Artilugio maldito:verdad y leyenda sobre el cinturón de castidad

Publicado: Martes, 14 de Abril de 2009 16:44 por Ernesto Milá en VARIOS

Infokrisis.- Artículo escrito y publicado en 2000 en la revista Nuevos Horizontes y reproducido de nuevo dos años después en las pruebas que realizamos para una editorial malagueña que intentaba lanzar una revista de crónica negra parecida a El Caso, o a las extranjeras Ici pólice o la italiana Giallo. El encargo que recibimos fue combinar en la misma revista erotismo y género negro. El siguiente artículo es una muestra del trabajo de aquella época, un artículo cuya elaboración presupone cierto nivel de desenfado y una "investigación" desengrasante que no tiene más ambición que entretener a los lectores.

En una revista erótica española salía hace dos meses el anuncio de un fabricante de cinturones de castidad que los vendía por correo. El caso era absolutamente sorprendente y revelaba que para algunas mentes retorcidas, el cinturón de castidad todavía ejerce una fascinación particular. Ofrecer a nuestros lectores una perspectiva de lo que ha sido este instrumento les deparará, sin duda, sorpresas inesperadas. Pásmense.

En el céntrico Museo de Cluny en París se exhibe una colección completa de cinturones de castidad que corre el riesgo de alterar la serenidad de las almas sensibles. En algunos casos se trata de verdaderos instrumentos de tortura ante los cuales resulta inimaginable pensar que los órganos sexuales de sus usuarias, salían indemnes. Pero, a poco que nos detengamos en la letra pequeña del folleto que se sirve al entrar, advertiremos que se trata de una colección ficticia. En efecto, todo el material que se exhibe el Museo de Cluny es relativamente reciente. Fue fabricado en el siglo XIX... Decepcionante ¿no?

LA IDEA PRECONCEBIDA: DAMA MEDIEVAL, CABALLERO CRUZADO

Todos tenemos tendencia a pensar que el cinturón de castidad tuvo su origen en la Edad Media. Se nos ha repetido que los caballeros que iban a las cruzadas, celosos de su honra, y desconfiando de la virtud de sus mujeres, les colocaban esta molesta prenda que garantizaba que nadie sino el poseedor de la llave, iba a poder “folgar” con ellas, tal como se decía en el castellano viejo.

Se cuentan miles de anécdotas de avispados trovadores que encontraron el método para abrir el candado y dar rienda suelta a su lujuria. También se cuentan bromas y leyendas jocosas de cómo caballeros que creían haber puesto a salvo su honra, terminaron como miserables cornudos.
Sin embargo, toda esta literatura resulta ser falsa. Nunca hubo cinturones de castidad en la Edad Media, y mucho menos en el período de las cruzadas. Los primeros cinturones que se conocen se remontan al siglo XV, cuando ya hacía 150 años que los cruzados se habían retirado de Tierra Santa. Llama la atención que en la literatura popular anterior, no exista una sola alusión al cinturón de castidad. Las referencias que han llegado hasta nosotros son tardías, como mínimo del Renacimiento.

El hecho de que los museos conserven otros objetos eróticos de la Edad Media e incluso de la romanidad o del Antiguo Egipto (piezas para masturbación femenina, dioses “itifálicos” (con el pene erecto y descomunal), indican que, de haber existido, estos cinturones de castidad se habrían conservado.
 
La leyenda que une la Edad Media a los cinturones de castidad se genera en el siglo XIX. Buena parte de la literatura de la primera mitad del siglo XIX, albergaba un odio ilimitado hacia la Edad Media. Se le había apodado la “era del oscurantismo” e incluso los más hermosos monumentos góticos habían estado a puntos de ser destruidos (tras la Revolución Francesa, todo el gótico del vecino país fue dañado, en ocasiones de manera irreparable). Las revistas pornográficas difundidas en el siglo XIX se hacían eco de este odio, cargando a espaldas de la Edad Media, algo que correspondía precisamente al período posterior, el Renacimiento.

Hoy sabemos que la Edad Media (especialmente los siglos XII y XII) fueron de gran libertad de costumbres. En los relatos del Rey Arturo y del Grial, frecuentemente el caballero llega a un castillo, es invitado por la dama a bañarse con ella y luego hacen el amor sin que medie ningún tipo de inhibición. En un terreno menos literario, los cruzados que llegaron a Jerusalén llevaron consigo 1500 prostitutas a las que no les faltó trabajo. Por lo demás, en algunas iglesias románicas, pueden verse imágenes de parejas unidad, falos erectos y monstruos copulando. Pero cinturones de castidad, ni uno.

A principios de los años 80, se puso de manifiesto que buena parte del material expuesto en las vitrinas de Cluny era falso. Algunas piezas fueron retiradas de su exhibición, pero otras, sobre las que consta igualmente su falsedad siguen ahí.

LA REALIDAD: UN OBJETO PRODUCTO DE LA PERVERSIDAD MODERNA

A finales del siglo XV aparece la primera referencia al cinturón de castidad en la literatura popular. En un cuento pícaro atribuido al italiano Guido Mercanti, el cerrajero que ha confeccionado un cinturón de castidad para la dama de un caballero que ha ido a las cruzadas, logra introducirse en su cama y abrir el candado con la copia de la llave que ha conservado. Cuando el caballero vuelve tras varios años de campaña en Palestina, encuentra que su familia ha crecido y lo atribuye a una recompensa por la sangre derramada en Tierra Santa. Se trata de un cuento burlesco, cantado por rapsodas y titiriteros en los pueblos de la Italia renacentista.

El origen real del cinturón de castidad es muy diferente. En el siglo XVIII (y hasta finales del XIX) se consideraba que el peor pecado era la masturnación. Quien lo practicaba, no solamente se hacía acreedor de las penas del infierno, sino que además, atentaba grandemente contra su salud. Se creía que la masturbación llevaba a la tisis y a una muerte segura. Un tal Karl Müller, publicó en 1781 en Munich un libro dirigido a los jóvenes y a las damas piadosas, en el que se enumeraban las desgracias a las que se hacían acreedores quienes se masturbaban frenéticamente. Y de paso proponía un remedio: el cinturón de castidad.

El cinturón de K. Müller es descrito en el catálogo de Cluny de forma muy elocuente: “Consiste en una banda de acero más fina que un muelle de reloj, recubierta de cuero blando, provista de un minúsculo candado que se sujetaba en la juntura del aro, pasaba entre las piernas, se dividía a la altura del ano y cerraba la vulva mediante una delgada lámina convexa de latón en la que se había practicado una abertura”.
Un médico escocés, alarmado por las crisis de masturbación de algunas pacientes que no dudaban en pasar horas y horas frotándose con una falo artificial (el “olisbos”), modificó ligeramente el cinturón de Müller colocando ante la vulva una rejilla confeccionada con una rejilla de marfil. No parece que su uso se extendiera excesivamente, a pesar de sus nobles intenciones.

EL CINTURÓN EN LOS CONVENTOS

En esa época –siglo XVIII- era evidente que la función del cinturón de castidad, sobre todo era sobre todo preventiva. Pero no ante las relaciones sexuales, sino ante la masturbación. Un viejo refrán que circulaba en los conventos de religiosas decía: “Para ahuyentar del pecado el maleficio / ponte este cinturón, cual cilicio”. En esa época, el uso del cinturón de castidad se había generalizado entre las comunidades religiosas. Las monjas solían llevar el aparato y, al fallecer, lo donaban a otra monja. Así evitaban la tentación de masturbarse o la posibilidad de mantener contactos carnales.

Llegó a haber confesores que ellos mismos fabricaban cinturones de castidad para las monjas y se negaban a dar la absolución a aquellas que lo rechazaban. En algunos conventos portugueses del siglo XIX, el cinturón de castidad se utilizaba como penitencia. La moda prosiguió hasta bien entrado el siglo XX.

En 1907 se publicó la noticia de que los dominicos de Kaschau, pequeña localidad austriaca, habían fundado la “Sociedad del Cinturón de Santo Tomás”. Los miembros de esta sociedad eran todas mujeres jóvenes que debían ponerse el cinturón de castidad. ¿Y Santo Tomás? Su conocida frase “si no toco, no creo”, inspiró a los religiosos que se reservaban el derecho exclusivo de poner y quitar el cinturón a las socias a fin de constatar su integridad. La prensa católica desmintió esta información y acusó a los socialistas de haber maquinado la difusión de estas falacias.

CINTURONES DE CASTIDAD PARA EL VARON

Se engaña quien piensa que el cinturón de castidad es un objeto exclusivamente femenino. De hecho, algunos cinturones de castidad fueron ideados para evitar la masturbación de los varones. A lo largo de décadas mostraron su eficacia entre los adolescentes de internados ingleses.
Mediante un extraño túnel del tiempo, este tipo de prendas masculinas han sido recuperados en los sex-shops modernos, en la sección de prendas de carácter sado-masoquistas. Generalmente estos objetos consisten en un ceñidor de cuero o de algún material que recubre completamente el pene, en algunos casos, incluso el glande e impide cualquier frotación o caricia que pudiera excitarlo y llegar a la eyaculación.
Este tipo de objetos son utilizados habitualmente por hombres masoquistas que necesitan experimentar la sensación de privación y humillación por parte de mujeres o de homosexuales dominantes.

Mientras que habitualmente los cinturones de castidad son meras muestras de un machismo exasperado tendente a convertir a la mujer en esclava, en el caso del cinturón de castidad masculino, se convierte simplemente en instrumento de tortura y humillación cuya excitación estriba en impedir un placer que se desea cada vez más.

Uno de los cinturones más singulares del siglo XVIII que se conservó en el Museo de Historia de Florencia, hasta que en 1966 desapareció en el curso de una riada, era precisamente masculino. Lo más sorprendente es que en la parte posterior tenía una inscripción grabada en caracteres góticos que decía: “Te he pillado in fraganti y serás castigado con este instrumento”. En la cara posterior de la entrepierna a la altura del agujero que rodeaba el ano, podía leerse: “Dios mío: así me ví cruelmente humillado con este cinturón”. Seguramente el usuario lo “disfrutó” durante años...

EL EROTISMO DE LA CASTIDAD

El cinturón de castidad, como hemos visto, ha estado ligada a la prohibición de la masturbación, al menos en sus orígenes. Hacia finales del siglo XVIII empezó a estar ligado también a formas anómalas de placer sexual. En efecto, en tiempos del Marqués de Sade, el cinturón de castidad se convirtió en ejemplo del placer contenido que va creciendo y no puede realizarse y, precisamente por eso, hace que aumente el deseo...

Incluso esa posibilidad era aceptable para el hombre. Determinados varones experimentan una sensación de posesión al colocar un cinturón de castidad a su mujer. El saberse dueños de la llave que da acceso al “santo de los santos” de su partener, les confirma en que la sensación de dominio y propiedad. El varón, es dueño de la sexualidad de su hembra y manifiesta este control absoluto a través de la llave del cinturón: él decide cuando debe gozar la mujer, él decide cuando darle placer...

No es raro que en algunos sex-shop, en anuncios por palabras en revistas eróticas, la venta del cinturón de castidad experimente un nuevo revival. En internet, hay, incluso, un mercadillo en el que se ofertan estos objetos. Inevitablemente se indica siempre que han sido “realizados artesanalmente”. Determinados artistas eróticos como Marijcke van der Maden han expuesto en su galería de arte de Roma cinturones de castidad realizados por ella misma, alguno de los cuales dispone de un vibrador que se introduce en la vagina de la usuaria. Vibrador que puede ser activado mediante un mando a distancia en posesión del partener erótico.

ENTRE EL CASTIGO Y EL EXTASIS

Este viaje a través del cinturón de castidad nos ha permitido deshacer algunos mitos –su antigüedad-, situarlo históricamente –hacia los inicios del Renacimiento- y precisas sus funciones: como castigo erótico en algunos casos, afirmación del machismo en otros, aceptación del papel servil y sumiso, o simplemente como instrumento de placer, simplemente por el otro partener quiere experimentar una sensación de posesión y dominio.

Sea como fuere, el hecho de que el cinturón de castidad esté presente en los actuales sex-shops y en los catálogos de objetos eróticos de venta por correo, es altamente significativo de su actualidad y del interés morboso que despierta en las jóvenes generaciones.

[recuadro fuera de texto]

LA VIRTUD DESGRACIADA. INVENTOR DE MODERNO CINTURON DE CASTIDAD INTENTO SUICIDARSE

El inventor de una versión moderna y "unisex" del cinturón de castidad medieval, se recupera de un intento de suicidio en un hospital, tras el fracaso de su diseño, informó hoy, martes, la prensa local. En medio de una gran atención por parte de los medios de comunicación, Zhao Xin, agente de policía chino, presentó el año pasado su "Ropa Interior de Seguridad", pero se ha convertido en el hazmerreír del sector textil y protagonista de todo tipo de chistes, además de haber sido abandonado por su horrorizada novia, tras cinco años de relación. "Desde que inventé la ropa interior de castidad, no he tenido un día tranquilo ni una buena noche de sueño", declaró Zhao al "Diario Matutino de Pekín".
"Los cinturones de castidad medievales eran colocados a la fuerza en las mujeres, pero mi invención se viste voluntariamente y sirve tanto para hombres como mujeres", explicó Zhao, en defensa a las continuas acusaciones de machismo que ha recibido. Según su inventor, la "Ropa Interior de Seguridad", que permite usar el baño normalmente pero no tener relaciones sexuales, fue diseñada no sólo como un método para asegurar la fidelidad de la pareja, sino también como protección para jóvenes "de cascos ligeros" y sistema anti-violación.

El "cinturón de castidad" que incorporan estas prendas, aparentemente bastante sofisticado, sólo puede ser abierto con una llave especial. Zhao intentó suicidarse recientemente, tras enterarse de que la invitación que había recibido de un presunto comité estatal de seguridad para presentar su invento, fue únicamente una broma más a su costa. (20.03.2001)

ESPECIAL PARA LIBERTINOS. ALGUNAS OPCIONES PARA LA PAREJA...


A poco de concluir el artículo, hemos localizado en una página web, la descripcion de algunos pintorescos juegos recomandados para amantes del cinturón del castidad. Decididamente nos es muy difícil encontrar el erotismo de estas propuestas, pero dejamos a nuestros lectores la consideración de sí "conectan" con sus propias prácticas sexuales...

"Estos juegos que a continuación se describen han sido pensados y puestos en práctica por mí para dar una solución a aquellos que se preguntan
¿Para qué sirve un cinturón de castidad?.

A parte de las ideas particulares que puede sugerir el ingenio y que cada uno es libre de interpretar como quiera, estos juegos bien pudieran suponer un acicate dentro de la pareja y otra forma distinta de concebir el cinturón de castidad:

Hay que partir de que el cinturón de castidad como artículo es bastante llamativo, lo que permite dejarlo en lugar bien visible de la casa como decoración.

Otra cosa ya distinta es como se puede jugar con este ingenio que ha suscitado tantos comentarios a lo largo de la historia.

- Puede ponérselo la mujer para dar una sorpresa a su pareja, haciéndole descubrir lo que lleva bajo su ropa.

- Una vez descubierto el cinturón le hará buscar la llave por la casa o la habitación, indicándole mediante las palabras: "caliente" ó "frío", lo cerca que está de la llave.

- Intentar seducir a la mujer llevando puesto el cinturón de castidad, imaginando que no se posee la llave.

- Simular que el hombre acaba de volver de las Cruzadas y encuentra a su fiel esposa con el cinturón de castidad. (Esto se puede mejorar si se alquilan unos trajes de la época medieval).

- Sustituir el candado que se incluye con el cinturón de castidad, por uno de combinación, (como el que se incluye en la pagina de la colección de cinturones). La pareja deberá abrirlo en un tiempo determinado y con ello obtendrá como premio lo que hay detrás del cinturón.

- Se puede manipular una de las llaves que se incluyen con el cinturón (obturando con un trozo de madera el orificio delantero de la llave de forma que la llave no entre en el candado) cuando se lo ponga una persona cambiar la llave por la que previamente se ha manipulado. Cuando intente abrirlo simular que se ha averiado el candado y que no se puede abrir".

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

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