y atormentada entre amor y dolor, reacciona a no importa qué provocación, alza los hombros ante el "olímpico", analiza los sueños incluso durante el sueño, se inquieta frente a la "indolencia", vibra en la tranquilidad. Su hambre es insaciable, y contra más bebe, más sed tiene" (W.S. SCHLAMM, Chi è ebreo?, Milán 1964, pag. 30). Y  añade"..."agitación judía" o "talento judío". Pero, en el fondo, se tratasiempre de lo mismo: una inigualable intensidad de la intelilgencia, un sentido vivo de los matices, una sensibilidad particular" (Op. cit.; pág. 26).
    He aquí, por el contrario, como otro judío critica la inteligencia judaica: "(Los judíos) no son críticos, sino censores, no escépticos como un Déscartes, no espíritus dotados para extraer de la mayor desconfianza una perfecta certitud; son irónicos absolutos como  y no es una casualidad si no puede citar aquí más que a un judío  como Henri Heine" (O. WEININGER, Op.cit.) Se notará que detractores y apologetas concuerdan en las definiciones de la inteligencia judía y en los contenidos que atribuyen a este concepto.
    Referiremos, finalmente, el fragmento del Gog de Papinmi, de donde extraeremos algunas frases significativas que el autor coloca en boca del judío Benrubi: "Para no ser exterminados (los judíos, NdT) debieron
también invertar defensas. Tuvieron dos: el dinero y la inteligencia... Estas pasaron a ser de útiles de protección, a instrumentos de venganza. Más potente que el oro, para mí, fue la inteligencia. ¿De qué manera el judío oprimido y segregado pudo vengarse de sus enemigos? Por el hecho de rebajar, envilecer, desenmascarar y disolver los ideales de los goim. Destruyendo los valores en los cuales debió vivir la cristiandad... Y, de hecho, si observáis bien la inteligencia judía de un siglo a otro, no ha hecho nada más que socavar y barrenar vuestras queridas creencias, las columnas que sostenían el edificio de vuestro pensamiento. Desde el instante en que los judíos han podido escribir libremente, todos vuestros andamiajes espirituales amenazan con caer".

     (35) En lo que concierne a la afirmación de Schlamm sobre la judaidad de la inteligencia de Benn o de Celine, estimamos que se impone una nota. en el caso de Benn, sabemos lo que ha conducido a Schlam a contar a este poeta entre los intelectuales judaizados o judaizantes. ¿Es quizás el "terrorismo" que caracteriza la primera producción de Benn? Si fuera así, podríamos replicar que el nihilismo del joven Benn, su cinismo, su ferocidad misma de descuartizador de cadáveres constituían un ataque, una provocación, no contra una cultura tradicional, sino contra el mundo burgués y decadente contra el cual se había encarnizado un Nietzsche. En nuestra opinión, en suma, la inteligencia del joven Benn no tiene nada de judaica, por el contrario, es un signo positivo porque, precisamente, en su agresividad antiburguesa, representa la negación de la negación.
    En cuanto a Celine, según Schlamm, se habría convertido en antisemita despiadado por casualidad; en realidad, afirma el periodista judío, Celine "ha sido un espíritu rebelde eternamente a la defensiva, al igual que el judío Franz Kafka" (Op. cit.; pág. 30). Sin embargo, establecer una ecuación entre inteligencia judaica e inteligencia de la displaced person, es decir del excluido, del perseguido, nos parece excesivo. Además, lo que salta inmediatamente a los ojos de los críticos literarios es el "tono de cinismo ingenuo" (M. RAGO, Celine, Florencia 1973) que caracteriza las obras "antisemitas" de Celine. Pero ¿la ingenuidad no es una cualidad exactamente opuesta a las huellas de la inteligencia judaica?

     (36) Por ejempolo H. WOLF, el autor de Angewandte Rassenjunde y Welgeschichte der Revolutionen.

     (37) J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit., pág. 41 42.

     (38) L. SCHAYA, The universal meaning of the Kabbalah, Baltimore, 1973.

     (39) Reproducimos el fragmento donde Cicerón se refiere a los judíos: "Ahora existe la acusación relativa al secuestro del oro judío... Es a causa de esta ocasión, oh Lelio, que has elegido este lugar (el tribunal aureliano, donde se desarrollaban las asambleas de los judíos [NdT]) y la masa de judíos que nos rodea. Tu sabes bien lo grande que es su influencia, su solidaridad entre ellos, y como está extendido su poder en nuestras reuniones. Hablaré bajo, para que solo los jueces puedan oirme. Tu sabes bien que no faltan personas que excitan a estos judíos contra mí y no quiero dar pretextos a su maledicencia. Era habitual, cada año, transportar de Aria y de las provincias de Jerusalén el oro recogido por los judíos; un edicto de Flaco prohibió esta exportación a los judíos de Asia. ¿Quién no loará tal medida? El Senado, por rigurosos decretos, antes y después de mi consulado, ha prohibido el transporte del oro: ha sido muy sabio interrumpir una superstición bárbara, el desafío, lanzado por el bien del Estado, a esta multitud de judíos que amenudo agitan en nuestras asambleas, ha sido un gesto de firmeza fundamental... Cada ciudad, oh Lelio, tiene su propia religión: nosotros la nuestra y Jerusalén la suya. Cuando los judíos estaban en paz con nosotros y Jerusalén prosperaba, considerábamos sus ceremonias y sacrificios indignos de la majestad del Imperio, del esplendor de nuestro nombre y de las instituciones de nuestros ancestros. Lo son aun hoy, cuando esta raza, declarándonos la guerra, ha manifestado cuál era el espíritu que la animaba en relación al Estado; y los Dioses inmortales, permitiendo que fuera vencida y hecha tributaria, han mostrado cual es el caso que es preciso hacer de ella" (Pro Flaco, XXVIII).

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