Infokrisis.-Abordamos en esta nueva entrega el meollo del pensamiento político de Coudenhove Kalergi. La extensión de este capítulo nos va a obligar a parcelarlo en cuatro partes que seran desglosadas en días sucesivos. Vale la pena no perder de vista las intenciones del presente escrito: establecer la naturaleza, los límites y las proyecciones del pensamiento político de una de las "eminencias grises" del siglo XX. Creemos necesario realizar esta larga excursión por sus teorías -algunas de ellas absolutamente sorprendentes- antes de penetrar en la naturaleza más íntima de su proyecto.

 

d. Las ideas ético-político-sociales de Coudenhove-Kalergi

 

A la hora de abordar este capítulo debemos reconocer que nos ha sorprendido encontrar en el material que hemos examinado, escrito por el Conde Coudonhove-Kalergi, un espíritu que no esperábamos. A decir verdad, esperábamos que la obsesión europea del autor que examinamos, simplemente se tradujera en unos cuantos principios históricos y geopolíticos que justificaran la convergencia de las naciones europeas. Nos equivocávamos. En algunos fragmentos de sus obras, Coudenhove demuestra una singular independencia de criterio que lo aproxima a otros pensadores de su tiempo, a pesar de que se trató de un autodidacta. Es un teórico original, en el sentido de que le preocupa el retorno a los orígenes de la tradición europea, pero, al mismo tiempo, es un pragmático que no elude el choque con la realidad.

Los documentos que vamos a manejar para establecer una síntesis del pensamiento de Coudenhove-Kalergi son tres:

-   La famosa obra Paneuropa que dio origen a su movimiento de convergencia europea[1] en donde se insisten sobre todo en los aspectos políticos y en donde justifica su llamamiento europeista.

-   El opúsculo Paneurope. Questions et Réponses[2], folleto de 34 páginas en el que se resumen las ideas contenidas en el libro Paneuropa, mediante preguntas y respuestas.

-   El libro Héroe o Santo[3], dedicado al estudio de la ética heroica y caballeresca, a valorar el cristianismo y el proceso de formación de la mentalidad europea. La obra contiene unos juicios extremadamente curiosos que hablan mucho del clima intelectual que rodeaba a Coudenhove-Kalergi.

No hemos tenido ocasión de examinar la obra Idealismo Práctico, publicada solamente en lengua alemana y no depositada en ninguna biblioteca accesible[4].

A partir de toda esta documentación nos hemos podido hacer una idea muy exacta de los contenidos ideológicos de la obra de Coudenhove-Kalergi. Vamos a dividir esta exposición en dos partes: la primera dedicada a la idea europea, incluidos sus desarrollos políticos y la segunda a la concepción ética y a la interpretación de la historia.

1. Europa según Coudenhove-Kalergi

Si Coudenhove ha pasado a la historia es precisamente como precursor de la idea europea. Así pues será cuestión de partir de esa idea para introducirnos en su pensamiento. ¿Qué es Paneuropa? Dice Coudenhove: “El fin del movimiento paneuroeo es una Confederación de Estados europea y una Unión Aduanera. Paneuropa significa toda Europa”[5]. Coudenhove se inspiró en el concepto de “Panamérica”, muy en boga en aquel momento (1930) que debía designar a todas las repúblicas soberanas del norte y del sur de América. Si prefiere llamar a su proyecto Paneuropa en lugar de Estados Unidos de Europa es porque no pretende imitar a los EEUU de América, con su unidad de lengua y administración, en donde la inmensa mayoría de Estados están mal definidos y poco diferenciados unos con otros, sino que aspira a unir en una Confederación de Estados dotados de profundas particularidades nacionales[6].

Así pues, lo que Coudenhove aspira es a una unión de Estados Nacionales bajo la forma de una confederación continental respetuosa con las particularidades de cada Estado. Las bases de esta confederación serán la igualdad y la solidaridad entre sus miembros.

Vale la pena preguntarse sobre el concepto que Coudenhove tiene de Europa y cuáles son sus límites. Define así al continente: “Geográficamente, no existe el Continente europeo. Europa es una pequeña península del continente eurásico. Esta península está limitada por el Mar Báltico y por el Mar Negro. Al Norte, se encuentan el Archipiélago Británico, Islandia y la Península Escandinávida”[7]. Y añade más adelante: “Europa está limitada geográficamente por el océano Atlántico, el Mediterráneo y el Mar Negro, por una parte; el océano glacial del Norte por la otra. Solamente por el Este no tiene Europa límites naturales, penetando poco a poco en Asia. No hay montañas ni ríos que separen de Asia a la península europea”[8]. ¿Y Rusia? ¿y los Urales? Responde Coudenhove: “los geógrafos se vieron obligados a reconocer por frontera al Ural, bien qe esta cadena no limtiaba la pen´nsula europea por encontrarse en pleno continente asiático: era la única cadena de montañas que cortaba de Norte a Sur la llanura eurásica. El Ural fue también reconocido como límite geográfico de Europa porque era desde hacía dos siglos el límite político de la Rusia metropolitana”[9].

Así pues, Coudenhove no considera a Rusia como parte de Europa. Le concede carta de identidad propia cuando en un plano del globo universal situado en la última página de su folleto Questions et Reponses muestra a Rusia y a su prolongación Liberia como integrantes de la “Confederación rusa”. Ese mismo mapa excluye también de Europa a Ingletarra y, por supuesto, a sus colonias. Coudenhove llamada a las islas británicas y a la Commonwealth “Confederación Británica”. Por lo mismo, en ese mapa, considera que Paneuropa no es solamente el territorio continental sino las colonias que en aquel momento están en posesión de las potencias europeas especialmente en África y en el Sudeste Asiático[10].

Quince años después de la publicación de ese folleto, éste concepto había sido superado: Europa empezaba a perder sus colonias de un lado y de otro, la caída del telón de acero hacía que parte de la Europa Central y Balcánica fuera satelizada por lo que Coudenhove llamaba la “Confederación rusa”. Sin embargo permaneció siempre fiel a esta exclusión de partida de Rusia y del Reino Unida de la idea paneuropea.

Sabiendo cuáles son los límites de Europa y su alcance, la cuestión que plantea Coudenhove es si a la vista de realidad es posible construir una Europa unida o se trata de una nueva utopía. Su análisis es breve y su respuesta netamente positiva. En 1923 ni siquiera hacía 100 años que países como Italia y Alemania habían logrado su unificación, por eso Cudenhove escribe: “Las dificultades que se oponen a la confederación europea son incomparablemente menores que las que encontraron para alcanzar sus fines otros movimientos de unificación  como Alemania, Polonia o Italia”[11].

El folleto Paneurope, quéstions et réponses, está escrito en enero de 1931, poco después de que Aristide Briand publicara su famoso “memorando” sobre la unidad europea. Coudenhove estaba presa de un optimismo desbordante. Escribía en ese momento: Todos los gobiernos europeos, en su respuesta al memorando de Briand, se han pronunciado en principio por la unión europea”[12]. Un año después moriría Briand, el nacionalsocialismo se aproximaría al poder y todo se iría al garete. Pero, cuando todavía había esperanzas, Coudenhove consideraba que la grna posibilidad de hacer Europa “dependía única de la voluntad de sus pueblos y de sus jefes”[13] y esta voluntad se expresaba a través de los gobiernos elegidos ¿democráticamente? En princoipio sí, si bien, las conversaciones que Coudenhove tuvo con Mussolini y la ausencia en su obra de consideraciones sobre la existencia de gobiernos democráticos como condición previa para entrar en una confederación paneuropea, dan que pensar sobre si creía que la democracia liberal era la única forma política que podría tener lugar en su proyecto.

Para Coudenhove, Suiza era el microcosmos de Europa: allí convivían distintas lenguas y culturas sin que aparecieran problemas. Escribe: “Lo que es posible en Suiza ¿no puede ser también posible en Europa”[14].

Y, a todo esto, ¿por qué Europa? ¿por qué no seguir con los Estados-Nación existentes hasta ese momento y optimizar sus potencialidades? La respuesta de Coudenhove es clara: el Tratado de Versalles ha dejado abierta la puerta para una nueva guerra eu Europa, se trata de detenerla. Además, en 1931 se viven los efectos del crack de 1929 que se prolongarán, al menos en la Europa democrática hasta el estallido de la II Guerra Mundial y, finalmente, el peligro del bolchevismo está cada vez más presente: “Estos tres peligros están estrechamente relacionados. Una nueva guerra aportaría la miseria y el bolchevimo. La miseria general aportaría el bolchevismo y la guerra. Una revolución de esencial bolchevique aportaría la guerra y la misería”. A partir de esta constatación, la conclusión es ineludible: “No puede lucharse en común contra estos peligros más que oponiéndoles un sistema que asegure la paz europea revelando el nivel vital de Europa. Este sistema es Paneurosa. Sólo Paneuropa aporta a los europeos la paz, la prosperidad y el orden”[15]. En este sentido el proyecto de Coudenhove puede ser calificado como conservador en lo político, solo que en el marco de Paneuropa en lugar de en el marco de los Estados Nacionales existentes.

A lo largo de toda su obra política es fácilmente observable que Coudenhove intenta por todos los medios evitar que sus posiciones personales creen obstáculos y resistencias para la realización de su obra. Sabe que definirse como conservador le acarreará las resistencias de los progresistas, por tanto, en todo momento evita autodefinirse y procura siempre situarse “por encima del bien y del mal”. Es frecuente que, después de un discurso eminentemente europeista cierre la cuestión con una frase eminentemente conservadora, casi como si se le escapara. Es cierto que tuvo amigos socialistas, siempre moderados, siempre alejados del marxismo, siempre en la órbita socialdemócrata, siempre alejados del internacionalismo. No hay que engañarse en torno a Coudenhove: su obra parece progresista simplemente porque formula la intención de realizar un tránsito dictado por la lógica histórica y por la lógica de su pacifismo, del Estado-Nación a la Confederación Paneuropea, pero, insistimos, no hay que engañarse, su modelo es la Santa Alianza de Metternich mucho más que la Joven Europa de Mazzini.

Uno de los capítulos de Paneuropa se titula precisamente La liberación de Europa Oriental[16] estando su primer parágrafo dedicado a Metternich y a Mazzini. Coudenhove parte de la situación europea anterior a la I Guerra Mundial y establece que hasta ese momento existían dos sistemas en el continente: el Occidente liberal y el Oriente conservador. En estas condiciones era imposible tender hacia Paneuropa dado que la diferencia de sistemas políticos era abrumadora. Escribe: “Sin duda Occidente podía pactar con Oriente una alianza política interesada, pero no una federación de Estados”[17]. Añade, con razón, que la mentalidad de los emperadores de Europa oriental se oponía a una unión europea: “La idea paneuropea hubiera sido considerada al Este como un renacimiento de la Santa Alianza en el espíritu de Metternich y al Oeste como una renovación de Europa en el sentido de Mazzini”[18]. Para que el proyecto paneuropeo fuera viable, una de las dos europas debía desaparecer. Y desapareció la Europa de los zares, de los kaisers y de los emperadores. A partir de 1919 y durante una década, Europa sería democrática. Coudenhove lo resume con una frase lapidaria: “Mazzini venció a Metternich”[19].

Hay que tener cuidado con las palabras. En ocasiones, leyendo a Coudenhove se tiene la sensación de que tenía tendencia a expresar en sus escritos, no exactamente su pensamiento político más profundo, sino aquello que más convenía decir para evitar la aparición de resistencias y oposiciones. Por otra parte, aparece también la duda –ante la ausencia de cadlificativos- de su algunas de las situaciones de hecho que habían aparecido en la Europa Central y Oriental después de la I Guerra Mundial son aceptada por él por convicción o simplemente como situaciones de hecho, absolutamente irreversibles. Da la sensación de que Coudenhove estudia las situaciones y practica sobre ellas una forma de “pensamiento positivo”. Su razonamiento político parece conducirse según el siguiente razonamiento: “Me guste o no, el zarismo, el Kaiser y los Habsburgo han caído y nada en el mundo hará que vuelvan a gobernar. En su lugar se han instalado repúblicas sólidamente asentadas y los propios representantes de estas monarquías imperiales han sido los primeros en desertar de su puesto de combate en defensa de su legado histórico y de sus dinastías, así pues hay que aceptar la realidad tal cual es. A fin de cuentas –parece pensar- no es malo que las monarquías imperiales hayan caído si el nuevo orden surgido de sus cenizar permite construir Paneuropa con más facilidad”. Este razonamiento es el que nos ha inspirado la lectura de sus obras y el espíritu que se destila de ellas. No puede evitar, por ejemplo, una vez ha explicado que los Imperios caídos limitaban las libertades nacionales de algunos pueblos, reconoce que la nueva situación no es la ideal y que la nueva situación “no ha borrado toda traza de opesión: millones de alemanes, de magiares y ucranianos han sido abandonados a la opresión de naciones vecinas”[20].

El capítulo termina: “Desde el fin de la Santa Alianza, nunca Europa estuvo tan madura para la unión”[21]. Anteriormente hemos visto como Coudenhove deparaba hacia la Santa Alianza de Metternich una admiración que le llevaba incluso a rescatar el texto íntegro del acuerdo firmado por los representantes de las monarquías europeas tras la caída del Imperio Napoleónico. Es hora de volver a esta temática.

En su obra De la guerra permanente a la paz perpetua, Coudenhove reitera su espíritu pacifista, identificando tres organizaciones internacionales que han intentado defender el ideal antibelicista: La Santa Alianza, la Sociedad de Naciones y Naciones Unidas[22].

Sobre la Santa Alianza, Couenhove se explaya más que sobre las otras dos organizaciones. Empieza restituyendo la verdad histórica, una verdad incómoda: “La Santa alianza tuvo peor reputación de la que se merecía. Esta fama hay que atribuirla a los liberales de la época y a los historiadores asimismo liberales, que no vieron en ella una alianza a favor de la paz, sino un bastión de la reacicón y de la represión de los anhelos nacionales”, añade: “Es indudable que la Alianza fue reaccionaria, más al propio tiempo constiuyó el primer intento práctico para acabar con las guerras. Por ello sólo, y a pesar de sus defectos, la Santa Alianza debería ocupar un lugar de honor en la Historia del mundo”[23]. Estamos persuadidos de que a lo largo del siglo XX no han sido pronunciadas tan elogiosas para la Santa Alianza por ningún político relevante europeo. Y Coudenhove lo hace, aun a sabiendas de que eso podría implicar el calificarle entre los “reaccionarios”.

En las cinco páginas siguientes, Coudenhove demuestra conocer perfectamente la historia y la evolución de la Santa Alianza[24] y es perfectamente consciente de sus logros y de sus deficiencias. Cuando se termina la lectura de estas páginas se tiene la sensación de que Coudenhove ha tomado a este pacto decimonónico como elemento de inspiración. El riesgo no es como entonces las revoluciones liberales, sino el bolchevismo. Coudenhove es un antibolchevique convencido a nadie se le escapa que el proyecto de Paneuropa es, entre otras cosas, un proyecto, pacifista sí, federalista también, pero especialmente Antibolchevique.

Hay otro elemento de primera magnitud que no se escapa a Coudenhove. A decir verdad, el Zar era ortodoxo, por tanto no se trataba de una alianza exclusivamente católica, sino “cristiana” abierta a protestantes, ortodoxos y católicos. Cudenhove dice al respecto: “Después de tantos siglos de lichas religiosas. Al considerar a Europa como “Nación Cristiana” constitúa, sin duda, un importante paso hacia mayores progresos. El carácter supraconfesional de la alianza fue, sin duda, lo que impidió al Papa adherirse a la misma”[25].

No es raro que Coudenhove se fijara en el ejemplo histórico de la Santa Alianza que era una respuesta a la guillotina que había cortado la cabeza de Luis XVI y de María Antonieta, de la misma forma que Paneuropa sería una respuesta a la ofensiva bolchevique. Escribe: “La Santa alianza era una especie de compañía aseguradora establecida entre los soberanos para protegerse contra guerras y revoluciones (…) Las guerras napoleónicas habían sido la consecuencia lógica de la ofensiva revolucionaria de 1789 de la misma forma que las revueltas sociales que asolaron Europa central entre noviembre de 1918 y 1923, no son sino la consecuencia de dos fenómenos íntimamente relacionados: la caída de las monarquías imperiales y la revolución bolchevique. “La Santa Alianza constituía una especie de puntal –prosigue Coudenhove- que los soberanos pretendían colocar al edificio de una Europa maltrecha después de tantas guerras (…) Europa estaba en condiciones de poder recuperarse de los daños y las destrucciones ocasionados por veintitrés años de guerra”[26].

Incluso Metternich extrae una lección interesante del final de la Santa Alianza. Ésta, como se sabe, precipitó su final a causa del levantamiento de los griegos contra el sultán turco. Turquía, evidentemente, no era miembro de la Santa Alianza y el pacto no estaba obligado a apoyarla. Sin embargo, Metternich optó por ponerse del lado del sultán turco, mientras que el zar optaba por apoyar a los cristianos ortodoxos griegos enfrentados al “opresor mahometano” (las palabras son de Coudenhove[27] que en ningún escrito manifiesta que turquía formase parte de Europa. De hecho en el mapa que hemos mencionado antes y que cigura en la contraportada del folleto Paneurope, Quéstions et Réponses, se ve claramente que Turquía no es considerada como parte de Europa).

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com



[1] El ejemplar que hemos consultado, de las distintas ediciones de esta obra es el titulado Paneuropa, dedicado a la juventud de Europa, Coudenhove-Kalergi, Editorial Aguilar, Madrid, sin fecha de edición, depositado en la Biblioteca de Catalunya con la signatura A34-8-432.

[2] Hemos consultado el folleto depositado en la Biblioteca de Catalunya con la signatura 34-8º-C.36/18: Paneurope. Questions et Réponses. Editions Paneuropéennes, Vienne Hofburg, sin fecha de edicion. El prefacio está fachado el 1º de enero de 1931.

[3] Hemos consultado la primera edición de esta obra, Héros ou Saint, publicado en París, 1929, Editorial Rieder, colección Cahiers Internationaux, signatura Mts 4392.

[4] Sobre esta obra nos hemos limitado a consultar los fragmentos de la misma contenido en Adios, Europa, el Plan Kalergi de Gerd Honsik, Editorial Bright-Rainbow, Barcelona 2005

[5] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[6] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[7] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 43.

[8] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 44.

[9] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 43.

[10] En Paneuropa, op. cit., págs. 44-45, Coudenhove abunda en estas ideas: “La noción geográfica de Europa no corresponde ni a la noción cultural ni a la política- Bakjo el punto de vista cultural, Australia es una parte de Europa y lo es también geográficamente la Gran Bretaña, y , sin embargo, están políticamente fuera de Europa y forman parte de un imperio intercontinental: el Imperio Británico. (…) Generalmente se divide el mundo en cinco coninentes: Eurasia, Africa, Australia, América del Norte y América del Sur. Políticamente, se divide en campos de fuerzas americanos, europeo, ruso, británico y chino-japonés. Bajo el punto de vista cultural se pueden distinguir en el mundo cuatro grandes civilizaciones: Europea, China, India y Árabe”.

[11] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[12] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[13] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[14] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 4.

[15] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 4.

[16] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., Capítulo VIII, Europa después de la guerra mundial, pág. 137 y sigs..

[17] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 138.

[18] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 138.

[19] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 138.

[20] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 139.

[21] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 140.

[22] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 109 y sigs.

[23] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 110.

[24] Vale la pena resumir la historia y el sentido de la Santa Alianza a fin de entender mejor lo que intenta decirnos Codenhove. La idea de la Santa Alianza partió del Zar Alejandro I de Rusia quien convenció al emperador Francisco I de Austria y al rey Federico Guillermo III de Prusia para que firmaran un tratado el 26 de septiembre de 1815 en el que unían sus esfuerzos. Inicialmente, el contenido del pacto era meramente religioso: los firmantes asumían como principio inspirador de su gobierno los principios cristianos de  justicia, amor y paz. Declararon su mutua fraternidad, su renuncia a guerrear entre sí y guiarían a sus ejércitos con estos mismos principios. Metternich quiso ir más allá y pocos meses después, el 20 de noviembre de 1815, estableció un pacto político entre Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra (la Cuádruple Alianza) que iba más allá de estas intenciones y garantizaba el mantenimiento del orden monárquico en el continente europeo, incluyendo la posibilidad de intervenir militarmente en defensa de monarquía amenazadas. En este sentido, el Congreso de Verona en 1823 autorizó la intervención en España de un ejército francés, conocido como “los cien mil hijos de San Luis” destinado a liquidar el trienio liberal y restaurar el absolutismo de Fernando VII. En 1818, Francia se había adherido a la Alianza, pasando a llamarse Quíntuple Alianza. A partir de ese momento, Inglaterra se fue alejando discretamente del pacto que suele darse por concluido en 1825 con la muerte de su principal promotor el Zar Alejandro de Rusia. Una ampliación de estas informaciones puede encontrarse en la Biblioteca Julius Evola, en el artículo titulado Metternich, http://juliusevola.blogia.com/2006/092106-metternich.-julius-evola.php. Coudenhove, por su parte se muesta mucho más favorable a la idea inicial de la Santa Alianza que a la Cuádruple Alianza desarrollada por Metternich. Sin embargo, en la perspectiva histórica ambos proyectos son inseparables y son considerados como un mismo y único proyecto.

[25] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 111.

[26] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 111.

[27] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 112.

 

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