Infokrisis.- Hemos encontrado este artículo elaborado hace más de 15 años en un período en el cual estábamos interesados en recopilar material sobre el ocultismo europeo, su origen y sus líneas principales, a efectos de establecer una sistematización crítica sobre sus fuentes. El trabajo no tuvo continuidad y tuvimos que interrumpirlo. De aquella época hemos podido salvar algunos escritos y articulos fragmentarios que ofrecemos a nuestros amigos, a los que pedimos indulgencia ante la evidente rapidez con la que fueron redactadas estas notas en World Perfect...

El “Conde de Saint-Germain” y la magia del siglo XVIII

Si hemos de atender a algunos testimonios de su tiempo, la vida del llamado “Conde de Saint-Germain” alcanzó los 200 años de edad. Él mismo no negaba que su presunta o real longevidad se debía al conocimiento de las técnicas mágicas. En su único libro, “La Santísima Trinosofía”, escribe unas palabras sobre lo que puede ser el origen de su magia: "Se necesita haber estudiado en las pirámides, tal como yo lo he hecho". Afirmaba ser heredero de la magia templaria y pertenecer al grupo gnóstico “Saint-Jakin”, una de las fraternidades rosacruz que aparecieron en el siglo XVIII, ligadas a la masonería. 

Su origen era completamente incierto. Unos decían que era hijo de un judío portugués, mientras que para otros había sido un rabino, y hasta algunos juraban que llegó a ser jesuita en España. La policía francesa creía que era un espía prusiano. Se rumoreaba que era hijo bastardo de la reina Ana de Neuburgo, viuda del rey Carlos II de España; pero también se decía que era hijo del rey Rackoczy de Transilvania y de su primera esposa Teleky. La princesa Amelia, hermana de Federico II, le preguntó: “¿De qué país es usted?”, a lo que contestó: "Soy, señora, de un país que, por lo soberano, jamás ha tenido hombres de origen extranjero", frase, por lo demás, absolutamente incomprensible. A lo largo de su vida utilizó distintos nombres, tal como correspondía a la tradición rosacruz de asumir un nombre habitual utilizado en cada país: Marqués de Montferrat, Marqués de Aymar, Conde de Belmar, de Soltikov, de Wendome, de Monte Cristo y de Saint Germain, Caballero de Schoening, Monsieur Surmont, Zanonni y Príncipe Rackoczy; finalmente, se decía que acompañó a Napoleón en la campaña de Egipto con el nombre de Hompesh. Y, así mismo, tal como estaban obligados los rosacruces, practicaba la medicina, pero no vivía de ella. Se conocen varios casos de curaciones de ceguera y sífilis. Se dice que revivió a una joven que intentó envenenarse por cuestión de honor en el Parque de los Ciervos; el hecho de que la joven fuera amante de Luis XV, le valió la protección de la monarquía francesa. A partir de ese momento, se hace habitual en los salones de Versalles, pero no admite jamás invitación alguna ni cita previa; simplemente, aparece y desaparece a su entera discreción y, cuando lo hace, está cubierto de bálsamos, elíxires y afeites que él mismo ha fabricado, según dice, por procedimientos alquímicos. En algunas ocasiones, cambia su habitual traje negro por ropajes cubiertos de diamantes que él mismo se jacta de fabricar. Se cuenta de él que ha fabricado dinero para el Estado y que apareció en el Banco Central de París, acompañado por dos cobres con cien millones de libras en oro.

Se ha dicho que sus enemigos pagaron a un conocido actor de la época, un tal Gower, para que lo imitara y sustituyera. A él se deberían algunas historias grotescas que circulaban sobre él, como su amistad con Poncio Pilatos o con la Sagrada Familia. Pero, bruscamente, Gower desapareció sin que volvieran a tenerse jamás noticias suyas, sin embargo, las historias grotescas que habían conseguido ligar al nombre de Saint-Germain han permanecido y, hoy resulta imposible separarlas de la realidad.

Los datos históricos sobre Este heredero setecentista de la tradición mágica, son tan escasos y contradictorios que algunos han dudado de su existencia. Sin embargo estos datos objetivos existen. Existen pruebas suficientes como para no dudar sobre la existencia histórica del Conde de Saint-Germain. Voltaire en una carta dirigida a Federico El Grande anotó: "Saint-Germain es un hombre que nunca muere y conoce todas las cosas". En 1745, Horace Walpole, que luego sería primer ministro inglés, escribió a sir Horace Mann: «El otro día detuvieron a un hombre extraño que se hace llamar conde de Saint-Germain. Ha estado aquí estos dos años, pero no dice a nadie quién es ni de dónde viene. Admite sin embargo que éste no es su verdadero nombre. Canta y toca el violín magníficamente, está loco y no es muy sensato». Giacomo Casanova, que lo conoció bien, escribe sobre él en sus “Memorias”: "A nadie he oído hablar con tanta elocuencia y fascinación. Razonaba de una forma tan extraordinaria, que el sabio y el ignorante le entendían debido a que se estaba dirigiendo a ellos en un mismo nivel". Por su parte, el conde le Warnstedt tildó de «charlatán, loco, atolondrado, pretencioso y timador». En 1777, el embajador de Prusia en Dresde, conde Alvensleben, escribió, a propósito de Saint-Germain a quien había conocido: «Es un hombre muy dotado, con una mente muy despierta pero totalmente carente de juicio, y se ha ganado su singular reputación por medio de las adulaciones más viles de que es capaz un hombre y por medio de su notable elocuencia, especialmente si uno se deja arrebatar por el entusiasmo con que se expresa. Una vanidad poco común es el resorte que domina todos sus mecanismos». Finalmente, su protector, el príncipe Carlos de Hesse-Cassel, dijo de Saint-Germain que era «quizás uno de los más importantes sabios que haya existido jamás».

Lo sorprendente con Saint-Germain es que todo lo que se conoce de su nacimiento son datos extremadamente vidriosos. Una de las versiones sobre el origen del Conde de Saint-Germain, afirma que nació en 1710 en San Germano; al parecer era hijo de un recaudador de impuestos. En su “Historia de la Magia”, Eliphas Levi, afirma que había nacido en un pueblo bohemio a finales del siglo XVII, como hijo ilegítimo de un iniciado de alto rango de la Orden Rosa Cruz.

Sus conocimientos alquímicos y espagíricos parecían excepcionales. En muchas ocasiones dijo poseer el elixir de la eterna juventud y la piedra filosofal de transmutación metálica. Muchos atestiguaron sus cualidades telepáticas y su clarividencia. Quizás por sus viajes había conseguido hablar francés alemán, italiano, inglés, holandés, chino, hindú, persa y ruso. Según confesión propia había aprendido el arte de la joyería en la corte del Sha de Persia. Se ganó reputación de alquimista y, especialmente, de curandero cuando logró sanar a Madame de Pompadour de una intoxicación por setas venenosas. Circularon algunos rumores sobre las peculiaridades de Saint-Germain en su vida cotidiana. Se decía que por todo alimento bebía agua mineral. A pesar de que se le han atribuido muchas obras, la única que parece haber sido escrita de su puño y letra es “La Santísima Trinosofía”, cuyo original se conserva en la Biblioteca de Troyes. En esta obra puede leerse su frase más famosa: "Parto mañana por la noche; desapareceré en Europa y marcharé a los Himalayas". Se decía de él que no permanecía mucho tiempo en un mismo lugar y que desaparecía discretamente sin avisar. Cuando se cansaba de vivir en Europa, se iba al Tibet, a Africa, México y Turquía. Algunos pensaban que el Conde de Saint Germain tenía 300 años, 150 o 160 quizás y que se rejuvenecía cuando era demasiado viejo. Poseía la rara cualidad de ser ambidextro; pero además podía escribir con las dos manos a la vez un texto auténtico. No profesaba religión alguna por lo cual fue censurado de materialista. Se rumoreaba que se alimentaba de gotas de oro líquido, pues nadie lo había visto comer o beber ni aún en los banquetes donde era invitado, lo cual bien podía ser una fantasía de las muchas que se propagaban sobre su persona. Tampoco se le conocían relaciones amorosas, si tenía familia e hijos.

La primera aparición del Conde de Saint-Germain tuvo lugar en Viena en 1740. Se trataba de un varón elegante y de porte aristocrático que parecía no contar más de treinta años. Se cubría con finas casacas negras sobre camisas de lino blanco. Parecía disponer de diamantes en grandes cantidades que utilizaba para pagar sus cuentas y también como joyas personales. A poco de aparecer llamó la atención en los salones de moda y pudo relacionarse con la aristocracia de la capital imperial. Su fama resplandeció a partir de la curación, aparentemente milagrosa, del mariscal de Belle-Isle que se encontraba en Viena enfermo terminal. Belle-Isle, de nacionalidad francesa, una vez restablecido, invitó a Saint-Germain a su país, poniendo a su disposición un laboratorio hermético y una cómoda residencia.

Cuando Saint-Germain llega a París, empieza su portentoso ascenso. En los salones de la nobleza ociosa, empezó a circular lo ocurrido cuando Saint-Germain asistió a una fiesta organizada por la condesa Von Georgy, una vieja dama cuyo marido había sido embajador en Venecia en 1670, donde lo había conocido. En aquella época, Saint-Germain tenía 45 años, prácticamente la misma edad que la condesa. Sin embargo, cuando volvieron a verse, daba la impresión que la condesa doblaba en edad a su invitado. Cuando Saint-Germain saludó a la condesa le confirmó que era la persona que había conocido cuatro décadas antes. Se añadía que cuando la anciana mencionó a Dios, el conde empezó a temblar y tuvo que abandonar la recepción.

Unas semanas después de este episodio su fama había crecido extraordinariamente en París. Se le atribuía haber dicho que se relacionó con la Sagrada Familia y asistió como invitado al episodio evangélico de las Bodas de Canaá. Pero la historia que todos repetían con más fascinación era la relación que Saint-Germain decía haber tenido con Ana, la madre de la Virgen María. Añadía a quien quisiera oírlo –y eran muchos– que participó en el Concilio de Nicea en el año 325 y allí pidió de los prelados la canonización de Ana. Pronto su fama llegó a palacio y logró encandilar a la amante de Luis XV, la Pompadour. En 1745 fue detenido en Inglaterra a causa de la sospecha de trabajar para el gobierno francés. Quince años después, en 1760, seguía trabajando para Luis XV el cual lo destacó a La Haya, en plena Guerra de los Siete Años contra Inglaterra. La misión de Saint-Germain consistía en negociar un  crédito con el gobierno austríaco para poder financiar el conflicto. Allí, en Holanda, polemizó con Giacomo Casanova y vio comprometida su posición, cuando el gobierno francés supo que Saint-Germain estaba ejerciendo como “agente doble”. Debió huir primero a Inglaterra y luego refugiarse en Holanda. Hasta aquí su perfil es el de un aventurero entre muchos otros desperdigados en el exuberante siglo XVII.


Cuando reaparece de nuevo en Holanda se hace llamar “Conde de Surmont” y se presenta como alquimistas. Cuando hubo reunido la exorbitante cifra de 100.000 florines marchó a Bélgica, esta vez con el alias de “Marqués de Monferrat”, dedicándose a la alquimia. A partir de ese momento, su movilidad es sorprendente, aparece en los países más remotos y en las cortes más exóticas. Se le ve en Rusia en 1768, frecuentando la corte de la zarina, Catalina que le solicita medie con Turquía en el conflicto que ambos países acaban de iniciar. Poco después es nombrado consejero del Conde Orlov, jefe del Estado Mayor del ejército ruso quien le conferirá el grado de general. En esa ocasión utilizaba el nombre de “Welldone”. En 1770 abandona Rusia y aparece en Nuremberg con el nombre de “príncipe Rákóczy” y, como ya había hecho antes, buscando fondos para instalar un nuevo laboratorio alquímico. Sin embargo, no logró llevar adelante su proyecto, dado que el margrave de Brandenburgo indagó sobre el origen del desconocido y estableció que se trataba de Saint-Germain.  En esa época conoció al príncipe Federico Augusto de Brunswick, Gran Maestre de la masonería prusiana. Saint-Germain solicitó el mecenazgo del príncipe, pero éste se lo negó dado que no era masón, a lo que aquel argumentó que si lo era pero que hacía tanto tiempo que había sido iniciado que había olvidado los signos de reconocimiento y las palabras de paso. Los últimos datos conocidos datan de 1779, cuando se había establecido en el norte de Alemania. Aparentaba tener 65 años y logró contar nuevamente con el favor de un noble, en este caso, del príncipe Carlos de Hesse-Cassel al que instó a que tomara las riendas de Alemania orientando a la nación contra el papado.

El 27 de febrero de 1784, el llamado Conde de Saint-Germain falleció en el palacio del príncipe Carlos. Se le hicieron funerales civiles, porque la iglesia le negó los religiosos. Sin embargo, entre 1784 y 1820 numerosas personas afirmaron haberlo visto e, incluso los ocultistas del siglo XIX, sostuvieron que jamás murió. En los archivos de la parroquia de Eckenförde está registrada su muerte con estas palabras: "Muerto el 27 de febrero, enterrado el 2 de marzo, el así llamado Conde de Saint-Germain y Weldon. Se desconoce otra información. Enterrado privadamente en esta iglesia". Sin embargo, su protectos, el Príncipe Carlos, quemó todos sus documentos «para que no fueran mal interpretados». Inmediatamente después, uno de los discípulos del Príncipe afirmó que Saint-Germain no había muerto, sino que se había traslado a París en donde profetizó los acontecimientos de la revolucion francesa y la ejecución de María Antonieta.

En la obra “Freumauer Brüderschaft in Frankreich”, puede leerse que "entre los invitados francmasones a la gran conferencia de Wilhelmsbad, el 15 de febrero de 1785, hallamos a Saint-Germain, junto a Saint-Martin y muchos otros". En esa ocasión, se añade, que acudió a la reunión acompañado por el también mago Giuseppe Balsamo, más conocio como el “Conde de Cagliostro”. En 1789, Saint-Germain o alguien que decía ser él, apareció en la Corte sueca para advertir al rey Gustavo III de un peligro. Luego, en ese mismo país, visitó a la condesa de Adhemar quien anotó en su diario que parecía tener eternamente 46 años. En 1820 se creó una comisión especial para investigar la vida del conde, pero los documentos fueron destruidos en el incendio que destruyó el ayuntamiento de París poco después.

La Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, identificó a Saint-Germain con uno de los “mahatmas” que dirigían los destinos de la humanidad. Algunos discípulos suyos intentaron localizar al nebuloso conde en 1946, por supuesto, sin éxito. En 1972, un tal Richard Chanfray alcanzó cierta fama afirmando que era el conde de Saint-Germain y para avalar su temeraria afirmación, ante la televisión francesa, provisto de un hornillo de butano, realizó una transformación de plomo en oro.

La figura de Saint-Germain tiene rasgos en su vida que remiten a los antiguos magos. Es muy difícil separar lo que es mera ficción de la realidad y mucho más, establecer cual fue su verdadera personalidad. De todas formas, algunos rasgos corresponden a los de los antiguos rosacruces. Tal como hemos dicho, parece confirmado que un actor suplantó en algunos momentos la personalidad de Saint-Germain y es seguro que practicó la alquimia. La “piedra filosofal” y el “elixir de la eterna juventud” coronan los trabajos alquímicos y esto explicaría tanto las riquezas (especialmente diamantes) de que disponía, como su presunta longevidad. Tal como hemos dicho al principio, Saint-Germain es un personaje histórico que accedió a las cortes más importantes de su tiempo, no podía tratarse de un simple mistificador o de un embaucador de altos vuelos. Si lo hubiera sido, su carrera de delincuente no habría sido tan prolongada como lo fue. Así pues hay que pensar en Saint-Germain como en un mago mundano, seguramente ligado a algún linaje rosacruz. A partir del momento de su muerte, ya resulta imposible establecer la realidad de sus “apariciones”. Los que han seguido manteniendo su culto desde entonces son miembros de grupos ocultistas, en absoluto estudiosos de la tradición mágica.

Cagliostro: la ambigüedad llevada al límite

Hemos dicho antes que Saint-Germain asistió presuntamente al congreso masónico de Wilhelmsbad, acompañado por el conde de Cagliostro. A parte del misterio de si Cagliostro fue discípulo de Saint-Germain, lo cierto es que la ambigüedad que encontramos en la vida de éste se multiplica en la del otro. Si ante Saint-Germain los datos permiten pensar que se trató de un iniciado en los misterios de la tradición mágica a través del movimiento rosacruciano, con Cagliostro la ambigüedad es total y más parece que se trató de un “mago desviado” que tuvo cierto protagonismo en los sucesos que precipitaron la revolución francesa. En este sentido, así como no hay nada en la vida de Saint-Germain que denote un comportamiento “desviado”, la vida de Cagliostro es muestra de lo contrario, tal como veremos. Mientras Saint-Germain ha militado en la masonería regular, Cagliostro crea un rito masónico disidente germen posterior de todas las obediencias masónicas marginales, el “Rito Egipcio”. En este rito, se reencuentra a la magia egipcia, motivo por el que Cagliostro tiene lugar en estas páginas.

“Conde Alessandro di Cagliostro” era el falso título nobiliario utilizado por Giuseppe Balsamo, aventurero palermitano, nacido el 2 de junio de 1743. O al menos, eso se cree, porque, en realidad, la identificación entre ambos se debe al testimonio de Theveneau de Morande, un sujeto turbio, espía y chantajista y a su propia deposición ante la Inquisición, tras haber sido torturado. Cagliostro decía de sí mismo, haber nacido en una familia cristiana de la nobleza que lo abandonó en Malta, donde, finalmente, fue iniciado en la Orden de los Caballeros de Malta. Pero existen serias dudas sobre esto. De ser cierta la identidad entre “Balsamo” y “Cagliostro”, los datos que se posee son cuantiosos: hijo de Pietro Balsamo y Felicita Bracconieri, su amilia era pobre y al fallecer su padre, fue confiado al seminario de San Roque en Palermo. En 1756 entró como novicio en Caltagirone en donde tuvo ocasión de aprender nociones de farmacología y química. En 1768 se casó en Roma con Lorenza Feliciano de apenas 14 años de edad. Declaró haber conocido los misterios egipcios a través de un sabio iniciado, un tal Altotas. Pero todas estas declaraciones, así como sus viajes, fueron desmentidos por monseñor Giuseppe Barberi, fiscal general del Santo Oficio. Lo definirá como un estafador que llegó a operar en Barcelona, Madrid y Lisboa, ayudado por Lorenza. En 1771, la pareja viajó por primera vez a Londres y, acusado de estafa, visita la cárcel. Obligado a restituir la cantidad que ha defraudado, se sabe que trabajó como decorador en la capital inglesa. A su esposa no le fue mejor el año siguiente, cuando en París termina en la cárcel de mujeres. Cagliostro aparece en 1774 en Marsella, ejerciendo como taumaturgo; pero las cosas terminan también mal; ha hecho creer a un enamorado que le hará recuperar el vigor sexual mediante ritos y conjuros mágicos. El asunto termina en los tribunales y Cagliostro prefiere poner tierra de por medio. En esa época, las relaciones de la pareja parecen haberse orientado ya hacia la práctica de la magia. Es entonces cuando decide fugarse hacia España, llegando hasta Cádiz y residiendo durante un porto período en Alicante.

Cuando en 1776, regresa a Londres parece haberse habituado a la utilización de nombres altisonantes: allí empieza a llamarse “Alessandro de Cagliostro”, y poco antes había utilizado los nombres de “Marqués de Pellgrini”, “Príncipe de la Santa Croce”, “Marqués de Harat”, etcétera. Por su parte, su esposa, empieza a utilizar el nombre de “Serafina”. A pesar de que la masonería exije a sus afiliados ser “hombres libres y de buenas costumbres”, Cagliostro, en esa época, es iniciado en la logia masónica “La Esperanza”. A partir de ese momento, en todos los desplazamientos por Europa que realice –y durante los siguientes 15 años, se desplazará constantemente por las principales capitales- se apoyará en la masonería. Su prestigio en el interior de la institución aumenta en el momento en que lanza su “Rito Egipcio”, que logrará fascinar a la nobleza europea por lo exótico de sus iniciaciones y sus promesas de regeneración física. Además, se trata del primer rito masónico que admite a mujeres, la propia Serafina pasa a ostentar el título de “Reina de Saba”, mientras que Cagliostro utiliza el de “Gran Copto”. Cuando en 1870, recala en Varsovia, es recibido en la corte como mago milagrero y alquimista. Sin duda, en ese momento ha alcanzado la cúspide de su fama. Además, esta fama se apoya en algunos hechos reales. Dice disponer del “elixir de la juventud”, pero lo cierto es que numerosos testimonios reflejan el hecho de que distribuyó lo que llamaba “polvos refrescantes” obteniendo curaciones sorprendentes. También obtiene curaciones practicando el “magnetismo animal” que en aquel momento ha popularizado Franz Antón Mesmer y que Cagliostro es uno de los primeros en practicar. Frecuenta a las más altas autoridades de los países que visita, y todos afirman que causa una gran impresión. Parece un hombre completamente diferente al que ha huido de Francia, Inglaterra y España perseguido por fraudes y estafas de baja estofa. Pero su declive está próximo, quizás por sus propios errores o por la insidia de sus enemigos.
 
Uno de los personajes que conoce en esa época es el poderoso cardenal de Rohan, limosnero del Rey de Francia. Parece uno más en su amplia panoplia de amigos poderosos, pero en los años siguientes, de Rohan tendrá un papel destacado en el ocaso de Cagliostro. Crea nuevas logias de su rito en Francia y establece la “logia madre” –“Sabiduría Triunfante”- en Lión y es entonces cuando, como representante de esta obediencia, es invitado al encuentro de los “filadelfos” en Wilhelmsbad. Su presencia está perfectamente justificada por el intento de los “filadelfos” de remontarse a los orígenes de la masonería y restituir su pureza. Poco después estallará el famoso “asunto del collar”, origen de buena parte de sus desdichas. El Cardenal de Rohan y la condesa de La Motte, ambos francmasones fueron procesados junto a Cagliostro por este asunto. Cagliostro pretendía del cardenal que gestionara el reconocimiento de su Rito Egipcio ante el papa. Además, se contaba que de Rohan estaba enamorado de María Antonieta y pidió a Cagliostro un conjuro para obtener su amor. La condesa de La Motte perseguía un collar que dos joyeros parisinos había elaborado años atrás para la amante de Luis XV, la condesa du Barry, pero que, finalmente, no habían conseguido vender. La joya estaba compuesta por 250 gemas y tenía un valor incalculable. Cuando fue entronizado Luís XVI, los dos joyeros intentaron de nuevo vender la pieza a la casa real, pero María Antonieta la rechazó con una frase famosa: “El estado necesita más navíos y menos joyas”. Pero la condesa de La Motte, falsificó una carta dirigida a de Rohan y firmada por María Antonieta en la que comunicaba que “verdaderamente” deseaba el collar. De Rohan lo obtuvo y se lo entregó a La Motte. A la hora del pago se descubrió la farsa. Se atribuía a Cagliostro la falsificación de la carta, pero, a diferencia de sus otros dos compañeros de banquillo –la Motte y de Rohan- él fue exonerado, aunque debió abandonar Francia. A pesar de que actualmente parezca un asunto menor, el “asunto del collar” desacreditó a la monarquía francesa y sembró el descontento de las masas hacia la monarquía. Cuando Cagliostro fue liberado de la Bastilla, 10.000 personas lo vitorearon en una manifestación a la que nadie se le escapaba su contenido antimonárquico.

Tras ser liberado pasará a Londres desde donde escribió algunos manifiestos profetizando la caída de la monarquía. Desde allí se trasladó a Suiza pero, por algún motivo, su esposa permaneció en Londres desde donde realizó declaraciones comprometedoras contra su marido de las que luego se retractaria.

No parece que estas declaraciones empañaran la relación posterior de la pareja por que en los dos años siguientes, de 1786 a 1788, ambos recorrieron Italia de arriba a bajo abriendo nuevas logias masónicas y ejerciendo él de taumaturgo. En 1788, ayudado por el obispo Pietro Virgilio Thun, obtiene el permiso para viajar a Roma. Allí intentó crear una nueva logia de su rito, pero Roma no era París y los obispos y patricios residentes en aquella ciudad se negaron a sumarse a la nueva obediencia masónica. La Iglesia se tomó el intento de constitución de una logia masónica en los territorios administrados por el papa como un desafío… y actuó contundentemente contra la iniciativa. La situación se agravó porque Cagliostro, nuevamente, profetizó en Roma el fin de la monarquía francesa, justo en los mismos momentos en los que el populacho preparaba la toma de la Bastilla. Todo esto fue suficiente como para que el Santo Oficio tomara cartas en el asunto.
La excusa para detenerlo la ofreció Lorenza Feliciano, cuando, al parecer, aconsejada por algunos familiares, denunció a su marido como hereje. Vigilado, desde entonces, la Inquisición logró interceptar un memorial enviado por Cagliostro a la Asamblea Nacional francesa, poniéndose a su disposición. Era evidente que había percibido el peligro de permanecer en Roma, donde su situación era extremadamente débil, y estaba preparando su retorno a París una vez había caído la monarquía que lo persiguió. El 27 de diciembre de 1789, cinco meses después del asalto a la Bastilla, el Papa Pío VI, decretó el arresto de Cagliostro y de su esposa, y su ingreso en el Castillo de Sant’Angelo.

Los cargos formulados contra él eran los de pertenencia a la masonería, herejía y actividades sediciosas. El 7 de abril de 1790 fue condenado a muerte y a la quema pública de sus escritos e instrumentos masónicos. Cagliostro, tras renunciar a sus errores y someterse a la Santa Sede, le fue conmutada la pena de muerte por la de cadena perpetua en la fortaleza de San Leo. En cuanto a Lorenza fue absuelta pero internada en el convento de Santa Apolonia en el Trastevere, donde murió al cabo de unos años. Cagliostro permaneció durante cuatro años en prisión. El 26 de agosto de 1795, seguramente a causa de la dureza de la reclusión, Cagliostro fallece a causa de una apoplejía.

Tal es la vida del que puede ser considerado como aventurero insensato, estafador e, incluso, proxeneta, o bien, como mago, sabio, sanador e iniciado. ¿Quién fue realmente Cagliostro? ¿es identificable con Balsamo? ¿Son ambos las dos caras –contradictorias- de una misma moneda? Resulta extremadamente difícil contestar a estas cuestiones. Al igual que en el caso de Saint-Germain, las dudas enturbian la realidad del personaje. Lo que sí parece cierto es que en la primera parte de su vida, Balsamo fue un estafador de pocos escrúpulos, mientras que en la segunda albergó un proyecto propio de reforma de la masonería y de restructuración política de Europa. Aunque su papel en el “asunto del Collar” fue tangencial, da la sensación de que Cagliostro conocía los plazos de la Revolución Francesa y que, gracias a su pertenencia a las logias, debió conocer a muchos futuros revolucionarios. Al igual que Giordano Bruno, Cagliostro aspiraba a una reforma del catolicismo y una fusión con el espíritu filantrópico de las logias. Ese proyecto –que, a partir del estallido de 1789 y del sucesivos enfrentamiento entre masonería e iglesia que ocupó todo el siglo XIX- puede parecer quimérico, pero que no lo era tanto en el momento en que Cagliostro se desplazó a Roma. Cagliostro, como Bruno, creía que era posible limar el catolicismo de sus aspectos más extremistas, reconstruir la unidad religiosa de Europa y crear un nuevo tipo de poder político que tuviera como eje la alianza entre poder religioso y poder masónico.

Pero no puede olvidarse que Cagliostro introdujo en su Rito Egipcio elementos problemáticos de magia que, al desaparecer, reaparecieron a las pocas décadas en todas las obediencias masónicas marginales y siempre, es importante destacarlo, vinculadas a procesos políticos disolventes o a organizaciones ocultistas. Lo más probable es que Cagliostro, tal como declaró ante la Inquisición, hubiera tenido conocimiento de algunos elementos fragmentarios de magia egipcia, a través de su “maestro”, Altotas, el cual, por lo demás, le instruiría en la práctica de la alquimia operativa en 1767. De Altotas, lo único que se sabe es que falleció en la isla de Malta y que conocía la “tintura de los metales” y técnicas de medicina popular. Este personaje es tan oscuro como fundamental para entender la “misión” del Conde de Cagliostro y el tránsito entre el estafador Giuseppe Balsamo y el gran iniciado en que se transformaría luego. Cagliostro practicó el arte alquímico como antes lo había hecho Saint-Germain y, ambos atribuían a la operativa en el laboratorio la adquisición de sus capacidades taumatúrgicas. De hecho, a partir del dominio de la segunda fase de la obra alquimica, la “obra al blanco”, según la tradición se obtiene la “medicina universal”. Además, durante su estancia en Prusia había conocido a Dom Antoine Pernety, quien trabajaba para el rey Federico II, recopilando manuscritos y literatura hermética. Dom Pernety, monje benedictino, había ingresado en la masonería y creó un rito propio en el que la ciencia hermética tenía un lugar central. Cagliostro participó en este rito y allí reforzó sus conocimientos sobre la operativa alquímica. Es Dom Pernety quien le pone en la pista de los textos alejandrinos y de la magia de Hermes Trimegisto.

La influencia del misterioso Altotas le introduce en las técnicas mágicas, la tintura de los metales y la medicina popular. Don Pernety refuerza sus conocimientos herméticos y la induce a ver a la masonería como un vehículo de reforma. Pero aun existe una tercera influencia, seguramente mucho más misteriosa que estas dos. La cita el abate Barruel en su obra “Memoria para servir a la historia de los jacobinos”. Se trata de un mercader danés llamado Kolmer, miembro de la “Estricta Observancia Templaria”, una obediencia masónica. Kolmer había creado en Malta un rito masónico en el que la magia, la khábala, la adivinacón y las evocaciones tenían un lugar central. Gracias a Barruel sabemos que Kolmer había pasado largas temporadas en Egipto “para comunicar los antiguos misterios de Menfis”. Entre los discipulos de Kolmer se encontraba Cagliostro y, al mismo tiempo, estaba en contacto con la Orden de los Iluminados de Baviera. Kolmer ocupa pues un lugar, tan central, como misterioso, en los acontecimientos que precedieron a la Revolución Francesa.

El proyecto de Cagliostro fracasó y él mismo fue la última víctima de la Inquisición Romana. Su Rito Egipcio desapareció tras su muerte, si bien algunos de sus discípulos reconstruyeron luego el Rito de Menfis. Este Rito, que todavía existe, ha sido, históricamente, el foco de irradiación del que han surgido los movimientos ocultistas desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. En el fondo, Cagliostro parece un personaje dramático, alguien que intentó “construir la historia”, pero que, paradójicamente fue utilizado por las “fuerzas ocultas” que dirigen la historia. Cagliostro creyó haber sido iniciado en los antiguos misterios egipcios, pero, en realidad, solamente tuvo acceso a una parte de la tradición egipcia relacionada con el culto a Seth, es decir, tuvo un conocimiento fragmentario y parcial de la tradición mágica. Fue incapaz de controlar a las fuerzas evocadas que, finalmente, le arrastraron a su triste muerte en un hùmeda celda romana. Cagliostro, a diferencia de Saint-Germain, fue un juguete en manos de sus iniciadores, especialmente Altotas y Kolmer. Solamente haría falta saber a qué proyecto servían ambos.

Según algunas fuentes, el culto a Seth ha logrado pervivir hasta nuestros días y está en el origen de los movimientos satanistas y luciferinos. Dentro de la tradición mágica, el culto a Seth encarna la “vía de la mano izquierda”, opuesta a la “vía de la mano derecha”, representada por los cultos a Isis y Osiris. En la segunda mitad del siglo XIX, el culto a Seth y a la “vía de la mano izquierda”, reviviría en algunas organizaciones ocultistas, aparentemente sin relación con Cagliostro y su masonería egipcia, pero sí hijas de la misma inspiración sethiana.

Eliphas Levi o el último representante de la tradición mágica en Europa

En la mediocridad del siglo XIX, tan solo existen dos puntos de referencia para la Tradición Mágica. De un lado, siguiendo con lo dicho en el capítulo anterior, el representante de la “vía de la mano derecha” (basada en una dura ascesis personal hecha de renuncia, estudio, meditación y concentración) y de otro la “vía de la mano izquierda” (que aspira a convertir el veneno en remedio y a utilizar como elemento mágico la sexualidad). Mientras la primera considera que el mago precisa economizar energía y que la sexualidad absorbe un flujo demasiado grande como para poder compatibilizarla con la práctica de la magia, la otra ve en la sexualidad a la gran fuerza de la naturaleza que puede ser utilizada con fines mágicos. La primera tendencia es defendida en el siglo XIX por la personalidad inmensa y excesiva de “Eliphas Levi”, mientras que la otra es rescatada por un sujeto oscuro y, en ciertos aspectos, siniestro, Pascal Beverly Randolph.

Eliphas Levi, de verdadero nombre Alphonse-Louis Constant nació el 8 de febrero de 1810 en. Su padre era zapatero y él ingresó en 1825 en el seminario parisino de San Nicolás de Chardonnet, dirigido por el abate Colonna, quien lo orientó hacia el estudio de la magia. En el seminario de Saint Sulpice estudia teología y es ordenado subdiácono y tonsurado. En 1835, estando al cargo de la catequesis de jóvenes muchachas de Saint-Sulpice, le es confiada la joven Adèle Allenbach por su madre, para educarla. Pero el joven sacerdote se enamora de Adèle en quien ve una encarnación de la Virgen María. La relacion no prosperó y, tras ser ordenado sacerdote, abandonó los hábitos en 1836.

Dos años después, entabla amistad con Flora Tristán, socialista y feminista y empieza a relacionarse con los ambientes culturales parisinos más sofisticados, sin haber abandonado todavía la idea de volver al seminario. Para meditar esta opción se traslada a la abadía de Somesmes dotada de una biblioteca particularmente bien dotada en textos del gnosticismo y de mística cristiana. Realiza algunos trabajos para instituciones educativas católicas, pero, poco a poco, va creciendo en él un rechazo hacia la institución, especialmente después de sus malas experiencias con algunos sacerdotes. Fruto de ese malestar es su obra “La Biblia de la Libertad”, publicada en 1841 y que fue secuestrada inmediatamente se puso en venta. Su autor resultó detenido poco después y condenado a 8 meses de prisión y multa de 300 francos. En prisión leyó las obras de Swedenborg que contribuyeron a instalarlo en los linderos del ocultismo. De todas formas, cuando fue puesto en libertad, fue un católico ejemplar, muy bien considerado por sus superiores que solamente le imponen una condición para ser destinado a puestos importantes: deberá cambiar su apellido Constand, por el de su madre, Beaucourt. Él accede, y recibe los encargos de decorar algunas capillas de Normandía. Pero un artículo aparecido en la prensa local, desvela de quien se trata, su verdadero nombre y su historia herética pasada. Abandona Normandía y recupera la relación con Flora Tristán, cada vez más ganado por las ideas de izquierda. En esa época se vincula a los movimientos socialistas utópicos del conde de Saint-Simon y de Fourier. Cree ver en este último a un representante de la escuela de Swedenborg y, a partir de entonces, empieza a escribir libros de contenido esotérico, el primero de los cuales aparece en 1845 el Libro de las Lágrimas. Finalmente, se casó con Eugénie Chenevier. A partir de entonces realiza incursiones en el campo político y colabora con la revista “La Démocratie pacifique”. Luego escribió un virulento panfleto, “La Voix de la famine”. Todas estas actividades le llevan a una nueva condena a un año de prisión en 1847. La revolución de 1848 le lleva a la dirección de la revista socialista “Le Tribun du peuple”, luego fundó el Club de la montagne, integrado por trabajadores. El 23 de junio de 1848 estuvo a punto de ser fusilado. En “Le Testament de la liberté” resume sus ideas políticas. Al fracasar en su intento de ser elegido diputado por París, abandona la actividad política y, es entonces, cuando empieza su carrera como ocultista y mago. Se nutre en esa nueva época con los escritos de Jacob Böheme, Saint-Martin y Swedenborg y conoce personalmente al Hoëne-Wronski, sabio y místico polaco que, en el fondo, será su maestro e iniciador. Su primera obra importante de carácter ocultista será “Dogma y Ritual de la Alta Magia” que firmará como “Eliphas Lévi Zahed”, traducción al hebreo de su nombre. Lamentablemente, mientras estaba componiendo esta obra, su esposa se fugó con el marqués de Montferrier, cuñado de Wronski.

En 1854 conoció a Bulwer-Lytton, rosacruz y novelista esotérico. Una amiga de éste le induce a llevar a la práctica sus teorías sobre magia. Realiza en Londres una serie de invocaciones logrando contactar con el fantasma de Apolunio de Tiana. Estas experiencias no le satisficieron y siempre, en el período posterior, fue partidario de que sus discípulos se preocuparan solamente de la parte especulativa, pero no de invocaciones a entidades astrales.

En 1855, funda la “Revue philosophique et religieuse” en la que dedicará numerosos artículos al estudio de la Khábala. Sin embargo, las prácticas mágicas de Eliphas Levi le conducen a tener premoniciones en estado letárgico. El 3 de enero de 1857, el arzobispo de París, Monseñor Sibour, es asesinado por un sacerdote excomulgado. Dos noches antes, Eliphas Levi había visto con nitidez la escena del asesinato, mientras una voz le sugería « ¡ve a ver a tu padre que está a punto de morir! ». No supo entender el mensaje y el prelado fue asesinado. Dos años después publicó una brillante “Historia de la Magia”, un texto que todavía hoy sigue siendo un punto de referencia para todos los interesados por el tema. La obra le proporciona cierta fama que le permite vivir una época de tranquilidad económica y prosperidad social. En 1861 ingresa en la logia “La Rosa del Perfecto Silencio”, ascrita a la masonería parisina. En su discurso de recepción, tras la iniciación en el grado de Aprendiz, dice: « Vengo a aportar en medio de vosotros las tradiciones perdidas, el conocimiento exacto de vuestras señales y emblemas, y por lo tanto, mostraros el motivo por el cual vuestra asociación fue constituida... ». Permacerá solo unos pocos años en la masonería, alcanzando el grado de Maestro, pero rompió con la institución a causa de su enfrentamiento con la Iglesia.

En 1861 publica “La Clef des grands mystères”, que junto con “Histoire de la magie” y “Dogme et rituel de la haute magie”, constituyen su trilogía sobre la tradición magica. Toda esta actividad le permite relacionarse con la aristocracia parisina interesada por el ocultismo y la tradición mágica, a la que da clases particulares de khábala, magia, alquimia y filosofía hermética. Cuando Bulwer-Lytton, es nombrado líder de la Sociedad Rosacruciana en Inglaterra, va a visitarlo y es iniciado en los misterios rosacrucianos. De regreso a París, y en sus últimos años, se dedicará a estudiar, particularmente, la influencia de la khábala en la tradición mágica. Pero su salud se va resintiendo progresivamente: dolores de cabeza insistentes, bronquitis, sofocos, accesos de fiebre y una enfermedad degenerativa que hinchó sus miembros primero y todo su cuerpo después, deformando su aspecto físico e inhabilitándolo para la enseñanza de la magia y la khábala. El 31 de mayo de 1875, fallece a los 65 años de edad. Su tumba estuvo marcada por una modesta cruz de madera, hasta que, tres años después de su muerte, sus restos fueron arrojados a la fosa común.

Con Eliphas Levi, la magia adquiere una formulación moderna y coherente. De todas formas, él mismo jamás pretendió innovar la magia, sino simplemente hacerla accesible a las nuevas generaciones. Pero hay algo en Eliphas Levi que está ausente en los grandes magos renacentistas. Eliphas Levi se siente atraído por el mundo de la magia y lo oculto, pero, al mismo tiempo, experimenta una extraña sensación de rechazo hacia un terreno que le fascina pero al que teme. Las enseñanzas del seminario, y su fe católica que, más o menos, siempre le acompañó, supusieron un valladar contra la práctica de la magia. Prefería los aspectos teóricos de la magia, una especie de ascesis intelectual, divorciado de las invocaciones, los rituales y la parte operativa. Para Eliphas Levi, la magia dispone de un inmenso poder transmutario. No hace falta recurrir a la práctica para conocer su inmenso poder, basta realizar prácticas de meditación y concentración para alcanzar el fin perseguido: la transmutación del ser humano, mucho más que obtener efectos sorprendentes sobre el mundo material.

Las ideas políticas de Eliphas Levi, ubicadas en el socialismo utópico, hicieron de él a un filántropo. No tuvo inconveniente en conjugar esta influencia con su fe católica. De hecho, fue el primero en ver, en los tiempos modernos, en el catolicismo una defensa de los pobres y de las clases desfavorecidas. Creía que estas ideas podían ser llevadas a la práctica mediante las teorías socialistas utópicas. Pero una cosa le interesó particularmente: la mujer como encarnación de la parte femenina del Cosmos y, en particular, como reflejo de la Virgen María. En el sistema mágico de Eliphas Levi, la sexualidad, sin embargo, no tienen ningún papel. Habrá que esperar a la irrupción de Randolph para que esta parte pase al primer plano.

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