Nunca más volví a tener relación con Falange si bien mantuve relaciones personales con algunos falangistas. Realmente, el plural es muy aventurado a la vista de que fue realmente fue con pocos. Cuando en 1987 pusimos en marcha la revista DisidenciaS (de la me cabe el honor de decir que los seis números aparecidos supusieron una ruptura con todo lo que se había hecho hasta ese momento), participaron algunos falangistas (el grupo Tercera Posición de Valencia que, para ser fiel al nombre, eran justamente tres camaradas), Miguel Ángel Vázquez y Juan Antonio Aguilar. Para algunos falangistas era evidente que se trataba de evolucionar de la misma forma que para gentes que procedían de CEDADE o del Frente de la juventud, la evolución era la única aventura que podía garantizar la subsistencia política. Con una tirada inicial de 2.000 ejemplares unas 64 páginas, en sus contenidos, en su concepto estético, era otra cosa que, desgraciadamente, abandonamos (si bien Aguilar ha rescatado la cabecera para otra revista editada en el momento en que escribo estas líneas) en cuanto se puso en marcha el Círculo Nueva Europa.

Salvo las relaciones que pude tener a través de DisidenciaS con gente que militaba o estaba próxima a Falange, no volví a tener relaciones ni directas ni indirectas con ese ambiente hasta que debió ser en 1994 ó 95 cuando Gustavo Morales y Miguel Hedilla ingresaron en Falange Española de las JONS con la sana intención de sustituir a Diego Márquez. No lo consiguieron, pero como una escisión es lo habitual en estos casos, se escindieron y de ahí surgió FE-La Falange. Fue la única vez en toda la historia reciente de estos grupos que los falangistas fueron capaces de atraer a algunos que jamás habían militado en el ambiente azul. Enrique Moreno, por ejemplo, logró sorprenderme cuando una tarde le pregunté si era verdad eso que se decía por los mentideros de que había ingresado en La Falange. Me lo confirmó. Así mismo, otros que habían participado en la iniciativa de la revista DisidenciaS o de Nueva Europa se integraron en el partido. De ahí surgió la tendencia Vértice cuando ya Internet había irrumpido en nuestras vidas.

Algo así como un año antes, Aguilar, Gustavo Morales y algunos más habían pasado por Barcelona y tuvimos una pequeña reunión informal. Si idea era “cambiar a la falange”. Yo en aquel tiempo permanecía en situación de reserva disponible, pero el ambiente falangista me parecía irrecuperable y me había jurado, ante el altar de la naturaleza en el curso de una excursión en solitario a los Pirineos nevados, gélidos, nebulosos y majestuosos, que jamás volvería a tener devaneos políticos con ninguna de las falanges. Sin embargo, era natural que cada vez que iba a Madrid pasara a saludar a los amigos y camaradas al margen de donde se situaran políticamente, así que pude ver, con cierta proximidad, no la suficiente para quemarme, la evolución de toda esta iniciativa. Me perdí, eso sí, la ruptura entre Gustavo Morales y Diego Márquez y los primeros pasos en la formación de FE-La Falange. Luego, cuando se formalizó la creación de la tendencia Vértice tuve información algo mas fluida e incluso pude conocer a falangistas con los que sigo manteniendo buena amistad. Pero no podía evitar experimentar un pesimismo absoluto sobre el destino de la iniciativa.

Morales que siempre había manifestado una postura pro-iraní y publicado incluso un libro encomiástico como Jomeini y la revolución islámica, trabajaba en la embajada de ese país hasta que, finalmente, fue despedido. Por algún motivo y siguiendo canales que se escapan y que no tengo el más mínimo interés en sondear, en tanto que previsibles, su vida terminó por confluir con la de Emilio Rodríguez Menéndez que había sido comisionado por Vera para revivir el diario Ya y con él acometer una campaña de desprestigio contra Pedro J. Ramírez. Durante unos meses el diario fue saliendo, pero, conforme a su tradición consuetudinaria Rodríguez Menéndez no pagó ni una sola factura, ni por supuesto, salarios. Miguel Ángel Vázquez estaba a cargo de las páginas culturales y la inmensa mayoría de artículos los elaboraban camaradas. El director oficial del diario era Javier Bleda, también miembro de FE-La Falange. En la propia sede del diario se celebraron reuniones del partido que, cuando se produjo la caída de toda aquella falsa estructura, pudo evitar hundirse con los restos del naufragio. Morales y Bleda, también siguiendo vericuetos insondables, terminaron su vida política activa en el entorno de Mario Conde que acababa de comprar al peso el CDS y acababa de lanzar una publicación efímera a efectos de mejorar su revista. El director volvía a ser Bleda. Mario Conde sufrió en aquel tiempo la inflación de ex miembros de la extrema-derecha que percibiendo fortuna afluyeron allí para ofrecer sus servicios. Antes ese mismo flujo de ex ultras a la búsqueda de acomodo y de fondos, se había producido en el entorno de Ruiz Mateos, cuando intentó lanzar un partido y más tarde del fallecido Gil y Gil cuando intentó hacer otro tanto. En realidad, las tres iniciativas tenían un denominador común, utilizar lo público para defender lo privado y los tres terminaron pegándose el batacazo. Mejor no recordar los nombres ilustres de la ultraderecha que figuraron en cada una de estas tres iniciativas, ni sus vidas y milagros en la ultra.

Con la llegada de Morales, Mariat, Hedilla hijo y alguno más, algo pareció moverse en el ambiente azul. Desde la lejanía, me dio la sensación de que Morales y Bleda habían apostado demasiado fuerte por el Ya y más tarde por Mario Conde y eso les hizo perder el interés en FE-La Falange. Quizás haya otra explicación, pero se me escapa. Así que asumió la dirección un tal López, a quien por su volumen bauticé como “Lopezón”, y eso coincidió con los intentos de formar un Frente entre FE, DN y algunos más. Hay que decir que, en aquel momento, FE-La Falange debía contar con unos 800 militantes activos y DN con una cantidad menor, pero, en cualquier caso, lo que personalmente me parecía necesario era desbrozar de siglas el ambiente y lograr una convergencia progresiva de grupos hasta alcanzar lo que llamaba en la época “masa crítica”, necesario para poder jugar un papel político. Había demasiadas siglas y todas demasiado pequeñas. La FE-JONS de Diego había quedado empequeñecida con la escisión de Gustavo y demás. Fuerza Nueva no se había recuperado de su segunda disolución esta vez bajo la forma de Frente Nacional. El AUN de Ynestrillas seguía como sigla pero su jefe estaba de vacaciones en la cárcel por el tiroteo en la discoteca y no había nada más, al menos nada más digno de consideración y mención, fuera de los habituales grupos falangistas herederos de mejores tiempos como el FEI, del que Hillers se había descolgado lustros atrás.

Fue bajo la jefatura de Lopezón que se constituyó el Grupo Vértice formado por un grupo de amigos que habían ingresado en el partido: Miguel Ángel, Aguilar, Moreno, Néstor, Galocha, etc. Cuando se trató de dar el cambio radical al partido, Vértice perdió la partida por escaso margen y Lopezón salió reelegido. Victoria pírrica porque poco después abandonaría el partido. Luego FE-La Falange estallaría a pedazos: de la escisión de FE-JONS aparecieron primero la Mesa Nacional Falangista, luego la Falange Española Auténtica (una FEA rediviva), mientras que el grupo FE-La Falange quedó empequeñecido. Luego Lopezón se ausentó sin dejar señas, asumiendo la dirección, Cantalapiedra. Y en eso está, sin haber podido evitar, por supuesto, la escisión de la escisión que dio vida a otra FE-La Falange a la que, finalmente, Ynestrillas se sumó por aquello de que las desgracias nunca vienen solas. Sin desaparecer, FE-La Falange de Cantalapiedra dio vida al Frente Nacional. En su conjunto, todo este tejemaneje de escisiones y más escisiones y escisiones de escisiones, se hacía dentro de un ambiente cada vez más contraído, más empequeñecido y más poblado por siglas y mas siglas entre las que es difícil aclararse donde empieza una, termina otra y quien es quien y donde está quien, en cual proyecto y qué aspiraciones se forja.

La tendencia Vértice, al poco tiempo de perder las elecciones, se desvinculó del partido. Participaron en la coalición España 2000 en las elecciones de ese año, junto a DN, al grupo formado en torno a Juan Antonio Llopart y los valencianos agrupados en torno a José Luis Roberto. El resultado fue pobre sino pobrísimo y, por supuesto, no hubo ninguna reunión posterior para analizar los resultados, ni aquella Unión Temporal tuvo continuidad, salvo en Valencia. Unos cuantos “vértices” confluyeron con el grupo de Llopart y algunos exmiembros de CEDADE y allí estuvieron siete años compartiendo las siglas Movimiento Social Republicano, hasta que unos por un motivo y otros por otro, se fueron desprendiendo de la matriz que jamás logró superar el estadio grupuscular.

Lo interesante de Vértice fue la naturaleza de sus miembros, en gran medida –nunca se puede generalizar del todo y siempre existe algún “pero”– gente normal, respetada en el ambiente y con ideas y capacidad para expresarlas. Quizás era demasiado pequeño para poder controlar una estructura que nunca había funcionado muy bien (me refiero a la sigla histórica FE-JONS, que siempre, incluso en tiempos de José Antonio tuvo una trayectoria vacilante, excesivamente activista, poco política y es con el “fundador” cuando se inicia la tradición del ahí te quedas por vía de la escisión. De hecho si Ramiro Ledesma, después de fusionarse con el grupo de José Antonio Primo, se escindió y desde ese momento no dudaron en ponerse verdes, ¿por qué no iban a tener derecho a hacer otro tanto sus émulos tardíos?).

En Vértice participaba gente que había asumido iniciativas interesantes antes, que tenía imaginación, que conservaba presencia militante en alguna de las pocas zonas en donde Falange tenía todavía cierto arraigo (Cantabria) y que, aun siendo falangistas, eran perfectamente conscientes de que debían variar mucho las estructuras del partido si querían hacer política. El hecho de que miguel Ángel Vázquez no fuera elegido enésimo “jefe nacional”, en lo personal, creo que le liberó de un marronazo del que difícilmente hubiera podido salir. De todo se aprende y todos los que participaron en Vértice –y los que vimos los toros desde la barrera- aprendimos mucho de aquella época y de la que siguió ya en el nuevo milenio.

Siempre se aprende a hostias y, al final, se termina conociendo el camino justo que lleva al éxito político. Claro está que eso nos puede ocurrir cuando seamos venerables abueletes o bien en la siguiente reencarnación. O en la otra.

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