Ocho misterios de la Barcelona Mágica

Publicado: Viernes, 13 de Marzo de 2009 13:50 por Ernesto Milá en ESOTERISMO

Infokrisis.-Cuando en 1995 apareció la primera edición de nuestra obra Guía de la Barcelona Mágica, tuvimos que escribir algunos artículos a efectos de promocionarla. Uno de ellos fue publicado en la revista Año Cero y resumía algunos de los misterios de la ciudad., elegidos al azar de entre los muchos que incluimos en aquella obra que va ahora por la tercera edición.  Lo reproducimos a continuación.

 


¿Qué tiene Barcelona que "engancha" tanto? Tiene pasado, tradición y misterio. Dos mil años desde su fundación y cinco mil desde la aparición del primer barcelonés -aquel cuyos restos fueron encontrados no hace mucho en la  confluencia de las calles Copérnico y Muntaner- discurren a caballo entre la leyenda y lo inexplicable. Mirar hacia atrás, en ocasiones, puede constituir un ejercicio desengrasante que ayuda a conocer nuestro pasado ancestral. Estos ocho misterios de la Barcelona mágica que siguen han sido elegidos al azar; no son los únicos, ni siquiera los más importantes; son, desde luego, la huella de lo maravilloso sobre el suelo en el que discurre nuestra cotidianeidad.

El misterio de los cuatro megalitos

Generalmente se admite que existieron dos dólmenes, uno en Sant Martí de Provençals, cerca de la actual iglesia románica y otro en Montjuic, más o menos situado en el lugar ocupado actualmente por el semi-desconocido jardín botánico.  Pero es posible que existieran otros dos monumentos megalíticos, menhires más precisamente, si hemos de fiarnos de las descripciones que nos hacen textos antiguos.

Antes de llegar los romanos, en el lugar donde actualmente se encuentra la estatua de Santa Eulalia en la plaza del Padró existió una piedra que muy bien podría ser un megalito. Los romanos se limitaron a conservarla y establecieron allí un "limes", un límite, en la Vía Augusta que unía la capital imperial con Tarraco y que pasaría por las actuales calles de Pedro IV, Hospital, Mistrl y Cruzcubierta.

El otro menhir estaría situado en las inmediaciones de las Ramblas en el patio interior de un edificio próximo a la fuente de Canaletas. El lugar era conocido como el "pati del Carall" (por la forma fálica del menhir) y fue famoso hasta principios del siglo pasado, se le conoció como "pati del carall".

Hoy parece fuera de dudas que los pueblos antiguos utilizaban estos megalitos con fines mágicos. Pretendían captar con ellos las energías telúricas. Los cuatro megalitos están prácticamente en línea recta.

El misterio de la Ciudad Romana

¿Por qué los romanos construyeron la ciudad sobre el minúsculo Monte Taber de apenas 16 metros difícilmente defendible? ¿No hubiera sido más lógico hacerlo sobre la montaña de Montjuïc que ofrecía mejores posibilidades de defensa, estaba más próximo de la desembocadura del Llobregat por cuyas aguas discurrían barcazas que traían metales preciosos procedentes del Pirineo?

La construcción de la ciudad en el Taber parece mucho más absurda si tenemos en cuenta que hubo que traer de Montjuïc las piedras con las que se construyó la gigantesca muralla. Para colmo el acueducto (del que todavía subsisten algunas arcadas en la plaza Duran i Bas y frente a la Casa de l'Ardiaca) fue una obra de ingeniería gigantesca.

El misterio es menor si atendemos a algunas leyendas de la Barcelona antigua. Como se sabe los romanos no elegían al azar el emplazamiento de sus ciudades; éste obedecía a una técnica sagrada. No todos los lugares eran buenos para construir una ciudad. El lugar debía de ser marcado por los dioses y para averiguar cual era recurrían a los arúspices, sacerdotes adivinos.

Bajo el Taber circulaba -según la Tradición- una corriente de aguas telúricas que hasta hace poco era conocida como "el riu de sota" o "rio de Santa Eulalia". El discurrir de sus aguas provocaba la aparición de corrientes electrostáticas que los arúspices y "sensitivos" percibían.


De este "riu de Sota" procedería el agua los más de 800 pozos que llegó a haber en la ciudad a principios del siglo pasado y que frecuentemente estaban reputados de virtudes mágicas. Se sabe que el gremio de poceros -uno de los más respetados de la ciudad- confeccionaba remedios mezclando aguas de distintos pozos.

El misterioso saqueo de Almanzor

Barcelona estuvo en poder de los musulmanes apenas 80 años, del 715 al 801; sin embargo, la mayoría de sus habitantes prefierieron convertirse al Islam para eludir los impuestos con los que se gravaba a los no-creyentes. Esto no impidió que tras el asedio que sometió Luis el Piadoso a la ciudad, esta recuperara súbitamente su fé católica.

El llano de Barcelona fue colonizada con oriundos de Francia que tuvieron incluso una parroquia propia en Sant Martí de Provençals. Los moros no dejaron otra huella en la ciudad más que el nombre de "Ramla" (arenal) que luego se transformaría en las populares "Ramblas". Sin embargo los musulmanes volverían en el 895.

El 2 de julio las tropas de Almanzor sitiaron Barcelona. Dos días después la ciudad se rendía sufriendo un saqueo en toda regla. Se ha dicho que ese día "murió Barcelona". Incluso la reconstrucción de un paño de muralla hacia el 1032 en la actual calle Regomir, indicaría que fue por alli por donde los musulmanes rompieron la muralla y penetraron en riada.

Pero todo induce a pensar que no fue así. Almanzor respetaba a quienes se le rendían. Es más probable que la ciudad decidiera abrir sus puertas y permitir el saqueo mientras que sus habitantes salvaban la vida fortificados en las torres de la muralla. Si bien es cierto que Almanzor se llevó prisioneros a Córdoba, no es menos cierto que se trataba de habitantes del "pagus", la periferia.

Es así mismo falso que la expedición catalana dirigida por Ramón Borrell contra Córdoba en el 1010 fuera una represalia por el saqueo de Barcelona. En realidad Ramón Borrel había acudido en auxilio de una de las facciones musulmanas en lucha. A decir verdad la mayor parte de las tropas con las que Alamanzos atacó Barcelona eran mercenarias, habiendo entre ellos muchos castellanos.

Dice la leyenda que al regreso de sus campañas, Almanzor se sacudía el polvo de sus vestidos, guardándllo en una arqueta. Los 40 rapsodas y poetas que lo acompañaron en su campaña contra Barcelona así lo atestiguan. Tras la derrota de Calatañazor fue enterrado con esta arqueta; en ella habrían también huellas de su paso por Barcelona.

El misterio de los cordeleros

Barcelona tuvo durante siglos tres grupos sociales marginados; judíos y gitanos fueron a parar a la "isleta del Raval" y al "call" respectivamente. Pero hubo otro grupo menos conocido que sufrió idéntica marginación: los cordeleros.

Desde lo más profundo de la edad media los cordeleros eran objeto de todo tipo de discriminaciones: se decía que tenían cola, los domingos les sangraba el ombligo, de sus escupitajos nacían abundantes gusanos, se les achacaba incompetencia profesional, practicaban artes mágicas y hechicería... tan solo esta última característica parece cierta.

Los cordeleros eran transhumantes; tenían que buscar su materia prima allí donde la hubiera y esto les implicaba ausentarse de su domicilio buena parte del año. Aun cuando el cáñamo que se cultivaba en las zonas situadas más allá del actual Arco del Triunfo, en Glorias y La Llacuna, no era el cannabis alucinógeno, dormir cerca de los campos implicaba un cierto grado de intoxicación al respirar los efluvios que despedían las plantas. Esto les sumía en una especie de sueño hipnótico en el cual creían dotarse de capacidades de videncia.

Fue así como ganaron fama de brujos. Por lo demás las cuerdas fabricadas en Barcelona tenían fama en todo el Mediterráneo; sin embargo los cordeleros se ganaron a pulso su marginación al fabricar también las cuerdas para los ahorcamientos. Para los familiares de los ajusticiados los cordeleros eran los responsables de la horrenda muerte de sus deudos. Para el pueblo, en general, existían rumores de que los cordeleros recibían enormes sumas de dinero a cambio de fabricar cuerdas que se rompieran en el curso de las ejecuciones. Si esto ocurría los reos eran perdonados...

Existieron cordeleros en la Ribera y en el Raval. Estos vivían cerca de la plaza del Padró, existiendo una gran concentración en la calle de la Botella. Durante siglos no se les permitía vivir dentro del recinto amurallado y solamente sus mujeres entraban en la ciudad para vender su mercadería; debían abandonar el recindo al caer la noche. 

El único cordelero que se hacía acreedor del respeto de sus vecinos era el que fabricaba las cuerdas utilizadas en la Catedral.

El misterio de las logias masónicas

Resulta difícil establecer cuando apareció la masonería en Barcelona. Todo induce a pensar que fue durante el siglo XVIII si bien no existen pruebas documentales escritas. Sin embargo, dos relieves situados en dos de las tres puertas de la antigua Caja de Reclutas de la Calle del Comercio, nos indican la presencia inequívoca de la masonería en la Barcelona del siglo XVIII.
En fecto, poco después de la toma de Barcelona por las tropas de Felipe V, el rey como castigo por la feroz resistencia que opusieron los habitantes del Barrio de la Ribera, derribó varios cientos de casas hasta el límite de la actual calle del Comercio. Los escombros de esta demolición fueron arrojados al mar y sobre ellos se construyó posteriormente el barrio de La Barceloneta. El convento de los Agustinos marcó el límite de la destrucción; parcialmente derribado, tan solo quedaron pié algunos arcos de claustro, actualmente en fase de rehabilitación.

Los restos del edificio fueron transformados en Escuela de Matemáticas del Ejército, luego Cuartel de Artillería y finalmente Hospital Militar. Es de esa época -mediados del siglo XVIII- cuando fueron grabados los signos masónicos de la escuadra y el compás sobre las puertas. Milagrosamente han llegado hasta nuestros días. Aun a pesar de ser edificio militar durante el franquismo y de la obsesión antimasónica de la época, nadie cayó en la cuenta de que los oficiales y tropa al entrar y salir del cuartel pasaban bajo los odiados símbolos masónicos.

En el siglo XVIII muchos oficiales del ejército hablaban varios idiomas y leían regularmente libros publicados en el extranjero, en particular ideas de la Ilustración.

Después del interregno que supuso la ocupación napoleónica (los masones del ejército francés crearon una logia en el Palau Centelles de la bajada de San Miguel) la masonería barcelonesa logró estabilizarse y crecer extraordinariamente y estableció logias en la calle de la Basea y en Tantarantana, cerca de la actual plaza del Ou. Otra situada en la calle Ferlandina figuró entre las más antiguas de la ciudad.

Los viejos y devotos barceloneses evitaban pasar por la misma acera de las logias: creían que era terreno maldito. Sus ventanas estaban siempre cerradas para evitar que desde la calle pudieran verse los destellos que provocaba la presencia del diablo en las ceremonias masónicas... tal era la creencia popular.

El misterio de los octógonos del Eixample

La forma de los octógonos del Eixample diseñada por Ildefonso Cerdá ¿obedece a un concepto de urbanismo funcional o bien tiene un significado más profundo? Podemos pensar que no era casual ni limitado a mero utilitarismo funcional.

Ildefonso Cerdá pertenecía a la franc-masonería (en la que incluso se inició su hija Clotilde en un tiempo en el que apenas existieron mujeres en las logias) y fue un hombre de ideas avanzadas. Una de sus lecturas favoritas fue "Regreso a Icaria" de Etienne Cabet. En este libro se definían las características de la ciudad ideal, Icaria.

Las avenidas eran rectilíneas en esta ciudad utópica que tenía una forma circular. Cerdá cuando se aprestó a planificar el Eixample barcelonés no podía darle forma circular por que existían ya núcleos próximos en formación que la ciudad adsorvería antes o despues (Sans, Gracia, Horta, Sant Marti de Provençals, San Gervasio, etc.). Así pues recurrió a una conocida técnica masónica para resolver el problema de la cuadratura del círculo...

La resolución del problema de la cuadratura de un círculo es imposible desde el punto de vista matemático. Efectivamente, no se ha encontrado un número constante tal que multiplicado por él nos permita hallar un círculo y un cuadrado equivalentes. Sin embargo, desde el punto de vista geométrico, el problema está resuelto desde hace milenios.

Basta con trazar en el interior de un círculo una figura geométrica llamada "vesica piscis" (vesícula del pez; esto nos permitirá trazar un segundo círculo. Ahora bien, si trazamos un cuadrado que sea tangente al primer círculo, éste será equivalente al segundo círculo. Cerca no hizo más que "limar" los extremos del cuadrado que sobresalían a este segundo círculo. Fue así como obtuvo los famosos octógonos del Ensanche...

El misterio del triángulo Gaudí

Basta tomar un plano de Barcelona y una regla para obtener la demostración sorprendente de la voluntad de Gaudí y de sus asociados por cubrir Barcelona con un gigantesco triángulo rectángulo de catetos iguales.

Un triángulo viene definido por tres puntos que constituyen sus tres vértices. En el caso del "triángulo Gaudí" estos vértices son: el atanor situado en la escalinata del Parque de Güell, el naranjo de antimonio de los pabellones Güell de Pedralbes y la Plazoleta Aribau del parque de la Ciudadela que, ya de por sí, está trazada con forma de flecha que indica la dirección que nos lleva a los pabellones de Pedralbes.

Ciertamente la colaboración de Gaudí en la construcción de la plazoleta Aribau fue mínima y siempre a las órdenes de los hermanos Fontseré, maestros de obras con los que trabajó al concluir sus estudios de Arquitectura. Los Fontseré pertenecían a la Asamblea de Logias de Barcelona y eran, como buena parte de los amigos de Gaudí en esa época, franc-masones.

También era franc-masón Josep Xifré, una de las grandes fortunas barcelonesas del siglo pasado, indiano, constructor de la Casa Xifré donde se encuentra el famoso restaurante "Las Siete Puertas" y cuyos relieves demuestran la adscripción masónica de su constructor. Los terrenos en los que luego se construyó el Hospital de Sant Pau eran propiedad de Xifré, cuyo arquitecto de confianza, Elías Rogent, era el director de la Escuela de Arquitectura mientras Gaudí cursó estudios.

Lo cierto es que, trazando una línea desde la entrada principal del Hospital de Sant Pau, que recorra la avenida Gaudí, ésta pasa por el ábside de la Sagrada Familia y, después de un larga travesía por la ciudad, va a concluir al Palau Güell. Aun hoy resulta un misterio por que los Güell construyeron allí aquel suntuoso palacio. Dicha línea, así trazada, marca la dirección Norte-Sur, mientras que la hipotenusa del triángulo antes definido marca la dirección Este-Oeste.

¿Que conclusiones pueden sacarse de todo esto? Tan solo perplejidad y escepticismo: estadísticamente es difícil que todas estas correspondencias geométricas deriven de la casualidad. Pero lo contrario, afirmar que fueron trazadas conscientemente parece una monstruosidad y nos llevaría automáticamente a aceptar que existe un linaje esotérico que agrupa a Elías Rogent, los hermanos Fontseré, Josep Xifré, la familia Güell, Antonio Gaudí y... Ni un solo especialista serio puede admitir la existencia de un linaje esotérico que una a estos personajes, sin embargo ahí está el intranquilizador triángulo para hablarnos otro lenguaje.

El misterio de la Villa Olímpica


¿Sabía el equipo de Pascual Maragall que el lugar elegido para el emplazamiento de la "Villa Olímpica" corresponde al sector de la ciudad que astrológicamente está regida por el signo de Acuario? Lo ignoramos; lo cierto es que ya desde el siglo pasado los socialistas místicos intentaron urbanizar la zona. El nombre de Avenida Icaria evoca la república ideal definida por Etienne Cabet en su obra "Regreso a Icaria" en donde describe a una comunidad ideal.

El signo de Acuario tiene implícitos los caracteres de humanidad, libertad y sobre todo novedad y renovación. Lo acuariano es lo nuevo. ¿Qué mejor que ubicar la médula de la Barcelona-2000 en la zona que astrológicamente corresponde a la novedad?

Es significativo, por lo demás, que al inicio de la Villa Olímpica se encuentre una gigantesca escultura metálica de un pez sin cabeza, ni cola. Este símbolo es fácil remitir al signo de Piscis, el anterior al de Acuario. La ausencia de cabeza y cola, indicaría la superación de la fase histórica que representó la Barcelona fundada míticamente por el Hércules Libio.

¿Será acaso en relación al Hércules Libio que la estatua del pez al que hemos aludido esta situada justo bajo los dos edificios más emblemáticos de esta zona, las Torres Mapfre y Hotel de las Arts? ¿No son estos dos gigantescos edificios la rememoración de las "columnas de Hércules" situadas frente al mismo mar del que procedió el héroe clásico en la "Barca Nona" (novena barca) de donde deriva el nombre de Barcelona?

(c) ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@blogia.com - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

 

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